Secuencia de tragedias

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 28/4/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1788083-secuencia-de-tragedias

 

Desde el año 2000, unas 22.000 personas han encontrado la muerte cuando -huyendo de la violencia o de la miseria- intentaron ingresar ilegalmente en Europa. Esto es algo más de unas 1500 muertes por año. El 75% de ellas ocurrió en las aguas del mar Mediterráneo.Esta es una secuencia de tragedias que no se ha interrumpido, sino que se ha incrementado.

Desde comienzos de este año, 2015, han ocurrido ya unas 1776 muertes en el mar Mediterráneo, número que -cabe advertir- ha ido creciendo y que naturalmente incluye tan sólo a las muertes que han podido ser comprobadas. De ellas, unas 1200 han ocurrido hace pocos días. En este profundo drama humanitario hay ciertamente más muertes, de las que no se tiene conocimiento.

No obstante, en 2014 llegaron a suelo europeo unos 219.000 inmigrantes ilegales procedentes, en su enorme mayoría, de África y de Asia. Diez veces más, que en 2012. Con la presión demográfica claramente en aumento pareciera que el porvenir de Europa -en el corto plazo- de alguna manera se juega en su capacidad para poder manejar esta crisis. Hasta ahora no ha podido contenerla, ni ordenarla.

De alguna manera, aunque en circunstancias diferentes, se reproduce el drama de los que, a fines de la década de los 70 y comienzos de la del 80, escaparon masivamente de los regímenes comunistas de Vietnam y del Khmer Rouge, en Camboya.

Esa crisis, sin embargo, generó en su momento acciones de corte solidario por parte de la comunidad internacional. Como fueran el accionar -en aguas del Golfo de Siam- del buque hospital francés “Ile de Lumiere” o la coordinación relativamente ordenada de la emigración, a través de la cual se logró, entre otras cosas, que unos 180.000 vietnamitas y camboyanos desesperados pudieran finalmente radicarse en los Estados Unidos.

Por el momento -pese a los insistentes llamados papales- uno tiene la fea sensación de que la crisis migratoria que desafía a Europa toda y tiene al mar Mediterráneo como escenario está quizás generando más sentimientos de cólera que de solidaridad.

Con la salvedad de los importantes esfuerzos realizados por Italia, especialmente a través de la llamada operación “Mare Nostrum” -desde octubre de 2013, a octubre de 2014- en la que buques de la armada italiana socorrieron nada menos que a unas 150.000 personas en riesgo por los naufragios de las frágiles embarcaciones que los transportaban. Esto es auxiliar a unas 400 personas por día.

Pero esa operación, esencialmente una de socorro, ha sido sustituida -desde el 23 de abril pasado- por un esfuerzo europeo denominado “Tritón”, a cargo de la policía fronteriza común: Frontex. Su propósito es bastante diferente al que en su momento alimentara a la operación “Mare Nostrum”, desde que “Tritón” se dedica al patrullaje y a la vigilancia -y no primordialmente a la asistencia- a un costo estimado en unos 9 millones de euros mensuales, ahora que su anterior insuficiente dimensión acaba de ser ampliada.

Europa ha puesto en marcha un plan que hasta contiene posibles acciones militares contra los traficantes de personas. Como si el problema que enfrenta fuera uno de índole fundamentalmente delictiva y no humanitaria

Ocurre que los temas migratorios se han mantenido fundamentalmente fuera de la jurisdicción europea, porque los Estados Miembro no los han delegado a la Unión Europea, reservándolos, desde el llamado “Acuerdo de Dublín”, para sí mismos.

Los inmigrantes ilegales que conforman la constante ola humana que se arroja precariamente al Mediterráneo provienen de Medio Oriente (principalmente de Siria), Asia y de África. No solo de los países subsaharianos, como Mali o Sudán, sino también de los del Cuerno de África, como Eritrea, Somalía. Para desplazarse desde sus lugares de origen hasta sus destinos compran “paquetes” a organizaciones criminales que operan a la manera de “agencias de turismo”.

Unos 500.000 de ellos están siempre “en espera” en la destrozada Libia. En manos de las referidas organizaciones criminales de traficantes de personas y, desde luego, prontos para intentar cruzar a Europa en busca de residir en aquellos países que se han transformado en “el Dorado” de los inmigrantes ilegales, como son los escandinavos, por su conocida generosidad en lo social.

Además procura que sean los países africanos con costa sobre el Mediterráneo quienes detengan a los eventuales inmigrantes ilegales. Ese era precisamente el arreglo que existía con Libia hasta que ocurriera la defenestración de Muamar Gadafi, con un costo de casi 20 millones de euros al año. Y ese es también el que existe hoy con Marruecos y el que ahora se negocia con Egipto y Túnez.

Italia, la nación más afectada por la ola de inmigrantes clandestinos africanos está, a la vez, exhausta y acorralada. Desde comienzos de año solamente, más de 100.000 inmigrantes han llegado a sus costas procedentes del norte de África. Un triste torbellino humano.

Es probable que mientras Siria, Irak y Libia continúen incendiados y sumergidos en medio del caos, la estampida migratoria africana no decrezca. Hasta ahora, Europa ha decidido enfrentar este tema priorizando el cierre de sus fronteras. Pero esto no ha funcionado, razón por la cual cabe preguntarse si la respuesta no pasa, en cambio, por tratar de estructurar un régimen migratorio nuevo. Ordenado y a la vez humanitario. Que permita estabilizar el flujo y manejarlo, entre todos. Australia, con un problema semejante aunque de menor envergadura, podría servir de ejemplo.

