Cambios Institucionales: La demanda, la oferta, y la buena (o mala) suerte

Por Nicolás Cachanosky: Publicado el 13/8/18 en https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/08/13/cambios-institucionales-la-demanda-la-oferta-y-la-buena-o-mala-suerte/

 

En mi paso por Buenos Aires, tuve la suerte de poder presentar mis dos libros (aqui y aqui), Reflexiones Sobre la Economia Argentina y Monetary Equilibrium and Nominal Income Targeting. Ambos libros son de naturaleza distinta. El primero es sobre la reciente economía argentina. El segundo es sobre teoría y política monetaria.

No obstante estas diferencias, las preguntas en ambas presentaciones fueron muy similares, y lo fueron en torno a la actual situación argentina. Fue interesante ver que las preguntas bien se podrían haber hecho en los inicios del gobierno de Cambiemos. Parece ser que ya entrando al final del gobierno de Cambiemos no se observa mucho avance en las preocupaciones económicas del votante. Entre estas preguntas no estuvo ausente la discusión de cómo realizar un cambio de fondo en Argentina.

Los cambios institucionales los podemos entender como los que se originan por el lado de la demanda, y los que se originan por el lado de la oferta. Los cambios que surgen del lado de la demanda son aquellos exigidos por la opinión pública. Los cambios que surgen por el lado de la oferta son aquellos que surgen de la política. Para que esto suceda, es necesario que el gobierno esté formado por estadistas y no por seguidores de encuestas, por más títulos universitarios de prestigio que el equipo de gobierno tenga. “Hace falta un Churchill” es el ejemplo que se suele dar.

Cambiemos no se ha caracterizado por ser un gobierno de estadistas. Cambiemos también ha insistido con la restricción política para hacer cambios. Este es uno de los motivos por el cual varios sugeríamos al inicio del gobierno que Cambiemos no sea tibio en explicitar la herencia recibida. Podríamos imaginar funcionarios acompañados de un vocero de prensa (alguien que sepa comunicar) y que cada dos semanas se diese una conferencia de prensa, o una cadena nacional, donde se explicase en detalle lo que se va encontrando y cuál es el plan para solucionar y limpiar los problemas recibidos. Que esto dure todos los meses que haga falta. De este modo, el gobierno contribuye a generar la demanda de cambio que le permita llevar adelante reformas si la oferta impone restricciones. La estrategia del gobierno fue callar los problemas esperando el milagro de la lluvia de inversiones. La pregunta que no parece haber sido respondida de manera satisfactoria es por qué iban a venir las inversiones si esta fue la estrategia elegida. La duda que asoma es si puede Cambiemos a esta altura generar la demanda de cambio, o si ya no posee la credibilidad que se necesita para un proyecto de estas dimensiones.

Hay una tercera posibilidad de cambio institucional. Esta es una de las lecturas que hago del trabajo de Acemoglu y Robinson, Why Nations Fail?, que consiste en tener buena (o mala) suerte. Es posible que accidentes históricos tengan efectos profundos y de largo plazo (path dependency) en las economías de diversos países. Si Argentina no genera cambios institucionales desde la demanda o desde la oferta, entonces el país no está condenado al éxito como afirmaba Duhalde, está condenado a tener buena suerte.

Es por este motivo que varios que fuimos críticos del kirchnerismo también lo somos de Cambiemos. Es de una ingenuidad que roza la malicia sugirir que las críticas a Cambiemos están desinadas a complicar al gobierno para que vuelvan “los otros”. El motivo es justamente contribuir, lo poco que se puede, a generar un cambio en la demanda de cambio institucional, dado que el gobierno no muestra interés en tomar parte de este tipo de discusiones. Los problemas como las corridas cambiarias de los ultimos meses se evitan con buena política económica, no con expresiones de buena voluntad.

Estimo que si el gobierno hubiese explicado los problemas, muchos de los actuales críticos estarían defendiendo las soluciones propuestas. Pero si el gobierno niega o oculta la situacion dificultando un cambio institucional, entonces choca con la tarea del economista que consiste en explicar la situacion económica. Maquillar la realidad puede ser tarea del político, no del profesional de la economía.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Los costos del gradualismo están a la vista

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 30/7/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/07/30/los-costos-del-gradualismo-estan-a-la-vista/

 

Macri va a tener que pensar seriamente si, aquellos que le sirven para ganar elecciones, le sirven para gobernar

A casi un año de las PASO, se hace mucho más complicado poner en orden el desorden económico heredado del kirchnerismo y agravado por un gradualismo extremo. Desde el punto de vista político y social, porque la gente está mucho más agotada de las idas y venidas sin ver un horizonte de claridad hacia dónde marcha la economía y porqué está haciendo el esfuerzo que está haciendo sin resultados a la vista.

En lo que hace al aspecto estrictamente económico, todo esfuerzo fiscal que haga el gobierno para tratar de ordenar las cuentas públicas se hace cuesta arriba porque hoy se está pagando el costo del gradualismo.

El gráfico 1 muestra la evolución del peso de los intereses sobre la recaudación tributaria del Sector Público Nacional sin incluir los intereses intra sector público, si se incluyen esos intereses trepa cómodamente por encima del 23%. Si bien Cambiemos regularizó la deuda pública que quedaba en default, el grueso del incremento de la deuda se origina en el financiamiento del déficit fiscal. Como puede verse en el gráfico 1, el año pasado, por cada $ 100 recaudados, $ 20 se destinaron a pagar los intereses de la deuda. En el primer semestre de este año el acumulado de dicha relación da 18,4% contra 16,8% que dio el primer semestre de 2017.

Antes de continuar deseo aclarar que, en mi opinión, no es válido relacionar stock de deuda pública/PBI, porque el PBI es el ingreso que genera la economía en un año y la deuda vence en varios años. Es como si uno tomara una deuda hipotecaria a pagar en 20 años y toda esa deuda la dividiera por los ingresos de un solo año. Esa relación no dice nada.

Continuando, es importante resaltar que entre 2001 y 2004 los intereses de la deuda pública sobre la recaudación caen del 27,4% al 6,8%. ¿Fue un genio de la economía Néstor Kirchner? En absoluto, es que a fines de 2001 Rodriguez Saá, en su breve paso por la presidencia, declaró el default o la suspensión del pago de la deuda y los intereses de la deuda pública con casi todos los legisladores aplaudiendo de pie y festejando nuestra muerte como merecedores de crédito como nación. Sin intereses que pagar, con el gasto público licuado por Duhalde en base a la llamarada inflacionaria y cambiaria de 2002, un tipo de cambio cercano a los $ 3, retenciones ya establecidas y mejora en el precio de las commodities, tuvo una holgura fiscal que, en su carrera populista, lo llevó a pasar de un superávit fiscal consolidado del 3,5% del PBI a entregar el gobierno en 2015 con un déficit fiscal consolidado del 7,24% del PBI. Es decir una pérdida de solvencia fiscal con un recorrido de casi 11 puntos del PBI. Una brutalidad única que fue heredada por Macri que, justamente, no toleraba el tratamiento gradualista que se aplicó y hoy complica más la política económica.

A modo de ejemplo, el gobierno pagó el costo político de incrementar las tarifas de servicios públicos, en particular energía. El ahorro en subsidios económicos corrientes del primer semestre 2018 versus el primer semestre de 2017 fue de $ 9.831 millones. Comparando los mismos dos primeros semestres los intereses pagados subieron en $ 34.101 millones. Puesto de otra forma, en el primer semestre, Cambiemos bajó el gasto primario en $ 38.461 millones, sin incluir los intereses de la deuda pública, y aumentó el gasto en intereses para financiar el gradualismo en $  34.101 millones. El escaso esfuerzo que hizo para bajar el gasto primario haciéndolo recaer todo sobre el sector privado incrementando las tarifas de los servicios públicos, se le fue en financiar el gradualismo.

