Inesperado portazo en Medio Oriente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/1/19 en: https://www.lanacion.com.ar/2207520-inesperado-portazo-medio-oriente

 

Contra la opinión de algunos de sus principales asesores y de modo sorpresivo, el impetuoso presidente norteamericano Donald Trump anunció el retiro del contingente militar de los Estados Unidos del territorio sirio, donde estaba desplegado. Esa decisión impacta en favor del cuestionado presidente sirio, Bachar Al-Assad, de Rusia, y de Irán en lo que tiene que ver con la guerra civil siria. En cambio, perjudica a las fuerzas kurdas
que hasta ahora han luchado, codo a codo y exitosamente, junto a los soldados norteamericanos. Para Al-Assad se trata de un nuevo paso en dirección a su supervivencia política que, pese a todo, no puede aún considerarse asegurada.
Seguramente sus fuerzas y las de sus aliados -ocupando el vacío- suplantarán la presencia militar norteamericana en el noreste de Siria, sin demasiada pérdida de tiempo.

El presidente Trump explicó su decisión en lo que considera el triunfo ya alcanzado contra las fuerzas del Estado Islámico que en algún momento controlaron una porción del territorio sirio.
Mientras tanto, las Naciones Unidas parecen haber fracasado en sus esfuerzos por iniciar -y mantener- negociaciones de paz entre todas las partes del conflicto sirio. Lo sucedido debilita notoriamente la influencia norteamericana en Medio Oriente y pareciera evidenciar que las decisiones del presidente norteamericano se basan más en su propia visión de los hechos que en los de sus asesores en materia de política exterior.
Mas prudente que el presidente norteamericano, el presidente Erdogan, de Turquía, no ha aprovechado aún la oportunidad para lanzar un esperado ataque en el Kurdistán, en procura de debilitar a las fuerzas kurdas que presuntamente apoyan la búsqueda de independencia de la población kurda que reside en Turquía. Los kurdos -que están en la mira de Erdogan- han estado perdiendo influencia en los últimos meses, de modo que la decisión norteamericana de retirarse del suelo sirio, seguramente impactará
adversamente en su limitado peso geopolítico, desde que supone la pérdida de su hasta ahora aliado militar más poderoso: los Estados Unidos.
La decisión norteamericana genera desconcierto entre los aliados de los EEUU. Pese a ello, Francia reaccionó rápidamente señalando su decisión de permanecer en suelo sirio.

Pese a la explicación norteamericana, hay quienes sostienen que el Estado Islámico no ha sido aún definitivamente derrotado en Siria, sino que en todo caso ha sido obligado a migrar hacia una estrategia de dispersión de sus fuerzas y no confrontación directa.
Ante lo sucedido, cabe recordar que el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, ha anunciado en varias oportunidades el retiro de sus fuerzas militares del territorio sirio, lo que sin embargo no ha ocurrido.
El presidente Trump ha venido sosteniendo la necesidad de terminar con la presencia militar norteamericana en suelo sirio. Por eso lo sucedido es sorpresivo por intempestivo, pero nadie puede sostener que no hubo aviso previo.
La salida militar norteamericana de Siria ya ha comenzado y podría demorar un mes en completarse. En rigor, ha coincidido con la rendición de las fuerzas del Estado Islámico ante las milicias kurdas en la ciudad de Hajin, la última ciudad de mediano porte que estaba en manos de los mencionados fanáticos islámicos, emplazada en la frontera con Irak, en el valle del Río Éufrates.
Hablamos de un contingente militar norteamericano que, numéricamente, es relativamente pequeño. De unos 2.000 hombres de elite, armados hasta los dientes, cuya presencia estuvo apoyada por los misiles norteamericanos lanzados desde el aire o desde buques de guerra en el Mediterráneo.
Para algunos, el retiro norteamericano es precipitado y podría impedir que la derrota del Estado Islámico sea definitiva, lo que es preocupante. Hay también quienes se aventuran a predecir que la salida militar  norteamericana de Siria podría tener efectos parecidos al retiro de las fuerzas militares norteamericanas de Irak, decidido también
precipitadamente por el ex presidente Barak Obama, en el 2011. Quienes así piensan sostienen que la presencia militar norteamericana en Siria cumplía un rol más amplio que el de derrotar al Estado Islámico. Ese rol, de “estabilización” de Siria, no se ha agotado y el vacío dejado por las fuerzas norteamericanas será ocupado por los contingentes militares de algunos otros actores, como Rusia o Irán. Lo que acelerará la pérdida de influencia norteamericana en el conflicto sirio.
Hay hasta quien sostiene que la decisión del presidente Trump es una suerte de “regalo” a la Federación Rusa. El temor es que suceda en Siria lo que ocurrió en Irak en el 2011, esto es una deriva en dirección al caos.
El retiro de las fuerzas norteamericanas no desactivará los esfuerzos de los más de 20.000 combatientes de distintos orígenes que aún se enfrentan en el territorio sirio. Es entonces previsible que tenga algunas consecuencias colaterales preocupantes, como la de facilitar el reclutamiento de combatientes islámicos y la de fortalecer la todavía débil posición de Al-Assad, que de pronto ha dejado de lucir necesariamente como un
desahuciado. El gran peligro es que Irán controle el territorio que ha estado en manos de las fuerzas norteamericanas, incluyendo los ricos yacimientos petroleros en Deir alZour.
Además, el retiro norteamericano, al aumentar la influencia de la presencia militar rusa, permitiría a Moscú tener una influencia regional mayor hasta el 2021, fecha en la que está previsto que Al-Assad procure su reelección. A todo lo que se agrega que la ausencia norteamericana también podría alimentar las tensiones entre Turquía y Rusia, que se hicieron evidentes el pasado mes de septiembre, en las acciones militares en derredor de
la ciudad de Idlib.
Por todo lo antedicho, hay también quienes se aventuran a predecir que, como ocurriera en el conflicto en Irak del que los norteamericanos se retiraron en el 2011 para luego tener que regresar forzadamente en el 2014, el retiro militar norteamericano podría no resultar definitivo también en el caso de Siria. Los EEUU tienen, todavía hoy, más de 5.000 hombres desplegados en Irak, operación que les cuesta unos 14 millones de
dólares diarios y que ciertamente no está exenta de riesgos.
Por último, la decisión de retirarse militarmente de Siria tomada por los EEUU podría asimismo debilitar la influencia relativa de las Naciones Unidas en lo que hasta ahora ha sido una búsqueda infructuosa de paz. Particularmente si Rusia mantiene su fuerte presencia en Siria y lo que luce como un apoyo incondicional a Al-Assad.
Desde el Congreso norteamericano la reacción de algunos legisladores de los dos partidos políticos fue la de manifestar incomodidad y sorpresa por lo abrupto del cambio de posición del presidente norteamericano. Esa decisión luce, en cambio, coherente con la ya adoptada por Donald Trump hace algunas semanas, en el sentido de cortar la ayuda financiera norteamericana destinada a la reconstrucción de las ciudades e infraestructura siria que ahora puede tenerse como un “pre-anuncio” de la decisión de retirarse militarmente.
Para concluir, parecería que un nuevo capítulo se ha abierto en el conflicto armado sirio, respecto del cual la administración del presidente Trump ha decidido alejarse. Lo preocupante es que el cambio de rumbo fue inesperado y que no es fácil predecir cuáles serán sus consecuencias inmediatas, incluyendo respecto de Israel, en el que todavía es el conflicto armado más peligroso de Medio Oriente. A lo que se suma el haber provocado la renuncia del respetado Secretario de Defensa, James Mattis, el hombre sensato que proyectaba una suerte de garantía de prudencia en el andar externo de la administración del presidente Trump. Ella es una pérdida lamentable. También la de Brett McGurk, el enviado especial para el tema del Estado Islámico.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Disminución relativa del número de atentados terroristas

