El Martín Fierro como primera gran denuncia de la corrupción argentina

Por Carlos Newland: 

 

El Gaucho Martín Fierro (1873) de José Hernández busca reflejar la mentalidad y las condiciones de vida de habitantes rurales del siglo XIX. Para nosotros es una obra clásica que describe vivencias y experiencias que son comunes a los argentinos y a las sociedades de todos los tiempos.  Aquí quisiéramos destacar uno sus contenidos, la denuncia de la corrupción, entendida como el manejo que hacían ciertos funcionarios públicos en pos de su beneficio privado. Hernández se enfocó en la cuestión tal como era percibida por el gaucho bonaerense en su vida cotidiana y por ende no consideró pertinente señalar los grandes negociados de los gobiernos nacionales o provinciales, en las compras estatales o en la contratación de obra pública. Se concentró más bien en los manejos de las autoridades políticas locales y de los jefes de las unidades militares en la frontera. Ambos ámbitos afectaban significativamente la vida de los habitantes de la campaña, ejemplificada a través de la figura y desventuras del  gaucho Fierro. El cuadro que presenta parece ser razonablemente fidedigno, según puede inferirse de la interesante compilación de documentos de la época presentada por el historiador Eduardo Míguez (El Mundo de Martin Fierro, 2005).

 

El primer destinatario de las críticas de Hernández es el conjunto de los jueces de paz, autoridades locales con funciones policiales y judiciales, designados por los gobiernos provinciales. Claramente muchos de estos funcionarios se aprovechaban del poder que detentaban para obtener beneficios y hacer exacciones a costa de la población.  Para mantener sus puestos necesitaban, en primer lugar, garantizar que sus partidos fueran los ganadores en las elecciones. Para lograr este objetivo presionaban o forzaban a los paisanos bajo su jurisdicción a elegir a los candidatos de sus propios partidos. Los jueces de paz perseguían a los pobladores que no asistían a los comicios o a aquellos que aparecían portando boletas de otros partidos, y se las arrebataban. Por todo ello, según el poema, resultaban elegidos los peores candidatos:

 

Ricuerdo que esa ocasión

daban listas diversas;

las opiniones dispersas

no se podían arreglar:

Decían que el Juez por triunfar

hacía cosas muy perversas.

 

Cuando se riunió la gente

vino a ploclamarla el ñato;

diciendo con aparato

«que todo andaría muy mal;

si pretendía cada cual

votar por un candilato.»

El anhelo de Fierro era el derecho a votar libremente, así declama:  “Mande el que mande, yo he de votar a quien quiera”. Claro que cuando un individuo ejercía este derecho corría el riesgo de ser castigado y enviado a la frontera. Entre los hechos delictivos vinculados a los funcionarios estaba el de asociarse con criminales para despojar a los lugareños, así lo marca el texto:

 

Decían que por un delito

mucho tiempo andubo mal;

un amigo servicial

lo compuso con el Juez,

y poco tiempo después

lo pusieron de Oficial.

 

En recorrer el partido

continuamente se empleaba.

Ningún malevo agarraba

pero traía en un carguero,

gallinas, pavos, corderos

que por ay recoletaba.

 

No se debía permitir

el abuso a tal estremo:

mes a mes hacía lo mesmo,

y ansí decía el vecindario,

«este ñato perdulario

ha resucitao el diezmo.»

 

Otra práctica de los jueces de paz o sus asociados era la de aprovecharse de la custodia de los bienes de huérfanos mediante la designación de administradores expoliadores. Asimismo,  tenían la facultad de elegir  a aquellos pobladores destinados a la frontera. En lugar de hacerlo aleatoriamente, escogían a quienes  no consideraban de su confianza, a los que no votaban a su partido o a los que no aceptaban sus arbitrariedades.

 

La segunda instancia de corrupción se daba en los fortines. A los gauchos se los obligaba a enrolarse en la milicia, debiendo servir en unidades de la frontera durante un largo e impreciso periodo. Muchos no cobraban el sueldo estipulado, y se puede deducir que sus remuneraciones “se perdían” por alguna parte.  En el caso de Martín Fierro, no le abonaron su salario durante dos años. Por otra parte, la corrupción existente en los fortines afectaba la alimentación de los soldados. Aunque se adquirían alimentos para el rancho, los jefes hacían facturar a los proveedores por una cifra mayor a las vituallas recibidas, quedándose con la diferencia:

 

A mí no me jué tan mal

pues mi oficial se arreglaba;

les diré lo que pasaba

sobre este particular.

