MADURO, EL FASCISTA EMPEDERNIDO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Aunque ya se sabía, acaba de confirmarse el fascismo superlativo del dictador Maduro al proponer el adefesio de una así denominada asamblea constituyente al mejor estilo de Mussolini con sus consabidas corporaciones en reemplazo del Parlamento republicano.

Debe reiterarse que el fascismo significa en su eje central que la propiedad puede estar registrada a nombre de particulares pero usa y dispone el gobierno. Por su parte,  el comunismo significa que directamente usa y dispone el aparato estatal. Este último régimen es más sincero, el primero es más solapado y por ello el de mayor éxito en el denominado mundo libre con la idea de engatusar a los distraídos (al fin y al cabo los fascistas son comunistas cobardes).

El fascismo aplica desde los sistemas educativos donde se habla de “educación privada” pero en gran medida es administrada por los ministerios de educación, hasta los taxis que son regenteados por las municipalidades en cuanto al color con que están pintados, las tarifas y los horarios de trabajo y así sucesivamente con comercios cuyo flujo de fondos son en última instancia dictados en parte importante por el Ejecutivo.

Es tan primitivo Maduro que la emprende contra supuestos fascistas porque no sabe de que se trata y no se miró en el espejo. No puede esperarse otra cosa de una persona que habla con los pajaritos y alude a “las millonas de personas” que piensa lo siguen, cuando, además, en el mejor de los casos se trata de alcahuetes que han dejado atrás la dignidad y esperan migajas del poder.

En momentos de escribir estas líneas han sido detenidos ochenta y cinco oficiales de las Fuerzas Armadas por mostrar su disconformidad con la tragedia que viene ocurriendo en Venezuela, a pesar de las purgas constantes y la suba de salarios a los oficiales por consejo de Cuba con la idea de mantener el control férreo en detrimento de las libertades y derechos de los venezolanos.

Aparentemente, junto con la esperada solidaridad de otros gobiernos al condenar el drama venezolano y no con la muy peligrosa ambigüedad del Vaticano y personajes como Rodriguez Zapatero, la única salida consistiría en ejercer el derecho a la resistencia a la flagrante opresión, primero la desobediencia civil y, luego, si fuera indispensable, el contragolpe de Estado a raíz del golpe manifiesto al Estado propinado por Maduro y su banda que han arrasado con todo vestigio de instituciones republicanas y democráticas que, entre otras muchas cosas, ha desconocido resultados electorales.

En esta nota voy a repetir parcialmente lo escrito en otra ocasión hace un tiempo, esta vez para centrar la atención en el caso venezolano de estos días donde la ciudadanía ha salido masiva y repetidamente a las calles a pesar de las muertes a manos de los sicarios de Maduro quien, como queda consignado, recibe instrucciones de los sátrapas cubanos.

Es de gran relevancia destacar que en la tradición liberal está presente la rebelión contra el abuso insoportable del poder. En la obra más conocida y citada de John Locke puede decirse que comenzó el tratamiento sistemático de esa tradición donde se subraya que “Aquél que ejerciendo autoridad sobrepasa el poder que le fue otorgado […] deja de ser juez y se le puede oponer resistencia, igual que a cualquier persona que atropella el derecho de otra por la fuerza”.

En este contexto, en Venezuela se trata de un contragolpe de Estado puesto que el golpe de Estado original lo dieron quienes avasallaron derechos atropellando instituciones clave de una República que, como es sabido, significa alternancia en el poder, transparencia en los actos de gobierno, responsabilidad de los gobernantes ante los gobernados, igualdad ante la ley anclada en el “dar a cada uno lo suyo” de la Justicia y división e independencia de poderes.

Por supuesto que pude suceder, y de hecho sucede, un golpe de Estado contra un sistema republicano, lo cual es condenable desde toda perspectiva moral, pero aquí nos referimos al contragolpe en el sentido explicado.

La tradición de la libertad se basa en el aspecto epistemológico del no sé socrático como razón para no entrometerse en las vidas y acciones legítimas de otros, además del aspecto ontológico del necesario respeto a las personas. El derecho romano y el common law constituyeron bases institucionales del espíritu liberal junto a las contribuciones de la Escolástica Tardía. Pero con Sidney y Locke, como queda expresado, comenzó la sistematización de los marcos institucionales que posteriormente Montesquieu fortaleció en esa primera etapa, especialmente resumida en su pensamiento en cuanto a que “una cosa no es justa por el hecho de ser ley, debe ser ley porque es justa”.

