LOS LIBERALES ESTAMOS EN DESVENTAJA

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 25/1/ 19 en https://www.infobae.com/opinion/2019/01/25/los-liberales-estamos-en-desventaja/

 

Debido a que no hay de todo para todos todo el tiempo, es decir, los recursos son escasos en relación a las necesidades, se hace necesario asignar derechos de propiedad al efecto de que se coloque en las manos más eficientes para atender los requerimientos del prójimo. Quienes dan en la tecla obtienen beneficios y quienes yerran incurren en quebrantos. Los patrimonios y las rentas no son posiciones irrevocables, deben ser convalidadas permanentemente en el mercado abierto.

 

Dada esta situación, naturalmente habrá quienes tienen más éxito que sus vecinos lo cual se traduce en desigualdades de resultados, indispensables para el logro de los objetivos señalados de abastecer a los demás y al premiar a los más eficientes para tal fin se abren las puertas para maximizar las consecuentes inversiones que dan lugar a las mayores tasas de capitalización posibles que, a su turno, son las únicas causas de incrementos en salarios e ingresos en términos reales. Lo relevante en toda sociedad no es el delta entre pobres y ricos sino la mejora de todos, al fin y al cabo, como queda dicho, las desigualdades de rentas y patrimonios son consecuencia directa de los plebiscitos diarios en el mercado con las compras y abstenciones de comparar de cada cual. Por eso resulta una torpeza mayúscula que los políticos impongan “redistribuciones” puesto que significan volver a distribuir por la fuerza la distribución pacífica y voluntaria de las gentes cotidianamente en el supermercado y afines.

 

Habiendo dicho esto, ahora es menester dar otro paso en nuestro análisis para comprobar que debido a que la gran mayoría no se ha adentrado en el proceso a que acabamos de aludir, no se conforman con mejorar sino que pretenden estar al nivel patrimonial de los más eficientes sin exteriorizar los talentos y las condiciones de aquellos. Sobreviene entonces la envidia que no es el sentido de la sana emulación sino el deseo irrefrenable de arrancarle recursos a los mejores. Como no pueden ganar legítimamente los recursos adicionales a que aspiran, entonces pugnan por el manotazo y como saben que el asalto a mano armada está condenado y penado, pretenden que los aparatos estatales hagan la faena por ellos. No solo esto sino que hay empresarios con complejo de culpa por sus ganancias sin entender tampoco el proceso de mercado competitivo.

 

Asimismo, los políticos al recibir tamaño mensaje incorporan a sus plataformas electorales diversas maneras de expropiación para ganar las elecciones y así asumir el poder (y cuando aparece alguien disfrazado de semi-liberal resulta que era para ocultar otras derivaciones o para fabricar negociados). Es cierto que, como se ha indicado en reiteradas oportunidades, la democracia para ser tal demanda renovados límites al poder para que no se convierta en mayorías ilimitadas que arrasan con los derechos de las minorías en abierto conflicto con la misma esencia de la democracia, pero de todos modos en mayor o menor medida está siempre latente el riesgo señalado. Por otro parte, no hay alternativa puesto que en esta instancia del proceso de evolución cultural la otra posibilidad es la dictadura lo cual entierra todo vestigio de respeto a las autonomías individuales.

 

Entonces solo queda el camino de la educación en valores y principios compatibles con la sociedad abierta. Pero aquí surge otro obstáculo que subraya las desventajas en las que se encuentra el liberalismo ya que como, entre otros, ha escrito el premio Nobel Friedrich Hayek todo lo referido a los fundamentos de la libertad “resulta contraintuitivo”, es decir, lo primero que se infiere está mal y necesita digerirse y meditarse cuidadosamente. Esto último acentúa la desventaja de marras puesto que si bien los debates centrales se llevan a cabo en las aulas, las personas están naturalmente  inclinadas a promover medidas inconvenientes para el funcionamiento de la sociedad libre debido a lo contraintuitivo del caso. Esta desventaja es aun mayor cuando los gobiernos manipulan la educación.

 

Tremendo desafío entonces el de los liberales que parten en la carrera con marcadas desventajas. Una lucha desigual que, sin embargo, debe darse como única salida al marasmo estatista y autoritario del momento. Es sumamente alentador observar la muy gratificante reacción de alumnos cuando tienen la posibilidad de estar expuestos a tradiciones de pensamiento habitualmente poco exploradas. Estas reacciones constituyen una gran esperanza para el futuro que contrarresta la envidia a la que nos referimos más arriba que habitualmente se base en la errada noción de la suma cero sin percatarse que la riqueza no es algo estático sino dinámico y cambiante según sean las necesidades de la gente.