 

Decían que estaban de acuerdo

la Bruja y el provedor,

y que recebía lo pior…

Puede ser, pues no era lerdo.

que a más en la cantidá

pegaba otro dentellón,

y que por cada ración

le entregaban la mitá.

Y que esto, lo hacía del modo

como lo hace un hombre vivo:

firmando luego el recibo,

ya se sabe, por el todo.

 

Dentro del cuartel los oficiales y suboficiales iban sustrayendo parte de  los alimentos adquiridos para los soldados hasta que a los reclutas sólo les llegaban migajas. Con humor, dice Martín Fierro, que cada nivel militar repetía un viejo dicho popular al sustraer la comida para los milicianos “-Araña, ¿quién te arañó?   -Otra araña como yo”. Por otra parte, las autoridades militares hacían trabajar a los soldados en sus propias estancias y chacras, sembrando, haciendo corrales y construyendo con adobe. Las municiones que se adquirían para los soldados nunca terminaban siendo utilizadas para los enfrentamientos con los indígenas. Eran vendidas privadamente por los comandantes a los cazadores de la zona. A los soldados se les daban lanzas y no las armas de fuego que debían ser provistas. El comandante incluso se apropió del caballo de Fierro, un animal envidiable que se destacaba por su velocidad en las carreras. Así se resumía la corrupción en los fortines:

 

Yo he visto en esa milonga

muchos Gefes con estancia,

y piones en abundancia,

y majadas y rodeos;

he visto negocios feos

a pesar de mi inorancia.

Hernández termina solicitando que el servicio de milicia se haga con soldados contratados, debiéndose dejar de imponer a la población ese trabajo forzado: “Si el Gobierno quiere gente, que la pague y se acabó”.

 

En toda la obra domina un tono pesimista en cuanto a esta situación general. La corrupción va afectando la ética de los individuos: en el caso del Martín Fierro lo termina llevando a convertirse en criminal y posiblemente asociado a los indígenas en los malones. Poca reforma podía esperarse de la iniciativa de los gobernantes, quienes en la terminología actual eran incansables buscadores de rentas, como dice el Moreno en la payada final:

 

los que la gobiernan ven

a dónde han de dar el tajo.

le cai al que se halla abajo

y corta sin ver a quién.

 

mas yo soy un negro rudo

y, aunque de esto poco entiendo,

estoy diariamente viendo

que aplican la del embudo.

 

La ley del embudo, por la cual el que tenía poder se quedaba con todo y el que no lo tenía, con nada. El tono fatalista del poema, creemos, tiene su lado positivo: describe una situación nefasta que debía reformarse. Su permanente lectura tiene por ello una gran utilidad dada la continuidad histórica de los saqueos a los bienes públicos en nuestro país. Nos marca que debe existir un cambio no solo legal o de administración de la justicia, sino también cultural. Para lograrlo nada mejor que releer y releer nuestro gran texto nacional.

 

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

 

Materialismo socialista

Por José Benegas. Publicado el 3/10/18 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2018/10/materialismo-socialista.html

 

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El liberalismo ha sido acusado muchas veces de “materialista” desde la óptica moral socialista. Ese reproche se sustenta en la incomprensión de la diferencia entre materialidad y riqueza.

Hace unos días una periodista de la televisión argentina destacó como un logro del régimen castrista, que tiene tantas simpatías entre la élite ilustrada del país, el 98% de alfabetización alcanzado en la isla según cifras oficiales. Démoslas por correctas, porque no viene al caso si responden a alguna realidad o se trata de una mera arbitrariedad propagandística. Lo cierto es que un Estado puede hacer pirámides, el sur de los Estados Unidos pudo llenarse de plantaciones de algodón con esclavos y Corea del Norte puede conseguir misiles atómicos y llenar las plazas durante los desfiles. Eso es pura materialidad y, sin embargo, ni para la economía son relevantes por tener costos imposibles de cuantificar. Desde esa materialidad intentarán poner los gastos en la compra de los insumos para sus obras, pero la contabilidad no podrá reflejar el precio, que no se pagó pero se apropió, por las voluntades conculcadas. El “no precio” no puede traducirse en números, apenas podrían calcularse los costos de dominar esas voluntades con los salarios de los policías, los látigos o los gases lacrimógenos. Pero incluso habría que tomar con cuidado esas cifras porque tampoco existe una plena voluntaridad en los agentes del Estado remunerados.

