Por amor al corralito

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 18/9/19 en: https://www.ambito.com/por-amor-al-corralito-n5055107

 

Por amor al corralito

Durante agosto, las importaciones desde Brasil, según el MDIC, cayeron 48,7% i.a. El consumo minorista bajó 18,6% i.a., el Índice Construya tuvo una caída intermensual desestacionalizada de 5,5%, la producción automotriz bajó 37,5% i.a. y la recaudación del IVA se redujo en 6,7% i.a. reales.

Total, que los del REM que realiza el BCRA, como venimos señalando desde hace años, siguen corrigiendo sus pronósticos: de afirmar que el PBI en 2019 crecería -y en 2020 hasta el 3,5% anual-, el mes pasado esperaban una caída del 1,5% y ahora una contracción de 2,6%. Y, para 2020, algunos pronostican una baja de 1,2%, evidenciando lo poco creíble de sus pronósticos ya que es imposible saber qué sucederá el año que viene -por mucho “arrastre” que supongan- sin conocer el rumbo del próximo Gobierno.

Uno de los errores generalizados entre los “gurús” es el de confundir inflación con aumento del IPC. Un simple -pero didáctico- trader, Juan Martín, cordobés radicado en CABA, saltó a los medios por tuitear sentido común -lo que les falta a los “expertos” que se pierden en elucubraciones racionalistas- y decir que nadie tiene “la bola de cristal ni una capacidad predictiva mayor al resto… El trader pasa más tiempo reaccionando rápidamente que adivinando el futuro”.

En los negocios, gana quien reacciona rápido ya que el mercado no puede anticiparse y, por tanto, no puede planificarse -así fallan todas las regulaciones estatales que son de suyo a priori- y, por tanto, la eficiencia se da en la respuesta refleja rápida, nunca en la planificación o anticipación. Así, una empresa en un mercado natural será tanto más exitosa cuanto mejor organizada esté para reaccionar rápidamente.

Pues la inflación es la exagerada emisión en tiempo real, que puede o no trasladarse al IPC según la espontaneidad del mercado. Por caso, nada tiene que ver con la inflación la escalada del 9% del precio del crudo (Brent) después de los ataques en Arabia y, sin embargo, se trasladaría a los precios de las gasolinas en un 3% a 4%, en unas semanas. Porque el costo de la materia prima -que no es el crudo sino refinados- supone un tercio del precio en el surtidor, el resto son impuestos -50%-, costos de distribución y ganancias empresarias.

Este error de confundir aumento del IPC con inflación lleva a creer que un aumento del dólar -que empujaría en un 40% a los precios- es inflacionario cuando es al revés y por ello se imponen controles de cambio y de capitales que agravan la desinversión, lo mismo que la tasa de las Leliq que ronda el lunático 84%. A más controles, más quieren escapar provocando un aumento en los “dólares alternativos” que incidirán en el IPC. La brecha entre el dólar oficial y el CCL ronda el 20% mientras que el dólar “rulero” -MEP- se cotiza un 15% por encima del MULC. Hay que sumar que si el 1 de enero, entre otras cosas, no se renueva la tasa cero del IVA subirá el precio de los trece productos elegidos.

Con el fin de mantener al dólar artificialmente bajo el BCRA sigue “quemando” reservas. Según diversos analistas, descontadas de las reservas brutas el swap con China, los depósitos en moneda extranjera -encajes bancarios-, créditos con Bancos Internacionales y DEG el BCRA tiene unos u$s13.100 M y se podrían sumar u$s7.216 M del FMI. Ahora, si restamos vencimientos de Letes sin reperfilar -u$s5.750 M- y de bonos soberanos -u$s 5.613 M- el BCRA puede vender sólo 1.737 M para contener al dólar.

Por otro lado, dentro de las reservas brutas están los encajes bancarios por los depósitos en moneda extranjera que caen fuerte -aunque en desaceleración- desde los u$s32.503 M el viernes pre-PASO a u$s22.683 M, más de 30% en un mes, esto significa que de los u$s16.000 M en el BCRA -50% de los depósitos por encajes- pre PASO, hoy quedan 7.950 M, cifra que alcanzaría para devolver depósitos por pocas semanas aún suponiendo una buena entrada por parte de exportadores.

