Cinco obstáculos que sigue viendo el mercado para rebotar

Por Adrián Ravier.  Publicado el 5/9/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/09/05/cinco-obstaculos-que-sigue-viendo-el-mercado-para-rebotar/

 

Los anuncios del lunes a la mañana fueron, a grandes rasgos, correctos. Mauricio Macri se ocupó de la política, hablando con el corazón, mientras que Nicolás Dujovne ofreció las medidas técnicas para alcanzar equilibrio fiscal primario en el próximo presupuesto 2019, lo que el oficialismo entiende que es la madre de todos los problemas.

Del 2,7% de déficit fiscal primario sobre PBI se financiará la mitad con nuevos impuestos, especialmente con las retenciones a las exportaciones; mientras que la otra mitad se fundamenta en recortes de obra pública y un achicamiento de la estructura del Estado, reduciendo la cantidad de ministerios. El planteo me parece correcto, porque una reducción del déficit fiscal permite reducir la dependencia del financiamiento externo, en un momento en que los inversores prefieren abandonar las economías emergentes y buscar activos más seguros. Con equilibrio fiscal ya no se requiere monetizar, lo que ayuda a paliar la inflación. Tampoco se requiere seguir tomando deuda, y las tasas de interés pueden empezar a bajar para financiar proyectos de inversión reales. Con equilibrio fiscal, además, se puede empezar a revisar la estructura tributaria, y evaluar su reducción y simplificación.

El mercado, sin embargo, miró para otro lado y el dólar siguió escalando. ¿Qué faltó? A la estanflación que vive la Argentina desde hace algunos meses se suman al menos cinco condimentos:

1.¿Más impuestos? Si algo necesita la economía real, es menos impuestos, no más. Que la mitad de la corrección del déficit fiscal primario sea por medio de más recaudación en lugar de baja del gasto nunca es una buena señal para el mercado. En especial cuando las medidas revierten el rumbo que se había tomado durante este mismo gobierno.

2.Déficit financiero. El déficit cero por el que trabajará el Gobierno en 2019 es el primario, pero eso no incluye los intereses de deuda. Hace tiempo que los economistas señalamos que las metas deben ser sobre el déficit financiero, que incluye estos intereses en dólares, en lugar del déficit primario. Por otro lado, el Gobierno minimiza la importancia de los intereses de deuda, relacionándolos siempre con respecto al PBI, en lugar de hacerlo frente a la recaudación. El número es preocupante, especialmente después de la devaluación, porque los intereses son en dólares y la recaudación, en pesos.

3.Renegociación con el FMI. El acuerdo con el Fondo exigía que la tasa de inflación no supere el 32% en este 2018. Las estimaciones tras la nueva crisis cambiaria muestran que la inflación superará ampliamente este valor, incluso trepando arriba del 40 por ciento. Dujovne viaja a Washington y renegociará las condiciones. Si vuelve con apoyo para mantener el acuerdo y adelantar fondos, esto puede contribuir a tranquilizar a los mercados.

4.Credibilidad y cambio de nombres. Si bien se redujo la estructura del Estado y algunos ministros pasarán a ser secretarios, no se observan caras nuevas. Los ministros actuales han perdido credibilidad y llevará tiempo que puedan reconstruirla. Un cambio de nombres que contengan esa credibilidad permitiría dar confianza al mercado de que los anuncios no serán solo palabras.

5.Elecciones 2019. No hay garantías, sin embargo, de que avances en estos tres frentes sean suficientes para el mercado, porque Macri está debilitado para las elecciones 2019, y el mercado ya descuenta el riesgo de un cambio de gestión.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Argentina, o cómo desaparece un país

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado en: https://alejandrotagliavini.com/2018/08/17/argentina-o-como-desaparece-un-pais/

 

Viajando por Europa me sorprendió la ausencia de noticias sobre nuestro país, salvo una perdida nota en un periódico madrileño… y no era buena. Ni mis ocasionales interlocutores hablaban al respecto.

