Las dos páginas más memorables escritas en economía: Adam Smith en La Riqueza de las Naciones

Por Martín Krause. Publicada el /8/16 en: http://bazar.ufm.edu/las-dos-paginas-mas-memorables-escritas-en-economia-adam-smith-en-la-riqueza-de-las-naciones/

 

Con los alumnos de UCEMA vemos a Adam Smith y su famoso texto “La Riqueza de las Naciones”: Smith, Adam (1776), An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, Book IV, Chapter 1 y 2, “On the Principle of the Commercial or Mercantile System” y “Of Restraints upon the Importation from Foreign Countries of such Goods as can be Produced at Home”. Disponible en:http://www.econlib.org/library/Smith/smWN12.html#B.IVhttp://www.econlib.org/library/Smith/smWN13.html#firstpage-bar

AdamSmith

Si tuviera que elegir las dos páginas más memorables y relevantes que se hayan escrito en toda la historia del pensamiento económico creo que elegiría las del Libro IV, Capítulo II.

Hay tantas cosas en esas páginas que tal vez ningún otro texto haya podido aportar tantos temas como los que allí aparecen en algunos pocos párrafos. Para empezar, la famosa frase sobre la “mano invisible”, explicando que existe allí un “orden espontáneo” que lleva a que las acciones individuales motivadas aunque sea por el interés personal, terminan contribuyendo a un fin que no era parte de su intención. Persiguiendo su propio interés (que puede incluir la preocupación por el bienestar de otros), promueve más el bien de la sociedad que si se lo hubiera propuesto. Ya con eso sólo, por supuesto, ha pasado a la historia.

El tema va más allá que una mera metáfora sobre una “mano invisible”. Carlos Rodriguez Braun señala con muy buen criterio que en verdad es engañosa porque no hay allí ninguna mano, ni siquiera invisible, sino que son los incentivos de cada uno por los que para obtener lo que queremos tenemos que ofrecer a los demás algo que ellos necesiten y valoren. Pero es la magia de que allí, en el mercado, se ordenan las acciones de todos de una forma que termina beneficiándonos como no lo podríamos hacer si actuáramos con esa intención (por ejemplo, planificando la economía hacia un supuesto bienestar general).

Esta es una de las contribuciones más importantes que se hayan realizado a las ciencias sociales: la existencia de ciertos órdenes espontáneos donde las partes componentes se acomodan a sí mismas y no hay nadie que las acomode en un cierto lugar. Esos órdenes espontáneos incluyen además de los mercados, al lenguaje, la moral, la moneda y otros.

En el párrafo siguiente plantea la cuestión del conocimiento local, algo que luego Hayek profundizaría en su artículo “El uso del conocimiento en la sociedad”. Allí dice, precisamente, que cada individuo “en su situación local” juzgará mucho mejor cómo invertir su capital que cualquier “político o legislador”.

“El político que se asignara esa tarea no solamente se estaría cargando a sí mismo con algo innecesario y cuya decisión no podría confiarse …, sino que además sería muy arriesgado otorgar esa decisión a alguno que fuera tan loco o presuntuoso que pensara que puede tomarla.”

“Si podemos proveernos algo de afuera más barato pagando con el producto de nuestra propia actividad, sería ridículo no hacerlo. El trabajo no se aplica a la mejor ventaja cuando se dirige a algo que es más barato comprarlo que producirlo.”

La idea de que la lógica de la familia no es distinta de la lógica del “reino” es fundamental, sobre todo en estos tiempos donde aplicamos un razonamiento y un accionar a nivel individual pero se nos dice que a nivel agregado es todo lo contrario.

