Austeridad y autoridad.

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 13/9/14 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/austeridad-y-autoridad/

 

A expensas del dato definitivo del porcentaje de deuda sobre el PIB, que conoceremos a fin de mes a través del INE, el monto de la deuda de las Administraciones Públicas en el segundo trimestre fue el mayor de toda la serie histórica, es decir, de prácticamente los últimos veinte años. Nada menos que 1,012 billones de euros. Su ritmo de crecimiento, sin embargo, ha disminuido.

Lo que nos han contado sobre la austeridad es básicamente ficción: las AA PP no han recortado mucho su gasto, y por eso pasan trimestre a trimestre a unas cifras mayores de endeudamiento, que, en el caso de las autonomías, llega a 228,2 miles de millones de euros: Cataluña lidera el pelotón dispendioso con casi 61,8 mm, muy por encima de las siguientes, que son Comunidad Valenciana (35 mm), Andalucía (26,5 mm) y la Comunidad de Madrid (25 mm).

Es habitual la indisciplina fiscal de las autonomías, y también la relativa contención de los ayuntamientos, aunque no es pequeña la deuda municipal de Madrid (6,9 mm), seis veces mayor que la ciudad siguiente, que es Barcelona con un endeudamiento de 1,0 mm.

Aunque el problema de la deuda de nuestro país es tanto privado como público, el desapalancamiento de los últimos tiempos lo ha protagonizado el sector privado. Y ¿por qué no lo ha acompañado el público?

La respuesta rápida es: porque el sector público puede, y la indisciplina fiscal es tanto mayor cuando más pueda: de ahí que haya más facilidades para las autonomías, facilidades que no dejan de aprovechar.

El mundo académico ha debatido mucho sobre qué limites tiene la expansión de la deuda soberana, teniendo en consideración variables como el crecimiento potencial o la moneda de denominación de sus títulos. El año pasado hubo un sonado escándalo por los errores cometidos por Reinhart y Rogoff a la hora de probar su tesis de que cuando la deuda pública supera el 90 % del PIB se registraba una apreciable caída en la tasa de crecimiento.

Independientemente del porcentaje exacto, parece claro que en las condiciones de España, con bajo crecimiento y una deuda denominado en una moneda que nuestras autoridades no controlan, no es que no sea aconsejable no hacer explotar la deuda pública: es que a las propias autoridades no les conviene, porque pasado cierto umbral el coste político en términos de mayores impuestos o reducción de algunos gastos para poder sufragar los de su servicio, supera la rentabilidad política del gasto efectuado, aumentado o mantenido gracias a dicho endeudamiento.

¿Autoridad = austeridad? Ojalá.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Democracia en venta

Por Carlos RODRÍGUEZ BRAUN Publicado el 04/10/2013 en: http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/33416/Democracia_en_venta

El autor se refiere al recientemente aparecido libro. “Democracia en Venta”, de la autora italiana Loretta Napoleoni:

Nos hemos ocupado en El Cultural del anterior éxito de la economista italiana Loretta Napoleoni (Roma,1955): Economía canalla (http://goo.gl/5s4D6). Vuelve ahora con otro, que también es un disparate, pero no carece de ton ni de son, porque todo apunta sistemáticamente a que la libertad es mala. Identifica el capitalismo occidental con el canibalismo, nada menos, y asegura que el pérfido euro “parece confirmar que también en la época posmoderna el capitalismo, para prosperar, sigue necesitando delinquir y ejercer la violencia”.