Si comparamos los números fiscales de 2017 versus los números fiscales de 2016 vemos que el resultado primario muestra un aumento del déficit fiscal de $ 60.6156 millones y los intereses pagados crecieron en $ 93.647 millones.

Acá hemos llegado a una situación límite producto del gradualismo. Si tomamos el déficit fiscal consolidado para 2018, ya que las provincias y los municipios también tienen que financiar su déficit, se llevan el 47% del total de los depósitos del sector privado si se financian con deuda interna. Eso implica dejar casi sin crédito al sector privado y generar un proceso recesivo que, posiblemente, impacte sobre la recaudación impositiva, haciendo más difícil cumplir la meta fiscal.

Insisto, queda demostrado que el gradualismo era la medicina no indicada para la pesada herencia recibida. Su costo es mayor a sus beneficios, medidos tanto en la paciencia social como en resultados económicos que están a la vista. La economía en recesión a un año de las elecciones, la inflación en niveles de dos dígitos altos, el sector privado agonizando por la carga impositiva y los números fiscales siguen siendo difíciles de dominar.

El primer día de gobierno en 2015 Macri tenía más poder que nunca, aunque no tuviera mayoría en ambas Cámaras, podía tener todo el apoyo de la población mostrando con crudeza la herencia recibida y  presentando un plan consistente para dominarla. Con esas dos cosas podría haber logrado un amplio apoyo de la gente que iba a hacer imposible que la oposición no lo acompañara en el camino de reformas estructurales.

Me parece que Macri va a tener que pensar seriamente si, aquellos que le sirven para ganar elecciones, le sirven para gobernar, porque le han hecho meter la pata de una forma increíble en el campo económico y hemos perdido otros dos años y medio con el cuento del optimismo y el entusiasmo pero con poca ciencia económica al momento de dominar la economía.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Sería mejor tener un plan económico con un solo ministro de economía

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 14/2/18 en: http://economiaparatodos.net/seria-mejor-tener-un-plan-economico-con-un-solo-ministro-de-economia/

 

En el campo de la economía, los últimos días estuvieron marcados por la suba del tipo de cambio

En el campo de la economía, los últimos días estuvieron marcados por la suba del tipo de cambio. Dicho de otra manera, la suba del dólar o, para ser más precisos, la pérdida del poder adquisitivo del peso. Como primer aproximación, vale la pena preguntarse: ¿por qué tanta alarma por la suba del dólar si no hizo otra cosa que acompañar la suba de los precios internos? El IPC Nacional subió el 24,8% tomando diciembre 2017 versus diciembre 2016 y el tipo de cambio, tomando $ 20 contra enero de 2017 subió el 25,7%.

Hasta diciembre pasado, el tipo de cambio no había aumentado tanto en pesos constantes de diciembre 2017. En el gráfico 1 puede verse la evolución del tipo de cambio a pesos de diciembre 2017

Gráfico 1

Como puede verse, en diciembre había quedado un 6% por encima del tipo de cambio de noviembre 2015. Incluso tomando el pico de la devaluación de febrero de 2017 hoy, con un tipo de cambio de $ 20,20, no alcanzó ni siquiera el nivel del tipo de cambio de ese momento. En otras palabras, el tipo de cambio nunca flotó libremente bajo la nueva administración dado que fue influenciado indirectamente por la tasa de interés que estableció el BCRA generando un arbitraje tasa versus dólar que mantuvo quieto el tipo de cambio mientras la inflación continuaba su curso.

Es imposible imaginar una economía con una moneda sólida en un país en el que el déficit fiscal es una constante a lo largo de las décadas. No es casualidad que en los últimos 43 años hayamos tenido crisis como el rodrigazo en 1975, el fin de la tablita cambiaria de enero de 1981, la licuación de pasivos de 1982, la crisis del plan austral en 1987, la hiperfinflación de 1989, el plan Bonex de diciembre de 1989, la corrida cambiaria de fines de 1990 y principios de 1991 que terminó en la convertibilidad y la crisis de 2001/2002. Son 8 crisis en 43 años, a un promedio de una crisis cada 5 años.

Todas esas crisis tuvieron como origen un problema fiscal que fue financiado con expansión monetaria, deuda interna, deuda cuasifiscal y deuda externa cayendo en los correspondientes defaults.

Por un tiempo se pisa el tipo de cambio, lo cual trae cierta tranquilidad en los precios, pero el arbitraje tasa versus dólar va acumulando presiones en el mercado de cambios, mientras sigue el déficit fiscal, que finalmente desembocan en tensiones en el mercado cambiario.

Gráfico 2

Si uno observa la evolución del tipo de cambio a pesos de diciembre de 2017 puede verificar que luego de usar artilugios para mantener pisado el tipo de cambio con endeudamiento o con la zanahoria de la tasa de interés, luego viene un salto. Sin embargo desde 1991 hemos tenido un tipo de cambio en el nivel más bajo de la serie histórica durante 27 años seguidos, salvo el salto de 2002 con la devaluación de Duhalde.

Antes de continuar deseo aclarar que no utilizo la PPP porque considero que se basa en supuestos falsos. La teoría de la paridad del poder adquisitivo, parte de los supuestos de que no existen costos de transporte ni restricciones al comercio exterior (aranceles o restricciones no arancelarias). Sin embargo, en el mundo real existen esos costos y, a mi juicio, le da poca consistencia a la PPP.

Durante casi 2 años el gobierno de Cambiemos mantuvo relativamente pisado el tipo de cambio con la zanahoria de la tasa de interés, el endeudamiento externo y las LEBACs. Es lógica la inquietud del mercado dado que la tasa está subiendo en el exterior y en el mercado interno hay una orden política de bajar la tasa de interés y dejar correr algo el tipo de cambio. De manera que es previsible algún cambio de cartera de LEBABCs a dólar. Pero a esto hay que agregarle la inconsistencia de pedir que el BCRA baje la tasa de interés y, al mismo tiempo, en este mínimo mercado de capitales, el tesoro salga a colocar deuda en pesos por $ 70.000 millones. Francamente una ensalada difícil de entender.

Teniendo en cuenta las reservas acumuladas que tiene el BCRA, las puertas de acceso al FMI y organismos internacionales y también el acceso al mercado de deuda externa, uno debería imaginar que, por el momento, no debería haber una crisis cambiaria ni nada que se le parezca, aunque en Argentina en particular, siempre hay que ser cauto con los pronósticos categóricos.

En definitiva, el gran interrogante que queda por delante es ver si el gobierno podrá hacer sintonía fina de ir bajando la tasa de interés, dejar que suba el tipo de cambio en forma controlada, teniendo como contrapartida un stock de $ 1 billón en LEBACs.

Personalmente, me sentiría más tranquilo si esa jugada se hiciera con un plan económico consistente, con un ministro que concentre ese plan, que tenga gran capacidad de comunicación, didáctico, de llegada a la gente y un equipo prestigioso que lo acompañe. Si el presidente Macri dejara de atomizar las decisiones económicas y optara por un ministro de gran prestigio y excelente comunicador, no solo se estaría asegurando el crecimiento de largo plazo, sino también una transición más cómoda y menos dolorosa para la población.

Por ahora, no debería producirse una crisis cambiaria, pero ojo que estas jugadas de te doy tasa, dame dólares, pueden terminar en el momento menos sospechado y por las casusas menos imaginadas. Tomar las precauciones del caso reformulando el manejo de la economía luce indispensable para recuperar buena parte de la confianza perdida en las últimas semanas.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

12 años de kirchnerismo fue el costo por no bajar el gasto público

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 27/3/17 en: http://economiaparatodos.net/12-anos-de-kirchnerismo-fue-el-costo-por-no-bajar-el-gasto-publico/

 

Como consecuencia de no tener en orden las cuentas fiscales en 2001 nos costó 12 años de kirchnerismo

Corría la década del 80 con Alfonsín presidente y el plan austral naufragando. Recuerdo que fui a un almuerzo en el que estaba invitado Trócolli como orador, el entonces ministro del Interior de Alfonsín, y en una parte de su exposición dijo: sabemos que el gasto público es alto, pero, ¿quién paga el costo político de bajarlo? Pasaron más de 30 años desde ese almuerzo y una y otra vez el argumento vuelve a repetirse. Es políticamente imposible bajar el gasto público.

