¿Qué país dejará el kirchnerismo?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 28/4/14 en http://economiaparatodos.net/que-pais-dejara-el-kirchnerismo/

 

¿Debe el gobierno de CFK compararse con el 2001, con el 2003, o con el 2006?

En una de sus últimas apariciones por cadena nacional, Cristina Kirchner dijo que estaba dejando un país mejor del que recibió a sus sucesores. Las reacciones no se hicieron esperar. ¿Debe el gobierno de CFK compararse con el 2001, con el 2003, o con el 2006? La trampa estadística de referirse a la peor situación de la crisis no sólo vicia los resultados de cualquier indicador económico, sino que Néstor Kirchner no fue presidente recién hasta mayo del 2003. El panorama no es tan alentador para CFK si en lugar de tomar el inicio del Kirchnerismo, se toma el inicio de su presidencia en el 2007. La mayoría de las reacciones a los dichos de CFK, sin embargo, pasaron por alto el ámbito institucional, justamente donde más daño se hecho en la última década.

Antes de hacer un breve comentario sobre el deterioro institucional, es oportuno recordar algunos de los problemas de evaluar una presidencia única (o principalmente) en base a indicadores económicos. En primer lugar, no deja de ser curioso que este sea el punto de referencia no sólo del Kirchnerismo, sino también de la oposición cuando la credibilidad del INDEC es casi nula. Como si esto fuera poco, en las últimas semanas se han corregido sustancialmente indicadores centrales como el PBI, la inflación, se alegaron “problemas de empalme” para calcular pobreza e indigencia, y recientemente también se corrigieron los resultados de comercio exterior. Todos indicadores que el Kirchnerismo y autoridades del INDEC defendieron frente a estimaciones privadas que ahora, con una notable amnesia, reconocen al corregir los propios indicadores del INDEC.

En segundo lugar, la importante distinción conceptual entre crecimiento y recuperación. En economía no todo aumento del PBI es crecimiento. Crecimiento es un aumento en la capacidad productiva. Recuperación, en cambio, es un aumento del PBI luego de una caída hasta que alcanza su nivel potencial nuevamente. Crecer es ser más alto. Recuperarse es pararse luego de tropezarnos y caernos. Interpretar las tasas chinas de aumento del PBI como si fuesen únicamente crecimiento económico es un serio error de diagnóstico. Empujar con política monetaria (canalizado a través de política fiscal) el PBI confundiendo recuperación con crecimiento lleva a que, una vez alcanzado el nivel potencial de producción, comiencen a surgir presiones inflacionarias y pérdida de reservas por tener que importar la energía que no se puede producir localmente. Como ya he dicho en otra ocasión, esto no quiere decir que no haya habido crecimiento en Argentina, pero sí anestesia el entusiasmo ciego con el que el Kirchnerismo se refiere a las tasas chinas de aumento del PBI. Por lo tanto, bien podría afirmarse que la economía Argentina durante el Kirchnerismo se recuperó a pesar del Kirchnerismo, no gracias al Kirchnerismo. De lo contrario, ¿por qué tantos desequilibrios económicos?

Finalmente, es importante no confundir mejora en los indicadores económicos con tener una economía saludable. Que una economía saludable produzca buenos indicadores económicos no quiere decir que al ver buenos indicadores económicos podamos concluir que la economía se encuentra en buen estado. Aumentar el gasto y empleo público pueden mejorar estos indicadores, pero sería un error de diagnóstico concluir que la economía se encuentra sana y pujante. Lo importante no es la dirección que toman los indicadores económicos, sino el por qué se mueven. Estos problemas hacen que evaluar el desempeño económico del Kirchnerismo sea por lo menos ambiguo. Cualquier evaluación, a favor o en contra, puede encontrar sustento en dudosos indicadores económicos libres de ser interpretados de distinta manera.