Nos mató la soberbia. Demasiado intrigado, le pregunté a un destacado empresario -amigo de confianza- el por qué, de este fuerte “silencio de radio”. Y con crudeza me dijo que nadie quiere hablar mal de Argentina pero se sienten superados por tantas y tan reiteradas frustraciones, y que solo escuchan a los mismos dirigentes insistiendo en las ya fracasadas recetas: por soberbia no corrigen el fracaso.

Y tienen razón. El REM que todos los meses realiza el BCRA es un verdadero paradigma del yerro y, sin embargo, se sigue realizando y muchos siguen los consejos de los consultados. Basta mirar cualquier programa político en la TV para ver que hemos perdido el sentido común: por caso, ser un ex funcionario debería ser un fuerte descrédito dado que todos los políticos han sido parte de gobiernos desastrosos pero, por el contrario, es un gran currículo que motiva la consulta… para fracasar otra vez como vislumbran los extranjeros.

“Aumentan las tensiones el globo y los inversores se refugian en los activos de EE.UU.”, explica Fiona Nguyen, del IIF, “activos que representan ya el 58% de las carteras de fondos mundiales”. Entre abril y junio, los inversores inyectaron unos US$ 40.000 M a la bolsa americana y otros 8.000 M a los fondos de renta fija. En cambio, entre mayo y junio, de la renta variable europea salieron unos US$ 17.000 M, y de la renta fija US$ 8.000 M.

La economía de EE.UU. avanzó 4,1% en el segundo trimestre y mantiene un ritmo del 4,3%, según la Fed. Los beneficios empresariales disfrutan todavía de la reforma fiscal y “los resultados del segundo trimestre han sido estelares con un incremento del beneficio por acción del 25%”, según David Kostin de Goldman Sachs. Así, la rentabilidad acumulada por el MSCI EE.UU. en lo que va de 2018 es del 6,4%, mientras que el MSCI World (excluyendo EE.UU.) retrocede 6,6% y el MSCI Emerging Markets cae 4,6%.

Pero, “no se espera que la crisis turca se extienda, dado que los problemas son más endémicos que sistémicos”, avisa Sam Stovall, estratega de CFRA. O sea, el que países como Argentina culpen a Turquía es falta de seriedad. La divisa otomana se recuperaba después de conocerse que Qatar invertirá US$ 15.000 M en Turquía, para evitar un rescate del FMI.

Entretanto Dujovne aseguró no hay posibilidad de mega crisis ni default, y se me erizó la piel. Por cierto, con soberbia aseguró que “hay mucha gente a la que le cuesta llegar a fin de mes” pero la culpa es de los otros -el kirchnerismo- nunca nuestra. El único artículo sobre argentina que encontré en El País de Madrid decía que Macri anunció tres medidas para “reducir el déficit fiscal” en $ 65.000 M que afectan al campo, y por supuesto, se trata de mantener el tamaño del Estado a costa de seguir destruyendo al mercado.

Sí hay preocupación entre los analistas de Wall Street. Según el BCRA la dolarización de los ahorristas ya supera a la de la era Kirchner. “Los funcionarios ya erraron en abril y mayo. Intervinieron, perdieron dólares e igual tuvieron que conformarse con un tipo de cambio más alto” dicen y rematan que el Gobierno no tiene margen para seguir sacrificando reservas, ni con ayuda del FMI.

En la fase inicial de la “corrida”, las reservas cayeron en US$ 3.425 M. Llegaron los US$ 15.000 M del FMI, pero no se calmó y en los últimos dos meses salieron otros US$ 6.653 M adicionales. Los bonos registraron caídas estrepitosas, y hoy Argentina luce un “riesgo país” peor que el de varios africanos. El rendimiento de algunos títulos de mediano y largo plazo supera el 11% anual, lo que hace imposible pensar en el mercado de crédito voluntario.

Ronda el fantasma del default. La curva que dibujan los rendimientos de los bonos soberanos argentinos en dólares se invirtió, reflejando el estrés financiero. Cuando las tasas de corto plazo superan a las de largo, significa que el panorama cercano se ve muy difícil en comparación con las posibles renegociaciones de deuda en el futuro. Aunque los analistas solo adjudican 20% de probabilidad de default, los seguros se dispararon alcanzando máximos de tres años, arañando los 700 puntos.