No espere usted ningún análisis del socialismo, ninguna comparación con lo que sucede cuando el capitalismo es aniquilado. Pero las alusiones son claras: aquí lo malo sobreviene tras la crisis del comunismo, porque el capitalismo “ha utilizado la Unión Europea para seguir creciendo de la única manera que sabe: con la violencia y la colonización”. Podía haber preguntado en muchos países de Europa cómo crece el socialismo. Pero no: su idea es probar que el liberalismo va contra la democracia, y eludir la ponderación del respeto a la democracia cuando no hay liberalismo. Es entretenida cuando dice, por ejemplo: “desde la caída del muro de Berlín, la idea de que un Estado deba mantenerse en pie mediante un sistema ininterrumpido de préstamos siempre se ha abierto camino”; desde la caída del Muro, no antes; le haría gracia a Felipe II. El papel lo aguanta todo: “hoy en día sólo tienen voz los países sin deudas”.

Asocia al euro con la libertad que detesta, sin percibir que ha venido asociado a un crecimiento del poder político; igual que lamenta que Europa esté arrasada por un curioso “liberalismo” que se traduce en impuestos cada vez más altos. Hay desvaríos insólitos como la alabanza de la prohibición de la usura, que hoy sólo mantienen, y de aquella manera, los regímenes islámicos; o inquietantes, como la identificación entre pueblo y Estado.Hay topicazos marxistas como que el trabajo es una mercancía, y fantasías comunistas basadas en las mismas falacias que tantas víctimas han ocasionado, tras la consigna de “derrocar la ecuación hombre = mercancía y subordinar la economía a las necesidades y exigencias de la población y no a las del mercado”. Semejantes dislates encajan con una teoría económica tan insolvente que le permite soltar perlas como las siguientes: “la calidad de nuestra vida está directamente relacionada con la capacidad del Estado para garantizar cierto nivel de servicios, lo cual sólo es posible con un gasto público adecuado…los principios de cooperación y de competencia son inconciliables…la comunidad crea bienestar mediante el gasto público”.

Y tras proclamar que la deuda podría resolverse utilizando las reservas de oro, pide salir del euro, como si ello constituyera el Bálsamo de Fierabrás: a ver si alguien le explica que si devaluar la moneda fuera la receta de la prosperidad, Argentina sería rica y Suiza paupérrima. Me ha gustado en particular su recomendación de “anexar al Estado entidades de control como el Banco Central, que deberá volver a manos públicas”, cuando la banca central no sólo es pública sino que es lo que más se parece a la planificación socialista.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

El gasto “social” europeo: ¿es sostenible en el tiempo?

Por Pablo Guido. Publicado el 27/11/12 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

Los datos oficiales muestran que para los 27 países miembros de la Unión Europea el gasto en protección social se lleva casi un 30% del PIB, en promedio. ¿Qué representan dichos gastos? El pago en pensiones, salud, vivienda, subsidios para grupos “desprotegidos”, etc. Si sumamos todos los gastos que realizan los gobiernos europeos llegaríamos a un promedio del 50% del PIB, aproximadamente. La pregunta que hace mucha gente es si este nivel de gastos es sostenible en el tiempo. Porque las dudas no sólo se encuentran en el futuro inmediato, sino fundamentalmente en el mediano y largo plazo. El punto es que los mayores gastos de los gobiernos hoy van a parar a las pensiones y los gastos de salud. Y, teniendo en cuenta que los principales “clientes” de dichos rubros son las personas de mayor edad, podemos predecir que dichos gastos tienden irremediablemente a subir. Excepto que las promesas de pago no se cumplan, es decir, que se les diga a la gente que lamentablemente van a tener que comenzar a ahorrar no sólo para su vejez sino también que tendrán que pagar gran parte de sus gastos de salud. Tarde o temprano esto va a suceder, ya que la carga tributaria y el nivel de endeudamiento no pueden subir al infinito para financiar este gasto creciente. La gran duda es si en el momento de la verdad, cuando los políticos les tengan que comunicar las malas nuevas a los votantes, cómo reaccionarán estos últimos. Claro que, como nos dice el Public Choice, los políticos tratarán de dilatar ese momento lo más que puedan: emitiendo dinero y cobrando el impuesto inflacionario, intentando gravar tributariamente a grupos minoritarios, endeudándose o realizando cambios marginales en los sistemas de pensiones (elevando la edad de retiro, por ejemplo) y de salud (estableciendo co-pagos en las prestaciones, por ejemplo).