 

En fin, el capítulo da para más, pero tan solo estas dos páginas traen todos estos temas. Con uno sólo de ellos hubiera sido suficiente como para hacer historia. Es como un álbum de música que pone cuatro o cinco temas en el número uno. Si hay algún caso de esos, ya está en la historia grande.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Adam Smith: las dos páginas más grandes de la historia de la economía, con eso solo ya era genio

Por Martín Krause. Publicado el 7/8/15 en:

 

Con los alumnos de UCEMA vemos a Adam Smith y su famoso texto “La Riqueza de las Naciones”: Smith, Adam (1776), An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, Book IV, Chapter 1 y 2, “On the Principle of the Commercial or Mercantile System” y “Of Restraints upon the Importation from Foreign Countries of such Goods as can be Produced at Home”. Disponible en: http://www.econlib.org/library/Smith/smWN12.html#B.IV; http://www.econlib.org/library/Smith/smWN13.html#firstpage-bar

Si tuviera que elegir las dos páginas más memorables y relevantes que se hayan escrito en toda la historia del pensamiento económico creo que elegiría las del Libro IV, Capítulo II.

AdamSmith

Hay tantas cosas en esas páginas que tal vez ningún otro texto haya podido aportar tantos temas como los que allí aparecen en algunos pocos párrafos. Para empezar, la famosa frase sobre la “mano invisible”, explicando que existe allí un “orden espontáneo” que lleva a que las acciones individuales motivadas aunque sea por el interés personal, terminan contribuyendo a un fin que no era parte de su intención. Persiguiendo su propio interés (que puede incluir la preocupación por el bienestar de otros), promueve más el bien de la sociedad que si se lo hubiera propuesto. Ya con eso sólo, por supuesto, ha pasado a la historia.

El tema va más allá que una mera metáfora sobre una “mano invisible”. Carlos Rodriguez Braun señala con muy criterio que en verdad es engañosa porque no hay allí ninguna mano, ni siquiera invisible, sino que son los incentivos de cada uno por los que para obtener lo que queremos tenemos que ofrecer a los demás algo que ellos necesiten y valoren. Pero es la magia de que allí, en el mercado, se ordenan las acciones de todos de una forma que termina beneficiándonos como no lo podríamos hacer si actuáramos con esa intención (por ejemplo, planificando la economía hacia un supuesto bienestar general).

Esta es una de las contribuciones más importantes que se hayan realizado a las ciencias sociales: la existencia de ciertos órdenes espontáneos donde las partes componentes se acomodan a sí mismas y no hay nadie que las acomode en un cierto lugar. Esos órdenes espontáneos incluyen además de los mercados, al lenguaje, la moral, la moneda y otros. En el párrafo siguiente plantea la cuestión del conocimiento local, algo que luego Hayek profundizaría en su artículo “El uso del conocimiento en la sociedad”. Allí dice, precisamente, que cada individuo “en su situación local” juzgará mucho mejor cómo invertir su capital que cualquier “político o legislador”.

“El político que se asignara esa tarea se estaría cargando a sí mismo con algo innecesario y cuya decisión no podría confiarse que además sería muy arriesgado otorgar esa decisión a alguno que fuera tan loco o presuntuoso que pensara que puede tomarla.

Si podemos proveernos algo de afuera más barato pagando con el producto de nuestra propia actividad, sería ridículo no hacerlo. El trabajo no se aplica a la mejor ventaja cuando se dirige a algo que es más barato comprarlo que producirlo.”

La idea de que la lógica de la familia no es distinta de la lógica del “reino” es fundamental, sobre todo en estos tiempos donde aplicamos un razonamiento y un accionar a nivel individual pero se nos dice que a nivel agregado es todo lo contrario.

En fin, el capítulo da para más, pero tan solo estas dos páginas traen todos estos temas. Con uno sólo de ellos hubiera sido suficiente como para hacer historia. Es como un álbum de música que pone cuatro o cinco temas en el número uno. Si hay algún caso de esos, ya está en la historia grande.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Adam Smith y las dos páginas más memorables de la historia del pensamiento económico

Por Martín Krause. Publicado el 8/8/14 en: http://bazar.ufm.edu/adam-smith-y-las-dos-paginas-mas-memorables-de-la-historia-del-pensamiento-economico/

 

Si tuviera que elegir las dos páginas más memorables y relevantes que se hayan escrito en toda la historia del pensamiento económico creo que elegiría las del Libro IV, Capítulo II de “La Riqueza de las Naciones”, [(1776) Liberty Fund 1982], pags 456 y 457.

