Cuestionando la educación estatal

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/12/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/12/21/cuestionando-la-educacion-estatal/

 

Uno de los pilares de cualquier educación que se precie de tal consiste en fomentar el pensamiento independiente y en la capacidad de cuestionar el statu quo. En esta nota hago precisamente eso y espero como devolución el debate con argumentos y no “cajas destempladas” enojadas porque se pone en tela de juicio lo que la mayoría acepta sin capacidad de contradecir, de hurgar y de explorar otras variantes.

No se trata de sostener que en las instituciones estatales no hay excelentes profesores y profesoras. Además no sería consistente con mi propia trayectoria fuera de las casas de estudio privadas si pensara que toda la enseñanza estatal es deficiente, puesto que fui profesor titular en cinco carreras en la Universidad de Buenos Aires: en el doctorado en ciencias económicas, en grado y maestría en derecho, en ingeniería, en sociología y en el departamento de historia de filosofía y letras. También fui director del Departamento de Doctorado en Economía de la Universidad Nacional de La Plata. No se trata de refutar el hecho de lo mucho y bueno aprendido en entidades gubernamentales de enseñanza merced a las esforzadas y meritorias tareas de maestras y maestros de escuela. Salvando las distancias, tampoco es el caso de discutir la faena formidable de Sarmiento en un territorio virgen (aunque hay trabajos que muestran que en gran medida muchas de las instituciones privadas de la época fueron barridas por la oferta “gratuita”).

A esta altura de los acontecimientos, se trata de revisar el fondo del asunto y no para circunscribirlo al caso argentino sino para formular un análisis global que cabe a todas las instituciones estatales de educación en todas latitudes. No es un asunto de mala voluntad sino de conclusiones ineludibles, ni se trata de contradecir el hecho del notable desempeño en cátedras magistrales en instituciones estatales en todas partes del mundo.

Veamos esto por partes en un análisis que tomo parcialmente de mi conferencia en el European Center for Austrian Economic Foundation de la Universidad del Lietchenstein. En primer lugar, un asunto terminológico: no es pertinente aludir a la “educación pública”, puesto que la educación privada es también para el público, se trata de educación estatal, lo cual de entrada suena mal del mismo modo que lo es el periodismo estatal, el arte estatal y equivalentes.

En la mayor parte de los países hoy, la denominada educación privada no es en rigor privada puesto que las secretarías y ministerios de educación están encargados de aprobar las respectivas estructuras curriculares.

Estos procedimientos ilustran la columna vertebral del fascismo: se permite que la propiedad quede registrada a nombre de privados pero el Gobierno usa y dispone de ella, en contraste con el comunismo que de una manera abierta decide la abolición de la propiedad. Lo primero entonces es comprender que por más buena voluntad, en última instancia resulta difícil enseñar criterios independientes y libres en base a la compulsión.

En un país civilizado, los ministerios y las secretarías de educación deberían dejarse sin efecto y las acreditaciones, en los casos en los que se requieren, serían realizadas, tal como sucedía originalmente, a través de academias e instituciones privadas que, en el proceso, además, sirven de auditorías cruzadas y en competencia de responsabilidades por la calidad de los programas desarrollados en colegios y universidades.

La politización debería estar completamente ausente en un tema tan delicado e importante como la educación. Dado que todos somos diferentes en la mayor parte de los aspectos clave, especialmente desde la perspectiva psicológica, los respectivos programas ofrecidos deben ser distintos al efecto de calzar con las diferentes potencialidades de las múltiples demandas. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que esas diferenciaciones lo son de un modo multidimensional en la misma persona por lo que se requiere un proceso dinámico y cambiante. En todo caso, la educación demanda sistemas abiertos y competitivos donde nadie debería tener la facultad de imponer programas desde el vértice del poder, puesto que nadie puede dictaminar lo que deben estudiar otros en el contexto de un proceso evolutivo de prueba y error.

Debe comprenderse que todos pagamos impuestos, especialmente los más pobres que pueden no haber visto nunca un formulario fiscal. Esto es así porque aquellos que son contribuyentes de jure reducen sus inversiones, lo cual, a su turno, reduce salarios e ingresos en términos reales, una secuencia que tiene lugar debido a que las tasas de capitalización constituyen la única explicación por la que se eleva el nivel de vida.

Más aun, si tomamos en cuenta el concepto de utilidad marginal resulta claro que una unidad monetaria -a pesar de que no son posibles las comparaciones intersubjetivas de utilidad ni tampoco pueden referirse a números cardinales- en general no es lo mismo para una persona pobre que lo es para una persona rica. En el primer caso, manteniendo los demás factores constantes, el efecto negativo del tributo será mayor, lo cual hace que el impacto impositivo recaiga en definitiva con mayor peso en los más pobres como consecuencia de la antedicha contracción en las inversiones.

Imaginemos una familia muy pobre que no está en condiciones de afrontar los costos de oportunidad que significa enviar a sus hijos a estudiar. En este caso, los impuestos, como queda dicho, se afrontan de facto vía la contracción de los salarios de los relativamente más pobres que están de hecho financiando los estudios de alumnos más pudientes.

Y si otra familia, con gran esfuerzo, puede enviar a sus hijos a estudiar, si realiza un análisis fiscal correcto los enviarán a instituciones estatales puesto que, de enviarlos a colegios y universidades privadas, estarían pagando un costo doble: uno a través de los impuestos para mantener la educación estatal y otro al financiar la matrícula y las cuotas en el ámbito privado.

