LA OBSESIÓN REGLAMENTARISTA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 29/5/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/05/la-obsesion-reglamentarista.html

 

La semana pasada leí una noticia según la cual la asociación o lo que fuere de hoteleros protestaba contra las casas de familia que ofrecen alojamiento “sin las exijencias correpondientes” o algo por el estilo.

La noticia refleja una mentalidad que se ha hecho carne en Argentina (y tal vez en el mundo) como parte de nuestro obsesivo estatismo cultural.

Esto surge nuevamente de no tener conciencia de lo significan los derechos individuales a la propiedad, libertad de cultos, de enseñanza, de tránsito, etc.

Toda persona tiene derecho a ejercer todas las actividades que emanen de esos derechos mientras no atente contra derechos de terceros. Eso significa que es admisible un código penal que a posteriori de una acción determine que la acción es delictiva si atenta contra la vida, propiedad o libertad, pero no antes. Esto es, la clave de la cuestión es la diferencia hayekiana (pero, claro, no vaya a ser que lean a Hayek, no?) entre derecho y legislación. En la Constitución deben estar reconocidos los derechos, pero estos NO deben tener legilaciones a priori, sino en todo caso a posteriori de la acción realizada, para custodiarlos, no para impedirlos.

Por lo tanto, cuando los argentinos, en general, dicen “debería haber una ley” no se dan cuenta de que están cercenando a priori actividades en sí mismas conformes al derecho natural. Si quiero poner una escuela en el living de mi casa, si quiero ejercer la medicina, si quiero alojar gente en habitaciones disponibles, si quiero llevar gente en mi auto y cobrar por ello, si quiero poner un kiosko en la ventana de mi casa, si quiero abrir un taller en el garage de mi casa, etc. etc. etc. etc., NO estoy atentando contra derechos de terceros a menos que se demuestre a posteriori lo contrario, con todo el debido proceso necesario.

Por ende, si afecto a alguien, para eso hay un código penal, a posteriori de la acción, no antes.

Pero no, se supone que el endiosado e idolatrado “estado”, debe estar allí para “protejernos”. No se adverite tampoco en ese caso la diferencia entre aconsejar y coaccionar. Yo puedo aconsejar a alguien ponerse el cinturón de seguridad, pero, ¿por qué coaccionarlo? ¿Porque su vida está en peligro? Bien, yo creo que la vida espiritual de la gente está en peligro si no se toman en serio a Dios, pero no dudo en absoluto de la libertad religiosa, porque no se debe coaccionar la conciencia, sino dialogar con ella. Toda la obsesión reglamentarista surge de la razón instrumental del Iluminismo, denunciada como constructivismo por Hayek, pero, claro, para colmo ello es consiedarado “liberalismo”.

Los argentinos están tan envueltos en esta mentalidad que han desarrollado una doble moral sin darse cuenta. En general no cumplen las reglamentaciones pero las piden. Hacen miles de trampitas para evitar los reglamentos pero los consideran buenos. Hacen contrabando pero creen que está mal. Con lo cual es imposible que desarrollen la genuina resistencia pacífica ante la opresión, porque la opresión la viven como correcta aunque se las arreglan para evitar esa “correcta opresión” por izquierda.  Quedé atónito una vez que le expliqué a un director de un colegio privado la necesidad legal de que el estado no fijara los planes y programas de estudio y me desestimó el tema diciéndome que ellos se las arreglaban perfectamente para violar los reglamentos y que por lo tanto “no había problema”. No advertía el tan argentino sujeto que el problema era precisamente que no tenía conciencia de que lo que él hacía por izquierda era un derecho que él NO reclamaba porque pensaba que la solución era hacer las cosas por izquierda. Por eso los argentinos se rien de cómo los anglosajones se toman la ley: en serio. Claro, por eso el estatismo en ellos es más peligroso, pero la solución no es la viveza criolla sino sencillamente el liberalismo clásico, que es justamente de origen anglosajón.

