Sobre las «redes» sociales

Por Gabriel Boragina Publicado  el 26/2/17 en: http://www.accionhumana.com/#!/2017/02/sobre-las-redes-sociales.html

 

Leo y escucho muy a menudo sobre el «enorme poder de las redes sociales», y relativo a su supuesta superioridad referente a los medios masivos y tradicionales de comunicaciones. Parece que se quiere transmitir la idea de que la gente -a través de las «redes»- está por encima de los medios (TV, radio, periódicos) y que ejercería una especie de control y hasta de influencia sobre los contenidos de tales medios superpuesto al accionar de los políticos y de la política en general.

Mi propia experiencia en las «redes» sociales me permite atestiguar exactamente lo contrario. Se exagera notablemente su importancia.

Comencemos con una aclaración de orden terminológico y de no menor relevancia.

En la jerga habitual, se suele diferenciar entre «redes» y «medios». Donde los «medios» vendrían a ser la TV, la radio y los periódicos, en tanto las «redes» serian sitios como Twitter, Facebook, LinkedIn, instagram, etc.

La diferenciación pretendida nos parece del todo absurda, porque -en última instancia- todos ellos son medios de comunicación, ya que en todos, sin excepción, la gente se comunica una con otra.

Luego, si me detengo a analizar los contenidos de las «redes» en las que habitualmente interactúo (Twitter, LinkedIn y Facebook, en este mismo orden) puedo observar que más del 80% de las intervenciones (tweets, mensajes, comentarios, etc.) giran en torno al material proveniente de los medios tradicionales de información (TV, radio, periódicos). Es decir, la gente que normalmente participa en las «redes», sigue dependiendo -como antes- de lo que se muestra por TV, se escucha en la radio o se publica en los diarios. Básicamente, este es el material que se difunde y circula por las «redes». Suficiente como para demostrarme la falsedad del supuesto «dominio» o «poder» de las «redes» por arriba de los medios tradicionales (TV, radio, periódicos).

Entonces, ¿qué se comenta en las «redes» sociales? ¡Lo que aparece en TV, radio y diarios! ¿Dónde le parece al lector que se encuentra el poder real?

La gente -en las «redes»- difunde (y depende de) lo que se publica en tales medios, y toda su «originalidad» se limita a aprobar o censurar lo que un personaje de la farándula, la política, el deporte, etc. dijo o hizo por TV, radio, o declaró ante un periodista de algún matutino o vespertino de gran circulación.

Basta echar una somera ojeada a los famosos TT (trending topics) para ver que los temas que dominan son los de los programas televisivos de mayor televidencia, preponderantemente las transmisiones de deportes, noticias, política, policiales, entretenimientos o espectáculos, donde el común denominador es que todos ellos se transmiten por TV, previa o simultáneamente a su comentario en las «redes».

Poco importa que los programas de TV puedan verse por Internet. El punto es que el poder sigue estando en la TV y no en las «redes» como se arguye con tanto ruido y tan livianamente.

La única novedad que aportan las «redes» -desde mi humilde punto de vista- es que, antes de su aparición, uno se quejaba o celebraba en privado, (con la familia, los amigos, o en su lugar de trabajo, o de estudios) lo que veía o escuchaba en la TV, radio o leía en los periódicos. La irrupción de las «redes» sólo ha extendido ese círculo hacia personas que están mucho más allá de esos límites.

Gentes que no nos conocen ni conocemos personalmente pueden leer, ver o escuchar a distancia lo que decimos concerniente a ciertos temas. Pero el punto de la cuestión es ese tan cacareado y pretendido «poder» de las «redes» «por encima» de los medios masivos y tradicionales de comunicación y en relación a sus contenidos. El que, en mi opinión, es no otra cosa que un mito. Es muy cierto que las «redes» amplían considerablemente el ámbito de la queja o la aprobación de la gente, pero (y este es el núcleo central de mi tesis) la fuente de información de la gente que interactúa en las «redes» siguen siendo la TV, la radio y los diarios. Esto no fue cambiado (como tanto se afirma) por la irrupción de las «redes». Ergo, no hay tal «fenómeno», ni -mucho menos- «revolución» como arriesgadamente se ha llegado a decir. Simplemente, hoy en día, la información corre más rápido y llega a más gente. Eso es todo. La mentalidad de esa gente sigue siendo la misma, y no veo que haya sido modificada por ninguna «revolución» de las «redes».

Volviendo al tema del poder y control político que hipotéticamente las «redes» tendrían superpuesto a medios y gobiernos (como con insistencia se ha llegado a aseverar), por idénticas razones no se trata más que de otro mito. La información es más veloz gracias a las «redes», pero también es mas heterogénea, lo que impide que las «redes» -en sí mismas- constituyan una fuente o bloque de poder unidireccional y desmitifica su supuesta condición de «quinto poder» por sobrepuesto de los poderes tradicionales (ejecutivo, legislativo, judicial y prensa). En el mejor de los casos, formarían parte de ese «cuarto poder», pero -por el momento- se mantienen claramente independientes del mismo y lejos de constituir un «poder».

La presencia de los medios tradicionales y políticos en esas mismas «redes» relativiza el supuesto «poder popular» que anidaría en estas. Y contribuye a una mayor heterogeneidad de contenidos.

En tanto, el material de baja calidad es abundante (y responde a los valores convencionales de la comunidad de que se trate) mientras que el de alta es más bien escaso.

