Sachs, o la arrogancia

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 1/9/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/sachs-o-la-arrogancia/

 

En su reciente texto, La industria de las ideas, Daniel W. Drezner recuerda la interesante historia del célebre economista norteamericano Jeffrey D. Sachs. En su libro de 2005, El fin de la pobreza, Sachs presentó su solución a la pobreza en el mundo: gastar más.

Afirmó que la pobreza de África podía ser eliminada en 20 años si la ayuda exterior aumentaba en 150.000 millones de dólares. Había que invertirlos, entre otros capítulos, en mejorar el riego, los fertilizantes y las semillas. En esa época los economistas del desarrollo ya eran cada vez más escépticos sobre el papel de la ayuda exterior, pero a Sachs no le importó, y tenía el peso suficiente como para que personalidades políticas relevantes lo escucharan, como el secretario general de la ONU, del que fue asesor. Hasta la Universidad de Columbia mordió el anzuelo y le ofreció un contrato para que dejara Harvard, cosa que hizo.

Una vez en Columbia recibió mucho dinero para dirigir centros como el Earth Institute de la propia universidad, con un presupuesto operativo de 10 millones de dólares. “El buen profesor pasó a ser asesor de varios países del África subsahariana, como Etiopía, Kenia, Nigeria y Uganda”.

Con una inagotable confianza en sí mismo, el proselitismo de Sachs sobre Sachs fue constante. Y su exitoso libro llegó a ser portada de la revista Time, “lo que es algo muy poco usual para los libros sobre desarrollo económico, o incluso para los libros en general”.

Artistas y filántropos acudieron cual fidedigno séquito, como el cantante Bono, que escribió el prólogo a The end of Poverty, o Angelina Jolie, que calificó a Sachs como “una de las personas más inteligentes del mundo”. Atrajo a George Soros y Tommy Hilfiger, entre otros; y su proyecto Aldeas del Milenio recaudó cientos de millones de dólares de organismos públicos y privados. Y se puso en práctica en una serie de pueblos africanos.

El libro, comprensiblemente, llenó de entusiasmo a los economistas de izquierdas, y antiliberales en general, mientras que otros lo criticamos (puede verse “Nostalgia de Bauer” aquí: http://www.carlosrodriguezbraun.com/otras-publicaciones/). William Easterly, de la Universidad de Nueva York, apuntó que la ayuda exterior padece una “ilusión tecnocrática” que consiste en creer que la pobreza se supera con medidas técnicas como más fertilizantes, etc., y acusó al proyecto de Sachs de ser “peor que inútil si carece de instituciones propias del buen gobierno”.

También lo criticó la distinguida economista del MIT, Esther Duflo, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2015, quien, junto con otros especialistas, “advirtió que, si las intervenciones de Sachs no eran comparadas con un grupo de control de aldeas que no recibieron su ayuda, no había manera de demostrar que sus esfuerzos se concretaban en mejora alguna”.

The Economist publicó una crítica en 2012 en la que sostenía que el impacto del plan de Sachs no era decisivo. El propio autor, además, lo defendió recurriendo a unas cifras de descenso en la mortalidad infantil que después admitió que no eran robustas.

Sachs y su instituto pasaron a manejar el asunto desde Nueva York, lo que frustró a los representantes sobre el terreno, y finalmente sus resultados no fueron concluyentes. Al revés de lo que muchos piensan, en estos últimos tiempos África se desarrolló bastante, y Drezner apunta: “simplemente no había forma de determinar si el efecto positivo registrado en las aldeas del milenio se debía a las intervenciones de Sachs o al vigoroso crecimiento económico”.

Ya nadie toma en serio el proyecto de Sachs, dice Drezner, y una vez frustrada su ambición de presidir el Banco Mundial, el propio economista se ha ido alejando del tema, ha dejado de hablar tanto de las aldeas, y ahora está con otra bandera del gusto de políticos, burócratas y ONGs: la desigualdad y el desarrollo sostenible. A raíz del libro El Idealista, de Nina Munk, fue criticado por Bill Gates, lo que a Sachs le molestó bastante.

