LA IMPORTANCIA DE LOS CONTRATOS

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Uno de los pilares de mayor peso en la sociedad abierta consiste en las relaciones contractuales. Desde que nos levantamos a la mañana se hacen patentes los contratos: abrimos la heladera, usamos el microondas, engullimos mermelada, tostadas y queso que son todos fruto de contratos de compra-venta. Tomamos un colectivo (contrato de transporte), llevamos a nuestros hijos al colegio (contrato de educación), si voy en el automóvil al trabajo cargo nafta (contrato de compra-venta de energía), lo dejo en una playa de estacionamiento (contrato de locación), llego al trabajo (contrato laboral), voy al banco (contrato de depósito) o solicito un crédito (contrato de mutuo), concedo una garantía (contrato de fianza), entrego una suma de dinero a una Fundación (contrato de donación), encargo aun funcionario que gestione un trámite (mandato) etc.

 

El contrato presupone la propiedad ya que significa intercambio de valores entre las partes para lo cual usan y disponen de lo propio o por encargo de terceros. Depende del valor de que se trate, el contrato puede ser escrito o tácito (de adhesión como, por ejemplo, cuando se adquiere un boleto en el subterráneo o una entrada al cine se presupone que la contrapartida del contrato es prestar el servicio correspondiente.

 

Como la característica medular de los bienes económicos es su escasez, es decir, no hay para todos, de lo contrario no serían bienes económicos y, como el aire, en este planeta en este momento simplemente se usa sin que se pague precio alguno. La propiedad y el precio son términos correlativos. No hay lo uno sin lo otro. Donde se ha abolido la propiedad no hay precios y, por ende, no hay posibilidad alguna de contabilidad ni evaluación de proyectos, situación que consecuentemente no permite saber cual es el estado de la economía: cuanto se consume de capital.

 

El respeto al contrato permite la civilización, la cual se ha derrumbado cada vez que los megalómanos de turno la han emprendido contra esta institución vital. En realidad, dejando de lado las horribles masacres, la falta de respeto al contrato explica la caída del Muro de la Vergüenza en Berlín: el caos económico que siempre repercute sobre aspectos cruciales de lo social.

 

Vía la asignación de derechos de propiedad,  las diferencias patrimoniales se van estableciendo según sean las votaciones diarias en el supermercado y afines. Como se ha reiterado tantas veces, el que da en la tecla sobre los gustos de su prójimo obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. Las posiciones patrimoniales no son irrevocables, antes al contrario proceden de los gustos y preferencias del consumidor. Este proceso permite optimizar las tasas de capitalización que son la única causa de la elevación en el nivel de vida de la gente, muy especialmente de los más necesitados.

 

Por supuesto que este proceso no ocurre cuando operan pseudoempresarios que viene a expensas de los demás quienes son explotados por quienes acrecientan sus fortunas no por servir mejor a su prójimo sino merced a los privilegios que le otorga el poder de turno en un intercambio de favores siempre trubio.

 

En la medida en que los aparatos estatales intervienen en el mercado, en esa media se deteriora el contrato y, por tanto, necesariamente se va perdiendo el rumbo de la economía puesto que los operadores no cuentan con la información que se requiere para invertir o desinvertir en las distintas áreas.

 

Debilitar el contrato definitivamente destruye incentivos al atacar el derecho de propiedad. Por ejemplo, si no se asignan derechos de propiedad en un edificio los que viven allí actuarán en línea con “la tragedia de los comunes”, es decir, como lo que es de todos no es de nadie, habrá conflictos sin resolver entre los que habitan ese edificio (incluso los modales serán poco corteses e incluso la basura se tratará de modo muy poco conveniente en cuyo contexto todos se echarán la culpa recíprocamente y se tenderá a que nadie asuma costos al pretender ser free-rider del vecino). Sin embargo, si cada uno tiene su propiedad, el titular cuidará de lo suyo con esmero y, a menos que se trate de un ladrón para lo cual hay otras soluciones, no se inmiscuirá en lo ajeno e intentará lograr un clima de concordia.

 

El derecho de propiedad y, por tanto el cumplimiento del contrato son inseparables de la justicia ya que su definición clásica es el “dar a cada uno lo suyo” y también inseparable de la libertad ya que de este modo cada uno puede elegir como proceder con el fruto de su trabajo.