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 30/8/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2167063-disminucion-relativa-del-numero-atentados-terroristas

 

El flagelo del terrorismo contemporáneo nos ha cambiado la vida. A todos. Hoy es
prácticamente imposible sentirse seguro en cualquier lugar del mundo y éste es el efecto
perseguido por los atentados terroristas que esencialmente procuran infundir el miedo.
Pero también nos ha cambiado la vida cotidiana, obligándonos a tener que atravesar,
constantemente, mecanismos de seguridad con los que las sociedades apuntan a
prevenir los atentados terroristas. Esos mecanismos nos llenan con frecuencia de mal
humor. Pero son absolutamente necesarios y -más aún- parecieran estar dando
resultados aceptables.
La naturaleza y forma de los atentados terroristas va cambiando y es cada vez más
variada, y esto genera naturalmente las dificultades consiguientes en quienes, desde el
Estado, tienen la responsabilidad de protegernos a todos.
La universidad norteamericana de Maryland publica una estadística que detalla el
número de atentados terroristas que se producen, año a año. Ese número, el año
pasado, esto es en el 2017, reflejó, por tercer año consecutivo, una disminución sensible
en la cantidad de atentados terroristas a lo largo y ancho del mundo.
El número de atentados, respecto del año anterior, disminuyó un alentador 20%. Y el
número de víctimas inocentes cayó un 24%.
Con todo, las cifras son aún muy impresionantes. El año pasado hubo 10.900 atentados
terroristas en el mundo. Esto es unos 30 por día, incluyendo sábados, domingos y
feriados. Esos atentados produjeron la muerte de 26.400 personas. Esto es, de 72
personas por día. Los números son de horror, pero en el 2014 los atentados terroristas
generaron nada menos que 123 muertes por día, incluyendo aquellas que afectaron a los
propios victimarios terroristas.
En el caso particular de Europa, el número de atentados terroristas en el 2017 aumentó
levemente, pero el número de víctimas disminuyó el 65%.
Para tener una idea acerca de la efectividad de los mecanismos de control del terrorismo
que están en marcha, en Gran Bretaña solamente, a estar a lo señalado por la Primer
Ministro Theresa May, el gobierno pudo frustrar nada menos que 13 atentados
terroristas que estaban siendo planeados por distintos grupos violentos islámicos.
La mayor parte de los atentados terroristas todavía ocurren en Medio Oriente y en
África. Pero también allí los números del año pasado sugieren que el total de episodios
cayó, en el 2017, un 38% y el número de víctimas, un 44%.
Lo sucedido se atribuye fundamentalmente a la pérdida de poder del ahora golpeado
Estado Islámico, movimiento que hoy alimenta la mayor parte de los esfuerzos
terroristas. Algo parecido sucedió también con el repugnante movimiento terrorista
africano Boko Haram.
Los Estados Unidos, en particular, han podido sustraerse fundamentalmente del
terrorismo. Por esto, desde el 2014 hasta hoy el terrorismo sólo produjo 27 asesinatos
en los Estados Unidos. No obstante, las encuestas sugieren que la cuestión del
terrorismo sigue siendo bien importante en las agendas electorales norteamericanas. Es
ciertamente difícil olvidar el demencial horror que destruyera, en su momento, a las
Torres Gemelas. El rechazo al terrorismo y las prevenciones sobre el mismo son
creencias particularmente fuertes entre los votantes republicanos. Por esto sus líderes
políticos baten constantemente este parche a lo largo de las campañas electorales en las
que participan.
Con todo, la aparente derrota del Estado Islámico no puede leerse necesariamente como
un alivio. O como el final de una larga pesadilla. Ocurre que muchos de sus curtidos
militantes, al terminar los conflictos en los que participaban o al desbandarse,
regresaron a sus países de origen, en donde no es imposible que de pronto se
transformen en peligrosísimas células “dormidas”, con una importante capacidad de
daño.
Lo que nunca debe hacerse en este tema es bajar la guardia. Jamás. Las consecuencias
pueden realmente ser terribles. Para nuestro país, que ha sido víctima de atentados
enormes perpetrados por el terrorismo, la obligación de estar alerta es tan prioritaria
como irrenunciable para todos sus gobiernos.
Pero es la sociedad toda la que tiene que enfrentar constantemente la irracionalidad y el
fanatismo que alimenta a los terroristas que, en su locura, no titubean cuando de
atentar contra civiles inocentes se trata. De alguna manera ello evidencia la pérdida de
humanidad que los mueve a no vacilar en matar y dañar a personas inocentes, lo que
siempre es naturalmente injustificable.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Lenta conformación de la coalición militar contra el Estado Islámico