Pero blanquear NO es que los “no-reglamentados”, que los informales, pasen a cumplir los infinitos reglamentos de los que están en los sistemas formales, ya sea educativos, comerciales, etc. Significa ELIMINAR los reglamentos, legislaciones y organismos que impiden el desarrollo de los derechos individuales.

Los tan argentinos taxistas que protestan contra los uber tienen un punto: ¿es justo que ellos cumplan con todas las reglamentaciones municipales y los uber no? No, claro, no es justo, pero de allí concluyen que los uber deben cumplir con los mismos reglamentos. Ni se les pasa por la cabeza que debería desaparecer TODA reglamentación para llevar y traer gente. Lo conforme al derecho natural es que todos sean libres como los uber y NO esclavos como los taxistas. Y eso, mutatis mutandis, en todo.

El argentino ha desarrollado una palabra para esa confusión mental. Lo que no es reglamentado es “trucho”. La pura verdad es que lo trucho es lo libre mientras que lo reglamentado es la esclavitud.

En economía esto es particularmente cruel para los más indigentes. Estos últimos desarrollan todo tipo de actividades sin pasar por las exigencias formales, y los crueles mecanismos de inspección los toleran, en general, “porque son pobres”. Son pobres precisamente porque esa economía informal tiene un límite del cual no pueden pasar. No tienen los recursos ni los “contactos” para pasar a la formalidad, pero si NO existieran esos reglamentos, comenzarían vendiendo chipas en una estación de tren y terminarían luego con una pyme y luego con una gran empresa (lejos de ser una utopía, ESO FUE la Argentina, no?). Pero no, eso ya es imposible para ellos y en general para muchos. Hernando de Soto mostró qué cantidad de trámites eran necesarios para poner una humilde empresa de costura de ropa, en Perú, “legalmente”. El resultado fueron 600 metros de hojas de impresión de computadora. Mejor no adjetivizo. La cuestión NO es exigir el cumplimiento de esos 600 metros, sino eliminarlos, como se eliminó el Muro de Berlín.

Por supuesto, decir todo esto en otras áreas, como educación, es más lunático aún. Pero hay que instalar el tema. Es incluso una cuestión de misericordia. Se me parte el alma al contemplar diariamente los vendedores ambulantes en los trenes, que seguirán en esa situación casi eternamnte, por el subdesarrollo producido por décadas de estatismo pero sobre todo por el reglamentarismo. “Abrir la econonía” NO es sólo privatizar empresas estatales sino ELIMINAR totalmente todas las reglamentaciones que impiden a cualquier ciudadano, y sobre todo a los más pobres, salir adelante desarrollando su espíritu empresarial.

 

Bien, estoy un poco cansado y voy a descansar algo. Por suerte aún no hay reglamentos para las siestas de los Sábados.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El “muro de Berlín” de Guantánamo: minas, alambradas y tiburones:

Por Belén Marty: Publicado el 10/7/15 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2015/07/10/el-muro-de-berlin-de-guantanamo-minas-alambradas-y-tiburones/

 

Nilda Pedraza es la madre de Iskander, uno de los incontables cubanos que intentaron llegar a nado y pedir asilo en la Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo. Cuenta que a su hijo, de 26 años, le dispararon en el mar desde una de las torres de vigilancia, a 50 metros, con fusiles AKM antes de llegar a la costa; y que luego lo enterraron sin nombre, en un cementerio de Guantánamo.

Además de los balseros, otros cubanos buscan asilo del régimen comunista en la base naval de Guantánamo. (Wikipedia)

Es una historia desconocida, cruel, terminante y mortífera. Cuba, en pleno 2015, tiene su propio muro de Berlín. Se trata del perímetro de la Bahía de Guantánamo, en el sur de la isla, que divide el territorio soberano de Cuba con la base naval estadounidense: está circunvalado por antitanques, agentes de las Fuerzas Armadas cubanas, torres de vigilancia, alambradas electrificadas, miles de minas antipersonales y sensores de movimiento.

