La OTAN comienza a definir a China como preocupación

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 19/12/13 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-otan-comienza-definir-china-como-preocupacion-nid2317070

 

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) acaba de tener su reunión anual “cumbre”. Por primera vez en su historia, en su transcurso la organización referida mencionó a China como tema “que, como alianza, necesitamos considerar”.

Lo que se suma a la dura decisión norteamericana de no trabajar con la enorme empresa china de telefonía “Huawei”, porque hay sospechas de que los aparatos de comunicación que ella provee para ser usados en la banda ancha 5G podrían ser utilizados para hacer espionaje, sin que ello necesariamente se advierta.

Ante la fuerte presión norteamericana, Japón, Nueva Zelanda y Australia han decidido ya no operar con la telefonía de la mencionada empresa china, a la que han sustancialmente excluido de sus respectivos mercados domésticos.

Gran Bretaña, que ya tiene a “Huawei” en su propio sistema telefónico nacional, ha anunciado que lo excluiría si se confirma que está siendo usado para, a través del mismo, espiar a favor de una nación extranjera. Italia se habría comprometido a hacer lo mismo.

Alemania, en cambio, aún no. Pero su propio Parlamento nacional sigue muy de cerca el tema, con visible preocupación. Y acaba de acordar tratar un proyecto bi-partidario de ley que, de ser aprobado, excluiría a Huawei de la red alemana móvil 5G. La empresa china podría ser reemplazada en Alemania por Nokia o Ericsson, que están en condiciones tecnológicas de hacerlo. Aunque aparentemente con algunos sobrecostos.

La misma Comisión de la Unión Europea se ha referido explícitamente a China, definiéndola como un “rival sistémico”, lo que es todo un alerta. Para los europeos, en general, “Huawei” debe ser considerada como una empresa estratégica, cuya operación, por ese importante motivo, no debe quedar librada exclusivamente a las fuerzas del mercado, sino que debe ser vigilada y regulada, de cerca, por las distintas autoridades nacionales.

“Huawei” es una empresa bien notable, cuya tecnología es ciertamente “de punta” cuando de sopesar su capacidad se trata y tiene algunas ventajas claras en materia de velocidad de operación, esencialmente. Ese es su fuerte, razón por la cual no será nada sencillo desplazarla de los principales mercados domésticos sin que ello suponga una elección comercial de peso, como son siempre las que tienen que ver con elegir entre los EE.UU. y China, con todas sus consecuencias.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Unicornios socialistas

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 26/9/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/unicornios-socialistas/

 

La ausencia de pensamiento crítico es analizada por Michael Munger en su libro The Thing Itself, de 2015. En efecto, vivimos rodeados de unicornios, legendarios animales que seguramente jamás pensaron que iban a sobrevivir a la Ilustración y llegar vivitos y coleando hasta nuestros días. Y así ha sido, de la mano de nuestros socialistas de todos los partidos, que insisten en que todo es posible, como con los unicornios, que sólo comen del arco iris, pueden ayunar durante años sin dificultad, transportar pesadas cargas sin agotarse “y sus flatulencias huelen como fresas puras y frescas, con lo que estar en un carromato detrás de ellos es un verdadero placer”.

Dirá usted: esto es un disparate, cualquiera sabe que los unicornios no existen. Problema: los socialistas creen firmemente en un gran unicornio: el Estado. Puede que no les gusten los políticos y el funcionamiento real de la democracia, usurpadora y corrupta, o el espionaje, los controles, las prohibiciones, los impuestos, y las mil y una formas en que el Estado viola nuestros derechos y libertades. Pero en todos los casos su “solución” a los problemas del Estado es… ¡más Estado!

Esto es tan absurdo que, como dice Munger, la única explicación lógica es que los intervencionistas realmente creen en los unicornios. Es decir, creen en “un Estado con las propiedades, motivaciones, conocimientos y capacidades que ellos imaginan que debería tener”. Aquello en lo que creen ha sido el objeto de la crítica liberal desde hace tres siglos. Adam Smith habló de que el problema no estribaba en las personas que actúan en el Estado sino en el propio “system of government”. Edmund Burke ironizó sobre los que creen que todo se puede arreglar con unas nuevas elecciones, ignorando los abusos que representa el Estado mismo, y Mises saludó a los pocos que perciben que el conocimiento requerido para muchas reformas es inalcanzable, y añadió: “la mayoría de los hombres soportan el sacrificio del intelecto mejor que el sacrificio de sus fantasías”. Como dijo Hayek: “la curiosa tarea de la economía es demostrar a los hombres lo poco que realmente saben sobre que imaginan que pueden diseñar”.