En al ámbito institucional, sin embargo, hay pocas dudas del deterioro que ha producido el Kirchnerismo. Los indicadores institucionales cumplen un rol informativo distinto al de las variables económicas como el PBI o el desempleo. El marco institucional de un país (respeto a los derechos de propiedad, división de poderes, estado de derecho, etc.) determinan la situación económica de un país a largo plazo. Es decir, mientras la política económica puede tener efectos en el corto y mediano plazo, en el largo plazo lo que diferencia a las naciones ricas de las pobres no son sus políticas económias, son sus instituciones. Corea del Norte no tiene el desarrollo de Corea del Sur por problemas de política económica, el problema es institucional. Esto también quiere decir que los indicadores institucionales no marcan la situación económica presente de un país, marcan el camino que el país está tomando a largo plazo. Mientras el marco institucional define el nivel de desarrollo al que se converge, la política económica puede producir oscilaciones alrededor de esa tendencia, pero no definen la tendencia. No es casualidad ni capricho que los economistas insistamos tanto en los problemas institucionales de Argentina.

Es en esta materia donde el daño del Kirchnerismo es inequívoco. Existen distintas mediciones (lo más objetivas posibles) que ofrecen estimaciones y rankings sobre distintas áreas de calidad institucional. El siguiente gráfico muestra la posición relativa de Argentina entre los países rankeados de cinco indicadores. Es decir, cuál es la posición de Argentina en la tabla de posiciones donde 0 corresponde al primer ranking y 100 a estar en el último lugar. En el gráfico se puede ver la evolución del ranking en (1) el Index of Economic Freedom (Heritage Foundation and Wall Street Journal), (2) Economic Freedom of the World (Fraser Institute), (3) Índice de Calidad Institucional (Fundación Libertad y Progreso), (4) Corruption Perception Index (Transparency International) y (5) los tres resultados PISA [matemática, ciencia, y comprensión de texto] (OECD).

Ya sea que se CFK se quiera comprar con el inicio de su presidencia en el 2007 o con el inicio del Kirchnerismo en el 2003, los resultados dejan mucho que desar. En los indicadores económicos se ve que Nestor Kirchner no logró mejorar el ranking del país, ya ubicado en la mitad inferior de la tabla. Se aprecia, sin embago, un colapso a partir del 2007 cuando CFK asume su mandato. Actualmente Argentina rankea entre el 10% de los países con menor libertad económica. Nuevamente, esto no quiere decir que Argentina sea hoy un país pobre, pero sí marca tendencia de largo plazo. Esto también sugiere que la pérdida de libertad económica comezó antes del Kirchnerismo. El rechazo a las libertades económicas en la clase política trascienden al Kirchnerismo.

El Índice de Calidad Institucional (comienza en el 2007) también muestra un acelerado deterioro. La calidad institucional tampoco es un área donde CFK pueda alegar dejar un país mejor del que recibió.

Por último, la percepción de corrupción y el desempeño educativo en los exámenes PISA tampoco muestran mejoras importantes. Ni Nestor Kirchner ni CFK han logrado disminuir la percepción de corrupción. Se hacec dificil defender un gobierno que se mantienen en la mitad inferior del ranking en cuanto a percepción de corrupción. Los casos de Skanka, Ricardo Jaime, Ciccone, administración de trenes, y un sin número de situaciones patrimoniales inexplicables no contribuyen a la autoridad moral del gobierno que impone una presión fiscal cercana al 50% del PBI. Que el Kirchnerismo haya gobernado una décad con largo períodos de mayoría en ambas cámaras del Congreso les impone una responsabilidad mayúscula en este problema.

Los resultados PISA tampoco son alentadores. Ciertamente hay una mejora en la posición relativa en el 2009. Sin embargo, cuando se está tan abajo sólo se puede subir. Este aumento puede deberse a la incorporación de nuevos países que mejora la posicion relativa del país en la muestra sin que por ello haya mejoras educativas. Una buena política educativa no hubiese producido la caída en el ranking que se ve en el 2012.