 

Antes he aludido al libro más conocido de Thomas Piketty en el contexto de las críticas más contundentes como son las de Anthony de Jasay, Thomas Sowell y más recientemente la de Steven Pinker. En esta ocasión pensamos que ilustra la desventaja de los liberales (ilustra el embrollo en que estamos). Se trata de comentar nuevamente  una obra menos conocida de Piketty titulada La economía de las desigualdades. Como implementar una redistribución justa y eficaz de la riqueza.

Abre este nuevo escrito con una oda a la justicia social como eje central de su análisis, sin percatarse que esa expresión en el mejor de los casos constituye una grosera redundancia puesto que no está presente el concepto de justicia en el reino vegetal, mineral o animal donde no hay responsabilidad individual. En el peor de los casos significa lo opuesto a la idea de justicia según la definición clásica de “dar a cada uno lo suyo”. Piketty recurre al término en  este último sentido con lo cual da por tierra con la noción de justicia para abrir cauce a las arbitrariedades de los burócratas de turno. Por su parte, Hayek agrega que el adjetivo “social” seguido de cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo,  como, por ejemplo, es el caso del constitucionalismo social, la democracia social, los derechos sociales etc.

A continuación incurre en otro equívoco de proporciones al sostener que la “desigualdad en el empleo” fue una de las mayores causas de la desigualdad de resultados, desconociendo que el desempleo involuntario (el voluntario no es el problema) se debe exclusivamente a la imposibilidad de concretar arreglos contractuales libres como consecuencia de las mal llamadas “conquistas sociales” que imponen salarios superiores a los del mercado, es decir, superiores a los que las tasas de capitalización permiten (sin embargo, Piketty sugiere hacer esto). En otras palabras, si la desigualdad se conecta con el desempleo la solución estriba en liberar el mercado laboral de trabas e impuestos al trabajo que justifican la existencia de la economía informal al efecto de poder emplearse y no estar condenado a deambular por las calles y eventualmente morirse por inanición  por no encontrar trabajo en ninguna parte.

Sorprende en grado sumo su aseveración en cuanto a que la compilación de estadísticas es una faena complicada “respecto a la desigualdad que existió en los países comunistas, porque había muchos beneficios en especie que son difíciles de cuantificar desde el punto de vista monetario”. Las cursivas son nuestras para destacar lo de los “beneficios” en el sistema del Gulag en los que se liquidó a millones de personas por hambrunas espantosas y por fusilamientos y purgas varias, nos suena tan disparatado como hablar de los “beneficios” que se otorgaban a las víctimas de los hornos crematorios de los sicarios nazis.

Concluye que “Para Marx y los teóricos socialistas del siglo XIX, aunque no cuantificaban la desigualdad de la misma manera, la respuesta no dejaba lugar a dudas: la lógica del sistema capitalista es amplificar incesantemente la desigualdad entre dos clases sociales opuestas, capitalistas y proletarios”. A esta altura de la evolución cultural, sorprende este razonamiento puesto que todos los análisis serios han puesto en evidencia el esparcimiento de la riqueza ya desde la aparición de las sociedades por acciones y los mercados de capitales, además del incremento notable de salarios debido precisamente a los aumentos en las inversión per capita a lo que debe agregarse la improcedencia de la confrontación “de clases” en lugar de ver la antedicha cooperación entre las tasas de capitalización al efecto de incrementar salarios e ingresos en términos reales.

Encomillamos la expresión “de clase” porque si bien es ampliamente utilizada, es desafortunada ya que clase proviene del marxismo que sostenía vía el polilogismo que el proletario y el burgués tienen una estructura lógica distinta, a pesar de que ningún marxista haya explicado concretamente en que consisten esas diferencias respecto de la lógica aristotélica.

Lo que si es sumamente dañino y peligroso es la alianza reiterada entre supuestos empresarios y el poder lo cual se traduce inexorablemente en la explotación de los que no tienen poder de lobby. Esto que nunca menciona Piketty nos retrotrae al antiguo régimen en el que los ricos nacían y morían ricos independientemente de su capacidad para servir al prójimo y los pobres nacían y morían pobres y miserables con total independencia de su capacidad para atender las demandas de los demás, por lo que la movilidad social se torna indispensable.

