Hoy no vivimos nada diferente a las crisis de los últimos 44 años

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 20/8/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/08/20/hoy-no-vivimos-nada-diferente-a-las-crisis-de-los-ultimos-44-anos/

 

El resultado de las PASO mostró que la fórmula Fernández-Kirchner tiene más chances de ganar en la primera vuelta en octubre que Juntos por el Cambio dar vuelta el resultado adverso, llegar a un ballotage y ganarlo ahí

 

Es evidente la desconfianza que genera en los inversores la formula FF. Si habiendo ganado las PASO con 15 puntos de diferencia, al otro día se dispara el dólar, cae la Bolsa y se estalla el Índice de Riesgo País, todos activos líquidos de los que se puede salir en el día, es de imaginar que si nadie quiere tener activos líquidos por si gana la fórmula FF, menos habrá gente que quiera hundir una inversión en una fábrica de mayonesa, contratando personal, lidiando con el complejo sistema impositivo argentino, las locuras sindicales y la ausencia de una moneda.

Es decir, si con Mauricio Macri no se produjo la lluvia de inversiones, la sequía de inversiones continuará con los FF de ganar la presidencia a partir  del 10 de diciembre en octubre.

De manera que el primer problema a la vista es que hoy ninguno de los dos partidos o alianzas políticas con mayores chances de ganar la elección generan confianza. Los FF por su trayectoria de 12 años de incumplimiento con los compromisos internacionales y sus políticas populistas y Cambiemos por su gradualismo que fue inmovilismo que lo llevó a esta crisis económica justo en la puerta de las elecciones.

La pregunta es: ¿qué grados de libertad tiene cada uno para enfrentar la larga decadencia argentina? El gobierno de Macri, de aquí a las elecciones y, en caso de ganarlas, ¿qué hará luego? Y el kirchnerismo, ¿qué grados de libertad tendrá para enfrentar la economía si gana las elecciones?.

Grados libertad para el presente y para el futuro

Mi visión es que Macri tiene que lograr revertir la crisis cambiaria antes que se traduzca en una crisis financiera. En este tema ya queda claro que la tasa de interés dejó de ser un instrumento para frenar transitoriamente la corrida. A casi un año del lanzamiento de las Leliq en reemplazo de las Lebacs, pagan la misma tasa que al inicio y no consiguen dominar el mercado de cambios o, dicho con más precisión, la desconfianza en el peso.

Ahí no tiene muchas chances, a mi juicio. O logran un acuerdo con EE.UU. para recibir un apoyo del Tesoro que le permita al Banco Central cancelar  las Leliq de un cachetazo, para hacer bajar el dólar y la tasa de interés, o usa las reservas para amortiguar la corrida.

Cuando digo un acuerdo con EE.UU. estoy pensando en el apoyo que Bill Clinton le brindó a México cuando se produjo el Efecto Tequila, entre 1994 y 95. Recordemos que el Congreso había rechazado el apoyo a México, pero el departamento del Tesoro encontró la forma de ayudarlo con una paquete de USD 20.000 millones de aquél momento vía el Fondo de Estabilización de Divisas, más otro por USD 30.000 millones del FMI, del Bank for International Settlement y un swap de Canadá.

Obviamente, ahora a la Argentina ya no le queda más margen para mayor apoye del FMI, así que la única opción que quedaría es buscar el respaldo del Tesoro norteamericano para rescatar las Leliq del Banco Central y establecer una especie de convertibilidad de hecho para desactivar la corrida cambiaria. Hoy las reservas de libre disponibilidad se acercan bastante para cubrir la base monetaria, falta desarmar de un golpe las Leliq.

El Banco Central tiene reservas en divisas para cancelar de golpe las Leliq (Manuel Cortina)
El Banco Central tiene reservas en divisas para cancelar de golpe las Leliq (Manuel Cortina)

Si no se recibe ese apoyo del Tesoro de los EEUU, están las reservas y cambiar las Letras intransferibles que tiene el BCRA que le entregó el Tesoro argentino a cambio de las reservas en la era K, por un bono largo como un instrumento para quitar liquidez del mercado. No es gran cosa, pero es lo que hay. En este caso, no bajaría la tasa de interés pero al menos se desarmaría el misil que son las Letras de Liquidez por ya remuneran una tasa cercana a 75% anual a 7 días.

Es necesario presentar un plan económico de largo plazo

De nada sirve anunciar medidas para apagar el incendio si al mismo tiempo no se anuncia un plan económico de largo plazo a ser aplicado en caso de ganar las elecciones Cambiemos. Muchos podrán decir que ahora no hay tiempo, pero insisto con mi argumento: las campañas políticas son para anunciar los planes económicos de los gobiernos, no solo para apagar incendios y tratar de flotar para llegar a octubre o diciembre.

¿O acaso creen que pueden ganar las elecciones abrazando a la gente en el conurbano? Esa gente va a seguir votando al peronismo, lo que tiene que lograr Cambiemos es recuperar el apoyo de la clase media, esa a la que esquilmó con impuestos para sostener a piqueteros y ñoquis. Y la forma de recuperarla es, en primer lugar siendo más agresivo con la suba del mínimo no imponible de Ganancias y más agresivo en la baja del gasto público en el revoleo de planes sociales junto con el dominio de la corrida cambiaria.

¿Los márgenes de acción de Alberto Fernández en caso de ganar las elecciones? Recibe un gasto público consolidado de 46% del PBI; una presión impositiva consolidada del 42% del PBI; un peso que hace décadas dejó de ser moneda; sin ahorro interno para financiar el déficit fiscal; sin acceso al crédito externo y con vencimientos de deuda pública que solo podrá refinanciar con el apoyo del FMI, pero para eso tendrá que cumplir con una estricta disciplina fiscal y reforma laboral. Pregunta, ¿le aprobarán Pino Solanas, Recalde y los diputados de La Cámpora esas medidas y reformas?