El evaluar el gobierno Kirchnerista en base a indicadores económicas es quedarse con el árbol y perderse el bosque. Un país está formado por sus instituciones primero y por su economía después. Los efectos de las mejoras y de los deterioros institucionales llevan tiempo, pero no por ello son menos reales. Más allá de los costos económicos de corto plazo, el Kirhnerismo está dejando costos institucionales de largo plazo. La oposición que busca ser gobierno luego del Kirchnerismo no debe confundir movimientos económicos de corto palzo (convenientemente contrastados contra una crisis como la del 2001) con la tendencia a largo plazo que el marco institucional. El Kirchnerismo deja un país con un marco institucional en clara oposición al país que Argentina quiere y puede ser.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Democracia no es lo mismo que libertad

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 10/3/14 en: http://economiaparatodos.net/democracia-no-es-lo-mismo-que-libertad/

 

Si hay algo que los recientes sucesos en Venezuela deben dejar en claro, es que vivir en democracia no es lo mismo que vivir en libertad

Tan importante es esta diferencia que en piases que se dicen democráticos como Venezuela, aquellos que reclaman por sus libertades individuales mueren bajo la mano del mismo estado que se supone debe protegerlos. Es preocupante ver la confusión que hay en la opinión pública, medios, e incluso en políticos de carrera respecto a esta distinción que los hechos nos muestran pueden llevar separar entre la vida y la muerte. Defender la violencia del gobierno de Maduro porque fue elegido “democráticamente” es confundir medios con fines. La democracia no es un fin en sí mismo, es un medio para cambiar gobiernos de manera pacífica, no un método para pasar de un autoritarismo a otro. Son las instituciones republicanas (estado de derechos, igualdad ante la ley, y división de poderes) lo que nos lleva a vivir en libertad. Lamentablemente vivir en democracia no alcanza. La historia nos enseña que la diferencia entre democracia sin república y dictaduras puede ser materia discutible. ¿Qué diferencia a un dictador que pone presos a sus opositores y no se inmuta ante la muerte de sus ciudadanos de un “demócrata” que hace lo mismo utilizando el argumento del voto como excusa? ¿Desde cuándo los votos dan derecho a ejercer el poder de manera autoritaria?

 

Los liberales clásicos fueron muy claros y cuidadosos en distinguir entre democracia como método de elección a través del voto y un gobierno limitado que no puede abusar de su poder. Hayek diferenciaba explícitamente entre “democracia limitada” (república) y “democracia ilimitada” (autoritarismo.) Lo primero lleva al desarrollo y crecimiento económico. Lo segundo lleva a pobreza y perdida de libertades individuales. No es casualidad que las democracias ilimitadas esten gobernadas por una clase política con grandes riquezas y un pueblo empobrecido. Es tan impreciso como injusto criticar a Hayek por sus reparos a las democracias ilimitadas como si su postura fuese una crítica a las democracias limitadas. Pero lo cierto es que las críticas de la izquierda y el socialismo no siempre se caracterizan por su rigurosidad y cuidado. Mises también llamaba la atención sobre el problema de que si bien la democracia garantiza el cambio pacífico del gobernante de turno de ninguna manera garantiza que las mayorías voten correctamente. Hitler, Perón, Allende, Chavez, Maduro, y los Kirchner son sólo algunos casos que muestran que la democracia puede llevar al poder a gobiernos que limitan en lugar de proteger las libertades individuales.

 

Cuando no se vinculan los conceptos de “democracia” y “gobierno limitado” la historia nos muestra que el resultado pueden ser gobiernos autoritarios. Tomar el poder con los votos en lugar de con las armas no puede ser excusa para justificar autoritarismos como los que aún persisten en varios países de latino américa. Los límites institucionales son fundamentales dado que la democracia lleva a los candidatos a hacer promesas que no pueden cumplir o que requieren de violentar los derechos y propiedad de la minoría a favor de la mayoría. Estas promesas llevan a incrementar el gasto público, a otorgar beneficios, protecciones a empresarios amigos del poder, etc. Es decir, todas medidas que atentan contra la creación de la riqueza necesaria para mantener las promesas incumplibles que el candidato populista hace durante su campaña. Que el “argumento liberal (libre mercado y libertades individuales) no sea políticamente correcto no hace del socialismo y populismo sistemas virtuosos. Si ese fuera el caso, no sería necesario imponer con métodos violentos el Socialismo del Siglo XXI. Ganar votos y tener razón son cosas bien distintas.

