Ingreso Básico Universal: ¿por qué ahora tampoco?

Por Iván Carrino. Publicado el 7/12/16 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2016/12/07/ingreso-basico-universal-por-que-ahora-tampoco/

 

La semana pasada, un colega y compañero de trabajo me pasó el link de una charla Ted protagonizada por Eduardo Levy Yeyati, destacado economista argentino, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y autor de varios libros, no solo de economía sino también de novelas como “El Juego de la Mancha” y “Chancho”.

Su más reciente trabajo es esta charla Ted, que se titula “Ingreso Básico Universal: ¿Por qué ahora?”. En dicha exposición, que ya cuenta con cerca de 9.000 visitas, Yeyati plantea que llegó la hora de pensar en un ingreso básico universal, financiado con impuestos, de manera de paliar un problema que parece inexorable: el avance tecnológico y sus negativas consecuencias para la distribución del ingreso y el crecimiento de la economía.

En lo que queda de esta nota intentaré explicar por qué creo que la propuesta de Yeyati está mal fundamentada y, por lo tanto, debería desestimarse por completo.

El economista parte de plantear un sombrío futuro para el desarrollo, producto del avance de la tecnología. En pocas palabras, sostiene que la “buena noticia es que en el futuro todos vamos a tener que trabajar menos” mientras que la mala es “que va a haber menos trabajos”.

El reemplazo del hombre por la máquina, para Yeyati, es un hecho indiscutido, y pone como ejemplos a los cajeros automáticos que reemplazan a los cajeros humanos, o las agendas telefónicas del celular, que reemplazarían a las secretarias.

Sin embargo, este es el primer punto en el que el argumento flaquea. Es que como explica David Autor en su trabajo enfocado en este tema, a pesar del avance de los cajeros automáticos, hoy hay más cajeros humanos que antes. El número de cajeros automáticos en EE.UU. se cuadriplicó, pasando de 100.000 a 400.000 entre 1996 y el año 2010. Esto redujo el número de cajeros humanos por sucursal bancaria. Sin embargo, el número total de cajeros humanos creció de 500.000 a 550.000 entre 1980 y 2010.

El motivo de esta suba es que, al reducir los costos de operar una sucursal, la cantidad de sucursales se multiplicó, lo que incrementó la demanda de personal. Así, la instalación de cajeros automáticos terminó por incrementar la demanda de cajeros humanos, quienes ahora no sólo entregan billetes al cliente, sino que le brindan un servicio más general de relación y contención.
Lo mismo podría suceder con el caso de las secretarias. Las computadoras y los teléfonos inteligentes pueden reemplazar alguna parte del trabajo que hoy realizan las secretarias. Esto hará que en el futuro sea mucho más barato montar una oficina. Y el resultado puede ser una menor cantidad de secretarias por empresa, pero no una menor cantidad en términos agregados. De hecho, la Oficina de Estadísticas Laborales sostiene que desde 2014 hasta 2024, la cantidad de secretarias y asistentes personales crecerá en 119.000.

Otro punto que impacta de la charla Ted es la relación entre avance tecnológico y concentración de la riqueza. En una de las frases más aplaudidas de toda la exposición, Eduardo Levy Yeyati pregunta:

“¿De qué sirve el progreso tecnológico, si crea abundancia que se concentra en pocas manos a las que les sobra todo?”

De acuerdo con el argumento, el progreso tecnológico genera una abundancia “mal repartida”, porque el ahorro de los costos de producción beneficiará solo al dueño de la máquina, pero no al trabajador reemplazado por ella. Para que se comprenda el argumento, Yeyati lo lleva al extremo y plantea qué ocurriría si todo fuera producido por máquinas y esas máquinas estuvieran en posesión del 1% más rico de la población.

En ese caso el 1% sería infinitamente rico pero el 99% estaría en la miseria. A menos, claro, que el gobierno cobre impuestos mucho más progresivos y redistribuya la riqueza. Es decir, imponga el Ingreso Básico Universal y obligue a que lo paguen “los ricos”.

El problema con todo este razonamiento es que parte del desafortunado supuesto de que solo el 1% de la población tendrá acceso a “las máquinas”. Uno se pregunta por qué se asume este escenario si una simple mirada de la realidad lo refuta.

Según un estudio del Pew Research Center, en Corea del Sur, 88% de la población tiene un “Smartphone”, el último grito tecnológico en telefonía móvil. En Australia este número es 77%, en EE.UU. 72%, en Canadá 67% y en Chile 65%. En Argentina, 48% de la población posee un teléfono celular inteligente.

Puede que no lo parezca, pero son éstas “las máquinas” del futuro que amenazan nuestro trabajo, como el propio Yeyati sugirió en su ejemplo de la secretaria. Sin embargo, no es cierto que el 1% de la población las posea. Muy por el contrario, la tecnología está cada vez más democráticamente distribuida y es, por tanto, un igualador social, en lugar de un generador de desigualdades.

