Externalidades y Estado

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 18/12/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/externalidades-y-estado/

 

Las externalidades negativas figuran entre los “fallos del mercado”, y son una de las principales razones que justifican la intervención del Estado, según la teoría económica convencional. Se trata de costes de cualquier actividad que afectan a quienes no participan en dicha actividad, con lo que no se reflejan en el precio de mercado, con lo que los costes privados resultan inferiores a los costes sociales. Esto demanda una intervención pública para ajustar los costes privados a los sociales, o, en la jerga de los economistas, internalizar la externalidad.

La noción es antigua: Adam Smith la utilizó en La riqueza de las naciones a propósito de la banca. Desde Pigou en el siglo XX la idea se formaliza, y llega hasta hoy. Son pocos los economistas que se han atrevido a ir contra la corriente. Uno de ellos fue Coase, que demostró en 1960 que las externalidades pueden no ser fallos del mercado sino del marco institucional, singularmente de los derechos de propiedad.

Otra forma de ver las externalidades es analizarlas desde la alternativa al mercado, que es el Estado. La Escuela de la Elección Pública cambió la forma de ver el Estado, dejando de considerarlo una suerte de Deus ex machina que todo lo resuelve, y todo lo puede ocupar con su acción y su control, sin efectos colaterales dañinos. Buchanan y Tullock sostienen lo contrario: “La existencia de efectos externos de la conducta privada no es una condición necesaria ni suficiente para que una actividad caiga bajo el ámbito de la elección colectiva”.

El motivo es que colectivizar una actividad genera a su vez externalidades, y asimismo, que el mercado puede resolver el problema, si no hay costes prohibitivos para el logro de acuerdos voluntarios.

Dichos costes son la clave porque, fuera de la unanimidad, toda intervención tiene costes que serán rechazados por algunas personas: “El grueso de los estudiosos han supuesto, sin ser conscientes de ello, que toda la acción del Estado tiene lugar como si hubiera un consenso unánime. No han observado que una parte importante de la acción del Estado, que sería racionalmente apoyada bajo algunas reglas de decisión, no puede ser racionalmente apoyada bajo todas las reglas de decisión”. Si el número de personas necesarias para acordar la colectivización es pequeño, los costes para el individuo renuente serán tan grandes que rechazará esa regla de decisión; y si el número es demasiado grande, los costes de arribar a una decisión serán tan altos que la colectivización no merecerá la pena.

Las externalidades, en suma, no justifican la intervención del Estado. Los economistas que lo niegan no aportan “satisfactoriamente una explicación económica para la aceptación general de reglas fuera de la unanimidad para la decisión colectiva”. Convendrá recordarlo ahora más que nunca, cuando se avecinan, como siempre, impuestos y elecciones.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Buchanan sobre los aportes del Public Choice y en particular sobre la búsqueda de rentas y el lobby.

Por Martín Krause. Publicado el 6/10/14 en:  http://bazar.ufm.edu/buchanan-sobre-los-aportes-del-public-choice-y-en-particular-sobre-la-busqueda-de-rentas-y-el-lobby/

 

James Buchanan escribió un artículo en 2003 resumiendo las principales contribuciones de la Escuela de la Elección Pública o el análisis económico de la política (Revista Asturiana de Economía – RAE nº 33 2005: Elección pública: génesis y Desarrollo de un programa De investigación). Además de analizar su evolución histórica presenta ciertos “subprogramas”, uno de los cuales es la “búsqueda de rentas”, que vale la pena considerar:

“Uno de los subprogramas que surgió dentro de la elección pública merece un análisis específico, aunque sea necesariamente breve en esta ocasión. Me refiero a la búsqueda de rentas, un subprograma iniciado con un artículo fundamental de Tullock en 1967, y bautizado con este título por Anne Krueger en 1974. Básicamente, la idea central surge del modo natural de pensar del economista, cuya explicación de la interacción depende fundamentalmente de las respuestas previsibles de las personas a incentivos medibles. Si surge una oportunidad que promete generar un valor, las personas invertirán tiempo y recursos para conseguir dicho valor para sí mismos. En sí mismo, el mercado es un sistema de beneficios y pérdidas; los recursos tienden a moverse hacia su uso más valorado, debido a que se puede predecir que las personas responderán positivamente a las oportunidades que prometen beneficios y negativamente a las que amenazan con pérdidas.

La extensión de este postulado motivacional a la parte del valor asignado a través de la política o de la acción colectiva parece algo elemental ahora, pero no se había puesto la atención en sus profundas consecuencias hasta que Tullock planteó explícitamente la conexión: si hay algún valor que se pueda ganar a través de la acción política, las personas invertirán recursos en los esfuerzos destinados a hacerse con dicho valor. Y si este valor toma la forma de una transferencia desde un grupo hacia otros, la inversión es un despilfarro en términos del valor total.

El temprano análisis de Tullock de la búsqueda de rentas se concentró en el monopolio, los aranceles, y el hurto, pero en la práctica se puede alargar la lista indefinidamente. Si al gobierno se le dan poderes para conceder derechos de monopolio o protección arancelaria a un grupo, a expensas del público en general o de perdedores concretos, entonces de ello se sigue que, por así decirlo, los potenciales beneficiarios competirán por el premio. Y, dado que por los supuestos de partida solamente se puede beneficiar un grupo, se despilfarrarán los recursos invertidos por los demás grupos. Dichos recursos se podrían haber utilizado para producir bienes y servicios valiosos.

Una vez que esta idea básica se incorpora en el modo de pensar del observador, gran parte de la política moderna sólo se puede entender interpretándola en el sentido de una actividad basada en la búsqueda de rentas. La política de Estados Unidos consistente en la asignación de fondos públicos para proyectos que benefician a determinadas zonas o grupos es sólo el ejemplo más evidente. Gran parte del crecimiento de las transferencias del gobierno se pueden explicar mejor sobre la base del comportamiento de los agentes políticos, que compiten por el apoyo de las circunscripciones a través de promesas de transferencias discriminatorias.

El subprograma búsqueda de rentas se mantiene activo en diversos ámbitos. ¿Cuánto valor, en términos agregados, se dilapida a través de los esfuerzos destinados a utilizar la acción política para la obtención de beneficios básicamente privados?, ¿cómo se puede distinguir adecuadamente la actividad de búsqueda de rentas, cuya objetivo es lograr ganancias privadas discriminatorias, de aquellas actividades cuyo objetivo es fomentar intereses “públicos” realmente compartidos? No entraré en los detalles de este punto, pero debería quedar claro que la búsqueda de rentas, como subprograma de la elección pública en general, abre muchas vías para la investigación tanto analítica como empírica.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

James Buchanan (1919-2013)

Por Pablo Guido. Publicado el 22/1/13 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

El 9 de enero de este año falleció James Buchanan, el “padre” de la Escuela de la Elección Pública (Public Choice). Personalmente tengo que realizar un particular reconocimiento respecto a la obra de este fenomenal economista. Fue uno de los primeros economistas con los cuales me familiaricé en mis primeros años de estudio en la carrera de Ciencia Política a finales de los ochenta, junto con Hazlitt, Mises y Hayek. Las lecturas de la obra de Buchanan me hicieron ver con espíritu crítico muchos de los supuestos que en los primeros años de aquella carrera nos enseñaban los profesores. Hasta ese momento mantenía muchos de las premisas que también sostienen la mayoría de las personas: que los políticos son personas omniscientes, benevolentes y con horizontes infinitos para la toma de decisiones. Si bien podemos rastrear en los escritos de muchos pensadores clásicos una crítica a esta visión (Adam Smith, Jean Baptiste Say, Tocqueville, Fréderic Bastiat, James Madison, entre los más relevantes) fue Buchanan el que relanzó en el siglo XX la idea que aquellos supuestos estaban equivocados. Así lo resumí en unos apuntes de cátedra de una clase de Public Choice que dicto anualmente en la maestría en Economía de la UFM: “…el “hombre político”, como el “hombre económico”, persigue su interés individual. Así como una persona cuando se encuentra actuando dentro del proceso de mercado busca su propio bienestar e interés, lo mismo le sucede al individuo que participa del proceso político. Tanto el hombre público que actúa en la política como el individuo particular que actúa en el mercado, basa su comportamiento en un cálculo de costo – beneficio orientado a maximizar su propio interés. De esta manera, se elimina la visión del “gobernante benevolente e iluminado” que caracteriza la otra perspectiva y se pasa a una más en línea con el comportamiento real del ser humano en todos sus ámbitos de acción”. Básicamente Buchanan intentó con éxito analizar, entre otras cosas, los paralelismos que existen entre el “proceso político” y el “proceso de mercado”. Los individuos tienen incentivos y actúan en función de sus intereses personales tanto cuando se encuentran trabajando como gobernantes o burócratas como cuando operan como consumidores, gerentes de empresas o empresarios. Son tan ricas las conclusiones a las cuales se llegan, en el análisis del proceso político, cuando cambiamos a esta visión “buchaniana” que no se puede menos que hacer un homenaje diario a la labor de este hombre. En el “panteón” de mis pensadores de cabecera no hay dudas que está Buchanan.

 Sus obras más importantes son: El cálculo del consenso, Los límites de la libertad, Finanzas públicas en un proceso democrático, Democracia en déficit, El poder de gravar Podrá encontrar algunos textos de Buchanan acá, acá y acá.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.