La Competencia “perfecta”

Por Gabriel Boragina. Publicado el 26/5/14 en: http://www.accionhumana.com/2014/05/la-competencia-perfecta.html

 

Se ha dicho de la misma:

“En un extremo de la clasificación tenemos la competencia perfecta, atomística o pura, que caracteriza a un mercado perfectamente competitivo. En este caso el número de oferentes es infinito, o prácticamente infinito, para cada uno de los bienes que se producen, y el número de demandantes también lo es; no existe limitación alguna para la entrada al mercado y, por lo tanto, ninguna de las fuerzas que compiten está en condiciones de determinar los precios a los que se llega en el mismo; tampoco hay economías de escala significativas, de modo que ningún vendedor puede crecer para dominar o controlar el mercado. Este modelo abstracto puede generalizarse a toda la economía, para demostrar la interdependencia de los mercados parciales existentes y la movilidad de los diferentes factores productivos.”[1]

En una palabra, se trata de un supuesto completamente irreal, por eso mismo es correcto llamarla “modelo” y no “teoría” como se lo hace a veces. Dado que el mundo real es imperfecto, carece de sentido referirse a la “competencia perfecta” como algo que se de o pudiera darse de alguna manera en la realidad.

Tal como expresamos antes, otros de los problemas metodológicos en ciencias sociales y en economía específicamente hablando, es haber centrado la atención de los estudiosos sobre los modelos de la llamada “competencia perfecta”. “Los supuestos de la “competencia perfecta” son que existe completo conocimiento de todos los elementos relevantes por parte de los que actúan en el mercado, lo cual, a su turno, implica equilibrio general. También supone que los bienes y servicios ofrecidos son homogéneos y llevados a cabo por un gran número de empresas “pequeñas”, ninguna de los cuales ejerce influencia sobre el precio. Por último, la ‘competencia perfecta’ supone ausencia de restricciones y costos en el movimiento y convertibilidad de recursos.”[2]

Analizaremos a continuación los supuestos de la competencia perfecta y formularemos las críticas correspondientes.

1.            Conocimiento perfecto: La acción implica ineludiblemente incertidumbre, lo que ya de por sí da con tierra con el primer supuesto implícito del postulado de “la competencia perfecta”. Como señalan Rothbard y Mises (entre otros), en un mundo de conocimiento perfecto la demanda por mantener dinero caería a cero. Carecería de sentido el dinero, el cálculo económico y la economía misma. No habría empresarios ni competencia. El conocimiento perfecto y el equilibro llevarían a la paralización de nuevos descubrimientos.

2.            Homogeneidad: contradice el sentido mismo de la competencia. No habrá competencia si todo lo ofrecido y demandado es de iguales características. Se acercaría a una situación donde habría un sólo bien.

3.            Ausencia de costos: es un supuesto completamente irreal introducido en el modelo para simplificar sus ecuaciones. En la vida real no hay nunca ausencia de costos. Por el contrario, conforme enseñan los austriacos no hay acción sin costo, ya que el mero hecho de actuar implica -en sí mismo- un costo: el costo de tratar de alcanzar una situación más satisfactoria que la que se intenta abandonar.

4.            Inexistencia de restricciones: erróneamente asimilada a la situación de un mercado “libre” el argumento de la “competencia perfecta” lleva a los que basan sus análisis en ese equivocado modelo, a sugerir restricciones al mercado por concluir que en el mundo real la competencia no aparece. Prebisch es uno de ellos. Ciertamente no se advierte de qué manera puede “esperarse” que “aparezca” la competencia –paradójicamente- restringiéndola, como postulan este último tipo de autores.[3]

Tal como vemos, se tratan de supuestos irreales que –extrañamente- se han adoptado como el paradigma del mercado “libre”. Volveremos nuevamente, en el curso de estas páginas, a ocuparnos del tema de la “competencia perfecta”, señalando los problemas que la adopción de esta errónea (aunque popular) tesis ha acarreado y sigue aun acarreando en el estudio de la economía.

Friedrich A. von Hayek radica en el conocimiento el concepto de competencia pero con un sentido distinto al del convencional. Y así nos explica:

“El conocimiento al cual me refiero consiste más bien en una capacidad para descubrir las circunstancias especiales, lo que sólo será efectivo si los poseedores de este conocimiento son informados por el mercado acerca de qué clase de bienes o servicios son requeridos y cuál es la urgencia de esta necesidad.

`Esto debe bastar para indicar a cuál tipo de conocimiento me refiero cuando llamo a la competencia “un método de descubrimiento”. Habría mucho que agregar para revestir con carne concreta los huesos desnudos de esta afirmación, y, de este modo, poder demostrar toda su importancia práctica. Pero debo contentarme con indicar brevemente, en esta forma, lo absurdo que es el procedimiento usual de iniciar el análisis con una situación en que todos los hechos son supuestamente conocidos. Esta es una situación que la teoría económica, curiosamente, denomina “la competencia perfecta”. Esta no deja lugar, en parte alguna, a la actividad llamada competencia, la que se supone que ya ha ejecutado su tarea.”[4]

 

*Fragmento tomado de nuestro libro La ciencia económica. Ediciones Libertad. 2010.