La alternativa es generar un flujo de inversiones de tal magnitud que permita incrementar los niveles de productividad mucho más. De esta manera la recaudación tributaria crecería como consecuencia del aumento en la base tributaria. La duda es si con las restricciones actuales que existen hoy en Europa (altos impuestos, incertidumbre fiscal y monetaria, elevada deuda pública, amplias regulaciones en los mercados laborales) las inversiones fluirán en los montos necesarios en los próximos años.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

 

Boden 2012: el capítulo del default aún no está cerrado

Por Aldo Abram.  Publicado el 2/8/12 en: http://www.cronista.com/contenidos/2012/08/02/noticia_0107.html

El Gobierno ha tomado el pago del último cupón del Boden 2012 como un hito que marca el fin de la deuda dejada por el “corralito”. Lo primero que hay que aclarar es que el origen de estos títulos fue la “pesificación” de las deudas bancarias en dólares en 2002, que tuvo como contrapartida la de los depósitos en moneda extranjera, cuyos dueños pagaron la mayor parte del costo de dicho subsidio a los deudores.  

También, marca un paso más en el proceso de “desendeudamiento” del sector público nacional; que, más allá de los medios, cabe reconocer va a ser una herencia muy positiva para el país. 

Sin embargo, es interesante tener en cuenta que desde 2001 el Gobierno no ha tenido acceso fluido al mercado voluntario de crédito; lo que implica que aunque hubiera querido no hubiera podido refinanciar sus vencimientos. 

Esto tiene diversos motivos. En primer lugar, la reestructuración de la deuda en cesación de pagos fue exitosa en términos de la quita realizada; pero fue percibida (correctamente) por los inversores mundiales como una imposición unilateral y no como una negociación con los acreedores. 

Además, la intervención del Indec  para dibujar a la baja la inflación, implicó subestimar el CER y, por ende, estafar a los tenedores de títulos públicos en pesos que actualizaban por ese índice. Por último, más allá de la infinidad de declaraciones oficiales, no parece haber mucha voluntad de negociar para normalizar los pasivos con el Club de París que permanecen en cesación de pagos; lo que recién permitiría hablar de cerrar el capítulo del “default”. 

Si el Estado se “desendeudó”, debería significar que fue austero y logró ahorrar lo necesario para poder pagar lo que debía. Sin embargo, sobre todo desde 2006, la solvencia fiscal se tendió a diluir. Este proceso de incremento excesivo del gasto se potenció con la crisis internacional y luego con la necesidad de ganar las elecciones presidenciales (2010 y 2011). Entonces, si los recursos no alcanzaban a seguirle el “tren” a las erogaciones, ¿de dónde salió la plata para el “desendeudamiento”?  

Una parte menor surgió del financiamiento a tasas “licuables”, que no eran de mercado,  proveniente  del Banco Nación, el Fondo de Garantía de Sustentabilidad Previsional y otros organismos públicos. Pero fue el Banco Central el gran “proveedor” del Gobierno y, dado que los recursos no se lo dejó Papá Noel en el Arbolito de Navidad, debemos saber que lo aportamos todos los argentinos a través del altísimo impuesto inflacionario que hemos sufrido durante los últimos años. 

El Anses merece un análisis adicional, la eliminación del sistema de capitalización implicó transferirle ingentes recursos, que el Gobierno aprovechó para “cargarle” al organismo gastos que correspondía realizar con fondos de rentas generales (Asignación Universal por Hijo, moratoria previsional, etc.). Ahora, si midiéramos los pasivos netos que se están generando en el régimen de reparto por los compromisos jubilatorios asumidos con los actuales aportantes, no podríamos hablar de “desendeudamiento”; ya que le estamos dejando un gran problema a las futuras generaciones de contribuyentes que tendrán que enfrentar su segura quiebra. 