Ahí creo que reside la más profunda incomprensión de la perspectiva socialista a la liberal. Los números de un sistema voluntario son simplificaciones de elecciones, no de mera materialidad. La utilidad de esos números está en que pueden servir para predecir limitadamente lo que la gente de un mercado haría para conseguir un producto y para conocer algún cambio que suceda en esa preferencia. Ningún número de los que provee una economía no intervenida, por esa razón, tiene sentido alguno una vez que es intervenida. Producir con el conocimiento de lo que la gente quiere o prefiere, no es simplemente más eficiente que hacerlo obviando esa cuestión, es que lo contrario carece de sentido, reduce los números a una materialidad tan vacía como las ciudades construidas por el Estado chino que jamás nadie habitará. Lo que no es precio es látigo, pero es absurdo hacer cuentas en el mundo del segundo.

Esa es la razón por la que 98% de alfabetización en un sistema socialista no significa nada más que la confirmación de que existe el socialismo, así como las pirámides de que existe la voluntad del faraón y la plantación de que existe la esclavitud, todo lo cual ya lo sabíamos. La obediencia y la colaboración no pueden ser puestas en una misma contabilidad ¿Qué le dará a los alfabetizados su alfabetización no siendo dueños de sus propias vidas? Muy poco. En Cuba se avanza únicamente por fidelidad al Partido Comunista y enseñarles a escribir y contar a los súbditos tiene tanto valor como engordar al propio ganado.

El socialismo intenta reproducir un resultado material con la pretensión de tener una visión sobre la sociedad, pero la tiene apenas del Estado y sus objetivos propios. A la sociedad no es que no la conoce, pese a llamarse “socialismo”, es que la ignora, porque en primer lugar la juzga y condena.

Hay una segunda cuestión de actualidad en la que se ve el abismo que separa ambos enfoques. El presidente Trump llevó a cabo un programa de reducción de impuestos corporativos. A la vez aumentó considerablemente el gasto de defensa, así que simplemente convierte impuestos presentes en impuestos incluso más altos futuros, pero la crítica desde la izquierda de cualquier manera es inválida porque consiste en reprocharle que el plan beneficia únicamente a los ricos. Acá es donde vuelven a fallar al atenerse a la materialidad. Los socialistas están espantados por lo que llaman el crecimiento de la desigualdad, porque, dicen, un sector ínfimo de la población está cada vez más lejos en su riqueza del sector que tiene menos. Igual que el 98% de alfabetización en Cuba, la precisión del dato no incide en el error principal, que es la incapacidad de interpretar los números relacionados con la voluntariedad, por quedarse pegados a la materialidad. No se puede tener una empresa que valga mil millones si no es porque la sociedad le asigna ese valor presumiblemente. No el dueño, los demás. La fortuna de Jeff Bezos no vale por sí misma, ni vale porque la esté consumiendo (podría perderla, pero difícilmente consumirla). Vale porque la están utilizando los demás. Bezos no es dueño de una pirámide egipcia o maya, de una plantación o de un Estado comunista, sino de una compañía cuyos precios reflejan satisfacción y preferencias de otros. Esta es una contabilidad cuyo significado los socialistas no comprenden. La economía de mercado es llamada capitalista porque las fortunas están puestas en la producción. Son parte de un flujo al que se entra y del que se sale, donde algunos por sus aciertos administran más cosas. No se puede ni medir la “desigualdad” en base a la tenencia de capital, que por definición está puesto al servicio ajeno, por motivos propios.

Existe capital y ahorro, que es su antecedente, porque existe la propiedad privada. La medición de “igualdad” pretende cuestionarla y cuando busca distribuir lo que quiere hacer es fragmentar el capital de un modo distinto al de esa no materialidad que es la voluntariedad de los que actúan en el mercado, que por esta vía se ven empobrecidos más allá de todo número. Así valdrían menos las tenencias de Bezos y también los ingresos de sus clientes y los de sus proveedores.

