Carta abierta al presidente Mauricio Macri

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 27/6/16 en http://independent.typepad.com/elindependent/2016/06/carta-abierta-al-presidente-mauricio-macri.html

 

Señor Presidente, le escribo como un argentino que, como usted, quiere que el nuestro sea un gran país y no solo un anhelo simple y llano como lo ha sido en tantos otros momentos de la bicentenaria historia.  Para ello, resulta esencial recordarle sus propias palabras, «Lo que sueño es estar a la altura de liderar a todos los argentinos”. En particular, me refiero a uno de los ejes esenciales que presentó como plan de gobierno «Pobreza cero en la Argentina».

Las grandes “empresas”, valga la comparación con la primera magistratura que le ha tocado comandar, requieren de convicción y coraje; coraje que es tan necesario para resistir halagos, o muy fuertes críticas, como para mitigar las influencias del poder −lo que incluye, en beneficio de la república, el caso límite de separar de su cargo a aquellos miembros del gabinete que no estén a la altura de las circunstancias−.

Para trabajar en pos de un ideal es preciso que haya hombres que se mantengan fieles a sus principios y que estén dispuestos a bregar por ellos (para lograr que se alcancen plenamente), aunque el momento de llegar a poseer lo que se busca se considere remoto.

Aquellos que solo se preocupan por lo que aparece en la superficie, tal como ocurre con la opinión pública del momento, comprueban que hasta las ideas fundantes se convierten rápidamente en “políticamente imposibles” debido a que no han sido capaces de soportar las presiones sociales.

Ese parece ser el caso del Jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Peña, quien por alguna razón que no se ha explicado realizó declaraciones en contra de su propio Gobierno: admitió como «inalcanzable» el objetivo de gobierno de «Pobreza Cero», en un evento que se llevó a cabo en la Casa Rosada con motivo de la celebración del día del periodista.

¿Acaso una desatinada ocurrencia de Marcos Peña puede justificar que se siembren dudas acerca de la opinión que prevalece en su fuero íntimo, Señor Presidente?

¡Tiempos difíciles exigen hombres mejores! Como usted sabe, la pobreza cero es posible, pero, para ello, es necesario comprometer a los miembros de su entorno y proporcionar un marco institucional que haga posible incrementar la tasa de capitalización de la economía. Solo mediante un escenario propicio para la inversión se alcanzará el tan deseado incremento de los salarios en términos reales y, como consecuencia de ello, la disminución de la pobreza. En efecto, la razón por la que un trabajador de la República de Mali percibe una remuneración menor que la de otro asalariado de Dinamarca, bajo “similares” condiciones, es porque el capital que lo soporta es definitivamente inferior.

Pero la solución no es mágica ni inmediata: requiere tiempo. La puesta en marcha de procesos con un más dilatado período de producción y superior período de espera necesita incrementar la cantidad de bienes de capital disponible. Si se pretende alcanzar objetivos temporalmente más distantes habrá que acogerse, necesariamente, a períodos de producción más dilatados.

Toda estructura dada de la producción, es decir, un estado de equilibrio, debe corresponder al tipo de interés ahorrado del consumo corriente y puesto a disposición de la inversión, en cantidad necesaria para mantener dicha estructura de producción. Pues no es cierto que el capital per se genere beneficio, sino es fruto necesario de una acción deliberada y se puede malograr si los cálculos en los que se funda adolecen de pericia, virtud o adecuadas estimaciones de las condiciones futuras. Los bienes de capital son productos intermedios que, tarde o temprano, en el devenir de los procesos productivos terminan por transformarse en bienes de consumo. En verdad, todo bien de capital se consume, incluso aquellos que no suelen calificarse de perecederos. Circunstancia que opera ya sea por el desgaste provocado en los procesos productivos o porque algún acontecimiento lo priva de interés económico. Son, por tanto, transitorios.

La contabilidad del capital oficia de rosa de los vientos marcando el rumbo de la producción en la economía de mercado, constituida por un continuo e ininterrumpido devenir de variados procesos parciales, formando nuevos capitales o desvaneciendo los acumulados en el pasado por acción del consumo, proceso que no se detiene jamás.

