Sobre un personaje mayor en la tradición liberal

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/8/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/08/14/sobre-un-personaje-mayor-en-la-tradicion-liberal/

Algernon Sindney escribió en 1681 sobre algunos principios básicos que luego profundizaron Locke y Montesquieu

Sobre un personaje mayor en la tradición liberal - Infobae
Algernon Sidney

A veces acontecimientos claves de la historia no son suficientemente ponderados. Como es sabido, el inicio del espíritu liberal puede situarse en el método socrático, pasando por las experiencias atenienses, romanas, los fueros españoles y sus “juicios de manifestación” antes del habeas corpus, la Carta Magna de 1215, el desarrollo del common law y la escolástica tardía. Si bien el salto cuantitativo original habitualmente se atribuye a John Locke con su tratado de 1689, resulta clave señalar que antes que eso y en la misma dirección y con argumentos de mayor peso Algernon Sindney escribió en 1681 su obra titulada Discourses Concerning Government que demoró en publicarse hasta 1698 debido a su criminal ejecución el 7 de noviembre de 1683 por orden de Carlos II.

El voluminoso trabajo de Sidney fue como respuesta muy extendida al libro de Robert Filmer en cuyo título se expone la tesis central, Patriarcha: A Defense of Natural Power of Kings Against the Unnatural Liberty of the People publicado en 1680. Era una defensa y ratificación de la noción muy generalizada de la época que los monarcas derivaban su poder de Dios y que, por tanto, no podía ser cuestionado independientemente del contenido de la respectiva resolución.

Sidney refutó esta absurda conclusión y se explayó en la naturaleza del gobierno y las limitaciones a su poder a los efectos de salvaguardar los derechos de las personas, a su juicio inherentes a la persona y más allá de la legislación del momento. Esto no solo como un fundamento moral sino para asegurar el mayor bienestar de la gente basado en que esos derechos son naturales al ser humano y anteriores y superiores a la constitución del monopolio de la fuerza. Estas disquisiciones se oponían no sólo al poder político sino también al poder de las religiones oficiales. La frase que resume su pensamiento es la ironía de comentar que en los sistemas entonces vigentes “algunos nacen con una corona sobre sus cabezas y todos los demás con monturas sobre sus espaldas.”

La referida obra de seiscientas páginas en la edición que tengo en mis manos, está dividida en tres grandes capítulos que contienen noventa y ocho secciones. Comienza diciendo que es perfectamente excusable el error cometido por ignorancia, pero personas leídas e informadas no tienen justificación de engañar a la gente con supuestos inauditos como que el poder de los reyes es un mandato divino al efecto de respaldar sus fechorías. Como queda dicho, en verdad el autor explica que los derechos individuales provienen de la naturaleza de la condición humana para poder desarrollar sus potencialidades y el gobierno está teóricamente constituido para proteger y garantizar esos derechos. Es lamentable -continúa Sidney- que muchas autoridades religiosas se hayan plegado a la idea de la infalibilidad de la corona cuando su misión es la de velar por la integridad de los miembros de la comunidad y no estos reverenciar y otorgar facultades ilimitadas a quienes están supuestos de proteger las autonomías de los gobernados, quienes deben tener la posibilidad de remover a quienes los asaltan.

A continuación subraya el desatino de insistir en que el pueblo no debe interferir en los misterios del poder solo reservados a los que lo detentan puesto que ese razonamiento constituye un insulto a la inteligencia. Los hombres que asumen el poder no son diferentes al resto de los mortales, solo que se le ha confiado la misión de proteger las condiciones para que cada uno pueda desarrollar sus facultades dignas de la condición humana.

Constituye una ofensa a Dios el endosarle la responsabilidad por los martirios que sufre la gente. Los que tienen las inclinaciones delictivas de Nerón deben ser tratados como tales. La prudencia y el acierto en las decisiones gubernamentales no surgen automáticamente “no crecen como los hongos” son fruto de meditaciones y asesoramientos calificados y serios. La gente no debe dejarse atropellar y eventualmente permitir que los decapiten en sentido figurado o en sentido literal en nombre de una alegada facultad inexistente. No tiene el menor sentido reclamar que se dé al César lo que pertenece al Cesar cuando lo que se pide es el poder absoluto como atributo indiscutible del Cesar lo cual desconoce la naturaleza del gobernante y los atributos de la gente, todo como un pretexto para atropellar los derechos de todos los que no gobiernan.

La sección quinta del primer capítulo lleva el muy sugestivo título de “Depender de la voluntad de un hombre es la esclavitud” donde alude a la esencia de la tiranía que consiste en que la gente se encuentre a merced del monarca ya que la libertad es la ausencia de coacción por parte de otros ya que “son esclavos quienes no puede disponer de su persona ni de sus bienes y todo depende de lo que resuelva su amo; no hay tal cosa como la naturaleza del esclavo” puesto que la esclavitud contradice la naturaleza de las cosas, en esta línea argumental los gobernantes deben ajustarse a la ley entendida como el resguardo de los derechos de todos y no simplemente una disposición emanada de la autoridad. Imputar a Dios la conducta de los Calígula es una falta de respeto mayúscula.

En la sección décima de ese mismo capítulo, se elabora detenidamente sobre el concepto de que “ninguna violencia o fraude puede crear un derecho” y “la diferencia entre un buen y un mal gobierno dependen del ejercicio del poder” pero “en esclavitud el conocimiento no brinda posibilidades ya que todo depende de la voluntad de los lords por más malvados, crueles y dementes que resulten”. Y más adelante en la sección siguiente y en las cuatro finales de ese capítulo explica detenidamente que un acto injusto no muta en justo por el hecho de ser adorado con boato, rituales, frases vacías y poder hereditario. La justicia de dar a cada uno lo suyo implica el respeto a la propiedad de lo que pertenece a cada cual.

En el segundo capítulo Sidney en el contexto de opiniones de diferentes autores, desarrolla las nociones de democracia referida al consenso de la administración de la cosa pública en beneficio de todos que hoy podemos resumir en el respeto recíproco, la aristocracia como el gobierno de algunos considerados virtuosos y la monarquía como el gobierno de uno, lo cual con el tiempo fue transformado en monarquía parlamentaria o constitucional con la idea de establecer límites al poder. Y en la sección cuarta del tercer capítulo subraya que ningún monarca debe contar con la facultad de vulnerar derechos del mismo modo que debe prevenir que otros lesionen derechos del prójimo.

En la sección onceava del último capítulo, el autor extiende su argumentación sobre el significado de la ley que debe ser compatible con el derecho y no fruto de una mera resolución gubernamental y que una ley injusta no debe ser obedecida en línea con la tradición escolástica (la sección se titula “La ley injusta no es ley y aquello que no es ley no debe obedecerse”). Enfatiza que la ley no deriva de la dignidad del legislador sino exclusivamente de su justicia que debe ser universal.

Esta deriva tan sustanciosa sobre lo que significa la igualdad ante la ley y su inseparable noción de la Justicia y la relevancia de los magistrados que imparten justicia es a contracorriente del llamado positivismo jurídico que no reconoce mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva. En la sección catorce recuerda que los gobiernos fueron establecidos para hacer que se cumpla la justicia, un contrapoder de gran peso en las sociedades libres en cuyo contexto esboza que el derecho no es consecuencia del invento de jueces sino el resultado de procesos evolutivos de descubrimiento de valores preexistentes.