Uno de los últimos ejemplos que vimos y terminó en una verdadera catástrofe fue el desplazamiento de Ricardo López Murphy del ministerios de Economía por querer bajar el gasto público. Los medios, los políticos y los sindicatos le saltaron a la yugular y tuvo que irse a los pocos días de asumir como ministro. Pero lo que iba a ser una catástrofe social y política si se bajaba el gasto público según la recomendación de Ricardo López Murphy, terminó en una crisis institucional, política y económica de una gravedad inusitada por no seguir las recomendaciones de RLM. De la Rúa tuvo que dejar el poder cuando se acabó el financiamiento externo para cubrir el bache fiscal, se declaró el default de la deuda pública, Duhalde hizo una devaluación salvaje bajando el gasto público en términos reales mediante una llamarada inflacionaria llevando la pobreza por encima del 50%, pesificó los depósitos en dólares y rompió algo tan particular como el respeto por los contratos, elemento fundamental para atraer inversiones.

Al margen de todo eso, como consecuencia de no tener en orden las cuentas fiscales nos costó 12 años de kirchnerismo, un gobierno que llegó al poder con el voto de la gente y luego se transformó en un gobierno autoritario, hizo terrorismo de estado utilizando los resortes del poder para perseguir a quienes pensábamos diferente, destruyó la economía del país con su populismo desenfrenado y no tuvo límites en la corrupción.

Pero volviendo al tema del gasto público, un primer argumento que suelen esgrimir quienes dicen que no se puede bajar es que los empleados públicos que perderían sus ingresos y los piqueteros no podrían aguantar. En rigor hay políticas que pueden aplicarse para que puedan aguantar hasta que lleguen las inversiones y tengan un nuevo puesto de trabajo. Pero de todas formas vale formular la siguiente pregunta: ¿acaso el asfixiado contribuyente puede aguantar esta presión impositiva? ¿Por qué el empleado público no puede aguantar y el contribuyente sí puede aguantar esta brutal carga impositiva?

Segunda cuestión. Si no baja la carga impositiva las inversiones no vendrán, no se crearán nuevos puestos de trabajo y nunca podrán pasar los empleados públicos y piqueteros a trabajos en el sector privado. La conclusión sería que Argentina no tiene solución económica y su destino es continuar en la decadencia.

Tercera cuestión, en 2001 el gasto público consolidado era el 35% del PBI y no pudo financiarse. No alcanzaban los impuestos ni el endeudamiento externo, ¿por qué ahora vamos a poder financiar un gasto público consolidado del 48% del PBI? Si no se pudo antes, no veo razones para pensar que ahora sí se pueda. Sí se puede mantener durante un tiempo el bache fiscal con endeudamiento externo, pero en el mediano o largo plazo esa política es insostenible. Nadie nos va a financiar cualquier nivel de gasto público ni de déficit fiscal, además de generar serios problemas en el tipo de cambio real.

La propuesta del gobierno se limita, por ahora, a intentar mantener el gasto público en niveles constantes, es decir, que el aumento nominal de gasto público no sea mayor que la tasa de inflación y, por otro lado, apostar a que el crecimiento de la economía genere más ingresos tributarios y con eso bajar el déficit fiscal y las necesidades de financiamiento.

Dos objeciones merece está estrategia fiscal. Por un lado, no sabemos por qué causa el PBI va a crecer al 3,5% anual como dice el gobierno. Aun asumiendo que bajara la carga tributaria, la legislación laboral, la burocracia y las regulaciones conspiran contra un flujo importante de inversiones, de manera que no se ve claramente por qué va a subir el PBI sin modificar la carga tributaria, ni remover las regulaciones, ni modificar la legislación laboral, etc. En otros países esta fórmula funcionó porque no tenían las regulaciones laborales y económicas que rigen en Argentina.

Por otro lado, aunque lograran congelar el gasto público en términos reales, eso no significa que se esté reformando el sector público. Que el empleado que pone un sello en un papel para aprobar un trámite inservible gane lo mismo en valores constantes no cambia la falta de competitividad que le transfiere el sector público al sector privado. El desafío es bajar el gasto público para reducir el déficit fiscal y el gasto pero reformando el sector público para que esté al servicio de la población y no de la dirigencia política.

En síntesis, cuando uno propone bajar el gasto público es porque no solo el estado asfixia al sector privado con su peso, sino que, además, se ha transformado en el negocio de los políticos y en el principal enemigo de los ciudadanos, gasto que nos lleva a la decadencia y a un país corrupto.

Desde el punto de vista económico, la pregunta no es ¿cómo hará el sufrido contribuyente para seguir soportando el peso de un estado que no lo deja producir? ¿Acaso el contribuyente tiene menos derechos que los empleados públicos y que los piqueteros? Para los políticos sí, pero para una sociedad libre y con una economía próspera, la respuesta es un categórico no.

Insisto, recordemos que por no haber tenido disciplina fiscal en 2001 y echar al que quería establecerla tuvo el terrible costo político de la larga noche k que estuvo a punto de llevarnos a una dictadura chavista.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Segundo semestre sin magia

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 3/7/16 en: http://economiaparatodos.net/segundo-semestre-sin-magia/

 

Se equivocan quienes creen que la sola presencia de Mauricio Macri en el sillón de Rivadavia es condición necesaria y suficiente generar un tsunami de inversiones

Finalmente llegamos al segundo semestre y nada mágico pasó porque nada mágico tenía ni tiene que pasar. Se equivocan quienes creen que la sola presencia de Mauricio Macri en el sillón de Rivadavia es condición necesaria y suficiente generar un tsunami de inversiones.

Por otro lado es tal el destrozo económico e institucional que hizo el kirchnerismo en estos 12 años, que recuperar el país de semejante destrucción va a llevar tiempo. Diría que en realidad llevamos como mínimo 70 años de destrucción populista y eso no se revierte en un semestre. Cualquier país que uno analice cómo salió de la pobreza y creció (Irlanda, Corea, España, etc.) muestra que a partir del momento que se volvieron racionales y dejaron de lado el estatismo, intervencionismo y populismo, les llevó 20 años alcanzar niveles de ingreso per capita del orden de los 20.000 a 25.000 dólares anuales.

Por ahora el PRO logró remover las políticas económicas más guarangas heredadas del kirchnerismo, como el cepo cambiario, los controles de precios, los derechos de exportación y terminar de arreglar con los holdouts por citar algunos ejemplos.

En rigor lo más problemático era salir del cepo sin que estallara el sistema financiero y cambiario, y el gobierno lo logró. Bajar los derechos de exportación está perfecto, pero tampoco fue una medida tan complicada. Lo que ingresaba al fisco por derechos de exportación de trigo, maíz, girasol, etc. eran monedas, de manera que no sacrificó nada eliminando ese impuesto. En el caso de la soja, la baja de 5 puntos porcentuales es un incentivo para recuperar parte de rentabilidad que este grano había perdido por efecto del aumento de los costos internos. Los productores más alejados del puerto veían que los números no cerraban. Pero en términos fiscales lo que se pierde por bajar 5 puntos el impuesto se gana con el aumento del tipo de cambio de manera que el gobierno adoptó una medida correcta con los derechos de exportación pero tampoco fue algo muy complicado de aplicar. Diría que lo más insólito es que el kirchnerismo se haya encaprichado durante años en mantener una medida que claramente no le convenía desde el punto de vista fiscal. Solo la ignorancia y el resentimiento que siempre dominó al kirchnerismo pueden explicar semejante capricho.