Vuelvo al punto de partida, ninguno de las dos alianzas políticas generan hoy confianza en los inversores, sean financieros o aquellos que tienen que hundir inversiones en Argentina.

Mi impresión es que a Alberto Fernández le va a costar más trabajo generar confianza considerando los 12 años de kirchnerismo y la lista de legisladores que presenta, que a Macri que viene con 4 años de fracasos económicos pero podría llegar a hacer un mea culpa de lo hecho hasta ahora y reorientar su gobierno hacia una economía de reformas estructurales con un plan económico que genere un shock de confianza por su integración al mundo.

No hay que confundirse, la crisis cambiaria actual es el resultado de la falta de confianza en el peso, que a su vez es resultado de la prostitución monetaria fruto del continuo desborde del gasto público.

Tuvimos la misma crisis en 1975 con el Rodrigazo; en 1981 con el fin de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz y su gradualismo; en 1985 con la gestión de Bernardo Grinspun que terminó en el Plan Austral, el cual a su vez terminó en varios australitos hasta el Plan Primavera que desembocó en la hiperinflación. Luego vino el plan BB que terminó en el plan Bonex en diciembre de 1989, para finalizar en la convertibilidad fija con el dólar en marzo de 1991.

El no ajuste del gasto público que propuso Ricardo López Murphy en marzo de 2001, boicoteado por los eternos “ahora no se puede”, derivó en el corralito, la crisis institucional y el default de fines de 2001, más el desastre que hizo Eduardo Duhalde al salir de la convertibilidad generando una llamarada inflacionaria, confiscación de ahorros y un fenomenal salto de la pobreza.

Y luego el kirchnerismo que terminó tapando la crisis económica destruyendo el Indec para no conocer la pobreza, la inflación, el nivel de actividad, etc., con un cepo cambiario y casi cero reservas.

En síntesis, no estamos viviendo nada a lo que vivimos en los últimos 44 años. Crisis fiscales que derivan en crisis de confianza y corridas hacia el dólar. Repasemos qué se hizo en las crisis anteriores y vamos a entender la gran incertidumbre actual.

Que nadie se crea que ganando el kirchnerismo se podrá salir mágicamente de las crisis recurrentes o que ganando Mauricio Macri la reelección va a pasar lo mismo. Esto no es una cuestión de personas o partidos políticos, es una cuestión de grosero populismo que periódicamente estalla por falta de financiamiento y que ninguno está dispuesto a decir, con todas las letras, que hay que terminar con la cultura de la dádiva y volver a la cultura del trabajo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky 

El riesgo de mantener contenido el tipo de cambio con altas tasas de interés

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/5/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/05/28/el-riesgo-de-mantener-contenido-el-tipo-de-cambio-con-altas-tasas-de-interes/

 

Desde que fue creado el BCRA, hace exactamente 84 años, la inflación promedio anual fue del 53,3% anual acumulando una inflación de 257.710,71 billones por ciento. Este solo número, junto con los 13 ceros que se le quitó a los diferentes signos monetarios, donde un peso actual es equivalente a $10.000.000.000.000 moneda nacional, evitan abundar en detalles explicando por qué no tenemos moneda. No es casualidad que tengamos períodos de calma en el mercado de cambios y luego violentos saltos porque la gente se refugia en el dólar que es la moneda que eligió como reserva de valor y para muchas operaciones como medio de intercambio.

El gráfico muestra la evolución mensual del tipo de cambio real a pesos de abril de 2019 en los últimos 48 años y medio. Para armar la serie obviamente se van eliminando ceros a medida que se fueron produciendo los cambios de monedas, y se lo actualiza a valores actuales por el Índice de Precios al Consumidor, y se le resta la inflación de EE.UU.

Algunos preferirán usar precios combinados (mitad la variación del índice  consumidor y mitad del índice mayorista, ambos del Indec), pero la realidad es que ese esquema consiste solo en cambiar la ponderación de los bienes transables en el indexador. En cualquier caso, pueden variar los niveles absolutos de la serie pero la tendencia es la misma.

Lo que muestran estos 48 años de tipo de cambio real es que entre 1970 y 1991 la volatilidad fue fenomenal. En el gráfico se observan 3 picos: 1) en 1975 con el rodrigazo, fruto de la inflación cero de Gelbard; 2) la salida de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz y la licuación de pasivos y 3) la hiperinflación de 1989 que precipitó la salida de Raúl Alfonsín.

También vemos que hay 3 períodos de tipo de cambio que son los más bajos de la serie: 1) en enero de 1981, con el fin de la tablita cambiaria (en febrero de 1982 Martínez de Hoz devalúa el peso un 10% a pedido de Lorenzo Siguat que era el ministro que le iba a seguir en el cargo); 2) el período de la convertibilidad, en los 90; y 3) a partir del momento que asume Néstor Kirchner, continúa con Cristina Fernández de Kirchner y se recupera transitoriamente con Cambiemos para volver a caer.

Características de cada ciclo 

Cada vez que el tipo de cambio fue contenido con tasas de interés artificialmente altas, con endeudamiento externo y controles de cambio, incluidos cepos cambiarios, luego vino un estallido de diferente magnitud.

Por ejemplo, el control de cambios impuesto por Ber Gelbard junto con un déficit fiscal consolidado de 7,5% del PBI comenzó con un tipo de cambio en moneda actual y a pesos de abril 2019 de $82 y termina a fin de año con un tipo de cambio real de $72,5. El ministro hace algunos ajustes a comienzos de 1974 y luego de algunas correcciones que le hace Alfredo Gómez Morales llega al rodrigazo, cuando Celestino Rodrigo destapó la olla de la inflación cero de Gelbard y el tipo de cambio llegó al equivalente a $170 actuales. En febrero de 1976, con el país totalmente fuera de control, se llegó a un dólar de $272 actuales.