Para tener éxito en la gran tarea que le ha tocado, y salir de la pobreza, el único método legítimo es incrementar el ahorro (interno o externo), ya que es el primer paso obligado para cualquier alargamiento del período de producción. Aquél que resulta del excedente entre lo producido y lo consumido, y conduce hacia un mayor bienestar material o la condición esencial del progreso.

Ya hemos vivido, durante la última década, la fiesta del consumo y su consecuencia: la destrucción del capital. Según cifras oficiales, el gasto público consolidado pasó de 20,5 puntos porcentuales del producto, en el año 2003, al 44% en el 2015,  sin contar, por supuesto, el 9% del déficit del PBI. Por esta vía, los salarios reales tienen un solo camino por recorrer, y ese camino es a la baja.

Señor Presidente, no se deje disuadir ni cometa los mismos errores, pues no hay manera de generar trabajos genuinos y transferir al fisco más de la mitad de lo que se produce. Solo a través de ofrecer condiciones favorables al ahorro y la inversión se podrá estimular la creación de riqueza.   El famoso Leviatán de Thomas Hobbes no es parte de la solución, sino del problema. Como dijo Thomas Jefferson “Es mejor mantener al lobo lejos del redil que llevarse sus dientes y garras una vez que haya entrado”.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

 

Hayek discute con Keynes sobre la estructura de producción y el flujo de bienes y servicios

Por Martín Krause. Publicado el 26/9/15 en: http://bazar.ufm.edu/hayek-discute-con-keynes-sobre-la-estructura-de-produccion-y-el-flujo-de-bienes-y-servicios/

 

Con los alumnos de UBA Económicas vemos a Hayek discutiendo con Keynes sobre la estructura de la producción y el Flujo de Bienes y Servicios (Libertas 37, Octubre 2002):

“La estructura de producción debe ser vista, por lo tanto, como un proceso multidimensional, en el que en todo momento los individuos trabajan para obtener un producto que será terminado a lo largo de una serie de momentos futuros, y en el cual el producto existente en cada instante de tiempo ha sido obtenido por el uso de recursos en diferentes momentos del tiempo pasado. Por supuesto que estos diferentes flujos paralelos de productos intermedios sólo se pueden distinguir conceptualmente. En la realidad se trata de un proceso continuo, no sólo a nivel horizontal sino también en su dimensión vertical. Además, en la mayoría de los casos no es posible reconocer aún el destino final de cada una de las partes del flujo. Los elementos del flujo no están marcados para su destino futuro, sino que en cada etapa del proceso de producción será la tendencia de los precios la que determinará que proporción de la producción total de un determinado bien irá en cuál o tal de las posibles direcciones. Dada la gran cantidad de productos intermedios, el tiempo y la forma en que éstos finalmente llegarán al consumidor están tan indeterminados a nivel económico como en el caso de la cantidad de factores de producción utilizados en ellos. La forma en que una unidad formada por millones de clavos, bolas de acero, hilo de lana, pedazos de goma o toneladas de carbón terminará satisfaciendo las necesidades de los consumidores está tan indeterminada como el éxito al que apuntan los esfuerzos del productor.

La cantidad y variedad de bienes a los que podemos recurrir para satisfacer nuestras necesidades inmediatas es necesariamente menor que la de aquellos bienes que podemos utilizar para satisfacer nuestras necesidades en un futuro más lejano. Es por ello que, en general, y más allá de fluctuaciones estacionales, los bienes presentes serán generalmente más caros y más escasos que los bienes que se espera estén disponibles en el futuro, pues estos representan una mayor cantidad de posibilidades. Darse tiempo, o “esperar” posibilita un crecimiento en los resultados de nuestros esfuerzos. Pero como sólo es posible “esperar” por un tiempo limitado, debemos escoger aquellas opciones para las cuales la relación entre el crecimiento en valor y la longitud del tiempo que debemos esperar para lograr dicho crecimiento sea mayor.