En general, y hasta aquí, de acuerdo a lo observado, las «redes» son un excelente medio para el pataleo y exhibicionismo individual, y hacerlo conocer a un público que mayoritariamente se desconoce. Esto, al menos, en cuanto a su aspecto «social» (no comercial o de negocios).

Del lado positivo, las «redes» -en cambio- son oportunidades para el mundo de los negocios y el comercio en general, y en este sentido, son bienvenidas, y pueden llegar a ser muy provechosas, precisamente por su masividad a nivel comercial y empresarial. Aunque no todas las «redes» apuntan en este sentido. Las hay más profesionales y empresariales -como LinkedIn- y otras más populares y mas masivas (los casos de Twitter, Facebook, etc.) que son poco útiles en este último cometido.

Lamentablemente, en general, el potencial en materia de negocios de las «redes» está muy poco y pobremente explotado aun hoy día.

En los demás, y en especial en el campo de las interacciones sociales, la fuente primaria de información masiva y -lamentablemente- en muchos casos de «formación» siguen siendo los mass media (TV, radio y periódicos). No parece vislumbrarse cercana la época en que sea diferente.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

En Venezuela hay que empezar desde los principios más básicos, como respetar la división de poderes

Por Martín Krause. Publicada el 15/11/16 en: http://bazar.ufm.edu/en-venezuela-hay-que-empezar-desde-los-principios-mas-basicos-como-respetar-la-division-de-poderes/

 

Lamentablemente, nuestra querida Venezuela tiene que lograr cumplir ciertos elementos básicos del funcionamiento de una democracia. En este video, CEDICE explica las atribuciones y el funcionamiento del poder legislativo: https://www.youtube.com/watch?v=-rvjuT73Kjk

 

Y en el libro, esto se dice al respecto. Comencemos con un par de citas:

. Comenta Madison: “Se escuchan quejas por doquier de nuestros ciudadanos más virtuosos y considerados, que nuestros gobiernos son muy poco estables; que el bien público no es considerado en los conflictos entre partidos rivales; y que se toman a menudo medidas, no según las reglas de justicia y los derechos del partido minoritario, sino por la fuerza superior de una abrumadora e interesada mayoría”. (2001).

 

. La visión clásica en la materia es desarrollada inicialmente por John Locke (1988) que, refiriéndose a la monarquía absoluta, señalaba: “… que la Monarquía siendo simple, y muy obvia a los Hombres…., no es en absoluto extraño que no se ocuparan mucho en pensar métodos para limitar cualquier exorbitancia de aquellos a quienes le había delegado autoridad sobre sí mismos, y de balancear en Poder del Gobierno, colocando diversas partes en diferentes manos” (p. 338).

 

Hemos visto que los mercados son imperfectos, lo mismo que la política, en cuanto instrumento que puede no solamente no solucionar los problemas que el mercado vaya presentando, sino empeorarlos incluso. Hay una forma de controlar cualquier abuso de poder en el mercado: la competencia. Si algún producto o servicio no resulta como se promete, o simplemente si pensamos que hay otro mejor, podemos cambiar de proveedor. Ninguno nos tiene atrapados, a menos que tuviera el monopolio y no contáramos con otros productos o servicios sustitutos.

Pero el Estado es, por definición, un monopolio. ¿Cómo controlamos el poder que le hemos otorgado? . La respuesta clásica y, en parte, vigente en muchas repúblicas modernas, es la que desarrollaran Locke , Montesquieu y otros: limitación y división del poder. La división del poder tiene en objeto que ningún individuo o grupo en particular lo concentre. Esta división se produce por medio de la división “horizontal” de los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), como también una división “vertical” del poder, sobre todo a través del federalismo y la descentralización, tema que veremos en el capítulo 14.

La limitación se busca por vía de la existencia de normas constitucionales de protección de los derechos individuales que los excluyen de eventuales decisiones mayoritarias (Bill of Rights), la revisión judicial de los actos gubernamentales, la renovación de mandatos y otros.

La separación de poderes ha sido un tema desarrollado especialmente por la ciencia política. ¿Cuál es la visión de la economía al respecto? Pues se asocia al concepto de competencia, por un lado, y al de costos de transacción por otro. En relación con el primero, la división del poder sujeta a los distintos actores a un cierto grado de competencia entre unos y otros, tanto por recursos —este es típicamente el caso de la competencia entre gobiernos nacionales con provincias o estados subnacionales— como por áreas y poder de decisión. Esta competencia puede actuar como un freno, aunque también si termina en un “cartel” como un motor del crecimiento del gasto público y el endeudamiento. Por otro lado, la democracia, como un mecanismo para la selección y renovación pacífica de los gobernantes con base en la preferencia de cierta mayoría, contiene también elementos de competencia, aunque se trata de la competencia para obtener cierto grado de monopolio.

En cuanto a los costos de transacción, cuando se trata de transacciones voluntarias, se ven favorecidas si esos costos son bajos. Pero si se trata de transacciones que tienen como objetivo obtener algún tipo de privilegio, entonces es mejor que los costos de esa transacción sean altos. La separación y división de poderes aumenta los costos de hacer lobby. En una sociedad donde todo el poder está concentrado en una persona, sea un rey, un dictador o un gobernante electo con poder absoluto, tan solo hace falta “convencer” o “sobornar” a esa persona, teniendo en cuenta que puede haber dos clases de acciones para buscar influencias: legales e ilegales. Pero en una sociedad donde el poder se encuentra dividido y disperso, el costo del lobby es mucho mayor: puede ser necesario convencer a funcionarios o agentes del Ejecutivo, a legisladores, y eventualmente enfrentar el cuestionamiento judicial de la norma.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).