PRÓLOGO A “REFLEXIONES SOBRE LA ECONOMÍA ARGENTINA” DE NICOLÁS CACHANOSKY.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 24/9/17 en https://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/09/prologo-reflexiones-sobre-la-economia.html

 

Es un completo honor para mí presentar este primer libro de Nicolás Cachanosky, que entra claramente en una las misiones fundamentales del Instituto Acton: la enseñanza de la economía para la toma de conciencia de cuáles son las condiciones bajo las cuales los pueblos pueden superar la pobreza.  
Nicolás Cachanosky es un modelo de cómo estar al frente de los más avanzados debates y aportes académicos y, al mismo tiempo, cómo difundir didácticamente la complejidad de la ciencia económica para los debates ciudadanos. Este libro tiene las dos características: es un libro técnico, con pluma amable pero que necesita atención por parte del lego, escrito especialmente para ayudar a la comprensión del drama y posibilidades de recuperación de la economía argentina. Cuantos más ciudadanos argentinos lean este libro, mayores serán nuestras posibilidades de recuperación. 
El papel de este prólogo no es volver a explicar lo que Nicolás explica, sino ubicarlo en un contexto filosófico más global que pueda sí mostrar la enorme importancia de esta obra. 
Lo primero que sorprenderá al lector, en un libro de economía, es la importancia que el autor le da a las instituciones. Pues bien, ello no debería sorprendernos. Cuando nos adentramos un poco más en la ciencia económica más sólida y profunda, en la “good economics” en la cual ha abrevado el autor, nos damos cuenta de que el desarrollo y la capitalización no son el resultado de un ministerio, de un plan, sino de instituciones sólidas que garanticen la propiedad y el libre comercio. La inversión es la utilización del ahorro para producir nuevos bienes de capital. Lo cual implica que debe haber ahorro en el mercado de capitales e inversionistas que puedan pensar en el largo plazo. O sea, ahorro e inversión, la clave del desarrollo, implican la posibilidad de tomar riesgos en el presente pensando en la rentabilidad a largo plazo. Ahora bien, si le damos a un estado la facultad para que de modo arbitrario e ilimitado suba la carga impositiva, produzca inflación, legisle todo tipo de regulaciones, controle las variables económicas y además se endeude, no habrá ahorro ni inversión, y el resultado será la pobreza y el subdesarrollo. Por lo tanto, un estado limitado, donde constitucionalmente estén prohibidas dichas prácticas, donde por consiguiente los grupos de presión no tengan incentivos para acercarse a los poderes ejecutivos y legislativos, donde haya un poder judicial realmente independiente, y donde haya un verdadero federalismo donde el presupuesto de las provincias no dependa de las prebendas del estado nacional, es, en conjunto, la condición institucional del desarrollo económico. De allí el magnífico capítulo del autor dedicado a la democracia y a los límites institucionales del estado. 
En el caso argentino, esto es particularmente revelador. La economía de mercado no es una política económica más que se pueda “planificar e instrumentar” desde las mismas instituciones mussolinianas dejadas por el peronismo y que no han sido reformadas por ningún gobierno. Porque ellas mismas implican, uno, imprevisibilidad a largo plazo (porque desde esos organismos gubernamentales se puede dar vuelta todo lo medianamente racional que se intente hacer), y, dos, un permanente estado de control, de permisos, de regulaciones, de corruptelas, de gasto público, de estado elefantiásico.  
Por eso la peculiar atención del autor al tema del capitalismo, al libre mercado y al famoso “neoliberalismo de los 90”. Los argentinos creen en general que los 90 fueron “el mercado”. Esto es grave. No es una sola cuestión de términos. El mercado implica precisamente eliminar ese estado ilimitado que en los 90 no fue eliminado, y que coherentemente termina elevando los impuestos, la deuda pública, el gasto público, para terminar por ello en la crisis del 2001. Cualquiera tiene derecho a estar en contra del comunismo, pero si identifica a George Washington con el comunismo, tendrá un leve problema de apreciación histórica. De igual modo cualquiera tiene derecho a estar intelectualmente contra el mercado, pero si cree que Menem era el mercado, tendrá el mismo problema. Cabe preguntarse, por lo demás: quienes están intelectualmente en contra del mercado, ¿qué “idea” tienen del mercado? Tal vez este libro les ayude a reflexionar sobre ello. Porque tal vez está pensando en lo que se llama “capitalismo real”, o sea lo que Ludwig von Mises llama “intervencionismo”, en la parte VI de su tratado de economía. Quizás sería bueno que concluyendo este libro el lector quisiera encarar esa apasionante lectura.  