La revolución estadounidense -un espejo en el que se miraron muchas de las naciones libres del planeta- tomó la idea del derecho de resistencia en su Declaración de la Independencia donde consigna claramente que “cuando cualquier forma de gobierno se torna destructivo para estos fines [los derechos inalienables de los gobernados], es el derecho del pueblo de alterarlo o abolirlo y constituir un nuevo gobierno y establecer su fundación en base a aquellos principios”.

De más está decir que la referida rebelión contra la opresión inaguantable debe hacerse con criterio prudencial para no caer en la misma situación (o peor) solo que con otros gobernantes como en la práctica han sido la mayor parte de las revoluciones, a diferencia de la norteamericana por la que se aplicó una política diametralmente opuesta a la autoritaria de Jorge III. Hasta el momento en los otros ejemplos, en el mejor de los casos se produjo un alivio más o menos transitorio para luego, en mayor o menor medida, recaer en que los aparatos estatales atropellaran los derechos vitales a la libertad y a la propiedad. Es de esperar que esto no suceda en el caso venezolano una vez finiquitado el gobierno (desgobierno) de Maduro.

Incluso en otros casos, la situación después de la revolución fue muchísimo peor, como he señalado antes respecto al ejemplo de la revuelta de Castro contra las tropelías inaceptables de Batista. En otras situaciones, el alivio fue grande como es el ejemplo de Hitler. Salvando las distancias, la revolución popular contra Ferdinand Marcos también permitió un paréntesis en el totalitarismo. Lo mismo va para el caso de la tiranía rosista en Argentina y, con independencia de los graves desbarranques posteriores, similar fenómeno ocurrió con la sublevación como consecuencia del sistema opresivo de Perón contra la libertad de prensa y las libertades básicas de las personas y también de otros dictadores latinoamericanos. Mucho antes que eso los movimientos revolucionarios independentistas (por ejemplo, constituye una sandez oponerse a la Revolución de Mayo en lo que luego fue suelo argentino contra un déspota que había reemplazado a otro en España). Las revueltas que desembocaron en el derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín despertaron enormes esperanzas en los espíritus libres. Claro que hay cuestiones de grado que hacen diferencias por lo que no puede meterse todo en la misma bolsa.

Pero lo más importante es comprender que las sublevaciones no producen milagros, en casos extremos permiten espacios de mayor respeto que resultan muy efímeros si no hay ideas suficientemente sólidas como para reemplazar lo que venía ocurriendo. Si no es así, en definitiva, se habrán consumido energías y recursos sin resultados que compensen los sacrificios, los desgastes y conflictos que así se convierten en infructuosos.

La educación es la clave para contar con sociedades libres. Un traspié que obligue a sustituir el gobierno y llamar a elecciones en el plazo más rápido posible no hará que nada cambie si previamente no se han entendido y aceptado los fundamentos y la ventajas de la sociedad abierta.

No hay iluminados que deban imponer sus ideas a otros. No hay la contraproducente fantasía del “filósofo rey” sino la necesidad de establecer instituciones que dificulten el abuso del poder. Se trata de fortalecer las democracias entendidas como el respeto a los derechos de todos. No dictaduras electas ni cleptocracias basadas en la tiranía del número como fue el caso del chavismo con su adefesio del socialismo del siglo xxi y hoy la imposición de una férrea oligarquía, sino en la entronización del derecho de cada cual sin que energúmenos instalados en el gobierno se arroguen la facultad de manejar a su arbitrio las vidas y haciendas de los demás.

En esta instancia del proceso de evolución cultural, solo hay dos posibilidades de formas de gobierno: la democracia y el gobierno de facto. Esta última forma constituye una irregularidad puesto que se sale de la elección de la gente para sustentarse solamente en la fuerza. Todos los gobiernos de cualquier color o formato son de fuerza (de eso se trata), pero el que asume de facto lo es en mayor medida por la razón apuntada, situación que debe modificarse cuanto antes para volver a la normalidad democrática, no entendida como otra ruleta rusa: como queda dicho, la mayoría ilimitada que generaron los Chávez ahora convertida en una exigua minoría que todo lo pretende atropellar.