 

Varias son las teorías que atentan abiertamente contra la propiedad y los contratos. En primer lugar, la llamada teoría del “abuso del derecho” lo cual constituye una logomaquia ya que un mismo acto no puede ser simultáneamente conforme y contrario al derecho. Como ha dicho M. Planiol el abuso comienza cuando termina el derecho. M.A. Risolía a su vez subraya la peligrosidad de otorgar al juez la facultad de distinguir un abuso dentro de la misma regulación jurídica.

 

La teoría de “la lesión” está también en línea con el llamado “abuso del derecho” suponiendo una posible lesión aun dentro de la norma vigente (en todo caso si esto fuera así habría que sustituirla por otra norma a través del Poder Legislativo pero no otorgar al juez la posibilidad de modificar de facto la ley) y, a su vez, la teoría de “la imprevisión” difiere de la lesión respecto a la temporalidad (la lesión se juzga al momento de celebrarse el contrato, mientras que la imprevisión en un momento futuro porque una de las partes no previó lo que iba a ocurrir). J. A. Bibiloni ha escrito en este sentido que “no hay sociedad posible si por circunstancias no previstas se pretende resarcimiento. El contrato exige que el deudor respete sus compromisos, arruinándose si fuera necesario”.

 

En cuarto lugar, la teoría del “enriquecimiento ilícito” no en el sentido de quien se enriqueció con el fraude lo cual debe ser castigado sino en un sentido bien diferente: el que se enriqueció más allá de lo que el juez arbitrariamente considera excede “lo razonable”, situación que ignora el sentido mismo del contrato.

 

Finalmente, la novel teoría de “la penetración” por la que se sostiene que los accionistas de una sociedad anónima son responsables con sus bienes, respondiendo por los actos de la empresa de la que son copropietarios. Se consideran solidaria e ilimitadamente responsables por los actos de las personas de existencia ideal que han emitido los títulos, lo cual de hecho extingue la personería jurídica de las sociedades anónimas.

 

De más está decir que cuando nos referimos al derecho de cada cual no estamos aludiendo a la supuesta facultad de saquear al vecino, lo cual lamentablemente hoy día en no pocos lares estos pillajes se conocen como “nuevos derechos”, situación, claro está, que significa pretender un pseudoderecho contra el derecho, es decir, de arremeter contra el bolsillo del prójimo con el apoyo del aparato estatal. En otros términos, cuando se concluye que el sentido del monopolio de la fuerza es para garantizar y proteger derechos de los gobernados se alude principalmente al derecho de propiedad comenzando por el propio cuerpo, la libertad de expresar el propio pensamiento y el uso y disposición de lo adquirido lícitamente a través de contratos implícitos o escritos al efecto de intercambiar valores libre y voluntariamente entre las partes.

 

Antes he escrito parcialmente sobre lo que sigue pero ilustra nuestro tema de hoy. Cuenta Paul Johnson que le informaron a Jorge iv que su peor enemigo había muerto, “¿no me diga que finalmente ha muerto Carolina?” interrogó sorprendido el rey (aludiendo a su mujer, por lo menos oficialmente) a lo que el informante respondió “No su majestad, ha muerto Napoleón”. He aquí un malentendido. Salvo contadas excepciones parecería que estamos metidos hasta el tuétano en un tejido espeso de malos entendidos y conversaciones entre sordos. El segundero pasa rápido y no tenemos siete vidas como los gatos. ¿Estaremos destinados a repetir lo mismo ad nauseam una y otra vez? Si fueran errores, pero por lo menos nuevos, tendría la ventaja de generar debates que estimulan la imaginación. Pero repetir y repetir produce bostezos que entumecen al más despabilado e inquieto de los mortales. Siempre entre la ciénaga de la corrupción y los manotazos estatistas de los gobiernos que bajo una u otra etiqueta hacen más o menos lo mismo con distintas modalidades y modales.

