Gracias a Dios existe el afán de lucro

Por Alejandro Tagliavini. Publicado en: https://www.lahora.com.ec/imbabura/noticia/1102202885/gracias-a-dios-existe-el-afan-de-lucro?fbclid=IwAR0DFvqmpeLvQ3oPghgu18NaZlTkFYVGmXLgTziOwqs0fOugNmfiRJXohC8

El 15 de noviembre de 2017 se pierde contacto con el submarino ARA San Juan (S42), de la Armada Argentina, con 44 personas a bordo que, evidentemente, no estaba en condiciones de navegar. Dos días después, la Armada inició el protocolo SAR (búsqueda y rescate) y al tercer día el Gobierno aceptó la ayuda internacional activándose la alerta de la Oficina Internacional para el Rescate y Escape de Submarinos (Ismerlo), que coordinó la ayuda de 18 países sumando más de 37 naves y aeronaves y 4.000 personas en la búsqueda sobre una superficie del tamaño de España.

El 30 de noviembre el Gobierno dio por terminada la búsqueda, pero los familiares de la tripulación exigieron que se continuara hasta encontrar al submarino. Finalmente, las autoridades decidieron la contratación de la empresa privada Ocean Infinity, de Houston, EE.UU., operadora de la nave noruega Seabed Constructor equipada con cinco vehículos submarinos autónomos (AUV) y tecnología de última generación. El contrato estableció que, solo en caso de ser hallado el submarino, la empresa cobraría 7,5 millones de dólares.

El 10 de septiembre de 2018 el Seabed Constructor inició la búsqueda y dos meses después, el 17 de noviembre, encontró al ARA San Juan a 907 metros de profundidad y a 600 kilómetros al este de Comodoro Rivadavia, ciudad de la costa argentina. El CEO, de Ocean Infinity, dijo “esperamos que…  la lección sea aprendida para prevenir que cualquier hecho similar suceda nuevamente”. No creo que aprendamos la lección, sinceramente, porque son demasiados los intereses creados alrededor del Estado.

Este accidente pareciera demostrar que Tomás de Aquino tenía razón cuando decía que las empresas estatales -los ejércitos en este caso- son altamente ineficientes: a pesar del monumental despliegue de tantos gobiernos, no pudieron hallar lo que un solo barco privado encontró en su afán por el lucro. Afán que, claramente, es el mejor modo de servir a los clientes ya que, precisamente, se trata de servirlos para obtener su mayor confianza posible.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La Argentina hoy

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 1/9/18 en https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/argentina-hoy.html

 

Es importante tener presente que los argentinos estuvimos a la vanguardia de las naciones civilizadas desde su Constitución liberal de 1853 hasta los golpes fascistas, primero del 30 y con mucho más furor en el del 43 y a partir de entonces hace más de setenta años que venimos a los tumbos.

 

Recordemos que Argentina contaba con los salarios en términos reales de peones rurales y de obreros de la insipiente industria superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España. La población de duplicaba cada diez años durante el período señalado. Las corrientes migratorias competían con Estados Unidos debido a la calidad de vida que ofrecía Argentina.

 

Luego de los estatismos galopantes vino la decadencia. Se apropiaron del fruto del trabajo ajeno a través de sistemas denominados de “seguridad social” en verdad de una colosal inseguridad antisocial que con aportes obligatorios reemplazaron ahorros destinados a comprar terrenitos y departamentos, inversiones que fueron aniquiladas por leyes de control de alquileres y desalojos. Los sindicatos fueron fabricados a imagen de la Carta de Lavoro de Mussolini implantando la figura totalitaria de la personería gremial en lugar de la simple personería jurídica de toda asociación libre y voluntaria.

 

Comenzaron a expropiarse empresas para establecer esas contradicciones en los términos conocidas como empresas estatales, en lugar de comprender que la actividad empresaria implica poner en riesgo recursos propios y que la misma constitución de la “empresa estatal” significa asignar los siempre escasos recursos en áreas distintas de las preferidas por la gente (si van a hacer lo mismo que elige la gente no tiene sentido que los aparatos estatales intervengan).

 

La manipulaciones monetarias y cambiarias resultaron fatales a través de la banca central creada al efecto en prejuicio de todos pero muy especialmente de los más necesitados. Las exacciones fiscales fueron en aumento creando una maraña de impuestos sobrepuestos y una deuda pública sideral para financiar a un Leviatán cada vez más adiposo junto a regulaciones que asfixian la productividad.