Por lo dicho es que con urgencia debe trabajarse en la educación a los efectos de la defensa propia, es decir, la imperiosa necesidad de entender que significa vivir en libertad y no simplemente declamar acerca de una democracia falsificada que de contrabando se transforma en otra forma de absolutismo.

Como muchas veces se ha señalado, no es conducente poner el carro delante de los caballos y dedicarse a los políticos del momento ya que naturalmente no aceptarán otro discurso que el que es capaz de digerir la opinión pública y si no se hace nada para modificarla en la dirección de una sociedad libre no puede esperarse un discurso distinto que el que conduce al abuso del poder. Si no hay los suficientes esfuerzos educativos se estará en una encerrona imposible de sortear.

En general hay pereza para dedicarse a las faenas de explicar y difundir los fundamentos éticos, económicos y jurídicos de vivir en libertad porque se piensa que es más rápido y eventualmente más lucido desempeñarse en la arena política. Esto no es cierto, si nos encontramos en un ámbito estatista es completamente inútil tratar de influir en los políticos del momento con ideas contrarias ya que inexorablemente serán rechazadas si es que los políticos pretenden seguir en ese oficio.

Se dice que es una tarea a largo plazo la educativa, pero si ese es el diagnóstico y la receta adecuada para revertir los problemas, cuanto antes se comience se acortarán los plazos. Es curioso pero en muchos casos desde hace décadas se viene recitando la misma cantinela sin percatarse que si se hubieran puesto manos a la obra ya estaríamos en el instante eureka, “el largo plazo”. No es mi autor favorito, pero Mao Tse Tung decía con razón que “la marcha más larga comienza con el primer paso”.

En resumen, la mejor manera de evitar los contragolpes de estado (generalmente fallidos en el sentido de la reincidencia o incluso el engrosamiento del estatismo) consiste en ocuparse de las tareas educativas mencionadas al efecto de despejar telarañas mentales, lo cual beneficia a toda la comunidad pero muy especialmente a los más necesitados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Educación estatal: con semejante estructura burocrática es imposible adaptarse a los cambios

Por Martín Krause. Publicada el 11/9/16 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2016/09/11/educacion-estatal-con-semejante-estructura-burocratica-es-imposible-adaptarse-a-los-cambios/

 

Junto a Irene Giménez y Eloy Fisher, más otros colaboradores de Goethals Consulting en Panamá, hicimos un estudio, y luego un informe, sobre el papel de los emprendedores y de la educación privada en ese país, con el título “La iniciativa emprendedora en la educación: una alternativa menospreciada”. El sistema educativo panameño es muy similar al resto de América Latina, por lo que el análisis sirve también para otros países.

Aquí va parte de su contenido:

Esa estructura tampoco es flexible a la hora de reaccionar ante los acelerados cambios que se producen en la sociedad moderna: “En este sentido, el marco legal e institucional afecta la oferta de servicios de formación. Las reglas para la aprobación de nuevas carreras a nivel universitario hacen que el tiempo que transcurre entre la detección de una nueva necesidad y la graduación del primer egresado sea de aproximadamente 7 años ya que la aprobación de una nueva carrera toma de 2 a 4 años. Esta realidad limita significativamente la respuesta que puede darse a las demandas del mercado” (p. 102).

Este es un rasgo característico de la actividad emprendedora que se desarrolla en el ámbito del mercado: la capacidad que tiene el emprendedor de anticipar las necesidades del mañana y asumir el riesgo de llevarlo adelante. El mercado no está exento de “planificación”, ya que los emprendedores son quienes planifican la oferta futura, pero lo hacen en forma descentralizada, en forma de distintos planes que aprovechan el conocimiento disperso y verifican entonces su viabilidad. A diferencia de la política pública, el mercado no somete a toda la población a un ensayo en particular, llevando a todos al éxito o, la mayor parte de las veces, al fracaso; el mercado genera decenas de experimentos de los cuales se aprende y los consumidores seleccionan aquellos que mejor se adaptan a sus necesidades. Esto es particularmente cierto en el ámbito de la educación actual, cuando la tecnología y los servicios en red están revolucionando las metodologías para la enseñanza.