Desde otra perspectiva, los costos por estudiante en las entidades estatales de educación son en general más elevados que en instituciones privadas, por la misma razón que opera “la tragedia de los comunes” en cuanto a incentivos que hacen que las mal llamadas “empresas estatales” sean ineficientes.

Se ha sugerido el sistema de vouchers en repetidas ocasiones. Es cierto que este sistema exhibe un non sequitr: esto significa que de la premisa de que otras personas debieran ser forzadas a financiar la educación de terceros no se sigue que deban existir instituciones estatales de educación, ya que el voucher (subsidios a la demanda) permite que el candidato en cuestión elija la entidad privada que prefiera.

En cualquier caso, los vouchers también significan que principalmente son los pobres los que se ven obligados a financiar los estudios de los más pudientes y también, a pesar de que las mediciones de IQ son irrelevantes (como se ha demostrado, todos somos inteligentes pero para temas y campos muy diferentes), aquellos que no califican para las ofertas disponibles deben pagar los estudios de los mejor calificados, lo cual constituye también una injusticia flagrante.

Se ha dicho repetidamente que la educación es un bien público, pero esta afirmación no resiste un análisis técnico ya que no calza en los principios de no-rivalidad y no-exclusión propios de los bienes públicos.

También se ha dicho una y otra vez que la educación estatal debe incorporarse porque le da sustento a la idea de la “igualdad de oportunidades”. Esta figura, prima facie parece atractiva pero es del todo incompatible y mutuamente excluyente con la igualdad ante la ley. El liberalismo y la sociedad abierta promueven que la gente disponga de mayores oportunidades no iguales debido a que las personas son distintas.

Una misma línea argumental es aplicable al “derecho a la educación”. No hay tal cosa. Un derecho implica que como contrapartida hay una obligación. Si alguien obtiene como salario 100 en el mercado laboral, hay una obligación universal de respetar ese ingreso. Pero si la misma persona alega que tiene “derecho” a obtener 200 que no obtiene con su trabajo lo cual es sin embargo garantizado por el aparato estatal, esto significa que otras personas serán compelidas a financiar la diferencia, lo cual lesionará sus derechos. Esta es la razón por la que el “derecho a la educación” -el reclamo sobre el bolsillo ajeno- es un pseudoderecho.

Se ha afirmado que debería ayudarse a aquellos que cuentan con las condiciones intelectuales para aplicar a las ofertas educativas disponibles pero que no disponen de los ingresos suficientes. Esta es una aseveración indudablemente muy bien inspirada, pero para ello debería recurrirse a la primera persona del singular y no pretender el endoso a otros recurriendo a la tercera persona del plural. En la misma dirección, debe considerarse que la solidaridad y la caridad nunca pueden ser provistas por el estado ya que, por definición, se trata de actos voluntarios y realizados con recursos propios.

En varios países el home schooling es utilizado como una defensa contra la invasión de la educación estatal. Hace un tiempo, The Economist estudió esta forma de educar desde los domicilios de los interesados de manera extensa, donde consignó las opiniones de los oficiales de admisión de varias de las universidades del Ivy League en Estados Unidos respecto a los candidatos a ingresar en esas casas de estudios provenientes del home schooling. Las opiniones eran coincidentes en señalar no solo las excelentes condiciones académicas de los candidatos sino que subrayaron el cuidado y la precisión en la forma de expresarse y la prolijidad en sus vestimentas.

Algunas personas han objetado el home schooling en base a la creencia de que este sistema no permite la socialización de unos alumnos con otros, lo cual no es cierto porque, precisamente, la preocupación y ocupación es mucha por programar reuniones sociales entre los jóvenes a través de deportes, bailes, certámenes de ajedrez, asociaciones varias, actividades en parroquias y equivalentes. Es notable el apoyo logístico que presentan los programas de estudio en Internet, lo cual no requiere que los padres conozcan los contenidos de las diversas asignaturas, solo se necesita que hagan el seguimiento de los estudios de su prole directamente o lo hagan a través de personas contratadas a tal efecto.

Cuando tiene lugar la educación estatal, en mayor o menor medida, tarde o temprano, aparece el adoctrinamiento debido a la necesaria intromisión del gobierno. Si los burócratas están a cargo de la educación de alguna manera inexorablemente influyen sobre los programas, los textos y las pautas a su cargo.

Se mantiene que los niños deberían contar con un minimum de enseñanza tal como el aprendizaje de la lectura y la escritura, pero si los padres de familia consideran que eso es importante, es eso a lo que se le otorgará prioridad tal como ha ocurrido a través de la historia por medio de pagos directos o por medio de becas.

Es muy cierto que la educación es fundamental pero más importante aun es el estar bien alimentado y ninguna persona de sentido común, a esta altura, propondrá que la producción de alimentos esté en manos del Estado porque la hambruna es segura. Cuando la política se hace cargo de la educación, aparece otro tipo de hambruna que es la espiritual y cultural.

Si prestamos atención a los escritos de historiadores, comprobaremos que, comenzando con Atenas, la Roma de la República antes del Imperio, el mundo árabe en España y en el comienzo de las colonias estadounidenses no había interferencia estatal en materia educativa. Cualquiera podía instalar un colegio y competir para atraer alumnos a muy diferentes precios y condiciones, lo cual produjo como resultado la mejor educación del mundo de entonces.