[1] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. Voz “competencia”.

[2] Alberto Benegas Lynch (h). Fundamentos de análisis económico. Editorial Abeledo-Perrot. 11º edición. Pág. 50

[3]Ampliar en Benegas Lynch (h) Fundamentos…p. 43 a 54. v. Ludwig von Mises, La acción humana, tratado de economía. Unión Editorial, S.A., cuarta edición, p. 537-567.

[4]Friedrich A. von Hayek. “La competencia como proceso de descubrimiento”. Esta conferencia, fue pronunciada originalmente en una reunión de la Philadelphia Society, en Chicago, el 29 de marzo de 1968; luego fue repetida, en alemán, el 5 de julio de 1968, ante el Institut für Weltwirtschaft de la Universidad de Kiel. Primeramente se publicó la versión en alemán, en “Kieler Vorträge”, N. S. 56, Kiel, 1968, y luego en los ensayos completos del autor, bajo el título de Freiburger Studien (Tübingen, 1969). La versión en inglés, con la segunda sección incluida, se publicó en New Studies in Philosophy, Politics, Economics and the History of Ideas (Londres: Routledge & Kegan Paul, Ltd., 1978).

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. 

 

Derechos de propiedad, teorema de Coase y la informalidad

Por Martín Krause. Publicado el 3/3/13 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/

Articulo que saldrá en la revista académica de la Facultad de Derecho de la UBA:

http://works.bepress.com/martin_krause/47/

Va el abstract:

Los economistas austríacos han tenido una visión ambivalente sobre las contribuciones fundacionales de Ronald Coase al Análisis Económico del Derecho moderno, particularmente en lo que luego fuera llamado “Teorema de Coase” (Coase, 1960), y una visión mucho más crítica sobre la subsiguiente visión de la ley basada en la “eficiencia”. Por un lado destacan su crítica a la teorización basada en el equilibrio general, la necesidad de considerar los marcos institucionales cuando los costos de transacción son suficientemente altos como para impedir las negociaciones bilaterales y su rechazo a las propuestas políticas de Pigou de subsidios e impuestos para resolver problemas de externalidades positivas y negativas (Boettke, 1997). Pero una segunda interpretación, que puede no excluir a la primera, rechaza la idea de la “naturaleza recíproca del daño” y, más que nada, su propuesta que ante la presencia de costos de transacción “lo que debe decidirse es si las ganancias de prevenir el daño son mayores que la pérdida que se sufriría como resultado de frenar la acción que produce el daño” (Coase, 1960, p. 27) , con el correspondiente consejo a los jueces, probablemente proveniente más de los seguidores de Coase que de él mismo, de asignar derecho siguiendo un análisis de costos y beneficios de forma tal de maximizar el resultado agregado positivo. La naturaleza subjetiva del valor y la imposibilidad de realizar comparaciones interpersonales de utilidad tornarían inútil dicho intento, si no peligroso. Este artículo no se plantea el objetivo de resolver el debate entre eficiencia y derechos naturales sino que adopta un enfoque positivo. Buscará solamente traer a consideración un caso de estudio sobre derechos de propiedad y la solución de problemas de externalidades en un entorno donde el sistema formal de administración de justicia y la solución de disputas no está presente, como en los barrios informales o pueblos que se encuentran en la mayoría de países pobres o no desarrollados. La cuestión positiva, sin embargo, es: ¿qué es lo que hacen en verdad los jueces? Para ello se tomará como caso de referencia la asignación de derecho y la resolución de disputas en los barrios informales, villas o favelas, donde la justicia formal no está presente.

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Of Positivism and the History of Economic Thought (by Bruce Caldwell)

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 22/1/13 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2013/01/22/of-positivism-and-the-history-of-economic-thought-by-bruce-caldwell/#more-4255

En la última conferencia de la Southern Economic Association (New Orleans), Bruce Caldwell (Center for the History of Political Economy, Duke University) dió la presidencial address cuyo título fue “Of Positivism and the History of Economic Thought.” Cuando Bruce Caldwell escribe sobre estos temas, es material de lectura obligada. En esta ocación Caldwell ofrece un análisis de cómo el lenguaje positivista tuvo como consecuencia no intencionada dejar de lado la historia del pensamiento económico junto a relegar ramas que hoy son centrales en la economía. Al punto tal, nos cuenta Caldwell, que recuerda cursos interdisciplinares donde los no economistas tenían un manejo superior sobre los la historia del pensamiento y textos centrales de la economía que los propios economistas. Sus palabras se encuentran disponibles online como working paper, aquí ofrezco un resumen y algunos pasajes sobre las opiniones de Caldwell sobre este tema.

