Chicago boys vs Columbia boys: la ingeniería social vs la «mano invisible»

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 30/04/21 en: https://www.perfil.com/noticias/economia/dos-formas-de-ver-la-economia-la-ingenieria-social-vs-la-mano-invisible.phtml

En ocasión de un encuentro por el Mercosur, esta semana se produjo un cruce de ideas entre el ministro de Economía Martín Guzmán y su par brasileño, Paulo Guedes. Aquí, un economista analiza ambas formas de ver la economía.

Mercosur 20210429Cruces con Brasil por los aranceles, en la reunión del Mercosur. | CEDOC PERFIL

Existen dos maneras diferentes de ver la economía. Por un lado, la economía es un proceso espontáneo, con vida propia que se autorregula. A esta visión se la suele asociar a la famosa “mano invisible” de Adam Smith. Para este punto de vista la mano invisible no es perfecta, pero sí es mejor que una economía fuertemente regulada.

Por el otro lado, la economía es vista como un problema de ingeniería social. Con raíces en Marx (explotación) y Keynes (irracionalidad), el estado debe controlar, regular, e incluso salvar a la economía de sus propias crisis.

Los Ministros de Economía Martín Guzmán (Argentina) y Paulo Guedes (Brasil) fueron protagonistas de este contrapunto. Ante la afirmación de Guzmán, de que “la mano invisible de Adam Smith es invisible porque no existe”, su par brasileño le recordó que la mitad de los Nobel de Economía fueron para economistas de la tradición de la Escuela de Chicago.

Más allá de las sorprendentes palabras de Guzmán, su expresión es un acto fallido que muestra que en el gobierno prevalece una visión de la economía como un problema de ingeniería social en lugar de una visión de la economía como un proceso espontáneo y natural.

En primer lugar, la respuesta de Guedes se queda corta. La visión de la economía como un proceso de mano invisible trasciende a la Escuela de Chicago ampliamente.

Tres ejemplos no asociados a la Escuela de Chicago dentro del listado de Nobel al que hace referencia el ministro brasileño son Elinor OstromVernon L. Smith, y Friedrich A. Hayek. Este último no sólo podría considerarse un Adam Smith del Siglo XX, sino que es uno de los Nobel más citado por otros galardonados con el Nobel.

Además, así como la mano invisible trasciende a la Escuela de Chicago, también trasciende a la economía. En filosofía, por ejemplo, autores de la talla de Robert Nozick y Karl Popper han tratado el tema. Mal que le pese a Guzmán, la mano invisible es parte del ADN del desarrollo de la teoría económica desde Adam Smith hasta la fecha.

La visión ingenieril de la economía por parte del gobierno está por todos lados. Está tan presente que la tomamos como natural y no tomamos nota de ella. Podemos pensar, por ejemplo, en la obsesión regulatoria del estado. O en la intención de controlar la inflación con gigantescas planillas Excel. Pero para no perdernos en anécdotas, podemos mirar los mismos indicadores que se usan en investigaciones científicas a nivel mundial.

Según el Índice de Libertad Económica del Fraser Institute (Canadá), con el kirchnerismo argentina descendió en el ranking de libertad económica al punto tal de ubicarse entre las 10 economías menos libres del mundo. El problema es que la economía no es una compleja pieza de relojería. La economía es más bien un ecosistema.

El economista de la mano invisible es más biólogo que ingeniero. Estudia un complejo ecosistema que él mismo es incapaz de reproducir, realizando intervenciones menores para garantizar su supervivencia, pero sin buscar regular su naturaleza. El ingeniero, en cambio, no aceptaría ningún cambio espontáneo del ecosistema que no esté apropiadamente regulado por alguna oficina gubernamental. Las trabas al progreso y desarrollo son obvias.

Así como la mano invisible trasciende a la Escuela de Chicago, la visión ingenieril de la economía trasciende al kirchnerismo. Recordemos que el lema de Cambiemos era el de estado presente, no el de un estado limitado. Importantes figuras de este movimiento han sostenido que Cambiemos era socialista o un movimiento de izquierda (recuerdo a Ivan Petrella, Federico Pinedo, Marcos Peña, y Durán Barba).