Debido a que el control gubernamental poco a poco se fue apropiando de la educación, desde el siglo XVII se instaló el primer sistema estatal en Alemania y en Francia. Ya en el siglo XVIII la mayor parte de Europa estuvo bajo la influencia de este sistema (excepto Bélgica que lo impuso en 1920).

Es errado suponer que cuanto más gaste el gobierno en educación la situación mejorará. Antes al contrario, a través de la politización la situación educativa se torna más difícil si es que se pretende contar con personas con criterios independientes. Es curioso que haya quienes se quejan airadamente de la politización y en muchos casos la baja calidad de la educación y, sin embargo, son los primeros en sugerir que los aparatos estatales intervengan en los procesos educativos.

Por último destaco que en una sociedad abierta cuando se estima que padres lesionan derechos de sus hijos sea en materia educativa, alimentaria o física, quienes detectan esas conductas pueden actuar como subrogantes ante la Justicia.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El grave error de confundir lo intelectual con lo político

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 7/12/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/12/07/el-grave-error-de-confundir-lo-intelectual-con-lo-politico/

 

Casa Rosada (iStock)

Casa Rosada (iStock)

En esta nota periodística planteo un tema que estimo muy fundamental pero que muchas veces se pasa por alto y no se le otorga la suficiente entidad. Son frecuentes las airadas protestas por lo que dicen y, sobre todo, por lo que hacen los políticos en funciones. La crítica es desde luego necesaria al efecto de corregir desvíos y abusos, pero no se contempla que el político procede conforme a lo que conjetura que la gente entiende y comparte, por lo menos es lo que anuncia. No puede proceder en otra dirección, pues si comienza a decir y hacer lo que nadie entiende ni mucho menos comparte estará perdido como político. No se sostiene el funcionario que opera a contramano de lo que la opinión pública demanda.

Como queda dicho, si un político comienza a pontificar desde la tribuna sobre asuntos que los destinatarios no comprenden ni aceptan, su final inexorablemente será el fracaso y se verá obligado a dejar el cargo.

Si las cosas son así, el enfoque debe ser la batalla cultural para modificar el pensamiento dominante y comprender y aceptar otras ideas. Solo así el político podrá cambiar su discurso. El político está determinado a recurrir a un lenguaje y a conceptos que se mantienen en un plafón de máxima y mínima. Si se sale por arriba o por debajo de esas marcas, sus días como político estarán contados. Y resulta de gran importancia percatarse de que el antedicho plafón está siempre configurado por las ideas que flotan en la opinión pública y, a su vez, estas ideas provienen de un territorio completamente distinto: del plano intelectual, que comienza en cenáculos reducidos y cuando se va ampliando va tocando segmentos cada vez mayores hasta que el mensaje le llega al político que, para ser exitoso, debe adoptar los nuevos criterios originalmente concebidos y promovidos por intelectuales.

Con mucha razón John Stuart Mill ha escrito que “todas las buenas ideas pasan por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Miremos a nuestro alrededor y comprobaremos que antaño si alguien hubiera dicho que la telefonía operaría sin cable, que aparecerían aparatos que denominaríamos robots, que aparecerían máquinas que vuelan que llamaríamos aviones, Internet, que enfermedades consideradas incurables se curarían, que podría trabajarse la estructura genética de alimentos para reproducirlos exponencialmente y tantísimas otras cosas que siempre están primero en la mente de alguien que generalmente es considerado un demente hasta que la idea se aplica y entonces se toma como algo dado y natural como si siempre hubiera estado presente.

Entonces sobre la base de este cuadro de situación lo que debe mirarse con suma atención es la batalla cultural, puesto de de allí emana todo. La faena política obliga al pragmatismo y a la negociación para poder funcionar en democracia. Los puentes y los consensos son indispensables puesto que no se puede imponer lo que se cree a las otras partes sin caer en una dictadura. En este plano no hay más remedio que “tragarse sapos”. Sin embargo, en el campo intelectual no hay ningún “sapo que tragarse” puesto que se trata de marcar el rumbo. Si, por ejemplo, un liberal asume el gobierno debe pedir, reclamar y exigir críticas de sus compañeros de ruta al efecto de poder acercarse a su ideario pero de ningún modo puede actuar como le gustaría, debe adaptarse al clima de la opinión pública. Por otra parte, un intelectual pragmático es un oximoron: el intelectual está obligado siempre a expresar lo mejor, a subir la vara y nunca adaptarse ni negociar frente a lo que otros demandan; lo contrario es un impostor. Nada hay más triste que observar a supuestos intelectuales que la juegan de políticos, quienes al no ser lo uno ni lo otro se convierten en embaucadores que buscan afanosamente un cargo en el gobierno de turno pero finalmente son repudiados en ambos andariveles.

Hay la malsana costumbre de considerar al político como un “dirigente”. En verdad no dirige nada, es dirigido por la opinión pública lo cual no niega el hecho de que hay políticos que a través de la historia han sabido ubicarse con el apoyo de lo mejor de la opinión pública y muchos otros con lo peor, pero en todos los casos no resulta posible proceder a espaldas de lo que la gente comprende, y reiteramos la comprensión viene de la mano de los esfuerzos educativos que llevan a cabo los intelectuales (para bien o para mal según la tradición de pensamiento a la que adhieran). Mucho menos aceptable es la expresión “líder” que remite al Duce y al Führer y que en la práctica es aquel que explota lo peor de la opinión pública. La palabra adecuada es “referente” pero en rigor se aplica a intelectuales que abren caminos y amplían horizontes y no a políticos que, como decimos, deben adaptarse a los reclamos de la gente para seguir en funciones.