El profesor de economía Donald Boudreaux planteaba justamente esto en un breve artículo en su blog titulado “Uber contra Piketty”. Allí, sostenía que:

“Uber permite que un bien de consumo se convierta fácilmente en un bien de capital (…) La intervención del gobierno contra Uber constituye un ataque contra las fuerzas del mercado que están incrementando la cantidad de capital que las personas comunes pueden poseer, controlar y poner a producir”.

No son los ricos ni el 1% de mayores ingresos quienes se benefician de la tecnología, sino las “personas comunes”, que cada vez tenemos más acceso a la tecnología.

Hay muchas otras cosas que objetar de la exposición sobre el Ingreso Básico Universal. Entre ellas, si alcanzará lo recaudado para financiarla, si es cierto que una mayor desigualdad frena el crecimiento económico, si imponer una medida de este tipo no destruirá el sistema de incentivos, o si no se trata de una medida demagógica e inmoral. Son todos temas para seguir discutiendo.
Sin embargo, hoy debería quedar clara una cosa: el argumento por el cual se pide que se imponga un Ingreso Básico Universal no está debidamente fundamentado. En primer lugar, no está claro que la tecnología destruya empleo en términos agregados. En segundo, es directamente falso que el avance tecnológico vaya a favorecer sólo a los más ricos de la sociedad.

En este sentido, y hasta que no aparezcan razones de mayor peso, creo que es necesario descartar de plano esta propuesta y liberarse de la culpa que nos imponen algunos discursos.

El avance tecnológico, a diferencia de lo que se quiere sugerir, trae dos buenas noticias. La primera es que, en el futuro, todos vamos a tener que trabajar menos. La segunda es que si se permite que avance, todos seremos más ricos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

No, las importaciones no generan desempleo

Por Iván Carrino. Publicado el 21/1/16 en: https://igdigital.com/2016/01/las-importaciones-generan-desempleo/

 

Hay un cliché que repiten, sin distinción, líderes de la izquierda y de la derecha: que la reducción de barreras a las importaciones afecta directamente el nivel de empleo. Esta afirmación, sin embargo, no es más que un mito sin ningún sustento real.

El domingo pasado, el periodista Roberto Navarro volvió a la pantalla de C5N con su programa Economía Política. El regreso de Navarro fue celebrado en Twitter y el hashtag #VuelveNavarro fue trending topic a lo largo de toda la transmisión.

Durante la primera hora, el analista se dedicó a describir con lujo de detalles el supuesto plan diabólico de Mauricio Macri para generar desempleo y pobreza en Argentina. En su visión, eso es lo que hace “la derecha” cuando gobierna, no otra cosa.

El maquiavélico plan del nuevo gobierno consistiría en buscar deliberadamente subir el nivel de desempleo en el país, de manera que las hordas de desocupados presionen a la baja los salarios y, de esta forma, los capitalistas explotadores puedan llenarse sus bolsillos. Si todo este desarrollo le suena a lo que escribió alguna vez el economista Carlos Marx, no se equivoca, ya que son estos escritos los que inspiran de manera directa la narrativa de Navarro.

Ahora bien, la cuestión pasa por cómo hará el gobierno para generar ese desempleo, y es ahí cuando, entre otras cosas, se menciona a la “apertura indiscriminada de importaciones” como una de las estrategias. Es que desde el punto de vista de los enemigos de la libertad, la competencia extranjera lleva inexorablemente al desempleo y la pobreza de la gente.

Lo curioso del asunto es que en el propio gobierno, que en la superficie parecería estar en las antípodas de lo que se dice en Economía Política, también comparten esta visión.

Consultado acerca de la liberalización de las importaciones en noviembre del año pasado, Macri respondió:

“No podemos abrir las importaciones. Nosotros tenemos que crear trabajo, no destruir el poco que tenemos.”

Esto no es todo. Cuando se anunció el nuevo sistema de control para los productos importados, se dejó en claro que tractores, motos, heladeras, cocinas, lavarropas, artículos para gimnasia deportiva, calzados de vestir y deportivos y otros bienes como juguetes o manufacturas de caucho permanecerán blindados de la competencia internacional.

Paradójicamente, y como puede verse, el gobierno y Navarro coinciden en que la industria nacional debe “protegerse” y que abrir importaciones dejaría a la gente sin trabajo.

La realidad, empero, es que ambos están equivocados.

