EL LIBERALISMO, ESA NOSTALGIA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 5/4/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/04/el-liberalismo-esa-nostalgia.html

 

El debate sobre la cuarentena obligatoria tiene tantos aspectos que creo que escapan a lo que una sola persona pueda conocer.

Hay temas biológicos, estadísticos, psicológicos, políticos, económicos, comunicativos, religiosos, etc.

Hay un tema, sin embargo, no tan popular, que quisiera, otra vez como una quijotada inútil, escribir.

Hay un terrible aspecto de la humanidad que me ha convertido en un liberal triste. La libertad es un valor importante, por el cual vale la pena perder todo, pero es extraño al ser humano después del pecado original. Hace tiempo que vengo repitiendo, con tristeza, que la historia de la humanidad es la historia de Caín. Es la historia de la crueldad, de una crueldad que va de la mano con la masificación casi absoluta de casi todos los seres humanos. En medio de eso, el surgimiento del liberalismo político y económico (no voy a aclarar de vuelta de qué liberalismo hablo) ha sido un cuasi-milagro, una excepción en la historia de la esclavitud. Una excepción por la cual vale la pena seguir luchando, sí, pero como un deber moral, que habitualmente no tiene ningún éxito hacia afuera, más allá de la conjetura de que esa quijotesca batalla es lo único que tal vez impide que el reino de Caín sea absoluto.

Ese ideal liberal tuvo sólo un imperfecto momento de “haberse convertido en horizonte” (esto es, cultura). Fue el surgimiento de los EEUU, muy imperfecto, por supuesto, del cual no participaron al principio ni afroamericanos, ni indígenas ni mujeres, pero algo misterioso guio la pluma de Jefferson cuando escribió “all men…”, dejando en la historia de Caín una espina clavada de Abel, para siempre, al menos como norte, como deber, como ideal regulativo.

Pero muy rápido entró en declinación. No sé si necesariamente, pero casi al ritmo de los temores de los anti-federalistas, la República se convirtió paulatinamente en un imperio. Fue un horror cuando después del 2001 se sanciona la Patriot Act, la cual suspende al arbitrio del Poder Ejecutivo cuanto Rule of Law se pudiera haber concebido. La Declaración de la Independencia fue guiada por el misterio. La Patriot Act, por el pánico.

En todas partes del mundo fue siempre así. Los EEUU –de la mano del Common Law británico- son los únicos que tienen una Declaración de Independencia cultural a la cual “no es imposible” (pero las excepciones no abundan) volver. En cualquier otro lado, no hay nada a donde volver. Hay que siempre comenzar.

Todo esto es así hace mucho tiempo. El mundo ya era cerrado antes de este virus. El mundo ya había renunciado a la libertad. El temor, la masificación, las ideologías autoritarias –racionalizaciones, tal vez, de la pulsión de agresión- ya lo dominaban todo. Ante eso, ya los quijotes decíamos: no se puede, nunca, violar los derechos esenciales de la persona. El fin no justificaba los medios. Las guerras no son excusas. El terrorismo tampoco. No se debe, nunca. Nada autoriza a asesinar. A robar. A encarcelar. A perseguir. A delatar. Nada, nunca. Nunca.

Pero era inútil, ¿no? Era inútil decirlo. El reino de Caín siguió avanzando, casi inexorable. La libertad ya se vivía, sólo, en la secreta resistencia de los voluntariamente débiles frente a las fuerzas de Caín.

Ante ese panorama, que la lucha contra un virus, por peligroso que fuere, justifique moralmente la Unión Soviética Universal, el encarcelamiento de todos, la voz única por los nuevos altoparlantes, la delación, la persecución al disidente y, dentro de muy poco, los disparos al disidente, no debe sorprendernos.

El mundo ya ha caído en la etapa más negra de su historia luego de la Segunda Guerra. Cuando salga la famosa vacuna puede ser que algunos se calmen, pero la pregunta será, ¿what´s next?

Todos los años planteo a mis alumnos qué harían ante una situación donde el único modo de salvar a 30.000 personas en un estadio deportivo es torturar al que puso la bomba. Se podrán imaginar la respuesta (era la respuesta de los militares del 76). Yo casi no digo nada. A veces digo “una vez que cruzas la línea, ya no hay vuelta atrás”.

Ya no hay vuelta atrás. El virus se hará masivo, habrá llegado la vacuna, los creyentes en la ciencia saldrán de vuelta a las calles y sus sacerdotes lo permitirán, pero el mundo habrá dado un nuevo salto hacia la esclavitud.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

¿Qué es lo que verificamos con estadísticas y econometría? ¿Hipótesis generales o particulares?