 

Como es del dominio público, en estos momentos está instalado el gobierno de Cambiemos pero la ciudadanía se encuentra a la espera del cambio. Por ahora el gasto gubernamental no se ha detenido, solo ha habido amagues de podas pero igual que con la jardinería las podas hace que el crecimiento sea más vigoroso. También se insiste en que el gasto público deba ser eficiente sin percatarse que si algo es  inconveniente y se lo hace más eficiente es mucho peor. De lo que se trata es de eliminar funciones incompatibles con un sistema republicano.

 

Se habla del déficit primario sin atender que lo relevante es el déficit total que se ha incrementado exponencialmente debido al incremento de la deuda estatal durante esta gestión. Tampoco se trata de disimular el gasto a través de un crecimiento (que no solo no llega sino que estamos en plena recesión) para modificar la ratio gasto/producto.

 

En esta situación se acercan las elecciones presidenciales del año próximo, frente a una así llamada oposición que en parte arrastra el lastre fenomenal del gobierno anterior que no solo acentuó el estatismo sino que tal como demuestran las investigaciones en curso corrompió en un grado alarmante en planos decisivos del ejecutivo y también en áreas del judicial en el contexto de un legislativo adicto.

 

Por otro lado y para resumir un apunte telegráfico en una nota periodística, el gobierno actual recurrió al Fondo Monetario Internacional, como es sabido una entidad financiada coactivamente con recursos detraídos de los contribuyentes de diversos países y que presta ayuda a gobiernos en general fallidos, situaciones que se hubieran corregido de no mediar la cantidad de dólares entregados con tasas de interés menores a las de mercado y con períodos de gracia y perdones de diversa naturaleza. En lugar de pedir asistencia el FMI, el gobierno actual debería haber hecho los deberes durante los más de dos años que lleva en funciones.

 

Es cierto que la administración ahora en funciones no cuenta con mayoría de ambas Cámaras en el Congreso y que la batalla cultural es difícil pero de lo que se trata de evitar errores no forzados como el haber inaugurado su mandato con nuevos ministerios y pretender la designación de dos miembros de la Corte por decreto y similares.

 

Nunca es tarde para rectificar el rumbo. Todas las personas de bien mantienen la esperanza puesto que un fracaso más resultaría nefasto para los argentinos y para nuestros queridos vecinos.

 

Termino con un pensamiento de Juan Bautista Alberdi, el autor intelectual de la antedicha Constitución de 1853: “El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado en nombre de la utilidad pública […] ¿qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Curioso resultado de una encuesta

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 5/6/16 en: http://economiaparatodos.net/curioso-resultado-de-una-encuesta/

 

La gente identifica al PRO como un partido liberal cuando en rigor no lo es y se esfuerza por no parecerlo

La semana pasada hice una encuesta en Twitter donde tengo unos 41500 seguidores, formulando la siguiente pregunta: ¿Qué partido político cree Ud. que representa mejor las ideas de un mercado libre y un sistema republicano?

Las opciones que elegí como respuestas fueron: PRO, UCEDE (existe en Capital Federal), el Frente Renovador y Ninguno. La encuesta estuvo online 24 hs. y hubo 3.284 votos. El 52% votó por el PRO, el 17% por la UCEDE, el 2% por el Frente Renovador y Ninguno tuvo el 29% de los votos.

El dato curioso es que el PRO hace todos los esfuerzos por mostrar que no tiene nada que ver con el liberalismo ni con el libre mercado al punto de manifestarlo públicamente por medio de algunos de sus funcionarios como Federico Pinedo o el Jefe de Gabinete, Marcos Peña. Por otro lado, adopta medidas económicas que difícilmente pueden ser tomadas como de tendencia liberal, como pueden ser mantener precios cuidados, la no reforma del estado, el manejo del tipo de cambio vía la tasa de interés, el rechazo a privatizar empresas estatales o volver a un sistema de jubilación privado y los ejemplos pueden seguir.

Es importante aclarar que la mayoría de los que son mis seguidores en Twitter tienen algún pensamiento a fin al mío, con lo cual todo parece indicar que la mayoría tiende a identificar al PRO como algo que no es ni quiere serlo: un partido de orientación liberal.

Es curioso como la mayoría o casi todos los partidos políticos de Argentina rechazan las ideas del libre mercado pero, como dice mi amigo Pablo Torres Barthe, al momento de salir a buscar votos los políticos usan las herramientas de capitalismo. Venden su imagen, hacen encuestas de opinión sobre qué quiere la gente y que no quiere la gente. Encargan estudios de mercado para vender sus candidaturas como si fueran a vender algún detergente. En fin, están en contra del capitalismo pero usan sus herramientas para tratar de captar votos.

