La discriminación racial, el uso de estadísticas, y un banco que discrimina en sus préstamos.

Por Martín Krause. Publicado el 12/12/14 en: http://bazar.ufm.edu/la-discriminacion-racial-el-uso-de-estadisticas-y-un-banco-que-discrimina-en-sus-prestamos/

 

El tema de la discriminación ha aflorado nuevamente, luego de las noticias que llegan desde los Estados Unidos. Desde los años 1960 se ha impulsado distintas políticas que buscan “compensar” la discriminación que hubieran sufrido ciertos grupos en el pasado. Pero definir esos grupos en el presente, y en qué grado son discriminados no parece nada sencillo

Comenta el profesor de economía de Stanford, Thomas Sowell, en su libro “The Quest for Cosmic Justice”:

Sowell

“Hemos visto cuán fácil es equivocarse por amplio margen cuando se trata de interpretar la historia. Es igualmente fácil hacerlo con las estadísticas contemporáneas. Si uno busca suficientes números, eventualmente se encontrará con alguna estadística que parezca confirmar su propia visión. Estas son las llamadas ‘estadísticas ¡Ahá!’ Otras estadísticas, que sugieren conclusiones opuestas no generan ningún ¡Ahá!, pero es más probable que sean pasadas por alto y olvidadas.”

“Un conjunto de estadísticas originó una tormenta periodística y política en 1993; mostraba que los solicitantes negros de créditos hipotecarios eran rechazados a una tasa superior que los solicitantes blancos. El Washington Post declaró que ‘existe un sistema de crédito hipotecario racialmente sesgado’, y otras numerosas publicaciones, políticos y activistas se sumaron al coro de denuncias. Sin embargo, el mismo conjunto de estadísticas mostraba que el porcentaje de solicitantes blancos rechazados era mayor que el de los asiáticos americanos. Sin embargo, estas estadísticas no generaron ningún ¡Ahá!, ninguna queja de que los blancos eran discriminados en favor de los asiáticos americanos, porque no era ésta la visión prevaleciente. En síntesis, los números son aceptados como evidencia cuando acuerdan con los preconceptos, y rechazados cuando no.”

“Las comparaciones estadísticas asumen implícitamente que los grupos siendo comparados son realmente comparables en las variables relevantes. Sin embargo, muy a menudo ni siquiera están cerca de ser comparables. Por ejemplo, un análisis más profundo de las estadísticas sobre créditos hipotecarios muestra que los solicitantes de préstamos para vivienda, de grupos minoritarios, tienen mayores niveles de endeudamiento, peores historias crediticias, solicitaron el préstamo para cubrir una mayor porcentaje del valor de la propiedad en cuestión, y también era más probable que buscaran financiamiento para unidades de habitación múltiple en vez de casas unifamiliares, siendo las primeras consideradas como una inversión más riesgosa. Aun así, se aprobó el 72% de las solicitudes inmobiliarias de miembros de grupos minoritarios, comparado con el 89% de las aplicaciones de blancos. Esta diferencia de 17 puntos porcentuales cae a 6 puntos porcentuales cuando variables relevantes se mantienen constantes. Más aun, todas las diferencias estadísticas que permanecen pueden ser rastreadas a una tasa de aprobación en un solo banco. ¿Por qué el gobierno no inició ninguna acción legal contra este único banco blanco racista? Pues porque no era ni blanco, ni racista. Era un banco propiedad de negros.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La Argentina y un ministro que se quiere ir

Por Enrique Edmundo Aguilar. Publicado el 1/5/13 en http://www.elimparcial.es//la-argentina-y-un-ministro-que-se-quiere-ir-122323.html

 El ministro de Economía de la Argentina, Hernán Lorenzino, protagonizó un verdadero papelón que continúa dando lugar a comentarios de diverso tenor después de haber sido noticia en varios medios del mundo. Aunque se dio a conocer días atrás, ocurrió en diciembre pasado, ante las cámaras de la televisión griega, en el momento en que una corresponsal lo interrogaba sobre el índice de inflación. La balbuceante respuesta aludió a un 10,2 % acumulado en los últimos doce meses según las estadísticas oficiales que registran “la única inflación posible”. Acto seguido, la cronista preguntó qué pensaba hacer el gobierno con relación a las sanciones recibidas del FMI por alterar las estadísticas. El ministro se dirigió entonces a un colaborador a quien dijo: “Me quiero ir”. Miró a la cámara y añadió: “¿Puedo cortar esto un minuto?” Finalmente, sin percatarse seguramente de que el audio continuaba encendido, señaló a la periodista: “Hablar sobre estadísticas de inflación en la Argentina es complejo, ¿okey?”.

Algo hay que agradecerle al señor ministro y es su franqueza. Porque ciertamente debe de ser muy complejo para un funcionario de su rango pararse frente a las cámaras y mentir groseramente acerca de las bondades de un “modelo de desarrollo con inclusión social” que mantiene al país con un índice de pobreza cercano al 26 %, una inflación del 30 % (la más alta en Latinoamérica), una brecha cambiaria que asciende a estas horas al 80 % y otros guarismos que hablan a las claras de una actividad económica estancada, continua fuga de capitales y niveles de criminalidad y corrupción mucho más que alarmantes.