Por supuesto que hay que dejar afuera de este razonamiento al enriquecimiento producto de regulaciones o protecciones, de guerras comerciales y rescates financieros. Pero a eso no es a lo que apunta la visión igualitarista.

Lo que los socialistas no pueden comprender es que la propiedad privada hace que el capital sea puesto a disposición de los demás y que no se trata de una paradoja sino de una característica central del sistema.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

La deuda pública en EE.UU.

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado en https://www.cronista.com/columnistas/La-deuda-publica-en-EE.UU.-20170914-0046.html

 

Cuando Jefferson recibió la flamante Constitución estadounidense en París, escribió que si hubiera podido introducir una reforma la hubiera concretado en la prohibición al gobierno de contraer deuda pública. Esta manifestación jeffersionana se basaba en su idea que la deuda gubernamental compromete los patrimonios de futuras generaciones que ni siquiera han participado en las elecciones que entronizan al aparato estatal que contrajo la deuda.

Mucho más adelante, el premio Nobel en Economía, James M. Buchanan expresó algo similar referido a la vinculación de la deuda pública con la democracia.

En estos momentos, hay reuniones en Washington para negociar otro corrimiento del techo legal a la deuda que ahora alcanza a los veinte billones de dólares (trillones en el léxico norteamericano: veinte seguido de doce ceros). Esto significa unos setenta mil dólares por habitante y representa más del cien por cien del producto bruto.

La negociación de referencia se basa en el empecinamiento del presidente Donald Trump en construir un muro al sur del país en el límite con México al efecto de dar rienda suelta a sus veleidades xenófobas ya que el gobierno de ese país se niega a financiarlo, al contrario de lo que Trump había anunciado pomposamente en su campaña.

Estas conversaciones algunas cordiales y otras no tanto se desarrollan en el contexto de pretendidas reducciones impositivas, al tiempo que el presidente de marras apunta a elevar el gasto público con lo cual la situación fiscal empeoraría sensiblemente.

En realidad el tema de la deuda estatal se vincula a la mal llamada inversión pública que es en verdad una contradicción en términos. Como es sabido, una inversión se realiza en el contexto de evaluaciones subjetivas por parte de quienes estiman que el valor futuro será mayor que el del presente. El desatino de la denominada inversión pública nos recuerda la disposición del Dr. Alfonsín sobre el ahorro forzoso. No hay tal, se trataba de una exacción adicional.

En las cuentas nacionales debieran contabilizarse estas operaciones como gastos en activos fijos para distinguirlos de los gastos corrientes. Seguramente no se aceptará la patraña si le arrancáramos la billetera a un transeúnte con la promesa que destinaremos el botín para invertirle el dinero. Del mismo modo ocurre con el Leviatán.

El uso de la fuerza es incompatible con la noción de invertir, es por definición un proceso voluntario.

En Estados Unidos, el otrora baluarte del mundo libre, no puede seguir ilimitadamente con la parodia de elevar el techo de la deuda y seguir gastando alegremente. No sería raro que ciertos acreedores pretendieran en algún momento recuperar el principal y no conformarse con los intereses.

En ese supuesto caso podemos vislumbrar a los patrioteros de siempre alegando que se trata de un acto de guerra. Vivir con lo que se tiene es un buen consejo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Macri en la Cueva de las Manos

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 10/1/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/macri-la-cueva-las-manos/

 

La Cueva de las Manos es un sitio arqueológico y de pinturas rupestres que se encuentra en la Patagonia, al sur de mi Argentina natal. Evoco sus imágenes, que resultan tan conmovedoras hoy como cuando fueron pintadas, hace nueve mil años, para bosquejar un balance del primer año del gobierno de Mauricio Macri.

Cuando llegó a la Casa Rosada dije algo que mantengo ahora: estoy contento de que haya ganado Macri las elecciones, pero también lo estaría si las hubiera ganado el conde Drácula. En efecto, es muy difícil empeorar el desastre del populismo kirchnerista, su demagogia, su sectarismo, su desprecio a las instituciones democráticas y republicanas, sus alianzas internacionales con lo peor del planeta, su corrupción y su calamitosa gestión económica.