Luego de todas estas disquisiciones sumamente sustanciosas y muy pertinentes para la actualidad, este notable pensador en las dos últimas secciones se refiere a la importantísima misión del Parlamento o Poder Legislativo y apunta que “la Magna Charta que comprende nuestras leyes antiguas y las legislaciones subsecuentes no son fueron enviados de los cielos sino de acuerdo a la voluntad de los hombres” en dirección a la limitación al poder. En este sentido agrega que en una sociedad libre no puede otorgarse poder al Parlamento a los magistrados judiciales ni al rey que no sean para salvaguardar derechos y en el primer caso las deliberaciones deben dirigirse a poner orden, es decir, a lo que modernamente diríamos el Estado de Derecho donde ese Poder Legislativo “debe ser confiado solo en las manos de quienes son capaces de obedecer la Ley” en el sentido antes definido y vinculado a los escritos de Richard Hooker que Sidney cita en concordancia también con otros autores respecto al iusnaturalismo.

Estas notables contribuciones fueron desarrolladas primero por Locke y luego perfeccionadas por Montesquieu. En el primer caso, se muestra que “Cuando los legisladores quitan y destruyen la propiedad de la gente o los reducen a la esclavitud por medio del poder arbitrario, se colocan en un estado de guerra con el pueblo que queda eximido de seguir obedeciendo.” Y el segundo autor además de haber afinado la imprescindible división de poderes, escribe en su trabajo más conocido de 1748 que “nos ha enseñado la experiencia eterna que todo hombre investido de autoridad abusa de ella. No hay poder que no incite al abuso, a la extralimitación […] Para que no se abuse del poder, es necesario que se le ponga límites”. Calcado en la misma argumentación, contemporáneamente Bertrand de Jouvenel concluye en el poder que “es una experiencia eterna el que todo hombre que tenga poder se ve impulsado a abusar del mismo”.

Benjamin Constant en “Sobre el espíritu de conquista y de usurpación en sus relaciones con la civilización europea” consignó la célebre distinción entre “la libertad de los antiguos y la libertad de los modernos”, la primera “se componía más bien de la participación activa del poder colectivo que del disfrute pacífico de la independencia individual […] Muy otra cosa ocurre en los estados modernos, su extensión, mucho más vasta que las repúblicas de la antigüedad […] Los clásicos hallaban más deleite en su existencia pública y tenían menos en su existencia privada. Casi todos los deleites modernos se hayan en la existencia privada”. Hoy desafortunadamente pude decirse que en gran medida hay una reversión del tema: se pretende circunscribir la participación de la gente en el voto (con todas las artimañas del caso) pero excluirlo de lo relevante, cual es la protección y el consiguiente respeto a sus derechos individuales tan proclamados por el propio Constant.

Tal como he consignado antes, a mi juicio el cuarteto de obras de ficción que mejor desnudan el poder son La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa que se refiere a Trujillo, Yo el supremo de Roa Bastos que se refiere al doctor Francia, Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias que se refiere a Estrada Cabrera y La silla del águila de Carlos Fuentes que se refiere en general al poder en México donde se leen las siguientes confesiones imaginadas (¿imaginadas?) de políticos que ilustran sobre algunos pasillos de los aparatos estatales: “para mi todo es política, incluso el sexo”, “el poder es mi vocación”, “te lo digo a boca de jarro, todo político tiene que ser hipócrita. Para ascender, todo vale. Pero hay que ser no sólo falso, sino astuto” y “la fortuna política es un largo orgasmo”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

ESTO LO ESCRIBÍ EN EL 2013. Y AHÍ SIGUE, GRACIAS AL 48% DE LOS ARGENTINOS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 15/8/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/

Usted, Señora Presidente, viene a pedir respeto para los que piensen diferente.
Usted, la fiel discípula de un cuasi-dictador que, manteniendo cínicamente las formas del estado de derecho, y violándolo permanentemente, acorraló, atemorizó y amenazó a todos los que pensaban diferente.
Usted, la que no duda de burlarse y amenazar por cadena nacional a todos los que piensen diferente.
Usted, que no ha dudado en utilizar la fuerza bruta de piquetes para amenazar a todos los que piensen diferente.
Usted, la que no duda en abrazarse internacionalmente con todos los dictadores internacionales que no dudan en asesinar a los que piensan diferente.
Usted, la que aplaude y apoya totalmente a una psicópata peligrosa que no dudaría en ahorcar con sus propias manos a todos los que pensamos diferente.
Usted, que apoyó y apoya totalmente a los asesinos terroristas que en los 70 asesinaron a todos los que pensaban diferente.
Usted, que no duda en asociar con los asesinos de los asesinos terroristas a todo aquel que piense diferente.
Usted, que lucha contra la libertad de expresión, precisamente por la amenaza que es para usted la expresión del pensamiento diferente.
Usted, que no duda en mantener en el más indigno clientelismo a millones de masas indigentes para que ni se les ocurra pensar diferente.
Usted, que llama des-estabilizadores y golpistas a todos los que piensan diferente.
Usted, que ha nombrado en su gobierno a una banda de personajes psicopáticos, corruptos, autoritarios y dementes, que no dudarían en mandar a la hoguera a todos los que piensan diferente.
Usted, auto-considerada la diosa total que monologa desde su distante atril, al cual ninguna pregunta, que manifieste un pensamiento diferente, puede acercarse.
La lista es muy larga, Señora. No sigo.
Usted, Señora, tiene todo mi cristiano perdón. Yo, sin que usted lo dijera, me manifesté en contra de escraches y abucheos, sean dirigidos a quienes fueren. Pero la política y la historia, Señora, lamentablemente no perdonan. Usted ya ha entrado en la historia del ridículo.

 Tal vez aún no se da cuenta, y no creo que pueda darse cuenta alguna vez. Los que la votaron tal vez tampoco. Y no escribo desde la esperanza de que deje de hacer daño; es muy probable que lo siga haciendo mucho, mucho tiempo, desde su odio, resentimiento y rencor a todos los que piensan diferente. Yo, Señora, escribo desde la única trinchera indestructible: el deber de decirle la verdad. El deber, precisamente, de pensar diferente.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

América Latina elige, ¿qué elige?

Por Constanza Mazzina y Santiago Leiras. Publicado el 4/04/21 en: https://www.cronista.com/cronista-global/america-latina-elige-que-elige/

Ante un escenario complejo por el efecto de la pandemia, las tensiones ideológicas podrían mantenerse.

El 2021 se presenta como un nuevo año en el ciclo electoral latinoamericano inaugurado hace algunas décadas con la tercera ola de democratización en la región. En el transcurso del presente año habrá elecciones presidenciales en Ecuador, Chile, Perú, Haití, Honduras y Nicaragua; legislativas en El Salvador, México, Argentina, Haití y Chile; constituyentes en Haití y Chile; municipales en Bolivia, Chile, El Salvador y Paraguay; y estaduales en Bolivia y Chile.

Un mix completo en un año complejo: además de la crisis sanitaria, la región tiene otras “pandemias” que no logra resolver. Así, a las consecuencias del Covid19 y las diferentes respuestas que dieron los gobiernos latinoamericanos con más o menos eficacia, debemos resaltar el sistemático deterioro del Estado de Derecho, la crónica crisis de la democracia y la crisis de representación política.