Y es en este sentido que el autor que comentamos reitera su recomendación de establecer gravámenes altos y progresivos, lo cual, como dijimos antes altera las posiciones relativas en el mercado (contradice las indicaciones de la gente con sus compras y abstenciones de comprar), al tiempo que introduce una concepción fiscal regresiva al afectar la inversión que repercute especialmente sobre los ingresos más bajos y, por último, no solo significa un castigo a la eficiencia sino que privilegia a los más ricos que se ubicaron en el vértice de la pirámide patrimonial antes del establecimiento del tributo progresivo que bloquea la mencionada movilidad social.

Piketty se pregunta “¿Por qué los individuos que heredan un capital deberían disponer de unos ingresos vedados a quienes sólo heredaron su fuerza de trabajo. En ausencia de toda eficiencia de mercado, esto bastaría en amplia medida para justificar una redistribución pura de las ganancias del capital de las ganancias del capital hacia los ingresos del trabajo […] ¿Acaso la desigualdad de la distribución del capital entre individuos y entre países no solo es injusta sino también ineficaz?”.

La herencia de bienes obtenidos legítimamente es el componente de mayor peso en el proceso económico puesto que incentiva en grado sumo la producción con la idea de trasmitir lo producido a las próximas generaciones. El aplicar la guillotina horizontal en este campo mina esos potentes incentivos. En el mercado resulta del todo irrelevante en nombre y el apellido de quienes poseen recursos, lo relevante y decisivo es la forma en que se administran. En la medida de la aptitud o ineptitud de los herederos incrementarán o dilapidarán lo recibido.

En esa misma cita Piketty incluye la redistribución a nivel internacional. Henos aquí un tema sobre el que han escrito profusamente autores como Peter Bauer, Melvyn Krauss, Doug Bandow y James Bovard apuntando a que los dólares sacados compulsivamente del fruto del trabajo ajeno no solo han generado subsidios cruzados sino que han facilitado que los gobiernos receptores continúen con políticas estatistas y corrupciones que provocaron los problemas de la fuga de capitales y la huída de personas en busca de horizontes mejores.

Otra vez en este libro de Piketty se pretenden adornar afirmaciones con estadísticas, algunas irrelevantes y otras mal tomadas tal como lo han señalado economistas de la talla de Rachel Black, Louis Woodhill, Robert Murphy, Hunter Lewis y Mathew Rognlie que han detectado nuevos errores gruesos en las estadísticas de Piketty. En esta línea argumental, el antes citado Pinker formula una crítica demoledora a un error más bien de colegial en la obra original de Piketty quien escribe que “La mitad más pobre de la población mundial es tan pobre en la actualidad como lo era en el pasado, con apenas el 5% de la riqueza total en 2010, al igual que en 1910”. A continuación dice Pinker que con una lógica implacable responde: “Pero la riqueza actual es infinitamente mayor que en 1910, por lo que si la mitad más pobre posee la misma proporción, es mucho más rica, no igual de pobre”.

En todo caso esta es solo una muestra de los problemas conceptuales que deben enfrentar los liberales en esta batalla cultural tan desigual por las razones expuestas en un contexto donde se interpreta equivocadamente la riqueza como algo estático sujeto a la suma cero. Así y todo el esfuerzo debe redoblarse en vista de los notables progresos realizados en varios frentes intelectuales y en vista de las grandes mejoras logradas en el pasado por sociedades en la medida en que se extendía la libertad. Es del caso enfrentar con rigor los nacionalismos que hoy invaden el mundo ahora liderados por el gobierno de Estados Unidos, pero es como ha escrito Albert Camus: “quiero demasiado a mi país como para ser nacionalista”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

 

El dólar se esconde como la moneda de facto de Venezuela y Argentina:

Por Belén Marty: Publicado el 9/10/14 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2014/10/09/el-dolar-se-esconde-como-la-moneda-de-facto-de-venezuela-y-argentina/

 

El uso del dólar estadounidense en Argentina y Venezuela parece extenderse en la medida en la que las monedas de ambos países se deprecian a pasos agigantados, y lucen cada vez más como una fachada para el cambio de los verdes. Sobre todo, los habitantes de estos países confían en una moneda más estable para cuidar su dinero, a pesar de que sus Gobiernos señalen como ilegal el valor y cambio libre del dólar.