Cabe recordar que ya tuvimos un esquema similar que entró en crisis a finales de los ´80, porque sus fondos fueron despilfarrados de la misma forma que se hace actualmente; lo que permite prever que difícilmente tenga un final distinto.  

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Martín Krause: “Borges era un anarcocapitalista”

Entrevista publicada el 26/7/12 en: http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/internacional/martin-krause-borges-un-anarcocapitalista-20120720

Argentina tiene arreglo y existen otras soluciones a la crisis que no pasan por la salida del euro. Así de optimista se muestra Martín Krause, el economista más prestigioso de Argentina.

Toda una vida dedicada a la ciencia económica da para mucho. Martín Krause es, con diferencia, el mejor de los economistas argentinos y uno de los más reconocidos mundialmente. Es profesor de la Universidad de Buenos Aires, del prestigioso Eseade y del Swiss Management Center. Se encuentra actualmente en España impartiendo una serie de lecciones magistrales sobre economía en un momento en el que todo el país habla de eso.

  • Muchos comparan la situación de España actual con la de Argentina hace 50 años, ¿es acertada la comparación?

    Son dos casos distintos. En España, con todos los problemas que tiene, hay un mayor grado de institucionalidad del que tenía Argentina. Hay una cierta limitación al populismo que proviene de pertenecer a la Unión Europea. La Argentina podía cometer cualquier descalabro sin ningún tipo de disciplina externa. Podía, por ejemplo, emitir la cantidad de dinero que quisiera emitir, y el país terminó en hiperinflación. España no puede salir de la crisis vía emisión de moneda.

    Ahora bien, las raíces de la crisis son las mismas: crecimiento del gasto y endeudamiento. En nuestro caso la gran crisis del Estado bebía de tres factores: la quiebra del sistema público de pensiones, el déficit de las empresas estatales y la indisciplina absoluta de las provincias.

    ¿Debería salir España del euro?

    Sería una salida que no ataca el problema central, que es el de exceso de gasto. Ocasionaría la monetización de la deuda, y eso es una forma artificial de solucionar el problema. Es una forma menos visible de abordar el ajuste, pero igualmente cruda. Hay formas de salir de la crisis que no implican salir del euro.

    Los males que afligen a la zona euro son muchos, ¿cuál es para usted el peor de todos?

    Todo empezó con esa licencia que todos creyeron tener para gastar, pensando en que luego llegaría para salvarte el quinto regimiento de la caballería, en el último momento, cuando estás rodeado por los indios como en las películas de cowboys. Y esto comenzó con los países más importantes, los primeros que incumplieron los límites fijados en Maastricht fueron Francia y Alemania generando poca credibilidad en las normas.

    Es un problema de calidad institucional. Aunque pareciese que Europa tenía instituciones sólidas, la realidad es que no estaban. Si los grandes no lo cumplen, ¿por qué lo va a cumplir Grecia o cualquier otro? Y así empieza esa carrera de a mi lo que me interesa es gastar y endeudarme porque a la larga me van a rescatar. Y ahora hay que enfrentar el problema de que no hay para rescatarlos a todos.

    Argentina, su país, siempre ha tenido grandes pensadores liberales que ha combinado con los peores políticos del mundo, ¿por qué esa dualidad?

    Argentina ha tenido grandes intelectuales liberales, pero también grandes intelectuales socialistas. El progresismo intelectual siempre ha florecido en Argentina y controla el mundo cultural. El último gran liberal que tuvimos en ese campo, y que a la izquierda le costó muchísimo aceptar, fue Borges, que era un anarcocapitalista. Ellos no podían entender cómo la mayor estrella de la literatura nacional pudiera pensar de esa forma.
    Pero, por regla general, el mundillo cultural argentino siempre ha estado influenciado por el progresismo, que siempre ha mirado a Europa. A este tipo de intelectual le encanta Francia y esos intelectuales franceses que, cuanto más complicado escriba y hable, mejor.

