ACERCA DEL DISCURSO DE LA PRESIDENTE:

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

En mis escritos evito personalizar puesto que estimo que es mucho más fértil argumentar y discutir ideas. No solo para ahorrar energía, tiempo y espacio, sino porque en general las personas exponen sus recetas con la mejor de las intenciones (y si no fuera así es en realidad irrelevante a los efectos prácticos).

 

En este caso me refiero a la presidente de la República Argentina, aunque a esta altura,  luego de décadas de estatismo, de desigualdad ante la ley, de ocultamiento de los actos de gobierno, de intentos de eludir la alternancia en el poder, de concentrar funciones impropias de una sociedad abierta, de atropellar derechos de los gobernados y de intentos de bloquear la división de poderes, después de todo esto decimos, en rigor, no puede hablarse de una República.

 

En cualquier caso, una nota al pie: la presidente de marras fue al Congreso de la Nación a inaugurar un nuevo período de sesiones parlamentarias y henos aquí que omitió esa anunciada misión aunque no la exige la nueva reforma constitucional, después de hablar casi cuatro horas en el recinto no declaró la antedicha formalidad que ha sido una tradición argentina. En las líneas que siguen, por razones de espacio, marco telegráficamente los puntos más salientes del discurso en un balance de la gestión que adolece de llamativos defectos.

 

Abrió con una manifestación de un periodista inglés que aludió a cotizaciones de bonos argentinos en lo que la presidente consideró que alababa su gestión, lo cual ese mismo autor tuvo que refutar de inmediato puesto que aclaró que su comentario se debía a las buenas expectativas que surgen debido a la finalización del mandato de la funcionaria en cuestión.

 

Acto seguido se refirió a lo que denomina “desendeudamiento”, situación que ha sido desmentida una y mil veces puesto que la  sumatoria de la deuda pública interna y la externa es ahora mayor que antes de asumir su marido, a esto se agrega el presente default pero, curiosamente, felicitó a su equipo económico en medio de expresiones denigrantes para quienes son acreedores sobre la base de lo propuesto por el gobierno argentino y en la jurisdicción acordada.

 

Se refirió a las reservas de la banca central con cifras que no se condicen con las netas en esa institución y tomó como indicador relevante el turismo que es en gran medida debido a las dificultades de viajar al exterior por la escasez de dólares fruto del cepo cambiario y a los sabuesos que merodean en torno al uso de divisas extranjeras.

 

Ponderó una de las empresas estatales con abultado déficit y, a pesar de los despidos y suspensiones (“se suspendieron las suspensiones” dijo), subrayó que el empleo crece, y a pesar del uso y abuso de los fondos que corresponden a los jubilados sostuvo que la perspectiva de éstos son alentadoras en el contexto de destacar la “gratuidad” de fondos entregados a través de otros programas sin contemplar la financiación coactiva que proviene del fruto del trabajo ajeno, lo cual también hizo respecto a créditos estatales que, como es sabido, no son abonados con los patrimonios de los funcionarios sino con los recursos de los vecinos, todo lo cual reduce las tasas de capitalización y, por ende, los salarios e ingresos en términos reales.

 

Igual que muchos de la oposición, se pronunció por no insistir en la preponderancia de la empresa privada si el aparato estatal “lo puede hacer mejor”, ignorando no solo los incentivos de las primeras para servir a sus semejantes y la politización de las segundas (la forma en que se prenden las luces y se toma café son muy distintos), sino que dejó por completo de lado los cuadros de resultados como guía para la asignación de recursos.

 

Abundó en cohetes y satélites y sostuvo que los acuerdos con China están bien aunque no haya licitaciones en medio de secretos inaceptables y habló como si fuera la directora ejecutiva de una empresa para concluir que en lugar de exportar maíz e importar cerdo resulta imperioso darle maíz a los cerdos, lo que entendió la eximía de considerar las condiciones de mercado en las que los controles impuestos durante su gestión dificultan encarar proyectos.

 

Dijo que el déficit en las cuentas públicas se debe a la importación en el rubro energético y que esto, a su vez, se debe “al crecimiento económico” sin mencionar el incremento en los índices de pobreza y el descalabro que produjo con los subsidios  y la falta de inversión en el área junto a la confiscación y luego expropiación de la mayoría accionaria de la empresa petrolera (¿también con la tragicómica expresión ”de bandera”?).

 

En realidad lo que corresponde a un gobierno republicano es dedicarse primordialmente a la seguridad y la justicia, dos pilares que no son precisamente las características sobresalientes de esta gestión.

 

Finalmente dos temas: primero, llamó poderosamente la atención que una abogada exitosa se preguntara con cual Nisman se quedaba: si con el que la denunció públicamente o con escritos que eventualmente se encontraron entre los papeles del fiscal que para el meollo del caso resultan inconducentes, del mismo modo que cuando un escritor publica un libro y luego se encuentra otra versión entre sus pertenencias. Y segundo, fue del todo impropia, despectiva y amenazante la forma en que se refirió al Poder Judicial como una revancha a tanta imputación y procesamiento a funcionarios.

 

Hasta aquí los ejes centrales del último discurso presidencial ante la Asamblea Legislativa, ahora es de interés detenerse en aspectos que van más allá de un discurso y que revisten gran importancia para el futuro argentino.

 

La decadencia argentina es debida al abandono de la tradición alberdiana para sustituirla por un estatismo galopante desde los años treinta y acentuada a partir del peronismo. Como la actual mandataria lo cita al inventor de ese movimiento fascista y totalitario y hay quienes en la oposición reivindican sus banderas, es pertinente reiterar algunos hechos sobresalientes de ese régimen sobre los que me he referido con anterioridad, la última vez en “La Nación” de Buenos Aires el 31 de mayo de 2013.