 

Es que no hay magias. Seguramente sería atractivo que los problemas se pudieran arreglar con la mera expresión de deseos y con el decreto o decretazo. Pero, lamentablemente, las cosas no son así. Existen nexos causales que no pueden ignorarse sin pagar un precio muy alto. Rompiendo el termómetro no se baja la temperatura. Hay que tomarse el asunto con calma y analizar las causas de los males con un poco mas de enjundia. Subas incesantes en el gasto público, astronómicos incrementos en la deuda gubernamental y déficit fiscal incontenible, en el contexto de la degradación de organismos de contralor, “robos para la corona”, corrupciones de toda índole y una agraviante farandulización. Esto y no un movimiento mecánico explica las vueltas del péndulo. Afortunadamente hay signos de una revitalización de la justicia en diversos lares,  es de esperar que se confirmen para no limitarnos a repetir aquello de la herencia recibida.

 

Cuando éramos niños, nos han preguntado muchas veces “¿quiere que le cuente el cuento del gallo pelado?”. Si uno respondía “bueno” nos decían “No le digo que diga bueno, le pregunto si quiere que le cuente el cuento del gallo pelado”. Cuando uno replicaba “si” para introducir una variante, el interlocutor insistía “No le digo que diga si, pregunto si quiere que le cuente el cuento del gallo pelado” y así sucesivamente, no había forma de entrarle al asunto. No había diálogo posible. Esto está pasando hoy. Al repetir recetas anacrónicas y perimidas estamos contándonos el cuento del gallo pelado. Hay que salir de la trampa y retomar sendas que han dado resultado y que nos sacarán de encima el pesado lastre que llevamos. No está a nuestro alcance corregir los acontecimientos alejados, pero por lo menos pongamos un poco de entusiasmo para enmendar lo que tenemos a la mano. Como escribió Einstein “los problemas no pueden resolverse con quienes los han creado”.

 

Un modo de comenzar a revertir nuestros problemas consiste en respetar los contratos, lo cual conlleva otras consideraciones vitales para el futuro de la sociedad libre.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

El corrupto progresismo

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 20/6/16 en: http://economiaparatodos.net/el-corrupto-progresismo/

 

Si algo tenemos que aprender los argentinos de estos 12 oprobiosos años de kirchnerismo, es a desconfiar de todos aquellos que prometan utilizar el estado para implementar planes “sociales”

Seguramente los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández pasarán a la historia como uno de los más corruptos de la historia argentina. Es puro verso eso de que con Néstor hubiese sido diferente. Néstor Kirchner fue el que armó toda la arquitectura para transformar el aparato estatal en un sistema de represión y persecución de quienes pensaban diferentes, y también construyó un sistema de corrupción como nunca se había visto, al menos en la Argentina contemporánea.

Si algo tenemos que aprender los argentinos de estos 12 oprobiosos años de kirchnerismo, es a desconfiar de todos aquellos que prometan utilizar el estado para implementar planes “sociales”, y regular la economía en beneficio de la sociedad.

Tampoco es casualidad que el gasto público haya llegado a niveles récord. El gasto público fue la fuente de corrupción que permitió implementar el latrocinio más grande que pueda recordarse de la historia económica para que unos pocos jerarcas k engrosaran guarangamente sus bolsillos al tiempo que hundían a la población en uno de los períodos de pobreza más profundos.

Con el argumento de la solidaridad social se lograron varios objetivos simultáneamente: 1) manejar un monumental presupuesto “social” que dio lugar a los más variados actos de corrupción (sueños compartidos, Milagro Sala, etc.) 2) crear una gran base de clientelismo político para asegurarse un piso de votos. O me votás o perdés el subsidio. Como la democracia se transformó en una carrera populista, el reparto de subsidios sociales se transformó en una base electoral importante, 3) crear millones de puestos de “trabajo” a nivel nacional, provincial y municipal para tener otra base de votos cautivos. O me votas o perdés el trabajo y 4) una economía hiper regulada por la cual para poder realizar cualquier actividad el estado exige infinidad de formularios y aprobaciones de diferentes departamentos estatales. Estas regulaciones no tienen como función defender al consumidor como suele decirse, sino que el objetivo es poner barreras burocráticas a los que producen para forzarlos a pagar coimas para poder seguir avanzando produciendo. Un ejercicio al respecto lo hizo hace años Hernando de Soto, en Perú y se plasmó en el libro El Otro Sendero. La idea era ver cómo la burocracia peruana iba frenando toda iniciativa privada con el fin de coimear.