El cuadro de abajo muestra a los países con mayor apertura comercial de acuerdo al puntaje (de 0 a 100) que otorga el Índice de libertad Económica de la Fundación Heritage y la tasa de desempleo de cada uno de ellos para el año 2015.

apertura comercial

La conclusión a partir de estos datos es clara: el desempleo no tiene absolutamente nada que ver con la apertura económica y se puede ser muy abierto y gozar de un muy bajo nivel de desocupación al mismo tiempo.

Es que lo que sucede con las importaciones es análogo a lo que sucede con la innovación. Hubo una época en que uno iba al Video Club del barrio a alquilar una película para ver en su videocasetera. Tiempo después, la costumbre fue ir a Blockbuster, pero más tarde llegó Netflix, que envió a la cadena internacional a la quiebra revolucionando la manera en que el mundo entero consume cine.

La apertura comercial, como la innovación o cualquier elemento que imponga mayor competencia en un mercado, puede hacer que algunas empresas cierren, pero esa es la señal que los consumidores están mejor consumiendo otra cosa y que los recursos empleados en ese negocio ahora están disponibles para ir a crear otro, más demandado por la sociedad.

Como explica el profesor Donald Boudreaux:

“El libre comercio puede reducir el empleo en industrias ineficientes, pero libera los recursos para crear trabajos en las industrias eficientes, generando una suba generalizada de los salarios y mejorando la calidad de vida. El proteccionismo, por el contrario, busca proteger el empleo que el mercado no sostendría, impidiendo la creación de industrias más innovadoras”

En pocas palabras, que el libre comercio genera desempleo es un mito sin ningún sustento en la realidad. Sin embargo, su aceptación generalizada nos condena, a todos, a vivir en el atraso y con un menor nivel de riqueza.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Desigualdad en el mundo: en muchos países los pobres de hoy son mucho más ricos que sus padres

Por Martín Krause. Publicado el 11/12/15 en: http://bazar.ufm.edu/desigualdad-en-el-mundo-en-muchos-paises-los-pobres-de-hoy-son-mucho-mas-ricos-que-sus-padres/

 

¿Qué pasó con Piketty? ¿Fue tan sólo una estrella fugaz, que apenas pudo poner en duda por un breve tiempo el avance de los mercados? ¿O lo que ya había desarrollado la teoría económica hace décadas? Dreidre McCloskey, Distinguished Professor of Economics and History en la University of Illinois at Chicago y autora del libro “Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital, Enriched the World”,: http://www.cato.org/policy-report/julyaugust-2015/how-piketty-misses-point  , se pregunta si la desigualdad es mala:

“En 2003, los economistas Donald Boudreaux y Mark Perry señalaron que ‘según la Oficina de Análisis Económico, el gasto familiar en cuestiones básicas de la vida moderna –alimentos, automóviles, vestimenta y calzado, muebles y equipos, y vivienda y servicios- ha caído desde el 53% del ingreso disponible en 1950 a 44% en 1970 y a 32% hoy.

El economista Steven Horwitz resume los datos sobre las horas de trabajo requeridas para comprar una TV color o un auto, y destaca que ‘estos datos no capturan… el cambio en la calidad… La TV en tenía a lo sumo 23 pulgadas, con pobre resolución, probablemente sin control remoto, débil sonido, y generalmente muy distinto a su sucesor del 2013. Alcanzar las 100.000 millas en un auto de los años 1970s era una causa de celebración. No alcanzarlas hoy sería una causa para pensar que se ha comprado un mal auto.”. Observa que ‘considerando distintos datos sobre consumo, de los informes de la Oficina del Censo, respecto a lo que poseen los pobres en sus casas con el tiempo requerido para comprar una variedad de bienes de consumo, deja en claro que los norteamericanos viven hoy mejor que nunca antes. De hecho,  los norteamericanos pobres viven hoy mejor, según estas comparaciones, de lo que vivían sus contrapartes de la clase media en los años 1970s.”

El politólogo e intelectual público Robert Reich sostiene que, no obstante, debemos estar alarmados por la desigualdad más que dedicando todas nuestras energías a mejorar la condición absoluta de los pobres: “Una mayor desigualdad siempre daña la movilidad ascendente”, dice. Horwitz resume los resultados de un estudio de Julia Isaacs sobre le movilidad individual desde 1969 a 2005: “82% de los niños del 20% más pobre tenían ingresos reales más altos en el año 2000 de los que sus padres tenían en 1969. El ingreso real medio de los niños pobres de 1969 era el doble del de sus padres.” No hay dudas que los hijos y nietos de los refugiados por la sequía de los años 1930s, por ejemplo, están mucho mejor que sus padres y abuelos. John Steinbeck lo relató en Las uvas de la ira, sus momentos más terribles. Pocos años después, los de Oklahoma encontraron empleos en las industrias bélicas, y muchos de sus hijos fueron luego a la universidad. Algunos incluso llegaron a ser profesores universitarios que piensan que los pobres son cada vez más pobres.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).