Conviene subrayar este último punto, porque el kirchnerismo insiste en sus buenos resultados, contrastándolos con los malos del macrismo. La verdad es doble: suerte y despilfarro. Tuvo suerte el matrimonio Kirchner con el ciclo alcista de las materias primas, en particular la soja. Pero además acometió una delirante carrera para descapitalizar el país y crear en los argentinos una falsa sensación de riqueza, producto de una “fiesta de consumo artificial”, como dice el economista Roberto Cachanosky. El patrón fue similar en todos los casos. Por ejemplo, el gobierno prohibió exportar carne vacuna y la sobreoferta local les abarató a los argentinos su famoso asado durante un tiempo. ¿Milagro? No: espejismo. Eso duró mientras se produjo una abrupta caída de millones de cabezas, sacrificadas por la falta de rentabilidad, y la reducción de la oferta hizo que el precio del asado finalmente se disparara.

Lo mismo sucedió con el control de las tarifas eléctricas, que abarató la luz a los argentinos pero descapitalizó a las empresas con el resultado, recuerda Cachanosky, de que “volvieron los cortes de luz como en la época de Alfonsín, el sistema energético está colapsado y se necesitan miles de millones de dólares para reconstruirlo”. Otro tanto vale para el transporte público, los ferrocarriles, las carreteras, el gas…y hasta el patrimonio del Banco Central y de los pensionistas privados, cuyos ahorros fueron confiscados. Las autoridades populistas se marcharon dejando un déficit público del 7 % del PIB. “Lo cierto es que el kirchernismo literalmente destruyó la economía”.

En ese difícil contexto llega Mauricio Macri. Su propósito, como escribió hace poco en El País era claro: “pasar página”. En el aspecto institucional el contraste con el siniestro kirchnerismo es patente. La Argentina ha reparado su posición política en el mundo: Macri no homenajea a los dictadores cubanos y ha tenido el honor de ser insultado por Nicolás Maduro.

Pero en economía los resultados han sido desalentadores. La Argentina ha recuperado la estanflación: en 2016 se estima que el PIB habrá caído un 2,5 %, con una inflación del 40 %.

El Gobierno argentino pronostica un crecimiento del 3,5 % en 2017, pero el economista José Luis Espert cree que será menor, de en torno al 2 %, a pesar del efecto estadístico de comparar con un año muy malo, y a pesar de la cosecha, que será buena, aunque también lo será en el resto de las potencias agrícolas, con lo que los precios no subirán demasiado. El Ejecutivo de Macri prevé una inflación del 12-17 % y un dólar a 18 pesos, pero tampoco muchos analistas lo acompañan en su optimismo.

Se dirá que la herencia recibida era terrible y que se necesita tiempo. Es verdad. Y también es verdad que en economía se hicieron cosas buenas, empezando por la salida del “cepo cambiario” sin un colapso financiero ni un default. Hablando de eso, también se arregló la situación con los holdouts y la Argentina regresó a los mercados de crédito.

Pero el sempiterno problema del gasto público, que supera el 40 % del PIB no se resuelve. El Gobierno de Macri no lo ha reducido, y en cambio ha subido los impuestos y la deuda, que se coloca en dólares por encima del 7 %. Se vuelve a recurrir al tipo de cambio para contener la inflación, como tantas veces en el pasado. El torrente de inversiones extranjeras que había sido pronosticado no se ha producido, y es una de las razones del despido de Alfonso Prat Gay. Pero, como bien dice el periodista Carlos Mira, el ya ex ministro “no es completamente culpable de que esos objetivos no se hayan alcanzado. Es el propio presidente el que ha boicoteado la tarea”. De momento, cuenta con el colchón de ingresos que ha generado la exitosa amnistía fiscal (que allí llaman “blanqueo”).

Mauricio Macri mantiene una aprobación popular bastante elevada, a pesar de la recesión y la inflación, incluidos los tarifazos, pero no está claro que su estrategia sea sostenible. En vez de atender a las explicaciones convencionales de los grupos de presión que sigue financiando, como los sindicatos y los piqueteros, con la manida y falaz excusa del “estallido social”, igual debería pensar en la historia de su país, con tantas crisis repetidas por el exceso de gasto público, el endeudamiento, y la falta de medidas liberalizadoras.