Según Michael Munger, los liberales pierden mucho tiempo luchando contra los unicornios de los socialistas, porque para ellos el animal es sabio, benevolente y omnipotente. “Decirles que yerran en sus elucubraciones es inútil. Si insistimos en que nuestros adversarios están equivocados sobre las propiedades de un Estado que no existe, o al menos no existe tal como los estatistas fantasean, entonces perderemos la atención de muchas personas que podrían simpatizar con nosotros y que están principalmente interesadas en las consecuencias del Estado. Parafraseando a Hayek, la curiosa tarea de los liberales es persuadir a los demás ciudadanos de que nuestros oponentes son idealistas, porque creen en los unicornios, y entienden muy poco sobre el Estado que imaginan que pueden diseñar.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

FACEBOOK Y COMPAÑÍA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Todas las tecnologías tienen sus pros y contras, incluso el martillo puede utilizarse para calvar un clavo o para romperle la nuca al vecino. Internet puede servir para indagar, digerir y sacar conclusiones valiosas, pero también para recolectar basura. Los celulares pueden servir para la comunicación o, paradójicamente, para la incomunicación cuando el sujeto en cuestión interrumpe la conversación con su interlocutor en vivo para atender una llamada con quien tampoco se comunica en el sentido propio del término. En definitiva no está ni con uno ni con otro.

 

Últimamente he estado intercambiando ideas con algunas personas cercanas como mi mujer, mi hijo menor Joaquín y mi cuñada Margarita sobre aplicaciones en Facebook que desde que en 2004 irrumpió en escena a raíz del descubrimiento de un estudiante (completado por otras contribuciones posteriores), se convirtió en un sistema que ha crecido de modo exponencial hasta que actualmente hay más de ochocientos millones de participantes.

 

Hoy parece que decae este instrumento para ser reemplazado por imágenes y textos que aparentemente tienen un plazo de supervivencia. De cualquier modo, las redes sociales en general han servido para muy distintos propósitos, tal vez el más productivo sea la coordinación para protestar frente a gobiernos desbocados, pero en esta nota me quiero detener en otro aspecto medular que me llama poderosamente la atención.

 

Este aspecto alude a la obsesión por entregar la propia privacidad al público, lo cual sucede aunque los destinatarios sean pretendidamente limitados (los predadores suelen darle otros destinos a lo teóricamente publicado para un grupo). De todos modos, lo que me llama la atención es la tendencia a la pérdida de ámbitos privados y la necesidad de publicitar lo que se hace en territorios íntimos, no necesariamente sexuales sino, como decimos, lo que se dice y hace dirigidas a determinadas personas o también actitudes supuestamente solitarias pero que deben registrarse en Facebook para que el grupo esté informado de lo que sucede con el titular.

 

Parecería que no hay prácticamente espacio para la preservación de las autonomías individuales, las relaciones con contertulios específicos quedan anuladas si se sale al balcón a contar lo que se ha dicho o hecho. Como es sabido, la Cuarta Enmienda en la Constitución estadounidense abrió un camino luego seguido por muchos otros países por la que se considera lo privado como algo sagrado que solo puede interrumpirse con orden judicial debidamente justificada por la posibilidad cierta de un delito y con la expresa mención de que y porqué se ha de avasallar.

 

Con los Facebooks y compañía no parece que se desee preservar la privacidad, al contrario hay una aparente necesidad de colectivizar lo que se hace. No hay el goce de preservar lo íntimo en el sentido antes referido. Parecería que estamos frente a un problema psicológico de envergadura: la obsesión por exhibirse y que hay un vacío existencial si otros no se anotician de todo lo que hace el vecino. Es como una puesta en escena, como una teatralización de la vida donde los actores no tienen sentido si no cuentan con público.

 

Una cosa es lo que está destinado a los demás, por ejemplo, una conferencia, la publicación de artículos, una obra de arte y similares y otra bien diferente es el seguimiento de lo que se hace privadamente durante prácticamente todo el día (y, frecuentemente, de la noche). Una vida individual así vivida no es individual sino colectiva puesto que la persona se disuelve en el grupo.

 

Ya dijimos que hay muchas ventajas en la utilización de este instrumento por el que se trasmiten también buenos pensamientos, humor y similares, pero nos parece que lo dicho anteriormente, aun sin quererlo, tiene alguna similitud con lo que en otro plano ejecuta el Gran Hermano orwelliano, o más bien, lo que propone Huxley en su antiutopía más horrenda aun porque es donde la gente pide ser esclavizada. En nuestro caso, las entregas de la privacidad son voluntarias (aunque, como queda dicho, algunas derivaciones desagradables no son para nada intencionales por parte de quien publica en su muro).