Crisis que se arrastran y no se resuelven, y que agregan un elemento más de disconformidad en las ya descontentas ciudadanías latinoamericanas. Tomemos por caso la llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil: según los datos de Latinobarómetro del año 2018, un 65% de los ciudadanos señalaban que la democracia tenía problemas y para un 17% no había democracia. Así, la crítica a la democracia tuvo consecuencias electorales directamente consistentes con ella.

La reciente elección legislativa en El Salvador y el apoyo dado por la ciudadanía al presidente Bukele muestra que, lejos de castigarlo con su voto, lo han respaldado. En el mismo informe de Latinobarómetro de 2018, un 24% de los salvadoreños señalaban que no había democracia y para el 59% era una democracia con problemas. La tercera oleada democrática llegó al país centroamericano a mediados de los años noventa, luego de la firma de los acuerdos de paz de Chapultepec que pusieron fin a décadas de enfrentamiento armado en el territorio.

El regreso a la democracia configuró un sistema de partidos bipartidista de la mano de ARENA y del FMLN. La alternancia entre ambos en un contexto de creciente inseguridad y nuevos fenómenos como las maras, fue erosionando la democracia. Antes de la llegada de Bukele, solo el 11% de los salvadoreños estaban satisfechos con la democracia. Si en el 2018 la aprobación del gobierno en Brasil era de solo el 6%, en El Salvador rozaba el 22%, con una media regional en un escaso 32%.

Para cerrar este panorama, la confianza en el Parlamento era de un escaso 10%, la confianza en el gobierno del 10% (entonces era presidente Salvador Sánchez Ceren, del FMLN, igual que su antecesor, Mauricio Funes) y en los partidos políticos del 6%. El colapso del sistema consociativo de la democracia entre Arena y FMLN se encontraba en su fase terminal.

Así, Nayib Bukele logró presentarse como la figura emergente en un fuerte clima anti-político con un sesgo anti-establishment representado por los dos partidos históricos, un esquema de corrupción institucionalizada, y una significativa demanda de restauración del orden público: el resultado electoral de aquella elección presidencial y las recientes legislativas marcaron el fin de una época.

¿Se parece Bukele al fenómeno Trump/Bolsonaro, al modelo de Chávez o al de Álvaro Uribe? Probablemente a todos, posiblemente a ninguno de ellos. Lo cierto es que, de acuerdo al último informe de Democracy Index, El Salvador se transforma en un régimen híbrido, dejando atrás su condición de “democracia defectuosa”.

El Salvador, Ecuador y Bolivia inauguraron un largo ciclo electoral pero ¿qué se elige? ¿elige la región girar a la izquierda? Quienes sostienen esta tesitura encuentran sus razones en el cambio acontecido en México (2018), Argentina y Bolivia (2019), en un clima de optimismo en relación al triunfo del candidato/delfín de Rafael Correa (el segundo, el anterior fue el propio Lenín Moreno) Andrés Arauz en Ecuador y el retorno de Lula Da Silva a la arena política, ya sin restricciones legales para una eventual candidatura presidencial, en un contexto de crisis del gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil.

Haciendo un rápido recorrido ideológico por una buena parte de la región nos encontramos con 2 países de extrema izquierda (Nicaragua y Venezuela), 2 de izquierda (Bolivia y México) 1 de centro izquierda (Argentina), 2 de centro (Ecuador y Perú) 1 de centro derecha (Uruguay), 3 de derecha (Colombia, Chile y Paraguay) y 1 de extrema derecha (Brasil).

Estamos frente a un complejo escenario ideológico y lo que los latinoamericanos elijan en 2021 no parecería alterar sustantivamente este panorama.

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE. Síguela en @CMazzina

LA CERTEZA DE LA DUDA (Sobre las elecciones en EEUU).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 23/11/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/11/la-certeza-de-la-duda-sobre-las.html

Si un honesto ciudadano de la ciudad de Chicago hubiera tenido sospechas, en 1930, de que Al Capone era culpable de lo que se decía de él, ¿hubiera sido un conspiranoico, un demente o un imbécil? ¿Le hubieran caído encima los “fact-checkers”? Claro que no lo podía probar y claro que si lo acusaba sin pruebas, el buen señor en cuestión podía acusarlo a él por calumnias e injurias (creo que Al Capone hubiera recurrido a un método más expeditivo). Ok, y es el precio a pagar por vivir en un Estado de Derecho, excepto que este último ya sea una farsa completa y que haya que acostumbrarse a los nuevos Imperios Romanos.

Lo mismo sucede con las sospechas que muchos tenemos sobre algunos políticos. Claro que no podemos “probar” nada, pero la certeza no es sólo jurídica. Es también moral. Atar cabos y hacer una hipótesis NO es lo mismo que afirmar que la Tierra es plana e insultar a todos los que piensen diferente. Es tener juicio crítico y no aceptar cualquier cosa por “oficial” que sea.

Podríamos dar algunos ejemplos, claro, y en la Argentina, ni hablar. Se llama Nisman.

Del mismo modo, no tengo por qué creer en la plana mayor del Partido Demócrata de los EEUU. Se han ganado toda mi desconfianza. Son capaces de hacer cualquier cosa. Sencillamente cualquier cosa.

A todos nos costaba al principio sospechar que EEUU se estuviera convirtiendo en una Banana Republic. Pero sí. Es precisamente la preocupación de muchos. Y esa preocupación, esa sospecha, esa casi terrible y aterradora certeza, no es una cuestión de hechos o de pruebas, sino de atar cabos y hacer hipótesis. Nada más.

Muchos no ven el tema cultural. El drama de un EEUU que está negando sus raíces, desde los colleges donde no se puede hablar de nada que ofensa los supuestos derechos del lobby LGBT, pasando por la industria del aborto, la salud reproductiva y la persecución judicial a quienes piensan diferente, hasta llegar a la destrucción de vida y propiedad por parte de Black Lives Matter Antifa, con el apoyo de casi toda la opinión pública y los mass media………… Y toooooooooooooooooooda el ala dirigente del Partido Demócrata, apoyando todo eso, incentivando todo eso, incurriendo en los más procaces doble standarts, MUY felices con los lock-downs y los poderes absolutos de alcaldes y gobernadores……………… Son unos totalitarios completos que se llevan muy bien con todos los tiranuelos del patio trasero del Foro de San Pablo. Listo, han perdido TODA mi confianza. Los que odian a Trump precisamente por oponerse a todo ello, bueno, está todo dicho, y los que lo odian por sus modos, porque no tiene el charm de Obama……….. Creo que sencillamente no saben en qué mundo viven. Se pasan la vida vociferando los “hechos” pero ignoran totalmente la aludida tragedia cultural, o peor, NO le dan importancia. Viva Biden, ah sí, el aborto, bueno, en fin……………………

Por ende, ¿es posible que Venezuela haya invadido a los EEUU? Claro que sí, y ya tienen los cómplices. ¿Se puede probar? Probablemente nunca. ¿Es probable que Sidney Powel quede para siempre desacreditada como una paranoica y mentirosa total, mala, mala y mala? Es muy probable y posiblemente ella prefiera terminar como Napoleón en Santa Elena a quedarse en EEUU bajo los Biden, los Obama y los Clinton. Claro, existe un milésimo de posibilidad de que logre probar lo suyo. En uno y otro caso, EEUU ya no será el mismo.

