El extremismo sigue creciendo en Europa

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 18/12/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1854978-el-extremismo-sigue-creciendo-en-europa

 

A diferencia de Estados Unidos, Europa no se ha recuperado de los cimbronazos de la dura crisis de 2008. En lo económico, sigue anémica. Sin crecer. En lo político, contiene demasiado descontento y ha generado una profusión de confundidos.

Ocurre que no ha podido dejar atrás algunas preocupaciones graves que la perturban. Como el largo estancamiento de sus niveles de ingresos, las altas tasas de desocupación, el estancamiento de sus niveles de vida y la creciente inseguridad personal. A lo que ahora se agrega una profunda inquietud por la defensa de su identidad, que muchos sienten amenazada por la ola de inmigrantes que llega, cual avalancha, desde el norte de África y Medio Oriente. Por eso el alto pesimismo europeo acerca de su propio futuro, que hoy afecta al 58% de los alemanes, al 68% de los británicos y al 85% de los franceses.

Por eso también la frustración de muchos respecto de las posibilidades reales de la política para poder salir de la mediocridad que hoy alimenta el crecimiento de los extremismos. Situación particularmente evidente en Hungría, donde el partido del primer ministro Viktor Orban (el “Jobbik”) está abrazado a un nacionalismo enfermizo con tendencias xenofóbicas preocupantes que hasta proyectan sombras oscuras, como la del anti-semitismo. No sorprende entonces que su controvertido líder profese admiración por la forma en que Vladimir Putin ejerce su liderazgo en Rusia. Con mano dura y autoritarismo. Ni que, en Polonia, el partido de gobierno: “Derecho y Justicia”, liderado por Jaroslaw Kaczynski, esté siguiendo las huellas del “Jobbik” húngaro. En ese ambiente está asimismo creciendo el neo-nazismo, fenómeno particularmente inquietante en Austria y en Grecia y que afecta a una docena de países europeos.

Las recientes elecciones regionales en Francia parecen haber confirmado dos cosas: que la apatía se ha instalado en la política de ese país de modo alarmante y que los extremismos siguen creciendo.

Comencemos por la apatía. Más de la mitad de quienes estaban en condiciones de votar en la primera vuelta de las elecciones regionales francesas no lo hicieron. Entre ellos, el 60% de los obreros y el 70% de los estudiantes. Concretamente, entre los jóvenes de menos de 25 años, un 64% simplemente no fue a votar. Un 83% de esa particular franja de la población manifiesta no tener confianza en la política, razón por la cual le da la espalda. La ignora, más bien, suponiendo que allí su voz no puede ser escuchada. Desencantada, no encuentra opciones que la contengan. De alguna manera se siente abandonada a su suerte y desganada.

Recordemos que Francia tiene una alta tasa de desocupación, del 10,8%. Pero esta es, entre los jóvenes de menos de 25 años, realmente astronómica: del 24,7%. Uno de cada cuatro jóvenes franceses de menos de 25 años, pese a buscarlo, no encuentra trabajo.

El verdadero “ganador” de la primera vuelta de las elecciones regionales francesas resultó entonces el ausentismo. Pero en la segunda vuelta, frente al peligro inminente de un triunfo del FN, la concurrencia a votar creció notablemente. Así la abstención, que en la primera vuelta fue del 50,09%, bajó en la segunda al 42%. Cuatro millones adicionales de franceses se decidieron finalmente a cumplir con su deber cívico. Y el FN y sus líderes fueron inapelablemente derrotados, sin poder alzarse con ninguna de las regiones de Francia. Una vez más, el FN, como en marzo pasado cuando las elecciones departamentales, fracasa en la segunda vuelta. Lo que sugiere que cuando polariza, pierde.

Entre los que votaron en la primera vuelta, Francia se dividió esta vez en tres. El triunfo correspondió al Frente Nacional (FN), que obtuvo el 29 % de los sufragios totales. Hablamos del movimiento extremista de Marine Le Pen, que se presenta como “alternativa” a un sistema político que califica de agotado e incapaz de proponer alternativas que atraigan a los ciudadanos.

Detrás del FN se ubicaron, siempre en la primera vuelta francesa, el centro (los republicanos) y la izquierda (los socialistas), en ese orden. Pero lo cierto es que el FN apareció como la primera fuerza política de Francia en la primera vuelta de las elecciones regionales, las últimas de nivel nacional antes de las elecciones presidenciales del 2017. En la segunda vuelta, el FN sufrió -en cambio- una serie de claras derrotas. Encontró su techo.