La tablita cambiaria de Martínez de Hoz comenzó con un tipo de cambio, siempre a pesos de abril de 2019, de $51 en diciembre de 1978 y terminó en enero de 1981 en $28 actuales. Otra fenomenal caída del tipo de cambio real. Luego del plan Bonex en diciembre de 1989, el tipo de cambio larga en $55 actuales se llega con un tipo de cambio de $30 actuales en febrero de 1991 y se entra en la convertibilidad a $27 actuales.

Eduardo Duhalde devaluó 40% y terminó buscando el tipo de cambio de $4 por dólar. Lo cierto es que luego de corralón, pesificación asimétrica y demás embrujos, Néstor Kirchner asume en mayo de 2003 con un tipo de cambio equivalente a $55 actuales y Cristina Fernández de Kirchner termina su segunda presidencia con una paridad a pesos de abril 2019 de 28 pesos.

En los 48 años considerados, fue frecuente el uso del tipo de cambio como ancla contra la inflación. Cuando se observa toda la serie no se encuentran períodos largos en que el peso se revalorizara fruto de un fuerte ingreso de capitales para invertir en el sector real de la economía. El período de mayor ingreso de divisas por Inversión Extranjera Directa fue en los 90, pero ahí el tipo de cambio se mantuvo bajo por ese ingreso de capitales y por el endeudamiento que a partir del segundo mandato tomó el gobierno de Carlos Menem.

Factores que debilitaron el valor del peso

En general la combinación para anclar el tipo de cambio consistió en controles y cepos, uso de la tasa de interés y el endeudamiento externo y un breve período de buenos precios internacionales en el Gobierno de los Kirchner que ayudaron a financiar la fuga de capitales sin que saltara el valor de la divisa.

Para tener una idea, Fernando de la Rúa gobernó con una soja promedio de USD 179 la tonelada; en todo el período kirchnerista promedió USD 372; el primer mandato de Cristina Fernández de Kirchner gozó de una cotización de USD 484; y de USD 469 el segundo. Precios récord y encima tuvo que poner el cepo cambiario ni bien ganó las elecciones en octubre de 2011 y llegó agonizando al cierre de 2015 vendiendo futuros en cantidades industriales.

El gráfico 1 marca dos datos. La primera mitad de esos 48 años se caracteriza por una altísima volatilidad en el tipo de cambio real, con fenomenales subas y bajas. El segundo es que desde 1991 predomina un tipo de cambio muy bajo; la cual no puede explicarse por una lluvia de inversiones, salvo los primeros años de la convertibilidad con las privatizaciones.

Es decir, desde 1991 se acumulan 28 años mostrando uno de los tipos de cambio más bajos de la serie histórica, y se empeoró la relación gasto público/PBI, carga tributaria, inseguridad jurídica y legislación laboral, por citar algunos ítems. Todos factores que juegan en contra de la fortaleza del peso.

Obviamente no voy a caer en el ridículo de decir cuál tiene que ser el tipo de cambio que debe regir en la economía, pero sí puedo afirmar que la constante ha sido manipular el tipo de cambio como ancla contra la inflación por el hecho de no tener una moneda. Como la gente no cree en el peso argentino por los dislates cometidos desde 1935 a la fecha, el argentino eligió el dólar como su moneda y los gobiernos se empeñan en obligar a los argentinos a usar el peso, un producto que ya nadie quiere. El resultado es tener que poner cepos cambiarios, controles de precios o pagar tasas de interés disparatadas para mantener con respirador artificial una moneda que ya está muerta como tal, como es el caso del peso.

Casi medio siglo de disparates cambiarios confirman que el peso viene agonizando hace rato.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky 

Hay un “juego de engaño” entre las proyecciones y la realidad

Por Adrián Ravier. Publicado el 6/3/17 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2017/03/06/hay-un-juego-de-engano-entre-las-proyecciones-y-la-realidad/

 