En cualquier caso, nadie me saca de la cabeza que los demócratas hicieron fraude. Lo peor que me puede pasar es que mucha gente certifique que estoy definitivamente demente. Pero mis riesgos no son nada frente a los que en este momento se están jugando la vida entera en lo que queda de la Casa Blanca. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

¡Pandemia!, el pensamiento único

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 30/4/20 en: https://www.horapunta.com/noticia/33149/actualidad/pandemia-el-pensamiento-unico.html

 

¡Pandemia!, el pensamiento único

Durante mas de 20 años mi médico personal, Arnaldo Bresciani, mantuvo a los míos, incluida mi madre que va para los 90 y a mí, en muy buen estado. Le pregunté por el coronavirus y me aseguró que era otra gripe, que no haga locuras como encerrarme y dejar el deporte, el sol y el aire libre.

Luego estos burócratas políticos -a los que no les tengo confianza dada su proverbial ineficiencia y corrupción- incluidos los de la OMS, cuyo presidente es un ex miembro de un violento -guerrillero- gobierno marxista leninista, dijeron que este virus es peor que una gripe, una ¡pandemia!

Investigué y todos los mejores especialistas independientes que encontré -Goldsmith, Wodarg, Elkin, Smith, Ayyadurai y sigue la larga lista- coinciden con matices diferentes con mi médico. Para remate están las cifras oficiales que, aun cuando serían exageradas porque acusan al coronavirus en personas con enfermedades terminales, muestran que mueren más por influenza.

Fin de la discusión, solo falta ver si el tiempo confirma, ya definitivamente, que es otra gripe. Pero le doy a los que opinan distinto el beneficio de la duda, porque a la verdad absoluta solo Dios la tiene, aunque los arrogantes quieran tenerla.

Tal es la arrogancia de estos burócratas que forzaron cuarentenas violando el DD.HH. de la libertad, destruyendo el estado de derecho y, algunos, realizando un virtual golpe de Estado al cerrar los poderes legislativo y judicial. Y sabiendo que las muertes dada la debacle económica son mucho más numerosas que las provocadas por el virus.

Pero como si no bastara la evidencia científica de que la actitud de políticos y burócratas es denigrante, violan el sentido común al decir que trabajar es peligroso, juntarse con familia y amigos no es sano, es peligroso el sexo y más vale masturbarse, hacer deporte es contraproducente y siguen las insensateces.

Ahora, ¿podremos desandar este camino a la dictadura marxista leninista? Por cierto, ya intentarán la vacunación obligatoria de vaya a saber qué veneno al estilo de los experimentos “médicos”, como el Zykol B, del doctor Mengele. El problema más grave es desarmar el pensamiento único instalado con ayuda de innumerables medios presionados por los gobiernos.

Como señala el filósofo Gabriel Zanotti, es la masificación, gobiernos “asesorados” por “expertos” formados en la barbarie… Tan terrible como previsible. Salidos de la educación formal positivista, en definitiva, de la afirmación irracional de que el hombre puede lograr una verdad irrefutable y, por ende, puede imponerse violentamente al que “no entiende”.

Decía Schopenhauer, que acuñó el término en 1819, que el pensamiento único se sostenía a si mismo sin necesidad de referentes; se auto sustentaba en su propia voluntad. Marcuse añadió que era un pensamiento compuesto de hipótesis, tan solo, que se auto validaban a través de su repetición incesante, falta de contrastación, y asociación del pensamiento a lo subjetivo. Al final, las personas que se masifican en “la verdad absoluta” necesitan quién las someta.

En fin, como soy una persona más -lo que no es poco- no está en mí el destacarme, pero le advierto que, si opina contra el pensamiento único, la “pandemia”, puede sufrir consecuencias importantes, en cambio personalmente tengo una situación de privilegio que me permite hacerlo, a lo sumo algún medio no publica mis columnas pero, en ese caso, el problema lo tienen ellos y sus lectores.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Justo José de Urquiza, un personaje singular

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 22/2/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/02/22/justo-jose-de-urquiza-un-personaje-singular/

 

Justo José de Urquiza 

Justo José de Urquiza

Estas líneas pretenden ilustrar al mundo lo que puede hacerse en cualquier nación donde se han estrangulado todas las libertades si hay las suficientes convicciones para derrotar al autoritarismo. De entrada, dado que Urquiza terminó con la tiranía rosista, es del caso reiterar que cuando un gobierno se arroga la suma del poder público da un golpe a las instituciones libres y por tanto es necesario un contragolpe a los efectos de ejercer el derecho inalienable a la resistencia inserto en todos los documentos republicanos desde John Locke en adelante y continuando por la clara definición en la Declaración de la Independencia estadounidense que reza así: “Cuando cualquier forma de gobierno es destructiva a esos fines [la preservación de las libertades] es el derecho de la gente el alterar o abolirlo y establecer un nuevo gobierno”. Y esto naturalmente va también para los casos en los que el nuevo gobierno ha resultado muchísimo peor que el anterior como sucedió, por ejemplo, con el castro-comunismo en su contragolpe a Batista.

En otras ocasiones he escrito en detalle sobre Rosas pero ahora me circunscribo a la declaración oficial del propio tirano que ilustra y resume el asunto a través de una ley sancionada por la Junta de Representantes el 26 de septiembre de 1851 luego del pronunciamiento de Urquiza, el primero de mayo del mismo año: “Todos los fondos de la Provincia, las fortunas, vidas, fama y porvenir de los Representantes de ella y de sus comitentes, quedan sin limitación ni reserva alguna a disposición de S.E., hasta dos años después de terminada gloriosamente la guerra contra el loco, traidor, salvaje unitario Urquiza”. (citado por Juan González Calderón en El general Urquiza y la organización nacional).

Tal como había escrito Juan Bautista Alberdi en cuanto a que la independencia de España mutó para ser colonos de los propios gobiernos denominados patrios, lo cual continuó en medio de reiterados fracasos de organización nacional a través de pactos incumplidos, constituciones fallidas y declaraciones inconducentes en el contexto de caudillos que una y otra vez obstaculizaban el establecimiento del estado de derecho. Todo esto sin solución de continuidad hasta la Constitución liberal de 1853-60 que permitió que los argentinos se ubicaran a la vanguardia de los países civilizados hasta el golpe fascista del 30 y con mucho mayor ímpetu a raíz del golpe del 43 que sumió al país en desventuras varias que perduran hasta el presente.

Hay mucha bibliografía vinculada al rol emancipador de Urquiza en la historia argentina pero cabe subrayar especialmente la de Isidoro Ruiz Moreno “Vida de Urquiza”, Ramón Cárcano “Urquiza y Alberdi. Intimidades de una política”, Beatriz Bosch “Urquiza y su tiempo”, la antes mencionada obra de González Calderón, de José María Zuviría “Los constituyentes de 1853”, de Amancio Alcorta “Las garantías constitucionales” y de José María Sarobe “El general Urquiza. La campaña de Caseros”.