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 10/12/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1852450-lenta-conformacion-de-la-coalicion-militar-contra-el-estado-islamico

 

La reacción -de espanto e indignación- generada por los atentados terroristas perpetrados en Paris el 13 de noviembre pasado derivó, como cabía esperar, en inmediatas conversaciones para conformar una única coalición militar capaz de enfrentar con éxito al horror del Estado Islámico. El presidente de Francia, Francois Hollande, asumió un rol protagónico en ese esfuerzo, con maratones que lo llevaron de un extremo al otro del mundo.

Existe ahora un consenso básico en la comunidad internacional: es hora de afrontar conjuntamente ese inmenso peligro. Lo sucedido en San Bernardino, en los Estados Unidos, ha confirmado que, desgraciadamente, todos estamos expuestos a riesgos de vida que no son remotos, sino inmediatos.

Se trata de interrumpir la metástasis del Estado Islámico y poner fin a sus atentados. De lo contrario, el mundo se transformará en un infierno. Por esto Rusia, al sumarse al esfuerzo común superando diferencias, recuerda que algo similar hizo el mundo, en su momento, contra el nazismo.

La necesidad de estructurar y operar una gran coalición militar con capacidad de ser efectiva se resolvió al día siguiente de los atentados de París, en la reunión de urgencia celebrada en Viena por 20 países, que incluyeran a los Estados Unidos y a Rusia. La semana siguiente, el propio Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por iniciativa francesa, aprobó -unánimemente- el uso de la fuerza contra el Estado Islámico.

La tarea prosigue lentamente y se espera que para Navidad la coalición pueda estar conformada. Entre tanto, se han acordado -y se siguen acordando- los mecanismos de coordinación de las distintas operaciones militares en curso. Especialmente las aéreas.

La movilización política convocada por Francia ha tenido buen resultado, pero la coordinación del andar militar requiere de más esfuerzos. Y, desde que hay conciencia que ésta es una guerra patológica, que no se gana actuando solos desde el aire, es necesario poder aunar la acción adicional de una fuerza de tierra con componentes de gran diversidad. Heterogénea. Con las fuerzas alawitas del Clan Assad; los contingentes de Irán y los milicianos de Hezbollah; las altamente efectivas fuerzas irregulares kurdas; y algunas milicias sunnis de los grupos moderados.

Una tarea nada fácil, porque los obstáculos son enormemente complejos. A modo de ejemplo solamente, los kurdos prefieren, por razones étnicas, no operar en aquellas áreas en las que la población local es de mayoría árabe sunni.

La base de la coalición será presumiblemente el esfuerzo militar ya existente que, en los papeles, incluye a 65 países que opera desde el verano de 2014 y que desde entonces ha realizado unas seis salidas aéreas diarias, en promedio. El 80% de las cuales han sido protagonizadas por aviones de EE.UU., que lleva sobre sus hombros un enorme peso. Por esto sumar a la políticamente aislada Rusia es clave. Y lograr que las contribuciones de todos sean efectivas es el objetivo de corto plazo.

El gran obstáculo ha sido, hasta ahora al menos, la inclusión de las fuerzas sirias alawitas que responden a los Assad, puesto que ellos son responsables de crímenes de lesa humanidad que incluyen la utilización de armas químicas contra civiles inocentes de su propio pueblo. No obstante, lo que antes fuera una negativa occidental rigurosa parece de pronto haber comenzado a encontrar flexibilidad, al menos de corto plazo.