Este segundo aspecto del problema de la asignación de recursos se puede distinguir claramente si se ve el proceso de producción como un flujo o un “río” continuo. De la desembocadura de este río salen constantemente productos finales, que surgieron luego de numerosos procesos de transformación a partir de la utilización de los insumos iniciales. En todo momento fluyen en forma paralela muchos de estos ríos, o mejor dicho, complejos sistemas de redes fluviales, cada uno de ellos corrido un poco hacia adelante con respecto al anterior. Los productos finales de cada uno de estos flujos aparecen en momentos más o menos distantes en el futuro. Este proceso a veces se describe como si tanto para el flujo ya recorrido como para todos aquellos que fluyen actualmente y cuyos productos finales recién surgirán en el futuro, existiese al mismo tiempo otro flujo sincronizado y simultáneo. Éste representaría aquellas etapas que los productos disponibles en el presente ya pasaron, así como todos los flujos futuros que le quedan por recorrer a estos productos como bienes intermedios, antes de que el producto final llegue al consumidor. Sin embargo esta imagen, que puede ser muy útil desde ciertos puntos de vista, puede ser confusa cuando se interpreta que las fases que se corresponden entre sí en los flujos que van transcurriendo son idénticas. Este nunca puede ser el caso, ya que los flujos pasados ya prepararon el lecho para el flujo actual. Incluso cuando las condiciones externas permanecen constantes, el flujo se modificaría constantemente, ya que cada vez que pasa un flujo se modificarían las circunstancias que enfrentarán los próximos.

Lo más decisivo es que el volumen agregado de materia prima rara vez se corresponde exactamente con el volumen agregado de producción final. Esto significa que el volumen del flujo generalmente se reducirá o aumentará en cierta medida, debido a que se producen modificaciones en la demanda final y la demanda de factores primarios, en distinta medida e incluso en dirección opuesta. Es por ello que la visión usual, basada en el análisis keynesiano, que representa la relación entre demanda final y ocupación como la relación existente entre la succión ejercida desde el extremo de un caño y el flujo que se genera en el otro extremo, es muy confusa. Entre ambos extremos hay un reservorio elástico o cambiante, cuyo tamaño depende de las circunstancias, y que es dejado de lado en el análisis keynesiano.

Lord Keynes ha demostrado que no es capaz de entender esto en su comentario despectivo a la correcta afirmación de Leslie Stephens sobre “la doctrina, que tan rara vez es comprendida, que tal vez su comprensión cabal sea el mejor examen para un economista –que la demanda por bienes no es demanda de trabajo.” Keynes con seguridad no pasó esta prueba. Su visión excesivamente simplista y unidimensional de la relación entre la demanda de productos finales y el empleo es consecuencia de su falta de comprensión de los factores que afectan las distintas fases del flujo de producción y que producen, alternativamente, acumulación y desacumulación de capital a tasas cambiantes.

El sistema de producción capitalista se caracteriza por la necesidad de mantener el flujo de bienes, provisiones, herramientas e infraestructura, o aumentar el volumen de los mismos si se quiere lograr un crecimiento de la producción en el futuro. En este sentido toda producción que hace uso de las posibilidades tecnológicas disponibles es necesariamente capitalista. Esta palabra no es querida porque a la gente le molesta el hecho de que nadie tenga el poder de determinar cómo se asignará el capital disponible. Esto debe ser dejado en manos del único proceso capaz de hacerlo, el impersonal proceso de mercado. Los métodos alternativos al “capitalismo” que han sido propuestos requieren, al contrario, que el uso de todos los recursos de capital sea decido por una agencia central. Pero esta agencia carece de los medios para determinar cómo hacerlo de manera sensata. Lo que garantiza que los flujos de producción sean ordenados es que los individuos, que únicamente conocen sus circunstancias particulares y no la estructura completa a la que deben ajustarse sus actividades, continuamente modifican la composición del flujo en adaptación a los constantes cambios en las circunstancias. Es por ello que los modelos teóricos, cuyos elementos son millones de individuos con sus conocimientos y decisiones individuales, no pueden brindar ninguna base para la planificación central de estas actividades.”

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).