Es posible, por supuesto, que la situación cambie a mejor. El economista Iván Carrino ha destacado el liberalismo probado del nuevo ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Y Martín Krause, catedrático de Economía de la Universidad de Buenos Aires, subrayó que Macri acaba de apuntar hace pocos días la necesidad de un cambio de valores, que deje atrás el intervencionismo populista, con brillantes promesas cortoplacistas que se tornan siempre en ruinas a medio plazo. Sería desde luego maravilloso superar la demagogia antiliberal y antirrepublicana de las consignas populistas como “los derechos se defienden en la calle”, y no en la Justicia, barbaridad típica de los piqueteros kirchneristas y de sus amigos españoles de Podemos. Sería magnífico dejar atrás su mensaje totalitario que busca la expansión de la política a expensas de la sociedad, y del Estado a expensas del mercado, en un ejercicio ilimitado del poder orientado sistemáticamente al recorte de derechos y libertades individuales. El problema, advierte el doctor Krause, es que nadie en el Gobierno argentino “se preocupa por las ideas y los valores”.

Si Macri empieza, bien iremos. Podría inspirarse el presidente en los mejores momentos de la historia argentina, cuando el liberalismo la convirtió en pocos años en un país rico y admirado. Por hablar de historia, podría remontarse hasta sus orígenes más remotos. Los primeros argentinos de la Cueva de las Manos parecen saludar, simpáticos. Pero ¿a que también parecen pedir que los dejen en paz?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

¿Qué te han hecho, Tucumán?

Por Alejandro O. Gomez. Publicado el 25/8/2015 en: http://opinion.infobae.com/alejandro-gomez/2015/08/25/que-te-han-hecho-tucuman/

 

Urnas quemadas, votos comprados, bolsones de comida, periodistas agredidos e irregularidades en el escrutinio de las mesas electorales. Son estas las señales del deterioro al que fue sometido el sistema republicano en Tucumán. Produce una profunda tristeza ver la situación a la que ha sido sometida esta insigne provincia generadora de algunos de los más grandes hombres de la patria. Solo el poder absoluto de una clase política que no tiene el más mínimo respeto por los principios republicanos y el estado de derecho ha podido sumirla en esta situación.

Lamentablemente, en los comicios celebrados el domingo 23 de agosto se han producido todo tipo de trampas y manejos clientelares con el objetivo de ganar las elecciones que permitan mantenerse en el poder a los candidatos del oficialismo. ¿Acaso la victoria tiene que ser a cualquier precio con tal de conservar sus privilegios y sus fuentes de recursos de dudosa transparencia? ¿Conocen estas personas la gloriosa historia de esta provincia que nos ha proporcionado a todos los argentinos un sinnúmero de próceres? Quizás convenga un breve recordatorio para aquellos que han olvidado el extraordinario aporte que realizó esta provincia al nacimiento y al progreso de la patria en sus momentos fundacionales.

Los casos que menciono a continuación no pretenden ser una lista exhaustiva, sino solamente una referencia a alguna de las personas más destacada que nos brindó dicha provincia, aunque seguramente estaré siendo injusto por aquellos casos en que, por omisión o desconocimiento, no son mencionados a continuación. De todos modos, creo que sí contribuye a tomar una verdadera dimensión del aporte que hizo Tucumán a la patria, ya que lamentablemente en los últimos años ha sido noticia por los casos de pobreza y corrupción más que por ser cuna de tan ilustres personajes como los que señalo a continuación.

Bernardo de Monteagudo, hombre muy activo en los movimientos de independencia de Sudamérica y muy cercano a José de San Martín, Bernardo O’Higgins y Simón Bolívar; el general Gregorio Aráoz de Lamadrid, héroe de la independencia y gobernador de Tucumán; el coronel Crisóstomo Álvarez, quien luchara contra la dictadura de Juan Manuel de Rosas; el obispo José Colombres, que por el mismo motivo debió exiliarse del país hasta el triunfo de Caseros en 1852; Marcos Paz, vicepresidente de la nación en el mandato de Bartolomé Mitre. Y quizás los más destacados e influyentes en el momento de la organización nacional, Juan Bautista Alberdi, padre laConstitución y sus coterráneos Nicolás Avellaneda y Julio Argentino Roca, ambos presidentes de la nación, este último en dos oportunidades. Se podría decir que estos tres tucumanos han sido de los más importantes hombres que ha dado el país en el siglo XIX.