Tanto Irán como Rusia apoyan -abierta y firmemente- a los Assad e insisten en la necesidad de contar con sus contingentes en el terreno. Lo cierto es que Rusia, unida al dolor francés por el derribo de uno de sus aviones comerciales que volaba sobre el Sinaí, coordina sus acciones a través de Francia, pero continúa bombardeando a las fuerzas islámicas moderadas alzadas contra los Assad, lo que para Occidente es inaceptable. Además, ha intensificado sus bombardeos incluyendo a sus misiles Kalibr, de larga distancia, que son lanzados desde buques de guerra rusos emplazados muy lejos del territorio sirio. Vladimir Putin acaba de sugerir que “de ser necesario” ellos podrían volar con ojivas nucleares contra el Estado Islámico. A lo que Rusia acaba de sumar la apertura de una segunda base operativa en tierra, en Siria misma. En Jmeimin, a no más de 30 minutos de cualquier rincón de Siria.

Veamos cómo, en líneas generales, han ido progresando las cosas en los países de mayor capacidad de contribución militar.

Alemania, que desde el 2005 no ha participado en operaciones militares de este tipo, se ha comprometido a un apoyo explícito. Modesto quizás, pero bastante más que un aporte simbólico. Concretamente, aportará seis aviones Tornado de reconocimiento, que sin embargo no bombardearán objetivos en tierra siria. A lo que sumará el concurso de una fragata misilística que apoyará la labor del portaviones francés “Charles de Gaulle” que ya opera en el área desde el mar Mediterráneo, así como los servicios de inteligencia a ser provistos por un satélite militar adicional y la disponibilidad de un enorme avión de reabastecimiento de combustible en el aire para optimizar así la utilización de los cazabombarderos franceses. A lo que agrega aumentar el número de entrenadores militares que ya trabajan en el terreno, junto a las fuerzas kurdas.

En Gran Bretaña, el primer ministro David Cameron ha obtenido, con amplitud, la necesaria aprobación parlamentaria para comenzar a bombardear objetivos en suelo sirio que le había sido denegada desde el 2013. Ocurre que el 59% de los británicos hoy aprueban esa medida. Con su tradicional efectividad, apenas 11 horas después de la aprobación parlamentaria, aviones Tornado británicos -estratégicamente emplazados en la base de Akrotiri, en Chipre, apoyados por los modernos Typhoon- comenzaron sus acciones de bombardeo contra las instalaciones petroleras en Siria hoy en manos del Estado Islámico.

Francia, por su parte, ha intensificado sus bombardeos. Cada vez más. Es el segundo mayor contribuyente al esfuerzo bélico. El país galo participa en las acciones militares contra el Estado Islámico desde septiembre de 2014. Primero en Irak, pero luego extendió su accionar a Siria. Tiene unos 3.500 efectivos militares movilizados. Hoy es responsable del 5% de los bombardeos, que realiza con aviones Rafale y Mirage 2000. Contra una participación del orden del 80% norteamericana. Hablamos de algo menos de 3.000 incursiones aéreas francesas que han sido realizadas, en las que participa el portaviones Charles de Gaulle, ahora con 38 cazas a bordo.

Estados Unidos lideran la acción militar y tienen sobre sus hombros el peso principal del esfuerzo. Sus aviones de bombardeo operan fundamentalmente desde la base turca de Incirlik, pero también desde el portaviones Harry Truman. Cuenta, además, con unos 3.500 soldados en tierra, incluyendo a algunas “fuerzas especiales” que trabajan junto a las milicias kurdas. Y provee a todos información militar de inteligencia, así como pertrechos y bombas.

También operan, esporádicamente, algunos aviones turcos; cuatro aviones F-16 aportados por Holanda; unos pocos efectivos daneses; y aviones canadienses que aparentemente pronto dejarían la escena como consecuencia de la victoria de la oposición en las recientes elecciones parlamentarias en su país.

A lo que cabe agregar un componente con aristas espinosas: el de la participación iraní, país que -pese a negarlo oficialmente- tiene a sus tropas combatiendo en el territorio de Siria y en Irak. A lo que suma la participación de contingentes libaneses de Hezbollah, que responden a sus órdenes. La coordinación de sus acciones es un verdadero rompecabezas. Pero está ocurriendo a través de países que actúan a la manera de intermediarios.

Por ahora las monarquías sunnis del Golfo, directamente envueltas en la guerra civl de Yemen, casi no contribuyen a la lucha militar contra el Estado Islámico y sobre ellas sigue vigente la sospecha de que no han cortado los flujos financieros que salen de sus países y llegan a manos del fundamentalismo islámico. La sensación es preocupante en el sentido de que no están haciendo todo lo que deberían y que no actúan con la transparencia que se requiere para disipar las dudas que aún existen. Arabia Saudita, Bahrain y los Emiratos enviaron hace meses sus aviones a bombardear junto a los norteamericanos, rodeados por nubes de cámaras de televisión, pero lo cierto es que desde hace un rato que no lo hacen.

El Estado Islámico, mientras tanto, a la luz de lo que luce como una intensificación de las acciones militares en su contra, tanto en Siria como en Irak, ha abierto un frente alternativo: en Libia, en derredor de la ciudad de Sirte, emplazada sobre el Mar Mediterráneo. Está ocupada por sus milicias desde principios de año. La región es rica en hidrocarburos, desde que allí se concentra el 66% de la producción libia.