Manejar miles de millones de dólares en gasto público, encima manejarlos bajo la ley de emergencia económica que permite reasignar partidas presupuestarias por DNU sin que se discuta en el Congreso el uso de los fondos públicos, es el camino perfecto para disponer de abundantes fondos para el enriquecimiento ilícito.

La clave de todo el proceso de corrupción pasa, por un lado, por denostar la libre iniciativa privada y enaltecer a los “iluminados” políticos y burócratas que dicen saber elegir mejor que la misma gente qué le conviene a cada uno de nosotros. Ellos son seres superiores que tienen que decidir por nosotros.

Establecida esa supuesta superioridad del burócrata y del político en términos de qué, cuánto y a qué precios hay que producir y establecida la “superioridad” moral de los políticos sobre el resto de los humanos auto otorgándose el monopolio de la benevolencia, se arma el combo perfecto para regular la economía y coimear, llevar el gasto público con sentido progresista hasta niveles insospechados para construir el clientelismo político y la correspondiente caja y corrupción.

Quienes de buena fe dicen aplicar política progresistas no advierten que ese supuesto progresismo es el uso indiscriminado de fondos públicos que dan lugar a todo tipo de actos de corrupción. En el fondo es como si dijeran: no es malo el modelo kirchnerista, el problema no son las políticas sociales que aplicaron, que son buenas, sino que ellos son corruptos. Esto limita el debate a simplemente decir: el país no funciona porque los kirchneristas son corruptos y nosotros somos honestos.

Mi punto es que el debate no pasa por decir, ellos son malos y nosotros somos buenos, por lo tanto, haciendo lo mismo, nosotros vamos a tener éxito y ellos no porque nosotros somos honestos. El debate pasa por mostrar que el progresismo no solo es ineficiente como manera de administrar y construir un país, sino que además crea todas las condiciones necesarias para construir grandes bolsones de corrupción. El progresismo es el caldo de cultivo para la corrupción.

Por eso no me convence el argumento que el cambio viene con una mejor administración. Eso podría ocurrir si tuviésemos un estado que utiliza el monopolio de la fuerza solo para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. En ese caso, solo habría que administrar unos pocos recursos para cumplir con las funciones básicas del estado.

Ahora si el estado va usar el monopolio de la fuerza para redistribuir compulsivamente los ingresos, para declarar arbitrariamente ganadores y perdedores en la economía y para manejar monumentales presupuestos, entonces caemos en el error de creer que alguien puede administrar eficientemente un sistema corrupto e ineficiente.

En síntesis, el verdadero cambio no consiste en administrar mejor un sistema ineficiente y corrupto. El verdadero cambio pasa por terminar con ese “progresismo” con sentido “social” que es corrupto por definición y ensayar con la libertad, que al limitar el poder del estado, limita el campo de corrupción en el que pueden incurrir los políticos. Además de ser superior en términos de crecimiento económico, distribución el ingreso y calidad de vida de la población.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Curioso resultado de una encuesta

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 5/6/16 en: http://economiaparatodos.net/curioso-resultado-de-una-encuesta/

 

La gente identifica al PRO como un partido liberal cuando en rigor no lo es y se esfuerza por no parecerlo

La semana pasada hice una encuesta en Twitter donde tengo unos 41500 seguidores, formulando la siguiente pregunta: ¿Qué partido político cree Ud. que representa mejor las ideas de un mercado libre y un sistema republicano?

Las opciones que elegí como respuestas fueron: PRO, UCEDE (existe en Capital Federal), el Frente Renovador y Ninguno. La encuesta estuvo online 24 hs. y hubo 3.284 votos. El 52% votó por el PRO, el 17% por la UCEDE, el 2% por el Frente Renovador y Ninguno tuvo el 29% de los votos.

El dato curioso es que el PRO hace todos los esfuerzos por mostrar que no tiene nada que ver con el liberalismo ni con el libre mercado al punto de manifestarlo públicamente por medio de algunos de sus funcionarios como Federico Pinedo o el Jefe de Gabinete, Marcos Peña. Por otro lado, adopta medidas económicas que difícilmente pueden ser tomadas como de tendencia liberal, como pueden ser mantener precios cuidados, la no reforma del estado, el manejo del tipo de cambio vía la tasa de interés, el rechazo a privatizar empresas estatales o volver a un sistema de jubilación privado y los ejemplos pueden seguir.

