Nuevo Video – Perón y la Falacia de la Torta Fija

Por Iván Carrino. Publicado el 2/1/19 en: http://www.ivancarrino.com/nuevo-video-peron-y-la-falacia-de-la-torta-fija/

 

Hace un rato subí a mi canal de YouTube el primer video creado exclusivamente para ese sitio. El tema que se trata es la distribución del ingreso como forma de resolver la pobreza. Mi punto es que esa idea parte de una falacia: la de considerar que la economía es una torta fija que simplemente hay que dividir de manera “equitativa”.

Aquí abajo está el video completo:

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Bastiat y la competencia (2° parte)

Por Gabriel Boragina Publicado el 22/7/18 en:  http://www.accionhumana.com/2018/07/bastiat-y-la-competencia.html

 

Dado que para Bastiat competencia y libertad son sinónimas, les da a ambas el mismo tratamiento.

“¿Y qué es la competencia? ¿Es ella un ente que existe y actúa por sí mismo, como el cólera? No, la competencia sólo consiste en la ausencia de la opresión. En todo lo que me concierne, quiero elegir por mí mismo, y no quiero dejar a nadie elegir por mí y contra mi voluntad; y si alguien quiere poner su juicio en lugar del mío en mis propios asuntos, yo también me arrogaré el derecho inverso.”[1]

Bastiat identifica la competencia con el proceso de selección y de elección que hace cada individuo, y esta parece ser la razón por la cual la asimila plenamente a la libertad, dado que la libertad permite optar a una persona entre diferentes alternativas. No obstante, la elección puede ser no elegir, con lo cual no se altera el principio básico, por el que el individuo siempre elige, aun cuando elige no elegir ninguna otra cosa. Desde este punto de vista, parece que la competencia que describe nuestro autor la ve entre las diferentes alternativas de elección del agente. Alternativas que se reducen -e incluso desaparecen- si el que elige por él es otra persona. Pero el punto no es tan claro como lo presenta nuestro autor. Dado que, por ejemplo, el preso que carece -por supuesto- de libertad, siempre orientará sus acciones futuras a salir de prisión, sea escapando o por otros medios legales.

“¿Tenemos alguna garantía de que entonces las cosas irán mejor? Está claro, la competencia es la libertad. El que destruye la libertad de obrar, destruye la posibilidad y la capacidad de elegir, de juzgar, de comparar, mata la inteligencia, el pensamiento, en una palabra, mata al hombre. En eso acaban los planes de nuestros modernos reformadores del mundo; para mejorar la sociedad empiezan destruyendo al individuo, con el pretexto de que de él proceden todos los males, ¡como si él no fuera también el origen de todo lo bueno!”[2]

Aquí Bastiat lo presenta mucho más claro, explicando en que consiste esa asimilación de competencia con libertad y viceversa. Quizás quiera decir que frente al individuo (Bastiat lo ejemplifica en su propia persona) hay diversas alternativas que compiten entre sí por su atención y que, potencialmente, podrían cubrir sus necesidades. Pero que de estas diferentes ofertas sólo efectivamente podría decirse que están en competencia entre sí, si el sujeto actuante tiene la libertad de elegir entre ellas. Si, en cambio, el individuo carece de esa posibilidad de elección, recayendo en un tercero el acto de elegir por él, entonces, en este supuesto no hay competencia alguna, porque se le despoja de la libertad de elección. La reflexión recuerda al paternalismo gubernamental plasmado en figuras como el “estado benefactor” o también llamado “de bienestar”, en el cual sucede algo similar: donde el burócrata sea arroga por el individuo la capacidad de elegir por él qué consumir, cuándo, dónde, cómo y en qué proporciones o cantidades. Si hay uno o más oferentes y demandantes, pero ninguno de ellos tiene la posibilidad de elegir a quién comprar y a quién vender, es obvio que no hay competencia.

“Hemos visto más arriba que en el cambio se compensan prestación y contraprestación. En el fondo, cada uno de nosotros tiene en este mundo la responsabilidad de proveer mediante su esfuerzo sus necesidades. Así, si una persona nos ahorra un trabajo, nosotros, a nuestra vez, también debemos ahorrarle uno: nos entrega un bien que es el resultado de su esfuerzo; por tanto, nosotros debemos obrar con ella de la misma manera.”[3]

Este pasaje nos recuerda la formulación de la Ley de Say, por el cual “toda oferta crea su propia demanda”. Bastiat parece influido por la teoría del valor-trabajo o del costo de producción, ya que, como vemos, nos habla del intercambio del producto de un trabajo por el resultado de otro trabajo. Remarca las palabras esfuerzo y trabajo. Al menos hasta aquí todavía no advertimos un anticipo al descubrimiento de los autores marginalistas respecto de la teoría del valor. En principio, nos enseña que no hay nada gratis en la vida, y que somos -en primera instancia- los responsables directos de proveer a nuestras propias necesidades. No obstante, ello no implica en absoluto autoabastecernos de todo aquello que necesitamos, lo que -por otra parte- seria humanamente imposible.