La decisión de participar en la coalición militar que se organiza contra el Estado Islámico pertenece a uno de los capítulos más difíciles de la política exterior: aquel que tiene que ver con la gravísima decisión de entrar en guerra. Con todo lo que ello supone en términos de vidas humanas y destrucción. Por esto no puede nunca ser precipitada, sino meditada.

No obstante, paso a paso, la coalición militar va tomando forma. Y la confrontación con el Estado Islámico, requerida por la violencia inhumana que esa organización ha desatado, parece haber adquirido la urgencia que hasta ahora no había tenido.

 

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

América le da una mano a Europa en su momento más difícil

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 13/11/15 en: http://esblog.panampost.com/guillermo-covernton/2015/11/18/america-le-da-una-mano-a-europa-en-su-momento-mas-dificil/?utm_content=buffer6d3f2&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

 

 

Mostremosle el camino y ayudémoslos a entender lo que sus tradiciones, historia y costumbres les han negado a lo largo de la historia

La sucesión de hechos de sangre, sincronizados y coordinados, que sufrieron el pasado viernes, 13 de noviembre, los parisinos ha generado una ola masiva de manifestaciones públicas. Condolencias, lamentaciones, expresiones de piedad y de dolor. Pero también críticas a políticas migratorias, de control de armas, cuestionamientos a la vigencia de los derechos civiles y a políticas de seguridad y de integración internacional, entre muchas otras.

La situación se mostró dantesca: jóvenes de entre 15 y 18 años, corriendo entre el público con armas automáticas militares y bombas, en restaurantes, teatros, estadios deportivos y las calles, asesinando indiscriminadamente a personas que ni siquiera conocían y contra las que no tenían ningún motivo personal para segar sus vidas.

La pregunta obligada es ¿por qué?

Sólo podemos enfrentar las amenazas que conocemos y entendemos. Del mismo modo que el científico sólo puede vencer a la enfermedad que ha estudiado

La verdadera materia de estudio del economista es la acción humana. Entender por qué los hombres actúan del modo en que lo hacen. Cómo operan las escalas de valores subjetivas de cada individuo, los incentivos y la elección de medios y fines.

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Todavía no hay ninguna explicación posible para justificar los ataques terroristas del Estado Islámico ocurridos en París. (Twitter)

Las personas que actuaron ayer en París no buscaban matar a las personas que murieron, ni influir en su voluntad de modo alguno. Buscaban atacar las instituciones, al Gobierno de un país, y torcer su voluntad, obligando a un Gobierno elegido de forma democrática a actuar de una manera diferente. Pretenden poner de rodillas a una nación entera y obligarla a cumplir con la voluntad de los atacantes islamistas. Su accionar es extorsivo. Su advertencia es clara: si no cambian sus políticas, seguiremos atacando.

¿Quiénes son los atacantes? El Estado Islámico, una organización que pretende ocupar el territorio de la mayor cantidad de países que pueda. En Asia Menor, África y aún en Europa. Para imponer allí la sharía, la ley islámica, un cuerpo de normas que se inmiscuye en los aspectos más íntimos y personalísimos de los seres humanos, condicionando su forma de vida, su educación, la forma de educar, tratar y valorar a la mujer, las ramas del comercio que se han de permitir, las religiones que se han de practicar (sólo una) y un sinnúmero de costumbres mundanas mucho menos relevantes, pero que afectan de igual modo la individualidad y la autonomía de la voluntad.

En definitiva, una banda armada, sin piedad, ni respeto por las normas de conducta y las leyes libremente aceptadas y elegidas por el país, asesina, amenaza y extorsiona, para imponer su voluntad a una nación soberana. Financiados y entrenados desde el exterior. Con el claro objetivo de afectar los mecanismos de decisión democrática y los derechos individuales de los ciudadanos, que son inherentes a la persona humana, por su condición de tal, y cuyo reconocimiento caracteriza a nuestra cultura y valores.

La táctica apunta a dividir, socavar los cimientos de legitimidad del Gobierno de los países a los que atacan. De esta manera, pretenden generar reacciones frente a políticas que, hasta los ataques, eran masivamente aceptadas, en un contexto social donde impera el Estado de derecho, la república democrática y los valores de occidente cristiano.

La tolerancia al extranjero, la aceptación de las diferencias, la discusión y respeto por el disenso, la libertad de culto, de comercio, de educación, de prensa y de educar a los hijos como sus padres lo consideren mejor son algunos ejemplos.

Nada de esto es aceptado por los atacantes. En los territorios donde se han impuesto por la fuerza de las armas, el saqueo de las riquezas de los invadidos es la fuente de financiamiento, las mujeres de los sometidos son una mercadería para sobornar a sus mercenarios apátridas, los lugares de culto y las costumbres religiosas son borradas y su reivindicación es causa de martirio.
Europa está consternada, sorprendida y perpleja. No lo esperaban ni lo conocían.

Nuestro deber moral es apoyarlos, ayudarlos y hacerles entender. Cuando América Latina y África sufrieron la misma amenaza, en las décadas de 1960 y 1970, la Europa culta y progresista no nos comprendió. Guerrilleros asesinos eran entrenados y equipados en países totalitarios, con fondos conseguidos mediante la confiscación y el saqueo de países oprimidos, en donde no existía ni la democracia, ni la república, ni los derechos individuales. Y mientras la prédica marxista buscaba extorsionar y esclavizar a nuestros países Europa se mostraba indiferente, sino cómplice.