En Caracas, Venezuela, Andrés* vendió en junio de este año una moto pequeña. Un vehículo escogido por muchos para poder sortear el intenso tráfico caraqueño, que además es posible adquirir a precios asequibles frente a los automóviles —que sufren de escasez.

Andrés compró dicha moto en bolívares, en una agencia, a finales de 2013 y a un precio equivalente a US$500. Pero al momento de la venta consiguió por ella $ 1.400 transferidos a su cuenta del exterior. El negocio fue un éxito. La diferencia de precio se debe a que en Venezuela los medios de transporte tienen precios de venta controlados por el Gobierno, correspondientes con el precio del dólar oficial, pero no del dólar que circula libremente.

Ante la ilegalidad, Andrés considera que no hizo ningún tipo de trampa, porque el precio de la misma moto nueva en otros países de la región era de $1.800. “La vendí al precio del mercado, inclusive con su depreciación, solo que la transacción se hizo en moneda libre, es decir en dólar negro”, explica.

Por el cepo cambiario ya casi no se consiguen carros en Venezuela. (Twitter)

Pero el documento de la notaría donde se registró la venta decía que la transacción se efectuó en bolívares por un monto equivalentes a $280. Andrés acordó con el comprador introducir un cheque con el precio que la notaría aprobaría, es decir, el valor que el Gobierno de Venezuela le da a los automóviles usados —cuestión que también se encuentra calculada y regulada—, sin embargo, dicho cheque nunca fue utilizado, y el comprador simplemente realizó una transferencia internacional a una cuenta de Andrés en el extranjero por el precio que ambos consideraron válido.

Los consumidores venezolanos realizan este tipo de transacciones al cambio de monedas estables porque los productos con precios regulados por el Estado, dentro de Venezuela, simplemente son difíciles de conseguir. Para adquirir un automóvil nuevo en una agencia se pueden esperar hasta dos años, sin tener ninguna garantía de que el vehículo llegará. En muchos casos, los funcionarios de las agencias piden cuantiosas sumas de dinero que casi duplican el precio regulado del automóvil, para vender la prioridad.

Carolina vivió una historia similar a la de Andrés. Vendió su auto, del año 2007, en $8.500 sin recibir un solo bolívar. La compradora le dio $1.500 en efectivo y mediante una transferencia internacional entregó el monto restante. A la notaría le dijeron que la venta se hizo por un monto en bolívares cercano al equivalente de $3.500. Al igual que Andrés, ese era el monto que el Gobierno imponía sobre su auto usado. “La compradora estaba encantada con mi carro. Inclusive accedió a realizar todo el pago en dólares. Además, yo necesitaba los dólares porque me iba de Venezuela, y quería íntegro el dinero, porque en bolívares se me puede esfumar de un día a otro”, relata.

Luis, un revendedor de motocicletas, asegura que es prácticamente normal que las transacciones de compraventa se cancelen en dólares. Explica que por el poco valor del bolívar su sueldo como profesional no le alcanza para mucho, a pesar de tener más de cinco años en el ejercicio. Por eso, opta por revender objetos escasos, como las motos, autopartes, o aceite de motor, entre otros. “Siempre buscando un ingreso extra, porque de mi sueldo no podría vivir”, dice a PanAm Post.

Los sueldos de recién graduados universitarios, que en la década de 1980 se acercaban a los $1.000, ahora son cercanos a los $80 por mes (al cambio libre). Por ello, en Venezuela, muchas personas como Luis mantienen un trabajo formal, pero también participan de la economía informal para anticiparse a la inflación y a la devaluación de la moneda.

La escasez juega aquí un rol fundamental, puesto que vender objetos escasos es sumamente rentable. En los barrios pobres, la reventa de productos de primera necesidad, casi desaparecidos de los anaqueles, se ha convertido en regla. Los vendedores pueden obtener hasta seis veces del precio original de un consumible como la harina de maíz blanco.

Claves para entender la huida del bolívar

Ramón Rey, economista e investigador del Observatorio Económico Legislativo de CEDICE, una asociación civil comprometida con la defensa de los derechos de propiedad en Venezuela, le señaló a PanAm Post que el sector privado del país ha cesado de producir en actividades manufactureras de forma parcial o total a causa de una centralización de la economía y el ajustado control cambiario.