El intelectual que abdica de su rol y formula propuestas que sabe no apuntan a lo mejor para ser “políticamente correcto” tiene que saber que los políticos están embretados en la necesidad de negociar y si apuntan al techo -esto es a lo óptimo como deben- la negociación en la esfera política hará que el debate se ubique en la mitad de la pared, pero si el pseudointelectual apunta a la mitad de la pared, inmediatamente las negociaciones políticas harán que la propuesta se ubique en el zócalo.

Como apuntamos al comienzo, no es que no deba criticarse a los políticos en funciones, muy por el contrario es una faena sumamente higiénica y necesaria para intentar que, dado el clima cultural vigente, se saque la mejor partida de lo que puede hacerse ya que la clientela electoral no es nunca uniforme, pueden y deben aprovecharse los fragmentos de lo que se estima son buenos proyectos y evitar caer en las fauces de los que propugnan retrocesos.

Se repite la perogrullada de que “la política es el arte de lo posible” lo cual es evidentemente cierto, no se puede ir más lejos de lo que al momento se acepta. Por ello es que en esta instancia del proceso de evolución cultural el político en democracia está obligado a tejer y zurcir acuerdos con las distintas representaciones políticas, no puede ni debe operar en base a su propio grupo sin atender los otros. Pero lo curioso es que hay quienes pretenden otra cosa en el campo político sin interiorizarse de lo que ocurre en el plano educativo. Les parece que la educación es otra cosa sin ver que precisamente es en eso que hay que trabajar si se desea que la política cambie su fisonomía.

Reiteramos que esto no quiere decir que no haya políticos incapaces de extraer el máximo fruto de lo que existe y, por tanto, desperdician oportunidades muy valiosas. Desafortunadamente hay muchísimos casos de estos. Pero al efecto de ilustrar nuestro tema es bueno centrar la atención en el significado de la educación que no consiste en trasmitir cualquier cosa en cualquier sentido sino la trasmisión de valores y principios consistentes con el respeto recíproco, en eso estriba la conducta civilizada. Como es sabido, la etimología de educar proviene de la acepción latina ex ducere que remite a sacar de dentro, desarrollar las potencialidades de cada uno en el contexto señalado.

Si hemos comprendido estos puntos clave, entonces solo queda que cada uno contribuya con sus estudios y la correspondiente difusión de los valores que conducen al respeto recíproco. ¿O es que se preferirá la actitud cómoda de seguir parlando livianamente de los políticos agazapados en el poder o de coyunturas más o menos irrelevantes? Concretamente el examen de conciencia diario debería ser el preguntarnos que hicimos durante la jornada para modificar de raíz la situación.

Para sacar y guiar las máximas potencialidades de las características y condiciones de cada uno como ser irrepetible y único en la historia de la humanidad, es menester contar ante todo con un sistema competitivo y abierto en el que se aprovechen del mejor modo posible los conocimientos disponibles en un proceso de prueba y error puesto que nadie tiene una receta de lo que todos deben hacer. Hay muchas maneras de proponer conocimientos en el contexto de corroboraciones siempre provisorias abiertas a posibles refutaciones. Entonces el peor escenario es contar con ministerios o reparticiones oficiales que impongan desde el vértice del poder estructuras curriculares o pautas para todos los establecimientos educativos, puesto que el oxígeno y las puertas y ventanas abiertas de par en par es requisito indispensable para el progreso científico y el consiguiente nivel de excelencia.

Una vez comprendido lo anterior, es importante percatarse de que las personas que nunca vieron una planilla fiscal son las que más pagan impuestos cuando los contribuyentes de jure se hacen cargo de altos gravámenes, puesto que al contraer sus inversiones disminuyen las tasas de capitalización que es la única causa de salarios e ingresos en términos reales, por tanto, el peso principal de los tributos recae sobre los contribuyentes de facto, los más pobres ya que un peso para un pobre no tiene el mismo significado que un peso para un rico.

Habiendo dicho lo anterior, se sigue que no hay tal cosa como educación gratis y que las instituciones estatales de educación constituyen una injusticia y una carga para las personas más pobres. Como la denominada “educación gratuita y estatal” es la vaca sagrada del momento, puede que la ficción continúe pero alguna vez será necesario hacer un alto en el camino y vislumbrar que se basa en falacias sustanciales y que no puede educarse para libertad y la independencia de criterio en base a la coacción, lo cual se acerca en definitiva al adoctrinamiento que es la antítesis de la educación en cuya situación se termina enseñando en que debe pensarse en lugar de ejercitarse en como pensar, a cuestionar y a criticar.

Proteger y cuidar las características educativas es el prerrequisito para liberar energías creativas que cambien el clima político opresivo. Cuando se declara que determinados fulanos deben “juntarse para ver que país queremos” se están sentando los cimientos para el establecimiento de un sistema autoritario puesto que solo la más amplia libertad puede producir resultados de excelencia. En esta línea argumental, cito una vez más al marxista Antonio Gramsci que desde el otro lado del mostrador tenía mucha razón al aconsejar que se “tome la cultura y la educación, el resto se da por añadidura”.