Si podemos extraer una moraleja de todo esto es que Sachs debió estudiar más a Adam Smith, y aprender de sus lecciones sobre la necesaria humildad que deberíamos tener las personas, y especialmente los economistas. Pero Sachs es muy inteligente, y además va y lo dice todo el rato.  Drezner lo cita: “Joven profesor universitario, di clases en muchos lugares con gran éxito, publiqué muchísimo, y estaba alcanzando rápidamente mi colocación permanente en la universidad, lo que logré en 1983 con veintiocho años”. Como dice Drezden, alguien que habla así “no padece la maldición de la modestia”.

Sachs claramente ignoró el consejo de Hayek: “La curiosa tarea de la economía es demostrar a los hombres lo poco que realmente saben sobre lo que imaginan que pueden diseñar”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

The Most Influential Think Tanks In The United States: A New Social Media Ranking

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 16/12/15 en: http://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2015/12/16/the-most-influential-think-tanks-in-the-united-states-a-new-social-media-ranking/

 

TheBestSchools.org, an online resource for campus and online education, has just released a ranking of the 50 most influential think tanks in the United States. I have written that the think tank and university worlds are beginning to overlap. Some universities are creating internal think tanks, some think tanks are offering university-type programs, and there is an increased number of efforts where think tanks and universities collaborate in educational products and services. It does not come as a surprise, at least for me, that this “school web portal” decided to devote some time to focus on U.S. think tanks.

Like other rankings, this new effort treats “think tanks as principally in the business of selling their ideas.” But it focuses on social media more than any other previous ranking. The authors reason that “in this age of the Internet, in which every think tank has a website,” we “can regard think tanks as in the business of search engine marketing, i.e., as attempting to market their ideas over the Internet and especially through their website.”

Early each year I compile statistics and write about the impact of conservative and libertarian think tanks in social media. Fourteen such groups appear in this list. Although my analysis of social media impact uses more measurements than TheBestSchools.org, some of the results are similar, especially the top four free market groups: Heritage Foundation, Cato, Mises Institute and American Enterprise Institute. Mises Institute is the one with the smaller budget ($4 to 5 million), and they can rightly claim that, at least in social media measurements, they provide more “bang for the buck.” In addition to the superb collection of scholarly books and studies in the Austrian tradition, especially by Ludwig von Mises, Murray Rothbard, and their disciples, Mises Institute sometimes releases provocative articles, defying politically correctness and attracting wide readership. This increases its social media impact, but who is to say that think tanks were only created to influence the academic and policy elites?

Leading Conservatives Libertarian TT in TBS Ranking

Despite the claim in the title of the ranking that these are the 50 most influential US think tanks, the organization recognizes that they do not measure the “intrinsic merit of a think tank and its intellectual program” but its “cash value” measured by the popularity of a think tank’s official website, ranked against all other websites, as determined by the average number of monthly visitors (specifically, organic search traffic), number of keywords/phrases for which the site ranks, and the monetary value of the traffic as gauged by those keywords.” This is the key measurement ofSEMrush.com. TheBestSchools.org, uses that web tool to determine how well their portal was doing “in attracting and holding visitor traffic” so they decided to measure think tanks.

Although they state that in preparing the ranking they considered the average yearly revenue; the average number of printed media references per year by outside organizations; and the number of categories in which a think tank was ranked by the2014 Global GoTo Think-Tank Index, a simple analysis of their ranking shows that those elements were not weighed. They just relied on one SEMrush measurement. The top two groups in the list, the Belfer Center at Harvard, and the Earth Institute at Columbia, do not merit their ranking. Those who prepared the data took the entire traffic of Harvard and Columbia as the traffic for these centers. The Heritage Foundation, ranked third, should be really ranked first. In addition, the information for some of the think tanks is incomplete or wrong. Acton Institute, for example, appears on several categories in the 2014 GoTo Think Tank Index, but the analysis mentions none. Another issue of the rankings is that it does not provide information on when the data was compiled and does not include many think tanks, like Hudson Institute, which beats several on the list. TheBestSchools.org will be correcting its analysis.

Michael Rae, of Canadian based Lexicom, an expert on free-market social media efforts, has been using SEMrush.com for six months. The more that think tanks use paid advertising to promote their social media posting, the more useful the tool will become. Regarding the ranking, Rae says that the “disparity between the top and bottom of the rankings in terms of web traffic, seems to indicate that it really is a ‘winner takes all’ world online, at least for web pages.” Many on this new list are indeed some of the most influential US think tanks, but a more accurate ranking of the best ones is yet to be produced.

Adriana Peralta collaborated on this article.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.