 

Escribió Juan González Calderón sobre el período peronista en  No hay Justicia sin Libertad. Poder Judicial y Poder Perjudicial (Víctor P. de Zavalía Editor, 1956) : “La tiranía había abolido, como es de público y completo conocimiento, todos los derechos individuales, todas las libertades cívicas, toda manifestación de cultura, toda posibilidad de emitir otra voz que no fuese la del sátrapa instalado en la Casa de Gobierno con la suma del poder, coreada por sus obsecuentes funcionarios y legisladores, por sus incondicionales jueces, por sus domesticados sindicatos y por sus masas inconscientes”.

 

El 21 de junio de 1957 Perón le escribe desde su exilio a su compinche John William Cooke aconsejando que “Los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a los dueños, se quedarán son ella. Los que toman una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo, lo mismo que los que ocupen establecimientos de gorilas y los enemigos del pueblo. Los suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades, tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro” (Correspondencia Perón-Cooke, Garnica Editor, 1973, Tomo I).

 

Perón alentó las “formaciones especiales” (un eufemismo para enmascarar el terrorismo) y felicitó a los asesinos de Aramburu y de todas las tropelías de forajidos que asaltaban, torturaban, secuestraban y mataban. Declaró que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (Montevideo, Marcha, febrero 27, 1970). Al poco tiempo, en su tercer mandato, al percatarse que ciertos grupos terroristas apuntaban a copar su espacio de poder los echó de la Plaza de Mayo durante un acto y montó desde su ministerio de bienestar social (!!) otra estructura terrorista con la intención de deshacerse físicamente del otro bando. En ese tercer mandato, reiteró la escalada de corrupción y estatismo a través de su ministro de economía retornando a una inflación galopante, controles de precios y reinstalando la agremiación autoritaria de empresarios y sindicatos.

 

En el período 1945-1955 el costo de la vida se incrementó en un 500% y después de la afirmación de Perón de que no se podía caminar por los pasillos de la banca central debido a la cantidad de oro acumulado, la deuda pública se multiplicó por diez en los referidos años de los gobiernos de Perón y en el país del trigo escaseó el pan y se monopolizó el comercio exterior a través del IAPI que también constituyó una plataforma para la corrupción de funcionarios públicos, tal como, entre otros, puntualiza Eduardo Augusto García (Yo fui testigo, Luis Lassarre y Cia, 1971).

 

Por su parte, Américo Ghioldi escribe que “Eva Duarte ocupará un lugar en la historia de la fuerza y la tiranía americana […] el Estado totalitario reunió en manos de la esposa del Presidente todas las obras […] el Estado totalitario había fabricado de la nada el mito de la madrina […] en nombre de esta obra social la Fundación despojó a los obreros de parte se sus salarios” (El mito de Eva Perón, Montevideo, 1952).

 

Nada menos que Sebastián Soler, como Procurador General de la Nación, dictaminó que “El país se hallaba sometido a un gobierno despótico y en un estado de caos y corrupción administrativa” (Sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación sobre bienes mal habidos del dictador Juan Domingo Perón, Corte presidida por Alfredo Orgaz que confirmó lo dicho por el Procurador General).

 

Cierro para decir que el uso de la fantasiosa expresión “gorila” es utilizada cuando no hay argumentos para responder. Esto me recuerda el cuento de Borges titulado “El arte de injuriar” en el que uno de las personas que debatía le arrojó un vaso de vino a su contertulio a lo que éste le respondió “eso fue una digresión, espero su argumento”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

El liberalismo, la libertad de expresión y de culto:

Por Gabriel Boragina. Publicado el 17/1/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/01/el-liberalismo-la-libertad-de-expresion.html

 