En este país del sinsentido, hasta ONGs “liberales” supuestamente pro mercado, aconsejan las medidas que el BCRA implementó, como elevar los encajes y las tasas de interés y poner límites a los bancos para sus tenencias dolarizadas. todas medidas que implican una mayor exacción de fondos del mercado por parte del Estado. De modo que la cosa va para peor.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Argentina: Un REM de no creer

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 25/7/18 en: https://www.eldiarioexterior.com/argentina-un-rem-de-no-49821.htm

 

En el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) de marzo del BCRA, los consultados bajaron su previsión de crecimiento del PIB para 2018 al 2,5%.

Y ahora proyectan recesión, hasta marzo de 2019… y buscan brujas… la sequía y la corrida cambiaria. El gobierno -que pronosticó 3,5%- ahora cree que el PIB caerá 3% en el segundo trimestre, interanual (la proyección será oficial el 19 de septiembre), y en el 2018 terminaría subiendo 1%, dado el crecimiento del 3,6% en el primer trimestre.

El FMI, que había pronosticado aumentos, ahora dice que en un escenario “optimista” el PIB subiría 0,4%, y en uno “adverso” caería -1,3% en 2018. Eso sí, según Lagarde lo malo trae bueno -mostrando que la lógica es una ciencia que no maneja- y la economía mejoraría a principios de 2019. Lo cierto es que lo malo va mal.

Entonces, si bien las brujas no existen, pero las hay, el fallo de estos “gurúes” reside en no advertir -como evidenció Dujovne en su última presentación- que el problema es que aumenta la ineficiencia económica. Según el ministro, en junio los ingresos subieron 36,5% y los gastos 26,8%. En términos reales, el gasto primario bajó 5,6% versus 2017 y 11,2% versus 2015. “El menor nivel de gasto desde el 1° semestre de 2013”, dijo entusiasmado.

Pero lo importante no es que baje el gasto y, eventualmente, los impuestos en términos nominales, sino la presión fiscal total (impuestos, inflación y endeudamiento/tasas altas) con respecto al PIB del sector privado que es el que produce con eficiencia acicateado por la competencia, cuando el Estado no compite ya que no le preocupa quebrar.

Aunque se achique al Estado, cuanto más grande sea respecto de lo producido con eficiencia -por el mercado- la economía caerá. Por cierto, muchos critican al PIB -más allá de su cálculo arbitrario- porque que sopesa exageradamente al consumo así, el Bureau of Economic Analysis de EE.UU., ha comenzado a publicar el Gross Output, midiendo todas las etapas del proceso productivo. En todo caso, es difícil saber cuál es el aporte del sector privado -que viene bajando- en el PIB del Indec, con relación al cual debe caer lo absorbido por el Estado vía impuestos, inflación y endeudamiento/altas tasas.

La baja impositiva no se ve. La recaudación de junio fue del 31,9%, superior a la inflación. Pero, además, no se trata de bajar alícuotas teóricas, sino la recaudación total cuando todos coinciden en que el gobierno -presionado por el FMI- intenta maximizarla. Por caso, dada la inflación, más trabajadores pagarían ganancias y los que pagaban lo verán incrementado.

Según la OCDE, integrada por países cuya carga tributaria promedia el 34,3% del PIB, en Argentina ese índice llegó en 2016 al 31,3% subiendo 17,6 puntos desde 1990, siendo entre 2002 y 2016 el país donde más subió, 12,9 puntos, superando el promedio de Latinoamérica (+4,6%) y los mayores aumentos dentro de la OCDE como Grecia (6,3%) y Corea del Sur (4,4%).

Pero a los impuestos hay que sumarle la inflación -camino de superar el 32% máximo acordado con el FMI-, ya que también son recursos absorbidos por vía de exagerada emisión para solventar gastos. La verdadera inflación -y no el aumento del IPC que es una consecuencia- y que Dujovne no entiende ya que dijo “no se puede comparar con la época kirchnerista porque no se están reprimiendo precios de servicios públicos ni el tipo de cambio”.

Por caso, solo para afrontar las licitaciones de Lebac de junio y julio, el BCRA expandió la base monetaria un 27%. Y luego yerra al creer que absorbiendo dinero vía tasas altas o suba de encajes reducirá la inflación, cuando lo que logra es inutilizar fondos productivos. Así, al día siguiente de la última licitación absorbió $ 73.000 M en el mercado secundario de Lebac y con la colocación de pases y Leliq.