Un sistema que desde hace décadas hace profesión de fe de su misión en favor de los más pobres y necesitados, no llega a alcanzar esos objetivos después de haber destinado recursos millonarios. Se reconoce, por ejemplo, que estos sectores, particularmente los indígenas, reciben el peor servicio, y no es de extrañar que obtengan los peores resultados. Dice el Plan Estratégico (2014): “Las escuelas indígenas oficiales obtuvieron los resultados más bajos en todas las asignaturas evaluadas”.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El actor Gérard Depardieu devolvió su pasaporte francés

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 20/12/12 en http://www.elnuevoherald.com/2012/12/20/1368458/alejandro-tagliavini.html

El actor Gérard Depardieu, que devolvió su pasaporte francés y solicitó el belga luego de ser acusado de mezquino por mudarse al pueblo de Nechin, en Bélgica, a un par de kilómetros de la frontera con Francia, para beneficiarse de las ventajas impositivas, aseguró que ha “pagado €145 millones en impuestos en 45 años… yo no he matado a nadie”.
Al devolver su pasaporte, también entregó la tarjeta de su seguro social, “Nunca me ha servido”, aclaró. Pero la verdad es que, mezquino no es el que no paga impuestos, mezquino e inmoral es el que los manda a cobrar por la fuerza.
El impuesto es dinero retirado del mercado -de las personas- para que, supuestamente, el gobierno pueda hacer aquello que los particulares no harían. Cosas como asistencia social, seguridad, educación, etc. Pero la realidad lo desmiente.
Por caso, luego de los huracanes Katrina, Rita y Wilma, las donaciones privadas de los estadounidenses llegaron a $6,470 millones demostrando que el asistencialismo privado supera a las ayudas estatales.
Cáritas española es famosa por los problemas sociales que atiende. En cuanto a seguridad, es obvio que las personas la requieren y por ello existen agencias privadas, que pueden contratar, y que son más eficientes y económicas que las estatales que se pagan más caras (por la vía impositiva). La educación privada es superior: en Buenos Aires, por caso, las escuelas no gubernamentales contienen al 65 por ciento de los alumnos
Además, los impuestos son injustos porque a mayor capacidad económica de una persona, más los traslada hacia abajo: los empresarios bajan salarios, suben precios, etc. En definitiva, las cargas fiscales son fondos coactivamente retirados por el gobierno (mayormente de los pobres) y utilizados en lo que el mercado podría hacer por su cuenta, pero luego de derrochar buena parte en burocracia y corrupción que beneficia a los políticos y amigos. Dicho de otro modo, de no existir los impuestos, los pobres tendrían suficiente dinero para pagar mejores servicios que los que recibe del gobierno.
El mercado se maneja con acuerdos voluntarios entre las partes, satisfaciendo las necesidades de todos, vía precios que son los que dirigen las inversiones y dirimen las diferencias (los potenciales conflictos). Mientras que el Estado es la imposición coactiva -vía monopolio de la violencia- que, como toda violencia, termina destruyendo los recursos sociales porque -además del despilfarro en burocracia- deriva los gastos en función política ignorando la eficiencia que define el mercado.
En Europa, los países cuyos mercados están menos coaccionados por el gobierno tienen mejores rentas. Según Eurostat, el ingreso promedio de un luxemburgués representa 2.71 veces el promedio europeo. Para Austria, el índice es de 1.29; Suecia 1.27; Alemania 1.21; Italia 1 y, debajo de la media europea, España 0.98; Chipre 0.94; Portugal 0.77;
Grecia 0.79 y Bulgaria 0.46. Insisto, el mercado es el acuerdo pacífico entre las partes y el Estado es la imposición violenta. Así, los más estatistas son los más militarizados, como Corea o Cuba y como quedó claro en la Venezuela del comandante Chávez, en cuyas recientes elecciones, el oficialismo ganó en 20 estados, 11 de los cuales quedaron entre manos castrenses, compañeros de armas de Chávez y participantes del intento de golpe de Estado de 1992.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

La clave es la educación:

Por Alberto Benegas Lynch. Publicado el 19/7/12 en: http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7384