El segundo semestre seguramente va a ser más tranquilo que el primero. El primer semestre tuvo una inflación más alta por la salida del cepo y el consiguiente aumento del tipo de cambio, por el incremento parcial de las tarifas de los servicios públicos. Además en el primer semestre el BCRA tuvo que lidiar con la liquidación de las ventas a futuro que realizó el gobierno anterior generando una pérdida de $ 53.000 millones.

Es muy probable que el segundo semestre tenga una tasa de inflación más baja que en el primer semestre pero todavía muy alta para pretender ser un país normal.

En términos de actividad económica tendremos sectores funcionando muy bien como el agropecuario y otros complicados como la industria manufacturera por la recesión en Brasil. Todo parece indicar que el promedio de la actividad económica dará una suerte de estancamiento. Tal vez tengamos un segundo semestre con estancamiento e inflación del 20% anualizada. Solo Dios sabe el número final.

Pero el punto que más me preocupa no es tanto embocar el número de inflación del segundo semestre o cuánto subirá o bajará el PBI. El dato relevante y central consistirá en ver si el gobierno comienza a torcer el timón de esta nave populista que durante 70 años nos ha lanzado a esta persistente decadencia.

Nadie está pidiendo que en los próximos seis meses el gobierno resuelva los problemas de los últimos 70 años. Sería una locura. Pensemos en la generación del 80 que construyó una Argentina próspera. Luego de la batalla de Caseros en febrero de 1852, se sanciona la Constitución de 1853 pero recién en 1880 el país termina su proceso de organización nacional. A esos líderes políticos, verdaderos estadistas, como Mitre, Sarmiento y Avellaneda les llevó 27 años culminar el proceso de organización nacional. El punto es que esos estadistas, que tenían sus diferencias, apuntaban hacia el mismo modelo de país: integrado al mundo, con respeto por los derechos de propiedad, previsibilidad en las regla de juego para atraer inversiones, en fin, lo que se denominan instituciones de buena calidad.

Decir que el kirchnerismo dejó una bomba de tiempo económica es ya una obviedad. Pero en el fondo la economía argentina tiene recurrentes crisis (1975, 1981, 1985, 1987,  1989, 1999 y 2001) entre otras causas por tener un estado sobredimensionado que destruye la riqueza que genera el sector privado.

El desafío del segundo semestre, a mi juicio, es que el gobierno empiece a mostrar un camino totalmente diferente al seguido hasta ahora. Es decir, comenzar a tener un estado más chico y eficiente. Hoy tenemos un estado gigantesco que no ofrece ni el más mínimo servicio de seguridad que debería ofrecer el estado.

Seguramente el gobierno podrá argumentar que no tiene la fuerza política en el Congreso para poder imponer un cambio de rumbo. Es un argumento posible, aunque uno escucha a varios de los funcionarios del actual gobierno y muchas veces solo parecen querer diferenciarse del kirchnerismo en que ellos administrarán más eficientemente un sistema corrupto e ineficiente. Limitan todo a un problema de personas cuando en rigor es un problema de sistema.

Argentina dejó de ser un desierto para pasar a ser uno de los países más prósperos de la tierra cuando dejó de ser gobernada por caudillos y comenzó a ser gobernada por instituciones. La Constitución de 1853. Y entró en decadencia cuando abandonó las instituciones como forma de gobierno y volvió a ser gobernada por caudillos (Perón, Menem, Duhalde, Kirchner).

El desafío es volver a ser gobernados por instituciones y no por caudillos. Eso significa cambiar el sistema económico e institucional, no administrarlo eficientemente como dicen ahora en el PRO. Veremos qué camino elige Macri.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

El derrumbe del candidato inevitable.

Por Ricardo Lopez Göttig: Publicado el 28/10/14 en: http://labandaoccidental.blogspot.com.ar/2015/10/el-derrumbe-del-candidato-inevitable.html

 

Tras varios meses en los que se buscó instalar la idea de que Daniel Scioli era el presidente “inevitable“, ya casi consagrado en las urnas, el desempeño que tuvo en la primera vuelta resultó decepcionante para los propios, que se están hundiendo en la desazón.
La retórica de la épica política, carente de sustancia, los llevó a su propio callejón sin salida. A pesar de que Daniel Scioli es el más presentable de los candidatos del Frente Para la Victoria, esto no alcanzó para que lograra salir del estrecho círculo del kirchnerismo.
Convenció a los convencidos, pero no logró salir de ese margen.
Mauricio Macri, en cambio, logró ubicarse como el candidato con más expectativas para ganar la presidencia.
El escenario que veníamos planteando desde hace tiempo, de que el centro de la disputa era la Provincia de Buenos Aires, fue el que prevaleció. Allí, la candidata a gobernadora María Eugenia Vidal triunfó cómodamente sobre Aníbal Fernández, derrumbando esa idea instalada por muchos analistas políticos de que no había corte de boleta en el distrito más poblado de Argentina. Ya lo adelantamos: esa aseveración era falsa, y se comprobó abundantemente el domingo.
Daniel Scioli, que hizo toda su carrera política bajo el ala de presidentes -Menem, Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner- no puede desarrollar su propia personalidad como candidato a la primera magistratura. Siempre se transformó en una copia del presidente de turno, como un Zelig de la política argentina. En el momento crucial en que estuvo al frente del escenario, sólo, como protagonista, no supo ya quién era él. De allí esa aseveración tan extraña de que habrá “más Scioli que nunca”.
El triunfo de María Eugenia Vidal le ha dado una estocada letal a las ambiciones presidenciales de Daniel Scioli, a lo que se suma el desbande desordenado del Frente Para la Victoria, con acusaciones a su propio candidato. Una persona honorable defiende a su partido y candidato hasta el último momento, en las buenas y en las malas; pero esto no es así en estos días. Acostumbrados a ser una máquina de agravios, una metralla de agresión verbal, se han lanzado histéricamente a lanzar una campaña del miedo sin sustento, mostrando una debilidad pasmosa.
Sergio Massa, de reconocida habilidad, interpretó rápidamente el mapa y probablemente negocie un acuerdo de gobernabilidad con Mauricio Macri. Y así lo harán, en menor grado, Margarita Stolbizer y Adolfo Rodríguez Sáa. Cambiemos, entonces, se convertirá en el eje de una gran coalición de gobierno que puede y debe restaurar la plena vigencia de las instituciones, la independencia del Poder Judicial y el funcionamiento del Congreso como el gran escenario de los debates por venir.
¿Qué debería hacer Mauricio Macri de cara a la segunda vuelta? En principio, no prestar demasiada atención a Daniel Scioli, que está enfrascado en discusiones con Hebe de Bonafini, Carta Abierta y el resto del kirchnerismo duro. Debe ir al debate, tal como lo ha hecho poco tiempo atrás con los otros candidatos de la oposición. Mauricio Macri debe seguir hablando a los ciudadanos, ganar su confianza, ir proyectando sus grandes metas para la presidencia. Mientras Scioli se desvanece y no puede recuperar la iniciativa, Macri está transmitiendo una gran confianza de cara al mañana. En esto lo ayuda María Eugenia Vidal, la nueva estrella de la política argentina, fortalecida por su triunfo tras meses del ninguneo más desembozado por parte de sectores del periodismo y de la política.

 

Ricardo López Göttig es Profesor y Doctor en Historia, egresado de la Universidad de Belgrano y de la Universidad Karlova de Praga (República Checa). Ex investigador Senior part time del Departamento de Investigaciones y Profesor titular de Teoría Social en la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

 

¿Puede el próximo gobierno revertir la decadencia?