Como señalan los autores citados, la organización nacional fue posible merced a las ideas de Alberdi y a la ejecución de Urquiza. Ambos se profesaban gran admiración. En correspondencia del primero al segundo que se reproduce en la obra de Cárcano aquél le rinde homenaje al escribir sobre “nuestra perpetua gratitud, por la heroicidad sin ejemplo con que ha sabido restablecer la libertad de la patria, anonadada por tantos años”, oportunidad en la que le envía las Bases sobre lo cual comenta: “He consagrado muchas noches a la redacción del libro, sobre las bases de la organización política para nuestro país, que tengo el honor de someter al excelente buen sentido de V.E.” (correspondencia fechada en Valparaíso el 30 de mayo de 1852). A esta misiva Urquiza le responde a Alberdi en los siguientes términos: “Su bien pensado libro es a mi juicio un medio de cooperación importantísimo. No ha podido ser escrito ni publicado en mejor oportunidad”. Y más adelante concluye: “A su ilustrado criterio no se lo ocultará que en esta empresa deben encontrarse grandes obstáculos […] Después de haber vencido una tiranía poderosa, todos los demás me parecen menores.” (Palermo de San Benito, julio 22 de 1852).

Después de Caseros, se le encomendó a Bernardo de Irigoyen el contacto con gobernadores vía el Protocolo de Palermo que convocó a la reunión en San Nicolás donde se estableció el célebre acuerdo para sancionar una carta constitucional en Santa Fe (artículo 11 del Acuerdo de San Nicolás).

Uno de los obstáculos que se presentaron fue la reiterada tensión entre Buenos Aires y las provincias del interior principal aunque no exclusivamente por el pretendido monopolio comercial de los porteños que se manifestaron a través de las dos batallas de Cepeda, la segunda de las cuales, en 1859, se tradujo en el Pacto de San José de Flores y la consiguiente reforma constitucional de 1860 y la primera de 1820 resultó contundente a pesar de su corta duración (se conoció como la “batalla de los diez minutos” por la brevedad del combate), tuvo lugar también por el desconocimiento de Buenos Aires respecto al interior la cual se tradujo en la disolución del Directorio y el Congreso Nacional. Luego de Pavón finalmente privó la paz y se dio cumplimiento a los pactos preexistentes que menciona la Constitución de 1853 (Pacto Federal, Pacto de Pilar, Pacto Benegas y Tratado del Cuadrilátero, tal como apunta Francisco Arriola en Historia de las instituciones políticas y sociales argentinas y americanas).

El eje central del gobierno libre es la protección de los derechos individuales, es decir la libertad civil. Como escribe Amancio Alcorta en la obra citada: “La confusión de la libertad política y de la libertad civil y la preponderancia de la primera han producido graves perturbaciones en el orden social, porque ello ha importado la confusión del fin con el medio”. Beatriz Bosch -también en el libro de esta autora- cita un pensamiento clave de Urquiza: “El respeto a la persona y a la propiedad, base fundamental para la felicidad de la patria”.

Antes de proseguir con Urquiza, resumo lo que he consignado en otra oportunidad al efecto de ilustrar la catadura moral de Rosas en opinión de distinguidas personalidades. Estimo necesaria esta reiteración como consecuencia de las repetidas falsedades y muy recientes apologías inauditas de la tiranía. Bartolomé Mitre destaca que fundó “una de las más bárbaras y poderosas tiranías de todos los tiempos” (en Historia de Belgrano). Esteban Echeverría: “Su voz es de espanto, venganza y exterminio (en Poderes extraordinarios acordados a Rosas). Domingo Faustino Sarmiento: “Hoy todos esos caudillejos del interior, degradados, envilecidos, tiemblan de desagradarlo y no respiran sin su consentimiento [el de Rosas]” (en Facundo). Félix Frías escribió: “Rosas se proponía por medio de espectáculos sangrientos enseñar la obediencia al pueblo de Buenos Aires (en La gloria del tirano Rosas). Juan Bautista Alberdi: “Los decretos de Rosas contienen el catecismo del arte de someter despóticamente y enseñar a obedecer con sangre” (en La República Argentina 37 años después de su Revolución de Mayo). Por su parte, José Manuel Estrada afirmó: “Ahogó la revolución liberal con la escoria colonial” (en La política liberal bajo la tiranía de Rosas). José Hernández: “Veinte años dominó Rosas esta tierra […] veinte años tiranizó, despotizó y ensangrentó al país” (en Discurso en la Legislatura de Buenos Aires). José de San Martín relata en una misiva: “Tú conoces mis sentimientos y por consiguiente yo no puedo aprobar la conducta del general Rosas cuando veo una persecución contra los hombres más honrados de nuestro país” (en Carta a Gregorio Gómez, septiembre 21 de 1839) y Paul Groussac concluye: “Lo que distinguía a Rosas de sus congéneres, era la cobardía, y también la crueldad gratuita” (en La divisa punzó).

Volvamos entonces a Urquiza ya habiendo calibrado telegráficamente el significado y la trascendencia de haber derrotado a la tiranía. En este sentido Ruiz Moreno pronunció las siguientes palabras con motivo de la presentación de su mencionado libro que caracterizan muy bien el espíritu de Urquiza: “Encontrándose con todo el poder a la mano, decide hacer lo contrario a lo que estaban acostumbrados a hacer sus poderosos aliados y rivales. Urquiza, dueño de la situación luego de derrotar a Rosas en Caseros, decide autolimitarse y organizar constitucionalmente el país, en beneficio de la incipiente nación que se hallaba fatigada luego de largos y cruentos años de guerra civil”.

También Isidoro Ruiz Moreno cita en esa obra palabras de Urquiza que resultan sumamente ilustrativas. “Si alguna gloria he apetecido es la de ofrecer a mi patria un monumento sublime de instituciones liberales, levantado sobre los escombros de la tiranía […] Mi programa es la Constitución, mi programa es la fraternidad, es la paz, es la religiosidad en el cumplimiento de los compromisos nacionales, es el respeto a los derechos de los ciudadanos, a los derechos de los pueblos, es la protección al extranjero. Que no haya proscriptos, que el extranjero halle la seguridad y protección de nuestras leyes, un asilo tan querido como su patrio hogar […] Yo reuní los miembros dispersos de la gran familia argentina, acometiendo con resolución y fe la difícil empresa de ensayar el ejercicio de la libertad y de las instituciones más adelantadas del mundo, allí donde sólo había imperado la dictadura y el absolutismo”.

Juan González Calderón en el libro mencionado concluye: “Urquiza tiene en su haber el pronunciamiento de 1851 contra la dictadura, la batalla redentora de Monte Caseros, el Acuerdo de San Nicolás, la promulgación de nuestra Constitución federal, la primera presidencia constitucional con el histórico gobierno de la Confederación, la reincorporación de Buenos Aires en virtud de la batalla decisiva de Cepeda y, por fin, el sacrificio de su vida en aras de la unidad nacional y la paz interna”.

Estos hechos ilustrados por Urquiza con la célebre colocación de su sable bajo el texto constitucional como señal de subordinación de la fuerza al derecho parió una prosperidad y bienestar notables desde la promulgación de esa Constitución liberal hasta que irrumpieron los antes mencionados acontecimientos que inauguraron el populismo argentino del que aun no hemos podido zafar. En aquel período de esplendor los salarios e ingresos en términos reales del peón rural y del obrero de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España. Competíamos abiertamente con Estados Unidos en la atracción de los inmigrantes a nuestras playas y se duplicaban cada diez años. Es de esperar que la batalla cultural en marcha en pos de las ideas liberales logre cuanto antes sus frutos no solo para hacer honor a los Alberdi y Urquiza sino sobre todo para bien de todos quienes moran en la nación argentina.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

 

ESTADOS UNIDOS: UNA PENA PROFUNDA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 10/3/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/03/estados-unidos-una-pena-profunda.html

 

Alguien podría decir que lo que da pena o no corresponde al Mundo 2 de Popper: los sentimientos. Y que si no tengo alguna cosa que decir que corresponda al Mundo 3, o sea, las teorías en sí mismas –el aspecto enternecedoramente platónico de la filosofía de Popper-. La verdad no sé. Creo sencillamente que hay elementos del Mundo 3 que derivan en Mundo 2. Por ejemplo, matar está mal (Mundo 3) y por eso las últimas leyes abortistas del Estado de Nueva York nos horrorizan (Mundo 2).