“¿Pero quién debe hacer el ajuste? Ya que entre estos mutuos esfuerzos, trabajos y prestaciones debe haber necesariamente un ajuste a fin de llegar a la equidad y la justicia – a menos que queramos estatuir como regla la injusticia, la desigualdad, el azar; o sea, cualquier cosa menos el juicio humano. ¿Quién debe ser, pues, el juez? ¿No es natural que en cada caso particular las necesidades sean juzgadas por los que las sienten, los medios para su satisfacción, por los que los buscan, los esfuerzos, por los que los intercambian?”[4]

Plantea Bastiat aquí el tema del “cambio justo” o “justo precio” y parece querer decir que el mismo debe surgir de entre las propias partes que intercambian, y no de un tercero como puede ser el gobierno (“autoridad social”). A primera vista, pareciera que el punto tratado se aleja del eje central del artículo que es el de la competencia. Pero bien examinado, no es de este modo. Las partes, al buscar un intercambio pujan entre sí (compiten) por obtener el mejor producto al precio más bajo posible. Hay, por fin, una competencia de tipo binario, en tanto esta se desata entre un producto y el dinero necesario para adquirir el mismo. Tanto el dinero como el producto pueden ser ofertados y demandados por una o más personas. Según como sea cada caso, se hablará de competencia unilateral, multilateral, binaria, etc.

La equidad y la justicia es aquello que las partes juzgan justo y equitativo, ya que, si no lo consideraran de este último modo, no harían el intercambio que tienen en mira realizar.

[1] Frédéric Bastiat “LIBERTAD COMO COMPETENCIA”. Este artículo pertenece a su libro “Armonías Económicas”, publicado en el año 1849.

[2] Bastiat, Frédéric. ibidem

[3] Bastiat, Frédéric. ibidem

[4] Bastiat, Frédéric. ibidem

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Gobernabilidad y proceso político

Por Gabriel Boragina Publicado  el 8/10/17 en:  http://www.accionhumana.com/2017/10/gobernabilidad-y-proceso-politico.html

 

“En esencia la gobernabilidad depende del resultado de dos procesos y de las externalidades de su interacción. El primero, el proceso económico que busca mejorar la eficiencia alocativa y el logro de los objetivos de equidad.”[1]

En realidad, resulta bastante discutible que el proceso económico como tal busque “mejorar la eficiencia alocativa y el logro de los objetivos de equidad”. En primer lugar, habría que definir qué se entiende por todas estas expresiones. Desde nuestro particular punto de vista, el proceso económico es uno de intercambios valorativos que buscan mejorar las posiciones relativas de las partes intervinientes en ellos en un momento ulterior al acto de intercambiar. Es posible que, entre algunos de los objetivos de esas personas una u otra busque mejorar la eficiencia locativa (la palabra alocativa utilizada por el autor citado no se encuentra reconocida por la Real Academia Española, de allí que debamos entender que ha querido referirse a lo “locativo” en relación concreta a una ubicación física, aunque el citado no es claro en cuanto a quién o quiénes serían los que -en su pensar- buscarían esa “eficiencia locativa”.

Idéntica acotación habría de hacerse en cuanto al supuesto “logro de los objetivos de equidad”. Todos estos términos y conceptos son hartamente opinables. Esencialmente, porque conforman en sí mismos valoraciones enteramente subjetivas, que incluyen, por supuesto, los juicios subjetivos de valor que introduce el propio autor en comentario.

Por último, aunque no menos importante, también habría que definir el alcance del concepto del vocablo gobernabilidad, sobre el cual nosotros ya hemos emitido opinión[2]. Lamentablemente, el autor que ahora estamos analizando no se expide con claridad en qué sentido está usando esta palabra. Pero del contexto de su exposición parece creer que existe una suerte de gobernabilidad democrática en distinción de otra de signo autoritario o hegemónico (como expresa en una nota introducida en la página 299 de la obra que explicamos). Como ya expusimos, lo común es que por “gobernabilidad” se conciba aquella situación en la cual “A” ejerce el mando (control, dirección, etc.) sobre “B”.