AdamSmith

Hay tantas cosas en esas dos páginas que tal vez ningún otro texto haya podido aportar tantos temas como los que allí aparecen en algunos pocos párrafos. Empieza la página 456 con la famosa frase sobre la “mano invisible”, explicando que existe allí un “orden espontáneo” que lleva a que las acciones individuales motivadas aunque sea por el interés personal, terminan contribuyendo a un fin que no era parte de su intención. Persiguiendo su propio interés (que puede incluir la preocupación por el bienestar de otros), promueve más el bien de la sociedad que si se lo hubiera propuesto. Ya con eso sólo, por supuesto, ha pasado a la historia. El tema va más allá que una mera metáfora sobre una “mano invisible”. Carlos Rodriguez Braun señala con muy criterio que en verdad es engañosa porque no hay allí ninguna mano, ni siquiera invisible, sino que son los incentivos de cada uno por los que para obtener lo que queremos tenemos que ofrecer a los demás algo que ellos necesiten y valoren. Pero es la magia de que allí, en el mercado, se ordenan las acciones de todos de una forma que termina beneficiándonos como no lo podríamos hacer si actuáramos con esa intención (por ejemplo, planificando la economía hacia un supuesto bienestar general).

Esta es una de las contribuciones más importantes que se hayan realizado a las ciencias sociales: la existencia de ciertos órdenes espontáneos donde las partes componentes se acomodan a sí mismas y no hay nadie que las acomode en un cierto lugar. Esos órdenes espontáneos incluyen además de los mercados, al lenguaje, la moral, la moneda y otros. En el párrafo siguiente plantea la cuestión del conocimiento local, algo que luego Hayek profundizaría en su artículo “El uso del conocimiento en la sociedad”. Allí dice, precisamente, que cada individuo “en su situación local” juzgará mucho mejor cómo invertir su capital que cualquier “político o legislador”.

El político que se asignara esa tarea se estaría cargando a sí mismo con algo innecesario y cuya decisión no podría confiarse que además sería muy arriesgado otorgar esa decisión a alguno que fuera tan loco o presuntuoso que pensara que puede tomarla.

. Si podemos proveernos algo de afuera más barato pagando con el producto de nuestra propia actividad, sería ridículo no hacerlo. El trabajo no se aplica a la mejor ventaja cuando se dirige a algo que es más barato comprarlo que producirlo.

La idea de que la lógica de la familia no es distinta de la lógica del “reino” es fundamental, sobre todo en estos tiempos donde aplicamos un razonamiento y un accionar a nivel individual pero se nos dice que a nivel agregado es todo lo contrario.

En fin, el capítulo da para más, pero tan solo estas dos páginas traen todos estos temas. Con uno sólo de ellos hubiera sido suficiente como para hacer historia. Es como un álbum de música que pone cuatro o cinco temas en el número uno. Si hay algún caso de esos, ya está en la historia grande.

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Mises y Hayek sobre el cálculo económico en el socialismo y el equilibrio general

Por Martín Krause. Publicado el 19/5/14 en: http://bazar.ufm.edu/mises-y-hayek-sobre-el-calculo-economico-en-el-socialismo-y-el-equilibrio-general/

Los alumnos de Historia del Pensamiento Económico I leyeron a Mises “El problema del cálculo económico socialista” y a Hayek: “El uso del conocimiento en la sociedad”. Los dos artículos están separados por 25 años pero muestran el proceso que llevó a estos autores desde la discusión acerca de la planificación socialista a la del modelo del equilibrio general y el planteo sobre el uso del conocimiento disperso.