 

Es perfectamente comprensible que quienes utilizan Facebook sostengan que publican lo que les viene en gana y lo que desean preservar no lo exhiben, pero lo que llama la atención es precisamente el volumen de lo que publican como si eso les diera vida, como si lo privado estuviera fuera de la existencia.

 

En modo alguno es que los que exhiben sin tapujos su privacidad a diestra y siniestra sean totalitarios, es que tal vez contribuyan inconscientemente a colectivizar y a diluir la individualidad con lo que eventualmente se corre el riesgo de preparar el camino al mencionado Gran Hermano.

 

Como he puesto de relieve en otra oportunidad, según el diccionario etimológico “privado” proviene del latín privatus que significa en primer término “apartado, personal, particular, no público”. El ser humano consolida su personalidad en la medida en que desarrolla sus potencialidades y la abandona en la medida en que se funde y confunde en los otros, esto es, se despersonaliza. La dignidad de la persona deriva de su libre albedrío, es decir, de su autonomía para regir su destino.

 

La privacidad o intimidad es lo exclusivo, lo propio, lo suyo, la vida humana es inseparable de lo privado o privativo de uno. Milan Kundera en La insoportable levedad del ser anota que “La persona que pierde su intimidad lo pierde todo”. Lo personal es lo que se conforma en lo íntimo de cada uno, constituye su aspecto medular y característico.

 

La primera vez que el tema se trató en profundidad, fue en 1890 en un ensayo publicado por Samuel D. Warren y Luis Brandeis en la Harvard Law Review titulado “El derecho a la intimidad”. En nuestro días, Santos Cifuentes publicó El derecho a la vida privada donde explica que “La intimidad es uno de los bienes principales de los que caracterizan a la persona” y que el “desenvolvimiento de la personalidad psicofísica solo es posible si el ser humano puede conservar un conjunto de aspectos, circunstancias y situaciones que se preservan y se destinan por propia iniciativa a no ser comunicados al mundo exterior” puesto que “va de suyo que pérdida esa autodeterminación de mantener reservados tales asuntos, se degrada un aspecto central de la dignidad y se coloca al ser humano en un estado de dependencia y de indefensión”.

 

Tal vez la obra que mas ha tenido repercusión en los tiempos modernos sobre la materia es La sociedad desnuda de Vance Packard y la difusión más didáctica y documentada de múltiples casos es probablemente el libro en coautoría de Ellen Alderman y Caroline Kennedy titulado El derecho a la privacidad. Los instrumentos modernos de gran sofisticación permiten invadir la privacidad sea a través de rayos infrarrojos, captación de ondas sonoras a larga distancia, cámaras ocultas para filmar, fotografías de alta precisión, espionaje de correos electrónicos y demás parafernalia pueden anular la vida propiamente humana, es decir, la que se sustrae al escrutinio público.

 

Sin duda que en una sociedad abierta se trata de proteger a quienes efectivamente desean preservar su intimidad de la mirada ajena, lo cual no ocurre cuando la persona se expone al público. No es lo mismo la conversación en el seno del propio domicilio que pasearse desnudo por el jardín. No es lo mismo ser sorprendido por una cámara oculta que ingresar a un lugar donde abiertamente se pone como condición la presencia de ese adminículo.

 

Si bien los intrusos pueden provenir de agentes privados (los cuales deben ser debidamente procesados y penados) hoy debe estarse especialmente alerta a los entrometimientos estatales -inauditos atropellos legales- a través de los llamados servicios de inteligencia, las preguntas insolentes de formularios impositivos, la paranoica pretensión de afectar el secreto de las fuentes de información periodística, los procedimientos de espionaje y toda la vasta red impuesta por la política como burda falsificación de un andamiaje teóricamente establecido para preservar los derechos de los gobernados.

 

Pero es sorprendente que hoy haya entregadores voluntarios de su privacidad que es parte sustancial de la identidad puesto que de la intimidad nace la diferenciación y unicidad que, como escribe Julián Marías en Persona, es “mucho más que lo que aparece en el espejo”, lo cual parecería que de tanto publicar privacidades desde muy diversos ángulos queda expuesta la persona en Facebook (además de que en ámbitos donde prevalece la inseguridad ese instrumento puede tener ribetes de peligrosidad).

 

Demás está decir que este tema no debe ser bajo ningún concepto materia de legislación, la cual infringiría una tremenda estocada a la libertad de expresión que constituye la quintaesencia de la sociedad abierta en la que todos pueden escribir y decir lo que les venga en gana y por los medios que juzguen pertinentes (cosa que no es óbice para que quienes consideren que sus derechos han sido lesionados interpongan las demandas correspondientes ante la Justicia, siempre como un ex post facto, nunca censura previa).