Esta versión tropical del muro caído en Berlín hace poco más de 25 años tiene asimismo un mismo patrón: se cercó con el objetivo de impedir a los cubanos partir hacia la base naval. Si bien esto resulta un riesgo mortal para ambos sentidos (entrar o salir de la base de Guantánamo), la inmensa mayoría de los que han perecido han sido cubanos disidentes.

Sin embargo, la versión oficial afirma que el campo minado más grande del mundo fue puesto como medio de defensa ante una invasión estadounidense.

Sin datos certeros de ningún tipo, se cree que más de 10 mil cubanos han muerto ahogados, como consecuencia de las mareas o de los tiburones, intentando llegar a nado a la Bahía de Guantánamo desde la década del 60.

La organización Cuba Archives informó que aquellos valientes que se lanzaron por tierra debieron hacerlo esquivando más de 50 mil minas antipersonales y antitanques que fueron colocadas en primer lugar por el Gobierno de Estados Unidos en plena Guerra Fría, y luego quitadas, sin mucha publicidad, en 1996.

La administración de Bill Clinton reportó que el personal estadounidense que trabajaba en la base naval había sido testigo de la cantidad de cubanos asesinados a manos de agentes de la policía comunista.

Los guardias cubanos tienen orden de disparar a cualquier compatriota que intente fugarse rumbo a las tierras administradas por la Armada de los Estados Unidos. Hasta el día de hoy, los cubanos no son libres de salir del país cuando así les plazca. El artículo 215 del Código Penal cubano establece que para salir o entrar al territorio cubano los ciudadanos deben tener un pasaporte al día y un permiso de entrada o salida al país otorgado por el Ministro del Interior.

“Mientras que la prisión para los terroristas en la base naval recibe una condena generalizada, los campos de la muerte de Cuba permanecen completamente ignorados. Es hora de ponerle fin a la doble moral y a esta tragedia humana”, insiste la organización Cuba Archives.

El poblado de Caimanera, lindante con el territorio disputado, es uno de los terrenos en los cuales el Gobierno cubano sembró más minas. Estas no discriminan: han causado graves heridas y muertes de niños, adultos y animales.

“Plantaban estas minas en el perímetro; convirtieron el lugar en escuela y nunca revisaron que había estos artefactos activos”, indicó Anderlay Guerra a Martí Noticias.

Además, otros periodistas locales insistieron en que los pobladores desconocen la localización de muchas de estas minas y hasta militares jóvenes se han convertido en víctimas de tales artefactos. Hoy el régimen de los hermanos Castro es el único en América Latina que aún no ha firmado el acuerdo mundial en Convención de Ottawa para su eliminación. Dice que lo hará una vez que Estados Unidos se retire del país.

“Lo que le preocupa al Gobierno es tener el perímetro minado para que las personas en Cuba no vayan en busca de su libertad”, precisó José Manuel García, periodista.

Ivan Picón, balsero que está impedido de regresar a Cuba, aseguró que él tiene un amigo que cruzó a Guantánamo por el lado de las minas y otro que cruzó a nado.

“El cruzó por las minas y no sabía, porque en Cuba no todos sabían hace unos años que había minas allí. Muchos perdieron extremidades, brazos, piernas… Hubo muchísimos mutilados”, insistió, en conversación telefónica con PanAm Post.

Para él, no hay dudas de que las minas fueron colocadas por el régimen de los hermanos Castro para impedir que los cubanos crucen al otro lado. “Yo no creo que las hayan quitado. Están ahí, puestas todavía. En Angola también colocaron las minas antipersonales”, sentenció.

Dijo también que las explosiones, por momentos, se escuchaban desde distintas partes de la isla.

Picón se preguntó qué otra opción tiene un cubano para salir de lo que él denomina una “isla prisión”. En este sentido, advirtió que mas de 10 mil cubanos se ahogaron tratando de llegar al territorio de Estados Unidos dentro de la isla.

A pesar de que en 11 días se reabrirá la embajada de Estados Unidos en Cuba, las autoridades de ambos países no han hecho declaraciones aún sobre este tema, que parece pasar inadvertido en el marco de las relaciones bilaterales.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.