El lenguaje positivista, dice Caldwell, llevó a que la disciplina se preocupase casi exclusivamente por aquello que era factible de ser medido y presentarse como trabajo empírico. No sólo la historia del pensamiento, sino otras ramas como Teoría de Juegos y Public Choice (quizás también por motivos políticos/ideológicos) no podían hacer pié en el core de la disciplina. Si bien esto fue cambiando para varias ramas de estudio, como el caso de Teoría de Juegos que hoy tiene un rol central, no lo fue para el caso de historia del pensamiento. Si bien es el caso que hoy día la economía comprende trabajos que van desde cuestiones matemático/teóricas de equilibrio general hasta behavioral economics, sí ha persistido la idea de que lo que se ha estudiado y aprendido se encuentra concentrado en los trabajos de los últimos 5 años. Al punto tal que no es raro encontrar trabajos basados en working papers aún sin publicar.

Caldwell también resalta que en esta actitud la economía ha hecho uso de una filosofía de la ciencia débil (el positivismo) para defender una práctica que de hecho no es muy sólida. “In short, in describing and defending their practices economists had been borrowing, often badly, from an increasingly suspect because [of an] unworkable philosophical position.” La filosofía de la ciencia no es un mero juego intelectual, es lo que define qué se va a aceptar como ciencia y qué no, y por lo tanto no sólo como responder preguntas, sino que va a definir qué preguntas son o no científicas. Si se va a tomar la postura de hacer a un lado corrientes o posturas por considerarlas no científicas, más vale tener en claro qué dice la filosofía de la ciencia al respecto.

Caldwell menciona varios beneficios de estudiar historia del pensamiento y que esta currícula se encuentre presente en los programas de economía (ambos, undegraduate y graduate).

Por ejemplo, poder dar un contexto y ver los debates que de hecho dieron origen a las teorías como alternativa y complemento a los modelos/recetas en los manuales de texto. Estos modelos, ¿de dónde salieron? ¿qué problemas intentaban resolver? ¿de dónde salen los supuestos? etc. No menos importante y excitante, leer a los grandes pensadores de la disciplina. No es lo mismo leer pasajes de Smith que leer lo que alguien dice que Smith dijo (quien posiblemente tampoco lo haya leído detenidamente). Aún recuerdo el dolor ocular al leer en el manual de micro de MasColell, Whinston y Greene que el Primer Teorema del Bienestar es una representación formal de la mano invisible de Adam Smith (p. 524).

Por otro lado, los cursos de historia del pensamiento son ideales para que los alumnos desarrollen dos capacidades: (1) escritura y (2) argumentación (en lugar de resolver problemas). No es lo mismo escribir sobre ideas que demostrar capacidades técnicas. A veces veo traslucir algún aire de superioridad cuando escribo un paper sin “técnicas” o modelos… pero este aire viene de las mismas personas que no han tenido que lidiar con la dificultad de escribir y argumentar sobre ideas que no siempre son suscetibles de encuadrar en un modelo y luego resolver siguiendo los pasos matemático/técnicos. El buen economista debe poder manejar los dos ámbitos, el de la técnica y el de las ideas, no sólo uno; historia del pensamiento económico es una buena oportunidad para desarrollar el área de las ideas.

Por otro lado, y esto es más importante de lo que puede parecer a primera vista, en un curso de historia del pensamiento es dónde un alumno se ve de hecho expuesto a puntos de vista alternativos al mainstream. “Where else in the economics curriculum will students actually read, not just Smith, Marshall, Knight, and Keynes, but Marx, Veblen, Schumpeter, Mises, and, dare I say it, Hayek?” Esto no es una mera cuestión de ampliar la lectura, sino de ampliar el punto de vista, incorporar conceptos ajenos al mainstream que permiten identificar procesos, soluciones y problemas que pueden quedar escondidos bajo los anteojos de una u otra corriente.

En lo que respecta a programas de posgrado (doctorados), incluir historia tiene otras ventajas particulares para los que se van a dedicar a la investigación.

“First, ignorance of history is a barrier to the growth and accumulation of knowledge: students who learn economics via working papers, whose only knowledge of the history of the discipline is through occasional anecdotes or potted caricatures in textbooks written by faculty who are usually equally ill-acquainted with the past, are almost doomed to reinvent the wheel” (sobran ejemplos sobre la reinvención de la rueda que cada lector puede pensar por sí mismo).”

“Second, when apparently promising avenues of inquiry disappoint or research leads to dead ends, as so often happens in all sciences, the record of how we got to the impasse can provide a map back to paths not taken.”

“Third, a knowledge of history may lead to the revival of an old idea as modeling techniques improve: for example, the Hayekian notion of the market as a competitive process was difficult to capture with theories that emphasized equilibrium, but with recent advances [Hayek’s] theory it is gaining coming into its own.”

Desde un punto de vista más amplio, un programa de estudio que incluya lectura de otras disciplinas relacionadas (ciencias políticas, historia, filosofía moral, filosofía del derecho, etc.) ayuda a ver presupuestos que uno da por sentado en su disciplina y que quizás darlos por sentado no sea tan sencillo como parece (este punto también se relaciona con el reciente post de Adrián Ravier).

Recomiendo la lectura del paper de Caldwell, que no sólo desarrolla estos temas en mayor detalle de una forma accesible, sino que ofrece anécdotas interesantes (incluyendo el pié de página 18).

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.