 

A lo dicho anteriormente también ahora se agrega la multiplicación de los “selfies” (sacarse fotografías a uno mismo), sobre lo cual acaba de pronunciarse la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) en su reunión anual en Chicago respecto a la compulsión de sacarse fotos varias veces en el día y publicarlas en Facebook. Esta asociación de profesionales concluye que “esa pulsión se debe a una forma de compensar la falta de autoestima y llenar un vacío”.

 

El que estas líneas escribe no tiene ni tuvo Facebook por pura desconfianza, sin embargo manos misteriosas -un verdadero enigma propio del mundo cibernético- le han fabricado dos que en cada caso se aclara que “no es oficial” y que contiene algunos artículos y ensayos del suscripto. Es posible que esta noticia sea irrelevante, pero de todos modos la consigno como una nota a pie de página para el cierre de este apunte periodístico.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

Un calendario que puede ser Adulterado

Por Gabriela Pousa. Publicado el 20/8/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3836

Ya es un secreto a voces, por no decir que es un anuncio perfectamente premeditado. La re reelección es algo más que un deseo, es un proyecto. Están elegidos los voceros. Cada uno atiende su juego. Están los que deben impulsar sin recato el tema, y están aquellos que saldrán a menguar las consecuentes polémicas. Lo importante era instalar  la idea.

El primer paso se logró con mayor facilidad de lo pensado. Este fin de semana los principales medios del país corroboraron el dato: la campaña por la permanencia de Cristina se lanzó sin pausa. El ritmo, en definitiva, lo determinará el clima social. A veces, el camino de la paz es un tránsito a lo largo del cementerio.

Los últimos acontecimientos que signaron el escenario político, demostraron que este era el momento, aún cuando un sector importante de la sociedad avale la hipótesis de que tres años, en Argentina, es una eternidad. Ahora cuidado, dormirse en la placidez de un calendario siempre arbitrario puede acarrear costos elevados. No seria la primera vez que el factor sorpresa nos despierta de un cachetazo.

Aunque desagrade reconocerlo, nuevamente, es el gobierno quién dispone el cuándo. Si acaso habrá liderazgos opositores capaces de demarcar el cómo, y establecer los “pero” es lo que habrá que desentrañar de acá en adelante.

La campaña política para instalar la posibilidad – inexistente hasta la fecha-, de ver a la Presidente erigida candidata por vez tercera, comenzó a ejecutarse. A diferencia de tantas ocasiones, en que el kirchnerismo se valió de improvisaciones, esta vez hay plan y alternativas para ir avanzando.

No es difícil prever cuales serán las voces que se alzarán en contra. Para cada una de ellas hay, sin embargo, una respuesta. Desde las carpetas de la SIDE hasta las inspecciones de la AFIP, pasando por el “escrache” a través de la cadena nacional, hay una amplia gama de posibilidades para silenciarlas. El país está en manos de un rasgo esquivo: el patriotismo. O para no ser exagerados, la valentía que impulse la ambición de alguno de los aparentes candidatos.

Hay que evitar, en lo sucesivo, el síndrome del “reutemismo”. Es decir, la presencia del indeciso aspirante al cargo, que termine decepcionando y consecuentemente, liberando la cancha para que el gobierno, con un tiro libre, ejecute el último vestigio de un régimen que se supone democrático. 
 
No es tiempo de susceptibilidades, o se juega en equipo o se pierde antes de que suene el silbato.

Mientras tanto, el oficialismo evaluará los tantos con una campaña estilo “zapping”. No se profundizará ningún tema, se irán salpicando ideas. Mejor dicho, se instalarán los deseos ajenos como propios. No faltarán las encuestas y sondeos -pagados por todos y todas-, que sumen voluntades a la causa. Si los indices del INDEC se adulteraron durante tantos años, ¿por qué no se han de inventar los porcentajes positivos a la imagen de la jefe de Estado?

De acá en adelante, todo puede ser presentado como válido. En definitiva, los kirchneristas salen al mercado, como siempre, disfrazando la fruta con las escamas del pescado. Entre tanto, tienen en sus manos el juicio por espionaje a Mauricio Macri, y el cierre de año con otro capítulo del aguinaldo, en la provincia de Buenos Aires.

El resto se irá estableciendo según se produzcan las novedades. “Juan Manuel De la Sota, por ahora, es un mero as de bastos”, consideran los baluartes del “armado”. Se verá si tienen o no razón, para otra demostración de un federalismo acabado.