Es muy frecuente que la gente caiga en el error de suponer que el liberalismo propugna un sistema social sin límites, donde cualquiera haga y diga lo que se le dé la gana siempre, en todo momento, en todo lugar y a cualquier costo. Nada más lejos de la verdad. Los que así opinan y creen, no saben absolutamente nada de la esencia de la sociedad libre (a veces también llamada sociedad abierta, liberal o expresiones equivalentes que nosotros usamos de manera indistinta por considerarlas a todas ellas sinónimas).
La libertad pregonada por el liberalismo es la libertad responsable, y no hay otra manera en que el liberalismo entienda la palabra libertad más que esta. En el sistema liberal, libertad y responsabilidad son solamente dos caras de la misma moneda. Siempre van juntas, nunca separadas.
El liberalismo implica que mi libertad termina donde empieza la libertad de mi prójimo, y el límite de una y de otra libertad -en una sociedad libre- siempre viene dado por el contrato o por la ley. Ya sea de manera contractual o de manera legal (en rigor lo convenido esta subsumido en lo legal) la sociedad liberal determina los límites y la esfera dentro de la cual las personas han de ejercer sus respectivas libertades.
Implícito al liberalismo es el marco institucional donde, desde la Constitución hasta el contrato es a lo que todo el mundo ha de sujetarse. En su sistema, todos somos iguales ante la ley.
Esto incluye tanto la libertad de acción como la de expresión. Sólo podemos proceder y expresarnos libremente en tanto y en cuanto, tal acción o manifestación no implique (ya sea a sabiendas o presumiblemente) un perjuicio a otro (u otros). Pero -en última instancia, y en caso de conflicto al respecto- quien establece en una sociedad liberal si existe o no un daño, es el poder judicial que, por la propia definición del liberalismo, ha de estar separado y ser independiente del poder ejecutivo y del legislativo. Y ello siempre a instancia de quien se considerare personalmente agraviado y no en ningún otro caso.
Lo contrario a esto sería lo opuesto al liberalismo, configuraría la sociedad autoritaria o la dictadura, en la que unos se arrogan el derecho a decidir e imponer a los demás “qué es” y lo “qué no es” la “libertad” y hasta donde se puede ejercer. Que -en este caso- ya no sería “libertad”, sino algo menos que eso, una especie de semi-libertad o una caricatura de ella, dado que quien debería definirla seria el dictador de turno (cargo al que muchos -si bien inconfesablemente- aspirarían).
En el liberalismo, nadie, ni gobernantes ni gobernados están autorizados a imponer por la fuerza sus creencias, convicciones, credos o acciones -o ausencia de ellas- en tal sentido contra ninguna otra persona, sea una o muchas. La sociedad abierta es la sociedad del respeto integral al otro, lo que implica el respeto absoluto a su conciencia, a sus ideas, de sus dichos y de sus acciones, siempre y cuando -reiteramos porque a veces no se entiende- ninguna de esas ideas, dichos, acciones, manifestaciones, etc. ocasionen un menoscabo a un tercero.
Esto alcanza obviamente también a la libertad religiosa y de conciencia. El respeto liberal incluye no burlarse agresiva, reiterativa, desafiante y provocativamente de las creencias (religiosas o anti-religiosas) que otros abriguen, aunque sean por completo contrarias a las nuestras. Pero, nuevamente, será el contrato, la ley o la sentencia de un juez (siguiendo todas las instancias que la misma ley establezca) quien fijará si existe o no la “ofensa” que se alega, y se actuará en consecuencia. Es así y de este modo cómo se mueven las sociedades liberales.
En las sociedades autoritarias, por el contrario, impera el pensamiento único, la justicia por mano propia, el atropello, la fuerza y la violencia, la imposición y la cárcel, ya vengan desde la cúpula del poder o desde el llano. Esto es lo que desean los antiliberales.
En suma, en el liberalismo no existe un “derecho a blasfemar o a ofender” como algunos -ya sea por ignorancia o por error, lo mismo da- anhelan ellos mismos creer y -(lo que es peor) intentan hacer creer a los demás. Mal podría la filosofía de la suma consideración al prójimo (la liberal) alegar semejante barrabasada. Porque el liberalismo es la antítesis del libertinaje y no su símil. La sociedad abierta es la sociedad del orden y de la deferencia estricta al otro. En todo caso, quien se considere damnificado por otro, deberá acudir ante los tribunales para hacer valer su derecho y obtener el pertinente reconocimiento judicial al que se siente acreedor. Y si aquel logra sentencia favorable, la misma deberá ser cumplida y respetada por quien hubiere perdido el pleito. Así actúa una genuina sociedad liberal.
Dado que lo que es muy gracioso para uno puede ser terriblemente ofensivo para otro (y viceversa), el límite entre el chiste y el agravio se traza a través del acuerdo voluntario entre las partes implicadas. Y cuando tal arreglo contractual se viola, por cualquiera de ellas o por ambas, es ante la justicia donde se dirime la cuestión en el derecho liberal.
Para ello a tal efecto, en los códigos penales liberales existen las figuras típicas de los delitos de calumnias e injurias, y una rica jurisprudencia prescribe -en cada caso concreto- el alcance que estos tipos penales tienen y qué hechos son los que los conforman e incluyen.
El liberalismo es un orden, y como tal, contrario al caos y a la desorganización. Se desenvuelve dentro de las instituciones que el mismo orden liberal establece. Estas son: una Constitución republicana, con estricta y férrea limitación del poder político; división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) cada uno con su propio imperio en su específica esfera, armonía y paz social por excelencia, en donde las libertades se ejercen dentro del marco del contrato y de la ley, lo que también se ha llamado la sociedad contractual en oposición a la sociedad hegemónica que quieren los antiliberales (por definición autoritarios y pro-dictadores).
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

DIÁLOGO DE SORDOS:

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Se ha establecido una telegráfica pero muy jugosa conversación entre un economista (E) y un jurista (J) “modernos” que intentan poner algo de luz en el camino para la concreción de políticas a los efectos de aplicarlas a los sufridos pueblos de la acuciante realidad del momento. Sin embargo, a pesar de que el diálogo que sigue puesto en su versión más cruda es cada vez más frecuente (aunque habitualmente con un léxico que disimula en algo el fondo del asunto), las recomendaciones que surgen del intercambio que a continuación se expone, insiste en recetas y consideraciones absolutamente contrarias al bienestar general. De más está decir que lo que sigue no cubre ni remotamente todo el territorio de las iniciativas “modernas”. Son apenas una muestra.

 

E: Sugiero que al efecto de este diálogo dejemos de lado por completo toda expresión técnica para que tenga la mayor difusión posible. Mi primer punto es que la compleja actualidad inexorablemente requiere la eliminación de cuajo del espíritu egoísta de los agentes económicos que solo se interesan en su bienestar personal sin importarles la situación de los necesitados. En este sentido, propongo la completa sustitución de la idea de comercio privado por la administración desinteresada de los gobiernos.

 

J: Me parece institucionalmente sensato y muy claro lo que dice, pero es de interés agregar que la tradicional división de poderes como si se tratara de una competencia en el contexto de una independencia suicida debe verse, en cambio, como un equipo que, en forma conjunta, se dedique a suplir los intereses mezquinos y contradictorios del liberalismo, de este modo desaparecerá la nefasta especulación y se estimulará la solidaridad entre las personas.

 

E: Naturalmente, la economía y las instituciones deben operar en tándem para que no quede vestigio del interés privado siempre disociado de la comunidad. En esta dirección y para lograr tan noble propósito debe sustituirse todo el cuadro de precios establecidos en base a la anarquía del mercado por indicadores fieles que obedezcan a las necesidades reales y no a fuerzas hegemónicas desarticuladas.

 

J: Interesante y valiosa propuesta pero no puede llevarse a cabo sin una aceptación por parte de los medios de comunicación, puesto que con una prensa basada en el negocio la dirección del tratamiento de las noticias irá a contracorriente de lo genuinamente popular. En este sentido,  comparto las políticas que han clausurado medios orales y escritos que no son afines a lo que le hace bien a la gente.

 

E: No solo eso, sino que las empresas estatales se apartan por completo de las fuerzas irracionales y ciegas del mercado para abocarse a lo que es prioritario según planificadores debidamente entrenados. Más aun, la publicidad debe reemplazarse por consejos de las distintas ramas gubernamentales para que puedan abastecer necesidades reales y no las impuestas por la publicidad.