Con actitudes que hacen acordar a adolescentes, desde el gobierno se mofaban de los economistas de la mano invisible usando motes como el de “liberalote”. Podemos recordar también la persecución de Rodriguez Larreta en CABA a Uber y ciudadanos de bien intentando hacer algún ingreso extra (quizás para pagar los aumentos de impuesto de Larreta) mientras hacía la vista gorda a los violentos actos del sindicato de taxis. Todo este drama justificado en la falta de una regulación apropiada. La visión ingenieril es poco creativa. En lugar de adatar la regulación a los nuevos desarrollos del mercado prohíbe aquello que no es adaptable a una regulación anacrónica.

No hace falta especular, podemos ver los datos. A nivel mundial, al menos desde el 2000 a la fecha, la libertad económica viene en ascensoArgentina, una vez más, a contramano del mundo. El ingreso per cápita (ajustado por costo de vida) de las economías más libres del mundo es casi diez veces superior al de las economías menos libres del mundo.

La mano invisible es la mejor arma para eliminar la pobreza. Los datos también nos muestran que la distribución del ingreso es similar en economías libres y reprimidas. La diferencia es que la pobreza es mayor en las economías reprimidas. Un último dato, en las economías libres hay mayor igualdad de género que en las economías reprimidas.

Si uno mira la economía argentina, especialmente de Perón a la fecha, no vemos una alternancia entre la mano invisible y la ingeniería económica. Lo que vemos es una alternancia de ingenieros. Todos estos experimentos terminan de manera similar. Crisis económica con un retroceso relativo en la economía mundial.

Quizás para Guzmán y el kirchnerismo los beneficios de una economía libre sean invisibles. No hace falta que también lo sean para la oposición.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Es profesor de UCEMA. Publica en @n_cachanosky

La internación de Ginés: el discurso del Estado Presente mientras disfrutan de los servicios del capitalismo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/5/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/28/la-internacion-de-gines-el-discurso-del-estado-presente-mientras-disfrutan-de-los-servicios-del-capitalismo/

 

En medo de la pandemia, el ministro de Salud de la Nación tuvo un problema de salud y fue atendido en el Sanatorio Otamendi

Ginés González García (Lihueel Althabe)

Ginés González García (Lihueel Althabe)

El ministro de Salud de la Nación, Dr. Ginés González García, tuvo un problema de salud en estos días. Afortunadamente, parece que fue un tema que se puedo controlar y fue dado de alta hoy mismo. Se internó en el Sanatorio Otamendi, institución que pertenece a un grupo empresario privado.

Si bien cada uno es dueño de atenderse dónde mejor le parece, sí queda claro que en el discurso del Estado presente que esgrime permanentemente el kirchnerismo, luce más a un jueguito para la tribuna que algo en lo que realmente crean como una realidad en la que se puede vivir.

La corriente más combativa del Gobierno defiende un Estado fuerte, con estatización de empresas públicas bajo el lema de “Estado presente”, pero lo cierto es que, curiosamente, el ministro de Salud de la Nación, no fue a atenderse al Hospital Posadas o el Fernández, por ejemplo, cuando se sintió mal, sino que recurrió a un prestigioso sanatorio privado.

No es la primera vez que el discurso del “Estado presente” queda sólo como un título para los medios y “a la hora de los bifes” el progresismo opta por los servicios privados de excelencia capitalista. Recordemos que el mismo Néstor Kirchner, en 2003, dijo que en caso de emergencia iba a atenderse en el Hospital Argerich, él y todo su grupo familiar. No obstante, en 2010 el ex presidente fue internado en el Sanatorio Los Arcos.

De la misma manera, Cristina Fernández de Kirchner optó por el Hospital Austral cuando tuvo que atenderse de un problema neurológico, una institución privada construida gracias a las donaciones del empresario Gregorio Pérez Companc.

Una imagen del Hospital Austral cuando Cristina Kirchner fue operada en 2012
Una imagen del Hospital Austral cuando Cristina Kirchner fue operada en 2012

La ex presidente también eligió el Sanatorio Otamendi en 2014 cuando tuvo otro problema de salud. Y, por cierto, en algún momento sostuvo que mira mucho las series de la capitalista Netflix, en particular The Game Of Thrones, una serie que no fue hecha en Cuba, sino por la capitalista HBO.

No intenta esta nota meterse en la vida privada de las personas que tienen todo el derecho del mundo a hacerse atender dónde mejor les parezca y ver lo que quieren para divertirse, solo intenta mostrar cómo una cosa es el discurso “proge” del “Estado presente” para los otros y cómo se recurre al sistema capitalista cuando ellos mismos tienen que uso de los servicios, ya sea para atender su salud o bien para mirar una película.