Siendo que desde las PASO se fueron del BCRA u$s16.342 M para contener al dólar, por salida de depósitos y demás, de seguir con el modelo macrista -irresponsablemente financiado por el FMI- la autorización para usar esos u$s7.216 M del Fondo que están en las reservas y el desembolso de u$s5.400 M pendiente sólo servirían para postergar mayores controles -e incluso un corralito- que el Gobierno, más temprano que tarde, se sentirá “obligado” a implementar.

Otra cosa que anticipamos es que la recategorización a emergentes por parte del MSCI lucía desacertada pues, aunque Argentina cumplía teóricamente los requisitos, todo estaba atado con pinzas. Ahora, dada la imposición de controles de cambio, el MSCI inició un proceso de consulta -hasta el 13 y cuyos resultados se conocerían el 31, de diciembre- para definir si Argentina vuelve atrás. Por un lado, las acciones argentinas que forman parte del índice no cotizan en el país, sino en Wall Street y los controles de capitales podrían no afectarlas, pero sí a los pagos de dividendos de empresas locales. Y la cosa empeorará cuando vengan más controles.

Por cierto, Argentina pierde el fuerte viento de cola. Por un lado, la Fed anunciaría hoy la rebaja de su tasa de referencia en 0,25pp hasta el rango del 1,75-2%, cosa que repetiría en diciembre para dejarla en el 1,5-1,75% por un período largo. Por otro lado, el 30% -u$s17 B- de los bonos de Gobiernos y empresas del mundo tiene rendimientos negativos. Así, los emergentes serían una buena opción para inversores, pero los desatinos de Trump, sobre todo con China, y la crisis argentina impulsaron la liquidación de activos de Mercados Emergentes. Por caso, el índice de renta variable MSCI Emerging Markets cayó 5% en agosto, quedando por ahora sólo 6% arriba en lo que va de 2019, lejos de los dos dígitos en los mercados desarrollados.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

El populismo nos lleva de crisis financiera en crisis financiera

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/8/18 en:  http://economiaparatodos.net/el-populismo-nos-lleva-de-crisis-financiera-en-crisis-financiera/

 

Cambiar Lebac por Leliq, Nobac y Letes no son reformas estructurales: tenemos ingenio para los nombres. pero somos poco imaginativos para hacer reformas estructurales

No debería sorprender la nueva corrida cambiaria a la que estamos asistiendo. Podrán echarle la culpa a Turquía, a la suba de la tasa de interés en Estados Unidos, a que baja el precio de la soja o a lo que se les ocurra, pero lo cierto es que el famoso gradualismo llevó a acumular un stock de LEBACs que superó a la misma base monetaria (pesos en circulación + encajes bancarios) y cada treinta días se produce el gran supermartes.

En el fondo, estamos asistiendo a un nuevo fin del financiamiento de un estado sobredimensionado. El mercado se cansó de financiar este déficit fiscal y la economía entró en crisis.

La realidad es que, como en otras oportunidades, el plan para rescatar las LEBACs no es otra cosa que una nueva ingeniería financiera para seguir tirando hasta las elecciones y luego se verá, pero lejos está de resolver el problema de fondo de la economía argentina. Insistimos con lo que venimos haciendo hace décadas. Ahora vamos a asistir a un cambio de bonos por otros bonos, pero sin arreglar el problema que llevó a acumular tanta deuda en LEBACs.

Veamos un poco la historia argentina para entender que nos pasa y que nos va a seguir pasando si no cambiamos en serio de política económica y calidad institucional.

Si uno observa qué pasó con la economía Argentina desde 1880, año en que se logró la consolidación nacional, podemos distinguir dos grandes períodos. Uno que tiene un crecimiento sostenido del ingreso per capita con algunos baches y otro en el que entramos en una crisis detrás de otra.

Gráfico 1

El gráfico 1 muestra la evolución del PBI per capita en dólares constantes de acuerdo a datos de Angus Maddison. ¿Qué se observa en el gráfico? Que aproximadamente hasta la década del 60 hubo una tendencia a la suba con ciertas bajas como en 1914 con cuando la Gran Guerra o en 1930 con la gran depresión. A comienzos de 1960 aproximadamente empezamos con los saltos que se ven en el recuadro. Períodos de auge artificiales que terminaban en grandes crisis.

Tomando los mismos datos de Angus Maddison vemos la evolución en determinados períodos en el siguiente cuadro

Cuadro 1

Desde 1880 hasta 1913, el año anterior a la Gran Guerra, el PBI per capita creció a un ritmo del 2,24% anual. Desde el fin de la guerra hasta la crisis del 30 el PBI creció al 1,92% anual. Pero a partir de 1930 dejamos los valores de la Constitución de 1853/60 y entramos en la era intervencionista, proteccionista y populista. Si uno toma desde 1934, fin de la depresión hasta 1955, el crecimiento del PBI per capita fue del 1,5% anual.