 

Buchanan argumentaba que en la naturaleza humana se encuentra la necesidad de sentir protección. El rol que en una época cumplía la religión, hoy es ocupado por el Dios estado. La responsabilidad y la incertidumbre de hacerse cargo de los propios aciertos y desaciertos no es una idea atractiva cuando se puede usar la democracia como excusa para apropiarse de la propiedad de terceros o para protegerse de la competencia. Esta estatolatría nos ofrece falsas esperanzas a las cuales la sociedades se siguen aferrando.

 

Argentina no ha tenido la mejor experiencia en lo que respecta al liberalismo. Ante lo poco atractivo de estas ideas, algunos liberales ceden a sus principios para obtener votos con la esperanza de producir algún cambio desde adentro de la política. Pero el resultado es generar aún más confusión sobre qué es y no es el liberalismo. ¿Cuánto tiempo hay que dedicar a explicar que Martínez de Hoz no era liberal? ¿Cuánto tiempo hay que dedicar, por ejemplo, a explicar que los 90 no fueron una década liberal y que neoliberalismo no es lo mismo que liberalismo? Los liberales clásicos a veces tenemos la impresión de tener que dedicar más tiempo a explicar que no es liberalismo que a tener que explicar sus beneficios y límites.

 

Es esta falta de separación entre democracia y libertad (república) es lo que termina llevando a manifestaciones como las que se ven en Venezuela y han ocurrido en Argentina en los últimos años. Cuando la clase política dice, por ignorancia o desinterés, que hay que respetar a un gobierno que dice “ir por todo” porque ganó las elecciones, entonces el ciudadano ya no puede confiar en sus representantes para que protejan su patrimonio y libertades individuales. La dirigencia política debe recordar que ser políticamente correcto puede ser institucionalmente peligroso. Roza la hipocresía el político que pide al ciudadano que vote mejor mientras él apoya democracias ilimitadas porque es la postura políticamente correcta. La legitimidad de un gobierno no proviene sólo del voto, es un requisito necesario que el gobierno respete los principios republicanos.

 

Mientras los que se dicen opositores a la democracia ilimitada del Kirchnerismo balbuceen cuando se les pregunta por la situación en Venezuela, como si este no fuese un caso lo suficientemente claro de abuso inexcusable de poder, Argentina difícilmente tenga por delante cambios institucionales profundos. Es importante, entonces, que la ciudadanía tenga presente la importancia de la república para el largo plazo y le exija a la clase política lo que no puede o no quiere ofrecer: república con estado de derecho.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

La antipolítica llega al poder

Por Alberto Benegas Lynch. Publicado el 29/3/13 en http://www.lanacion.com.ar/1567766-la-antipolitica-llega-al-poder

En las elecciones parlamentarias de Italia del mes pasado, Giuseppe Piero Grillo (Beppe) obtuvo un apoyo electoral realmente descomunal: un 25% de los sufragios, ocho millones de votos. Beppe es un contador devenido en cómico y destacado showman de la televisión que cataliza las frustraciones de los italianos, especialmente de la gente joven asqueada de la corrupción de los políticos, de sus privilegios, sus arrogancias descomunales y sus crecientes atropellos, todo a espaldas de ciudadanos absortos con el triste y reiterado espectáculo de un bochorno sin solución de continuidad.

The Economist lo tilda de “estrella naciente”, la revista Times lo menciona como “uno de los héroes en la batalla contra la corrupción política”, Businessweek sostiene que países como “Francia necesitan un Beppe Grillo” y el semanario Zona Crítica concluye que el personaje de marras “no es un cómico sino un desinfectante”.

Beppe Grillo fundó el Movimiento Cinco Estrellas, al que Mario Di Giorgio -director de una señal de televisión digital en Milán- denomina “el movimiento antisistema”, establecido para lograr su cometido de llamar la atención sobre los estropicios de la clase política y administra un blog consultado por millones de personas en italiano, inglés y japonés. Insiste en que “se está terminando una época” y pretende contribuir al nacimiento de otra algo más oxigenada.