Y finalmente hay sumar el endeudamiento/tasas altas (que para préstamos personales supera el 45% promedio). Por caso, a consecuencia de las altas tasas cayeron los créditos personales, prendarios e hipotecarios UVA casi 10% entre junio y julio (los que indexan por UVA, bajaron 43%). Y relacionado también, durante la era Macri el Merval subió 164% al 25 de enero pasado, pero luego cayó dejando la ganancia en 105% en pesos, y bastante menos en dólares.

Y no pareciera que la deuda vaya a moderarse lo suficiente. Hoy equivale al 87% del PIB, 29,9% más que al cierre de 2017, entre otras cosas debido al impacto de la devaluación y el desembolso -del primer tramo- del FMI (US$ 15.000 M), desde cuyo ingreso hace menos de un mes las reservas del BCRA bajaron de US$ 63.270 M a 59.919 M “para contener al dólar” que con un precio bajo alienta la desinversión.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Es un error que el Gobierno haya cambiado la meta de inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 31/12/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2096679-es-un-error-que-el-gobierno-haya-cambiado-la-meta-de-inflacion

 

Argentina acarrea una historia de larga decadencia económica. De encontrarse entre los primeros países del mundo a comienzos del Siglo XX, pasamos a ocupar el puesto setenta y tantos.

En 1895, nuestro país tenía el 97% del PBI per cápita de Australia. Hoy tenemos solo el 43%.

El proceso de decadencia es largo. Pero la caída se profundiza en el período de 1975 a hoy.

¿Quiere saber por qué?

La respuesta es la inflación.

Salvo en 1978 y 1986, desde 1973 y hasta 1990 la tasa de inflación nunca bajó del 100% anual. Gustavo Lázzari y Pablo Guido explicaron que ése constituyó “el período de inflación alta más prolongado de la historia del mundo”.

La inflación es un cáncer para la economía. Destruye el poder de compra del salario, arruina el ahorro, impide planificar y distorsiona el sistema de precios generando falsos auges y posteriores depresiones.

A la Argentina, la inflación la borró del mapa.

Después de 1990 tuvimos 10 años de estabilidad, pero el gasto y la deuda generaron una nueva crisis sin precedentes. El resultado fue volver a probar con la receta inflacionista, que con los Kirchner terminó en el cepo y un estancamiento económico que se prolongó por 6 años.

¿Quién querría tener más inflación?

Curiosamente, no son pocos y acaban de obtener una victoria dentro del equipo económico del gobierno.

Es que para algunos, incluido el ex Ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, el ritmo planteado de desinflación era excesivamente veloz, lo que obligó a tener tasas “demasiado altas que generan atraso cambiario”.

Para atacar estos problemas, pidió elevar las metas de inflación.

Es decir, tener más inflación para que haya tasas más bajas y un dólar más competitivo. O sea, lo que efectivamente anunciaron Peña, Dujovne, Caputo y Sturzenegger el jueves pasado.

Hay dos problemas con esta propuesta.

El primero es que la tasa de interés de la política monetaria no es “alta”, como se dice. Al 30 de octubre de este año, y en el mejor de los casos, la “espectacular inversión” en los títulos del Banco Central rindió 3,2 puntos en términos reales.

Una tasa de interés de 3,2 puntos no parece ser problemática para la inversión. De hecho, de acuerdo con Orlando Ferreres, la Inversión Bruta Fija creció 13,4% interanual en octubre y promedia un aumento de 11,1% en los últimos 6 meses. Es decir, crece al mayor ritmo de los últimos 4 años, cuando la tasa era negativa contra la inflación.

Lo mismo pasa con el crédito. Está volando en términos reales, poco afectado por la “alta” tasa de interés.

El segundo punto es el tipo de cambio.

Según la mirada más heterodoxa, la apreciación del tipo real de cambio es preocupante y desinflar más lento ofrecería un dólar más competitivo.

¿Es esto realmente así?