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 29/3/15 en: http://economiaparatodos.net/puede-el-proximo-gobierno-revertir-la-decadencia/

 

Ni los k podrían seguir con este sistema porque ya no habrá suficientes recursos para financiar sus fechorías

Responder al interrogante del título de esta nota no es tan sencillo. Están los pesimistas que no le ven remedio. Los optimistas sin fundamentos. Los indiferentes y hasta un Duhalde que dijo que Argentina estaba condenada al éxito y nos dejó de regalito a los k, que hundieron el país sin piedad.

El argumento que normalmente se usa, y yo personalmente también uso, es que un país sin instituciones no puede crecer, entendiendo por instituciones las normas, códigos, leyes y costumbres que regulan las relaciones entre los particulares y entre los particulares y el estado. Si esas instituciones son eficientes, es decir, permiten desarrollar la capacidad de innovación de la gente, desplegar la iniciativa privada atrayendo inversiones, entonces ese país tiene grandes posibilidades de entrar en una senda de crecimiento sostenido.

Podríamos resumir la cosa de la siguiente manera. A mayor riesgo institucional menores inversiones y, por lo tanto, menos crecimiento y bienestar de la población.

Por el contrario, a menor riesgo institucional, llegan más inversiones, se crean más puestos de trabajo, aumenta la productividad y el salario real. El país entra en una senda de crecimiento y mayor bienestar para la población. En definitiva, es la calidad de las instituciones que impera en un país la que definirá si ese país tiene un futuro de progreso, de estancamiento o de decadencia.

Ahora bien, esas instituciones surgen de los valores que imperan en una sociedad o en la mayoría de los habitantes de esa sociedad. Como hemos caído en la trampa de creer que el que tiene más votos impone las reglas de juego, si hay una mayoría cuyos valores llevan a instituciones contrarias al crecimiento, el mismo es imposible.

No hay reunión, comida o charla informal en que no surja el famoso debate si Argentina está definitivamente perdida. Algunos alegan que Perón destruyó las instituciones que hicieron grande a la Argentina, visión que comparto en gran medida, pero no del todo. Otros le agregan el ingrediente que los k crearon tanto clientelismo político, que han desarrollado una generación de votantes que se acostumbró a no trabajar y a vivir a costa del esfuerzo ajeno, con lo cual la mayoría siempre va a votar por aquél que le prometa más populismo, es decir el que prometa expoliar a los que producen para mantener a una gran legión de improductivos. Bajo esta visión podríamos decir que Argentina tiene un futuro negro. Y la verdad es que la tentación de seguir esta línea de razonamiento es muy fuerte cuando uno ve como se han destrozado valores como la cultura del trabajo, de la iniciativa individual, de la capacidad de innovación, la misma propiedad privada, etc. En definitiva, una primera mirada sobre el futuro de Argentina indicaría que más que estar condenados al éxito estamos condenados al fracaso. Sin embargo, cabe otro tipo de análisis totalmente diferente.

Quienes me siguen saben que no soy de formular pronósticos optimistas por deporte o porque es políticamente correcto. Digo lo que pienso, asumiendo el costo de ser tildado de pesimista.

Recuerdo que en una oportunidad el presidente de una institución empresarial me dijo, mientras estaba hablando, que viera las cosas con optimismo para no deprimir a los asistentes. Mi respuesta fue muy clara: yo analizo la economía, no hago terapia grupal.

Volviendo al razonamiento sobre el futuro de la Argentina, me voy a tomar la libertad de dejar abierto el interrogante. Aún con todo el destrozo institucional y de valores que hicieron los k, no creo que estemos condenados ni al éxito o al fracaso. Para eso voy a utilizar algunos ejemplos.

En la década de los 70 y los 80, cuando a los economistas nos preguntaban por países exitosos con economías de mercado, teníamos dos ejemplos para dar: 1) Alemania con Adenauer y Erhard y 2) Japón, ambos luego de la Segunda Guerra Mundial. Hoy esos ejemplos siguen siendo válidos pero hay muchos más.

Tenemos el caso de Corea del Sur que al dividirse quedó con el peor territorio y escasos recursos humanos. Hoy dispone de un ingreso per capita de U$D 33.100

O Irlanda, cuando la gente emigraba y solo producía papa y encima de mala calidad. Irlanda se abrió al mundo, luego ingresó a la UE y hoy tiene un ingreso per capita de U$S 46.140, superando al mismo Reino Unido que tiene U$S 38.540.

España, que hasta la muerte de Franco estaba aislada del mundo, logra, gracias a las gestiones Adolfo Suárez y el fundamental apoyo del rey Juan Carlos, reunir a todos los partidos políticos, firmar los pactos de la Moncloa e incorporarla al mundo. Hoy tiene un ingreso per capita de U$S 33.000. Y podría seguir con otros ejemplos como Chile, Hong Kong,  Singapur y el resto del sudeste asiático.

Esos países no tenían un capital humano tan preparado que les permitiera consolidar instituciones que los llevara al crecimiento. Ni siquiera España o Irlanda tenían un recurso humano de altísima calidad. Solo tuvieron dirigentes políticos que supieron ver el mundo como una oportunidad y decidieron hacer las reformas económicas necesarias para poder incorporarse al él. El denominador común  de todos los casos nombrados es que todos se integran al mundo. Al comercio mundial. Pero para poder hacerlo tenían que ser competitivos y eso les exigía tener instituciones, reglas de juego, que les permitiera a las empresas competir con las de otros países.

Cada uno de los países tiene su particularidad en la forma que llevó a cabo los cambios. En Chile fue Pinochet el que hizo el grueso de la transformación pero los partidos políticos que asumieron el poder luego de él ni intentaron cambiar lo que se había hecho. Por el contrario, continuaron por el mismo rumbo.

En España, un hombre como Felipe González que venía de la izquierda más absurda advirtió el desastre que era Francia con el socialismo y moderó notablemente su discurso y medidas. Pero por sobre todas las cosas, supo que no podía aislarse del mundo.

En Irlanda su dirigencia política también advirtió que solo incorporándose al mundo iba a poder avanzar e implementaron las reformas económicas necesarias para poder competir. Todos, absolutamente todos, cambiaron las reglas de juego y, sobre todo, se integraron al mundo.

Por el contrario, nosotros seguimos viendo al mundo como un riesgo en vez de una oportunidad y cada vez nos aislamos más, tanto económica como políticamente. Argentina, Venezuela, Bolivia y Ecuador son los típicos ejemplos latinoamericanos de lo que no hay que hacer.

Ahora bien, yendo al punto, ¿podemos cambiar la Argentina con esta cultura del vivir a costa del prójimo que se instauró hace décadas y los k la llevaron a su máxima expresión? Considero que sí. No voy a decir que es sencillo ni pretendo ser un optimista sin fundamentos, pero otros países lograron salir del aislamiento internacional y de políticas populistas gracias a que, en determinado momento, sus dirigentes políticos lideraron el cambio.

Con esto no estoy diciendo que hay que sustituir las instituciones por los líderes, solo que en determinados momento los políticos tienen que liderar el cambio mostrándole el camino al resto de la población que, por cierto, no es experta en todos los temas económicos y desconocen la relación entre calidad institucional y crecimiento económico.

Los que en soledad venimos defendiendo las ideas de disciplina fiscal, monetaria y seguridad jurídica ya hemos hecho bastante para que los dirigentes políticos comprendan el cambio que hay que encarar. Ahora es su turno de recoger esas banderas e impulsar el cambio.

Que quede claro, este modelo es inviable. Según mis estimaciones solo el 17% de la población genera riqueza para sostener al resto: jubilados, menores de edad, empleados públicos, gente que vive de los llamados subsidios sociales, etc. Tal es la presión tributaria que, por primera vez, vemos que los sindicatos salen a hacer un paro general por la carga impositiva. Esto no se había visto nunca en Argentina. Si los k hubiesen estudiado historia, sabrían que hay muchos casos en que la voracidad fiscal de los monarcas terminó en revoluciones y su derrocamiento. La diferencia es que antes los monarcas exprimían a la gente con impuestos para financiar sus conquistas territoriales y ahora la exprimen para financiar sus políticas populistas que les permiten cosechar más votos.