 

J: También en línea con la sana institucionalidad y para hacer de apoyo logístico a lo que usted recomienda respecto a planificadores capacitados, las cátedras de leyes deberían unificarse en una universidad estatal, de lo contrario los reiterados debates y opiniones dispares conducen a la dispersión de esfuerzos y desperdicio de recursos.

 

E: Así es, idéntico proceso debería aplicarse a las cátedras de economía para reducir costos de transacción y para no caer en los problemas que usted destaca. La educación es un bien público que nunca debió cederse a los particulares ya que con ello se cae en el escepticismo, se entroniza al rey dinero y el descrédito de los programas de gobierno.

 

J: Retomo mi elaboración sobre el daño de la división de poderes y propongo que el Legislativo se convierta en el Comité del Partido con lo que también se evitará la competencia malsana entre legisladores para trabajar al unísono en pos del bienestar general sin palos en la rueda y así facilitar el diseño adecuado de las normas.

 

E: Sin duda que todo el esquema en el que estamos pensando debe tener muy presente la redistribución de ingresos, no en base a criterios individualistas sino fundamentados en la justicia social. Un canal muy productivo para tal fin consiste en la utilización de las valiosas herramientas fiscales progresivas para mantener en brete a los acaparadores y abrir cauce a la eficiente asignación de los recursos disponibles al tiempo que se fortalece el igualitarismo que es el basamento de la armonía comunitaria y de los estímulos más potentes para trabajar, todo lo cual solo puede llevarse a cabo recurriendo al instrumental y la visión de largo plazo macroeconómicas que proporcionan las políticas solventes de Estado.

 

J: En esta misma línea argumental, debe modificarse de raíz la noción liberal del derecho y reemplazarla por el derecho colectivista al efecto de dar cabida a los más necesitados hoy explotados por el capitalismo salvaje. Es indispensable ampliar derechos a los de la vivienda digna pero no meramente para pernoctar sino con los adecuados espacios con dormitorios amplios y bien iluminados y refrigerados, la  alimentación nutrida con los suficientes hidratos de carbono, vitaminas y minerales presentados en forma de platos con cierta sofisticación en concordancia con la mejor gastronomía del momento, la recreación y el deporte en grandes estadios con todas las instalaciones más modernas, salarios al nivel de los mejores del mundo con jornadas cortas y gratificantes a lo que debe agregarse bonus trimestrales sustanciosos, música funcional de alta calidad, refrescos disponibles y así sucesivamente.

 

E: No debe permitirse el contagio de otros países que adoptan políticas de especulación y negadoras de la dignidad del ser humano, por ende, el comercio exterior debe operar solamente para ingresar lo indispensable y establecer tipos de cambio favorables para exportar productos hechos en el país como manifestación de orgullo nacional.

 

J: En  este contexto, la propiedad con función eminentemente social debe establecerse en lugar de la irracional propiedad privada que ha servido para explotar a los más necesitados bajo el  paraguas devastador de la competencia que hunde a las sociedades en la desesperación y el abandono con lo que cunde la iniquidad institucionalizada.

 

E: Afortunadamente hay en la actualidad una cantidad notable de tesis doctorales, papers y presentaciones en congresos que concuerdan con nuestros puntos de vista pero desarrollados extensamente y en un lenguaje profesional y no meramente coloquial como hemos hecho en esta tan fructífera conversación.

 

J: Como usted abrió este diálogo lo cierro enfatizando la inmensa alegría del pueblo que tendrá lugar el día en que se apliquen rigurosamente y en su plenitud las políticas aquí apenas esbozadas a vuelapluma. En esta situación debe abandonarse la trampa liberal de los derechos individuales que solo sirven para que inescrupulosos arrebaten tajadas suculentas y, en su lugar, entronizar los derechos colectivos y la sujetividad plural.

 

Nota: este diálogo no es entre sordos porque los interlocutores no se escuchen, sino porque nos da la impresión que no prestan la más mínima atención al estudio de nexos causales y sobreimprimen fantasías que desembocan en curiosas y contradictorias conclusiones y porque las presentan como si fueran originales. De todos modos, agradecemos que en esta oportunidad no se hayan insertado integrales y derivadas ni se hayan utilizado términos considerados “técnicos” porque en los discursos no es infrecuente que aparezcan expresiones como las archiconocidas “programación funcional sistemática”, “estrategia operacional integrada”, “proyección logística paralela” y equivalentes que impresionan vivamente al lego y dan aliento a los planificadores de vidas y haciendas ajenas.

 

Para meditar con algún detenimiento, termino con una sesuda reflexión dirigida a aquellos que limitan la idea de la democracia a los números. Reflexión de Niall Ferguson en Civilizations. The West and the Rest: “Algunas personas comenten el error de llamar esa idea ´democracia´ e imaginan que cualquier país puede adoptarla simplemente convocando a elecciones. En realidad, la democracia obedece a un  edificio que tuvo su piedra fundamental en el Estado de Derecho, para ser preciso, en la santidad de las libertades individuales y en la garantía de los derechos de propiedad privada asegurada por gobiernos representativos y constitucionales”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

¿Qué país dejará el kirchnerismo?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 28/4/14 en http://economiaparatodos.net/que-pais-dejara-el-kirchnerismo/

 

¿Debe el gobierno de CFK compararse con el 2001, con el 2003, o con el 2006?

En una de sus últimas apariciones por cadena nacional, Cristina Kirchner dijo que estaba dejando un país mejor del que recibió a sus sucesores. Las reacciones no se hicieron esperar. ¿Debe el gobierno de CFK compararse con el 2001, con el 2003, o con el 2006? La trampa estadística de referirse a la peor situación de la crisis no sólo vicia los resultados de cualquier indicador económico, sino que Néstor Kirchner no fue presidente recién hasta mayo del 2003. El panorama no es tan alentador para CFK si en lugar de tomar el inicio del Kirchnerismo, se toma el inicio de su presidencia en el 2007. La mayoría de las reacciones a los dichos de CFK, sin embargo, pasaron por alto el ámbito institucional, justamente donde más daño se hecho en la última década.