Es conveniente aclarar desde el comienzo que la predicción en economía es un arte que se basa en el conocimiento de una buena teoría económica, pero también de anticipar las políticas que tomará el gobierno, y el modo en que la opinión pública actuará ante ellas. Estamos ante fenómenos mucho más complejos que otras ciencias como la física, la química o la biología, justamente porque no podemos aislar las variables y hacer experimentos de laboratorio. Los economistas hemos logrado desarrollar amplios consensos sobre cuestiones de teoría económica, pero persisten lógicamente debates profundos cuando intentamos predecir el valor de una variable en un lugar concreto y en un momento determinado.
En este arte de predecir se vuelve fundamental la confiabilidad de los anuncios del gobierno; y lo cierto es que después de 2016, la opinión pública sabe que estamos en un juego de engaño, quizás lógico, donde se busca conseguir ajustes reales y no nominales, de las variables económicas fundamentales. Para poner un ejemplo: Ricardo López Murphy tuvo que dejar su cargo ante la crisis de 2001 por sugerir un ajuste del 10 % en los salarios de los trabajadores del sector público; aquello fue inadmisible. Pero poco después la devaluación de Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna recortó los salarios reales en proporciones mucho mayores, y esto recibió menos cuestionamientos. La normalización de la economía argentina de algún modo necesita de este juego. Juega un rol fundamental aquí la “ilusión monetaria”.
¿De cuánto es la brecha entre lo que se dice y lo que reflejan las estadísticas?
En 2016 Prat Gay sugirió que la inflación sería del 25 %. Según el INDEC terminó siendo del 41 %. A medida que avanzaban los meses, la brecha era lógica para todos los analistas, pero Prat Gay insistía en aquel valor. Mi impresión es que él sabía que no podía cumplirse su proyección, pero estaba inmerso en este juego de engaño. En términos del ajuste que necesita la economía argentina para su normalización, el juego de Prat Gay fue exitoso porque logró que las paritarias se concreten en torno al 25 y el 33 %, y la inflación mayor pudo ajustar los salarios reales. La salida de Prat Gay en cierto modo es lógica, porque sufrió ante la opinión pública el costo político de pérdida de credibilidad.
¿La inflación ya está domesticada o puede haber rebrotes?
La inflación núcleo pienso que sí está domesticada. El problema está en las tarifas. Después de una década donde los precios subieron mucho, y las tarifas se congelaron, las tarifas quedaron atrasadas. Con estas tarifas no hay inversiones, y sin ello no tenés una infraestructura energética que te permita sostener la estructura económica. La elección del gobierno anterior era seguir con enormes subsidios, y sacar recursos de otros sectores para sostener mínimamente la inversión bruta sobre el sector. Hoy el desafío es mucho mayor, porque la infraestructura energética está muy endeble y tenés que invertir mucho para evitar que se vuelva un cuello de botella contra el crecimiento. El tarifazo tiene siempre un impacto social negativo, y con ello un costo político fuerte, pero Macri lo está asumiendo, lo que de algún modo implica que no ejerce una política populista. Los tarifazos hoy explican prácticamente la mitad de la inflación. Si cumpliremos o no con la meta, depende de la decisión política de seguir ajustando estas tarifas.
¿Es factible cumplir la meta trazada por el Central de un IPC anual cercano al 17 %?
Lo veo muy difícil. Quizás la inflación núcleo pueda estar en ese nivel, o incluso un poco más bajo, pero luego hay que agregar el impacto en tarifas. Las proyecciones de los analistas están un poco por encima del 20 %. De mi parte, sólo puedo arrojar un rango que va del 20 al 28 %. 10 meses en la economía y la política argentina son el larguísimo plazo. Los tarifazos sobre electricidad de febrero y marzo marcan tendencia. Si en los 6 meses siguientes, previo a las elecciones, se suspenden los tarifazos, entonces la meta sería creíble, pero no veo al Ministro Aranguren con esa intención. Y de hecho, me parece técnicamente correcto avanzar en estas correcciones.
¿A qué ritmo se moverán las paritarias?
Acá el juego de engaño resulta fundamental. El gobierno dice que la inflación de 2017 estará abajo del 20 % y sugiere un ajuste de ese nivel. Pero venimos de un 2016 donde decían que la inflación sería del 25 % y terminó siendo del 41 %. Lógicamente los sindicatos presionan para ajustar primero aquella brecha entre el 33 % obtenido y el 41 % que quedó pendiente de 2016; pero además cuestionan que la inflación de 2017 pueda estar abajo del 20 %. Esta negociación es clave porque definirá el ritmo de normalización de la economía, y también la inflación de 2017. De mi parte, conjeturo que llegarán a un acuerdo entre el 22 y el 26 % para estas paritarias.
¿Cuánto hay que crecer para que la pobreza sea de un dígito?
La ley de Okun, que es sólo una observación empírica, dice que la economía aumenta el desempleo si creces abajo del 3 %. Podríamos decir en línea con esto, que la pobreza también aumenta si crecés a un ritmo menor. Pero estas observaciones no son aplicables a la Argentina. Mientras tengas niveles de inflación de dos dígitos, difícilmente puedas bajar la pobreza. Si bien el INDEC está recuperando cierta reputación, lo cierto es que descreo de los indicadores actuales. Tanto la pobreza como la inflación son mayores a lo que se reconoce. La destrucción de capital e institucional de la última década nos ha dejado con desafíos muy complejos para enfrentar en lo próximos años.
¿Cuáles son las proyecciones para este año?
2017 cerraría con un crecimiento que va del 2 al 4 %. Siempre insisto que esto no es crecimiento, sino recuperación de la pérdida de actividad económica que tuviste el año anterior. Argentina no crece desde el tercer trimestre de 1998.
La tasa de inflación imagino rondará el 25 %.
La cotización del dólar es más difícil de pronosticar. Como el gobierno adelantó las necesidades de financiamiento, el dólar bajó, pero a medidas que esos desembolsos vayan saliendo, bajará la oferta, y la cotización debería recuperar su pico. Leo a varios analistas decir que el dólar estará estable en 2017. Yo no lo creo. En cierto modo es una decisión política, pero si el gobierno no interviene, el dólar no puede cerrar el año abajo de $ 16. Incluso imagino superará los $ 17.
¿Cambiaron las pautas presupuestarias de inflación, dólar y PBI?
Esto no va a ocurrir en marzo. Las paritarias dependen de que en este juego de engaño el gobierno insista en que la inflación será del 17 %. Eso fija un límite inferior necesario para sus intenciones de normalización de la economía. Si hoy reconocieran que la inflación va a estar más cerca del 25 % que de la meta fijada, entonces este límite inferior aumentaría, y la negociación por paritarias resultaría más compleja.
Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

El peronismo no es ningún ejemplo a seguir

Por Iván Carrino. Publicado el 22/6/16 en: http://www.ivancarrino.com/el-peronismo-no-es-ningun-ejemplo-a-seguir/

 

A pesar de ser una corriente popular en Argentina y en el mundo, los resultados económicos del peronismo dejan mucho que desear.

Poco tiempo atrás leía que la agrupación populista, Podemos, de España, tenía pensado importar el peronismo a ese país. En palabras de su líder, Pablo Iglesias, “Podemos tiene rasgos peronistas” y mucho de lo que proponen en materia de políticas públicas está en línea con el célebre movimiento argentino. Sin embargo, si Podemos lograra efectivamente su cometido, ésta no sería una buena noticia.

El peronismo es el movimiento político que surgió con Juan Domingo Perón durante la década del ‘40 y que marcó un antes y después en la sociedad argentina. En economía, el de Perón posee el dudoso mérito de haber sido el primer gobierno en llevar la inflación por encima del 50% anual en 1951. Como rasgo característico, además, el peronismo fue siempre crítico del capitalismo, amante del gasto público exacerbado, adicto a los controles de precios y cultor de la tristemente célebre frase “vivir con lo nuestro”, que refiere explícitamente a cerrar las fronteras del comercio internacional.