Para el lector argentino, la explicación de “las cuatro etapas del populismo”, es fascinante porque no tiene más que aplicarlas a su propia experiencia, pero ahora con los elementos de la buena economía. No las voy a explicar yo pero sí facilitar su comprensión con una elemental analogía. Supongamos que soy un presidente que sube con grandes promesas de distribución del ingreso y la lucha contra el capitalismo salvaje. Supongamos que el banco central está ordenado y la economía más o menos funcionando. Entonces re-distribuyo todo lo que quiero y me convierto en el primer trabajador, en el qué grande sos, etc. Al principio todo parece ir bien (uno). Pero luego el banco del estado comienza a quedarse sin reservas. Tengo que subir impuestos, endeudarme, confiscar, emitir moneda, hay inflación, comienzan los problemas (dos) pero, claro, siempre está EEUU y su imperialismo para echarle la culpa. Finalmente se llega a la hiperinflación, al default, al casi quiebre de la cadena de producción y distribución, al caos (tres). Claro, entonces algo, alguien, deberá frenar la fiesta inolvidable, y será el culpable de toda la pobreza que esa fiesta ha producido (cuatro). ¿Les hacer acordar a algo? 
Por ello al argentino promedio le es tan difícil advertir los peligros del déficit fiscal, inflación, control de precios, etc. Fundamentalmente porque vive aún en la nostalgia de la primera etapa del populismo, donde pareciera que no hay escasez. Olvidar la escasez en economía es como olvidar la matemática en la Física, o el sonido en la música, o el agua en la vida. Pero sí, se la olvida. “El estado debería hacer….”. Si, ¿y de dónde? En primer lugar, de impuestos. Ah, que paguen los que más tienen. Sí, pero el impuesto progresivo a la renta frena las inversiones y por ende terminan pagando los que menos tienen.  
Cuando el tema impositivo no da para más, se entra en déficit fiscal, como cualquier familia que gasta más que sus ingresos. ¿Cómo financiar el déficit? Pues con emisión de moneda o con deuda pública. La emisión de moneda genera inflación: Nicolás “se mata” explicándolo, ante infinitas voces que aún creen que no es así (de vuelta, por la negación de la escasez, porque si el problema económico se solucionara emitiendo moneda, no habría problema económico). La inflación produce aumento de precios. El gobierno intenta entonces controlar los precios. Ello genera faltante de bienes y servicios. Como las tarifas congeladas de luz: no hay luz. No hay vuelta que darle. No hay, sencillamente.  
Pero queda, claro, la deuda pública. Hasta que ya no se puede pagar más y…. Oh, el default. Pero entonces, de vuelta, los malos son los acreedores. Es impresionante cómo los argentinos han llamado a quienes no aceptaron la quita de la deuda: los buitres. ¿Y por qué tenían que aceptarla? ¿Por caridad? Ah, eso es confundir las cosas. Uno puede “prestar” algún dinerillo a algún amigo en problemas, sabiendo que no lo puede devolver. Pero eso no es un préstamo, es una donación. Si es realmente un préstamo, hay un acreedor. Y la cuestión es: ¿por qué tuve que pedir un préstamo? En el caso del déficit fiscal, es claro: porque los gobernantes y sus votantes creyeron que el estado es como Jesús en las bodas de Caná. Incapaces luego de reconocer esa peculiar confusión teológico-económica, echan las culpas, furiosos, a un salvaje capitalismo financiero internacional, cuando todo se debe en realidad al real salvajismo de un estatismo nacional.  
Por último, el autor evalúa propuestas de reforma, de solución. Dejo al lector que las disfrute por sí mismo, con un margen de esperanza. Pero una esperanza fundada en que, si él ha comprendido las ideas del autor, será parte luego de una opinión pública transformadora de una realidad nacional de otro modo inamovible.  
Hay que agradecer a Nicolás Cachanosky, doctor, profesor, assistant professor en la Metropolitan State University of Denver, su compromiso, su jugada personal a favor de su país, su paciente aplicación de la más elevada macroeconomía a las circunstancias de este enloquecido lugar, tan soberbio, tan nacionalista, tan autoreferente, y tan irrelevante para el mundo. Nada obligaba al autor a este inmenso y difícil trabajo, excepto su delicada conciencia, su hombría de bien, su compromiso por la verdad, valores tan escasos en estos momentos. No sólo ha sido Nicolás uno de mis mejores alumnos, sino uno de los más generosos e intelectualmente honestos que he tenido y conocido. Hoy, su amistad me honra totalmente, al mismo tiempo que seguir adelante de forma permanente con la llama prendida de nuestros respectivos padres. Que Dios se lo tenga en cuenta. 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