A priori, no parece. Si la tasa de interés baja de su nivel actual, el dólar puede subir, pero igual subirían los precios, de manera que no se revertiría la apreciación real.

Yendo a lo más fundamental, el concepto en sí mismo es desacertado. Es que países como Chile, Perú, Colombia e incluso Brasil, han vivido un largo proceso de apreciación real de su moneda desde 2003 a 2013, sin que eso resultara en un obstáculo para su crecimiento.

Para sorpresa de algunos, en paralelo con el “dólar barato”, la economía de estos países creció, con baja inflación, bajo desempleo y aumento del salario real.

¿Por qué en Argentina debería ser diferente?

El Banco Central es la institución pública cuyo único rol en Argentina y cualquier país serio del mundo es tener una inflación baja y estable. No se puede imprimir crecimiento.

A corto plazo, es posible que una mayor laxitud monetaria tenga como contrapartida una mayor actividad, pero a largo plazo sabemos que solo trae inflación, crisis y pobreza.

Argentina debe crecer mirando el largo plazo. Y ahí el camino son las reformas estructurales. Más libertad económica, más inversión, crecimiento y reducción de la pobreza. Bajar la inflación es un componente más en ese combo de cambios profundos.

Ya probamos el atajo inflacionista. Nos fue peor que mal. Es una lástima que hayamos vuelto a caer en el error.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Argentina, ¿“mercado emergente”?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 19/6/17 en: https://alejandrotagliavini.com/2017/06/19/argentina-mercado-emergente/

 

Finalmente sabremos este martes 20 de junio si el MSCI (Morgan Stanley Capital Int.) re categoriza a la Argentina como “mercado emergente” aunque la entrada efectiva, de las acciones que clasifiquen como parte del índice, será en 2018. Los requisitos que se tendrán en cuenta para el ascenso son el desarrollo económico, el tamaño del mercado y su liquidez, y el grado de accesibilidad. Así, en mi opinión, no se justifica un cambio ya que lo único que ha mejorado es la accesibilidad.

Lo cierto es que, a pesar de la gran muñeca del gobierno para crear expectativas, la economía no reacciona y pinta un 2017 y un futuro deprimente en tanto Macri no vire su ideología 180 grados hacia una economía de mercado. Según los últimos datos, el consumo sigue en baja (-3.6% en el día del padre), la producción industrial también (-2.1% en el primer cuatrimestre) y la producción petrolera (-15% en abril) que no es poco, dadas las expectativas por Vaca Muerta.

Solo crece el campo, pero poco y no alcanza, y la construcción artificialmente apalancada por el gobierno y, todo lo artificial, contra la naturaleza del mercado, tiene patas cortas. Mientras que el endeudamiento superaría, hacia fin de año, los U$S 200.000 millones, duplicando lo heredado. Así, el riesgo país (EMBI+) de Argentina llega a 407 pb., y sube, (Perú 134, Colombia 199, México 195) mientras que el de Bolivia ronda los 189 y baja. Se diría que, irónicamente, resultó más populista el “capitalismo” de Estado de Macri que el Estado “plurinacional” de Evo.

Claramente la economía no ha venido cayendo por un “ajuste necesario” ni por herencia sino por la continuidad de malas políticas. Básicamente, por la excesiva regulación -coacción sobre el mercado- y la “presión fiscal total” (impuestos, emisión monetaria y endeudamiento) que son recursos, del mercado eficiente, coactivamente desviados por la burocracia estatal.

El gobierno se dice empeñado en bajar el gasto. Suponiendo que sea cierto -hasta ahora ha hecho lo contrario- el problema es que la reducción lenta llega tarde. Efectivamente, lo que importa no es realmente el gasto -que eventualmente podría financiarse con privatizaciones- sino la exacción al mercado en relación al PIB, pero si el PIB disminuye como ahora, el descenso de la exacción debe ser mayor para resultar positivo.

Hay que desenmascarar, por cierto, el supuesto “efecto redistributivo” de la presión fiscal, porque esa carga termina siendo pagada por los más pobres ya que, desde arriba, necesariamente se traslada hacia abajo, por ejemplo, subiendo precios. Así, lo que recauda el Estado coactivamente resulta ser la principal causa de pobreza.