Antes de hacer un breve comentario sobre el deterioro institucional, es oportuno recordar algunos de los problemas de evaluar una presidencia única (o principalmente) en base a indicadores económicos. En primer lugar, no deja de ser curioso que este sea el punto de referencia no sólo del Kirchnerismo, sino también de la oposición cuando la credibilidad del INDEC es casi nula. Como si esto fuera poco, en las últimas semanas se han corregido sustancialmente indicadores centrales como el PBI, la inflación, se alegaron “problemas de empalme” para calcular pobreza e indigencia, y recientemente también se corrigieron los resultados de comercio exterior. Todos indicadores que el Kirchnerismo y autoridades del INDEC defendieron frente a estimaciones privadas que ahora, con una notable amnesia, reconocen al corregir los propios indicadores del INDEC.

En segundo lugar, la importante distinción conceptual entre crecimiento y recuperación. En economía no todo aumento del PBI es crecimiento. Crecimiento es un aumento en la capacidad productiva. Recuperación, en cambio, es un aumento del PBI luego de una caída hasta que alcanza su nivel potencial nuevamente. Crecer es ser más alto. Recuperarse es pararse luego de tropezarnos y caernos. Interpretar las tasas chinas de aumento del PBI como si fuesen únicamente crecimiento económico es un serio error de diagnóstico. Empujar con política monetaria (canalizado a través de política fiscal) el PBI confundiendo recuperación con crecimiento lleva a que, una vez alcanzado el nivel potencial de producción, comiencen a surgir presiones inflacionarias y pérdida de reservas por tener que importar la energía que no se puede producir localmente. Como ya he dicho en otra ocasión, esto no quiere decir que no haya habido crecimiento en Argentina, pero sí anestesia el entusiasmo ciego con el que el Kirchnerismo se refiere a las tasas chinas de aumento del PBI. Por lo tanto, bien podría afirmarse que la economía Argentina durante el Kirchnerismo se recuperó a pesar del Kirchnerismo, no gracias al Kirchnerismo. De lo contrario, ¿por qué tantos desequilibrios económicos?

Finalmente, es importante no confundir mejora en los indicadores económicos con tener una economía saludable. Que una economía saludable produzca buenos indicadores económicos no quiere decir que al ver buenos indicadores económicos podamos concluir que la economía se encuentra en buen estado. Aumentar el gasto y empleo público pueden mejorar estos indicadores, pero sería un error de diagnóstico concluir que la economía se encuentra sana y pujante. Lo importante no es la dirección que toman los indicadores económicos, sino el por qué se mueven. Estos problemas hacen que evaluar el desempeño económico del Kirchnerismo sea por lo menos ambiguo. Cualquier evaluación, a favor o en contra, puede encontrar sustento en dudosos indicadores económicos libres de ser interpretados de distinta manera.

En al ámbito institucional, sin embargo, hay pocas dudas del deterioro que ha producido el Kirchnerismo. Los indicadores institucionales cumplen un rol informativo distinto al de las variables económicas como el PBI o el desempleo. El marco institucional de un país (respeto a los derechos de propiedad, división de poderes, estado de derecho, etc.) determinan la situación económica de un país a largo plazo. Es decir, mientras la política económica puede tener efectos en el corto y mediano plazo, en el largo plazo lo que diferencia a las naciones ricas de las pobres no son sus políticas económias, son sus instituciones. Corea del Norte no tiene el desarrollo de Corea del Sur por problemas de política económica, el problema es institucional. Esto también quiere decir que los indicadores institucionales no marcan la situación económica presente de un país, marcan el camino que el país está tomando a largo plazo. Mientras el marco institucional define el nivel de desarrollo al que se converge, la política económica puede producir oscilaciones alrededor de esa tendencia, pero no definen la tendencia. No es casualidad ni capricho que los economistas insistamos tanto en los problemas institucionales de Argentina.

Es en esta materia donde el daño del Kirchnerismo es inequívoco. Existen distintas mediciones (lo más objetivas posibles) que ofrecen estimaciones y rankings sobre distintas áreas de calidad institucional. El siguiente gráfico muestra la posición relativa de Argentina entre los países rankeados de cinco indicadores. Es decir, cuál es la posición de Argentina en la tabla de posiciones donde 0 corresponde al primer ranking y 100 a estar en el último lugar. En el gráfico se puede ver la evolución del ranking en (1) el Index of Economic Freedom (Heritage Foundation and Wall Street Journal), (2) Economic Freedom of the World (Fraser Institute), (3) Índice de Calidad Institucional (Fundación Libertad y Progreso), (4) Corruption Perception Index (Transparency International) y (5) los tres resultados PISA [matemática, ciencia, y comprensión de texto] (OECD).

Ya sea que se CFK se quiera comprar con el inicio de su presidencia en el 2007 o con el inicio del Kirchnerismo en el 2003, los resultados dejan mucho que desar. En los indicadores económicos se ve que Nestor Kirchner no logró mejorar el ranking del país, ya ubicado en la mitad inferior de la tabla. Se aprecia, sin embago, un colapso a partir del 2007 cuando CFK asume su mandato. Actualmente Argentina rankea entre el 10% de los países con menor libertad económica. Nuevamente, esto no quiere decir que Argentina sea hoy un país pobre, pero sí marca tendencia de largo plazo. Esto también sugiere que la pérdida de libertad económica comezó antes del Kirchnerismo. El rechazo a las libertades económicas en la clase política trascienden al Kirchnerismo.

El Índice de Calidad Institucional (comienza en el 2007) también muestra un acelerado deterioro. La calidad institucional tampoco es un área donde CFK pueda alegar dejar un país mejor del que recibió.

