¿Científicos, CEOs o políticos?

Por Martín Krause. Publicado el 5/3/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/03/05/cientificos-ceos-o-politicos/

 

AME9542. BUENOS AIRES (ARGENTINA), 01/03/2020.- El presidente argentino, Alberto Fernández (i), y la vicepresidente Cristina Fernández (d) participan en la inauguración de las sesiones ordinarias en el Congreso, este domingo en Buenos Aires (Argentina). EFE/ Juan Ignacio Roncoroni 

AME9542. BUENOS AIRES (ARGENTINA), 01/03/2020.- El presidente argentino, Alberto Fernández (i), y la vicepresidente Cristina Fernández (d) participan en la inauguración de las sesiones ordinarias en el Congreso, este domingo en Buenos Aires (Argentina). EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

Los discursos presidenciales para la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso suelen ser considerados por las estrategias que se presenten, las medidas que se anuncien y también por los conceptos expresados. Estos pueden ser más importantes que los anteriores porque reflejan una visión de la realidad que, seguramente, influirá en el diseño de estrategias y en el anuncio de medidas.

Hay varios en el reciente discurso de Alberto Fernández, pero me voy a concentrar en uno: “Somos un gobierno con científicos, no con CEOs. Un gobierno con la convicción de que el conocimiento es clave para las políticas públicas y para el desarrollo”.

En realidad, los dos tienen conocimiento, aunque sea de diferente naturaleza, pero el problema respecto al conocimiento no es el que tenga un CEO a diferencia de un científico, sino el que tienen los políticos en relación a los votantes.

Durante la segunda mitad del siglo XX autores como Anthony Downs, James Buchanan (Nobel 1986) y Gordon Tullock desarrollaron toda un área de la teoría económica que denominaron public choice, o elección pública, a diferencia de las elecciones que hacemos en el mercado, que solemos traducir como análisis económico de la política. Una de las primeras cosas que destacaron fue la diferencia de incentivos que tienen los políticos, los funcionarios y los votantes.

Bryan Caplan, autor del libro El mito del votante racional, ha señalado que en encuestas realizadas desde la década de 1940 una mayoría ha sido incapaz de nombrar uno de los poderes del Estado, definir los términos “liberal” o “conservador” o explicar qué es la Bill of Rights (Carta de Derechos). Más de dos tercios desconocen el contenido del fallo Roe vs Wade, que permitió el aborto, y no saben lo que es la Food and Drug Administration, que regula tanto medicamentos como alimentos. Casi la mitad desconoce que allí cada estado tiene dos senadores y tres cuartos desconocen cuántos años de mandato tienen. Cuarenta porciento no puede nombrar a uno de sus senadores. Y estamos hablando de la democracia más antigua con más de 200 años ininterrumpidos de elecciones.

¿Por qué los votantes son tan ignorantes? Según los primeros autores es racional que así sean, porque su voto no decide el resultado de una elección. Cuando uno va a un supermercado, lo que elige es lo que se lleva, pero cuando uno vota, puede llevarse todo lo contrario. Los que votaron a Macri recibieron en cambio a Fernández. Como el vínculo entre la decisión que se toma y el resultado que se obtiene es muy débil (mi voto a presidente es uno entre muchos millones), para qué dedicar mucho tiempo y esfuerzo a estar informado.

A diferencia de los votantes, los políticos tienen un fuerte incentivo para estar informados, porque de ello bien depende su éxito o fracaso en la profesión. Tienen que saber muy bien el impacto de una determinada medida en sus votantes y, sobre todo, a quienes éstos pueden adjudicar tanto el éxito como el fracaso. Esa combinación de votantes desinformados y políticos informados no necesariamente da buenos resultados.

Toda la existencia del lobby tiene que ver con eso. Pues, preguntémonos: ¿cómo es que, en una democracia, donde gobierna una mayoría, se aprueban medidas que benefician ostensiblemente a unos pocos, a costa de todos los demás? Pues la respuesta es que esos pocos tienen fuertes incentivos para estar informados mientras que el resto no. Supongamos que ahora la importación de un determinado producto requiere una licencia de importación muy restrictiva. El fabricante local de ese producto está muy al tanto de esa norma, la busca en el Boletín Oficial y festeja el día que se publica. El resto ni se entera, ya que incluso está redactada de forma tal que es muy difícil de entender. El político conoce esto y sabe que puede beneficiar a ese productor, o a ese sector, sin mayor costo político porque los votantes están, digamos, distraídos. El lobby florece.

