Inesperado portazo en Medio Oriente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/1/19 en: https://www.lanacion.com.ar/2207520-inesperado-portazo-medio-oriente

 

Contra la opinión de algunos de sus principales asesores y de modo sorpresivo, el impetuoso presidente norteamericano Donald Trump anunció el retiro del contingente militar de los Estados Unidos del territorio sirio, donde estaba desplegado. Esa decisión impacta en favor del cuestionado presidente sirio, Bachar Al-Assad, de Rusia, y de Irán en lo que tiene que ver con la guerra civil siria. En cambio, perjudica a las fuerzas kurdas
que hasta ahora han luchado, codo a codo y exitosamente, junto a los soldados norteamericanos. Para Al-Assad se trata de un nuevo paso en dirección a su supervivencia política que, pese a todo, no puede aún considerarse asegurada.
Seguramente sus fuerzas y las de sus aliados -ocupando el vacío- suplantarán la presencia militar norteamericana en el noreste de Siria, sin demasiada pérdida de tiempo.

El presidente Trump explicó su decisión en lo que considera el triunfo ya alcanzado contra las fuerzas del Estado Islámico que en algún momento controlaron una porción del territorio sirio.
Mientras tanto, las Naciones Unidas parecen haber fracasado en sus esfuerzos por iniciar -y mantener- negociaciones de paz entre todas las partes del conflicto sirio. Lo sucedido debilita notoriamente la influencia norteamericana en Medio Oriente y pareciera evidenciar que las decisiones del presidente norteamericano se basan más en su propia visión de los hechos que en los de sus asesores en materia de política exterior.
Mas prudente que el presidente norteamericano, el presidente Erdogan, de Turquía, no ha aprovechado aún la oportunidad para lanzar un esperado ataque en el Kurdistán, en procura de debilitar a las fuerzas kurdas que presuntamente apoyan la búsqueda de independencia de la población kurda que reside en Turquía. Los kurdos -que están en la mira de Erdogan- han estado perdiendo influencia en los últimos meses, de modo que la decisión norteamericana de retirarse del suelo sirio, seguramente impactará
adversamente en su limitado peso geopolítico, desde que supone la pérdida de su hasta ahora aliado militar más poderoso: los Estados Unidos.
La decisión norteamericana genera desconcierto entre los aliados de los EEUU. Pese a ello, Francia reaccionó rápidamente señalando su decisión de permanecer en suelo sirio.