Por último, la percepción de corrupción y el desempeño educativo en los exámenes PISA tampoco muestran mejoras importantes. Ni Nestor Kirchner ni CFK han logrado disminuir la percepción de corrupción. Se hacec dificil defender un gobierno que se mantienen en la mitad inferior del ranking en cuanto a percepción de corrupción. Los casos de Skanka, Ricardo Jaime, Ciccone, administración de trenes, y un sin número de situaciones patrimoniales inexplicables no contribuyen a la autoridad moral del gobierno que impone una presión fiscal cercana al 50% del PBI. Que el Kirchnerismo haya gobernado una décad con largo períodos de mayoría en ambas cámaras del Congreso les impone una responsabilidad mayúscula en este problema.

Los resultados PISA tampoco son alentadores. Ciertamente hay una mejora en la posición relativa en el 2009. Sin embargo, cuando se está tan abajo sólo se puede subir. Este aumento puede deberse a la incorporación de nuevos países que mejora la posicion relativa del país en la muestra sin que por ello haya mejoras educativas. Una buena política educativa no hubiese producido la caída en el ranking que se ve en el 2012.

El evaluar el gobierno Kirchnerista en base a indicadores económicas es quedarse con el árbol y perderse el bosque. Un país está formado por sus instituciones primero y por su economía después. Los efectos de las mejoras y de los deterioros institucionales llevan tiempo, pero no por ello son menos reales. Más allá de los costos económicos de corto plazo, el Kirhnerismo está dejando costos institucionales de largo plazo. La oposición que busca ser gobierno luego del Kirchnerismo no debe confundir movimientos económicos de corto palzo (convenientemente contrastados contra una crisis como la del 2001) con la tendencia a largo plazo que el marco institucional. El Kirchnerismo deja un país con un marco institucional en clara oposición al país que Argentina quiere y puede ser.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Democracia no es lo mismo que libertad

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 10/3/14 en: http://economiaparatodos.net/democracia-no-es-lo-mismo-que-libertad/

 

Si hay algo que los recientes sucesos en Venezuela deben dejar en claro, es que vivir en democracia no es lo mismo que vivir en libertad

Tan importante es esta diferencia que en piases que se dicen democráticos como Venezuela, aquellos que reclaman por sus libertades individuales mueren bajo la mano del mismo estado que se supone debe protegerlos. Es preocupante ver la confusión que hay en la opinión pública, medios, e incluso en políticos de carrera respecto a esta distinción que los hechos nos muestran pueden llevar separar entre la vida y la muerte. Defender la violencia del gobierno de Maduro porque fue elegido “democráticamente” es confundir medios con fines. La democracia no es un fin en sí mismo, es un medio para cambiar gobiernos de manera pacífica, no un método para pasar de un autoritarismo a otro. Son las instituciones republicanas (estado de derechos, igualdad ante la ley, y división de poderes) lo que nos lleva a vivir en libertad. Lamentablemente vivir en democracia no alcanza. La historia nos enseña que la diferencia entre democracia sin república y dictaduras puede ser materia discutible. ¿Qué diferencia a un dictador que pone presos a sus opositores y no se inmuta ante la muerte de sus ciudadanos de un “demócrata” que hace lo mismo utilizando el argumento del voto como excusa? ¿Desde cuándo los votos dan derecho a ejercer el poder de manera autoritaria?

 

Los liberales clásicos fueron muy claros y cuidadosos en distinguir entre democracia como método de elección a través del voto y un gobierno limitado que no puede abusar de su poder. Hayek diferenciaba explícitamente entre “democracia limitada” (república) y “democracia ilimitada” (autoritarismo.) Lo primero lleva al desarrollo y crecimiento económico. Lo segundo lleva a pobreza y perdida de libertades individuales. No es casualidad que las democracias ilimitadas esten gobernadas por una clase política con grandes riquezas y un pueblo empobrecido. Es tan impreciso como injusto criticar a Hayek por sus reparos a las democracias ilimitadas como si su postura fuese una crítica a las democracias limitadas. Pero lo cierto es que las críticas de la izquierda y el socialismo no siempre se caracterizan por su rigurosidad y cuidado. Mises también llamaba la atención sobre el problema de que si bien la democracia garantiza el cambio pacífico del gobernante de turno de ninguna manera garantiza que las mayorías voten correctamente. Hitler, Perón, Allende, Chavez, Maduro, y los Kirchner son sólo algunos casos que muestran que la democracia puede llevar al poder a gobiernos que limitan en lugar de proteger las libertades individuales.

 

Cuando no se vinculan los conceptos de “democracia” y “gobierno limitado” la historia nos muestra que el resultado pueden ser gobiernos autoritarios. Tomar el poder con los votos en lugar de con las armas no puede ser excusa para justificar autoritarismos como los que aún persisten en varios países de latino américa. Los límites institucionales son fundamentales dado que la democracia lleva a los candidatos a hacer promesas que no pueden cumplir o que requieren de violentar los derechos y propiedad de la minoría a favor de la mayoría. Estas promesas llevan a incrementar el gasto público, a otorgar beneficios, protecciones a empresarios amigos del poder, etc. Es decir, todas medidas que atentan contra la creación de la riqueza necesaria para mantener las promesas incumplibles que el candidato populista hace durante su campaña. Que el “argumento liberal (libre mercado y libertades individuales) no sea políticamente correcto no hace del socialismo y populismo sistemas virtuosos. Si ese fuera el caso, no sería necesario imponer con métodos violentos el Socialismo del Siglo XXI. Ganar votos y tener razón son cosas bien distintas.

 

Buchanan argumentaba que en la naturaleza humana se encuentra la necesidad de sentir protección. El rol que en una época cumplía la religión, hoy es ocupado por el Dios estado. La responsabilidad y la incertidumbre de hacerse cargo de los propios aciertos y desaciertos no es una idea atractiva cuando se puede usar la democracia como excusa para apropiarse de la propiedad de terceros o para protegerse de la competencia. Esta estatolatría nos ofrece falsas esperanzas a las cuales la sociedades se siguen aferrando.