Por Martín Krause. Publicada el 9/11/16 en: http://bazar.ufm.edu/que-es-lo-que-verificamos-con-estadisticas-y-econometria-hipotesis-generales-o-particulares/

 

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico II (Escuela Austriaca), vemos a un autor poco considerado entre los autores austriacos, Fritz Machlup. Aquí de su artículo “El problema de la verificación en Economía”, Revista Libertas 40 (Mayo 2004)

“Cada uno de nosotros ha estado últimamente tan ocupado con el análisis estadístico de curvas de demanda, de funciones de ahorro, consumo e inversión, de elasticidades y propensiones, que una descripción de estas y similares investigaciones no es realmente necesaria. El problema con la verificación de hipótesis empíricas basadas en análisis estadísticos y econométricos es que la sucesión de estimados sobre la base de nuevos datos ha sido siempre seriamente divergente. Por supuesto, esas variaciones en el tiempo entre las relaciones numéricas no son realmente sorprendentes. Pocos de nosotros han esperado que esas relaciones sean constantes o incluso aproximadamente estables. Así, cuando nuevos datos y nuevos cómputos arrojan estimados revisados de parámetros económicos, no existe manera de decir si las hipótesis previas eran incorrectas o si las cosas han cambiado.

El hecho que las relaciones numéricas descriptas por las hipótesis empíricas pueden estar sujetas a cambios impredecibles altera esencialmente su carácter. Las hipótesis que están estrictamente limitadas al tiempo y al espacio no son “generales” sino “especiales,” o también llamadas proposiciones históricas. Si las relaciones medidas o estimadas en nuestra investigación empírica no son universales sino históricas, el problema de la verificación es completamente diferente. Tan diferente que de acuerdo a las intenciones expresadas en la introducción no deberíamos estar interesados en ellas. Pues nuestro propósito fue discutir la verificación de generalizaciones, no de eventos o circunstancias confinadas a particulares tiempos y lugares. Si todas las proposiciones de la economía fuesen de este tipo, el dictado de la vieja escuela histórica, que la economía no puede contar con “leyes generales” o con una “teoría general,” sería plenamente justificado.

Si una hipótesis acerca de una relación numérica entre dos o más variables fue formulada sobre la base de datos estadísticos cubriendo un período particular, y luego es comparada con datos de un período diferente, esa comparación podría contarse como verificación sólo si la hipótesis hubiese sido formulada como una de carácter universal, es decir, si la relación medida o estimada hubiese sido considerada como constante. En la ausencia de tales expectativas, el test por un “acierto” continuo (entre hipótesis y nuevos dato) es simplemente una comparación entre dos situaciones históricas, un intento de encontrar si las particulares relaciones eran estables o cambiantes. Una verificación genuina de hipótesis previamente formuladas acerca de un período dado requiere de una comparación con datos adicionales del mismo período, para así evaluar si las observaciones previas y su descripción numérica fueron o no precisas. En breve, una proposición histórica sólo puede ser verificada por nuevos datos acerca de la situación histórica a la cual refiere. Esto es así también para proposiciones geográficas y comparaciones entre distintas áreas.

Sin embargo, aunque las “estructuras” cambiantes estimadas por la econometría y la estadística no son más que proposiciones históricas, pueden existir límites en sus variaciones. Por ejemplo, seguramente podemos generalizar que la propensión marginal a consumir no puede ser en el largo plazo mayor que la unidad, o que la elasticidad de la demanda para ciertos tipos de exportación de cierto tipo de países no será en el largo plazo menor que la unidad. Proposiciones sobre límites definitivos en la variación de proposiciones especiales o históricas son de nuevo hipótesis generales. Estas no son estrictamente empíricas sino universales, en el sentido de ser deducibles de generalizaciones de alto nivel en el sistema teórico de la economía. Los varios estimados sucesivos de estructuras cambiantes pueden ser considerados como verificaciones de hipótesis generales, de acuerdo a las cuales ciertos parámetros o coeficientes deben estar dentro de ciertos límites. Debido a que estos límites son usualmente bastante amplios, la verificación no será por supuesto de la rigurosa manera en que lo es en las ciencias físicas, con sus constantes numéricas y estrechos márgenes de error.

Pero ni esto ni ninguna otra cosa que se ha dicho en este artículo debería ser interpretado como un intento de desanimar el testeo empírico en economía. Por el contrario, la conciencia de los límites de la verificación debería tanto prevenir de las desilusiones como presentar desafíos al trabajador empírico. Él debe ponerse a la altura de ellos, y proceder con inteligencia y fervor mediante cualquiera de las técnicas que se hallen disponibles.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).