Pero otro dato no tan curioso es que hubiera algunos comentarios señalando a la UCEDE como un partido del cual habían salido Boudou, Massa y María Julia Alsogaray. Sin duda creo que la UCEDE quedó pegada al menemismo en los 90. Sin embargo, el mismo rigor que le aplican a la UCEDE parece no querer aplicárselo a otros partidos.

Por ejemplo, dentro del gobierno del PRO hay gente que viene del massismo como es el caso de Ricardo Delgado que actualmente ocupa el cargo de Subsecretario de Coordinación de la Obra Pública Federal en el ministerio del Interior. O Adrián Pérez que primero militó con Carrió y luego pasó al partido de Massa y ahora ocupa el cargo de Secretario de Asuntos Políticos e Institucionales del Ministerio del Interior en el gobierno del PRO. Se podrá o no coincidir con las ideas de Delgado y de Adrián Pérez, pero no veo la razón para dudar de la honestidad de ambos por venir del partido de Massa como si todos los que militaran en ese partido fueran delincuentes.

El mismo Alfonso Prat Gay, actual ministro de Hacienda, aceptó ser presidente del Banco Central bajo el gobierno de Duhalde, que devaluó, pesificó los depósitos y luego continuó continuo con Kirchner, un hombre con clara tendencia a la tiranía.

Además podemos llenar un voluminoso libro con gente que ha saltado de partido en partido o de gobierno en gobierno. Patricia Bullrich fue ministro de Trabajo en el gobierno de la Alianza o el mismo jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Rodríguez Larreta, también estuvo en el gobierno de la Alianza.

Diana Conti estuvo en el gobierno de De la Rúa. Pimpi Colombo, ex funcionaria ultra k, estuvo en la lista de candidatos de Domingo Cavallo, en Acción por la República. María Eugenia Estensoro, que luego fue senadora por la CC, fue candidata a diputada por el partido de Domingo Cavallo. Patricia Vaca Narvaja, funcionaria ultrak, fue candidata a diputada con la fórmula Menem-Ruckauf y podría llenar hojas y hojas sobre triples saltos mortales que dan los políticos para permanecer al calor del poder.

Tal vez este estado sobredimensionado, que no le presta ningún servicio al contribuyente al que esquilman y que todo lo traba con regulaciones corruptas es consecuencia de ver la política cómo una manera de hacer negocios personales y no como una tarea transitoria que consiste en administrar la cosa pública en una verdadera república.

Mi impresión es que esa desesperación que tienen en general los políticos por rechazar el liberalismo tiene mucho que ver con no perder el “negocio” de las empresas estatales, de las regulaciones que generan corrupción, de los subsidios que “compran” votos para llegar al poder. En su mayoría, no digo todos, los políticos rechazan el liberalismo porque es una ideología que desmantelaría el aparato de corrupción y opresión en que se ha transformado el estado. Les quitaría el “negocio” de los cargos públicos y de las coimas derivadas del gasto público. Hasta un intendente puede hacer fortunas cobrando coimas por cambiar el código de edificación de una zona de su partido para que, dónde pueden construirse 4 pisos se construyan 2 torres de 15 pisos sin importar el impacto ecológico, el abastecimiento de agua, electricidad y simple hecho de por dónde transitarán tantos autos.

Por el contrario, el discurso progresista cae simpático pero suele esconder la necesidad de manejar un estado gigantesco para poder repartir cargos públicos, coimear con autorizaciones para realizar cualquier tarea y robar con cada uno de los rubros del gasto público.

Es muy probable que algunas personas que se dedican a la política vean el estatismo, el intervencionismo y el distribucionismo como una manera de resolver los problemas de la gente. Es decir, tenga honestidad en su propuesta, pero a medida que va pasando el tiempo todo parece indicar que la política se ha transformado en un negocio muy rentable que necesita de gigantescos aparatos estatales y gasto público para sostener la legión de “colaboradores” que ayudan a llegar al poder.

Por eso creo que el liberalismo es detestado por la mayoría de la dirigencia política. Sencillamente porque si se aplicara una política liberal, se terminaría la política como negocio y los cargos públicos serían transitorios. Administrar por un tiempo la cosa pública y luego volver a su casa y a su negocio personal.

