Migraciones: curiosamente países latinoamericanos con más emigrantes, más rechazan a inmigrantes

Por Martín Krause. Publicada el 15/7/16 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2016/07/15/migraciones-curiosamente-paises-latinoamericanos-con-mas-emigrantes-mas-rechazan-a-inmigrantes/

 

Como parte del Índice de Calidad Institucional 2016, que prepare con la Fundación Libertad y Progreso, presentamos un informe sobre un tema de suma actualidad mundial: las migraciones. Una breve consideración primero y luego una evaluación de los temas que se debaten:

Refugees

Tal no sea necesario agregar ya más datos  a los de posts anteriores. Los ya presentados reflejan algo obvio, un “vuelo hacia la calidad” en materia migratoria, tomando la frase utilizada en los mercados de capitales cuando la incertidumbre genera una búsqueda de seguridad. No es extrañar que quienes huyen de la violencia impuesta por ISIS se dirijan hacia Europa, no hacia África; de la misma forma que quienes buscan mejores oportunidades de trabajo en Centroamérica se dirijan hacia el norte, no hacia el sur.

Este proceso, sin embargo, no ha dejado de desatar todo tipo de polémicas e intensas discusiones. Los temas son muy variados y, como en tantas otras cuestiones, se presentan argumentos relacionados con los costos y beneficios de los cambios migratorios u otros basados en el respeto o la violación de determinados derechos fundamentales (por ejemplo, Clemens, 2011, para los primeros; Huemer, 2010, para los segundos). Vamos a intentar tratarlos en conjunto. Un informe de la International Organization for Migration (Esipova et al, 2015) en base a una encuesta realizada por Gallup muestra que en todas las regiones del planeta, con excepción de Europa, la gente ve la inmigración con ojos favorables y preferirían que los actuales niveles de inmigración se mantengan o incluso aumente. En Europa la situación es diferente ya que hay una mayoría a favor de reducirla, aunque con diferencias entre los ciudadanos de los países del norte europeo, que preferirían un aumento de la inmigración y los de sur que se manifiestan en favor de su reducción, (p. 1).

A nivel global, quienes preferirían niveles iguales (22%) o mayores (21%) de inmigración superan a quienes prefieren uno menor (34%), pero en Europa la mayoría (52%)  desea un nivel menor. “En siete de los 10 principales países destinatarios de migrantes (Estados Unidos, Canadá, Australia, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Alemania y Francia) una mayoría sostuvo que la inmigración debía aumentar o mantenerse, mientras que más de la mitad de los encuestados en los otros tres (Federación Rusa, Reino Unido y España) opinaron que los niveles inmigratorios deberían reducirse (Esipova et al, 2015, p. 2).

En cuanto a los países latinoamericanos se observa una diferencia entre los de Centro América y los de Sudamérica. Hay mayorías en Costa Rica (59%), El Salvador (59%) y México (54%) que prefieren niveles menores; sólo en Honduras se igualan quienes quieren más y quienes quieren menos (44%). Resulta de alguna forma paradójica esta visión en países que son el origen de gran parte de los inmigrantes hacia Estados Unidos, Canadá o Europa. En Sudamérica, por el contrario, con excepción de Ecuador y Bolivia (el 62% y el 51% prefieren menos) los encuestados prefieren iguales o mayores niveles. En Brasil un 36% prefieren mantener el nivel y un 20% aumentarlo, pero ya hemos visto antes que de todas formas el volumen de inmigración a este país es muy bajo. En América del Norte, las mayorías favorecen niveles iguales (Estados Unidos 33%; Canadá 45%) o superiores (Estados Unidos 23%; Canadá 22%); (Esipova et al, 2015, p. 9).

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

No son tan fanáticos los musulmanes

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 12/9/15 en: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article34979097.html

 

Existen –está claro– musulmanes muy fanáticos, solo porque les conviene. Y también le conviene que existan estos fanáticos a los partidarios occidentales de la guerra –traficantes de armas, mercenarios, etc.– que se benefician con los conflictos que ayudan a crear.

Más de cuatro millones de sirios huyeron de la guerra. En lo que va de año, Berlín recibió más de 1,000 menores no acompañados, según Save The Children. En Suecia, calculan que cada semana llegan 700 niños “huérfanos”. Al final del 2014, solo en Alemania había 17,000 niños y adolescentes refugiados sin familiares.

“Hecha la ley, hecha la trampa” dice el refrán que desenmascara el hecho de que los gobiernos fabrican “leyes” con el fin crear delincuentes. Así, la imposibilidad de entrar “legalmente” a Europa ha introducido a los “traficantes” que les consiguen, a las personas, lo que los Estados les niegan. Por caso, un adolescente eritreo de 16 años contó a Save The Children cómo los traficantes lo obligaron a trabajar en un campo en Libia, para pagar su pasaje, donde le pegaban y le rompieron un brazo.

Aunque abrieron sus puertas a los kuwaitíes cuando Hussein invadió el emirato en 1991, las ricas monarquías del Golfo –propagadoras del fanatismo islámico como Arabia Saudita, que tiene una policía religiosa más violenta que la Inquisición– casi no reciben refugiados musulmanes demostrando que son fanáticos del islamismo solo cuando les conviene. Dicho sea de paso, si los torpes políticos de Occidente no hubieran atacado Irak y Libia el panorama sería hoy más pacífico y sus tiranos –Kadafi y Hussein– hubieran caído por su propio peso.

Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar) gastaron para Siria unos US$500 millones, poco comparado con su capacidad. Pero cuando los refugiados salen de los campos en el Líbano, Jordania y Turquía, van sobre todo a Europa, demostrando que no son fanáticos y que prefieren la cultura occidental.

En una prueba más de su dislocación síquica con la realidad, “llamamos a los musulmanes… a realizar la hégira (emigración) al Estado Islámico”, dijo el líder de la zona de donde más huyen, el “Estado Islámico”. Eso sí, Qatar y Arabia Saudita cuentan con una enorme cantidad de extranjeros, principalmente de India y Asia Central, pero musulmanes… no, gracias.

Miles de europeos dan muestras de solidaridad con los refugiados aun cuando el desempleo en la Unión Europea (UE) roza los 23 millones de personas. Desempleo que no es natural –hay muchas viviendas, escuelas, hospitales, etc. para hacer– sino creado por el “Estado de Bienestar” al imponer “leyes” como la del salario mínimo que impide que trabajen –“legalmente”– los que ganarían menos.

Irónicamente, según estudios, la UE necesitará en las próximas tres décadas sumar 50 millones de trabajadores –que paguen impuestos, obvio– para sostener sus sistemas sociales. Y sin inmigración la población europea descendería. Los refugiados llegados –365,000– en lo que va de año a la UE equivalen al 0.06% de la población local, tienen una tasa de emprendimiento empresarial mayor y comenten menos crímenes. Y no generan desempleo: el Reino Unido incorporó desde 2004 más de un millón de polacos mientras se redujo el desempleo y subió el salario medio.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.