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Mises plantea que el “cálculo económico” no es posible en el socialismo porque para ello se necesitan precios, y como los precios son el resultado de intercambios libres de derechos de propiedad en el mercado, y como el socialismo precisamente tiene como objetivo abandonar al mercado y eliminar la propiedad, entonces no habrá tal cosa como “precios” que puedan guiar la asignación de factores. Una administración socialista podrá decidir la producción de ciertos bienes de consumo final, pero será incapaz de poder determinar qué factores de producción asignar en cada caso, pues ése es el cálculo que hace el empresario en base a los precios que se generan en el mercado.

Tomemos un simple ejemplo: supongamos que hay que hacer un puente. (Claro, ¿cómo saber que un puente es necesario? En fin, asumamos esto ahora). SI preguntamos a los ingenieros de qué material pueden decirnos que, desde el punto de vista técnico, las posibilidades son: madera, cemento, acero, acero inoxidable o platino. Tenemos ahora que decidir qué material utilizar.

A primera vista parecería que usar platino sería ridículo (aunque tal vez los ingenieros digan que sería el material más flexible o resistente), pero esto es porque tenemos una noción de su precio que nos la da el mercado, o en el caso de una economía socialista tanto sea la memoria del mercado antes existente o los precios del “mercado” internacional. Mises hace referencia a esto y dice que, paradójicamente, la planificación socialista necesitaba del mercado aunque lo denigrara.

Sin precios, no habría forma de realizar un cálculo económico que permitiera asignar los recursos escasos y podríamos terminar con el puente de platino, o con uno de madera que no resiste al paso de los camiones, mientras que tanto el platino como la madera eran más necesarios para otros productos.

En respuesta a esta crítica de Mises, Oskar Lange y Abba Lerner, quienes no eran economistas soviéticos sino profesores de Chicago y la London School of Economics, propusieron que se generara un mercado y precios pero que las empresas serían todas del estado el que decidiría la asignación de capitales como lo harían los empresarios, y ajustaría los precios de la misma forma que lo haría el mercado, hasta llegar al equilibrio. El planificador socialista cumpliría el papel del “subastador walrasiano” quien modificaría precios hasta que las cantidades ofrecidas y demandadas se igualaran.

Hayek

El artículo de Hayek es el resultado postrero de este debate, al comprender, entonces, que la discusión no era ya con quienes proponían la economía planificada socialista sino con la idea del equilibrio general de Walras, ese mundo en el cual todas las acciones se encuentran coordinadas, todos los mercados se encuentran en el punto de equilibrio donde la cantidad demandada es igual a la cantidad ofrecida.

Hayek señala que tal estado ideal solamente podría alcanzarse con el conocimiento completo de todas las circunstancias presentes y futuras, pero eso es precisamente lo que tenemos que explicar, esto es, cómo el mercado hace uso de ese conocimiento limitado y disperso y cómo lo transmite a través del sistema de precios. Existe un tipo de conocimiento, de tiempo y lugar, que no se puede transmitir a una autoridad central para que esta decida sobre la producción, o que si se hiciera lo sería a un alto costo. Es necesario entonces, dejar esa decisión en manos del “hombre en el lugar”, que posee tal información. Éste, as su vez, necesita información acerca del resto del mercado, de lo que los demandantes están necesitando y lo que otros oferentes están ofreciendo. Esto lo recibe a través de los precios.

Supongamos un productor de leche que tiene 30 vacas. Conoce a cada una de ellas con detalle, sabe cómo tratarlas para extraer la mayor y mejor cantidad de leche, sabe a cuál sacarle más si es que ha aumentado el precio o a cual sacarle menos si es que ha bajado. En una economía planificada esta información tendría que ir hasta una autoridad central y regresar como una decisión de producción. EL funcionario estaría evaluando la demanda total de leche, lo que se necesita en cada región o ciudad, y luego ordenando la producción.

EL mercado, en cambio, deja que esa decisión la toma el productor, con su propio conocimiento de las circunstancias y con la información que recibe del mercado a través del precio. Hayek señala que la discusión no si habrá o no habrá planificación. Siempre la hay, el tema es quién planifica.

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).