Los hay quienes con la mejor buena voluntad confunden lo intelectual con lo político y carecen de cintura política por lo que pretenden dejar de lado lo que en realidad sucede y abandonan los territorios que cuentan con mayor apoyo electoral para defender lo defendible al momento, por ejemplo, la libertad de prensa y la independencia de la Justicia aunque en lo demás dejen mucho que desear. Es que lo primero es primero: si esto no se apuntala, nada de lo demás resulta posible con lo que los desubicados políticamente se estrellan una y otra vez contra la pared, sobre todo si ambicionan la presidencia en lugar de algo más modesto y efectivo que es concentrarse en las legislaturas mientras se abren posibilidades de continuar con la batalla cultural. Como consigna Anthony de Jasay, “no es imposible poner la carreta delante de los caballos, pero es poco práctico”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

FALACIAS DE LA EDUCACIÓN ESTATAL

Por Alberto Benegas Lynch (h). 

Traducción del inglés de  la conferencia pronunciada en la European Center of Austrian Economics Foundation de la Universidad de Lietchenstein, Vaduz, mayo 29 de 2015.

 

El primer punto que debe subrayarse es que la expresión “educación pública” es del todo inapropiada puesto que oculta la naturaleza de lo que se quiere trasmitir. Esto es así porque, en primer lugar, la educación privada es también para el público y, por otro, se recurre a esa terminología para enmascarar su verdadero significado bastante patético por cierto, del mismo modo que resultan horripilantes las expresiones “literatura estatal”, “periodismo estatal”, “arte estatal” y equivalentes, que constituyen contradicciones en los términos. En el caso que nos ocupa, sin embargo, se trata de educación estatal.

 

A través del empleo de la fuerza no puede encararse el proceso educativo, en último análisis resulta imposible enseñar los fundamentos de la libertad y la consiguiente independencia de pensamiento en base a la compulsión.

 

En la mayor parte de los países hoy, la denominada educación privada no es en rigor privada puesto que las secretarías y ministerios de educación están encargados de aprobar las respectivas estructuras curriculares. El sector privado, con algunas limitaciones, se ocupa de cosas tales como las características de los edificios y los uniformes, pero la esencia de lo que se ofrece en las casas de estudio es manejada por reparticiones burocráticas.

 

Estos procedimientos ilustran la columna vertebral de la hipocresía  fascista: se permite que la propiedad privada quede registrada a nombre de privados pero el gobierno usa y dispone de ella, en contraste con el comunismo que de una manera directa decide la abolición de la propiedad. Los dos sistemas operan en la misma dirección, uno de modo indirecto mientras que el otro lo hace de modo directo. Pero es importante subrayar que los dos sistemas distorsionan la contabilidad o la bloquean del todo ya que los precios relativos son falsificados o eliminados de cuajo, lo cual se traduce en la malasignación de los siempre escasos recursos, situación que deriva en una mayor pobreza.

 

En un país civilizado, los ministerios y las secretarías de educación deberían dejarse sin efecto y las acreditaciones, en los casos en los que se requieren, serían realizadas, tal como sucedía originalmente, a través de academias e instituciones privadas que, en el proceso, además, sirven de auditorías cruzadas y en competencia de responsabilidades por la calidad de los programas desarrollados en colegios y universidades.

 

La politización debería estar completamente ausente en un tema tan delicado e importante como la educación. Dado que todos somos diferentes en la mayor parte de los aspectos clave, especialmente desde la perspectiva psicológica, los respectivos programas ofrecidos deben ser diferentes al efecto de calzar con las diferentes potencialidades de las múltiples demandas. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que esas diferenciaciones lo son de un modo multidimensional en la misma persona por lo que se requiere un proceso dinámico y cambiante.

 

Cada uno de nosotros modificamos nuestra estructura cultural. Según sean nuestras inquietudes y actividades, no somos los mismos hoy respecto a lo que fuimos ayer ni seremos iguales mañana. Imponer verticalmente desde el poder programas educativos en el contexto de una especie de guillotina horizontal, es no entender que significa la educación, aunque aquello se lleve a cabo de modo descentralizado ya que siempre es el poder político el que tiene la última palabra cuando existen ministerios de educación o de cultura.

 

Debe comprenderse que todos pagamos impuestos, especialmente los más pobres que pueden no haber visto nunca un formulario fiscal. Esto es así porque aquellos que son contribuyentes de jure reducen sus inversiones, lo cual, a su turno, reduce salarios e ingresos en términos reales, una secuencia que tiene lugar debido a que las tasas de capitalización constituyen la única explicación por la que se eleva el nivel de vida.

 

Más aun, si tomamos en cuenta el concepto de utilidad marginal resulta claro que una unidad monetaria es en general -a pesar de que no son posibles las comparaciones intersubjetivas de utilidad ni tampoco pueden referirse a números cardinales- no es lo mismo para una persona pobre que lo es para una persona rica. En el primer caso, manteniendo los demás factores constantes, el efecto negativo del tributo será mayor, lo cual hace que el impacto impositivo recaiga en definitiva con mayor peso en los más pobres como consecuencia de la antedicha contracción en las inversiones.