“Tal cambio de paradigma se debe principalmente al establecimiento del control cambiario supervisado por la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI) en el año 2003, organismo que introduce una burocracia cada vez más rígida para obtener dólares necesarios para la importación de materia prima, maquinaria e insumos necesarios para la producción de bienes [Actualmente la asignación de divisas se hace a través de los organismos CENCOEX (antiguo CADIVI), SICAD I y SICAD II]”.

Además, explicó que la desconfianza que tienen los venezolanos sobre el bolívar se debe a los elevados niveles de inflación que se registran en el país —61,19% es la inflación anualizada hasta agosto—, la inseguridad jurídica y los controles de precios que desincentivan la inversión en emprendimientos que requieren mucho capital.

“Efectivamente no circula la moneda estadounidense en el mercado interno, pero la dependencia a insumos y bienes extranjeros para producir o comercializar termina por hacer considerar todo gasto, costo o ingreso en términos de la divisa norteamericana”, precisó el analista.

El caso argentino: Think in dollars

Carlos, residente de la ciudad de Buenos Aires y empleado de una inmobiliaria, explica aPanAm Post que cuando se habla de comprar o de vender inmuebles se hace “en precio dólar”. “A la hora de comprar o de vender una casa o un departamento los interesados se reúnen por lo general en un banco, en una escribanía o en una cueva (casa cambiaria ilegal). Es normal que el vendedor se lleve el dinero dentro de un camión blindado, o que lo deposite en una caja de seguridad”, informó Carlos.

Las restricciones sobre la moneda extranjera implican, además, mayores riesgos al obligar a la gente trasladarse con billetes físicos, pese a ello la gente prefiere asumir el riesgo de ser asaltada que asumir la pérdida de valor de la moneda de curso forzoso en Argentina.

La cotización del dólar y del euro se publican diariamente en la mayoria de los medios. (Foto de Pantalla del Cronista)

De esta manera, si el contrato se pactara en pesos argentinos sucedería que mientras el comprador verifica que no haya un embargo sobre el inmueble, ni deuda por impuestos —un proceso que puede llevar hasta un mes—, ya no le alcanzaría la suma original para realizar la transacción, dado que el peso se habrá depreciado con respecto al dólar durante ese tiempo de negociación.

Guillermo Covernton, profesor de la Universidad Católica Argentina de la ciudad de Rosario, explicó que los argentinos se manejan en otra divisa porque, al igual que el bolívar, el peso fluctúa su valor en poco tiempo.

Las empresas también se ven afectadas por la depreciación del peso. Los planes empresariales —señala el académico— llevan tiempo desde la etapa de producción hasta la venta, y el costo de la pérdida de valor del peso los asume el productor. “Te obligan a comprar o vender como un delincuente, para recibir dólares a cambio de un bien”, indica Covernton sobre los inquisidores controles a las transacciones que no sean en moneda local.

Por supuesto, todo depende del tipo de actividad. Aquellos que se dedican a los rubros de importación tienen tres alternativas para escapar al peso argentino: La primera es dejar de importar; la segunda es postularse para un cupo del Banco Central para comprar dólares oficiales a AR$8,50; la tercera opción consiste hacer una operación a través del mercado de valores para conseguir dólares.

Dadas las trabas y demoras del Banco Central para vender divisas, la mayoría de los importadores terminan comprando lo que en la jerga argentina se denomina el “dólar contado con liqui”. Para adquirir esos dólares, el importador compra bonos argentinos que coticen en el exterior (o acciones), luego los transfiere a su cuenta broker del exterior y desde allí vende esos bonos por dólares que termina transfiriendo a su cuenta bancaria del exterior. De esta manera puede llevar a cabo la transferencia para que su proveedor libere la mercadería.

Al 9 de octubre el “dólar liqui” cotizaba en Argentina a AR$13,85, lo que significa que es más barato que el dólar blue o ilegal que se cotizaba ese día en AR$14,65. La cotización del “liqui” se se calcula mediante el costo en el que incurre el empresario al comprar el bono en Argentina y el monto por el cual lo vende en el exterior.

Para Covernton la única salida para que los argentinos empiecen a aceptar pesos en las transacciones es la estabilidad monetaria, porque de lo contrario, las empresas dejan de producir y terminan perdiendo todos en el largo plazo.

*Los nombres propios señalados en los testimonios de esta historia son seudónimos.

Con la contribución de Elisa Vásquez

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.