Si a lo que el autor que ahora examinamos quiere referir es a la gobernabilidad ejercida por el cuerpo político sobre el resto del pueblo, no podremos, en modo alguno, estar de acuerdo con el aquel.  Pero si, en cambio, quiere aludir a lo que nosotros llamamos democracia liberal y republicana conforme la hemos definido en el artículo citado[3] coincidiremos. En suma, y para concluir este punto, si la gobernabilidad de la que se habla, y si el proceso económico mencionado en la cita, es producto de un proceso político liberal republicano democrático, en este supuesto, si podremos llegar a un acuerdo con el autor. En caso contrario, no.

“El segundo, el proceso político que busca vincular a los ciudadanos con las decisiones públicas colectivas y dar a éstas legitimidad y capacidad de ser cumplidas. Estos dos procesos dependen el uno del otro”.[4]

Aquí tenemos otro párrafo difícil que intentaremos de ir desentrañando en la medida que nos resulte posible.

Lo primero que se advierte en la redacción es el empleo (hasta un cierto punto abusivo) de un lenguaje hipostático. Así, se habla de un “proceso político” como si este fuera una entidad autónoma, con vida, voluntad y decisión propia. Nótese que se sugiere a aquel como que “busca vincular a los ciudadanos…”, “dar a éstas legitimidad y…”. Parece olvidarse -o directamente negarse- que cualquier proceso político involucra necesariamente a personas concretas humanas, cada una de ellas con proyectos y voliciones distintas que no pueden subsumirse (ni menos aun reducirse) a la de ningún ente autónomo que carezca de existencia real, visible y audible. A la inversa, el proceso político es el resultado de ciudadanos que, en forma individual, lo crean, adoptando esas personas concretas decisiones individuales que, sumadas, proporcionarán como resultado lo que el autor citado da en denominar “decisiones públicas colectivas” con todo lo recusable que implica esta última fórmula verbal.

También discrepamos en cuanto a la relación de dependencia que el ensayista otorga a ambos procesos.

Desde nuestra visión, el proceso político depende del económico, hallando que este último sirve de marco-base de aquel. Toda relación humana, en definitiva, está asentada operativamente en un conjunto de interacciones que son posibles en un previo contexto económico. Recordemos que, para tal decir, seguimos la definición de economía adoptada por la Escuela Austríaca de Economía, que sostiene por tal la acción de elegir, optar, preferir una cosa en lugar de otra. Y que no se reduce exclusivamente a los aspectos crematísticos con los cuales se identifican todas las demás definiciones de economía, que difieren de la concepción de esta original escuela del pensamiento económico.

En un sentido mucho más amplio, diremos que todos los procesos sociales están enmarcados en uno previo (y mucho más amplio) de índole económica que, a su turno, puede ser cataláctico o praxeológico.

“Es imposible mejorar significativamente la eficiencia económica si no hay un interés real de la comunidad local para obtener ese objetivo. Y no habrá desarrollo político significativo a nivel local si la comunidad no encuentra que es de su interés real el participar activamente en ese proceso. Mientras la comunidad no participe, simultáneamente, en el proceso económico y en el proceso político no habrá mayor gobernabilidad, definida ésta como la capacidad de la comunidad para resolver sus problemas, tomando decisiones públicas colectivas y supervisando la ejecución de esas decisiones”[5].

Nuevamente, topamos con otro giro hipostático. Como ya expresáramos tantas veces, la comunidad no tiene ni puede poseer intereses como tal, ni reales ni de ninguna otra clase, por las mismas razones dadas antes y siempre. La “comunidad”, como cualquier otra palabra que designe a un ente colectivo, no es susceptible de ser titular ni portadora de intereses, o de cualquier otro proceso volitivo. Solamente a los individuos que la componen les es posible ello, ya que -por definición- una comunidad es tal en tanto y en cuanto esté constituida por individuos (de lo contrario no habría existiendo “comunidad” alguna).

Otra expresión enigmática consiste en la de “desarrollo político”. Esto puede interpretarse de muchas maneras posibles. Pero, dada la orientación que el autor parece suministrar a su texto, aparentemente deberíamos derivar que quiere indicar un desarrollo de tipo democrático. Pero, si esto es así, echamos de ver que, si los ciudadanos que conforman esa comunidad no encuentran ellos de su interés participar en un “desarrollo” de tal naturaleza, es porque sus inclinaciones no van en esa dirección, sino en otra, que bien podría ser una contraria.