En cualquier caso, ¿vale la pena el ascenso a emergente? Según JP Morgan serían US$ 1.370 millones los que se volcarían a acciones argentinas, principalmente por la vía de los ADR. Poco comparado con lo que, según Dujovne, debería crecer la inversión: US$ 8.000, cada año.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

“El mal se hace todo junto, y el bien se administra de a poco”

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 27/4/17 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2017/04/el-mal-se-hace-todo-junto-y-el-bien-se-administra-de-a-poco.html

 

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Si se considera la teoría ortodoxa, el enfoque que matiza el modelo de gasto autónomo y política fiscal ―como determinante de la demanda agregada  y la renta de equilibrio― se complementa con los instrumentos que utiliza la política monetaria: cantidad de dinero y tipos de interés. Al utilizar dichos argumentos, el Banco Central y la política monetaria al menos reciben tanta atención como la política fiscal. Precisamente, el rol de la institución monetaria es lo que ha monopolizado el interés de los analistas económicos de Argentina, y su presidente, Federico Sturzenegger, se ha convertido en el principal foco de las críticas desde dentro y fuera de la alianza Cambiemos.

Lo que sucede es que con un tipo de cambio estancado y/o una leve tendencia hacia la baja producto del ingreso de divisas (debido al creciente endeudamiento destinado a financiar obras de infraestructura y de otra índole, en todos los niveles de gobierno), las principales objeciones se dirigen hacia al Banco Central y hacia sus políticas vinculadas con la tasa de interés de referencia fuertemente restrictiva.

Visto el escenario como un todo, la institución monetaria enfrenta una lucha desigual y perdida de antemano: el frente fiscal —el cual se encuentra fuera del ámbito de competencia del banquero central―. Tales expresiones pueden corroborarse en las propias palabras del titular del banco de bancos, Sturzenegger, durante la conferencia que brindó en Bloomberg Argentina Summit 2016, al momento de cumplir 100 días al frente de la entidad: “De cualquier manera, como ustedes saben, no hay posibilidad de un régimen monetario estable si no viene acompañado de una política fiscal que permita a la autoridad monetaria concentrarse en su trabajo de estabilización nominal. Esto no requiere de mucho análisis y es un prerrequisito básico para un país con baja inflación.” Sin embargo, como es natural, eventualmente, no sería la primera vez que el rol del funcionario político domeña a la labor profesional.

En este contexto, en el que se entremezclan intereses y egos (ocasionalmente exacerbados por defender una reputación personal), la prioridad absoluta de la autoridad monetaria es inducir a la baja sistemática y sostenida de la inflación a como dé lugar; objetivo al que habrá de llegarse manipulando el indicador a niveles similares a los que exhiben las economías que manejan su política monetaria bajo esquemas de metas de inflación. Pues, a pesar de las inconsistencia fiscal, se persiste en el logro de una moneda confiable y de poder de compra estable como el principal aporte que el Banco Central puede hacer para favorecer el cumplimiento de los otros objetivos que le manda su Carta Orgánica.

Con el claro objetivo de velar por la estabilidad monetaria, se trata de torcer la responsabilidad que ha sido deliberadamente desatendida por la administración anterior. Es decir, se pasó de un  Banco central que podía hacer casi de todo, menos su función específica, a un banco que se piensa que “no puede hacer casi nada” excepto bajar la inflación.

El riguroso esquema de control de la tasa de interés y fuerte contracción monetaria implementada por la actual gestión ha sido responsable de que el traslado a precios proveniente del movimiento cambiario (el denominado coeficiente de traslado o pass through) haya sido reducido y capaz de sojuzgar la evolución de la divisa norteamericana, frente a los precios domésticos, a lo largo de todo el presente mandato. Pero hay un corolario más fiero, la composición de la demanda agregada entre el gasto de consumo y el gasto de inversión se ha visto trastocada por el tipo de interés, y, como se ve cotidianamente en Argentina, sostener el gasto público se lleva a cabo a expensas de la inversión privada.

