La batalla cultural

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 7/9/19 en: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/batalla-cultural.html

 

En medio del fárrago de noticias cotidianas, es bueno hacer un alto en el camino y detenerse a considerar ideas de fondo al efecto de mejorar el panorama. Si nos encajamos solo en la coyuntura estaremos como perros histéricos que en círculos pretenden morderse la cola. La coyuntura es necesaria al efecto de estar informado pero solo si nos damos espacios para meditar sobre el largo plazo es que será posible zafar de coyunturas que nos desagradan.

Si no se resuelve la comprensión de ciertos valores y principios que hacen de brújula a la acción, no resulta posible avanzar hacia una sociedad libre. Si nos estancamos en consideraciones del momento, nunca vamos a abrir los ojos para disfrutar de horizontes más fértiles y siempre nos quedaremos empantanados en nimiedades. La única manera de progresar es primero estudiar y luego difundir ideas que calen hondo y, por tanto, vayan al fondo de los problemas.

Lo primero de todo es aclarar que queremos significar con la expresión “cultura”. En nuestra época se ha degradado tanto el término que alude a cualquier manifestación humana en cualquier dirección, así es que con esta acepción se puede hablar de la cultura de la antropofagia y otras manifestaciones de anticultura. Es que en su acepción clásica, la palabra cultura remite a cultivar la mente que es lo más preciado que tiene el ser humano.

Ahora bien, las manifestaciones culturales abarcan las relaciones intraindividuales y las interindividuales. Las primeras abarcan todas las conductas que desarrollen las potencialidades de cada cual al efecto de buscar el bien, mientras que las segundas se circunscriben a las relaciones con el prójimo. En estas líneas nos limitamos a lo segundo para concluir que la batalla cultural apunta a que nos respetemos entre nosotros, independientemente de la conducta que cada uno decida en la esfera privada. Apuntamos a la convivencia civilizada para lo cual es indispensable que cada persona considere sagrada la esfera individual de sus congéneres y, por tanto, se abstenga del modo más categórico a interponerse y mucho menos a recurrir a la fuerza o amenaza de fuerza para con sus vecinos y recurra a esta vía extrema sola y exclusivamente cuando hay lesiones de derechos de terceros.

Cuando nos referimos al respeto a los derechos de otros no estamos diciendo que compartimos o adherimos las conductas individuales de nuestro prójimo, más aun podemos discrepar radicalmente con esos modos de proceder.

En realidad la demostración cabal de respeto es, precisamente, cuando no compartimos la conducta privada de nuestros coetáneos. Y es más precisa la expresión “respeto” que “tolerancia” que arrastra cierto tufillo inquisitorial como si uno tuviera la verdad y perdona el error del prójimo.

La verdad es la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado, pero para lograr aprehenderla se requiere esfuerzo en una permanente peregrinación al efecto de desprendernos del mar de ignorancia en el que nos debatimos para incorporar algo de tierra fértil. De allí la importancia de debates abiertos y absoluta libertad de expresión para arribar a buen puerto e incorporar nuevos conocimientos.

En este contexto estamos descartando cualquier manifestación de contracultura, a saber, conductas que invaden el fuero íntimo de nuestros semejantes, a toda manifestación que avasalle la privacidad del prójimo. De esto se sigue el respeto a la vida, a la libertad y a la propiedad de cada cual, entendiendo por esto último la consideración irrestricta al uso y disposición de lo que pertenece a cada uno.

En este sentido resulta llamativa la contradicción de aquellos que sostienen que son partidarios de la libertad política pero rechazan la económica. Esto es lo mismo que pronunciarse a favor del continente, es decir, marcos institucionales civilizados pero rechazar el contenido,  a saber, el uso y la disposición de lo propio, sin percatarse que el continente es para preservar el contenido.

Todo lo que hoy disponemos y usamos es fruto de una teoría previa, es decir, de un sueño, de un ideal, de un proyecto aún no ejecutado. Damos por sentado el uso del avión, la televisión, la radio, Internet, el automóvil, el tipo de comida que ingerimos, las medicinas a que recurrimos, los tipos de edificaciones, la iluminación, las herramientas, los fertilizantes, la biogenética, la siembra directa, los sistemas políticos y los regímenes económicos. Todo esto y mucho más, una vez aplicado parece una obviedad, pero era inexistente antes de concebirse como una idea en la mente de alguien.

Si se desea alentar la cultura y combatir la contracultura y la consiguiente batalla cultural, debe enfatizarse la importancia del trabajo teórico y no circunscribirse al ejercicio de practicar lo que ya es del dominio público. Por ello resulta tan estimulante el comentario de George Bernard Shaw cuando escribe que “Algunas personas piensan las cosas como son y se preguntan ¿por qué? Yo sueño cosas que no son y me pregunto ¿por qué no?”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h