Si esto no sucede, crecerán no sólo los actuales problemas en el mar Mediterráneo, sino también aquellos que, en el interior de Europa, muestran como el chauvinismo en esta cuestión y los extremismos en general están ganando peligrosamente más espacio, en los más diversos países del Viejo Continente. Con el riesgo cierto de que, de pronto, alguna de las graves enfermedades políticas e ideológicas del pasado europeo de pronto vuelva a manifestarse.

Mientras tanto, las angustias de los inmigrantes ilegales, es cierto, no terminan, para nada, en el mar. Al llegar a Europa, muchos de ellos comienzan a vivir lo que la periodista de LA NACION Elisabetta Piqué ha llamado, con justeza, un “limbo legal” y una “prisión a cielo abierto”. Por falta de certeza acerca de su condición personal. No obstante, es muy probable que esa grave situación, esencialmente de incertidumbre, sea -en muchos casos- preferible al infierno doméstico que decidieron dejar atrás. Lo que naturalmente no es óbice para tratar de corregirla, con urgencia.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Aplazados en calidad institucional países socialistas latinoamericanos

Por Belén Marty: Publicado el 24/4/15 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2015/04/24/paises-socialistas-latinoamericanos-aplazados-en-calidad-institucional/#.VTqXWyHcxkE.facebook

 

Venezuela está por debajo, incluso, de Cuba, en el ránking de Libertad y Progreso (Maduradas)

Los países latinoamericanos con Gobiernos autodenominados “socialistas” son los peor evaluados a nivel mundial en el último Indice de Calidad Institucional, que elabora la Fundación Libertad y Progreso de Argentina, incluso en posiciones similares a países como Sudán del Sur, Zimbawe, Eritrea y Gabón.

Argentina, gobernada desde 2003 por el kirchnerismo, es el país que más descendió en los últimos diez años. Solo en 2014, Argentina cayó por debajo de China, Uganda y Líbano. Este país bajó —solo desde 2005— 56 lugares, y se encuentra hoy en el puesto 137 entre 193 países analizados.

El documento, que fue realizado por el académico y profesor Martín Krause, toma ocho indicadores de reconocidos organismos internacionales y los promedia. Entre otros están el Indice de Libertad Económica (Fundación Heritage e Instituto Fraser), “Haciendo Negocios” (Banco Mundial), “Vigencia del Estado de Derecho” (Banco Mundial), “Voz y Rendición de Cuentas” (Doing business, Banco Mundial) y “Percepción de Corrupción” (Transparencia Internacional).

Por el contrario, los países líderes en cuanto a la calidad de sus instituciones en el índice 2015 son Suiza, Nueva Zelanda, Finalndia y Dinamarca. En una mirada más a largo plazo, aquellos que más han mejorado su calidad en los últimos 20 años son Georgia (ascendió 81 puestos), Rumania (subió 49), Croacia (creció 45) y Bulgaria (trepó 40).

Por su parte, en nuestra región, los países que más han mejorado desde 1996 son Perú, que ascendió 20 lugares en el índice; y Colombia (15 puestos más). Brasil también ascendió cinco puestos, a pesar del escándalo de corrupción de Petrobras destapado en el último año.

Los socialismos, con baja calidad institucional

Bajo la misma mirada de largo plazo, la nota, desde 1996, la vienen dando los desempeños de Bolivia (bajo 99 puestos), Argentina (bajo 93), Ecuador (cayó 81), Venezuela (descendió 75) y Paraguay (menos 61).

“Estos resultados señalan las consecuencias de las reformas de estilo socialista bolivariano que en mayor o menor medida se implementaron a partir de este siglo en algunos de los países de peor desempeño”, sostuvo Krause, profesor de Economía de la Universidad de Buenos Aires.

El estudio también señala que desde 2006, la tendencia es muy parecida: Los peores lugares van para Argentina, Bolivia, Belice, Surinam, Venezuela, Ecuador y El Salvador.

“Comparando el desempeño desde 1996 que se menciona más arriba, con éstos, se desprende que Argentina aceleró su deterioro relativo en los últimos años en relación al resto”, explicó el profesor y autor del índice.

“Esas diferencias [entre tener instituciones sanas y no tenerlas] condenan a miles y millones de personas a vivir en la opresión y en la pobreza”, sostiene el informe.

Añade: “Los ciudadanos de algunos de estos países están más oprimidos que los ingleses antes de la Magna Carta”.

El corto plazo: Resultados del índice 2015

Los últimos veinte países del ranking 2015 son: Corea del norte (193), Cuba (192), Eritrea (191), Sudan del Sur (190), Afganistán (189), Turkmenistán (188) y Venezuela (197).

En America Latina, los países con peor calidad de instituciones son Venezuela (184), Cuba (173), Haiti (165), Ecuador (151), Bolivia (139), Argentina (137), Honduras (130), Paraguay (124), Guyana (122) y Nicaragua (114).

Entre su análisis, el informe destaca la importancia de comprender el papel que cumplen las instituciones para revertir definitivamente su deterioro. Para el autor del informe, el camino para el progreso de la región es la vigencia de los derechos individuales, una mayor cantidad y una mejor calidad de las oportunidades para que puedan aprovechar los habitantes de cada uno de estos países.

“En definitiva, aquellos países que tienen una buena calidad institucional o aquellos que la han mejorado, en particular en relación con las instituciones de mercado —y dentro de ellas aquellas que protegen la inversión y la actividad emprendedora—, muestran un mejor desempeño económico y, con ello, ofrecen más oportunidades de progreso a sus habitantes”, concluye el estudio.

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.