    Esto ha generado un sistema político perverso, en el que los que llegan, por el mero hecho de llegar muestran que han dejado sus principios en la puerta.

    Parafraseando al clásico, ¿en qué momento se jodió la Argentina?

    Tuvo un papel preponderante en eso Perón, que accede al poder en 1945, pero yo creo que empezó antes, en la década del 30. La gran depresión golpeó mucho a Argentina y empezaron a predominar allí opiniones tomadas de Europa, especialmente de los nacionalismos que hubo en España e Italia. Hay algunos autores que plantean una tesis interesante y es que, fue tal el influjo de la inmigración basado en el éxito de la Argentina liberal, que llegó un momento a principios del siglo XX que la mitad de la población de Buenos Aires no hablaba castellano.

    Esto despertó en la clase dirigente preocupaciones nacionalistas, porque ellos querían formar una nación que no existía, aquel era un país nuevo. Preocupados por este aluvión de extranjeros que ni siquiera hablaban la lengua, fueron implementando estructuras gubernamentales y educativas de tipo nacionalista y militarista. Estas estructuras llevaron a esta serie de golpes militares, Gobiernos nacionalistas, lo que, mezclado con el populismo, creo todo este invento criollo que es el peronismo.

    ¿Y a estas alturas tiene arreglo?

    Por un lado los argentinos parece que siempre aprendemos luego de una crisis. Por otro, algunos de esos aprendizajes han calado hondo y otros no tanto, y ahí está la debilidad. El argentino ha aprendido, por ejemplo, que tiene que olvidarse de desórdenes institucionales de tipo golpe militar. La democracia podrá generar un gran número de problemas pero ya es algo que no se negocia.

    Sin embargo, no ha ocurrido lo mismo con los temas económicos. Lo que estamos viviendo ahora es, en cierta forma, lo mismo que vivimos en los años 70 y 80, que terminó en crisis económica, hiperinflación y drásticos programas de ajuste. Pareciera que eso hay que volver a aprenderlo. Yo me doy cuenta que mis alumnos no vivieron la época de la hiperinflación y la época de economías reprimidas que explotaban. No vivieron eso y les cuesta comprenderlo.

    Siempre se habla de que los alemanes no toleran la inflación por lo del año 23, pero, si lo piensas, no queda nadie vivo que recuerde aquello. Pero se les transmitió a los alemanes y siguen teniendo eso en el corazón. Nosotros también hemos pasado por una hiperinflación, pero, lamentablemente, no se transmitió de la misma forma. Vamos a tener que pasar de nuevo por lo mismo para que aprendamos que no había que hacer eso.

    La otra que tendríamos que haber aprendido es la de 2001-2002. De ahí debimos aprender que no hay que endeudarse, porque después fíjate lo que te pasa. Sin embargo ahora el Gobierno vuelve nuevamente a endeudarse. ¿Otra vez tenemos que llegar a eso para entenderlo? Eso es lo que te frustra respecto al posible cambio de la Argentina.

    ¿Después de Kirchner qué?

    No sé que puede venir, pero la demanda de la gente va a ser hacia alguien que sea amable, que respete la institucionalidad y un cierto grado de división de poderes y, especialmente, calma. No hay que implementar ningún modelo fantástico que se tenga en mente. Hay que generar algo de tranquilidad para que cada uno genere el modelo que quiera desarrollar. Esta visión mesiánica que tiene este Gobierno de vamos a por todo porque hay que profundizar en el modelo lleva a este cansancio general. La gente quiere que le dejen hacer su vida y le den ciertas normas fundamentales que le permitan vivir tranquilo.

    El próximo Gobierno, a menos que la situación se vuelva demasiado dramática, no va a ser demasiado revolucionario, pero sí más institucional que este Gobierno, que ha sido un atropello constante en la división de poderes, la independencia de la Justicia, la prensa… La gente va a querer que todo eso se respete más.

    Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).