Es importante aclarar que la mayoría de los que son mis seguidores en Twitter tienen algún pensamiento a fin al mío, con lo cual todo parece indicar que la mayoría tiende a identificar al PRO como algo que no es ni quiere serlo: un partido de orientación liberal.

Es curioso como la mayoría o casi todos los partidos políticos de Argentina rechazan las ideas del libre mercado pero, como dice mi amigo Pablo Torres Barthe, al momento de salir a buscar votos los políticos usan las herramientas de capitalismo. Venden su imagen, hacen encuestas de opinión sobre qué quiere la gente y que no quiere la gente. Encargan estudios de mercado para vender sus candidaturas como si fueran a vender algún detergente. En fin, están en contra del capitalismo pero usan sus herramientas para tratar de captar votos.

Pero otro dato no tan curioso es que hubiera algunos comentarios señalando a la UCEDE como un partido del cual habían salido Boudou, Massa y María Julia Alsogaray. Sin duda creo que la UCEDE quedó pegada al menemismo en los 90. Sin embargo, el mismo rigor que le aplican a la UCEDE parece no querer aplicárselo a otros partidos.

Por ejemplo, dentro del gobierno del PRO hay gente que viene del massismo como es el caso de Ricardo Delgado que actualmente ocupa el cargo de Subsecretario de Coordinación de la Obra Pública Federal en el ministerio del Interior. O Adrián Pérez que primero militó con Carrió y luego pasó al partido de Massa y ahora ocupa el cargo de Secretario de Asuntos Políticos e Institucionales del Ministerio del Interior en el gobierno del PRO. Se podrá o no coincidir con las ideas de Delgado y de Adrián Pérez, pero no veo la razón para dudar de la honestidad de ambos por venir del partido de Massa como si todos los que militaran en ese partido fueran delincuentes.

El mismo Alfonso Prat Gay, actual ministro de Hacienda, aceptó ser presidente del Banco Central bajo el gobierno de Duhalde, que devaluó, pesificó los depósitos y luego continuó continuo con Kirchner, un hombre con clara tendencia a la tiranía.

Además podemos llenar un voluminoso libro con gente que ha saltado de partido en partido o de gobierno en gobierno. Patricia Bullrich fue ministro de Trabajo en el gobierno de la Alianza o el mismo jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Rodríguez Larreta, también estuvo en el gobierno de la Alianza.

Diana Conti estuvo en el gobierno de De la Rúa. Pimpi Colombo, ex funcionaria ultra k, estuvo en la lista de candidatos de Domingo Cavallo, en Acción por la República. María Eugenia Estensoro, que luego fue senadora por la CC, fue candidata a diputada por el partido de Domingo Cavallo. Patricia Vaca Narvaja, funcionaria ultrak, fue candidata a diputada con la fórmula Menem-Ruckauf y podría llenar hojas y hojas sobre triples saltos mortales que dan los políticos para permanecer al calor del poder.

Tal vez este estado sobredimensionado, que no le presta ningún servicio al contribuyente al que esquilman y que todo lo traba con regulaciones corruptas es consecuencia de ver la política cómo una manera de hacer negocios personales y no como una tarea transitoria que consiste en administrar la cosa pública en una verdadera república.

Mi impresión es que esa desesperación que tienen en general los políticos por rechazar el liberalismo tiene mucho que ver con no perder el “negocio” de las empresas estatales, de las regulaciones que generan corrupción, de los subsidios que “compran” votos para llegar al poder. En su mayoría, no digo todos, los políticos rechazan el liberalismo porque es una ideología que desmantelaría el aparato de corrupción y opresión en que se ha transformado el estado. Les quitaría el “negocio” de los cargos públicos y de las coimas derivadas del gasto público. Hasta un intendente puede hacer fortunas cobrando coimas por cambiar el código de edificación de una zona de su partido para que, dónde pueden construirse 4 pisos se construyan 2 torres de 15 pisos sin importar el impacto ecológico, el abastecimiento de agua, electricidad y simple hecho de por dónde transitarán tantos autos.

Por el contrario, el discurso progresista cae simpático pero suele esconder la necesidad de manejar un estado gigantesco para poder repartir cargos públicos, coimear con autorizaciones para realizar cualquier tarea y robar con cada uno de los rubros del gasto público.