Cada vez me convenzo más que la Argentina no asiste a un debate de ideas de liberalismo versus progresismo, populismo e intervencionismo. El debate de fondo es terminar con la política como negocio personal o si se continúa usufructuando del poder.

El liberalismo terminaría con la política como negocio personal. El resto de las opciones, necesitan alimentarse de mucho aparato estatal y presupuesto para mantener su negocio. Esa es la diferencia entre liberalismo y el resto de las propuestas. El famoso cambiemos no es solo ser eficientes en la administración del estado. Es, fundamentalmente, un desafío ético para terminar con esta historia de tener a un estado que saquea a los particulares en nombre de justicia social, cuando en rigor lo único que buscan es el enriquecimiento ilícito de los que llegan al poder.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

ACERCA DEL DISCURSO DE LA PRESIDENTE:

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

En mis escritos evito personalizar puesto que estimo que es mucho más fértil argumentar y discutir ideas. No solo para ahorrar energía, tiempo y espacio, sino porque en general las personas exponen sus recetas con la mejor de las intenciones (y si no fuera así es en realidad irrelevante a los efectos prácticos).

 

En este caso me refiero a la presidente de la República Argentina, aunque a esta altura,  luego de décadas de estatismo, de desigualdad ante la ley, de ocultamiento de los actos de gobierno, de intentos de eludir la alternancia en el poder, de concentrar funciones impropias de una sociedad abierta, de atropellar derechos de los gobernados y de intentos de bloquear la división de poderes, después de todo esto decimos, en rigor, no puede hablarse de una República.

 

En cualquier caso, una nota al pie: la presidente de marras fue al Congreso de la Nación a inaugurar un nuevo período de sesiones parlamentarias y henos aquí que omitió esa anunciada misión aunque no la exige la nueva reforma constitucional, después de hablar casi cuatro horas en el recinto no declaró la antedicha formalidad que ha sido una tradición argentina. En las líneas que siguen, por razones de espacio, marco telegráficamente los puntos más salientes del discurso en un balance de la gestión que adolece de llamativos defectos.

 

Abrió con una manifestación de un periodista inglés que aludió a cotizaciones de bonos argentinos en lo que la presidente consideró que alababa su gestión, lo cual ese mismo autor tuvo que refutar de inmediato puesto que aclaró que su comentario se debía a las buenas expectativas que surgen debido a la finalización del mandato de la funcionaria en cuestión.

 

Acto seguido se refirió a lo que denomina “desendeudamiento”, situación que ha sido desmentida una y mil veces puesto que la  sumatoria de la deuda pública interna y la externa es ahora mayor que antes de asumir su marido, a esto se agrega el presente default pero, curiosamente, felicitó a su equipo económico en medio de expresiones denigrantes para quienes son acreedores sobre la base de lo propuesto por el gobierno argentino y en la jurisdicción acordada.

 

Se refirió a las reservas de la banca central con cifras que no se condicen con las netas en esa institución y tomó como indicador relevante el turismo que es en gran medida debido a las dificultades de viajar al exterior por la escasez de dólares fruto del cepo cambiario y a los sabuesos que merodean en torno al uso de divisas extranjeras.

 

Ponderó una de las empresas estatales con abultado déficit y, a pesar de los despidos y suspensiones (“se suspendieron las suspensiones” dijo), subrayó que el empleo crece, y a pesar del uso y abuso de los fondos que corresponden a los jubilados sostuvo que la perspectiva de éstos son alentadoras en el contexto de destacar la “gratuidad” de fondos entregados a través de otros programas sin contemplar la financiación coactiva que proviene del fruto del trabajo ajeno, lo cual también hizo respecto a créditos estatales que, como es sabido, no son abonados con los patrimonios de los funcionarios sino con los recursos de los vecinos, todo lo cual reduce las tasas de capitalización y, por ende, los salarios e ingresos en términos reales.

 

Igual que muchos de la oposición, se pronunció por no insistir en la preponderancia de la empresa privada si el aparato estatal “lo puede hacer mejor”, ignorando no solo los incentivos de las primeras para servir a sus semejantes y la politización de las segundas (la forma en que se prenden las luces y se toma café son muy distintos), sino que dejó por completo de lado los cuadros de resultados como guía para la asignación de recursos.

 

Abundó en cohetes y satélites y sostuvo que los acuerdos con China están bien aunque no haya licitaciones en medio de secretos inaceptables y habló como si fuera la directora ejecutiva de una empresa para concluir que en lugar de exportar maíz e importar cerdo resulta imperioso darle maíz a los cerdos, lo que entendió la eximía de considerar las condiciones de mercado en las que los controles impuestos durante su gestión dificultan encarar proyectos.