Algunas de sus propuestas resultan confusas, como en materia de ecología y economía, y suele intercalar chanzas: “Si es cierto que en China todos son socialistas, ¿a quién pueden robar?”. En definitiva, en línea con las palabras de Golda Meir -“Nada es tan escandaloso como cuando nada nos escandaliza”-, lo que vale del ahora célebre Beppe no son tanto sus propuestas sino, como queda dicho, el llamado de atención sobre la debacle de las estructuras políticas del momento.

La idea de la democracia complementada con la noción republicana implica el respeto a los derechos de las minorías, el recato y la sobriedad en la administración del poder, el federalismo, la transparencia, la división de poderes, la seguridad jurídica y la igualdad ante la ley en el contexto del afianzamiento de la justicia. Hoy se ha producido una peligrosa y extendida metamorfosis de la democracia que ha mutado en cleptocracia, es decir, en gobiernos de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida. En otros términos, una burla grotesca a la buena fe de los habitantes de los países del llamado mundo libre.

Cada vez más suben los impuestos para no entregar prácticamente nada como contrapartida, mientras los consabidos fariseos de las pseudofinanzas machacan con el equilibrio fiscal no importa si los contribuyentes sobreviven al reiterado experimento. Con un poco de imaginación para salirse del brete conservador, debería prohibirse el endeudamiento público por incompatible con la democracia, ya que compromete patrimonios de futuras generaciones que no participan en el proceso electoral del que resulta elegido el gobernante que contrajo la deuda. Debería también liquidarse la banca central que siempre destruye el valor del dinero y permitirse que la gente elija los activos monetarios de su preferencia tal como se ha fundamentado en múltiples ensayos de gran calado y, entonces, que se las arreglen los gobernantes con ingresos presentes formados por los impuestos, al tiempo que deben estimularse y aplaudirse las rebeliones fiscales como signo de dignidad y autoestima cuando los gobiernos se extralimitan.

Como una ilustración de las preocupaciones que surgen en el seno del Movimiento Cinco Estrellas, señalo que tal vez una de las primeras medidas de un gobierno razonable debería consistir en la eliminación de todas las embajadas con sus pompas, privilegios y mansiones principescas. La embajada es una idea de la época de las carretas, cuando las comunicaciones eran muy deficientes y había que adelantarse a los acontecimientos. Hoy, con las teleconferencias y demás herramientas extraordinarias que brinda la tecnología moderna, ese tipo anacrónico de diplomacia no tiene sentido. Con un modesto consulado es más que suficiente. Incluso para las relaciones comerciales resultan superfluas las embajadas. Guatemala no mantiene relaciones diplomáticas con China y sin embargo es el país latinoamericano que más comercio exhibe con los chinos en relación con su producto.

En su muy difundido discurso ante miles y miles de jóvenes en la Piazza San Giovanni titulado “El redescubrimiento de la condición humana”, Grillo no sólo se refirió a la pompa de funcionarios -como los embajadores y sus cortes-, sino que la emprendió contra banqueros y economistas. No es para menos si se tiene en cuenta el fraude legal que significa el sistema de reserva fraccional manipulado por la banca central que permite el privilegio de usar recursos de terceros, y cuando se producen cambios en la demanda de dinero los desfases son cubiertos por las autoridades del momento. No es para menos si se tiene en cuenta que los economistas del establishment, con el apoyo de absurdas instituciones financieras internacionales, repiten a coro la necesidad de elevar la presión tributaria y la deuda, con lo que propinan golpe tras golpe a los azorados trabajadores de todos los ramos, quienes constatan una y otra vez las dádivas entregadas graciosamente a los amigos del poder, inaceptables a los ojos de cualquier persona decente. Esto así no resistirá mucho tiempo y siempre está al acecho el peligro de embestir contra un capitalismo inexistente y, por ende, acentuar los males que se pretende remediar. En este contexto es que Giovanni Sartori dice que Grillo “es un demagogo sin ideas”.