No cometamos el mismo error. Ayudémoslos a entender y a superar la amenaza.

Sólo los americanos podemos mostrarles el camino. Sólo nuestras repúblicas democráticas, nuestras constituciones liberales, nuestro respeto por las costumbres, religiones y formas de vida diferentes pueden ayudar en este trance espantoso.

Los nacionalismos, la xenofobia, la intolerancia, la condena previa al inocente, el cierre de las fronteras y el comercio son las herramientas del islamismo. Todas costumbres y disvalores muy difundidos en la vieja Europa. Un continente que empezó a mirar con cierto interés a los valores de la América que se emancipó mucho antes que ellos de ese yugo, y con éxito, sólo cuando las dos mayores guerras que jamás vio el mundo los dejaron exhaustos y aterrados.

No cometamos el mismo pecado. Mostrémosle el camino. Ayudémoslos a entender lo que sus tradiciones, historia y costumbres les han negado.

Lo único que hace a alguien ciudadano de una de nuestras democracias, es la adscripción sin ambages ni reservas a los valores de nuestras constituciones. La aceptación incuestionable de los valores de la libertad. La sumisión absoluta al imperio de la ley, es decir el estado de derecho, y el respeto por las instituciones democráticas. Para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los que quieran poblar nuestro suelo.

 

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases. Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

De pronto, Rusia juega fuerte en Siria

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 22/9/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1830101-de-pronto-rusia-juega-fuerte-en-siria

 

La Federación Rusa, sorpresivamente, está desplegando su poderío militar en Siria. Lo hace en defensa del régimen de Bashar al-Assad. Esto sucede en torno al puerto de Latakia. A menos de cien kilómetros de la única base naval rusa emplazada en el Mediterráneo, la de Tartus.

Hablamos de trabajos -sustantivos e importantes- de expansión de las instalaciones portuarias rusas y de dos pistas paralelas de aterrizaje que están siendo rápidamente ampliadas y modernizadas. También, de la llegada de viviendas portátiles que pueden alojar a por lo menos un millar de soldados rusos. Ya han arribado también cuatro modernos cazas SU-27; cuatro helicópteros de transporte HIP y otros cuatro similares, pero artillados. Así como tanques T-90 y centenares de infantes de marina. Con una flotilla de aviones Cóndor de transporte, Rusia está enviando -sin pausa- pertrechos militares a Siria. Lo hace a través del espacio aéreo iraquí, desde que Bulgaria, presionada por Estados Unidos y la Unión Europea, no le concedió derecho de paso.

Estados Unidos no esperaba, para nada, ese despliegue, que los tomó por sorpresa. Apoyo militar que supone un endoso mayúsculo para al-Assad, que ya ha dado frutos desde que los norteamericanos que se negaban a convocar a al-Assad (por sus actos criminales vinculados con el uso reiterado de armas químicas contra su propio pueblo) a cualquier negociación de paz, ahora dicen que podría ser parte de ella. Pero no de la solución. Rusia, quizás tenga otras ideas.

Hasta ahora Rusia había sido esencialmente una proveedora de armas para al-Assad. Hoy lo apoya con sus propias fuerzas militares en el terreno. A la manera de Irán o de Hezbollah, los dos grandes responsables de la frágil supervivencia del régimen de la familia Assad. El general iraní Qasem Suleimani acaba de estar, una vez más, en Moscú, seguramente coordinando las acciones de ambos países.

Ante lo sucedido, uno podría suponer que Rusia se apresta a luchar directamente contra el Estado Islámico, algunos de cuyos jefes pertenecen a los movimientos insurgentes de Chechenia. Pero el tipo particular de armamentos recientemente desplegados parecería sugerir otra cosa. Distinta. Porque se trata, entre otros, de modernos sistemas de defensa anti-aérea. Y los islamistas simplemente no tienen aviones.

Se supone entonces que el objetivo central ruso podría -como hemos dicho- ser proteger a al-Assad. Incluso contra una posible incursión aérea desde el exterior. De la aviación turca o de la norteamericana, cuyos cazas operan desde la base aérea turca en Incirlik. O de la aviación militar francesa, que se apresta a intervenir más activamente contra el Estado Islámico en apoyo de las fuerzas que lo combaten en el suelo. O de otros miembros de la coalición que, desde el aire, también operan contra los islamistas, como es el caso de Australia o el de Gran Bretaña.

La trascendente decisión rusa puede tener efectos cruciales de naturaleza geopolítica. Porque, por ejemplo, podría prolongar la guerra civil siria, al fortalecer a las fuerzas de al-Assad, que estaban muy debilitadas. Pese a que está claro que sin perjuicio del acuerdo de 2011 que presuntamente lo privara de armas químicas, al-Assad ha seguido utilizando criminalmente gas mostaza.

O, alternativamente, podría también apuntar a procurar una solución de partición, aceptando que hoy no es fácil reconstituir completamente la dañada integridad territorial de Siria. Una división que podría incluir la escisión de una franja costera en el occidente sirio que quedaría en manos de los “alawitas” (shiitas) de al-Assad que -por lo demás- la habitan. Y otros pedazos, uno de los cuales podría ser gobernado por los kurdos, para preocupación de Turquía que, con su importante población kurda doméstica, teme que ello genere nuevamente impulsos secesionistas kurdos en su propia casa.