Ahora  a pesar de tener 70 años de historia, el peronismo hasta hace pocos meses gozó de muy buena salud en Argentina. Como explica Emilio Ocampo, desde el regreso de la democracia, en 1983, 76% del tiempo el país estuvo gobernado por un presidente peronista. Entre 1989 y 1999, fue Menem quien alzó las banderas peronistas. Desde 2002 a 2015, la tarea correspondió a Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

Si bien hubo diferencias entre cada uno de estos presidentes, todos ellos ascendieron al poder por su afiliación y defensa del partido de Perón. El peronismo de Menem privatizó empresas y mantuvo el tipo de cambio fijo con déficit fiscal. El peronismo de Duhalde abandonó el “1 a 1” y devaluó la moneda, pero consiguió superávit de las cuentas públicas. El peronismo de los Kirchner fue más parecido a aquél de la década del 40 y del 50: inflación, control de precios, cierre de la economía y una profunda destrucción del clima institucional y de negocios en el país.

Durante el mismo período, algunos de los países de la región tomaban un rumbo diferente. Tanto Chile, como Perú y Colombia fueron dándose cuenta que el camino del progreso venía de la mano de la apertura al comercio, el mayor equilibrio de las cuentas públicas, una baja inflación y también una menor deuda pública.

En definitiva, una mayor cercanía con el capitalismo y el respeto por las instituciones republicanas.

Los resultados de los diferentes caminos tomados pueden observarse en el cuadro de abajo. Allí se observa la evolución del PBI per cápita de cada uno de estos países desde 1983 hasta el 2016 de acuerdo a las estimaciones y proyecciones del FMI.

2016.06.21_Peronismo

Como puede verse, el país en donde más ha crecido el ingreso promedio de sus habitantes es Chile, que pasó de tener un PBI per cápita de USD 1.754 a uno de USD 12.938. La variación es un espectacular 638%. En segundo lugar está Perú, cuyo ingreso por habitante avanzó nada menos que 445%. Le sigue Colombia, con una suba de 191% yrecién en cuarto lugar se ubica Argentina, el país que era más rico que todos los demás en el año de partida, 1983. En dicho año, Argentina tenía un PBI per cápita de USD 4.244, mientras que según el FMI en 2016 este número será de USD 10.051, 22% inferior al chileno.

Alguno tal vez piensa que esta pobre performance económica tiene como contrapartida un buen desempeño en el plano social, como si existiera un intercambio entre una y otra cosa. Sin embargo, nada de eso sucedió. En promedio, desde 1968 a 1989 la pobreza en Argentina alcanzó al 14,7% de la población. Sin embargo, de 1989 a 2015 la misma se duplicó, promediando el 29,7%.

El peronismo resultó devastador para la economía Argentina. Si nuestra riqueza hubiera crecido al ritmo de Perú, Colombia y Chile, hoy tendríamos un ingreso comparable al de un país europeo. Los rivales políticos del peronismo también tienen su cuota de responsabilidad. Es que por más críticos que hayan sido, ninguno se atrevió a rechazar con firmeza las banderas del mítico movimiento populista de Argentina.

El daño económico que el peronismo originó en nuestro país está a la vista de todos. A la luz de ellos, uno no sabe si reír o llorar cuando alguien quiere tomar a esta expresión política como ejemplo a seguir.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Gasto público: de eso sí hay que hablar

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 12/6/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1800947-gasto-publico-de-eso-si-hay-que-hablar

 

No recuerdo en la historia contemporánea argentina una huelga de los sindicatos por tener que soportar una elevada carga tributaria. Normalmente las huelgas eran porque los salarios nominales no subían al mismo ritmo o más que la tasa de inflación. En las huelgas del pasado podían incluirse ítems como condiciones laborales, pero en la mayoría de los casos eran reclamos por aumentos de salarios nominales versus inflación. La novedad que ha introducido esta política populista del kirchnerismo es un creciente malestar social en aquellos sectores que trabajan en el sector formal de la economía, incluyendo a empleados bancarios, el que conduce un camión o trabaja manejando un tractor.

Esta situación inédita deja claramente al descubierto que el ajuste realmente existe y el que lo soporta es el sector privado que paga impuestos, en tanto que hay todo otro sector que son unos 2 millones de empleados públicos nuevos que, en rigor, son desocupados que cobran un subsidio por pertenecer a un sector político. Dicho de otra forma, estadísticamente son 2 millones de empleos nuevos que ganan un sueldo, económicamente hablando son 2 millones de desocupados que cobran un subsidio que el Estado hace figurar como sueldo. Esa gente, más los miles y miles que viven de subsidios llamados sociales, no sufren ajustes. Viven a costa de los que producen.

El kirchnerismo ha llevado la situación fiscal a un nivel realmente muy complicado. Por un lado, el gasto público se ha disparado a niveles récord pero sin ofrecerle a la gente nada a cambio a pesar del récord de carga tributaria. El Estado no brinda seguridad, educación o salud. Es decir, si ajustamos la presión impositiva asfixiante por calidad de gasto público, aquella tiende a infinito.

Por supuesto que ningún candidato que pretenda ganar las elecciones va a formular un planteo de estas características, pero actualmente hasta el oficialista Daniel Scioli destroza a la gente con impuestos como el inmobiliario o ingresos brutos. Es de imaginar que si llegara a ser presidente puede intentar replicar a nivel nacional lo que ha hecho a nivel provincial. El problema es que tengo la impresión que la gente que paga impuestos ya está tan agobiada, que está a punto de la rebelión fiscal silenciosa. Paga si puede y si no puede ya se verá.

Si el próximo presidente quiere bajar la tasa de inflación tendrá que lograr disciplina monetaria

Si el próximo presidente quiere bajar la tasa de inflación tendrá que lograr disciplina monetaria. Para tener disciplina monetaria y dejar de emitir al 35% anual como actualmente está ocurriendo, hay que tener disciplina fiscal, y para lograr disciplina fiscal caben tres posibilidades: a) bajar el gasto, b) subir la carga tributaria y c) una combinación de a) y b). Como hoy es descartable la opción b) ya que no queda mucho margen para subir más la presión impositiva, lo que queda es bajar el gasto. Y el gasto puede bajarse de dos maneras: a) en forma eficiente y b) en forma ineficiente.