Pese a la explicación norteamericana, hay quienes sostienen que el Estado Islámico no ha sido aún definitivamente derrotado en Siria, sino que en todo caso ha sido obligado a migrar hacia una estrategia de dispersión de sus fuerzas y no confrontación directa.
Ante lo sucedido, cabe recordar que el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, ha anunciado en varias oportunidades el retiro de sus fuerzas militares del territorio sirio, lo que sin embargo no ha ocurrido.
El presidente Trump ha venido sosteniendo la necesidad de terminar con la presencia militar norteamericana en suelo sirio. Por eso lo sucedido es sorpresivo por intempestivo, pero nadie puede sostener que no hubo aviso previo.
La salida militar norteamericana de Siria ya ha comenzado y podría demorar un mes en completarse. En rigor, ha coincidido con la rendición de las fuerzas del Estado Islámico ante las milicias kurdas en la ciudad de Hajin, la última ciudad de mediano porte que estaba en manos de los mencionados fanáticos islámicos, emplazada en la frontera con Irak, en el valle del Río Éufrates.
Hablamos de un contingente militar norteamericano que, numéricamente, es relativamente pequeño. De unos 2.000 hombres de elite, armados hasta los dientes, cuya presencia estuvo apoyada por los misiles norteamericanos lanzados desde el aire o desde buques de guerra en el Mediterráneo.
Para algunos, el retiro norteamericano es precipitado y podría impedir que la derrota del Estado Islámico sea definitiva, lo que es preocupante. Hay también quienes se aventuran a predecir que la salida militar  norteamericana de Siria podría tener efectos parecidos al retiro de las fuerzas militares norteamericanas de Irak, decidido también
precipitadamente por el ex presidente Barak Obama, en el 2011. Quienes así piensan sostienen que la presencia militar norteamericana en Siria cumplía un rol más amplio que el de derrotar al Estado Islámico. Ese rol, de “estabilización” de Siria, no se ha agotado y el vacío dejado por las fuerzas norteamericanas será ocupado por los contingentes militares de algunos otros actores, como Rusia o Irán. Lo que acelerará la pérdida de influencia norteamericana en el conflicto sirio.
Hay hasta quien sostiene que la decisión del presidente Trump es una suerte de “regalo” a la Federación Rusa. El temor es que suceda en Siria lo que ocurrió en Irak en el 2011, esto es una deriva en dirección al caos.
El retiro de las fuerzas norteamericanas no desactivará los esfuerzos de los más de 20.000 combatientes de distintos orígenes que aún se enfrentan en el territorio sirio. Es entonces previsible que tenga algunas consecuencias colaterales preocupantes, como la de facilitar el reclutamiento de combatientes islámicos y la de fortalecer la todavía débil posición de Al-Assad, que de pronto ha dejado de lucir necesariamente como un
desahuciado. El gran peligro es que Irán controle el territorio que ha estado en manos de las fuerzas norteamericanas, incluyendo los ricos yacimientos petroleros en Deir alZour.
Además, el retiro norteamericano, al aumentar la influencia de la presencia militar rusa, permitiría a Moscú tener una influencia regional mayor hasta el 2021, fecha en la que está previsto que Al-Assad procure su reelección. A todo lo que se agrega que la ausencia norteamericana también podría alimentar las tensiones entre Turquía y Rusia, que se hicieron evidentes el pasado mes de septiembre, en las acciones militares en derredor de
la ciudad de Idlib.
Por todo lo antedicho, hay también quienes se aventuran a predecir que, como ocurriera en el conflicto en Irak del que los norteamericanos se retiraron en el 2011 para luego tener que regresar forzadamente en el 2014, el retiro militar norteamericano podría no resultar definitivo también en el caso de Siria. Los EEUU tienen, todavía hoy, más de 5.000 hombres desplegados en Irak, operación que les cuesta unos 14 millones de
dólares diarios y que ciertamente no está exenta de riesgos.
Por último, la decisión de retirarse militarmente de Siria tomada por los EEUU podría asimismo debilitar la influencia relativa de las Naciones Unidas en lo que hasta ahora ha sido una búsqueda infructuosa de paz. Particularmente si Rusia mantiene su fuerte presencia en Siria y lo que luce como un apoyo incondicional a Al-Assad.
Desde el Congreso norteamericano la reacción de algunos legisladores de los dos partidos políticos fue la de manifestar incomodidad y sorpresa por lo abrupto del cambio de posición del presidente norteamericano. Esa decisión luce, en cambio, coherente con la ya adoptada por Donald Trump hace algunas semanas, en el sentido de cortar la ayuda financiera norteamericana destinada a la reconstrucción de las ciudades e infraestructura siria que ahora puede tenerse como un “pre-anuncio” de la decisión de retirarse militarmente.
Para concluir, parecería que un nuevo capítulo se ha abierto en el conflicto armado sirio, respecto del cual la administración del presidente Trump ha decidido alejarse. Lo preocupante es que el cambio de rumbo fue inesperado y que no es fácil predecir cuáles serán sus consecuencias inmediatas, incluyendo respecto de Israel, en el que todavía es el conflicto armado más peligroso de Medio Oriente. A lo que se suma el haber provocado la renuncia del respetado Secretario de Defensa, James Mattis, el hombre sensato que proyectaba una suerte de garantía de prudencia en el andar externo de la administración del presidente Trump. Ella es una pérdida lamentable. También la de Brett McGurk, el enviado especial para el tema del Estado Islámico.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

La protesta social en el Parque Gezi de Estambul

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 5/6/13 en http://www.lanacion.com.ar/1588792-la-protesta-social-en-el-parque-gezi-de-estambul

El llamado “Parque Gezi” y su adyacente Plaza Taksim conforman uno de los pocos espacios verdes del centro de Estambul. Desde el 28 de mayo pasado ese ha sido el escenario de duras -y reiteradas- protestas sociales. De una suerte de “primavera turca”, según algunos. Con un saldo ya preocupante de dos muertos, varios cientos de heridos y más de mil detenidos en los enfrentamientos con la policía.

Porque el cada vez más autoritario gobierno del islámico -aunque relativamente moderado- primer ministro Recep Tayyip Erdogan -que cumple una década en el timón del poder de su país- de pronto decidió transformar -motu propio- en un nuevo y moderno centro comercial, al que se adosará una mezquita. La decisión se tomó de manera casi inconsulta. Pese a tratarse de uno de los lugares de paseo, restaurantes y compras más tradicionales de la ciudad, tanto para los turistas como para los residentes.

Allí están emplazados el monumento a la República, de Pietro Canónica, y el Centro Cultural Ataturk, que hoy son, de alguna manera, dos símbolos del laicismo tradicional turco, el de Ataturk, al que el actual gobierno islámico ha ido combatiendo y dejando de lado en procura de transformarlo en una concepción políticamente irrelevante, por obsoleta.

Rodeado de algunos de los mejores hoteles de la ciudad, el Parque Gezi atrae multitudes. Y ha sido escenario de protestas sociales. Una de las cuales -en 1977- dejara un saldo lamentable de docenas de muertos y centenares de heridos y detenidos como consecuencia de otra implacable represión policial.