El ascenso del FN parece estar alimentado tanto por el miedo al terrorismo islámico -que ha crecido significativamente desde los atentados en Paris del 13 de noviembre pasado- como por el temor a la “islamización” de Francia. Desde la elección parlamentaria de 2014, el temor ha sido constante, impulsado por un resentimiento que a veces hasta huele a cólera. Egoísta e intolerante, está edificado sobre sentimientos y no sobre la racionalidad. Que, además, es proclive a los mitos. Y que seguramente no advierte que un triunfo del FN supondría una suerte de “salto al vacío”, ni que su presencia genera inestabilidad institucional, desde que conforma un “tripartidismo” que está lejos de ser el ideal cuando de asegurar gobernabilidad se trata.

Hablamos, entonces, de una alternativa peligrosa que -envuelta en un barniz de presunto patriotismo- crece a la sombra de la decadencia de la política tradicional. Mientras tanto, algunos políticos se dedican a preservar privilegios, en una guerra de egos que genera un fuerte rechazo social. Aprovechando la impotencia de los partidos tradicionales, el FN se presenta a sí mismo como la alternativa del “voto útil”.

El FN, recordemos, nació en 1984, en tiempos de Francois Mitterand, y se multiplicó exponencialmente bajo la presidencia de Francois Hollande, hasta ocupar el centro mismo de la escena en la primera vuelta de las recientes elecciones regionales francesas.

El mensaje simple del FN sostiene que es necesario dejar de perjudicar los pobres por proteger a los inmigrantes. Curiosamente, propone una regresión a un pasado pretendidamente mejor. Visión que -salvando las distancias- comparte con el fundamentalismo islámico, cuyas recetas también apuntan a volver al pasado. Regresión que, en el caso del FN, incluye proponer la resurrección del franco, para devaluarlo enseguida entre un 20 y un 25 %. Como si ello no pudiera generar una inmediata “guerra de devaluaciones”. También aspira a renegociar los tratados sobre los que se ha edificado a la Europa unificada, lo que supone abrir una Caja de Pandora. Eso es nada menos que interrumpir la construcción de la identidad europea.

La presencia en el escenario político francés del FN -al que Alicia Dujovne llama, con razón, “la imagen invertida del fundamentalismo”- es enormemente perturbadora y muestra hasta qué punto hay inestabilidad en el clima político de uno de los países centrales de la Vieja Europa.

Tras el agónico frenazo al FN, se pueden sacar al menos dos conclusiones. Primero, el FN no ha desaparecido. Su peligrosidad tampoco. En rigor, su caudal de votos creció en la segunda vuelta de las recientes elecciones regionales. Sigue siendo una amenaza para la democracia. Y unos 6,8 millones de franceses lo votaron. Segundo, Francia necesita con urgencia una renovación en su vida política.

Para sobreponerse al fascismo hace falta enfrentarlo con un lenguaje simple, directo, que explique a todos por igual lo que ese fenómeno realmente significa. Pero me pregunto si para una nación no es también importante poder identificar proyectos concretos, que de pronto pueda emprender conjuntamente, con objetivos de corto plazo que convoquen, entusiasmen y aúnen voluntades, de modo de alimentar la marcha común. De alguna manera con convocatorias como las de Mauricio Macri. Esto es, tratar de sumar al diálogo abierto, en el plano de las ideas, el impulso unificador de la acción. No detenerse, ni flotar, en pocas palabras. Tomar conciencia de que se piensa mientras se camina, de cara al futuro.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El modelo se quedó sin financiamiento

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/4/13 en http://www.lanacion.com.ar/1576829-el-modelo-se-quedo-sin-financiamiento

 Algunos de mis colegas economistas consideran que el modelo ya dio todo lo que tenía que dar y que ahora necesita ser revisado. Tengo una visión diferente. El problema del llamado “modelo” es que siempre fue inconsistente, pero pudo sobrevivir durante bastante tiempo gracias a que tuvo financiamiento para cubrir las inconsistencias. El drama actual es que ya no tiene mucho margen de financiamiento de sus inconsistencias. Es decir, el modelo estaba destinado de entrada al fracaso, pero pudo sobrevivir por diferentes circunstancias que ya no se dan.