[1] Eduardo Wiesner. “La economía neoinstitucional, la descentralización y la gobernabilidad local”. Capítulo VI, en Rolf Lüders-Luis Rubio-Editores. Estado y economía en América Latina. Por un gobierno efectivo en la época actual. CINDE CIDAC, pág. 325

[2] Ver mi nota En torno a la “gobernabilidad”

[3] Ver mi nota En torno a la “gobernabilidad”

[4] Eduardo Wiesner. “La economía neoinstitucional, la descentralización y la gobernabilidad local”. Capítulo VI, en Ludes-Rubio, …Ob. Cit. Pág. 325

[5] Eduardo Wiesner. “La economía neoinstitucional, la descentralización y la gobernabilidad local”. Capítulo VI, en Ludes-Rubio, …Ob. Cit. Pág. 325.

 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Sistema de salud cubano: Una mentira forrada en propaganda

Por Belén Marty: Publicado el 30/9/15 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2015/09/30/sistema-de-salud-cubano-una-mentira-forrada-en-propaganda/#.Vgw67QUmk98

 

La visita a un hospital en una zona no turística de La Habana desmorona el mito comunista de la “calidad universal” del sistema de salud cubano

 

cuba

Los hospitales de La Habana se caen a pedazos. Literalmente. Se cae también con ello el discurso propagandístico de la elite castrista sobre las bondades del sistema de salud cubano, apenas piso los primeros escalones de la guardia de un hospital en el barrio (no turístico) de San Miguel en La Habana.

Entro vestida como cubana y con la recomendación de no hablar; mi acento argentino me iba a delatar apenas dijera “hola”. Un disidente y miembro del Partido Unión Patriótica de Cuba (Unpacu) me acompaña. El será mi guía y mi mentor en este viaje al corazón de la medicina comunista.

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Cuando entramos, a las 22 horas de un sábado cualquiera, tres de los cuatro pisos del hospital —uno de los 270 que hay en el país— no estaban funcionando por el horario. Solo estaba habilitada la zona de urgencias.

“Hace cuatro horas que estamos esperando la ambulancia”, grita un cubano a quien, vestido de verde, pareciera ser un médico. Lo escucho mientras me siento en la única hilera con cuatro asientos de plástico en la sala de espera. Mi amigo permanece inmóvil y me hace una seña para que permanezca en silencio y para que escuche los comentarios de los pacientes y sus familiares.

Pasan 20 minutos y todo seguía igual. El hombre que había gritado, permanecía al lado de su madre, tendida en una camilla improvisada, ya cada vez menos paciente. Parecían dos personajes de la obra Esperando a Godot.

El ambiente bien podría simular un campamento sanitario por la falta de equipamiento médico básico.

Me levanto para seguir recorriendo el establecimiento sanitario. Dos enfermeras me miran pero no dicen nada, mientras entramos a la parte que alberga a los pacientes más críticos. Allí comienza el área con aire acondicionado.

Mi acompañante —que vive de manejar un taxi para cubanos, con un recorrido fijo por las calles de La Habana— me indica que todos los médicos presentes estaban todavía en la escuela. Los miro y ninguno de ellos superaba  los 25 años. De todas maneras, no teníamos forma de corroborarlo.

Los familiares, como camilleros. (PanAm Post)

El único baño disponible en el hospital tenía un solo inodoro, la puerta no cerraba —había que hacer sus necesidades a la vista de todos—, no había papel higiénico y estaba totalmente sucio y antihigiénico.

Los cubos de basura de la sala tenían a simple vista residuos biológicos. Las camas estaban sin sábanas, y con un suero colgante como única tecnología. Los carteles de los consultorios estaban escritos a mano. Fuera de ellos, unas cuatro personas en cada uno. La espera mínima, de unas tres horas.

No vi camilleros. Llega otro hijo con su madre, empujándole la camilla, y se queda esperando al lado de los pacientes que a su vez, esperaban la ambulancia.

Las bondades del sistema

El sistema de salud cubano depende del Ministerio de Salud Pública, quien se encarga de centralizar la política pública sanitaria en el país. El sistema, gratuito para los cubanos, ha sido siempre utilizado por el régimen castrista como propaganda del régimen.