 

Imaginemos una familia muy pobre que no está en condiciones de afrontar los costos de oportunidad que significa enviar a sus hijos a estudiar. En este caso, a través de los impuestos que,  como queda dicho, se afrontan vía la contracción de los salarios de los relativamente más pobres, están de hecho financiando los estudios de alumnos más pudientes.

 

Y si otra familia, con gran esfuerzo, puede enviar a sus hijos a estudiar, si realiza un análisis fiscal correcto los enviarán a instituciones estatales puesto que, de enviarlos a colegios y universidades privadas, estarían pagando un costo doble: uno a través de los impuestos para mantener la educación estatal y otro al financiar la matrícula y las cuotas en el ámbito privado.

 

Desde otra perspectiva, los costos por estudiante en las entidades estatales de educación son en general más elevados que en instituciones privadas, por la misma razón de incentivos que hacen que las mal llamadas “empresas estatales” sean ineficientes. La mera constitución de esas “empresas” necesariamente implica derroche de capital puesto que los recursos son asignados en una dirección distinta de la que hubiera elegido la gente (y si fuera en el mismo sentido, no hay razón para la intervención gubernamental). La forma en que se consume café y se encienden las luces no sigue las mismas pautas en “empresas estatales” que en las privadas. Los incentivos y “la tragedia de los comunes” hace que se opere de modo ineficiente.

 

Se ha sugerido el sistema de vouchers en repetidas ocasiones. Es cierto que este sistema exhibe un non sequitr : esto significa que de la premisa de que otras personas debieran ser forzadas a financiar la educación de terceros no se sigue que deban existir instituciones estatales de educación, ya que el voucher (subsidios a la demanda) permite que el candidato en cuestión elija la entidad privada que prefiera de todas las existentes.

 

En cualquier caso, los vouchers también significan que principalmente son los pobres los que se ven obligados a financiar los estudios de los más pudientes y también, a pesar de que las mediciones de IQ son irrelevantes (como se ha demostrado, todos somos inteligentes pero para temas y campos muy diferentes), aquellos que no califican para las ofertas disponibles deben pagar los estudios de los mejor calificados, lo cual constituye también una injusticia flagrante.

 

Esto para nada significa que deben eliminarse los vouchers privados, muy por el contrario, éstos contribuyen a que se establezcan incentivos fértiles del mismo modo que lo hacen las becas que son financiadas voluntariamente en vista de las externalidades positivas que la buena educación reporta. El problema se suscita cuando se trata de vouchers estatales.

 

Se ha dicho repetidamente que la educación es un bien público, pero esta afirmación no resiste un análisis técnico ya que no calza en los principios de la no-rivalidad y no-exclusión propios de los bienes públicos.

 

También se ha dicho una y otra vez que la educación estatal debe incorporarse porque le da sustento a la idea de la “igualdad de oportunidades”. Esta figura, prima facie parece atractiva pero es del todo incompatible y mutuamente excluyente con la igualdad ante la ley. El liberalismo y la sociedad abierta promueven que la gente disponga de mayores oportunidades pero no iguales. Si un jugador mediocre de tennis debe tener igual oportunidad al jugar con un profesional, debe imponerse una limitación a este último, por ejemplo, que juegue con una sola pierna y esta imposición se traduce en que su derecho ha sido conculcado.

 

Una misma línea argumental es aplicable al “derecho a la educación”. No hay tal cosa. Un derecho implica que como contrapartida hay una obligación. Si alguien obtiene como salario 100 en el mercado laboral, hay una obligación universal de respetar ese ingreso. Pero si la misma persona alega que tiene “derecho” a obtener 200 que no obtiene con su trabajo lo cual es sin embargo garantizado por el aparato estatal, esto significa que otras personas serán compelidas a financiar la diferencia, lo cual lesionará sus derechos. Esta es la razón por la que el “derecho a la educación” -el reclamo sobre el bolsillo ajeno- es un pseudoderecho.

 

Soy plenamente conciente que la educación estatal es la vaca sagrada del momento, pero esto precisamente constituye un motivo adicional para desentrañar este peligroso mito.

 

Se ha afirmado que debería ayudarse a aquellos que cuentan con las condiciones intelectuales para aplicar a las ofertas educativas disponibles pero que no disponen de los ingresos suficientes. Esta es una aseveración indudablemente muy bien inspirada, pero para ello debería recurrirse a la primera persona del singular y no pretender el endoso a otros recurriendo a la tercera persona del plural. “Put your money where your mouth is” es una receta anglosajona que debiera tomarse muy en cuenta. En la misma dirección, debe considerarse que la solidaridad y la caridad nunca pueden ser provistas por el estado ya que, por definición, se trata de actos voluntarios y realizados con recursos propios.

 

En varios países el home schooling es utilizado como una defensa contra la invasión de la educación estatal. Hace un tiempo, The Economist estudió esta forma de educar desde los domicilios de los interesados de manera extensa, donde consignó las opiniones de los oficiales de admisión de varias de las universidades del Ivy League en Estados Unidos respecto a los candidatos a ingresar en esas casas de estudios provenientes del home schooling. Las opiniones eran coincidentes en señalar no solo las excelentes condiciones académicas de los candidatos sino que subrayaron el cuidado y la precisión en la forma de expresarse y la calidad de sus vestimentas.