 

Argentina no ha tenido la mejor experiencia en lo que respecta al liberalismo. Ante lo poco atractivo de estas ideas, algunos liberales ceden a sus principios para obtener votos con la esperanza de producir algún cambio desde adentro de la política. Pero el resultado es generar aún más confusión sobre qué es y no es el liberalismo. ¿Cuánto tiempo hay que dedicar a explicar que Martínez de Hoz no era liberal? ¿Cuánto tiempo hay que dedicar, por ejemplo, a explicar que los 90 no fueron una década liberal y que neoliberalismo no es lo mismo que liberalismo? Los liberales clásicos a veces tenemos la impresión de tener que dedicar más tiempo a explicar que no es liberalismo que a tener que explicar sus beneficios y límites.

 

Es esta falta de separación entre democracia y libertad (república) es lo que termina llevando a manifestaciones como las que se ven en Venezuela y han ocurrido en Argentina en los últimos años. Cuando la clase política dice, por ignorancia o desinterés, que hay que respetar a un gobierno que dice “ir por todo” porque ganó las elecciones, entonces el ciudadano ya no puede confiar en sus representantes para que protejan su patrimonio y libertades individuales. La dirigencia política debe recordar que ser políticamente correcto puede ser institucionalmente peligroso. Roza la hipocresía el político que pide al ciudadano que vote mejor mientras él apoya democracias ilimitadas porque es la postura políticamente correcta. La legitimidad de un gobierno no proviene sólo del voto, es un requisito necesario que el gobierno respete los principios republicanos.

 

Mientras los que se dicen opositores a la democracia ilimitada del Kirchnerismo balbuceen cuando se les pregunta por la situación en Venezuela, como si este no fuese un caso lo suficientemente claro de abuso inexcusable de poder, Argentina difícilmente tenga por delante cambios institucionales profundos. Es importante, entonces, que la ciudadanía tenga presente la importancia de la república para el largo plazo y le exija a la clase política lo que no puede o no quiere ofrecer: república con estado de derecho.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

La antipolítica llega al poder

Por Alberto Benegas Lynch. Publicado el 29/3/13 en http://www.lanacion.com.ar/1567766-la-antipolitica-llega-al-poder

En las elecciones parlamentarias de Italia del mes pasado, Giuseppe Piero Grillo (Beppe) obtuvo un apoyo electoral realmente descomunal: un 25% de los sufragios, ocho millones de votos. Beppe es un contador devenido en cómico y destacado showman de la televisión que cataliza las frustraciones de los italianos, especialmente de la gente joven asqueada de la corrupción de los políticos, de sus privilegios, sus arrogancias descomunales y sus crecientes atropellos, todo a espaldas de ciudadanos absortos con el triste y reiterado espectáculo de un bochorno sin solución de continuidad.

The Economist lo tilda de “estrella naciente”, la revista Times lo menciona como “uno de los héroes en la batalla contra la corrupción política”, Businessweek sostiene que países como “Francia necesitan un Beppe Grillo” y el semanario Zona Crítica concluye que el personaje de marras “no es un cómico sino un desinfectante”.

Beppe Grillo fundó el Movimiento Cinco Estrellas, al que Mario Di Giorgio -director de una señal de televisión digital en Milán- denomina “el movimiento antisistema”, establecido para lograr su cometido de llamar la atención sobre los estropicios de la clase política y administra un blog consultado por millones de personas en italiano, inglés y japonés. Insiste en que “se está terminando una época” y pretende contribuir al nacimiento de otra algo más oxigenada.

Algunas de sus propuestas resultan confusas, como en materia de ecología y economía, y suele intercalar chanzas: “Si es cierto que en China todos son socialistas, ¿a quién pueden robar?”. En definitiva, en línea con las palabras de Golda Meir -“Nada es tan escandaloso como cuando nada nos escandaliza”-, lo que vale del ahora célebre Beppe no son tanto sus propuestas sino, como queda dicho, el llamado de atención sobre la debacle de las estructuras políticas del momento.

La idea de la democracia complementada con la noción republicana implica el respeto a los derechos de las minorías, el recato y la sobriedad en la administración del poder, el federalismo, la transparencia, la división de poderes, la seguridad jurídica y la igualdad ante la ley en el contexto del afianzamiento de la justicia. Hoy se ha producido una peligrosa y extendida metamorfosis de la democracia que ha mutado en cleptocracia, es decir, en gobiernos de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida. En otros términos, una burla grotesca a la buena fe de los habitantes de los países del llamado mundo libre.

Cada vez más suben los impuestos para no entregar prácticamente nada como contrapartida, mientras los consabidos fariseos de las pseudofinanzas machacan con el equilibrio fiscal no importa si los contribuyentes sobreviven al reiterado experimento. Con un poco de imaginación para salirse del brete conservador, debería prohibirse el endeudamiento público por incompatible con la democracia, ya que compromete patrimonios de futuras generaciones que no participan en el proceso electoral del que resulta elegido el gobernante que contrajo la deuda. Debería también liquidarse la banca central que siempre destruye el valor del dinero y permitirse que la gente elija los activos monetarios de su preferencia tal como se ha fundamentado en múltiples ensayos de gran calado y, entonces, que se las arreglen los gobernantes con ingresos presentes formados por los impuestos, al tiempo que deben estimularse y aplaudirse las rebeliones fiscales como signo de dignidad y autoestima cuando los gobiernos se extralimitan.