Para los norteamericanos, que han evitado a toda costa empantanarse en el conflicto sirio, el despliegue ruso los ha obligado a coordinar sus acciones con Rusia, para por lo menos evitar accidentes. Pero la alternativa de procurar maximizar la eficiencia de las acciones militares de ambas naciones parecería ser un eventual próximo paso.

Para el segregado Vladimir Putin aparece ahora una nueva oportunidad de tratar de salir del aislamiento en que él y su país quedaran luego de la ilegal anexión, por la fuerza, de Crimea y Sebastopol y de sus permanentes acciones militares encubiertas, pero ciertamente desestabilizadoras, en Ucrania. Así como de sus constantes provocaciones militares aéreas ocurridas en todo el ámbito del Báltico. Que podría derivar en poder, finalmente, reunirse con su par norteamericano, Barack Obama, con quien lo cierto es que no ha tenido nunca una relación fluida, sino fría.

Una reunión entre ambos jefes de Estado podría ocurrir pronto, desde que ellos caminarán en los próximos días los corredores de las Naciones Unidas en oportunidad del nuevo período de su Asamblea General, como lo harán también casi todos los gobernantes y Jefes de Estado del mundo. Una reunión en ese ámbito particular es factible y relativamente fácil de generar.

Putin, por lo demás, aparentemente planea usar el podio de la organización internacional para, desde allí, instar fuertemente al mundo a actuar -sin más demoras y decisivamente- contra el Estado Islámico, deteniendo la marcha de su preocupante expansión y derrotándolo.

Lo que tiene enorme importancia, en momentos en los que existe la sensación de que el Estado islámico no sólo no ha sido vencido, sino que está ganando algunas batallas importantes y creciendo significativamente como peligro -real e inminente- para la paz y seguridad internacionales. Alimentado por los importantes ingresos derivados de su actual control de todos los yacimientos de hidrocarburos que existen en suelo sirio. Por esto la enorme ola de desesperados migrantes que en las últimas semanas se ha precipitado conmovedoramente sobre la Vieja Europa.

Putin seguramente supone que éste puede ser una suerte de “merecido dividendo” que debería poder cobrar después de su decisiva cooperación respecto del acuerdo de la comunidad internacional con Irán sobre el peligroso programa nuclear de los persas.

La decisión rusa ha tonificado a Bashar al-Assad y a sus fuerzas, evitando lo que ciertamente lucía como un inminente derrumbe. Y demuestra que, pese a su debilidad económica, Rusia es capaz de actuar por su cuenta en el escenario del mundo, como muy pocos países. Hasta en conflictos peligrosos, cuando sus intereses están en juego. Más allá de su mala experiencia en Afganistán, que en su momento precipitara la desaparición de la entonces Unión Soviética.

La repentina aparición rusa en Siria ha modificado la relación de fuerzas hasta ahora existente en el conflicto que azota a ese país. Es un audaz movimiento geopolítico de peso, que la región y el mundo observan. Y que ya ha obligado precipitadamente a los Estados Unidos a tratar de coordinar sus propias acciones militares en suelo sirio con las de Rusia. Una maniobra inesperada por Occidente que hasta podría abrir la puerta para que las acciones militares, que estén en marcha contra el Estado Islámico de pronto fueran más robustas, eficaces y convincentes. Como posible cambio de rumbo, es sustantivo. Su impacto podría entonces ser fundamental no sólo para encontrar una solución que evite que la guerra civil siria se prolongue indefinidamente, sino para que el Estado Islámico deje de ser un descontrolado foco de violencia inhumana.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Turquía dice “no” al “sultanato” propuesto por Erdogan

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 11/6/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1800787-turquia-dice-no-al-sultanato-propuesto-por-erdogan

 

El domingo pasado, los ciudadanos turcos -que concurrieron pacífica y masivamente a las urnas- rechazaron, con inapelable claridad, las propuestas del ahora presidente, Recep Tayyip Erdogan en dirección a seguir concentrando el poder en sus propias manos.

Esta vez mediante la transformación del régimen político de su país, de naturaleza parlamentaria, en uno de corte “presidencialista”. El líder islámico, que ya lleva nada menos que 13 años enquistado en el poder de su país, sufrió una derrota particularmente dura cuando, ilusionado, iba por todo.

Una vez más se comprueba que una larga década de autoritarismo genera cansancio y provoca en los votantes explicables deseos de cambio. Particularmente cuando desde el poder se procura controlar y someter a la Justicia, se cercena la libertad de expresión y se procura manipular constantemente -a través de enormes multimedios estatales- la opinión pública.

El partido oficialista (“Justicia y Desarrollo”), que aspiraba a poder contar con una mayoría parlamentaria que le permitiera reformar la Constitución, no la logró y quedó ahora en minoría (con el 41% de los votos). En 2011 había logrado un 50%. Es la primera vez que esto le sucede al oficialismo desde 2002.

La derrota del gobierno fue particularmente dura en las regiones “kurdas” del este y sudeste del país y a lo largo de la pujante zona costera; en el Mediterráneo, en el Mármara y también en el Egeo. El partido de Erdogan quedó obligado a gobernar en coalición. O a convocar, eventualmente, a una nueva elección en 45 días, como alternativa desesperada.