La definición se reparte, equitativamente, entre los hinchas y el contrincante. No es un juego para cobardes y, sin embargo, la audacia no parece ser un gesto distintivo de la dirigencia y el pueblo argentino.

Esperar respeto por las reglas del juego es ingenuo. Puede haber planificación, pero no hay novedades en cuanto al método. Lo cierto es que el timbre ha sonado. Lo que no se ha gestionado hasta hoy, seguirá en el mismo plano. No debería haber margen para el asombro que deje a la Argentina sin chance.

Se conocen los artilugios distractivos, Detenerse en alguno de los tantos escándalos que ha habido y habrá, para que la atención no se centre en lo específico, puede inclinar peligrosamente al abismo. Hay que acusar recibo y dejar en claro, desde el vamos, para quién se esta jugando. Por mínimo que sea el margen, si se les da chance, avasallarán sin códigos y sin prejuicios.

Saben donde van. También lo sabemos. Para frenarlos urge que las partes confeccionen un todo en el tablero. Después…, después es tarde. “Un hoy vale por dos mañanas”, decía Benjamín Franklin.

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

No es seguridad, sino tiranía:

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 12/6/12 en: http://m.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/alejandro-a-tagliavini-columnista-el-tiempo/11936089

Perdido en un desierto de EE. UU., en Bluffdale, estado de Utah, el gobierno construye un Leviathan: el centro de espionaje más grande del planeta. Una descomunal estructura que esconderá la última tecnología destinada a interceptar, descifrar y analizar toda la red de comunicaciones globales. El emprendimiento se mantuvo en secreto hasta que salió a la luz a raíz de una investigación del periodista James Bamford. Es la nueva base de la National Security Agency (NSA), la agencia más poderosa y enigmática de EE. UU., que en recursos hoy supera a la CIA y al FBI, y dispone de la polémica Echelon, una red de espionaje basada en satélites.

Este nuevo búnker de la NSA, que estaría operativo en 2013, costará unos 2.000 millones de dólares. El proyecto se originó en una iniciativa del gobierno de George W. Bush, que se conoció como ‘Stellar Wind’, pero que resultó tan controvertida que el Parlamento terminó anulándola. Pero el de Washington no es el único gobierno -ahora, el de Brasil- que crea un organismo militar; el Centro de Defensa Cibernética acaba de sumarse a la llamada “guerra del ciberespacio”, junto con Rusia, China y Alemania. De hecho, mientras se da una disminución en los gastos militares tradicionales, existe un aumento notable en ‘defensa’ electrónica, que supera los 50.000 millones de dólares en 2011.

En lenguaje militar, el ciberespacio es el “quinto campo de batalla”. Sucede que, con la informática, los ejércitos quedan seriamente complicados (¡y la paz asegurada!) ya que necesitan del secreto para ser eficaces, porque de nada sirve el arma más poderosa contra un mosquito si este puede anticipar sus movimientos y escapar. Así, los países más militarizados (los más autoritarios) son los que mayores restricciones imponen sobre la red: regímenes como Rusia, Vietnam, China, Arabia Saudí, Venezuela y Cuba, mientras que en otros como Corea del Norte prácticamente no existe, y son los que pedirán, en diciembre, ante la asamblea de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, que se realizará en Dubái, que el gobierno de Internet pase de manos privadas a la ONU.

Las excusas son las de siempre, la seguridad nacional, los ataques contra bancos y empresas, la guerra contra el terrorismo, etc. Todas son una gran mentira. Es falso, como el argumento de que, para defender la libertad, a veces hace falta violencia cuando esta es, absolutamente siempre, liberticida. La Segunda Guerra Mundial, por poner un ejemplo de violencia ‘defensiva’, instaló a la dictadura stalinista, la peor de la historia humana. Sin el ataque de los Aliados, probablemente entre el nazismo y la URSS se hubieran destrozado desapareciendo ambos, más tarde o más temprano.

En cuanto a la seguridad bancaria, personalmente fui atacado y mi tarjeta de crédito duplicada, pero, precisamente gracias Internet, inmediatamente advertí la maniobra, llamé al banco, la transacción fue bloqueada y el delincuente rastreado, y todo sin intervención estatal. En cualquier caso, de no advertirse a tiempo, para eso existen las compañías de seguros. En cuanto al terrorismo, recuerdo el relato de Pat Gilmore, expiloto de Delta Airlines, que reconoció meses antes a Mohammad Atta, el líder de los que estrellaron los aviones contra las torres gemelas, pero no pudo denunciarlo porque nadie le tomaría la denuncia dado que Atta cumplía con todos los documentos y requisitos exigidos por las fuerzas de seguridad estatales.

 Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.