Vayan estas líneas como un recordatorio de todo lo que nos dio Tucumán y todo lo que puede llegar a dar. No es cierto que deba sumirse en la pobreza y las dádivas de los Gobiernos de turno. Su suerte está atada a la actitud que tomen sus ciudadanos, a que se rebelen contra un statu quo que pretende eternizarse como si la única alternativa que tienen sus habitantes sea subsistir en la pobreza y la “ayuda” que les brinden las autoridades por medio de planes sociales.

¿Qué te han hecho, Tucumán? Busca en tu glorioso pasado el camino hacia un futuro mejor. Lo has hecho antes, lo puedes hacer ahora. Muéstrate como el ejemplo que has sido en el pasado, cuando las circunstancias eran tanto o más difíciles que las del presente.

 

Alejandro O. Gomez se graduó de Profesor de Historia en la Universidad de Belgrano, en el Programa de Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Master of Arts in Latin American Studies por la University of Chicago y Doctor en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella. Es profesor de Historia Económica en la Universidad del CEMA.

 

LIBERALES, DEJEN DE PELEARSE PLEASE!!!!!!!!!!!!!!!!

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 2/11/14 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2014/11/liberales-dejen-de-pelearse-please.html

 

En Argentina hay buena calidad –no cantidad- de liberales clásicos y libertarios bien formados académicamente, en las diversas variantes de autores –y no hago una lista para que no se arme un primer problema-. En general son muy buenos especialistas y-o divulgadores. Algunos de ellos, sin embargo, tiene la costumbre de competir por “el liberal del mes”: espejito espejito, ¿quién es “el más liberal” de todos? Error académico en primer lugar: no hay un autor llamado “liberal” ni debe haber un séquito de seguidores que compitan por la recta interpretación del pontífice en cuestión. Y si yo, por ejemplo, estoy convencido de que Mises es un buen autor, no es correcto andar descalificando a los que no piensen lo mismo: en todo caso, si así lo pienso, debo dar argumentos sobre mi posición, y al mismo tiempo estar abierto a que otros pueden darme buenos argumentos, sobre otros autores, que no he tenido en cuenta.

Cuando los liberales pasan al ámbito político, la cosa es peor. Allí será imposible la existencia de un “partido liberal” que trate de implantar una “ortodoxia” que ni siquiera existe en el ámbito académico. Yo mismo participé en su momento en el partido liberal libertario, como modo de “instalar” temas, pero sabía que, si el partido crecía, los debates internos iban a ser inevitables y NO porque hubiera “traidores a la doctrina revelada” sino porque sencillamente hay visiones distintas dentro del liberalismo clásico y-o libertarianismo y está bien que así sea.

Pero, en segundo lugar, lo que habitualmente sucede y está sucediendo, es que algunos liberales se ubican dentro de partidos políticos ya existentes y entonces otros liberales les dicen sencillamente de todo, por una especie de “pecado” de “juntarse con los impuros”: comienzan peleas e insultos, con la insólita pretensión, además, de conocer las intenciones últimas de todos; se pierden amistades, y cada liberal termina haciendo de sí “la única alternativa” que evitará el desastre……………

Se han intentado alianzas entre diversos liberales, con vistas a una elección futura. Tampoco es viable. Cada uno tiene su circunstancia personal, sus razonables lealtades, sus razonables ambiciones, sus obvios desacuerdos prácticos, etc., y la cosa no funciona. Pero aún en el utópico caso de que fuera posible, el insólito optimismo de que una alianza así se pudiera presentar en el 2015 y ganar las elecciones o un espacio político importante es, por decir lo mínimo, enternecedor. Yo también tengo mis anhelos, por ejemplo, que alguna vez habrá tele-transportación y cosas por el estilo, y les aseguro que ello es mucho más realista.