 

Dijo que el déficit en las cuentas públicas se debe a la importación en el rubro energético y que esto, a su vez, se debe “al crecimiento económico” sin mencionar el incremento en los índices de pobreza y el descalabro que produjo con los subsidios  y la falta de inversión en el área junto a la confiscación y luego expropiación de la mayoría accionaria de la empresa petrolera (¿también con la tragicómica expresión ”de bandera”?).

 

En realidad lo que corresponde a un gobierno republicano es dedicarse primordialmente a la seguridad y la justicia, dos pilares que no son precisamente las características sobresalientes de esta gestión.

 

Finalmente dos temas: primero, llamó poderosamente la atención que una abogada exitosa se preguntara con cual Nisman se quedaba: si con el que la denunció públicamente o con escritos que eventualmente se encontraron entre los papeles del fiscal que para el meollo del caso resultan inconducentes, del mismo modo que cuando un escritor publica un libro y luego se encuentra otra versión entre sus pertenencias. Y segundo, fue del todo impropia, despectiva y amenazante la forma en que se refirió al Poder Judicial como una revancha a tanta imputación y procesamiento a funcionarios.

 

Hasta aquí los ejes centrales del último discurso presidencial ante la Asamblea Legislativa, ahora es de interés detenerse en aspectos que van más allá de un discurso y que revisten gran importancia para el futuro argentino.

 

La decadencia argentina es debida al abandono de la tradición alberdiana para sustituirla por un estatismo galopante desde los años treinta y acentuada a partir del peronismo. Como la actual mandataria lo cita al inventor de ese movimiento fascista y totalitario y hay quienes en la oposición reivindican sus banderas, es pertinente reiterar algunos hechos sobresalientes de ese régimen sobre los que me he referido con anterioridad, la última vez en “La Nación” de Buenos Aires el 31 de mayo de 2013.

 

Escribió Juan González Calderón sobre el período peronista en  No hay Justicia sin Libertad. Poder Judicial y Poder Perjudicial (Víctor P. de Zavalía Editor, 1956) : “La tiranía había abolido, como es de público y completo conocimiento, todos los derechos individuales, todas las libertades cívicas, toda manifestación de cultura, toda posibilidad de emitir otra voz que no fuese la del sátrapa instalado en la Casa de Gobierno con la suma del poder, coreada por sus obsecuentes funcionarios y legisladores, por sus incondicionales jueces, por sus domesticados sindicatos y por sus masas inconscientes”.

 

El 21 de junio de 1957 Perón le escribe desde su exilio a su compinche John William Cooke aconsejando que “Los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a los dueños, se quedarán son ella. Los que toman una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo, lo mismo que los que ocupen establecimientos de gorilas y los enemigos del pueblo. Los suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades, tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro” (Correspondencia Perón-Cooke, Garnica Editor, 1973, Tomo I).

 

Perón alentó las “formaciones especiales” (un eufemismo para enmascarar el terrorismo) y felicitó a los asesinos de Aramburu y de todas las tropelías de forajidos que asaltaban, torturaban, secuestraban y mataban. Declaró que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (Montevideo, Marcha, febrero 27, 1970). Al poco tiempo, en su tercer mandato, al percatarse que ciertos grupos terroristas apuntaban a copar su espacio de poder los echó de la Plaza de Mayo durante un acto y montó desde su ministerio de bienestar social (!!) otra estructura terrorista con la intención de deshacerse físicamente del otro bando. En ese tercer mandato, reiteró la escalada de corrupción y estatismo a través de su ministro de economía retornando a una inflación galopante, controles de precios y reinstalando la agremiación autoritaria de empresarios y sindicatos.

 

En el período 1945-1955 el costo de la vida se incrementó en un 500% y después de la afirmación de Perón de que no se podía caminar por los pasillos de la banca central debido a la cantidad de oro acumulado, la deuda pública se multiplicó por diez en los referidos años de los gobiernos de Perón y en el país del trigo escaseó el pan y se monopolizó el comercio exterior a través del IAPI que también constituyó una plataforma para la corrupción de funcionarios públicos, tal como, entre otros, puntualiza Eduardo Augusto García (Yo fui testigo, Luis Lassarre y Cia, 1971).