La sombra de los años 90 -y toda su cuota de fragilidad política- ha vuelto a aparecer. Pero lo cierto es que el riesgo inminente de caer en una tiranía se ha alejado para los turcos, al menos por el momento.

Para los seguidores de Erdogan, en general de raigambre conservadora islámica, ésta es una imprevista piedra en un camino hacia concentrar aún más el poder en sus manos. Para la libertad, en cambio, es un auténtico soplo de esperanza.

Para los ciudadanos “kurdos” en particular -que componen el 15% de la sociedad turca- ésta fue una elección fundamental. Histórica, realmente. Ocurre que su partido, el izquierdista “Partido Democrático del Pueblo” -de la mano del carismático Selahattin Demirtas- obtuvo algo más del 13% de los votos y por primera vez tendrá una interesante representación parlamentaria, compuesta por 79 legisladores, casi la mitad de ellos son mujeres. Con ese caudal, apoyado ciertamente por el voto femenino y el de algunas otras minorías, el joven partido bloqueó, de hecho, las posibilidades de que Turquía pudiera de pronto caer en un peligroso “hiper-presidencialismo”, al que Erdogan aspiraba.

De esta manera, los “kurdos “seguramente podrán ahora comenzar a dialogar en paz con el resto de la sociedad, en un diálogo con visibles carriles institucionales dejando atrás las frustrantes décadas de violencia acumulada, que no logró solucionar los problemas de la identidad “kurda”.

Alineado con los seculares y con los liberales el partido de los “kurdos” hoy tiene claramente un interesante peso relativo en el arco de la oposición, que hasta ahora no había tenido. Pero también es cierto que no está atado a nadie y, al menos en teoría, por ello hasta podría eventualmente sellar un acuerdo de gobierno con el propio partido de Erdogan.

Lo sucedido no es, en rigor, demasiado inesperado. Desde las protestas de 2013, la disidencia opositora había crecido y los discursos y propuestas de Erdogan (cercado, además, por sospechas de corrupción) se habían radicalizado. Tan es así, que cualquier opositor se transformó de pronto en “conspirador” y en audaz “desestabilizador”, como ocurre también entre nosotros. Casi automáticamente. Por eso la elección ha resultado un verdadero “referendo” sobre la gestión de Erdogan. Del cual el líder oficialista ha salido visiblemente mal parado.

En materia de política exterior, lo sucedido puede tener algunas repercusiones inmediatas. Pese a que Erdogan no es, para nada, conocido como un político flexible.

  • Primero, seguramente se deberá recalibrar la relación con la insurgencia siria, aunque siempre a la luz de la pesadilla de los dos millones de refugiados sirios que hoy están en Turquía. Esto puede suponer no dejar a los “kurdos” enteramente librados a su suerte frente a las huestes del Estado Islámico, como sucediera en la ciudad fronteriza de Kobane, frente a las cámaras de televisión del mundo entero.
  • Segundo, sería prudente volver a acercarse a Europa. Y aprovechar lo sucedido para revisar la desteñida vinculación con la OTAN.
  • Tercero, sería quizás positivo tratar de recomponer, al menos formalmente, la relación con Egipto, que ha estado deteriorada desde que Erdogan endosara, en su momento, al gobierno (depuesto) de la Hermandad Musulmana.
  • Cuarto, parecería asimismo oportuno reexaminar la enfriada relación con Israel, hoy empantanada como pocas veces.
  • Quinto, particularmente en función del inocultable ascenso electoral de los “kurdos” que viven en Turquía, sería prudente reexaminar la activa relación con los “kurdos” de Irak, y con este último país, en general.

Lo sucedido es evidentemente el fracaso de una política polarizadora. Que se hundió en su vocación por dividir a Turquía. Entre “ellos” y “nosotros”. Y el de una deriva hacia el autoritarismo, peligrosamente creciente. Así como del agotamiento de las acusaciones fantasiosas sobre presuntos “complots” y actividades “terroristas” de la oposición. Y del esfuerzo descarado por tratar de controlar a jueces y fiscales, así como a las fuerzas de seguridad.

Más aún, es también el fracaso del abandono del pluralismo y del abuso de los recursos públicos, que llevó hasta a construir un grandioso palacio presidencial, propio de la épica de Las Mil y Una Noches, con un millar de cuartos y salas en su interior. Palacio que disparó -y alimentó- las acusaciones constantes contra Erdogan de ambicionar personalmente la creación de un verdadero “sultanato”.

Por todo esto, cuando uno de los líderes de la oposición -reflexionando sobre lo sucedido- dijera que estamos frente “al triunfo de la paz sobre la guerra, de la modestia sobre la arrogancia, y de la responsabilidad sobre la irresponsabilidad”, estuvo probablemente en lo cierto.

La sabiduría del electorado turco es una buena noticia para todos. Incluyendo a los perseguidos, como son muchos periodistas independientes, los dirigentes armenios y la comunidad gay. Para ellos, lo sucedido es un baño de ilusión acerca de un posible futuro mejor, más tolerante y menos agresivo.

Los fantasmas de Gezi Park, es cierto, todavía flotan sobre la sociedad turca. De alguna manera la están moderando e impulsando en dirección al respeto recíproco. Buenas noticias, por cierto, porque hasta ahora el camino de Erdogan parecía conducirla, casi inexorablemente, hacia la pérdida de sus libertades esenciales.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.