En realidad, si vamos a hacer una pequeña lógica de los mundos 2 y 3, podríamos decir que todos los que NO son liberales coherentemente odian a EEUU, porque fueron un buen ejemplo de liberalismo clásico, y porque creen que aún lo siguen siendo. Y obviamente todo lo malo que les ocurra a los EEUU les da una profunda alegría.

En cambio para mí, un liberal clásico anglosajón, la declinación de los ideales liberales (clásicos) en los EEUU me da una profunda pena. Creo que hay una coherencia: mi teoría (Mundo 3) es que el liberalismo clásico entró en declive en los EEUU hace muuuuuuuuuuuuuuuucho tiempo, y mi mundo 2 es la pena profunda……………………..

Se podría decir que hay dos break-points fundamentales: la Guerra de Secesión, donde el poder centro de Washington se incrementa, y después de 1945, cuando se establece el New Deal, con el welfare state, y el poder de Washington se concentra en gran escala en casi omnipotentes órganos estatales como la CIA, la FED, y una obvia intervención de EEUU en todo el planeta, comprensible, claro, una vez que sólo por los EEUU nos libramos de que todo el planeta estuviera vitoreando a Hitler.

La CIA, especialmente, es un estado dentro de otro estado, una violación permanente del Estado de Derecho pero es MUY interesante cómo intentaron hacer la cuadratura del círculo jurídico, con una Patriot Act que legaliza lo inmoral…..

Pero nada de lo anterior obsta a que hasta el 2000, en principio, había una especie de aceptación tácita de ciertos principios básicos, por parte de ambos partidos. El ejemplo clave de ello es el famoso y único gran discurso de Al Gore luego de que la Suprema Corte diera como ganador a Bush (h): “no estoy de acuerdo, pero este es nuestro sistema”. Impresionante: “este es nuestro sistema”. And the story. No hubo protestas callejeras, no hubo golpes de puño a los que usaran gorras del partido republicano. La vida siguió. Vinieron las dos mediocres presidencias de Bush (h) y luego el triunfo de Obama. Y todo bien. Aparentemente a la Constitución, o algo de ella, la aceptaban todos.

Pero algo estaba hirviendo por debajo. Aún no tenemos buenas conjeturas para explicar el qué y el por qué. Pero, evidentemente, el pacto político fundamental de los EEUU se había quebrado hace tiempo (1).

Tal vez había finalmente un Deep State que no era solamente la CIA, sino una conjunción mucho más profunda y poderosa (2) que para imponer su agenda utiliza la absoluta falta de conciencia, por parte de las masas, de las libertades individuales. Sí, porque, finalmente, las masas son las masas. La Declaración de La Independencia, el Bill of Rights, la Primera Enmienda, no importan nada para ellas. Nunca importaron nada para Europa, para América Latina, para Asia, etc., pero creíamos que sí importaban para el norteamericano que bregaba por las protecciones del estado. No, tampoco. Importan sólo para un grupo de liberales clásicos extraterrestres llamados libertarios que somos tantos como los habitantes de la Luna en la Historia de los satélites.

Por supuesto, sobrevivía aún el arquetipo del patriota norteamericano que no estudió en Harvard: granjeros, comerciantes, con modales más rudos que los de Obama, seguro, y con las contradicciones típicas que todo nacionalismo tiene con “any” Bill of Rights. La izquierda los desprecia profundamente (3), pero tal vez porque fueron también el arquetipo de la revolución contra Jorge III, que era en ese momento igual que el ala izquierda del partido demócrata: más impuestos y menos libertad.

El asunto es que ellos votaron a su espejo, Donald Trump, hartos de los políticos tradicionales de izquierda y de derecha.

Trump simboliza todo lo que la izquierda intelectualizada odia,aunque Obama haya hecho las mismas cosas y peor. El asunto son los símbolos. Y entonces se pudo ver esa grieta que, en el discurso de Al Gore, no sospechábamos.

La pura verdad es que el partido demócrata de los EEUU, dejando de lado las silenciosas excepciones del caso, es un conjunto de kirchneristas hablando Inglés. Mejor definición, no creo que haya (perdón). Cómo pudo ESO surgir en los EEUU, mm, por un lado es una muestra de que las ideologías fuertes son inmunes a las tradiciones, para bien o para mal. Por el otro, estábamos muy distraídos bajo las exquisitas formas de Obama, que te invitaba a entrar en la barraca nazi de una forma tan bonita que hasta le decías gracias.

Pero esas formas se acabaron. Se habían acabado, mejor dicho. No, ya no es Nixon versus Kennedy (a quien no lo mató un loco suelto, cabe aclarar), ya no es Rawls versus Nozick. La izquierda marxista, la verdaderamente tal, la marxista leninista, no lo soporta. Muestra toda su furia y su odio total contra todo lo que EEUU simboliza para el liberal clásico. No, Trump no es nuestro presidente. No, hay que cambiar el colegio electoral. Hay que ir a buscar a los que apoyan a Trump y golpearlos donde se encuentren (no estoy inventando: Maxime Walters dixit). Hay que acusar y denunciar de cualquier cosa a sus partidarios. No importa el debido proceso. No importa la presunción de inocencia. Todo republicano es una mala persona. Es un racista, homofóbico, fascista. Pero condenar a los judíos está bien. Y ahora todos somos socialistas. Hay que suspender el uso de automóviles. Hay que elevar al 70 % el impuesto a la renta. Seguro social, college, housing, todo debe ser provisto “gratis”. Y si es necesario hay que emitir. Y de vuelta: el que no, es una mala persona, un nazi que merece ser escrachado, perseguido, golpeado. Nada de libertad de expresión, excepto para la izquierda. Se debe insultar todo el día al presidente y a la primera dama, pero si dices he en vez deshe, vas preso. ¿Libertad religiosa? Mm, cuidado con eso. Se acabó todo. No estoy exagerando, cualquier mínimamente enterado de las declaraciones de los dirigentes demócratas lo sabe. Y ni que hablar de los delitos de odio, discriminación, de lo criminales que son ahora todos los que osen no seguir la agenda de género. Y si tienes la mala suerte de vivir unos minutos después de que nazcas con una madre abortista, despídete. Ahora los demócratas son infanticidas.

Vuelvo a decir: si alguien cree que exagero, que siga con atención lo que está sucediendo ahora mismo en EEUU.

Trump intenta frenar todo esto, pero él no ayuda. Primero porque no tiene in mente las reformas profundas que necesitarían los EEUU (eliminación drástica de la CIA, de la FED, del Welfare State, hacer efectiva la Primera Enmienda, vuelta al Patrón Oro, etc.). Segundo porque él es el arquetipo que retro-alimenta los estereotipos demócratas. Es una lástima pero es así. Aunque sea reelecto, sólo podrá detener, pero no curar. Si la cosa no cambia, dentro de unos años Alexandria Ocasio-Cortes es electa presidente y allí tendremos a la Cristina Kirchner norteamericana. EEUU puede incurrir en hiperinflación como mínimo. No additional comments.