Volviendo, si solo el 17% de la población sostiene al resto, ni los k podrían seguir con este sistema porque ya no habrá suficientes recursos para financiar sus fechorías. Destruyeron tanto al sector privado que atentaron contra los que los mantenían.

El país pide a gritos un cambio. Pero no esa estupidez de un cambio con continuidad. La realidad impone un cambio de política económica. Un giro de 180 grados. Otros países pudieron hacerlo. No veo razones que impidan lograr lo mismo en Argentina. Solo falta que una nueve dirigencia política tenga la audacia de transformar la Argentina de la misma forma que la generación del 80, hoy denostada, transformó un desierto en un país pujante que llegó a ser el séptimo país más rico del mundo. La causa: nuestra constitución de 1853 otorgaba el marco institucional para crecer y sus dirigentes políticos, que se peleaban entre ellos, tenían todos, el mismo respeto por esas instituciones y rumbo que debía seguir el país.

Si nuestros antecesores lo lograron y otros países también lo consiguieron, no veo motivos para afirmar que estamos condenados al fracaso. Todavía no está dicha la última palabra.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Economía: la oposición no tiene que tener miedo a la herencia:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 22/2/15 en: http://economiaparatodos.net/economia-la-oposicion-no-tiene-que-tener-miedo-a-la-herencia/

 

A diferencia del 2002, cuando llegó Duhalde a la presidencia, el próximo gobierno no podrá aplicar la misma receta para salir de la fenomenal recesión en que nos ha sumergido el modelo Nac&Pop. El camino será más largo, pero si se adoptan las medidas adecuadas, también será más sólido y hasta puede acelerarse la recuperación del destrozo que dejará el kirchnerismo.

Recordemos que en el segundo semestre de 2002 Duhalde se ve beneficiado con la suba del precio de la soja. El 2002 comenzó con una soja de U$S 160 por tonelada y terminó con U$S 208 la tonelada. Para tener otra referencia, en 2001 el precio promedio de la soja fue de U$S 168,75 por tonelada, en 2002 el promedio fue de U$S 188,87 la tonelada y el 2003 tuvo un precio promedio de U$S 233,21 la tonelada.

Para tener una idea de la suerte que tuvieron los k, podemos tomar este dato: el precio promedio simple de la soja durante el gobierno de De la Rúa fue de $ 175,66 la tonelada. En la era k, el precio promedio fue de U$S 378,78 la tonelada

Es decir, de una fenomenal fuga de capitales en el 2001, con la devaluación el gobierno se encontró con un flujo de ingreso de divisas producto de la suba del precio de la soja. Los productores, que estaban fuera de combate, de golpe se encontraron con un dólar 3 o 4 pesos a 1, en vez del 1 a 1 de la convertibilidad y con las deudas pesificadas. Es decir, tenían flujo de divisas a precios en dólares más alto, con una cotización del dólar más alta y deudas en pesos. Eso generó un boom agrícola que empujó la actividad económica en forma fenomenal al tiempo que le acercaba recursos al gobierno vía las retenciones.

No veo que el próximo gobierno vaya a encontrarse con un escenario igual. Sí puede ocurrir que mediante una devaluación bajen los precios de los insumos en dólares, particularmente el transporte de carga, y mejore el ingreso del productor por la suba del tipo de cambio, pero no creo que los precios de las commodities tengan un comportamiento de suba permanente como ocurrió con el gobierno k.

Por otro lado, Néstor Kirchner recibió un tipo de cambio que a precios de enero 2015 era de $ 16,34 en tanto que el promedio de enero pasado fue de $ 8,62. Es decir, no habrá un colchón cambiario como para utilizarlo como ancla contra la inflación.

Pero la clave de todo estará en que no habrá un stock de capital para reactivar la economía como lo hizo Duhalde y que luego continuó el matrimonio k descuidando la inversión.

Al más puro estilo keynesiano, Duhalde, además de tener la suerte de la suba de la soja, utilizó la capacidad instalada durante los 90. Simplemente la devaluación generó una caída de los salarios medidos en dólares. La caída de los salarios en dólares frenó las importaciones, particularmente de los bienes de consumo sustituyéndose importaciones. Los productores locales pasaron a tener casi el 100% del mercado solo por efecto de la devaluación. En el recesivo 2001 las importaciones había ascendido a U$S 20.320 millones. En 2002 con la devaluación de enero de ese año cayeron a U$S 8.989 millones. Menos de la mitad del 2001. Por eso digo que los productores locales se quedaron con una market share mayor solo por efecto de la devaluación.

¿Qué hizo Duhalde en última instancia? Para responder vuelvo a la isla de la fantasía y voy a utilizar el gráfico de los peces y los cocos.

GRÁFICO 1

Imaginemos que nuestro náufrago está en la isla y si trabaja 8 horas diarias consigue 30 cocos por día, o bien si dedica todo el tiempo a la pesca obtiene 10 peces. Si uno se mueve a lo largo de la curva, se tienen las diferentes combinaciones de peces y cocos que puede obtener dependiendo de cuánto tiempo le dedique a pescar o a bajar cocos.

Pero nuestro náufrago está produciendo en el nivel del punto A. Él podría producir más sobre algún punto a lo largo de la curva, pero porque algún burócrata lo molesta, no puede llegar. Produce menos de lo que su stock de capital le permitiría.

Bien, cuando Duhalde llegó al gobierno la economía operaba en el punto A del gráfico. Lo qué hizo Duhalde fue, mediante la devaluación, pasar de punto A algún punto a lo largo de la curva de transformación del gráfico 1. La industria automotriz podía producir 100 autos por día pero producía 8.

GRÁFICO 2

Lo que no lograron ni Duhalde y mucho menos los kirchner fue conseguir que la economía se moviera como lo muestra el gráfico 2. ¿Qué nos dice ese gráfico? Que atrayendo inversiones se incrementa el stock de capital y por lo tanto la productividad y los ingresos reales. En el ejemplo del gráfico nos dice que gracias a las inversiones el náufrago, con más stock de capital, en 8 horas no consigue 30 cocos sino que consigue 40 cocos y en vez de obtener 10 peces, obtiene 15 peces. Eso es el progreso y la mejora del ingreso real.

Volviendo al gráfico 1, lo que consiguieron Duhalde primero y luego los kirchner fue que los empresarios le pasaran el plumero a las máquinas que no utilizaban, compraran insumos y dieran algunas horas extras para moverse desde el punto A hacia algún punto de la curva. Reactivaron pero no crecieron.

¿Puede el próximo gobierno lograr lo que hizo Duhalde en el gráfico 1? No, porque los K se encargaron de destruir el stock de capital. Se consumieron la rutas (los puentes de la ruta 2 se caen), el sistema energético colapsó, los trenes están destruidos, etc.

GRÁFICO 3

Lo que hizo el nefasto matrimonio fue mover la economía como lo muestra el gráfico 3. Destruyeron el stock de capital instalado y, por lo tanto, trabajando 8 horas, con este stock de capital que quedó, ya no se producen 40 cocos diarios, sino que se producen 25. Y no se obtienen 15 peces, sino que se obtienen 6 peces por día. Todos somos más pobres porque estimularon el consumo consumiendo stock de capital. La curva de transformación se desplazó hacia la derecha y hacia abajo.

La prioridad del próximo gobierno consistirá en lograr que la curva se mueva como lo muestra el gráfico 2. Generar inversiones que aumenten la productividad y así crear más puestos de trabajo. Pero para lograr el movimiento del gráfico 2 se requieren dos tipos de medidas: 1) un mínimo de reordenamiento de los precios relativos, desregulando la economía, disminuyendo la carga tributaria y privatizando nuevamente y 2) generar credibilidad. Ser confiables de entrada para que los capitales fluyan hacia Argentina.