 

Por su parte, Américo Ghioldi escribe que “Eva Duarte ocupará un lugar en la historia de la fuerza y la tiranía americana […] el Estado totalitario reunió en manos de la esposa del Presidente todas las obras […] el Estado totalitario había fabricado de la nada el mito de la madrina […] en nombre de esta obra social la Fundación despojó a los obreros de parte se sus salarios” (El mito de Eva Perón, Montevideo, 1952).

 

Nada menos que Sebastián Soler, como Procurador General de la Nación, dictaminó que “El país se hallaba sometido a un gobierno despótico y en un estado de caos y corrupción administrativa” (Sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación sobre bienes mal habidos del dictador Juan Domingo Perón, Corte presidida por Alfredo Orgaz que confirmó lo dicho por el Procurador General).

 

Cierro para decir que el uso de la fantasiosa expresión “gorila” es utilizada cuando no hay argumentos para responder. Esto me recuerda el cuento de Borges titulado “El arte de injuriar” en el que uno de las personas que debatía le arrojó un vaso de vino a su contertulio a lo que éste le respondió “eso fue una digresión, espero su argumento”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

Una economía modelo 80 con modos más rústicos:

Por Roberto H. cachanosky: Publicado el 28/4/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3450

Seguramente los jóvenes de La Cámpora son chicos que comenzaron a comunicarse telefónicamente por celulares y luego por internet. Ellos, que aplauden como una gran patriada la estatización de YPF, no vivieron la época de ENTEL, cuando esa empresa estatal de teléfonos podía llegar a tardar años en instalar una línea de teléfono en una casa. Ellos no vivieron lo que era esperar años para que apareciera el aparatito negro en una casa. Luego había que tener suerte que funcionara el teléfono, y si funcionaba había que tener suerte que a la persona que uno llamaba también le funcionara el teléfono. Es decir, en la época de la soberanía nacional de los teléfonos, todos los planetas tenían que estar alineados para poder hacer una simple llamada de teléfono. Esos jóvenes, festejan la confiscación de YPF como si fuera un acto de soberanía porque no saben lo que significa tener que padecer a las empresas estatales.

¿Por que padecer a las empresas estatales? Porque en las empresas estatales no se trata de maximizar el beneficio del accionista prestándole un buen servicio al consumidor, sino que se busca maximizar los beneficios políticos. El objetivo de los funcionarios que están en las empresas estatales es hacer cosas que mejoren la imagen del gobierno y no invertir para satisfacer las necesidades de los consumidores como lo hacen las empresas privadas sometidas a la competencia. Son dos concepciones diferentes. Las empresas privadas que compiten tienen que generar sus utilidades beneficiando al consumidor. En las empresas públicas se busca un rédito político a costa de un despilfarro de recursos.

Justamente, no debe extrañar que algún funcionario público haya afirmado, muy suelto de cuerpo, que el objetivo de las empresas estatales no es ganar dinero. Obvio, ellos buscan sus beneficios políticos, como puestos muy bien remunerados para ejercer funciones que desconocen, y si las empresas estatales pierden dinero, ese dinero no es de ellos ni de accionistas que los echarían a patadas si estuvieran en una empresa privada. Es la gente, el contribuyente, que tiene que pagar con impuestos o el impuesto inflacionario las pérdidas de las empresas públicas en nombre de la soberanía nacional.

Cuando algunos economistas afirmamos que estamos volviendo a los 80 en materia de política económica, no es solo por las regulaciones absurdas de la economía o la emisión monetaria del BCRA, sino porque, además, el déficit fiscal de aquellos años se explicaba, en buena medida, por las pérdidas de las empresas estatales que eran financiadas por el tesoro. Pero como el tesoro no tenía recursos genuinos para financiar esas pérdidas, era el Banco Central el que emitía moneda para financiar el déficit de las empresas estatales.

Cuando en los 90 Menem privatizó las empresas estatales, tuvo que hacerlo porque la privatización pasaba a ser un instrumento de estabilización monetaria. Un mecanismo para frenar la inflación.

Normalmente las privatizaciones apuntan a mejorar la eficiencia de la economía si el marco regulatorio es el adecuado. Pero en los 90, en que hubo todo tipo de marcos regulatorios, la privatización no solo tenía que mejorar la productividad de la economía, sino también eliminar las pérdidas que tenía que financiar un tesoro exhausto, por eso digo que las privatizaciones, también pasaron a ser un instrumento de estabilización.