Como una ilustración de las preocupaciones que surgen en el seno del Movimiento Cinco Estrellas, señalo que tal vez una de las primeras medidas de un gobierno razonable debería consistir en la eliminación de todas las embajadas con sus pompas, privilegios y mansiones principescas. La embajada es una idea de la época de las carretas, cuando las comunicaciones eran muy deficientes y había que adelantarse a los acontecimientos. Hoy, con las teleconferencias y demás herramientas extraordinarias que brinda la tecnología moderna, ese tipo anacrónico de diplomacia no tiene sentido. Con un modesto consulado es más que suficiente. Incluso para las relaciones comerciales resultan superfluas las embajadas. Guatemala no mantiene relaciones diplomáticas con China y sin embargo es el país latinoamericano que más comercio exhibe con los chinos en relación con su producto.

En su muy difundido discurso ante miles y miles de jóvenes en la Piazza San Giovanni titulado “El redescubrimiento de la condición humana”, Grillo no sólo se refirió a la pompa de funcionarios -como los embajadores y sus cortes-, sino que la emprendió contra banqueros y economistas. No es para menos si se tiene en cuenta el fraude legal que significa el sistema de reserva fraccional manipulado por la banca central que permite el privilegio de usar recursos de terceros, y cuando se producen cambios en la demanda de dinero los desfases son cubiertos por las autoridades del momento. No es para menos si se tiene en cuenta que los economistas del establishment, con el apoyo de absurdas instituciones financieras internacionales, repiten a coro la necesidad de elevar la presión tributaria y la deuda, con lo que propinan golpe tras golpe a los azorados trabajadores de todos los ramos, quienes constatan una y otra vez las dádivas entregadas graciosamente a los amigos del poder, inaceptables a los ojos de cualquier persona decente. Esto así no resistirá mucho tiempo y siempre está al acecho el peligro de embestir contra un capitalismo inexistente y, por ende, acentuar los males que se pretende remediar. En este contexto es que Giovanni Sartori dice que Grillo “es un demagogo sin ideas”.

De cualquier modo, debemos estar en guardia permanente si queremos preservar nuestras libertades. Para ello es menester trabajar las neuronas a efectos de limitar al poder. Son muchas las posibilidades, pero hay tres propuestas dirigidas a los tres poderes que son de interés debatir. Las tres propuestas pertenecen respectivamente a Friedrich Hayek, para el Poder Legislativo; a Bruno Leoni, para el Judicial, y a Montesquieu, aplicable al Ejecutivo, quien escribe que “el sufragio por sorteo está en la índole de la democracia”, con lo que los incentivos operarán en dirección a proteger vidas y haciendas, dado que cualquiera puede ser elegido. Esto significa la preocupación por limitar las facultades de los gobernantes, es decir, limitar el poder que es precisamente lo que se requiere puesto que, como lo ha destacado Popper, el problema no radica en quién ha de gobernar sino en el establecimiento de instituciones “para que el gobierno haga el menor daño posible”.

El antedicho proceso electoral parlamentario en Italia revela atisbos esperanzadores, en medio de la sucesión de dictadores electos como ocurre en Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, para no decir nada de la fantochada cubana y lo que viene sucediendo con un Leviatán desbocado en la Argentina que deglute a pasos agigantados los restos de la tradición alberdiana que van quedando, muy especialmente después del desfachatado acuerdo con el gobierno terrorista de Irán.

La Stampa pone de manifiesto que “hemos votado el Parlamento más ingobernable de la historia”, pero estas elecciones reflejan un hartazgo saludable, lo cual constituye el primer paso para una posible rectificación en el mundo de la política convencional de la época, por más que en este caso eventualmente haya que repetir las elecciones para formar gobierno.

Vivimos la crisis de aparatos estatales elefantiásicos que abandonan las funciones de brindar justicia y seguridad para internarse en faenas que auguran la demolición del derecho y pretenden convertir a la sociedad en un inmenso e insostenible círculo donde todos tienen las manos metidas en los bolsillos del prójimo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

 

El cepo a la palabra

Por Agustín Etchebarne. Publicado el 13/3/13 en http://opinion.infobae.com/agustin-etchebarne/2013/03/13/el-cepo-a-la-palabra/

La República es la forma de gobierno que divide el poder de manera que nadie sea demasiado poderoso. Es un sistema de pesos y contrapesos, primero se divide entre el Ejecutivo, la Justicia y el Legislativo; segundo se divide territorialmente (Nación, Provincias y Municipios), lo que se llama federalismo. Y finalmente aparece la prensa libre como un contrapeso indispensable de los demás poderes. Es decir, la prensa debe ser independiente. Esto no significa que sea independiente del dueño del diario o del canal de televisión, sino que los dueños de esos medios deben ser independientes del Gobierno. La prensa, entonces, sirve para escudriñar y sacar a luz ideas o hechos que un gobierno desea esconder, para iluminar y transparentar donde está oscuro, y combatir la corrupción. Eso les da cierto poder, y por eso se denomina “el cuarto poder”.

Nuestra Constitución garantiza magistralmente estos derechos: en el artículo 32 expresa literalmente: “El Congreso federal no dictará leyes que restrinjan la libertad de imprenta o establezcan sobre ella la jurisdicción federal” y en el artículo 14 garantiza el derecho de “publicar sus ideas por la prensa sin censura previa”.

Pero estas garantías y derechos se convierten en una fantasía cuando un funcionario de tercera categoría logra forzar a empresarios privados para que no publiquen avisos en determinados diarios. Basta con constatar que algunos medios han perdido un tercio de la facturación las últimas semanas. Cualquier empresa con altos costos fijos, como lo es un periódico, si pierde un tercio de la facturación está destinada a quebrar o vender.

Es el momento en que la Justicia debe restablecer el equilibro constitucional, de otro modo, sólo quedará el recurso de que la sociedad civil vuelva a enarbolar el viejo grito sagrado de nuestro himno nacional: “Libertad, Libertad, Libertad“.

Agustín Etchebarne es Lic en Economía (UBA); Máster en Desarrollo Económico (ISVE), posgrado en Comercialización Estratégica de la (UB). Ex profesor de Análisis Económico y Financiero en la Facultad de Derecho de la UBA y profesor de ESEADE.