¿Por qué el modelo siempre fue inconsistente? Porque partió de la base de que primero se puede consumir y luego producir. Para poder consumir cada vez más, hay que producir cada vez más. Y para eso hay que aumentar la productividad vía inversión.

Si bien hubo mecanismos de financiamiento del populismo, como el viento de cola que fueron la soja y el crecimiento del mundo, la primera ya no alcanza y el segundo desapareció. ¿Cómo se financió el aumento del consumo durante todos estos años? Básicamente consumiéndose el stock de capital. Se consumieron nuestros ahorros en las AFJP, el stock ganadero, el sistema energético, la infraestructura del país (rutas y transporte público destruidos), una presión impositiva descomunal y ahora con la maquinita de emitir billetes, dejando con patrimonio neto negativo al BCRA.

Ahora bien, obviamente que estos mecanismos para financiar la fiesta de consumo artificial tuvieron un costo. Uno es la crisis energética que han generado. Basta con ver los datos de importación de combustibles de marzo y del primer trimestre de este año para advertir el serio problema que han generado en este rubro. En marzo de este año las importaciones de combustibles aumentaron 65% en comparación con marzo de 2012. Si tomamos el primer trimestre de este año, las importaciones de combustibles subieron 57% con relación al mismo período de 2012.

El retraso del tipo de cambio real también les juega en contra. El saldo de balance comercial del primer trimestre de este año es prácticamente la mitad del saldo de balance comercial del año pasado, y eso que se cerraron las importaciones. Caso contrario, ya estarían con saldo negativo en este rubro o muy cerca, por la sencilla razón de que la caída del tipo de cambio real estimula las importaciones y desestimula las exportaciones.

Seguramente que la gran brecha cambiaria entre el dólar oficial y el paralelo debe estar generando sobrefacturación de importaciones y subfacturación de exportaciones, pero de todas formas al Central le será cada vez más difícil recuperar las reservas que viene perdiendo a pasos acelerados. Al 15 de abril, siendo optimistas, las reservas del BCRA representaban sólo 29% del total del activo de la entidad.

Si uno mira la recaudación impositiva, en el primer trimestre creció 25,8%, es decir, empató con la inflación en el mejor de los casos. Pero dos impuestos que reflejan la actividad interna como son el IVA DGI y el impuesto al cheque subieron 26 y 24%, reflejando el estancamiento con inflación que atraviesa la economía argentina. Por su parte, los derechos de exportación, que eran la vaca lechera del gobierno nacional, cayeron 32% en el primer trimestre respecto de ese período de 2012.

La desaceleración de la economía se observa hasta en los datos del Indec, que informa un aumento de las ventas de los supermercados en pesos corrientes de 21,2% en febrero de este año en términos interanuales, lo que significa una caída en términos reales.

Por último, la demanda laboral en la ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires se ubicó 9% por debajo de abril de 2002, que fue el peor mes del año de la crisis, de acuerdo con datos de la Universidad Torcuato Di Tella.

Con el tipo de cambio deteriorado hasta niveles que ya son equiparables a los de la convertibilidad en pesos constantes, el sector externo no le dará dinamismo a la actividad económica. Salvo la soja y algún producto en particular, exportar con estos costos en dólares es todo un desafío.

El consumo no va a tener el impulso de otros años porque ya no queda margen para financiar la fiesta artificial. Es más, con la baja demanda laboral que hay hoy, mi impresión es que en cualquier momento pueden comenzar los problemas de desocupación.

Y aquí llegamos al punto crucial. Las inversiones que podrían sentar las bases del crecimiento de largo plazo, crear más empleo y mejores salarios reales brillan por su ausencia. Las arbitrariedades que implementa Moreno en representación del Gobierno (no haría lo que hace sin el visto bueno de la Presidenta) ya son suficiente argumento para no invertir en la Argentina. Para colmo, luego le agregaron el cepo cambiario por el cual nadie va a invertir para después no poder girar sus utilidades y dividendos. Y como frutilla del postre, ahora tenemos un avance sobre la Justicia en el que los derechos de propiedad quedan totalmente sometidos al capricho del gobierno de turno.

Así que volvemos al punto de siempre: no hay posibilidad de crecimiento de largo plazo sin calidad institucional. Sin ella no habrá inversiones ni más puestos de trabajo ni mejores salarios. Y calidad institucional es justamente lo que tenemos cada vez menos.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.