Me asombra además la facilidad y el ímpetu cuasi-religioso con los cuales los liberales juzgan a los demás. Digo pseudo-religioso porque el religioso auténtico no juzga las conciencias. ¿Quiénes se creen que son? Cada uno tiene su circunstancia, su propio juicio prudencial, y aún en el caso de que pensemos que alguien ha cometido un error “político”, hay que decirlo con respeto y sin presuponer la supuesta “maldad” del otro. Me acuerdo bien cómo lo defendí, tantas veces, al santo de Pedrito Benegas, ANTES de que muriera, de tener derecho a su opción personal a formal el ala liberal del Pro. NO porque yo considerara que la opción iba a tener resultado, sino por el respeto al camino de cada uno.

Liberales, déjense de….  pelear. Si alguien quiere meterse en el Pro, en el radicalismo, con Carrió, con corrí, en el unen o separen, cada uno sabrá por qué: respetemos esas decisiones. Y si alguien quiere meterse en el kirchnerismo y jugar al infiltrado, que se divierta y que sobreviva 🙂 La cuestión es llegar al Congreso. ESA es le cuestión. Y no pianten votos, please, con un candidato a presidente. La cuestión es el Congreso. Una vez allí, entonces es el lugar para la verdadera alianza. Allí todos, sea de donde fuere que hayan venido, harán un bloque, instalarán temas, votarán como corresponde, etc.: ESA es la alianza.

 

La circunstancia es delicada. Pies en La Tierra, please.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

La tiranía del corto plazo

Por Enrique Aguilar: Publicado el 28/8/13 en: http://www.elimparcial.es/mundo/la-tirania-del-corto-plazo-127538.html

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner acaba de anunciar, en plena reunión mantenida con importantes empresarios, un alza sustantiva del mínimo no imponible para la aplicación del impuesto a las ganancias. Se trata de un reclamo que lleva ya varios años como consecuencia del asfixiante proceso inflacionario y de la falta de paulatina adecuación de las alícuotas y deducciones correspondientes.

El anuncio se veía venir y tampoco llamó la atención que fuera hecho ante ese auditorio, toda vez que, tras la derrota en las primarias de agosto, la presidenta había anticipado que sólo hablaría con “los dueños de la pelota” (léase, los empresarios que siempre crecen a la sombra del poder de turno). Como sea, la medida proporcionará un alivio, al menos pasajero, a muchos jubilados y trabajadores cuyos ingresos no superen los 15.000 pesos brutos mensuales (unos 2.500 dólares al cambio oficial o 1.600 según el llamado dólar blue) que, en adelante, no sufrirán ningún descuento por dicho gravamen cuyo impacto sobre el salario triplica hoy o aún más el que tenía hace una década. Por otro lado, para quienes perciban entre 15.000 y 25.000 pesos, se aumentarán las deducciones en un 20 %. (Cualquier extranjero que visite la Argentina advertirá, por el precio de los alimentos, la vestimenta y algunos servicios, que estamos hablando de cifras no muy significativas para una familia tipo con hijos en edad escolar.)

Bienvenida sea esta decisión, que sólo se explica por una urgencia electoral. En efecto, en octubre tendremos las elecciones legislativas y el oficialismo deberá remontar el contundente revés de agosto, cuando consiguió apenas un 26 % de adhesión que contrasta abiertamente con el 54 % obtenido por Cristina Kirchner en su reelección. (Entre paréntesis, insisto a este respecto en un argumento ya esgrimido hace un par de semanas. Es cierto que una primaria abierta no puede compararse con una elección presidencial. Sin embargo, en esta oportunidad la presidenta se había puesto al hombro la campaña, acompañando a sus candidatos y haciendo uso de la palabra en todos los actos.)

Al final del día, lo que puede concluirse es que seguimos sometidos a la tiranía del corto plazo. Una decisión que pudo haber sido meditada y consensuada con el debido tiempo, en el marco incluso de una no menos postergada reforma impositiva, se tomó entre gallos y medianoches para tratar de captar votos de una clase media evidentemente enemistada con el gobierno y de todo un arco del sindicalismo que venía haciendo suyo este reclamo, en virtud del golpe cotidiano que la inflación propina a los bolsillos de sus agremiados.

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.