Es muy fácil mandar a la gente a los hospitales estatales y ponderar la salud pública, mientras se es atendido en los sanatorios privados de excelencia a los cuales no tienen acceso quienes viven en el Barrio 31, por dar un ejemplo.

Nadie dice que tienen que ir a un hospital púbico. Lo que pido es que dejen de vendernos un verso mientras ellos disfrutan del mundo capitalista viendo de reojo como Argentina llega a que el 50% de la población caiga en la pobreza por culpa de este “Estado presente” que despilfarra los recursos de los contribuyentes y que espantan toda inversión que pueda bajar la pobreza, la desocupación y mejorar el nivel de vida de la gente. Se está condenando a la Argentina a la decadencia.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Breve reflexión sobre Uber, Pro, y Cambiemos

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 13/4/16 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2016/04/13/breve-reflexion-sobre-uber-pro-y-cambiemos/

 

En el día de ayer Uber dio inicio a sus actividades en Buenos Aires. Esto tomó de sorpresa no sólo a sus clientes, sino también al gobierno del Pro en Ciudad de Buenos Aires (CABA) y al sindicato de taxistas. La reacción del Pro en CABA se ha prestado más a confundir a la opinión pública que a ayudar a que las nuevas tecnologías y servicios hagan pie en un país que tanto necesita de nuevos emprendimientos. Si bien en este caso la empresa involucrada es Uber, esta no es la única que ofrece estos servicios a nivel mundial. Quizas Lyft sea la competencia más conocida. Pero hay distintas empresas similares en varios países alrededor del mundo. Mis comentarios van por igual para Uber como para cualquier otra empresa que ofrezca el mismo tipo de servicio.

La primera cuestión a aclarar es qué servicio presta y no presta Uber. Uber es un intermediario entre dos vecinos que no se conocen. Uno de ellos demanda un transporte, y el otro está dispuesto a ofrecer este servicio. Es como un banco que no presta sus ahorros, sino que conecta ahorristas con deudores y cobra un fee por ahorrarle a cada uno el costo de buscarse y encontrarse. Uber, en este sentido, no ofrece transporte ni los conductores son sus empleados. No se sigue que Uber deba adaptarse a la regulación de los taxis del mismo modo que el individuo que lleva a su vecino el lunes por la mañana a cambio de un pago deba adaptarse a la regulación de taxis. Lo que Uber hace es proveer información de dónde se encuentran estos vecinos. ¿Acaso, por ejemplo, los pools escolares son ilegales? ¿O sólo lo son si en lugar de coordinar telefónicamente los padres lo hacen a través de su teléfono vía una aplicación llamada Uber?

Si, en todo caso, fuese el caso que Uber es ilegal, esto no es motivo para impedir servicios como los de Uber, sino motivo para adaptar la regulación al Siglo XXI. El Pro en CABA parece tener una mentalidad que mira hacia el pasado en lugar de mirar hacia adelante. La mentalidad del Pro debería ser adaptar rápidamente la regulación al Siglo XXI, en lugar de intentar que el Siglo XXI encaje en una regulación ineficiente y obsoleta.

En segundo lugar, se argumenta que al tomar un auto a través de Uber no se tiene cobertura de seguro. Desconozco los detalles del servicio provisto en Buenos Aires. Pero a nivel global esto no es del todo correcto. Al menos en Estados Unidos el servicio ya incluye servicio de emergencia en caso de accidente tanto para pasajero como para conductor (ver aquí). No obstante, esta objeción erra al punto. El nivel de seguro que se contrata es una cuestión a arreglar entre la partes, no a definir por el gobierno. El seguro mínimo requerido para transitar libremente ya es una obligación al adquirir un automóvil. Cualquier seguro extra corre por cuenta de las partes. Todo aquel que se sienta inseguro en un auto que viene por Uber es libre de subirse a todos los taxis que desee.

Esto lleva a otra cuestión que se está pasando por alto. En el caso de Uber todos los detalles del viaje están registrados, incluyendo una calificación del pasajero al conductor y vice-versa. Esto es contrario al caso del taxi, donde los viajes son anónimos. De haber algún incidente, Uber tiene mayores incentivos a solucionarle el problema al ciente que el taxista, quien goza de una licencia monopólica, a solucionarle cualquier inconveniente al cliente. ¿Realmente usted cree que la compañía de taxi es necesariamente mejor que Uber en lo que respecta a cuidar y solucionarle inconvenientes al cliente?