 

Algunas personas han objetado el home schooling en base a la creencia de que este sistema no permite la socialización de unos alumnos con otros, lo cual no es cierto porque, precisamente, la preocupación y ocupación es mucha por programar reuniones sociales entre los jóvenes a través de deportes, bailes, certámenes de ajedrez, asociaciones varias, actividades en parroquias y equivalentes. Es notable el apoyo logístico que presentan los programas de estudio en Internet, lo cual no requiere que los padres conozcan los contenidos de las diversas asignaturas, solo se requiere que hagan el seguimiento de los estudios de su prole directamente o lo hagan a través de personas contratadas a tal efecto.

 

Cuando tiene lugar la educación estatal, en mayor o menor medida, tarde o temprano, aparece la indoctrinación debido a la necesaria intromisión del gobierno. Si los burócratas están a cargo de la educación de alguna manera inexorablemente influyen sobre los programas, los textos y las pautas a su cargo. Del mismo modo en que resulta vital la separación tajante entre la religión y el poder político, la educación demanda que no se politice si el objetivo fuera el establecimiento de una sociedad abierta.

 

En algunos países, en épocas en donde comenzó la irrupción de la educación estatal  se ha ocultado  el hecho de que con anterioridad existían escuelas privadas que en gran medida desaparecieron y fueron barridas del mercado debido a la alegada “gratuidad” de las primeras. El encandilamiento que produjo este fenómeno no permitió tomar nota del proceso que tenía lugar en el sector privado, en base a la filantropía, los centros educativos parroquiales y a las entidades típicas de la educación financiadas en este último caso con las matrículas y cuotas estudiantiles.

 

Se mantiene que los niños debieran contar con un minimum de enseñanza tal como el aprendizaje de la lectura y la escritura, pero si los padres de familia consideran que eso es importante, es eso a lo que se le otorgará prioridad tal como ha ocurrido a través de la historia por medio de pagos directos o por medio de becas. No hay necesidad de introducir la compulsión para lo que la gente considera importante en la currícula educativa.

 

Es muy cierto que la educación es fundamental pero más importante aun es el estar bien alimentado y ninguna persona de sentido común, a esta altura, propondrá que la producción de alimentos esté en manos del estado como era el sistema impuesto por Stalin y sus imitadores pasados y presentes porque la hambruna es segura. Cuando la política se hace cargo de la educación, aparece otro tipo de hambruna que es la espiritual y cultural.

 

En un plano más amplio, tal vez el clima que prepara con mayor fuerza para la antedicha hambruna intelectual es la corrupción de la democracia, originalmente propuesta como el respeto de las mayorías a los derechos de las minorías. Lamentablemente, de contrabando, el sistema a degenerado para instalar en cambio un sistema infame que se identifica con la cleptocracia, es decir, el gobierno de los ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida.

 

Si prestamos atención a los escritos de historiadores, comprobaremos que, comenzando con Atenas,  no había interferencia estatal en materia educativa. Cualquiera podía instalar un colegio y competir para atraer alumnos a muy diferentes precios y condiciones, lo cual produjo como resultado la mejor educación del mundo de entonces. En contraste con este procedimiento, en Esparta se impuso un sistema militar y totalitario lo cual redundó en una sociedad que fue la menos ilustrada de aquél entonces, solo entrenada en la fuerza bruta que perseguía y agredía a los vecinos y disidentes interiores lo cual hizo tabla rasa con lo que se conoce como vidas privadas.

 

Roma contaba básicamente con un sistema educativo libre de regulaciones durante la República, lo cual se fue modificando durante el Imperio hasta requerir licencias para las escuelas y se persiguió y condenó a maestros cuyas enseñanzas eran desaprobadas por el gobierno.

 

En el mundo árabe, la educación estaba basada en el sistema libre de Atenas. Esta fue el motivo central que explica el progreso notable en arquitectura, medicina, economía, derecho, geometría, álgebra, filosofía, agricultura, literatura y música durante siglos, en lugar de los gobiernos fanáticos de nuestro tiempo que se inclinan a la estatización de la educación como un medio potente de indoctrinar a la gente para lograr propósitos políticos y  religiosos, tal como fue impuesto antes en algunos países cristianos a través del método criminal de la Inquisición y otros procederes autoritarios.

 

En España, durante los ocho siglos de gobierno musulmán, los historiadores han consignado el enorme progreso en los más variados campos que acabamos de mencionar, incluyendo la tolerancia para con judíos y cristianos.

 

Debido a que el control gubernamental poco a poco se fue propagado en materia educativa, desde el siglo xvii se instaló el primer sistema de educación estatal en Alemania, en Suiza y en Francia. Ya en el siglo xviii la mayor parte de Europa estuvo bajo la influencia de este sistema (excepto Bélgica que impuso el sistema en 1920).

 

En Estados Unidos -excepto en New England- la educación era libre, lo cual cambió dramáticamente en el siglo veinte donde se revirtió la política en cuanto al establecimiento  compulsivo para atender colegios y la Secretaría de Educación se estableció en los años setenta. Originalmente, en las colonias, tuvo gran preponderancia e influencia la educación parroquial que respondía a diversas denominaciones religiosas. Más adelante, en algunas colonias en las que comenzó la educación estatal, ésta era financiada a través de la lotería del estado para no recurrir a la compulsión.