Me parece que es relevante destacar que deben diferenciarse nítidamente, por una parte, los proyectos de quienes se desempeñan en la órbita política y, por otro, los que actúan en el plano académico. En el primer caso, no resulta posible presentar planes de acción política con independencia de lo que reclama y puede digerir la opinión pública. Proceder de otro modo condena al fracaso la iniciativa política puesto que en esta instancia del proceso de evolución cultural se hace necesario contar con masivo apoyo electoral y también debe tenerse presente que el político debe conciliar diferentes posiciones. En cambio, en el segundo caso se trata de abrir caminos independientemente de lo que al momento piensa la opinión dominante. Son dos roles muy distintos: si un político pretendiera adoptar medidas con independencia de lo que comprende y acepta el electorado, estará perdido como político. Por el contrario, si para dictar una clase el profesor ausculta lo que reclama el alumnado durará poco en su cátedra (no hay papel más lastimoso que un intelectual que la juega de político haciendo equilibrios para adaptarse a lo “políticamente correcto” y así conseguirse un puestito en el elenco de algún gobierno). En realidad, la vinculación entre los dos roles se establece en cuanto a que las características de la opinión pública y, por tanto, del discurso político, dependerá de la honestidad, el coraje y la claridad con que se abran nuevas avenidas desde el plano intelectual.
 
Entonces, en base a estas consideraciones introductorias y teniendo en cuenta que todo lo que ocurre depende de una buena educación, formulo las siguientes reflexiones desde un ámbito que no pretende simular ni replicar una carrera electoral sino desde lo que se ha dado en llamar “el llano” (aunque en verdad en un ámbito republicano son los políticos los que están en el llano ya que son meros empleados de sus mandantes). En este contexto, formulo de modo muy telegráfico el siguiente decálogo al efecto de ir corriendo el eje del debate en pos de una sociedad abierta:
 
1. Dado que todos somos diferentes, no solo desde el punto de vista anatómico sino especialmente desde la perspectiva psicológica, los programas educativos deben operar en abierta competencia en cuanto a asignaturas, textos, métodos didácticos, horarios y todo lo que hace a una casa de estudio al efecto de sacar el máximo provecho no solo de las diferentes demandas sino del aprendizaje que surge de un proceso evolutivo en el contexto de un ambiente en donde las puertas y ventanas se encuentran abiertas de par en par al efecto de que ingrese la mayor cantidad de oxígeno posible. Las condiciones únicas e irrepetibles de cada estudiante desde luego incluyen las diferentes capacidades para distintas áreas, lo cual contradice la pretensión de establecer jerarquías de coeficientes intelectuales dadas las características multidimensionales que operan en este campo.
 
2. Los colegios y universidades deben ser privados en sentido real y no meramente nominal como suele ocurrir, puesto que los aparatos estatales se inmiscuyen y dictaminan acerca de las estructuras curriculares, lo cual constituye la esencia de una institución de enseñanza.
 
3. Las instalaciones de la llamada educación estatal (y no decimos pública puesto que esta categorización esconde la verdadera naturaleza de la entidad y, por otra parte, la educación privada también es para el público) debieran entregarse a la venta a profesores de esas reparticiones en base a que el sistema constituye una injusticia para los más pobres. Esto es así debido a que siempre todos pagan impuestos, especialmente aquellos que nunca vieron una planilla fiscal quienes tributan vía la reducción en sus salarios como consecuencia de los gravámenes que pagan los contribuyentes de jure, lo cual reduce las tasas de capitalización que son la causa del incremento de ingresos y salarios en términos reales. Imaginemos entonce la lamentable situación de quienes son tan pobres que ni siquiera pueden afrontar el costo de oportunidad de enviar a sus hijos al colegio porque perecerían por inanición si no trabajan con los padres: pues ellos se ven obligados a financiar los estudios de los más pudientes (y los que con gran sacrificio apenas pueden enviar a estudiar a la prole no pueden afrontar el pago doble, uno destinado a alimentar las instituciones estatales vía fiscal y otro para cubrir la matrícula y las cuotas de los privados, ergo, se ven forzados a recurrir a las estatales). Por otro lado, los estudios disponibles muestran que los costos por año por estudiante de las instituciones estatales, en relación con las privadas, resultan sustancialmente más elevadas debido a los naturales incentivos de cada sector (por más que en los documentos en los que se exhiben los costos de las entidades estatales habitualmente solo se computan gastos corrientes y se excluye el costo del capital por la inmovilización de activos inmobiliarios).
 