Una pena profunda. ¿Hay anticuerpos para esto en algunos dirigentes actuales de los EEUU? No lo sé. Hay algunas resistencias heroicas (4) pero son como gotas de agua que además no participan en política. El asunto es que cuando Europa, excepto Inglaterra, siguió firme su camino hacia la barbarie, EEUU fue el único que pudo salvarla. Ahora, ¿qué salva a los EEUU?

Mm, la pregunta es constructivista. No hay salvadores, no hay constructores. A veces hay estadistas pero necesitan un marco cultural detrás. Y sobre eso, so help us God.

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(1) Ver: https://gzanotti.blogspot.com/search?updated-max=2018-08-19T03:43:00-07:00&max-results=5&start=30&by-date=false

(2)  Ricardo Valenzuela la ha analizado muy bien:

https://gzanotti.blogspot.com/2018/05/lean-por-favor-estos-articulos-de.html Hannity también. Parece que algo está surgiendo a la luz: https://www.facebook.com/FoxNewsVideo/videos/323173635222629/

(3) Sobre ese desprecio, ver http://institutoacton.org/2016/11/23/sobre-el-triunfo-de-trump-gabriel-zanotti/

(4) Deneen Borelli, Allie Stuckey, Elizabeth Johnston, Ben Shapiro y algunos pocos más… Algunos comentaristas de Fox News… Y luego las fundaciones libertarias y conservadoras que todos conocemos pero que parece que no existieran………

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

PACTO POLÍTICO E INMIGRACIÓN.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 4/11/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/11/pacto-politico-e-inmigracion.html

 

 

Una caravana de miles de personas se dirige a los EEUU (¡qué raro!!! ¿Por qué no van a Venezuela??). Sí, seguramente ha sido manipulada y politizada. Por aquellos que, seguramente, no tienen necesidad de emigrar hacia ninguna parte.

Todos están criticando a Trump porque “no los va a dejar entrar” (como si no hubiera leyes que estén por encima de él). Pero me pregunto quién tiene autoridad moral para criticar a Trump. Me pregunto quiénes eliminarían todas las fronteras, todas las aduanas, todos los aranceles, para sus propios países. ¿Quiénes?

El que no quiera aduanas para su propio país, el que no quiera pasaportes y etc. para que otros entren a su propio país, que arroje la primera piedra.

Bien, déjenme entonces encontrar una buena piedra.

Pero entonces, vos y los demás liberales y libertarios, ¿están locos?

Sí, claro, somos liberales, obvio que estamos locos, pero en este caso analicemos esta locura específica.

¿Cómo debe haber libre emigración e inmigración de capitales y de personas? Sí, porque ello se llama libertades individuales y libre comercio.

¿Y la propiedad? ¿Puede entrar cualquiera a la propiedad de otro? No, claro. Pero mientras haya estados nacionales con caminos, puertos y aeropuertos como bienes públicos estatales, eso no es así.

¿Y si alguien quiere entrar a cometer delitos? Bueno, eso no se puede saber hasta que se lo cometa, pero si tiene antecedentes penales en otro país, se le puede pedir una visa.

Y si viene de una nación cuyo gobierno ha cometido actos terroristas contra el nuestro, se le puede pedir una visa.

El problema es que gran parte de los inmigrantes actuales no se sienten individuos que van a entrar a un Estado de Derecho donde se supone que va a trabajar y a ejercer en paz sus libertades individuales. Porque ESE es el pacto político que posibilitó la inmigración masiva a la Argentina y a EEUU en siglos anteriores. Ahora ese pacto político, parece que se ha perdido. Por algún motivo difícil de discernir, ahora entran masas de individuos que se sienten parte de un colectivo, con sus propias normas, que no están dispuestas a respetar el Estado de Derecho del país al que ingresan. Tal vez sean masas bien manejadas. Tal vez sean masas de gente que huyen desesperadas sin saber lo que es el Estado de Derecho del lugar a donde van.

La cuestión es que donde van, habitualmente, hay una redistribución de ingresos a nivel nacional. Parece que algo hizo creer a nacionales y extranjeros que puede haber medicina, salud, vivienda y etc. gratis para todos. A donde van, hay sindicatos que prohíben el ingreso de trabajadores extranjeros, porque algo hizo creer, a nacionales y extranjeros, que si no es así los cerdos capitalistas explotan a los pobres trabajadores. A donde van, si no tienes los títulos oficiales educativos de ese país en cuestión, no puedes trabajar, porque algo convenció a todo el mundo de que el estado certifica quién es apto para el mercado y quién no. O sea, los inmigrantes buscan entrar a un paraíso estatista, que se ha desarrollado “a pesar de” los capitales privados que sostienen a este estado pseudo-providente.

Me pregunto qué pasaría si miles y miles de inmigrantes entraran a una nación donde no hubiera seguros sociales estatales y obligatorios.  Donde no hubiera sindicatos con poderes coactivos. Donde a nadie le sería requerido un certificado estatal de sus habilidades. Donde todos pudieran educar a sus hijos según sus convicciones, y hablar y vivir según sus convicciones, pero que se dieran cuenta que si sus convicciones son violar las libertades de los otros, que estarán fuera más rápido de lo que entraron. Donde los ciudadanos pudieran ejercer libremente su derecho a la legítima defensa. Me pregunto qué pasaría. Me pregunto si en ese caso el pacto político no se re-instauraría de modo espontáneo. Sólo me lo pregunto.

 

Mientras tanto, qué hermoso que un lamentable desierto como la Argentina fuera un lugar así. Para poder decir a esas miles de personas: vengan para acá. No los espera el estado, sino sólo el Estado de Derecho, que es otra cosa. Sólo con eso pueblen la Patagonia, el noreste, el noroeste, y todos los desiertos que constituyen este desperdiciado territorio. Recursos naturales en abundancia, casi sin terremotos, tifones, tornados o tsunamis. Sólo gente que quiera trabajar en paz y un Estado de Derecho liberal. Ya fue posible. Parece que ahora ya no. Parece que ahora ya fue. Ya no hay gente. Sólo quedan gobernantes. Sólo quedan sus esclavos.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

LOS SINDICATOS: DEL DERECHO DE HUELGA A LA FUERZA DE LOS BESTIAS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 30/9/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/09/los-sindicatos-del-derecho-de-huelga-la.html

 

Nada está más incorporado al horizonte de pre comprensión de casi todos que los sindicatos deben tener el derecho de huelga, como habitualmente se lo entiende, para luchar contra el pérfido capitalismo. No es un fenómeno argentino, es un problema mundial.

El marxismo ha logrado convencer a casi todo el mundo, excepto a los que han leído y comprendido a Bohm-Bawerk, Mises y Hayek, que el aumento de salarios se debe la “lucha” sindical. Craso error. El aumento generalizado de salarios sólo puede deberse al aumento de la demanda de trabajo, y ello sólo se produce por el aumento de la inversión y la fabricación de nuevos bienes de capital que permitan producir más en menos tiempo. El subdesarrollo es el precio de todos los socialismos, marxismos e intervencionismos que aún no han logrado entender la relación entre la tasa de capital y el nivel de salarios.