Es muy probable que algunas personas que se dedican a la política vean el estatismo, el intervencionismo y el distribucionismo como una manera de resolver los problemas de la gente. Es decir, tenga honestidad en su propuesta, pero a medida que va pasando el tiempo todo parece indicar que la política se ha transformado en un negocio muy rentable que necesita de gigantescos aparatos estatales y gasto público para sostener la legión de “colaboradores” que ayudan a llegar al poder.

Por eso creo que el liberalismo es detestado por la mayoría de la dirigencia política. Sencillamente porque si se aplicara una política liberal, se terminaría la política como negocio y los cargos públicos serían transitorios. Administrar por un tiempo la cosa pública y luego volver a su casa y a su negocio personal.

Cada vez me convenzo más que la Argentina no asiste a un debate de ideas de liberalismo versus progresismo, populismo e intervencionismo. El debate de fondo es terminar con la política como negocio personal o si se continúa usufructuando del poder.

El liberalismo terminaría con la política como negocio personal. El resto de las opciones, necesitan alimentarse de mucho aparato estatal y presupuesto para mantener su negocio. Esa es la diferencia entre liberalismo y el resto de las propuestas. El famoso cambiemos no es solo ser eficientes en la administración del estado. Es, fundamentalmente, un desafío ético para terminar con esta historia de tener a un estado que saquea a los particulares en nombre de justicia social, cuando en rigor lo único que buscan es el enriquecimiento ilícito de los que llegan al poder.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Kirchnerismo: balance de una década

Por Enrique Edmundo Aguilar. Publicado el 22/5/13 en http://www.elimparcial.es/america/kirchnerismo-balance-de-una-decada-123298.html

  El 25 de mayo se cumplirán diez años desde que Néstor Kirchner asumiera el gobierno habiendo obtenido apenas el 22 % de los votos. De entonces acá, nadie podría negar su capacidad para construir un poder inmenso, cuya acumulación fue paralela a un incremento patrimonial no menos notable que motivó en su momento una causa judicial dejada sin efecto, como era de esperar, por un juez acólito.

Dinero y poder: una alianza históricamente sospechada que, en el caso que nos ocupa, se cimienta sobre una estructura de corrupción que el crecimiento “a tasas chinas” de los primeros años, el precio de los commodities y la indiferencia de muchos mantuvieron semioculta sin que las denuncias del periodismo independiente la hubieran mínimamente debilitado.

A Néstor le sucedió su esposa, Cristina, que hoy, al promediar su segundo mandato, navega por aguas turbulentas. ¿Cómo ensayar un breve balance de esta década con la objetividad que sería deseable? Acontecimientos que son de dominio público y que tienen que ver, precisamente, con escándalos de corrupción dignos de película que comprometen los dos momentos nominales de esta era, el “kirchnerista” propiamente dicho y el “cristinista”, hacen difícil para más de un observador la tarea de rescatar logros, que los hubo (por ejemplo en materia de política social), alcanzados a tan alto costo y recurriendo incluso a métodos en un todo reñidos con la teoría y la práctica constitucionales.

Quizá, cuando los historiadores juzguen el día de mañana lo sucedido durante estos años, podrán identificar otros tantos elementos positivos que sirvan para emitir un juicio ecuánime y aun más benevolente que el que ahora prevalece dentro y fuera del país. Es que, con excepción de lo que pueda decirse en países amigos, como Venezuela o Irán, parece evidente que el grueso de la comunidad internacional participa de una desfavorable opinión hacia Cristina en particular pero también, en general, hacia el régimen político que ella misma y su difunto marido encarnaron. Un régimen que hizo caso omiso de compromisos internacionales, que se arroga el derecho de impartir al mundo lecciones de economía al tiempo que falsifica los índices de inflación y que a estas horas nos desayuna con un blanqueo de capitales mal habidos mientras la emprende vorazmente contra la propiedad de ciudadanos honestos y trabajadores.

Al poskirchnerismo le espera desarmar un enorme aparato clientelista y el montaje de una hegemonía política y cultural construida sin escrúpulos. Además, deberá ordenar la economía, restablecer la confianza de los ciudadanos y erigir de nuevo instituciones reducidas a escombros en nombre de un solo relato y una sucesión de caprichos. Menuda tarea, que es proporcional al daño infligido durante diez años.

 Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.