Lo otro que queda registrado son los pagos. Dado que las transferencias son electrónicas, toda la operación comercial está en blanco. Los taxis, al menos en Argentina, ni siquiera aceptan pago con tarjeta de débito o crédito siendo todo en efectivo. Dudo que la industria del taxi reporte de la manera más precisa todos los ingresos percibidos.

En tercer lugar, el caso de Uber en Buenos Aires (como en casi todas las ciudades donde ha desembarcado) no deja de ofrecer un ángulo de public choice. Lo que se pone en riesgo es el monopolio de las licencias de taxi que, casualmente, son vendidas por CABA. El mismo nivel de oposición a nuevos servicios no se ha visto en videoclubs o canales de televisión ante el desembarco de Netflix o Amazon Prime. La diferencia es la falta de monopolio en este segundo mercado.

Hechas estas aclaraciones, sin embargo, lo que más sorprendió fue la agresiva reacción de CABA hacia los vecinos. El gobierno de la ciudad hizo saber que iba a multar y llevarse con grúa a los autos “de” Uber que sean identificados en la calle al mismo tiempo que los taxistas se dieron el lujo de cortar calle de la ciudad sin sufrir siquiera advertencia alguna. El mismo gobierno, que ya lleva 8 años administrando la ciudad ha subido los impuesto de manera repetida y ahora, ante la oportunidad que el vecino tenga un ingreso extra al salir del trabajo, lo trata de delincuente dando a entender que incluso podría estar cometiendo un ilícito penal.

El Pro, el mismo gobierno del eslogan “Si, se puede” y “Cambiemos”, se muestra muy lento para actualizar la regulación, el cual es su argumento de por qué Uber no puede operar, pero se muestra muy rápido si de lo que se trata es proteger a los taxistas de la competencia al punto tal de “amenazar” al votante. En este caso el Pro actúa en contra, no a favor, del progreso que tanto dice querer promover. Parece ser que el vecino (conductor o pasajero a través de Uber) es quien debe estar al servicio de gobierno del Pro, en lugar de ser el gobierno del Pro quien esta al servicio de facilitarle la vida al vecino. ¿Es esto lo que le Pro entiende por Estado Presente?

El caso Uber me parece representativo por otros dos motivos. En primer lugar, porque muestra más fielmente la mentalidad Pro que las decisiones de Cambiemos en el gobierno nacional. En el gobierno nacional, Cambiemos no ha tenido mucho margen al decidir políticas distintas a las grandes medidas que se han tomado: (1) salir del cepo cambiario, (2) eliminar las DJAI, (3) dar por finalizar el default con los holdouts, (4) revisar tarifas públicas. Cualquier gobierno, con mayores o menores diferencias, se hubiese encaminado a tomar las mismas decisiones. Por lo tanto estas medidas no son representativas de lo que Pro realmente piensa. El caso de Uber es distinto. En CABA el Pro sí tiene la posibilidad de modernizar (otra palabra que se repite en sus funcionarios) un servicio que usan los vecinos de manera diaria, pero hasta el momento ha actuado de manera opuesta.

En segundo lugar, y este es el punto que quiero marcar, el problema no es tanto el costo económico de tener o no Uber, sino que es una cuestión más de principios o mentalidad estatista que puramente económica. Si incluso Uber fuese una actividad ilegal Pro debería actualizar la legislación en lugar de ser un palo en la rueda al progreso. Que algo sea legal no quiere decir ni que sea correcto ni que sea ético. Al mismo tiempo que el Pro espera que lleguen inversiones toma actitudes que hacen lo contrario a invitar proyectos modernos a instalarse en Argentina. En Argentina hay una fuerte mentalidad según la cual toda actividad comercial debe estar regulada por el estado. Quizás no sea casualidad el retraso relativo Argentino de los últimos 80 años. Uber es sólo otro ejemplo de cómo el mundo avanza mientras Argentina se queda en el pasado, esta vez de mano del Pro. Las consecuencias son más importantes que el caso de Uber en sí. Cambiemos, que esta cargo del Poder Ejecutivo a nivel nacional con alta representación en el Poder Legislativo, ¿tendrá la misma mentalidad? El problema, insisto, no es tanto Uber en sí, sino la actitud y mentalidad de la nueva dirigencia política que se deja ver en este caso.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.