Bajar el gasto en forma eficiente significa dejar de gastar en rubros que no son función propia del Estado e invitar amablemente a la legión de militantes que hoy cobran suculentos sueldos a buscar trabajo en el sector privado. Es decir, ordenadamente, y bajar el gasto en lo que no hace falta que el Estado gaste.

Bajar el gasto en forma desordenada es no hacer ninguna reforma estructural del Estado eliminando gastos innecesarios y recurrir al trámite de licuar todo el gasto público mediante una llamarada inflacionaria y cambiaria al estilo Eduardo Duhalde. Se sigue teniendo un Estado con funciones que no tiene que tener, es decir un Estado gigantesco e inútil, pero se le paga menos en términos reales a los empleados estatales, a los jubilados, etcétera.

Cuando formulo este planteo, suelen decirme: ¿Y dónde van a ir a trabajar los que se vayan del Estado? Mi pregunta es la misma: ¿Dónde van a ir a trabajar los que hoy viven de cargos públicos innecesarios cuando la economía agonice (no falta mucho) y no genere recursos para pagarle sus sueldos? El final será el mismo. Matarán con impuestos al sector privado que es el que sostiene al Estado y no habrá forma de que cobren sus sueldos.

¿Dónde van a ir a trabajar los que hoy viven de cargos públicos innecesarios cuando la economía agonice?

Soy consciente que este tema es políticamente tabú y de eso no se habla. Pero la realidad es que este nivel de gasto público es infinanciable y destruye al sector productivo de la economía al punto que, como comentaba al comienzo de esta nota, por primera vez en la historia económica argentina los sindicatos han hecho una huelga por los impuestos que tienen que pagar.

Cuando Cristina Fernández dijo que le dejaba al próximo gobierno una economía cómoda para la gente e incómoda para los políticos, lo que estaba diciendo es que les dejaba una bomba de tiempo difícil de desactivar. Sin embargo, si hay un acuerdo político de la oposición puede desactivarse perfectamente esta bomba fiscal sin que estalle.

En síntesis, el desafío que hay por delante es muy grande pero no imposible de resolver. Por primera vez, si se quiere bajar la inflación y aliviar a la gente de la insoportable carga tributaria que padece, habrá que bajar el gasto público.

Si se hace dentro de un plan económico consistente e integral con economistas que tengan trayectoria, prestigio y que generen confianza, más un acuerdo político de gobernabilidad, este destrozo fiscal que deja el kirchnerismo es perfectamente manejable. Eso sí, los que durante todos estos años vivieron a costa del trabajo ajeno por ser militantes tendrán que empezar a buscar trabajo en serio. Sí, tendrán que trabajar porque la vida es dura.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Breve repaso de la crisis argentina:

Por Gabriel Boragina. Publicado el 21/2/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/02/breve-repaso-de-la-crisis-argentina.html

 