Por su parte Dujovne, Ministro de Hacienda, deposita su optimismo en una mirada que supone al problema fiscal como una diferencia lineal entre el déficit efectivo y el déficit estructural. La parte que falta para levantar las cargas del Estado y se conoce como déficit efectivo difiere del homónimo estructural en un componente cíclico, ya que refiere a aquella parte del déficit que se produce simplemente porque la economía no se encuentra en un alto nivel de empleo. Justo, lo que caracteriza al déficit estructural de pleno empleo, ajustado cíclicamente o de alto nivel de empleo.

Las diferencias se producen porque tanto los ingresos públicos como los gastos responden sistemáticamente a los ciclos económicos. Dados unos tipos impositivos que el ministro no está dispuesto a modificar, se espera que los aumentos del nivel de renta generen ingresos mayores y, como consecuencia de ello, disminuya el peso relativo de los gastos en el erario público. Todo un largo peregrinar de futuro incierto sesgado al único estímulo capaz de generar crecimiento genuino: las añoradas inversiones.

Aquí, resulta procedente el adagio de que para muestra basta un botón. La firma Amazon, el gigante del comercio electrónico, que planea instalar start-ups en la región consideró a Buenos Aires como una oportunidad de inversión. Sin embargo, cuando los ejecutivos de la empresa advirtieron que de cada 100 dólares invertidos el 40% se iban en impuestos y trámites burocráticos, se entrevistaron con la subsecretaria de Políticas y Gestión de la PyME, Carolina Castro, y corroboradas las medidas impositivas decidieron llevarse el proyecto de empresas emergentes a Chile.

Tal vez, sea este el momento de advertir a Dujovne para que lea la obra de Maquiavelo, El Príncipe, o, simplemente, contarle al ministro lo que dice el autor: “El mal se hace todo junto, y el bien se administra de a poco”.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

No son errores de decisiones, es la falta de un plan

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 1/2/17 en: http://economiaparatodos.net/no-son-errores-de-decisiones-es-la-falta-de-un-plan/

 

El error es la falta de un plan económico de corto y largo plazo que le permita ir tomando decisiones en forma ordenada y estableciendo prioridades

Muchas personas, creo que de buena fe, suelen afirmar que si bien el gobierno no está haciendo reformas estructurales, es porque hay que ir de a poco para que no vuelvan los k. Aclaro que esta afirmación no me la han formulado funcionarios del gobierno. Si bien conozco a varios de ellos desde hace muchos años, no mantengo contacto con ningún funcionario del gobierno. Dejo en claro este punto para que nadie piense que esa frase me la ha dicho algún funcionario del PRO. Esa gente es, en realidad, víctima del pánico que tienen a que vuelvan los k. El argumento sería algo así como una autoextorsión. Se extorsionan a ellos mismos y al resto diciendo que o nos bancamos lo que hace el gobierno lentamente o vuelve la noche k.

Salvando las distancias, recuerdo que producido el golpe de 1976, los militares no querían hacer grandes reformas estructurales en el sector público porque argumentaban que con el terrorismo acechando, hacer cambios estructurales como por ejemplo reformar el sector público podía generar conflictividad social que alimentara las filas terroristas. El resultado es que la política económica de esos años fue horrorosa, los capitostes terroristas se mantuvieron vivos y, con el tiempo, tuvieron el poder.

Hoy se considera que no hacer reformas estructurales es la mejor forma de evitar el regreso k, con lo cual mantenemos la larga decadencia económica argentina. Y, por favor, no me corran con que se avanzó mucho eliminando el cepo cambiario y los controles de precios. En todo caso en la época de De la Rúa tampoco había cepo cambiario, había total libertad para comprar divisas, no había derechos de exportación para los granos y se podían exportar libremente y no por eso vamos a decir que tenía en orden la economía. Por el contrario, el descontrol del gasto público con déficit fiscal llevó a un creciente endeudamiento externo que, cuando se cortó, condujo a la crisis de 2001/2002 y la llegada de los k en 2003. Así que no tener cepo cambiario, ni controles de precios, ni prohibiciones de exportaciones o derechos de exportación no garantiza nada sobre el futuro político argentino.