Ya no hay margen para estimular artificialmente el consumo y tampoco hay viento de cola que evite pagar los costos del destrozo k. La salida que veo para la economía argentina es con más inversiones, mejorar la productividad y con eso exportar más. El aumento del consumo vendrá como consecuencia del crecimiento de las dos variables anteriores.

La destrucción económica que van a dejar los k no es menor, pero hay una salida si se logra un acuerdo de gobernabilidad para seguir el camino marcado en el gráfico 2. Si hay acuerdo político para seguir ese camino y adoptar las medidas necesarias para recorrerlo, la recuperación puede ser mucho más rápida de lo imaginado. Solo pensando en lo barato que están los activos hoy en Argentina tendríamos un flujo de ingreso de capitales para comprar. Luego inversiones para reconstruir la infraestructura del país y, finalmente, un sector agroalimentario que rápidamente puede movilizar la economía.

Que la oposición no tenga miedo a la herencia k. Con juicios ejemplares a los que se robaron el país para mostrar que la seriedad llegó a la Argentina y políticas económicas consistentes, la salida es posible.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Es el gasto público, te guste o no.

Por José Benegas. Publicado el 2/5/14 en http://josebenegas.com/2014/05/02/es-el-gasto-publico-te-guste-o-no/

 

Los llamados niveles de pobreza son similares, algunos dicen incluso superiores a los del 2001. Digo llamados porque es el objetivo bajito que se pone el estado para auditar su “política social” Para medirse a sí mismo es humilde al extremo, para exigirle al mercado es Torquemada.

La industria demanda menos empleos y tiene menos puestos que en el 2000, plena recesión, nos cuenta Daniel Sticco hoy en Infobae.com basado en datos del indeK. Sumemoslé alta inflación y consumo del capital instalado que había tras una década de una relativa apertura.

¿Qué tienen el período de la década del noventa con estos 14 años? A los comentaristas públicos, seguidores del humor futbolístico de ocasión de un país chanta les encanta decir la frase “esto es igual al menemismo”. Se la festejan entre ellos. La otra es que cuando esta señora millonaria tiene que pagar las cuentas de su apropiación del estado y su demagogia de manual es que hay un “giro a la derecha”. La fiesta es de izquierda y las cuentas son de derecha.

Es cierto que tienen algo en común el fin de la década del 90 y esta de los bandidos. Dos cosas para ser más precisos:

1. Descontrol en el gasto público. En el primer caso se ahogó a un mercado fortalecido en el inicio del período y en el segundo se ahogó a un mercado abierto por condiciones extraordinarias y una capacidad instalada de la recesión precedente, que a su vez se encaró con una brutal caída de salarios y la licuación de aquél gasto público vía devaluación.

El gasto público empobrece. Es un costo general sobre la actividad de todos. Cuando llevamos una tabla desde el aserradero a la obra en construcción, hay un plus de esfuerzo (¿dicen 40%?) que hay que hacer para que esa acción nos beneficie del mismo modo que si no tuviéramos unos mantenidos a cuestas. Cuando nos pagan por ese trabajo nos damos cuenta encima que tampoco nos rindió como esperábamos porque hay otro porcentaje (¿otro 40%?) al que se lo comen imprimiendo billetes. Ese es nuestro empobrecimiento que consiste en que tener algo nos cueste más y que cada vez más cosas no valga la pena hacerlas porque el costo supera al beneficio. Al margen una masa de la población se cae de la economía. Y antes de esta pérdida de empleos y de pobreza oficial, en la era chiflada se comieron el capital, las AFJP, el valor extraordinario de las exportaciones y el Banco Central.

2. Sus alternativas políticas. En ambos casos estas décadas terminan siendo explicadas por sus posibles sucesores de modo al revés al real. La Alianza pensaba que el problema de Menem eran las privatizaciones, la falta de control de la economía y de reparto de dinero a la capa empobrecida por el propio estado. Es decir el diagnóstico era al revés y así terminó esa experiencia. La actual oposición está pensando en un kirchnerismo bueno, más repartismo como solución, más gasto y menos responsabilidad.

El relato argentino, no el K, es así. Empieza en el propio menemismo pero podríamos ir más atrás y cada consigna es consecuencia de la o las anteriores:

1. “Ahora que la economía está pum para arriba, es hora de hacer peronismo tradicional y darle al gasto público” (1995, crisis del Tequila).

2. “La recesión es porque éste es el primero y gran gobierno corrupto de la Argentina, hay que parir una república de buenos” (Carrió – Verbisky – opinadores). “Hay que aumentar los controles, los impuestos, obtener más financiamiento” (2000 – Alianza), y “calidad institucional” (gente sin patillas – ongs de corrección política).

3. “El problema fue el mercado, la locura de creer que la gente produce sin un general económico a cargo. También la convertibilidad y la corrupción. Cuidado con los bancos que se están llevando la plata” (jueces federales deteniendo camiones de caudales pensando que el crack era salida de dinero físico – 2001 Duhalde – Clarín – Unión Industrial).

4. “Nunca existió el gobierno de la Alianza. LLegó Kirchner a poner fin a la década menemista, la corrupción y la falta de calidad institucional. Viva el estado. Kirchner tiene un estilo”. “La corte menemista se voltea en nombre de la calidad institucional y la independencia del poder judicial”. “Abajo los militares, arriba los terroristas, Hebe de Bonafini es la abuelita de caperucita”. “Kirchner está argentinizando” (capturar empresas de modo extorsivo para entregarla a amigos). “Lo importante es que se termine el menemismo” (2003/2005, abrumadoramente todos)

5. “El campo es malo” (Kirchner). “Kirchner cambió” (el campo – Clarín). “Kirchner no es el príncipe encantador y es un poquito autoritario” (A dos Voces). “No hay inflación, son reacomodamientos de precios”. “Está bien que mienta con los índices, es re piola, nos está haciendo zafar de de pagarle a los tenedores de bonos ajustados” (2007).

6. “Clarín es la explicación de todos los problemas, problemas no existen, solo mentiras de los medios” (Kirchner). “Lo importante es ponerle buena onda” (PRO). “Lo importante es repartirle plata a la gente” (Carrió) “¿Qué les pasó?” (Tenembaum) (2007-2011). “El problema es no repartir: Asignación Universal por Hijo”.

7. “Comer chancho es afrodisíaco, vamos por todo” (CFK). “Cristina tiene que terminar su mandato” (2011). “Nestor era distinto”.

8. Que roben, que mientan, que destruyan la economía, que liquiden la moneda, pero cuiden a Cristina (Papa Francisco).

9. “El problema es que el gobierno fue menemista y hace falta que lleguen unos socialistas de verdad que además le pongan onda”. “No al giro a la derecha” (UNEN). “Volver al primer kirchnerismo con las viudas del kirchnerismo” (Massa)

Es una apretada síntesis de sucesión de dogmas. Tengo la impresión de que cuando las cosas se hacen igual de mal y se miente de la misma manera, todo termina igual. En un caso se comieron la apertura, las privatizaciones y la desregulación, aunque estos beneficios no se perdieron. En el otro se perdió el llamado viento de cola, el capital ya instalado, la facilidad de la licuación del gasto público de la devaluación, las AFJP, las reservas del Banco Central, la moneda y la razón.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

10 años de destrucción económica e institucional

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/5/13 en http://economiaparatodos.net/10-anos-de-destruccion-economica-e-institucional/

 Si la crisis del 2001/2002 fue una explosión que conmovió a la sociedad, estos diez años de kirchnerismo se caracterizaron por ser una constante, metódica y diaria destrucción del sistema republicano y de la economía.

Si la crisis del 2001/2002 fue una explosión que conmovió a la sociedad, estos diez años de kirchnerismo se caracterizaron por ser una constante, metódica y diaria destrucción del sistema republicano y de la economía.