Argentina da inicio en el año 2003 al que sería el peor gobierno de su historia desde los dos primeros gobiernos de Juan Domingo Perón hasta el día de la fecha. En rigor, hay que hablar de tres gobiernos sucesivos, si tenemos en cuenta la formalidad constitucional, apropiados los tres por el denominado Frente para la Victoria (“FpV”). Hagamos un breve repaso de los hechos.
El “FpV” es el fruto de un disputa interna en el partido peronista entre Eduardo Duhalde y Carlos Menem, en la que el primero trataba de evitar que el segundo accediera a un tercer periodo presidencial. Duhalde detentaba entonces la presidencia de la nación ungido por el congreso como tal, tras la “caída” del brevísimo gobierno de Fernando de la Rúa). Se establece pues un “acuerdo” entre Duhalde y Néstor Kirchner (hasta dicho momento un ignoto gobernador de una provincia argentina -Santa Cruz- en el extremo sur del país) a fin de que este último se presentara como candidato del flamante “FpV”. Pero también se establecen alianzas con otros partidos políticos “no-peronistas” para que confluyeran a conformar dicho “frente”, aun cuando –indudablemente- el ala dominante de este “FpV” era el sector mayoritario del partido peronista (formalmente designado como “partido justicialista”). El objetivo final -como dijimos- era, en última instancia, restar poder y apoyo popular al candidato Menem, pero -por sobre todas las cosas- hacerse del gobierno a cualquier costo.
En lo que sigue, preferiremos referirnos al “FpV” y no a “los Kirchner” porque podría entenderse que lo sucedido a lo largo de los tres desgraciados gobiernos del “FpV”, implicaría eximir de responsabilidad a las otras segmentaciones políticas partidarias que apoyaron el proceso dictatorial que se iniciaba con estos hechos. Y muy lejos está de nuestro ánimo deslindar de responsabilidad alguna a los grupos políticos que contribuyeron -ya sea por acción o por omisión- a la instauración y afianzamiento de la peor tragedia política que ha vivido la Argentina desde los últimos cuatro decenios a esta parte.
En ese año señalado al comienzo, el “FpV” accede al gobierno con un 22 % de los votos, y en medio de un mecanismo electoral bastante polémico y de dudosa constitucionalidad, convocado por Duhalde, (la Constitución de la Nación Argentina exigía entre un 40 % y un 45 % mínimo de los votos para ello).
Sin carisma personal en su candidato, sin liderazgo propio, sin respaldo popular, con un cuestionable resultado electoral y con un apoyo político pobrismo (por no decir nulo) el “FpV”, llega al gobierno y comienza (tenuemente al principio y con mayor firmeza en los años subsiguientes) a instalar un proyecto autoritario de poder basado fundamentalmente en el modelo Castro-comunista que Hugo Chávez, hacia la misma época, estaba consolidando en Venezuela.
Circunstancias ajenas y externas al país, le dieron a este cierta “estabilidad” económica en aquel momento que se fue desdibujando a partir de medidas económicas internas que oscilaban entre la torpeza, la improvisación y el afán de lucro desmedido que -más temprano que tarde- afectan en rigor a todo gobierno, sea del color y de la bandera de que se trate.
Simultáneamente el “FpV” comenzó a “instalar temas” en su agenda política que no estaban ni entre los intereses, ni entre los reclamos del conjunto de la ciudadanía. Por ejemplo, uno de esos temas fue el uso y abuso que hizo el “FpV” en torno a la cuestión de los “derechos humanos”, que terminó convirtiéndose en una “caza de brujas” contra militares que habían combatido al terrorismo marxista desatado en la década del 70. No estaba esta cuestión -como decimos- ni entre las prioridades, ni siquiera entre las preocupaciones del conjunto de la ciudadanía, que ya vivía aprendiendo a cerrar las heridas producidas por aquel aciago periodo de la historia. A través de un prédica constante, el “FpV” se esforzó por abrir esas heridas y volver a un pasado que estaba comenzando a dejarse atrás para el común de los argentinos, empezando a provocar una división entre la ciudadanía.
Principió a notarse desde ese mismo momento la infiltración entre las filas del “FpV” de elementos que habían integrado las bandas de terroristas y guerrilleros que desataron la violencia de los años 70. Personajes reciclados (otrora peligrosos y de armas tomar) que ocuparon puestos claves no sólo dentro del poder ejecutivo sino también en los otros dos poderes (legislativo y judicial).
Dada la idiosincrasia del argentino promedio, muchas veces propenso a creerse lo que se le repite con suficiente insistencia, no pocos “compraron” el “relato” del “FpV”, pero -con todo- hay que reconocer que fueron solamente una minoría ruidosa.
El famoso relato del “FpV” tuvo otras aristas, de las que sobresalen aquellas que, a través de los métodos patrocinados por el marxista Antonio Gramsci, intentaron por todos los medios captar la mente y la voluntad de las personas en su favor. Se produjo en tal sentido todo un proceso (en el sentido más militar de la palabra) por lavar los cerebros de niños, adolescentes, jóvenes y adultos a través de la captación y cooptación de los medios masivos de difusión. Los últimos dos gobiernos del “FpV” fueron particularmente insistentes en estos aspectos, pretendiendo emular nuevamente lo que su admirado comandante Hugo Chávez y su mentor -el comandante Fidel Castro- estaban haciendo, tanto en Venezuela como en Cuba. El canal estatal se transformó en un idóneo instrumento de propaganda para tales efectos. Y los tradicionales centros culturales argentinos fueron copados, poco a poco, por elementos afines al gobierno, en tanto que este hacía prédica de su vocación populista. La propaganda política reemplazó rápidamente la difusión de los actos de gobierno, aunque se pretendió disfrazarlo bajo la máscara de una falsa “transparencia” que -en rigor- ocultaba los que fueron los hechos de corrupción más monstruosos que pueda recordar la historia argentina.
Lo que al principio pareció “torpeza” económica fue quedando al descubierto como lo que realmente era: una fase de estatización gradual pero sostenida de todos los sectores de la economía, a la par que uno a uno iban saliendo a la luz los casos más escandalosos de enriquecimiento ilícito, tanto de quienes detentaron la titularidad del poder ejecutivo durante los tres gobiernos del “FpV” como la de quienes fueron los más estrechos y mas mediatos colaboradores de este régimen de opresión.
Se armaron verdaderos grupos de choque, conformados por “piqueteros”, cuya misión fundamental consistió en intimidar a la población pacífica, contando con la colaboración de otros grupos afines, como el que se autodenominó “La Cámpora” en directa alusión a otro ex-presidente argentino del mismo partido peronista con dicho apellido.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

De Lavagna a Kicillof, un único modelo

Por Adrián Ravier. Publicado el 30/1/14 en:

http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/01/30/de-lavagna-a-kicillof-un-unico-modelo/

 

Ante el ya evidente fracaso de la política económica populista del kirchnerismo en los diez años que van desde 2003 a 2013, surge cierta literatura que busca rescatar a algunos responsables directos de los acontecimientos actuales.

Eduardo Duhalde intentó rescatar por ejemplo a su ministro de Economía, Roberto Lavagna, al punto de candidatearlo como una persona de experiencia para resolver la situación actual. Martín Redrado o Martín Lousteau escriben decenas de columnas críticas en las que intentan separarse del actual gobierno, cuando hace unos pocos años acompañaron el proceso. Es cierto, se podrá decir que desde 2007 Cristina Fernández de Kirchner se ocupó personalmente de profundizar ese mismo populismo que “nació” post-convertibilidad, pero cada uno de estos tres economistas tuvo su responsabilidad en la actual situación que sufrimos.

Para empezar, diré que la salida de la convertibilidad fue la peor que se podía haber diseñado. Eduardo Duhalde acusa al gobierno actual de improvisación, cuando él mismo prometió devolver dólares a quienes depositaron dólares, y sólo unos días después pesificó todos los depósitos y fue el responsable de la mayor estafa al pueblo argentino de las últimas décadas. En segundo lugar, hay que ser claros en que esa devaluación, que implicó el abandono de la convertibilidad y que hoy es vista como el comienzo de la “década ganada”, en realidad nos dejó con otra “década perdida”. Es cierto que entre 1998 y 2001 la economía estaba estancada y con alto desempleo, pero la devaluación convirtió esa crisis en una profunda depresión que hizo caer el PIB más del 10 % en 2002, además de destruir el Estado de Derecho.

 

A partir de 2003, la economía se fue recuperando, pero fue recién en 2008 cuando el PIB real alcanzó el nivel de 1998. Mientras Brasil o Chile emprendieron un proceso de crecimiento desde el techo alcanzado hacia fines de la década de 1990, Argentina tuvo que retroceder primero, para observar cómo en la década más afortunada en un siglo –en lo que refiere al contexto internacional-, tan sólo recuperábamos lo perdido. En pocas palabras, entre 1998 y 2008 Argentina no creció, sino que recuperó el terreno perdido por la desafortunada devaluación.

