Sin reformas estructurales, es difícil que la economía crezca

 

Por Aldo Abram: Publicado el 12/8/18 en: https://www.elliberal.com.ar/noticia/498924/sin-reformas-estructurales-dificil-economia-crezca

 

Todo el mundo suponía que Macri iba a perder, el tema era por cuántos puntos perdía. Cuál era la diferencia. Si era de 4 puntos o menos, los mercados la iban a recibir bien porque eso abría las chances que podría llegar a ganar en octubre o en el balotaje. Pero, de 5 puntos para arriba, cuanto más lejos de 5 puntos de diferencia, los mercados lo van a tomar peor porque implica una alta probabilidad que gane en octubre la fórmula Fernández Fernández .

Las políticas que propone la fórmula Fernández Fernández no son -y se han demostrado en el pasado-, las que los inversores consideran que nos van a sacar adelante como país. Más allá que por ahí esa expectativa era la que tenían en el 2015 y después en 2017 y hoy se sienten desilusionados. Por lo menos Juntos por el Cambio proponía ir en la dirección que se supone tiene que ver con las reformas estructurales y resolver los problemas de fondo de la Argentina y que el país salga adelante.

En cambio la otra fórmula no propone eso. Están en contra de hacer reformas estructurales profundas. Para ellos no es el problema. La salida no se termina de entender por dónde la ven, es casi mágica y esa misma percepción la tienen los inversores. Los mercados y los inversores llegaron con mucho optimismo a estas elecciones.

Pero para entender por qué es mágico eso de resolver los problemas creciendo, que plantea la fórmula Fernández Fernández, sin hacer las reformas estructurales, eso se puede explicar con un ejemplo. Supongamos que soy el carnicero del barrio y todas las mañanas me despierto temprano. Recibo el camión de la carne, controlo que sea buena, abro a tiempo, cumplo los horarios, atiendo muy bien a los clientes. De esa forma, obviamente voy a tener la confianza de mis clientes y voy a vivir bien.

Sin embargo, si decido un día no levantarme tan temprano, dejo que el ayudante que no tiene ni idea del negocio, reciba el camión de la carne, compre carne más o menos, empiezo a vender carne más o menos, a veces sale buena, otras veces dura, abro a cualquier hora porque quiero quedarme a dormir, cierro a cualquier hora porque me quiero ir a tomar un café con mis amigos. Obviamente lo que va a pasar es que voy a empezar a perder la confianza de mis clientes, van a dejar de venir y voy a vivir peor.

En este contexto, si viene un amigo y me dice que tiene la solución para llenarle de plata el bolsillo a mi familia, le voy a decir que no entendió la situación porque no estoy vendiendo nada, no tengo plata y nadie me va a querer prestar si no vendo nada y no tengo plata. Voy a tener que preguntarme entonces por qué estoy como estoy y resolver esa situación que me llevó al lugar y la posición en la que me encuentro. Eso es, justamente, empezar a levantarme más temprano, elegir de vuelta bien la carne, atender bien a mis clientes y posiblemente así vaya recuperando la confianza de mis clientes y vuelva a vivir mejor. Ahí es donde está el problema de fondo con la Argentina de hoy.

Nosotros estamos hoy como estamos, porque es cierto que este Gobierno heredó un país al borde de la crisis por no hacer las reformas estructurales en su momento después de la crisis del 2002 que en realidad no fue otra cosa que licuar los resultados desastrosos de no haber resuelto los problemas de fondo de la Argentina, con reformas estructurales, antes. Pero el gobierno kirchnerista tampoco las hizo, incluso empeoró muchas de las cosas que había que resolver y este Gobierno recibió ese paquete.

No obstante, también es cierto que este Gobierno no hizo nada y eso es lo que hizo que perdiera la confianza de los inversores y los ahorristas extranjeros y argentinos y cayéramos en una crisis el año pasado. Se fueron ahorros y se siguen yendo el ahorro y la inversión de los argentinos.

Entonces ahora ¿qué es lo que hay que hacer para que la economía vuelva a crecer? Recuperar el ahorro y la inversión de los extranjeros y de los argentinos. Para eso hay que hacer las reformas estructurales,-previsional, impositiva, laboral- sino no se va a recuperar el ahorro y la inversión y lo que se va a tener es una crisis como la de 2002 que lo que va a hacer es terminar licuando con pobreza de todos los argentinos, los resultados desastrosos de no haber hecho la reformas estructurales en la Argentina y vamos a empezar de vuelta como en el 2002. Tendremos un rebote después de eso y luego a rezar porque a alguien se le ocurra resolver esos problemas. Por eso, si no se hacen las reformas estructurales es difícil que la economía crezca y con eso se pueda resolver en el tiempo, los problemas de fondo de no haber hecho esas reformas.

 

Aldo Abram es Lic. y Magíster en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) Es Director Ejecutivo de Libertad y Progreso. Profesor e investigador de ESEADE. Publica como @AbramAldo.

 

Lord Keynes y el pleno empleo

Por Gabriel Boragina: Publicado el 11/9/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/09/lord-keynes-y-el-pleno-empleo.html

 

M. Keynes ha pasado a la historia económica como el paladín del “pleno empleo”. Sin embargo, aun no se encuentra suficientemente difundido (especialmente entre el vulgo) que sus recetas nunca consiguieron el tan ansiado objetivo y que, lejos de obtenerlo, tampoco podrían hacerlo, dado que su teoría para llegar a ello, fue y es -desde todo punto de vista- inviable.