Los precios de los servicios públicos, de empresas públicas y privadas, eran puestos políticamente. El criterio para definir el costo de las comunicaciones telefónicas, del boleto del tren, del colectivo, de la luz, el gas, etc. se limitaba a establecer un número arbitrario que, cada tanto, redujera el déficit de las empresas públicas. El llamado rodrigazo no fue otra cosa que un intento, desde mi punto de vista mal implementado, de corregir los gruesos errores económicos que se habían heredado de la inflación cero de Gelbard. Celestino Rodrigo subió el precio de los servicios públicos porque tenía que reducir la pérdida de las empresas del Estado para aliviar el peso sobre el tesoro que requería de cada vez más pesos emitidos por el Banco Central y de esa manera tratar de reducir la inflación. Celestino Rodrigo pagó el costo político del lío que armó Gelbard.

Si uno hoy mira la situación de las tarifas de los servicios públicos, es parecida a la de la inflación cero de Gelbard. Las empresas que prestan servicios públicos tienen precios políticos. Esos precios no cubren los costos operativos ni el mantenimiento del stock de capital, y mucho menos la ampliación del stock de capital. ¿Cómo se financia todo eso? Con subsidios. ¿Quién paga los subsidios? El Estado (mejor dicho el contribuyente). Como el tesoro tiene déficit fiscal, el BCRA cada vez emite más moneda para financiar al tesoro y produce el proceso inflacionario imparable al que estamos asistiendo. Es lo mismo que en los 60, 70 u 80. Fijación de precios políticos financiados con el impuesto inflacionario. Por eso mueve a risa cuando se habla del famoso modelo. El modelo es una copia burda del desastre de los 60, 70 y 80 que terminaron en la hiperinflación. Aclaro que no sé si vamos a terminar en otra hiperinflación, pero sí me queda claro que la tasa de inflación va a ser alta, y cuando digo alta, digo dos dígitos elevados.

Recuerdo que muchas décadas atrás se hablaba de establecer el peaje en las rutas para mantenerlas porque se caían a pedazos. Frente a la propuesta del peaje, un político no peronista, pero imbuido de un falso nacionalismo, afirmó: ¡quieren lucrar con los caminos de la patria! Para el dirigente político era preferible que la gente se matara en las rutas que “sacrificar” la soberanía nacional y poner un peaje.

Volviendo a la actualidad, cuando uno mira el presupuesto de la Nación, el rubro más importante son los servicios sociales, donde el mayor importe está en el sistema de previsión social (casi una humorada por lo que ganan los jubilados) y el segundo rubro es lo que se destina a subsidios para tener tarifas púbicas políticas.

El déficit fiscal del año pasado, que, bien medido, fue del orden de los $ 54.000 millones, está altamente influenciado por los famosos subsidios a la energía y el transporte. Por eso a principios de año el gobierno amagó con empezar a eliminarlos, pero entre la inflación que se disparaba, el malhumor de la gente para sacar la tarjeta SUBE y la tragedia de la estación Once, tuvieron que frenar el rodrigazo tarifario que ellos mismos heredaron de su gestión. ¿Cómo comunicar un aumento del boleto del tren luego del desastre de Once? Por lo tanto, bajaron los flaps y esperaron a un mejor momento, el cual no llegará porque la inflación tiende a aumentar.

La economía está atrapada en dos graves problemas. Uno es que la corrección de las tarifas políticas de los servicios públicos implica aplicarle un fuerte golpe al bolsillo de la gente. Al mismo tiempo, dada la falta de competitividad estructural de la economía, el tipo de cambio real alto que heredaron para esconder la falta de competitividad, se lo devoró la inflación que se generó en todos estos años. Me animaría a decir que hoy, dada esta política económica, es políticamente tan complicado corregir las tarifas políticas que vienen sosteniendo desde que asumieron, como solucionar el problema de tipo de cambio real que tienen. La batería de medidas que viene aplicando el gobierno para impedir la compra de dólares no alcanza y todo el tiempo tienen que inventar nuevas restricciones, como, por ejemplo, obligar a los exportadores a ingresar antes los dólares de exportación. Esto marca el serio problema cambiario que tiene el gobierno.

Con el apoyo de una oposición que, como toda propuesta, ofrece hacer kirchnerismo pero sin sus formas, Argentina es nuevamente soberana gracias a que se confiscaron las acciones de Repsol.