¿Cómo pudimos llegar a tal grado de degradación económica e institucional? En mi opinión hubo una combinación de suerte para los Kirchner, indiferencia de la gente, buena parte de un periodismo complaciente e irresponsabilidad de buena parte de la dirigencia política opositora.

La suerte de los Kirchner fue encontrarse con un precio de la soja que duplicaba el precio promedio que tuvo De la Rúa, que les permitió obtener recursos fiscales que no tuvo el derrocado dirigente radical. No voy a hacer la defensa de De la Rúa porque cometió muchos errores, los que dejé por escrito en mis artículos de aquella época, pero es obvio que si De la Rúa hubiese tenido los precios de la soja que tuvo el matrimonio tal vez hubiese llegado al fin de su mandato.

Por otro lado, la brutal forma en que Duhalde salió de la convertibilidad le dejó a Kirchner un tipo de cambio real muy alto, lo cual le permitió iniciar un proceso de sustitución de importaciones sin necesidad de obtener más inversiones. Solo había que pasarle el plumero a las máquinas que estaban sin funcionar, comprar materias primas y otorgar algunas horas extras para empezar a producir. No hubo crecimiento en todos estos años, hubo reactivación, que no fue otra cosa que poner en funcionamiento una capacidad instalada que no estaba funcionando.

Pero ojo que el kirchnerismo no se valió solamente del precio de la soja y del tipo de cambio alto para impulsar una artificial fiesta de consumo. En su proyecto de poder hegemónico fue destruyendo el stock de capital acumulado para mantener feliz a la gente con más consumo. El kirchnerismo destruyó el sistema energético, el transporte público, las rutas, el stock ganadero, nuestros ahorros en las AFJP y la moneda. Seguramente me debe quedar algo en el tintero.

¿Por qué pudo destruir tanto? Porque guste o no la gente estaba feliz comprando televisores, celulares, electrodomésticos y todo tipo de bienes gracias a que el gobierno impulsaba el consumo artificial consumiendo el stock de capital.

Hasta aquí uno podría decir que es normal que la gente no tenga por qué saber cómo se financia el consumo artificial. Es decir, así como en los 90 se decía que las privatizaciones era como vender las joyas de la abuela, en la era k el consumo de stock de capital fue como dilapidar la herencia de la tía, pero la gente no lo sabía o no le importaba. Podía consumir.

Con una lectura muy clara del comportamiento de la mayoría de la oposición, el matrimonio dijo: quieren fiesta de consumo, les damos fiesta de consumo y mientras tanto nos cargamos la república, que en última instancia es lo que nos interesa. El poder absoluto. Cuanta más borrachera de consumo artificial, mejor porque la gente no va a ver ni la destrucción del orden republicano ni los casos de corrupción que hoy brotan como hongos. ¿Por qué hoy la gente hoy se indigna con la corrupción y no se indignó antes? Porque hoy el modelo económico flaquea, la inflación destroza el nivel de vida de la población y el miedo a perder el trabajo ya es palpable.

Si uno ve la trayectoria de los Kirchner, se encuentra con que en 1976 se fueron al sur. En 1987 Néstor Kirchner es elegido intendente de Río Gallegos, luego gobernador y posteriormente presidente. Es muy raro que dos jóvenes abogados hayan hecho una fortuna en tan poco tiempo. Puede ser, pero no es lo común que dos jóvenes profesionales logren acumular un importante capital, como el que declara el matrimonio. Si uno hace cuentas, estuvieron solo 10 años en la actividad privada y 26 en la función pública. Cae de maduro que, si un funcionario es honesto, resulta sospechoso que pueda acumular fortunas durante la función pública.

Como al pasar, me pregunto: ¿no sabía Duhalde quienes eran los Kirchner cuando en 2003 eligió a Néstor para apoyarlo como su delfín para la presidencia?

También como al pasar, me pregunto: ¿dónde estaban la mayoría de los medios y periodistas que hoy se desgarran las vestiduras ante la corrupción y la destrucción de la república? Hay cosas que no hace falta ver para saber que existen. Y hay cosas que no hace falta que avancen para saber cómo van a terminar.

Pueden revisar este portal y encontrarán notas mías advirtiendo sobre la importancia de las instituciones. Argumentando que el que tiene la mayor cantidad de votos y llega al poder, se le delega el monopolio de la fuerza para que defienda el derecho a la vida, la propiedad y la libertad de las personas. Y que aquél que llega al poder con el voto y luego usa el poder para avasallar esos derechos se levantan contra la constitución pero, sobre todo, contra los derechos individuales.

Obviamente, hablar de instituciones y del errado rumbo económico que se estaba siguiendo en los años de fiesta de consumo era como hablar en el desierto. Nadie escucha cuando está emborrachado de consumo. Y así estaba la gente. Los Kirchner tuvieron la habilidad de emborrachar a la gente con un consumo artificial, aún a costa de destruir su sistema económico, para ir acaparando poder. Hicieron lo que puede hacer un habilidoso ladrón o ladrona. Drogan a la gente con algo en su casa para luego robarles. Eso es el kirchnerismo. Drogaron a la gente con consumo artificial y les robaron la república y destruyeron la economía.

Ahora la gente parece haber despertado de la droga del consumo y empieza a ver el desastre que dejó el matrimonio. A tal punto llegaron que la preocupación llega hasta temer por las libertades individuales más elementarles. Pero ahora es tarde. Porque tienen el monopolio de la fuerza y van a destruir todo lo que tengan que destruir con tal de intentar retener el poder como sea. Luego se verá. Y si no logran retener el poder más allá del 2015, dejarán tierra arrasada. Que se arregle el que venga.

Inflación descontrolada, ausencia de inversiones, fuga de capitales, destrucción de la moneda, déficit fiscal a pesar de la carga tributaria asfixiante a que se somete a los que trabajan en blanco y demolición de la infraestructura son algunos de los destrozos económicos del kirchnerismo.

La destrucción institucional era el objetivo último del matrimonio para tener el poder hegemónico y, en todo caso, no tener que responder ante la justicia por los escándalos de corrupción.

Nunca hubo un plan económico consistente, solo la subordinación de la política económica a sus ambiciones de poder. Y esto es lo que hoy le está fallando al oficialismo. Resto para seguir emborrachando a la gente con la fiesta de consumo mientras se roban la república y esconder los escándalos de corrupción.

Desde mi punto de vista, queda una primera instancia decisiva para saber si vamos de cabeza a una dictadura disfrazada de democracia o tenemos la oportunidad de revertir el proceso. Esa instancia decisiva es que la Corte Suprema de Justicia le ponga un límite al gobierno en su  proyecto de reforma de la justicia. Si eso se frena, entonces viene la segunda parte. Lograr que en las elecciones de octubre el oficialismo tenga una derrota categórica, para evitar que el Congreso siga siendo una simple mesa de entradas en la que se votan las leyes según los caprichos del momento de la presidente.

Si se dan esas dos condiciones: la Corte Suprema frenando el ataque a la justicia por parte del gobierno y luego quitarles el control del Congreso, entonces podemos empezar a pensar como reconstruir el país luego del incendio económico e institucional que ha hecho el kirchnerismo en estos 10 años. Primero apagar el incendio y luego ver cómo se reconstruye todo lo que destruyeron.

El tiempo es un bien escaso. No se puede comprar, ni alquilar ni pedir prestado. El tiempo que se pierde, se pierde irremediablemente. Nos han robado 10 años de nuestras vidas. Demasiado para lo que vive un ser humano.

Esperemos que la Corte Suprema ponga un primer límite. Luego la gente de un categórico castigo en las urnas en octubre y, como deseo fina, cuando recuperemos algo de la república, establecer un Nuremberg de la corrupción y el avasallamiento de las instituciones para que ningún político se anime en el futuro a destruir un país como lo hizo en estos 10 años el kirchnerismo. 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.