Los sindicatos pueden, por la fuerza, hacer que: a) el gobierno emita moneda para pagar los salarios públicos, lo cual produce inflación y, por ende, menos salario; b) que los empleadores se vean forzados a subir los salarios, en cuyo caso baja la demanda de trabajo, produciendo ello desocupación, y, además, los gobiernos expanden el crédito para que los empleadores puedan absorber el salario más caro, y esa expansión del crédito produce también inflación y por ende una disminución del salario real.

Pero, como dije, los sindicatos hacen esto por la fuerza. Esto es, declaran una huelga e impiden a otros trabajadores que cubran sus puestos. Eso es lo que habitualmente se conoce como “derecho de huelga”, aceptado y protegido por todas las legislaciones de las naciones occidentales (excepto en aquellas donde “gobierna el proletariado”, por supuesto).

Ese derecho de huelga, así entendido, no sólo produce una baja en el salario real, como hemos explicado, sino que es en sí mismo un atentado contra el Estado de Derecho. Nadie tiene el derecho de impedir a otro ocupar un puesto de trabajo abandonado por otro. Ello es ilegal e inmoral. Pero como Occidente, putrefacto de marxismo, ha aceptado esa modalidad porque cree que ello es “en nombre de los trabajadores”, entonces la permite. Por eso los piquetes, que no son un invento del peronismo-kirchnerismo argentino, sino la modalidad obligada del derecho de huelga así entendido.

Esos piquetes son una quiebra del Estado de Derecho y, por ende, un estado dentro de otro estado. Si un estado limitado, constitucional, no puede hacer cumplir la ley, porque otra ley, contradictoria con la pirámide jurídica, se lo impide, o porque está temeroso de hacerlo por las amenazas sindicales, que son siempre amenazas delictivas, entonces se está enfrentando a un grupo que se ha salido del Estado de Derecho, ha organizado un grupo con sus propias normas y desafía al poder constitucional. O sea, una mafia, por definición, o un ejército paralelo.

Los intentos de distinguir entre el derecho de huelga, así entendido, y los abusos del derecho de huelga, son por ende conceptualmente vanos. Ya el derecho de huelga, así entendido, es ilegal, y por ende ni siquiera puede haber abuso, como su hubiera un uso racional o legal.

Por ende, todos los desmanes, amenazas, violencias y crueldades realizadas por los sindicalistas, ipso facto delincuentes organizados, ipso facto mafiosos aunque marchen a Luján y tengan las sacrílegas bendiciones de los obispos, forman parte de la misma naturaleza del sindicalismo entendido como lucha contra el capitalismo mediante el así llamado derecho de huelga.

Esto sucede en todo el mundo.

En el caso argentino, casi todos olvidan que Perón fue un fascista en sentido estricto (y por ende socialista), un seguidor de Mussolini que organizó a los sindicatos según la Carta Del Lavoro del dictador italiano. La violencia y la corrupción del sindicalismo argentino quedó por ende elevada a la enésima potencia por la organización sindical peronista, cáncer sacrosanto e intocable que nadie se atreve a enfrentar, pero fundamentalmente, que casi nadie entiende como lo que es: una mafia violenta, mediante la cual se conduce toda la hiel putrefacta de la pulsión de agresión de todo ser humano investido de semejante poder que, para colmo, está investido de aprobación moral. Porque muchos coinciden que el sindicalismo argentino está corrupto pero creen que se lo puede reemplazar por otros dirigentes, sin ver el problema del sistema en sí mismo. Como si la mafia de Chicago o New York se hubiera podido solucionar, en su momento, con dirigentes mafiosos “buenos”. No, el problema no son las personas, sino el sistema. Podrás encontrar un Don Corleone más dialogante, más racional, al cual sobornar mejor, o una bestia ideologizada que para colmo de mafioso sea pro-Maduro (otro mafioso), pero es mafia, gente: una banda de delincuentes, y con los años, uno más bestia que el otro, de los cuales, esperemos, Dios se apiade de su alma.

 

Mientras tanto, esto forma parte de esas pre-suposiciones  marxistas  que conducirán inexorablemente a la desaparición de este mal experimento llamado Argentina.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

DE PARTE DE UN ESPECIALISTA EN DERROTAS: ANIMO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 17/6/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/06/de-parte-de-un-especialista-en-derrotas.html

 

Si no fuera porque Dios existe, hubiera sido cierto que nací en el lugar equivocado. Comencé a estudiar liberalismo clásico y Escuela Austríaca de Economía en 1973, cuando el país se encaminaba hacia el peronismo castrista más ortodoxo. Desde entonces tengo la sensación permanente de vivir en el abismo y en la certeza total de la contradicción entre mis valores y la cultura que me rodea. Luché siempre por la economía de mercado, por el Estado de Derecho en serio, por la eliminación de las aduanas, por la eliminación de todos los códigos excepto el penal, por la completa desregulación de todas las actividades humanas, por la completa libertad de enseñanza, por la libertad de planes y programas de estudio, por la seguridad social privada, por la salud privada, por las jubilaciones privadas, por la eliminación del matrimonio civil, por la privatización y des-monopolización en serio de todas las empresas, por el arancel cero, por la eliminación de todos los Welfare Sate y los Estados Providencia;  he reivindicado siempre las instituciones originarias delos EEUU, he defendido su Declaración de Independencia y sus Constitución originaria…

Entre los liberales soy un moderado porque defiendo a Hayek, casi todos los católicos me cuestionan por ser un liberal y para casi todos los liberales soy “demasiado” católico.

Mi ideal regulativo es un Estado de Derecho, con un ethos judeo-cristiano, la economía de mercado y las libertades individuales.

No lo vi nunca. No existió casi nunca, excepto tal vez en la primera etapa de los EEUU o en las primeras etapas de las democracias cristianas de la post-guerra.

En economía sigo a Mises, en filosofía a Santo Tomás y Husserl, en religión, a la Veritatis splendor.

En mi interior, estoy bien. Pero hacia el exterior, soy un perdedor. Sueño con un mundo que tal vez no exista nunca, sencillamente nunca. Tuve que aprender muy rápido el destino de mi gran Mises: ser un historiador de la declinación.

A pesar de eso, he escrito, escribo y seguiré escribiendo todo, absolutamente todo lo que pueda para defender todo ello. He dado y seguiré dando todas las charlas para defender todo ello, tengo mi blog, me mato en Facebook, me desprestigio en ambientes académicos muy solemnes. Y se vienen batallas muy duras en las cuales me jugaré el todo por el todo.

¿Por qué? Porque hay que hacerlo. Listo. Ad maiorem Dei gloriam. Y punto.

No sé si quedó claro: hay que hacerlo porque hay que hacerlo. Listo. Ad maiorem Dei gloriam. Y punto. No more explanations. Nada que ver con el resultado final, ni con el optimismo, ni con ninguna predicción, ni con el éxito ni con nada, excepto con el deber.

Algunos se han sentido el Miércoles pasado como si hubieran perdido la batalla de su vida. No, gente, acostúmbrense a una agenda más amplia y a perder todos los días, porque la única derrota en serio es dejar de ser uno mismo.

 

De un permanente derrotado a todos los muy desanimados:   ánimo gente, la historia humana es casi la historia de Caín. (https://eseade.wordpress.com/2017/10/27/la-historia-humana-es-casi-la-historia-de-cain/). Después del pecado original, no esperen mucho.  Cristo triunfó sobre el pecado y sobre la muerte, pero muriendo en la cruz, y su reino no es de este mundo.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.