4. Los denominados “ministerios de educación” y equivalentes deben abrogarse al efecto de permitir la antes mencionada competencia, y allí donde se necesita la convalidación de títulos profesionales se procede con el aval de academias y equivalentes también en competencia entre si por asegurar los más altos niveles de formación y capacitación. La politización de algo tan crucial como el delicado proceso educativo y el concebirla como la fabricación de productos en serie desconoce por completo las individualidades y el valor y la trascendencia de las consiguientes potencialidades (de allí es la proliferación del home-schooling).
 
5. El procedimiento de los vouchers estatales resulta útil solamente para demostrar el non sequitur, es decir, para poner en evidencia que del hecho de que se sostenga que se debe financiar compulsivamente la educación de otros no se sigue que deban existir colegios y universidades estatales puesto que los receptores eligen la institución de su preferencia. Los vouchers estatales adolecen de los problemas económicos antes señalados que afectan especialmente a los más necesitados y a los que cuentan con menores capacidades para atender las ofertas educativas existentes. De más está decir que esto no invalida la existencia de vouchers privados ni las becas otorgadas por las casas de estudio y los valiosos emprendimientos filantrópicos.
 
6. Equivocadamente se ha sostenido que la educación es un bien público lo cual constituye un error puesto que no reúne las características de la no-rivalidad y la no-exclusión. Sin embargo, la enseñanza se traduce en externalidades (positivas cuando apunta a la excelencia) lo que explica la financiación de estudios por parte de terceras personas ajenas al candidato en cuestión.
 
7. Cuando se exhiben ejemplos del buen desempeño de instituciones estatales se deja de lado el hecho de lo que se hubiera realizado con el fruto de sus trabajos los titulares de los recursos, lo cual refleja los grados de eficiencia al tiempo que no se consideran para nada los efectos nocivos de desplazamientos forzosos de la educación privada al presentarse la variante aparentemente “gratuita” de las estatales.
 
8. Se suele hacer referencia al “derecho a la educación” sin percatarse que todo derecho implica la contrapartida de una obligación y si esta a su vez significa la lesión a un derecho, el alegado “derecho” se convierte en un pseudoderecho. Una cosa es el resguardo y la preservación de un derecho que se adquiere como consecuencia de arreglos contractuales con terceros o que posee la persona y otra bien distinta es la imposición basada en la sustracción de derechos del prójimo.
 
9. También se esgrime la “igualdad de oportunidades” para imponer las entidades estatales, pero esta figura es mutuamente excluyente con la igualdad ante la ley. Al ser todos diferentes, naturalmente se tienen oportunidades también diferentes. En una sociedad abierta de lo que se trata es que todos tengan mayores oportunidades pero nunca iguales, a menos que se proceda a la guillotina horizontal con lo que se habrá perdido la posibilidad de la división del trabajo y la consiguiente cooperación social. Debe tenerse muy presente que la igualdad es ante la ley, no mediante ella, puesto que en la media en que se sigue este último camino indefectiblemente las personas tendrán menores oportunidades, precisamente debido al deterioro en los marcos institucionales. Si, por ejemplo, se quisiera imponer la igualdad de oportunidades a un amateur en el tennis en un partido frente a un profesional habrá que obligarlo a este último a que juegue con una pierna, lo cual lesionaría su derecho y así sucesivamente.
 
10. Todos reconocen que más importante que educarse es mantenerse alimentado para poder sobrevivir, sin embargo, a esta altura de los acontecimientos, muy pocos son los que sugieren que los aparatos estatales se ocupen de sembrar, cosechar y comercializar alimentos porque las hambrunas son seguras. Esto es lo que precisamente ocurre con la educación estatal (mal llamada pública por las razones antes apuntadas): hambrunas espirituales en el contexto de barricadas y movimientos políticos en las así denominadas casas de estudio que no deben limitarse a contar con la buena voluntad de profesores sino que deben operar en un sistema abierto y competitivo con los incentivos necesarios que contengan y estimulen a los estudiantes en climas del mayor rigor, profundidad y calidad que las circunstancias permitan.

 Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.