La conclusión normativa de autores como Buchanan y Tullock es que difícilmente haya un sistema perfecto. Por eso la recomendación es que el poder esté lo más descentralizado posible, pues es más fácil para un votante estar al tanto de lo que pasa en el barrio que lo que hace el Banco Central, o mudarse de un municipio a otro, y que el uso del poder se restrinja lo máximo posible, sea para CEOS o para científicos, y sobre todo para políticos.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

Qué No Hacer en Europa: Lo Mismo Que Hizo Argentina

Por Nicolas Cachanosky. Publicado el 10 de mayo de 2012 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/05/10/qu-no-hacer-en-europa-lo-mismo-que-hizo-argentina/

El caso Argentino post 2001 se suele citar como caso ejemplo en referencia a los problemas que atraviesan varios países Europeos. Krugman, por ejemplo, sugiere mirar el caso Argentino como alternativa para países como Grecia. Con varios puntos similares a los comentados en el post anterior, Carlos Zarazaga sugiere en el último Economic Letter de las Dallas Fed que detrás del crecimiento del PBI se esconden costos y problemas que hacen que esta estrategia no sea tan conveniente como puede parecer a primera vista.

 

Sobre la mirada benevolente al crecimiento del PBI post crisis del 2001, Zarazaga dice lo siguiente (p. 1):

If anything, Argentina’s experience suggests that default will be accompanied by costs that may be missed by looking only at output growth.

El argumento de Zarazaga se divide en dos: (1) no se puede afirmar que luego de un default va a haber crecimiento y (2) puede haber crecimiento de PBI a expensas de consumir capital invertido.

Sobre el primer punto, Zarazaga recuerda que luego del default de 1983 Argentina entró en la llamada década pérdida. Un default es una transferencia unilateral desde el deudor hacia el acreedor. Dicha transferencia, sin embargo, puede jugar en contra. Por lo tanto, no es el default en sí lo que permite salir de una crisis, sino otras cuestiones. Incluso en la medida que se considere al default y/o devaluación como necesarios, ciertamente no son suficientes.

En segundo lugar Zarazaga muestra la evolución del ratio de capital/producción. Países que han mostrado un crecimiento sólido y sostenido, como Corea del Sur, presentan un ratio constante o creciente. Es decir, el monto de capital por unidad de producción se mantiene constante o se incrementa. Esto quiere decir que en el país las inversiones se hacen a la par de la producción o incluso a un ritmo mayor. Argentina mostraba este comportamiento hasta el default de 1983, luego del cual este ratio se vuelve errático a la baja. Zarazaga sostiene que el nivel del stock de capital per cápita para el año 2009 es similar al que había 27 años atrás en 1983. El siguiente gráfico (p. 3) muestra la evolución del PBI y del ratio capital/producción para el período 1951-2009. Se puede apreciar que, a pesar de ciertas oscilaciones, el ratio muestra una tendencia creciente hasta el default de 1983, luego del cual el mismo muestra una caída sistemática. La excepción es el año 2002, no debido a un aumento del capital, sino a una fuerte caída del PBI que hace aumentar el ratio. Pero no sólo el ratio muestra una caída luego de 1983, el monto de capital per cápita también lo hace. Dado que el capital per cápita tiene un efecto directo sobre la productividad del trabajo, y por lo tanto sobre el salario real, la performance de Argentina podría haber sido muy superior de haber mantenido la tendencia y evitado las políticas intervencionistas y los defaults.

CapitalOutputSource: Economic Letter, vol. 7, num. 4 (p. 3)

¿A qué se debió el crecimiento del PBI Argentino? Zarazaga dice que el país debe agradecer la buena fortuna de altos precios en commodities, pero no a las políticas económica del Gobierno K. Este “crecimiento,” sin embargo, posee un creciente componente público, donde lo recaudado por el gobierno se destina a gasto público vía inversiones y transferencias. Estas inversiones y transferencias, sin embargo, pueden jugar en contra de los ajustes necesarios en el mercado. El motor del mercado es el sector privado, no el público que es más una carga que una contribución cuando trasciende su rol institucional de estado acotado que protege los derechos de propiedad y asegura el cumplimiento de los contratos.

Más allá de dudar de los buenos indicadores de Argentina, el artículo de Zarazaga sugiere 2 puntos importantes:

  1. Le evaluación de la performance económica no se puede dejar llevar por los agregados. Es importante ver y entender el proceso de mercado más allá de los agregados macroeconómicos. Después de todo, el proceso de mercado es un fenómeno micro. El problema se que tanto una buena performance micro como distorsiones a nivel micro pueden resultar en indicadores macro que parecieran indicar en el sentido de una buena performance económica.
  2. La relevancia del caso trasciende a Argentina, un país que ha perdido relevancia mundial, especialmente con este gobierno. El caso Argentino es un claro ejemplo de los costos asociados a las devaluaciones y defaults para los países europeos que consideran esta salida como una alternativa viable. En lo que respecta, a modo de ejemplo, a países como Grecia, sin la suerte de altos precios de los bienes exportables es más probable que la estrategia de “default + devaluación” termine en una década pérdida como la del 80’ y no las tasas de crecimiento del PBI post-2001.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.