El gran error de De la Rúa fue poner a un equipo económico progre al frente del ministerio de Economía como eran Machinea, Bein y Gerchunoff que luego de aplicar un impuestazo a la clase media y tomar deuda externa dejaron la economía peor de lo que la habían recibido. Lamentablemente, ante una situación económica más grave como la que heredó Macri, también puso al frente de la economía a un progre como Prat Gay y otros intervencionistas en diferentes áreas del gobierno, algo que no cambió con Dujovne ni el resto de los integrantes del área económica.

El punto a considerar no es solamente si las no reformas estructurales y el gradualismo en el cambio de precios relativos llevarán a buen puerto económico, sino si son la mejor forma de evitar que vuelva el corrupto y autoritario kirchnerismo.

Francamente no estoy tan seguro que el kirchnerismo esté definitivamente muerto. Las constantes malas noticias que significan el gradualismo (hoy suben la luz, mañana los combustibles, pasado el agua potable, etc.) pueden desgastar al gobierno y, dado que no hay gran oposición política, revivir o quitar de la agonía al corrupto kirchnerimo, salvo que la gente opte por Massa. Tal vez me equivoque y el kirchnerismo termine siendo cosa del pasado a pesar el gradualismo de Cambiemos. En ese caso, sin reformas estructurales, pasará otro período más de esta larga historia de decadencia económica argentina. Cambiemos habrá sido una frase más de campaña pero en la realidad tendría que haber sido continuemos.

Combatir el populismo autoritario del kirchnerismo con un “populismo democrático” no va a conducir a buen puerto porque todo populismo requiere de dosis crecientes de autoritarismo para sostenerse.

El gobierno no tiene que ver el proceso de toma de decisiones como el error. El error es la falta de un plan económico de corto y largo plazo que le permita ir tomando decisiones en forma ordenada y estableciendo prioridades. Cuando trabajamos en dos oportunidades con un grupo de economistas para establecer los lineamientos de un plan económico, al analizar dónde bajar el gasto público nos quedaba claro que el único rubro que no podía tocarse era el de los jubilados. Y el gobierno fue y se metió justo con ese tema.

Tanta importancia que le dan a las señales y el marketing político que les ordena Durán Barba, debería haberles dejado en claro que si bien no era un problema económico grosero que cada jubilado en promedio cobrara $ 20 menos, lo importante son las señales, la forma de comunicar las cosas según el marketinero político. Hasta en el marketing político cometen errores por falta de un plan.

En definitiva, me parece que revisar este desorden de tener fragmentado el área económica, el rechazo a tener un plan económico claro y con buena comunicación, la explicitación de la terrible herencia recibida y la decisión de abandonar el largo camino de la decadencia y comunicar un plan de largo plazo para entrar en una senda de crecimiento son los elementos que siguen faltando y los que le dan de comer a peronismo y al peronismo kirchnerista para criticar a Cambiemos. Si esto fuera un partido de tenis, el gobierno comete demasiados errores no forzados y pierde el set por errores propios, no por winners del adversario.

La mejor forma de espantar el fantasma del kirchenerismo no es asustar a la gente con su vuelta, sino pulverizándolo mostrando lo que dejó y encarando una política económica de cambio en serio. Una política económica que le permita a la gente ver una luz al final del túnel que entusiasme. Que se vea que el esfuerzo de hoy será la recuperación y el bienestar de mañana.

Obvio que para lograr cambiar la Argentina va a ser necesario terminar con muchísimos negocios “sociales” como el empleo público y los que viven de planes “sociales”. Justamente de eso se trata cambiar.

La gente está harta de pagar impuestos para financiar planes sociales, ñoquis y un estado que no presta el más mínimo servicio. Que el gobierno capte este mensaje, haga un plan y lo comunique. Tendrá un gran apoyo de la población y Cambiemos será un gobierno de cambio en serio.

El gobierno debe recapacitar y aceptar que ese humo que alguien les vendió diciéndoles que porque Macri se sentaba en el sillón de Rivadavia iban a llover las inversiones, fue puro humo. Las inversiones van a llover con Macri sentado en el sillón de Rivadavia pero con otra política económica totalmente diferente y dejar de hacer política como si estuvieran vendiendo un detergente y empezar a comunicar con claridad el nuevo rumbo económico.

De manera que a no confundirse, aquí no hay un error en la toma de decisiones. Aquí hay un error en la concepción misma del plan del gobierno.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE