Apuntes en torno al terrorismo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 24/5/2en: http://www.laprensa.com.ar/502431-Apuntes-en-torno-al-terrorismo.note.aspx

Ahora se alardea con los jóvenes idealistas y otros dislates en relación a los ponebombas y criminales que apuntaban a intensificar problemas en lugar de resolverlos y convertir a nuestro país en la islacárcel cubana. Entre las muchas documentaciones sobre las intenciones totalitarias de los terroristas se encuentra el formidable libro de Graciela Fernández Meijide en coautoría con Héctor Ricardo Leis titulado El diálogo. El encuentro que cambió nuestra visión sobre la década del 70.

Pero en estas líneas centramos la atención en el origen marxista de lo ocurrido, no solo entre laicos sino también entre miembros de la Iglesia. De allí es que, por ejemplo, el Padre Carlos Mugica haya declarado públicamente que «Marx y Engels no hicieron más que parafasear al Evangelio», y que «Mario Eduardo Firmenich, es un cristiano ejemplar» (La Razón, Julio 16, 1970). Y ese es el motivo por el que el Papa Francisco ha declarado el 11 de noviembre de 2016, en una entrevista al diario italiano La Repubblica: «Son los comunistas los que piensan como los cristianos», y la explicación por la cual uno de sus primeros actos de su pontificado fue el concelebrar misa con el Padre Gustavo Gutiérrez, el creador de la llamada Teología de la Liberación.

Recordemos que la primera influencia de Jorge Bergoglio en su juventud provino de la marxista doctora Esther Balestrino y su mentor en su período de ordenación fue Monseñor Enrique Angelelli, quien celebraba misa bajo la insignia de los Montoneros. Esto explica sus textos y declaraciones varias.

En este contexto, es oportuno reproducir una cita que recoge preocupaciones aun antes del actual pontificado y en pleno resurgir de las propuestas iniciadas primero en Medellín y más adelante en Puebla, expuestas por el sacerdote polaco Miguel Poradowski -doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología- quien escribe en su libro El marxismo en la Iglesia: «No todos se dan cuenta hasta dónde llega hoy la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia. Muchos, cuando escuchan algún sacerdote que predica en el templo, ingenuamente piensan que se trata de algún malentendido. Desagraciadamente no es así. Hay que tomar conciencia de estos hechos porque si vamos a seguir cerrando los ojos a esta realidad, pensado ingenuamente que hoy día, como era ayer, todos los sacerdotes reciben la misma formación tradicional y que se les enseña la misma auténtica doctrina de Cristo, tarde o temprano vamos a encontrarnos en una Iglesia ya marxistizada, es decir, en una antiIglesia».

LOS JUICIOS

Estimamos de especial interés subrayar que en los documentos originales promulgados por el ex Presidente Alfonsín (no los que adulteraron el prólogo de Ernesto Sábato a la Conadep y otras alteraciones) se pretendía no solo juzgar a los militares por sus conductas aberrantes sino juzgar a los terroristas y a los primeros por sus pares al efecto de proceder de acuerdo al juez natural (lo cual en su momento no fue bien comunicado, situación que mal informó a muchos sobre el debate circunscripto al concepto del juez natural, incluyendo en una primera etapa al que estas líneas escribe). 

Esta iniciativa fue finalmente dejada de lado pues de manera inaudita los militares en funciones se pronunciaron en el sentido de aprobar las aberraciones llevadas a cabo por el régimen militar, cosa que no se conoce en la medida suficiente.

Es del caso señalar que durante el referido régimen militar en su inmensa mayoría la población estaba engañada respecto a los procedimientos a todas luces indecentes a que se recurría de modo oculto en los embates antisubversivos y muchos estábamos concentrados en criticar públicamente las medidas económicas y políticas sumamente desacertadas del régimen.

Se daba por sentado la honorabilidad de los representantes de las Fuerzas Armadas y su empeño en poner coto al terrorismo lo cual era naturalmente apoyado por todos los que queríamos vivir en paz en una sociedad libre. Recién fueron saliendo a la luz -para horror y sorpresa de todos- los asesinatos, las torturas y los secuestros que se cometían con independencia de lo sucedido en las batallas contra atentados y matanzas diarias provocadas por el terrorismo.

En este sentido, es también pertinente recordar que los generales Juan Antonio Buasso, Arturo Corveta y Rodolfo Clodomiro Mujica insistieron en que una vez eliminada la Cámara Federal en lo Penal se llevaran a cabo juicios con las debidas defensas en sede militar, lo cual fue respondido por la cúpula con el pase a retiro de los referidos oficiales. 

Y el general Alejandro Agustín Lanusse con toda razón declaró el 29 de diciembre de 1970 ante sus camaradas de armas: «En la lucha contra el enemigo subversivo debe evitarse la fácil tentación de emplear los mismos métodos que los terroristas ya que ello deterioraría gravemente la eticidad de nuestra posición y destruiría el fundamento de nuestra lucha».

Mucho horror, angustia y pena se hubiera ahorrado de seguir estos consejos en lugar de emplear el método criminal de los encapuchados para liberar la guerra antisubersiva.

Pero en todo caso, en esta nota periodística destacamos el rol de las ideas marxistas presentes en muchos políticos y dirigentes argentinos. Lo que se ha bautizado como La tragedia de los comunes hace estragos pues lo que es de todos no es de nadie como ya había puesto de manifiesto Aristóteles en su refutación al comunismo de Platón. Cierro con una frase de Borges que utilizaba muchas veces al despedirse de su audiencia y que ilustra el problema de la colectivización: «Me despido de cada uno y no digo de todos porque cada uno es una realidad, mientras que todos es una abstracción».

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

“Progre-cisma”

Por José Benegas. Pubicado el 30/7/13 en http://josebenegas.com/

En la Argentina lo que más sorprenden son las sorpresas. Por ejemplo la del director teatral Carlos Rivas con la actitud facciosa de Estela Carlotto a favor de un gobierno con el que está asociada desde hace una década. Tanta fue su decepción que lo escribió a La Nación, que de acuerdo al Ministerio de la Verdad K es hoy por hoy el centro de la conspiración mundial contra el fútbol para bobos y la movilidad social de Lazaro Baéz.

Otros se sienten decepcionados por el aval y luego el “yo no fui” de un señor de los servicios de inteligencia. No hablo de Milani, sino de Horacio Verbitsky.

¿Verbitsky también? ¿No era un gurú moral, el ejemplo a seguir por el periodismo, la intelectualidad permitida y la cultura cartonera? El hecho de que fuera el número dos de la inteligencia de Montoneros, una banda de facinerosos dedicada al secuestro extorsivo, el ataque terrorista, el balazo a traición en función de la instalación de un régimen totalitario (o llamale terrorismo de estado si te parece), no solo no era obstáculo sino que era la explicación de la admiración.

Desde su puesto de lucha el admirado espía supongo que se dedicaría a ver a qué hora salían del colegio los niños de Fulano o el empresario tal dónde tenía su cuenta bancaria, además de qué destino darle al botín del secuestro de los Born ¿Qué otra cosa hace un señor de inteligencia de una organización criminal, además de servir de norte de anciano a la juventud nac&pop?

Si seguimos el derrotero de lo que son llamados “organismos de derechos humanos” en la Argentina entenderemos un poco mejor el tamaño del problema. Empecemos con Alfonsín creando una comisión de notables que recibía denuncias de ilegalidades en la represión y desapariciones. Un órgano formado por el Poder Ejecutivo, un decreto que determinó a quiénes investigar, un período permitido para el estudio, un procedimiento y un tribunal especial que terminaron con una condena expiatoria.

Hasta ahí parte de la sociedad reclamaba que también se juzgara a los guerrilleros y terroristas. Nadie se animaba a llamarles “militantes”. El propósito expresado era juzgar la clandestinidad, los daños colaterales, los inocentes incluidos en listas, la falta de procedimientos legales, las torturas y las desapariciones. En un proceso de años eso fue variando y nos fueron haciendo a la idea de que sólo importaba lo que hubiera hecho el estado en contra de sus “militantes”. Por ejemplo no había que contabilizar lo que el estado hubiera hecho a su favor (como la liberación de los criminales que con orgullo pidió Rivas en el 73 y que contó como aval de su crítica actual).

Después vimos que los “organismos de derechos humanos” reivindicaban regímenes criminales como el de Cuba y que pasaron a sostener la heroicidad de sus culpables, no los inocentes que cayeron en la brutalidad de la lucha. Ya no se quejaban de la ilegalidad de la represión sino que fueron estableciendo el estándar de que frente a esa violencia solo cabía dejarse matar o hacer volar por el aire ¿Y si eras de esos a los que no les cae bien que ellos te quieran matar? Entonces eras un fascista. Así lo enseñó el estado (no el sector privado), durante estas tres décadas. Toda la sociedad los siguió llamando “organismos de derechos humanos” pero sin comillas.

Hubo que olvidar a los muertos que ellos mataron. Con el kirchnerismo se le prohibió a las fuerzas armadas homenajear a sus víctimas. El aparato de propaganda de verdad fascista del gobierno estigmatizó y persiguió a los familiares y amigos de esos muertos que querían nada más recordarlos.

Hicieron del Nunca Más un libro sagrado y Alfonsín jamás cumplió su promesa de contar la historia de la violencia terrorista de los idealistas militantes que hubiera permitido separar la condena a la ilegalidad de la represión de cualquier sospecha de reivindicar los crímenes de aquellos grupos homicidas. Mucho menos sus sucesores porque en poco tiempo a nadie le importaba.

Después no fue suficiente esa omisión, porque el que fuera héroe máximo del Nunca Más Ernesto Sábato había dejado claro que no se tenía que interpretar que el informe era una defensa de la bomba, el tiro por la espalda o el secuestro extorsivo por amor. Los “organismos de derechos humanos” nos explicaron en esa etapa que condenar ese tipo de cosas o ponerlas al lado de crímenes de agentes del estado (ellos son unos consistentes defensores de la actividad privada, pero solo de la violenta. La función del estado es tener empresas comerciales y la del sector privado matar) era sostener una “teoría de los dos demonios”. Demonio hubo uno solo y ellos nos lo señalarían. Los derechos humanos se convierten así en unas prerrogativas que corresponden a los combatientes de un tipo de proyecto totalitario y a nadie más.

En el ínterin hubo que reescribir conceptos como la cosa juzgada, el derecho de defensa, anular leyes, establecer un filtro para ver quienes entran y salen de la justicia federal para que no se vayan a equivocar los jueces acerca de a quién condenar, a quién absolver y a quienes asegurar impunidad, que cosa es contra la humanidad (ellos) y cuáles solo contra las personas corrientes.

Ahí fue cuando llegaron ellos mismos al estado. De un día para el otro todo lo que se dijo sobre las cosas malas las hace el estado se aplicó al revés. Los jodidos eran los “sectores concentrados”. El poder contra el que ellos luchaban no era el estatal, sino el de las “corporaciones” ¿Y corporaciones que eran? ¿Acaso grupos privados sin culpa como los Montoneros o el ERP? No, eran grandes peligros de los que el estado tenía que defendernos como  programas de P+E. Una cosa son tonterías como bombas y granadas y otra unos pesados criminales que hablaban contra la estatización virtual de las exportaciones agropecaurias. O cualquier persona fuera del estado que no los defendiera o que los denunciara. Ahora que estaban del otro lado del mostrador, los derechos humanos pasaron a resumirse en la frase fascista: dentro del estado todo, fuera del estado nada. Es decir al revés de lo que nos venían diciendo cuando eran privatistas.

La cosa se puso cada vez más explícita. Los enemigos actuales pasaron a ser enemigos históricos rehaciéndose la historia como si estuviera escrita con tiza y aparecían por todos lados  vinculaciones con uniformes de todo contrincante. Pero siempre afuera de la facción. Dentro de la facción, la de los cada vez más pocos que son humanos, podían explicarnos desde los trabajos de Verbitsky en la Fuerza Aérea en plena etapa caliente, hasta el cargo de Juez de Zaffaroni, el de Alicia Kirchner en el Sur, las fotos y solicitadas de los Kirchner en el Santa Cruz, o la dirección de don Timermann del pasquín La Tarde; lo que sea. Los organismos de derechos humanos evitaban que nos fuéramos a confundir en cuanto a quién tenía que ser condenado y quién salvado. Un salvado podía pasar a ser condenado si se peleaba con el gobierno como la señora de Noble.

Lo de Milani es como el final de este largo cuento. Carlotto ya dice que como la Biblia para los católicos, el Nunca Más no puede ser leído de manera directa sino que debe pasar por las aclaraciones de ellos como intérpretes finales.

Y todos son millonarios, viajan en primera, hacen de sus fundaciones empresas constructoras, están llenos de cheques rebotados y una infinita lista de etcéteras.

Entonces amigos progres, esta es su realidad. No son los limpios de la sociedad que se molestan por algunas transgresiones, son esta cosa. Nadie se cayó de ningún paraíso. Ustedes no pueden decepcionarse entre si porque no hay cosa espantosa que no hayan hecho, defendido o promovido. A los que los miramos de afuera no nos asombran, no nos decepcionan, continúan comportándose como el culo de manera sistemática y coherente desde hace treinta o cuarenta años. No nos jodan más con el aparente escándalo con el que toman cada vez que quedan al descubierto siempre que el horizonte sea el posible agotamiento de la vía para seguir robando con el pasado mal editado en el que viven. Les gusta más la guita que el sexo. Y cuando no les gusta le guita, que los hace más humanos, les gusta la mentira, la violencia, la banalización de cualquier principio general y odian todo sentido real de justicia porque creen pertenecer a una casta a la que corresponde tratar bajo otras reglas.

Estas facturas casi dan ganas de pedirles que se las pasen en privado. A los demás no nos interesan. Nos tienen los huevos al plato.

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.