“La garantía de atención médica gratuita a toda la población cubana se convirtió desde los primeros momentos del triunfo de la Revolución en uno de los paradigmas sociales fundamentales. Esto se corresponde con la esencia humanista y de justicia social que caracteriza a nuestro proceso revolucionario”, precisa Granma, el medio del Partido Comunista, en uno de sus artículos.

 

https://soundcloud.com/panampost/que-se-terminen-las-mentiras-en-cuba

 

Cuba está, además, calificada año tras año por organismos como la Unicef como un país desarrollado por sus bajos índices de mortalidad infantil.

El gasto total en salud como porcentaje del PIB en Cuba es del 8,8%. En la región, Argentina invierte 7,3 por ciento, y Estados Unidos, 17,1%, mientras Canadá destina un 10 por ciento, según datos del Banco Mundial para el período 2010-2014. En estos países, sin embargo, a diferencia de Cuba, la estimación incluye tanto inversión pública como privada.

“La garantía de atención médica gratuita a toda la población cubana se convirtió desde los primeros momentos del triunfo de la Revolución en uno de los paradigmas sociales fundamentales. Esto se corresponde con la esencia humanista y de justicia social que caracteriza a nuestro proceso revolucionario”, explican desde Granma.

Las bandejas con restos de comida. (PanAm Post)

El cineasta Michel Moore en 2007 publicó un documental en el que ciudadanos estadounidenses visitaban Cuba para una atención gratuita en salud. En el film aclara que a los protagonistas se les presta atención de la misma calidad que a cualquier ciudadano cubano de a pie.

“La única cosa que los cubanos sí tienen es un servicio universal gratuito de salud. Son conocidos en el mundo entero por tener no solo uno de los mejores sistemas de salud universales, sino también por ser un país generoso en proveer médicos y equipos a países del Tercer Mundo”, explica Moore en su película Sicko.

Yilian Jiménez Expósito, directora general de la Comercializadora Servicios Médicos Cubanos, destacó en una entrevista con Granma que “el secreto es el resultado de un médico formado en un sistema socialista, don­de nunca se ve al paciente como una mercancía o un cliente; donde cada ciudadano tiene el derecho a la cobertura de salud desde que nace hasta que muere, sin distinciones”.

Por su parte, Hilda Molina, neurocirujana devenida en opositora al régimen, sostuvo que el sistema de salud es totalmente controlado por el Estado. Es decir, se eliminaron las modalidades de medicina privada y cualquier otra organización independiente.

Cubanos entrando con todo tipo productos al hospital. (PanAm Post)

“Estas arbitrarias medidas, además de sus múltiples implicaciones negativas, tuvieron nefastas consecuencias desde el punto de vista ético: se sustituyó la sagrada relación médico-paciente, por una impersonal relación Estado-paciente. Cuando los enfermos están obligados a atenderse con los médicos y en los centros que decide el Gobierno, sin otras opciones, viven consciente o inconscientemente inmersos en una angustiosa sensación de inseguridad”, advirtió la médica cubana.

Indicó asimismo que el sistema de salud es absolutamente politizado: “jamás el régimen comunista ha garantizado a los que habitamos esta isla, ni igualdad ni equidad en lo que a servicios médicos se refiere. La élite gobernante, sus familiares, amigos y protegidos, han recibido siempre una atención diferenciada, superior a la de la población”.

Me retiro de aquel hospital luego de un par de horas de observación. Ya en la calle alcanzo a preguntarle a mi amigo cubano qué era lo que un grupo de personas estaban llevando en sus manos al ingresar al edificio.

Me dice: “Bueno, chica, que quieres, se traen todo porque allí no les dan nada. Almohadas, sábanas, medicamentos. Qué más: todo”.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

Estudio responsabiliza a deformación del lenguaje del declive del liberalismo clásico

Por Belén Marty: Publicado el 9/7/14 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2014/07/09/estudio-responsabiliza-a-deformacion-del-lenguaje-del-declive-del-liberalismo-clasico/

 

“Permitiendo a cada hombre perseguir su propio interés, a su manera, bajo la noción liberal de la igualdad, la libertad y la justicia”, decía Adam Smith. Pero, ¿las palabras libertad, igualdad y justicia significan hoy lo mismo que a finales del siglo XIX? Daniel Klein, profesor de economía de la George Mason University, lanzó ayer en conjunto con el Instituto Adam Smith el sitio web Lenguaje perdido, Liberalismo perdido (Lost Language, Lost Liberalism o 4L) para abordar el alcance de los cambios semánticos de estos conceptos en relación con el declive en la popularidad del liberalismo clásico.