Las protestas recientes comenzaron, sin embargo, con un tono ambientalista. Contra la tala de los árboles del lugar y la transformación del gran espacio verde en un complejo más de cemento, en el que se propone reconstruir los cuarteles militares que allí existieron alguna vez y fueron luego transformados en un estadio, en 1921. Cuarteles que finalmente fueran demolidos, en 1940.

Pero la represión y, por sobre todo, las declaraciones arrogantes -e inoportunas- del premier Erdogán, que afirmara -con tono desafiante- que su gobierno continuará con su proyecto “cualquiera sea lo que hagan en el lugar”, “porque hemos tomado ya nuestra decisión” tensionaron innecesariamente el ambiente. Pese a lo cual, Erdogan -hasta ahora al menos- se ha mantenido imperturbable e inflexible. Firme frente a las protestas, ahora claramente políticas, a punto tal que los manifestantes se autodenominan “soldados de Ataturk”. Laicos contra islámicos, entonces.

Esta reacción, calificada de inmediato por la dirigencia política opositora como propia de un “sultán” otomano, generó una verdadera espiral de críticas y llevó al Parque Gezi a miles de ciudadanos convocados nuevamente por las redes sociales. Ellos engrosaron las filas de los ambientalistas y transformaron a la protesta en una mucho mayor, ciertamente más allá del ambientalismo original y transformaron el episodio en uno de claro contenido político (anti-autoritario y pro- libertad de prensa). Incluyendo rápidamente entre los asistentes a algunos conocidos dirigentes de la activa minoría kurda local. La defensa del Parque Gezi se ha transformado entonces en una suerte de defensa de la democracia, que la gente percibe como amenazada.

Quienes llegaron en la segunda ola de manifestantes al Parque Gezi lo hicieron a la manera de los “indignados” de Nueva York o de Madrid. Entre ellos se conformó un auténtico arco-iris de intelectuales, artistas, políticos, profesores universitarios y estudiantes, además de algunos hinchas de fútbol.

Todos se encolumnaron contra la arrogancia de quienes están en el poder desde hace ya una década (que parece interminable) y han comenzado a cercenar solapadamente las libertades civiles y políticas de los ciudadanos. Razón por la cual se han ido transformando en blanco de críticas graves y objeto de creciente impaciencia popular.

Las protestas se extendieron también a las ciudades de Ankara, Izmir y Bodrum. También por esto, en otros puntos de Estambul los cacerolazos se hicieron escuchar y el puente sobre el Bósforo fue cortado.

La proximidad del verano sugiere que las protestas podrían ser intensas y durar quizás más de lo esperado. Aumentando progresivamente su temperatura, como ha sucedido en los últimos días.

 Cada noche quienes protestan en el Parque Gezi se han enfrentado estoicamente con los gases lacrimógenos, los chorros de agua y los líquidos irritantes. También con balas de goma. Una y otra vez. A lo que respondieron construyendo barricadas y levantando adoquines. Aumentando la tensión, entonces.

Esto ha sucedido en un país que ha hecho realmente grandes progresos en los últimos años, logrando crecer a una media anual del 5% de su PBI. Uno que además se mantuvo en paz, pese a estar rodeado de guerras regionales, y donde las desigualdades están en visible disminución. Y en el que el partido gobernante ha ganado con toda claridad las tres últimas elecciones nacionales.

Lo que nos obliga a pensar si la reflexión reciente del escritor nicaragüense Sergio Ramírez, cuando nos dice que “a la gente no le importa tanto defender la democracia si hay prosperidad económica” de pronto no tiene un límite. Aquel que, ante la evidencia de un cercenamiento importante de la libertad, genera -en algún punto- una suerte de asfixia y provoca reacciones de protesta.

Mientras tanto, un tribunal judicial, ante una acción en busca de amparo, ha ordenado la suspensión del proyecto.

Queda visto que en todas partes la gente se encoleriza y sale a protestar ruidosamente cuando sus dirigentes políticos procuran -desde la insensibilidad y la arrogancia- reescribir sesgadamente una historia que muchos sienten común, mientras restringen libertades esenciales, como la de expresión, para tratar de salirse con la suya.

 Pese a que tan sólo un canal de televisión turco ha estado cubriendo los sucesos referidos, lo que sucede en Estambul ha despertado la curiosidad y la atención de los medios de comunicación del mundo entero. Los demás medios turcos, no por casualidad, los han prácticamente ignorado.

Un cuadro clásico de autoritarismo y las reacciones que provoca cuando genera hastío. Para Erdogan, de visita en Marruecos, todo “terminará pronto”. Pero el desgaste es bien evidente. A punto tal, que la confederación de los sindicatos locales ha llamado a una huelga de dos días..

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.