Todos sabemos que el problema energético actual lo generó este gobierno con su política de precios políticos. La confiscación de las acciones de YPF intenta, más que generar caja, distraer la atención de la gente bajo una nueva propuesta de falso nacionalismo. Dicho de otra manera. La inflación se dispara, faltan productos en los negocios, la caída del salario real se hace sentir, la gente tiene que afrontar impuestazos a nivel provincial y municipal, más la consabida carga del Estado nacional y la demanda de trabajo es cada vez más escasa. Está por debajo del promedio del crítico 2002. Si a esto se le agrega la fenomenal caída que tuvo la imagen del gobierno, que en tres meses perdió 31% de confianza de la población, el tema YPF viene a ser algo así como la invasión de Malvinas en el momento crítico del gobierno militar.

En definitiva, el famoso modelo es muy parecido a los 60, 70 y 80, pero con otros modos menos amables y más rústicos. Eso es todo. El final ya lo sabemos.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

¿Empresas estatales o empresas de los políticos?

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 1/5/12 en http://america.infobae.com/notas/49541-Empresas-estatales-o-empresas-de-los-politicos

Dejando los efectos de la demagogia, los apoyos a la expropiación de YPF, la filial argentina de la petrolera Repsol, son interesados. Hace años, un exitoso empresario argentino del área de los insumos para la extracción de petróleo quedó en la ruina. Asombrado ante tamaña caída, pregunté a sus amigos y la respuesta fue contundente: con el “contacto adecuado”, le vendía a la YPF del gobierno (cuya ineficiencia era paradigmática: una de las pocas petroleras en el mundo que daba pérdida) insumos de bajo costo y mala calidad a precios exorbitantes. Privatizada, con dueños reales que cuidaban sus gastos, el empresario en cuestión quebró.

 El slogan demagógico sobre que el petróleo es un recurso estratégico que no resiste análisis. Sin petróleo, la industria resultaría severamente dañada, pero sin alimentación para los obreros, directamente desaparecería. Entonces, el Gobierno debería hacerse de grandes productoras de alimentos “estratégicos”, lo que hizo la URSS, provocando una hambruna descomunal con unos 2 millones de muertos hasta que decidió “privatizar” el 1% de las tierras cultivables que produjo el 35% de los cereales del país.

 ¿Por qué tanta diferencia en la eficiencia? Porque ésta es consecuencia exclusiva de la competencia, en el mercado, en tiempo real. Las empresas “estatales” no compiten, o porque el Gobierno les garantiza el monopolio o porque disponen de recursos del Tesoro que los libran de tener que pagar por la ineficiencia.

 Un seguimiento del desempeño de los ejecutivos de estas empresas estatales por parte de los gobernantes, además de irreal porque se los nombra por amistad y “lealtad”, es imposible ya que los políticos no evalúan en tiempo real, sino a través de decisiones burocráticas. 

 Que “son del pueblo” es un argumento infantil. Como viajero frecuente he tenido que volar en Aerolíneas Argentinas y veo lo de siempre: colados, amigos de los políticos y funcionarios (a veces sin siquiera un billete, emitido gratuitamente); jamás un pobre.

 Conclusión, el calificativo de empresas “estatales” es una pantalla para tapar el hecho de que son empresas de los políticos que deciden sobre ellas y que están ligados al pueblo sólo por unas elecciones esporádicas y manipuladas. En este sentido, cuando Cristina Kirchner dice, en el acto realizado en el estadio de Vélez Sársfield de Buenos Aires el pasado 27 de abril, que el Estado debe intervenir más en la economía, sin duda, quiere decir, como el Rey Sol (“L’Etat c’est moi“: “El Estado soy yo”), que el Estado es ella.

 Sí son del pueblo las pérdidas que originan las compañías de los políticos, solventadas por vía impositiva, impuestos que, cuanto más pobre, más golpean; ya que cuanto más elevado es el poder económico de la persona, mayor capacidad tiene para trasladar las cargas hacia abajo, subiendo precios, bajando salarios, etc. En definitiva, las empresas de los políticos (éste es su calificativo técnicamente real) son organizaciones que sirven a los intereses privados de los funcionarios, solventadas principalmente por los más pobres.

 Las empresas del mercado sí responden en tiempo real al consumidor (las personas). Empresas estratégicas y del pueblo (reales, sin demagogia estúpida) son las petroleras de los EEUU, que abastecen al mayor mercado consumidor del mundo a precios 20% menores que en la Argentina y con tanto crecimiento que trabajan extensamente en el exterior, reportando grandes ganancias al país. ¿Cómo lo lograron? No sólo con empresas privadas y mercado desregulado sino con algo clave: el subsuelo en manos eficientes, en manos del pueblo, en manos privadas.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.