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4L busca desentrañar el camino de la transformación que sufrió el discurso occidental especialmente entre 1880 y 1940. Desde el análisis de la evolución semántica de palabras claves como “liberal” (hoy en América del Norte este término alude a un “progresista”), “equidad”, “justicia” y “libertad”, el sitio web analiza con cuadros comparativos y evolutivos cómo el término fue modificando su sentido a lo largo de los años y en qué períodos se utilizaron con mayor frecuencia esas palabras. Por ejemplo, la palabra democracia—explica 4L—evolucionó hasta tener las miles de facetas que tiene ahora, pero tuvo su pico en menciones alrededor de 1945.

Los términos derechosigualdadpropiedad, o contratos, acuñados a finales del siglo XIX, guardaban el significado del arco clásico del liberalismo. Sin embargo, con el tiempo, su significado mutó hacia nociones colectivistas que favorecen un mayor rol del Estado, particularmente en cuanto a los asuntos sociales.

Según la investigación, el cambio fue impulsado principalmente por las nuevas generaciones que comenzaron a utilizar las viejas palabras pero con un nuevo capital simbólico.

Asimismo, la iniciativa describe que hubo autores colectivistas que le fueron “robando” el significado original a estos términos. Mientras algunos hacían alarde de esta innovación, otros rechazaron estas mutaciones semánticas. En el sitio web puede verse el debate de estas batallas lingüísticas.

“En Estados Unidos, la corriente principal de la cultura política —representada por, entre otras, las escuelas infantiles, colegios y universidades, otras instituciones gubernamentales, así como la mayor parte de los grandes medios de comunicación— no encuentra tracción en ideas y argumentos más profundos. Metafóricamente hablando, son cómplices de una gran traición que se remonta más de 100 años. Lo que se ha traicionado es, como decía Smith, ‘el plan liberal de la igualdad, la libertad y la justicia’”, cita el sitio en su introducción.

Ricardo Avelar, politólogo de la Universidad Francisco Marroquín, sostiene que “la batalla semántica es importantísima para quienes creemos en la libertad. Hay principios tan profundos y su contenido es vaciado cuando se prostituyen estas palabras.” Para Avelar, “los gobiernos populistas hablan de libertades, cuando realmente son ellos quienes quieren administrar para qué es libre un ciudadano”.

Libertad y justicia, dos de los términos redefinidos por los colectivistas

El sentido clásico de la palabra libertad, según describen en 4L, es el hecho de que otros no interfieran en tu vida (la libertad como contracara de la justicia) comprendida desde el punto de vista de un concepto de propiedad atomista e individualista. Por el contrario, en el sentido actual puede entenderse como una política estatal activa, o como los derechos establecidos por el gobierno (las “libertades civiles”).

“Obviamente, un individuo no va a entender el valor profundo de la libertad si cuando se la han vendido se la vendieron mal, limitada, sujeta al capricho de un político”, concluye Avelar.

Lo mismo sucede con justicia. La palabra original estaba relacionada con la abstención de violar la propiedad de otras personas mientras que hoy, dada su evolución, se condice con el término de justicia social con un sentido distributivo, cercano a la noción de la propiedad colectiva.

La batalla por recuperar los términos originales

Para Klein hoy estamos todavía atrapados en la turbulencia de estos cambios y debemos recobrar el significado y la cultura del liberalismo original. Para entender donde está parado el liberalismo, la clave está —sostiene el académico— en aproximarnos a las palabras y analizar su evolución semántica.

Mediante una profunda investigación de la situación actual, el docente invita a todos los defensores del liberalismo clásico a comenzar con la difusión del conocimiento de los significados originales para luego convertirlo en temas de discusión.

“Las personas deciden cómo se usa la semántica en la práctica. Tenemos que abordar a la gente y decirle: ¿Usted ha pensado en la semántica que usted practica cuando habla o escribe? Una vez que despertemos a la gente, van a poder ver la importancia de la semántica y empezar a pensar en ello”, le comentó Klein a PanAm Post.

Según explica el académico en sus reflexiones, hoy los conceptos de libertad y justicia son gran tabú en la arena socialista y colectivista, pero a pesar del sabotaje del que son víctimas diariamente, les es muy difícil socavar del todo el concepto original.

“Nuestra cultura no ha arrancado del todo los principios de la libertad; nuestra civilización no es una masa amorfa sin espinas. Pero es realmente una verdadera pena lo que se ha debilitado la espina dorsal de la civilización liberal, que ha sido fracturada y abusada”, concluyó.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.