 

El argumento de que los colegios del estado y la correspondiente supervisión deben estar en manos gubernamentales para “fabricar un buen ciudadano” constituye un pobre argumento y una excusa burda para el antes referido adoctrinamiento. Esta es la razón por la que es errado suponer que cuanto más gaste el gobierno en educación la situación mejorará. Antes al contrario, a través de la politización la situación educativa se torna más difícil si es que se pretende contar con personas con criterios independientes en el marco de una sociedad de hombres libres.

 

La difusión de las ideas estatistas, colectivistas y autoritarias de Herder, Fichte, Hegel, Schelling, Schmoller, Sombart y List en colegios y universidades alemanas (las cuales fueron anticipadas parcialmente por Bismark en el terreno político) es uno de los principales motivos que explican la irrupción de Hitler. Y una vez que los nazis asumieron el poder, el sistema fue apoyado por intelectuales como Keynes, quien en el prefacio a la edición alemana de 1936 de su Teoría general escribió que “la teoría de la producción como un todo, que es a lo que apunta el presente libro, es mucho más fácilmente aplicable a las condiciones de un estado totalitario que la teoría de la producción y distribución de los resultados producidos bajo las condiciones de la libre competencia y del laissez-faire”.

 

Quisiera cerrar esta presentación telegráfica con una cita de Ludwig von Mises de su obra The Free and Porosperous Commonwealth donde destaca que “hay en realidad solo una solución: el estado, el gobierno y las leyes no deben en modo alguno interferir con la educación. Los fondos públicos no deben utilizarse para esos propósitos. La educación y la instrucción de la juventud debe dejarse enteramente a los padres y a las asociaciones e instituciones privadas”.

Bibliografía

– Alchain, Armen, (1979) “The Economic and Social Impact of Free

Tuition” in Economic Forces at Work, Indianapolis, Liberty Fund.

– Barzun, Jacques, The Home of Intellect, New York, Harper &

Brothers.

– Benegas Lynch, Alberto, Jr (1997) “Education in an Open Society”,

in An Austrian in France. Festschrift in honour of Jacques Garello,

     Torino, La Rosa Editrice, K.R. Leube, A.M. Petroni and J.S.

Sadowsky, eds.

– Bloom, Allan  (1987)   The Closing of the American Mind, New York,

Simon & Schuster.

– Branden, Nathaniel (1996) Taking Responsibility, New York,

Simon & Schuster.

– Buckley, William, Jr (1951) God and Man at Yale. The Supertitions

of Academic Freedom, Chicago, Henry Regnery Co.

 – Chodorov, Frank (1954/1980) “Education and Freedom” in Fugitive Essays. Selected Writings of Frank Chodorov, Indianapolis, Liberty Press, C. H. Hamilton, ed.            

Coulson, Andrew J. (1999) Market Education. The Unknown History, San Francisco, Transaction Publishers.

Flew, Antony (1975) Thinking about Thinking, London, Fontana

  Press.

Gardner, Howard (2004)  Multiple Intelligences, New York, Basic

  Books.

– Huxley, Aldous (1938) “Education” in Ends and Means, London, Chato & Windus.

Johnson, Paul (1972) “Schools for Atilas”, in Enemies of Society,

London, Atheneum Editions.

– Jung, Carl G.  (1917/1981) The Development of Personality, London, Routledge & Kegan  Paul, M. Fordham and G. Adler, eds.

– Keynes, John M. (1936) Allgemeine Theorie der Beschaftigung, des   Zinses und des Geldes quoted in F. A. Hayek “Keynes Centenary: The Austrian Critique” in Contra Keynes and Cambridge. Essays and Correspondence, Chicago, The University of Chicago Press, Collected Works of F. A. Hayek, Vol. IX.

– Kilka, Christopher J. (1995) The Right Choice. Home Scooling, New York, Greshan Noble Publishing Associates.

– Kors, Alan Charles & Silvergate, Harvey A. (1998) The Shadow University. The Betrayal of Liberty on America´s Campuses, New York, The Free Press.

– Lyman, Isabel (1998) “Homeschooling, Back to the Future?”, Policy Analysis, Washington D.C., Cato Institute, January 7.

– Mc Graw, Oliver (1982) Family Choices in Education, Washington D.C., The Heritage Foundation.

– Mises, Ludwig von (1927/1962) The Free and Prosperous Commonwealth, New York, Princeton NJ., Van Nostrand Company Inc.

– Paterson, Isabel (1948/1974) The God and the Machine, New York, Putnam

– Pipes, Richard (1999) Property and Freedom, New York, Alfred A. Knopf.

– Rothbard, Murray N. (1974) Education, Free and Compulsive, New York, Center for Independent Education.

– Rescher, Nicholas (1993) Pluralism: Against the Demand for Consensus, Oxford, The Clarendon Press.

– Rogers, Carl R. (1981) On Becoming a Person, Boston, MASS., Houghton Mifflin Co.

– Sheaffer, Robert (1988)  Resentment Against Achievement, New York, Prometheus.

– Shenfield, Arthur (1972) From Campus to Capitol: The Cost of Intellectual Bankrupcy,  Rockford, ILL, Rockford College Institution.

– Sowell, Thomas (1993) Inside American Education, New York, The Free Press.

– Tooley, James (1996) Education Without the State, London, The Institute for Economic Affairs.

– West, E.G. (1980) Education and the State, London, The Institute for Economic Affairs.

– Williams, Roger J. (1959) Free and Unequal: The Biological Basis of Individual Liberty, Austin, TX., The University of Texas Press.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.