Recordaba, al escribir estas líneas, el título que Tom Paine puso a una de sus obras, la que contribuyó no poco a acelerar el proceso revolucionario de las colonias americanas en 1776: Common Sence. Sentido común. Es lo que muchos esperamos que predomine este año cuando se celebren las elecciones legislativas de octubre y resolvamos si queremos vivir en una república o en un régimen donde campean la arbitrariedad, el atropello, la falta de seguridad jurídica (“concepto horrible”, en palabras de otro alto funcionario, el viceministro de Economía) y la desvergüenza generalizada.
A estas horas circula un informe preparado por Douglas Farah, del Center of Strategic and International Studies, y presentado hace unos meses en el Senado de los Estados Unidos con el título “Back to the future”. La afirmación con que da comienzo este informe, difundida por el analista Carlos Pagni, dice así: “Bajo el corrupto gobierno populista de Cristina Fernández de Kirchner la Argentina está regresando a la ruina”. Por la fecha en que fue escrito, este durísimo informe no llegó a contemplar las revelaciones escandalosas acerca de un presunto testaferro de Néstor Kichner ni el proyecto (a un paso de ser ley) de “democratización de la justicia” dirigido a derribar un pilar fundamental del sistema republicano como es la división de poderes.

Puede que al ministro Lorenzino lo haya traicionado su subconsciencia. Tal vez no sólo quería huir de la entrevista sino también, a la luz de lo expuesto, del propio régimen al que pertenece.

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.

 

Un “premio” que llega tarde

Por Pablo Guido. Publicado el 5/2/13 enb http://chh.ufm.edu/blogchh/

Hay un dicho: “hay tres clases de mentiras, las mentiras piadosas, las grandes mentiras y las estadísticas”. Como decía el Muso Ayau: “si una persona come diariamente dos pollos y otra no come nada, en promedio las personas comen un pollo diario”.

Pero esta historia va más allá: en Argentina, desde enero de 2007, el gobierno intervino el instituto de estadística nacional para “dibujar” las cifras de muchos indicadores económicos. En el caso específico del índice de precios al consumidor, mientras que en los últimos 6 años el cálculo oficial estimó en un incremento de precios menor al 10% anual, las estimaciones privadas lo ponen en un 25% de aumento al año. Brecha muy significativa, por cierto: el gobierno calculó un incremento de precios de casi el 70% entre 2007 y 2012, mientras que consultoras privadas e institutos provinciales de estadísticas lo estimaron en al menos un 240%. Es por eso que el Fondo Monetario Internacional, después de 6 años de mentiras y engaños por parte de uno de sus miembros, lo ha “amonestado”.

El FMI es una vergüenza internacional ya que desde el inicio de la intervención del gobierno argentino al instituto de estadística estuvo en conocimiento del “fraude” estadístico. Tuvieron que pasar 72 meses o 2.190 días o 52.560 horas para que los funcionarios del organismo internacional pudieran declarar que el gobierno debe mejorar la calidad de las estadísticas del índice de precios al consumidor. Algo que en Argentina todo el mundo sabe desde principios de 2007, fecha del primer informe del índice de precios con la “nueva” metodología. ¿Por qué el FMI tardó tanto en darse cuenta del engaño? Misterios que ocurren en los organismos internacionales…Privilegios de pertenecer a la casta burocrática internacional que recibe sus salarios de los aportes de los contribuyentes de todo el mundo.

 Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

 

Inflación: pan para hoy, hambre para mañana

Por Enrique Edmundo Aguilar. Publicado el 8/8/12 en http://www.elimparcial.es/america/inflacion-pan-para-hoy-hambre-para-manana-109399.html

 En su último editorial, la revista Criterio, de Buenos Aires, se refirió largamente al proceso inflacionario que sufre la Argentina que ha llevado al gobierno a cometer el imperdonable error de “falsear las estadísticas respectivas durante ya cinco años”. Se señala ahí que en nuestro país el aumento anual de los precios al consumidor “es el quinto más alto entre 187 países, de los que sólo seis tienen más de 20%; veinte, entre 10 y 20%; y 161, menos de 10%”. ¿Quiénes nos acompañan en ese que podríamos llamar selecto “grupo de los seis”? Bielorrusia, Etiopía, Venezuela, Uganda, Sudán (antes de su partición) e Irán. Finalmente, el editorial se detiene en el análisis de algunas posibles soluciones a este problema que es primariamente político y que, por lo mismo, no podrá remediarse en tanto perdure “el enconado ensimismamiento del Gobierno”.

Mientras avanzaba mi lectura, tenía a mano un ejemplar del libro de James Buchanan y Richard Wagner Democracy in Deficit. The Political Legacy of Lord Keynes (1977), en uno de cuyos capítulos los autores discuten con aquellos economistas de filiación keynesiana que sostienen que la inflación puede ser un pequeño y necesario precio a pagar como paliativo al desempleo. Entre otras cosas, explican además cómo la inflación, al destruir las expectativas mayoritarias, provoca reacciones cortoplacistas que son al cabo la respuesta racional a un escenario donde el mañana se revela incierto y las previsiones se malogran.

Se diría que en la Argentina nos hemos acostumbrado a la inflación y a la consiguiente depreciación de nuestra moneda. No es la primera vez que nos pasa y sabemos de sobra cómo termina esta historia asociada al control de cambios y otros arranques de intervencionismo estatal. Pero evidentemente nos falla la memoria. Mientras tanto, el gobierno parece decirnos: “¡Consuman, consuman! ¡El ahorro y la inversión son cosas de antaño!”

 Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.