Recordemos que en 1999 hubo otra opción, que fue la dolarización propuesta por Steve Hanke y Kurt Schuler, claramente ignorada. De haberla implementado en su momento, la Argentina sería la primera economía latinoamericana en presentar un PIB per cápita de niveles europeos.

Volviendo a nuestros tres personajes de hoy, Roberto Lavagna asumió como ministro de Economía del presidente interino Eduardo Duhalde en abril de 2002, ratificado en el puesto por el presidente electo Néstor Kirchner en 2003 y desplazado en 2005 producto de disputas internas. Se destaca en general que lideró la recuperación de la economía argentina, pero durante su gestión inicia también el modelo económico vigente, que llamaremos “populismo”, caracterizado por un incremento acelerado del gasto público (especialmente en el nivel Nación), que se financió especialmente con mayor presión tributaria. Recordemos que con Lavagna como ministro de economía, ésta fue ascendiendo desde un 24 % hasta el 30 % del PIB.

Ser reemplazado por Felisa Miceli claramente no mejoró las cosas, aunque se puede decir que a partir de allí y hasta su muerte, Néstor Kirchner se mantuvo como un virtual ministro de Economía, aun con la llegada de Cristina Kirchner al poder. El nombramiento del joven Martín Lousteau como ministro de Economía en diciembre de 2007 iba en línea con esto mismo. Su margen de decisión era muy acotado, aunque cometió el incomprensible error de intentar aumentar aún más la presión tributaria que entonces estaba en el orden del 36 % del PIB. Todos recordamos su propuesta de incrementar las retenciones a las exportaciones de soja por encima del ya excesivo 35 %, que sólo se detuvo por el voto “no positivo” del vicepresidente. Más peleas internas dentro del gobierno, lo terminaron alejando en abril de 2008, y a partir de entonces se convirtió en un crítico del modelo.

El caso de Martín Redrado es un poco más complejo, ya que fue presidente del Banco Central entre septiembre de 2004 y enero de 2010. Durante su gestión jamás reconoció la inflación real, la que duplicaba y hasta triplicaba la oficial declarada por la institución que él presidía. Desde 2007 y hasta su renuncia la inflación sólo estuvo por debajo del 20 % en 2009, el año de la recesión global, al que la Argentina no pudo escapar. Redrado jamás reclamó la independencia del Banco Central, ni se negó a financiar el exacerbado gasto público del Ejecutivo, sino hasta que el oficialismo decidió apartarlo del gobierno.

En esta selección arbitraria de personajes responsables de la debacle que se viene, toca el turno ahora de Axel Kicillof. Claro, muchos dirán que Redrado y Kicillof piensan diferente y es cierto. Pero recordemos que era Kicillof quien antes de integrar el gobierno criticaba a Redrado por sus políticas inflacionarias en el Banco Central. Una vez dentro del modelo, Kicillof olvidó sus críticas, y al momento no hizo nada por corregir las contradicciones obvias de este modelo populista e inflacionario que él llama de “inclusión social”. La sensación que queda entonces es que no importa qué economistas se suman al modelo. Sin importar lo que piensen o en qué autores creen, una vez dentro del modelo se transforman en parte de él, y apoyan incluso aquello que va en contra de sus principios. Volviendo a esta última década, y con una mirada parcial, se podrá decir que hasta 2007 la economía argentina mostraba un superávit fiscal primario, que la inflación estaba controlada y que no existían los problemas cambiarios actuales, pero mi impresión es que se estaban generando las semillas de aquellos problemas que hoy sufrimos.

Y es que en la primera etapa del populismo, uno siempre observa el éxito del modelo, y especialmente cuando la economía parte de una situación deteriorada de actividad económica y empleo. Entre 2003 y 2007 entonces, el modelo populista muestra recuperación de la actividad económica, del empleo y del salario real. La continuidad del kirchnerismo era entonces obvia. Somos muchos, sin embargo, los que ya en esa etapa exitosa pedíamos cautela, y es que el gasto público empezaba a desbordarse, y las tendencias mostraban que ni el precio creciente de la soja, ni sus crecientes retenciones, podían sostenerlas.

No pasó mucho tiempo, hasta que los economistas que revisamos los datos nos empezamos a dar cuenta que la presión tributaria no cedía en su aumento constante, y al mismo tiempo, empezaba a ser normal la monetización del ahora evidente déficit fiscal primario. La aparición de los desequilibrios fiscales, monetarios y cambiarios caracterizan precisamente a esta segunda etapa del populismo.

Preocupados por una inflación creciente, muchos economistas empezamos a alertar de los problemas en el modelo, pero fuimos ignorados. La tercera etapa del populismo es la actual, cuando estos desequilibrios básicos se extienden y empiezan a ser evidentes para toda la población a través de la mayor suba de precios, falta de ciertos productos, y anuncios desesperados del gobierno para ocultar lo que en realidad sucede.

Si el lector se pregunta por lo que vendrá, entonces debemos hablar de la cuarta etapa, la del “ajuste”, una etapa de la que nadie quiere hablar, pero que es difícil evitar. El “ajuste” viene acompañado de una inflación acelerada, recesión, problemas de empleo, caída en el salario real y aumento de pobreza e indigencia. Los economistas científicos pedimos a quienes niegan la necesidad del ajuste que nos muestren cómo se sostiene este nivel de gasto a lo largo del tiempo, pero no hay respuesta.

Ante esta realidad, la oposición debería presentar propuestas, pero éstas brillan por su ausencia. Muchos economistas identifican los desequilibrios, pero nada dicen de que es lo que se debe hacer. Nuestra propuesta, junto a Nicolás Cachanosky, es otra vez la dolarización, porque se corrigen los tres desequilibrios, se minimizan los efectos del ajuste y se genera una regla para evitar seguir cometiendo los mismos errores. Pero está claro que esta propuesta aislada es insuficiente. Ella debe entenderse sólo como una parte de una propuesta integral que poco a poco iremos presentando para delinear la Argentina del futuro.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.