Examinemos a continuación más en detalle la falacia keynesiana:

“Keynes argumentaba en La Teoría General que la economía de libre mercado no contenía ningún mecanismo interno para asegurar el pleno empleo. La debilidad crucial, decía, yace en la relación entre el ahorro y la inversión. La gente tiende a consumir más cuando sus ingresos suben, pero este incremento no es tan grande como el aumento en el ingreso. En otras palabras, también se ahorra una parte del aumento del ingreso. El problema, insistía, es que el ahorro es “no-gasto” y si la gente no gasta todo el ingreso extra que ganan, los empresarios pueden no tener el incentivo para invertir lo suficiente para emplear a todos aquellos que quieren trabajos a los salarios establecidos. Como resultado, una gran parte de la mano de obra puede acabar desempleada porque el sector privado ha fallado en crear suficientes puestos de trabajo. La economía, por tanto, se puede quedar atascada durante un periodo prolongado en lo que Keynes llamó un “equilibrio con desempleo”. ¿No podrían mejorar los trabajadores sus perspectivas aceptando salarios monetarios más bajos? No, insistía Keynes, porque los trabajadores sufren de una “ilusión monetaria” -incluso cuando los precios estuvieran cayendo y un recorte en los salarios no les afectara en términos de poder de compra, los trabajadores rechazarían aceptar menos dinero-“.[1]

El error de Keynes consistía en que impugnaba como “falsa” la ley de la oferta y la demanda, también denominada “Ley de Salidas” de Say. De haber aceptado la verdad de esta ley básica de la economía habría advertido que su planteo era por completo equivocado. Pero no era su único desconocimiento, sino que tampoco tenía claro cómo funcionaban el ahorro y la inversión, lo que brinda evidencia que sus conceptos sobre ambos también eran oscuros. No obstante, su ataque principal estaba dirigido contra el ahorro, que Keynes asimilaba por completo al atesoramiento, campo este último donde también padecía de una severa confusión. En suma, parecía creer que -en última instancia- lo que provocaría el desempleo sería el excesivo ahorro, lo cual bien sabemos que resulta por completo falso. En su diseño mental, suponía que la única forma de generar empleos era mediante el consumo íntegro del ingreso por parte de la gente, lo que demuestra la falacia de las conexiones causales que establecía en su “teoría”. El pleno empleo sólo reconoce una exclusiva y única causa : la total ausencia de interferencias regulatorias por parte de los gobiernos en el mercado laboral, es decir el más absoluto y riguroso respeto a las convenciones pactadas en los contratos laborales celebrados en el marco de la más incondicional libertad entre empleadores y empleados. En otras palabras, lo necesario para la existencia de pleno empleo es la no interferencia del gobierno en el mercado laboral, y no las abstrusas “elaboraciones” keynesianas.

“En vez de pedir que los trabajadores aceptaran cobrar menos, Keynes estaba a favor de aumentar el nivel general de precios para que los empresarios pudieran obtener beneficios sin recortar los salarios. En otras palabras, la solución de Keynes para el desempleo era la inflación de precios.”[2]

También proponía la misma solución respecto de los salarios, lo que demuestra un nuevo desconocimiento adicional de la teoría keynesiana, a saber: en qué consiste realmente la inflación y cuáles son sus efectos. En realidad, los empresarios no podrían obtener beneficios si por un excesivo nivel de precios los consumidores se veían impedidos de aumentar sus compras, lo que hacía necesario que por un mecanismo análogo (inflacionario) se aumentara el poder de compra de los asalariados. No obstante, Keynes tampoco parecía advertir que en el mediano y largo plazo la inflación no aumenta el poder de compra real del salario. Lo que se genera en los hechos, es una carrera infernal entre precios y salarios (en rigor, entre dos tipos de precios diferentes, pero ambos precios al fin).

“Déficit público. El gasto deficitario del gobierno proporcionaría una demanda adicional al mercado, empujando los precios hacia arriba y estimulando la contratación. Esta política continuaría hasta que se consiguiera el “pleno empleo”. Pero debido a que, desde el punto de vista de Keynes, los empresarios eran normalmente cortoplacistas e irracionales en sus miedos acerca de las perspectivas de las inversiones, el sector privado siempre se retrasaría en crear trabajos. El gobierno tendría que estar constantemente al control de los instrumentos monetarios y fiscales, inyectando gasto en la economía para evitar que volviera a hundirse en niveles de desempleo inaceptables.”[3]

A esa demanda adicional del gobierno es a lo que los keynesianos llamarían pomposamente “demanda agregada”. Keynes creía que las mayores ganancias de los empresarios, fruto, a su turno, del aumento de precios generado por la demanda adicional del gobierno, impulsarían a una superior contratación de empleo, pero es de sentido común saber que no necesariamente habría de ser así. En realidad, también en eso se equivocaba Keynes. El mayor gasto de consumo gubernamental podría tener como efecto –alternativamente- un incremento de los gastos personales o familiares del empresario en cuestión, o el atesoramiento empresarial, o bien mayor inversión en tecnología, dado que los empresarios siempre están alertas a cualquier oportunidad de abaratar costos. Es verdad que esta mayor inversión en tecnología podía, indirectamente, crear nuevo empleo, pero -al mismo tiempo- antiguos puestos de trabajo desaparecerían como fruto de la innovación tecnológica. Por otra parte, el gasto continuaría empujando los precios al alza, desalentando la demanda de los trabajadores que no pudieran afrontar esos aumentos.

[1] Richard M. Ebeling.”Hazlitt y el fracaso de la economía keynesiana”. The Freeman. Ideas on Liberty. Nº 2

[2] Ebeling R.”Hazlitt y el…” op. cit. p. 2

[3] Ebeling R.”Hazlitt y el…” op. cit. p. 2

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.