“Mientras haya aduanas, habrá corrupción en Guatemala”

Por Belén Marty: Publicado el 19/9/15 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2015/09/18/mientras-haya-aduanas-habra-corrupcion-en-guatemala/

Warren Orbaugh, reconocido arquitecto guatemalteco, objetivista y director del Centro de Estudios del Capitalismo de la Universidad Francisco Marroquín, cree que la corrupción que se descubrió relacionada con la mafia aduanera en Guatemala, y que salpicó a altos jerarcas de este país, es inherente a propia existencia de las aduanas.

Para Orbaugh las ideas lo son todo. Se debaten en el mundo académico, luego pasan a ser analizadas en los medios de comunicación y finalmente las consume el resto de la sociedad.

Warren habla bajo, pero sus palabras son precisas y pensadas. Este académico guatemalteco estuvo en Miami, en el lanzamiento de la Fundación para la Responsabilidad Intelectual (FRI) en el cual se presentó como moderador de una serie de debates socráticos sobre economía de libre mercado; debates que fueron monopolizados y mediados por la actualidad institucional de Guatemala.

¿Cómo se entiende el caso de corrupción en Guatemala?

Parte de lo que estamos intentando hacer algunos es que la gente comprenda que no se trata de personas sino de estructuras. En tanto tengas aduanas y tengas una persona decidiendo darte o no darte permiso para hacer una transacción comercial con otra persona, entonces vas a tener la oportunidad de que haya corrupción.

Lo que hay que eliminar es justamente eso: eliminar las aduanas. En Europa no hay aduanas, ni tampoco en Estados Unidos entre sus estados.

¿Cuál es el poder de las ideas?

El poder de las ideas es fundamental. Hemos conseguido por medio del poder de las ideas que en Guatemala se eliminara el monopolio de la telefonía, se diera libre competencia y ahora hay más teléfonos en Guatemala que personas.

Yo, que me dedicaba a la construcción debía encargar entre 600 a 1.000 teléfonos para mi edificio y los tenía que encargar con tres años de anticipación.

También por medio de las ideas logramos establecer una ley donde se le prohíbe al Banco Central de Guatemala prestarle dinero al Gobierno y emitir moneda. La maquinita se paró.

¿Cuál es la inflación en Guatemala?+

La inflación de Guatemala es muy baja. Pero los políticos han encontrado una manera de endeudarse externamente vendiendo bonos. El banco central ha intentando mantener una paridad con el dólar, lo cual no deja que la moneda flote. De esta manera, la moneda se va devaluando igual que el dólar. Si la hubieran dejado libre, la moneda se habría fortalecido.

 Desde el punto de vista académico, ¿cuál es el significado de que los guatemaltecos hayan salido a las calles?+

Hubo ya varias acusaciones de corrupción en el Gobierno. De hecho es bastante sabido que en el Gobierno siempre hay algún tipo de corrupción ya sea en sobornos o porcentajes del contrato para algún proyecto. Pero probarlo era otra cosa. Lo que rebalsó el vaso fue cuando la vicepresidenta dijo que iba a contratar una compañía israelí para limpiar un lago en Guatemala e iba a gastar unos US$250 millones en eso.

Inmediatamente saltó la población a examinar la fórmula de lo que iban a hacer y era agua con sal… nos estaban viendo la cara de pendejos.

Se declaró nulo el contrato y se rescindió. Entonces después vino la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) y acusó a una serie de altos gobernantes de estar implicados en una mafia de aduanas. Metió presos a varios, entre ellos a la vicepresidenta.

En un principio no podían meter presa a la vicepresidenta porque tenía protección, por ello salió el pueblo a pedir que renunciara y finalmente renunció. Ahora está presa. Luego, el pueblo creyendo que el presidente también estaba involucrado también renunció. La Cicig también creyó que Otto Pérez Molina estaba involucrado y lo dijo dos semanas antes de las elecciones.

¿Cree que Otto Pérez Molina es inocente?

Es muy probable que sea inocente porque no han podido mostrarle ningún vinculo con la mafia aduanera hasta la fecha. Lo cual sería trágico porque sería haber hecho un golpe de Estado suave. Se le botó injustamente; él siempre alegó inocencia.

El caso es que ahora está preso y está siendo enjuiciado.

Un grupo de izquierda quiso aprovechar la situación creyendo equivocadamente que ellos tenían convocatoria, y pidió que no se celebraran elecciones para poder poner un Gobierno de transición con gente que, alegaban, habían estado luchando por los derechos sociales. Así, la idea era formar una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución de Guatemala y refundar el Estado.

Muchos de nosotros escribimos en contra explicando por qué eso era una mala idea y denunciando quiénes eran ellos y exponiendo todo su plan. La gente, por el contrario, fue a votar.

Y eso que la votación en Guatemala es voluntaria.

Sí. Nunca hubo una votación tan masiva como la de esta vez. Con eso también se logró evitar que uno de los candidatos que más asustaba a la población, Manuel Baldizón, llegara al poder.

Baldizón había hecho campaña por 12 años, había estado gastando dinero por tantos años que evidentemente lo iba a tratar de recuperar estando una vez en el Gobierno. Luego, era un mentiroso descarado. Te ofrecía cualquier cosa. La gente entonces desconfió mucho de él.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.