¿Cómo le fue a Perón? Si uno toma el período, punta a punta de 1946 a 1955, el PBI per capita aumentó al 1,5% anual, sin embargo, si uno se toma 1946-1951 años en que se acaba el financiamiento del populismo de Perón, vemos que el PBI per capita aumentó al 2% anual con el oro acumulado durante la guerra. Cuando se acabó el oro y entramos en crisis en 1942, el PBI per capita aumentó a un ritmo del 0,7% anual. En los dos primeros gobiernos de Perón, el PBI per capita aumentó como puede verse en el gráfico 2

Gráfico 2

El gráfico 2 muestra que el PBI per capita creció solo los dos primeros 2 años de los dos primeros períodos de Perón y luego cae, más aceleradamente en 1952, luego cambia algo su política económica y se recupera pero enseguida cayó su gobierno. Es decir, ni Perón pudo zafar de la falta de recursos para financiar el populismo y con el oro acumulado de la guerra no pudo igualar al crecimiento basado en las instituciones de la Constitución Nacional de 1853/60.

Onganía logra un crecimiento del 4,14% anual del PBI per capita pero termina en el cordobazo. El envión llega hasta 1975 con el rodrigazo. A partir de ahí tenemos una crisis detrás de otra. En el gráfico 1 puede verse el serrucho que es la evolución del PBI per capita en el cuadro  que marca la volatilidad, incluyendo el fin de la tablita cambiaria, la crisis del 82, el plan austral, el plan primavera, la hiperinflación, etc.

Entre 1946 y 2016 el PBI per capita aumentó a un ritmo del 1,2% anual contra el 2% anual tomando los 50 años que van desde 1880 hasta 1930 cuando se abandonan los principios económicos de la Constitución de 1853/60. Pero la diferencia está en que en los primeros 50 años, el crecimiento fue sostenido al margen de la Gran Guerra y la crisis del 30. En el segundo período las crisis generaron grandes cambios patrimoniales, violentos modificaciones en la distribución del ingreso y nos transformamos en defualteadores seriales, destruimos cinco signos monetarios y entramos en la era de las grandes inflaciones, megainflaciones e incluso hiperinflación.

¿Qué ocurrió? Muy sencillo, entramos en un creciente populismo en el que el estado gasta más de lo que ingresa. Transitoriamente puede haber una mejoría, pero todo termina en una nueva crisis cuando se acaba el financiamiento, con el agregado de un quiebre en la seguridad jurídica por defaults, confiscaciones de depósitos, cargas impositivas asfixiantes y controles de todo tipo.

Hoy asistimos a una nueva ingeniería financiera que trata de desarmar la bomba de las LEBACs, pero la realidad es que nada se ha dicho sobre qué va a hacer el gobierno con las causas que llevaron a armar esa bomba de las LEBACs, es decir el déficit fiscal. Hoy estamos pagando el costo de haber financiado el populismo heredado. El electoral año 2017 lo transitamos alegremente con obra pública y recuperación económica pero a costa de tomar deuda externa y completarla con gasto cuasifiscal en nombre del gradualismo. Ahora viene una flor de recesión en el segundo semestre, dependiendo el año que viene del clima y de la buena voluntad del FMI para ver cómo llegamos a las elecciones.

Estamos todos pendientes de la ingeniería financiera del BCRA, creyendo, nuevamente, que con esa ingeniería financiera y la ayuda del FMI se arreglan los problemas estructurales. Grosero error. Cambiar LEBACs por LELIQs, NOBACs y LETES no son reformas estructurales. Somos muy ingeniosos para inventar nombres de bonos, pero poco imaginativos a la hora de encarar las reformas estructurales.

En síntesis, no descarto que con este nuevo pase de magia financiero se calme transitoriamente el tipo de cambio, pero francamente es una meta muy poco ambiciosa y de corta duración, como todos los pases de magia que se hicieron en el pasado desde la década del 60 hasta nuestros días.

Mientras no cambiemos la matriz populista heredada del peronismo, que también adoptaron gobierno militares, radicales y Cambiemos, seguiremos tropezando una y otra vez con la misma piedra: la de la insolvencia fiscal.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.