De cualquier modo, debemos estar en guardia permanente si queremos preservar nuestras libertades. Para ello es menester trabajar las neuronas a efectos de limitar al poder. Son muchas las posibilidades, pero hay tres propuestas dirigidas a los tres poderes que son de interés debatir. Las tres propuestas pertenecen respectivamente a Friedrich Hayek, para el Poder Legislativo; a Bruno Leoni, para el Judicial, y a Montesquieu, aplicable al Ejecutivo, quien escribe que “el sufragio por sorteo está en la índole de la democracia”, con lo que los incentivos operarán en dirección a proteger vidas y haciendas, dado que cualquiera puede ser elegido. Esto significa la preocupación por limitar las facultades de los gobernantes, es decir, limitar el poder que es precisamente lo que se requiere puesto que, como lo ha destacado Popper, el problema no radica en quién ha de gobernar sino en el establecimiento de instituciones “para que el gobierno haga el menor daño posible”.

El antedicho proceso electoral parlamentario en Italia revela atisbos esperanzadores, en medio de la sucesión de dictadores electos como ocurre en Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, para no decir nada de la fantochada cubana y lo que viene sucediendo con un Leviatán desbocado en la Argentina que deglute a pasos agigantados los restos de la tradición alberdiana que van quedando, muy especialmente después del desfachatado acuerdo con el gobierno terrorista de Irán.

La Stampa pone de manifiesto que “hemos votado el Parlamento más ingobernable de la historia”, pero estas elecciones reflejan un hartazgo saludable, lo cual constituye el primer paso para una posible rectificación en el mundo de la política convencional de la época, por más que en este caso eventualmente haya que repetir las elecciones para formar gobierno.

Vivimos la crisis de aparatos estatales elefantiásicos que abandonan las funciones de brindar justicia y seguridad para internarse en faenas que auguran la demolición del derecho y pretenden convertir a la sociedad en un inmenso e insostenible círculo donde todos tienen las manos metidas en los bolsillos del prójimo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

 

El cepo a la palabra

Por Agustín Etchebarne. Publicado el 13/3/13 en http://opinion.infobae.com/agustin-etchebarne/2013/03/13/el-cepo-a-la-palabra/

La República es la forma de gobierno que divide el poder de manera que nadie sea demasiado poderoso. Es un sistema de pesos y contrapesos, primero se divide entre el Ejecutivo, la Justicia y el Legislativo; segundo se divide territorialmente (Nación, Provincias y Municipios), lo que se llama federalismo. Y finalmente aparece la prensa libre como un contrapeso indispensable de los demás poderes. Es decir, la prensa debe ser independiente. Esto no significa que sea independiente del dueño del diario o del canal de televisión, sino que los dueños de esos medios deben ser independientes del Gobierno. La prensa, entonces, sirve para escudriñar y sacar a luz ideas o hechos que un gobierno desea esconder, para iluminar y transparentar donde está oscuro, y combatir la corrupción. Eso les da cierto poder, y por eso se denomina “el cuarto poder”.

Nuestra Constitución garantiza magistralmente estos derechos: en el artículo 32 expresa literalmente: “El Congreso federal no dictará leyes que restrinjan la libertad de imprenta o establezcan sobre ella la jurisdicción federal” y en el artículo 14 garantiza el derecho de “publicar sus ideas por la prensa sin censura previa”.

Pero estas garantías y derechos se convierten en una fantasía cuando un funcionario de tercera categoría logra forzar a empresarios privados para que no publiquen avisos en determinados diarios. Basta con constatar que algunos medios han perdido un tercio de la facturación las últimas semanas. Cualquier empresa con altos costos fijos, como lo es un periódico, si pierde un tercio de la facturación está destinada a quebrar o vender.

Es el momento en que la Justicia debe restablecer el equilibro constitucional, de otro modo, sólo quedará el recurso de que la sociedad civil vuelva a enarbolar el viejo grito sagrado de nuestro himno nacional: “Libertad, Libertad, Libertad“.

Agustín Etchebarne es Lic en Economía (UBA); Máster en Desarrollo Económico (ISVE), posgrado en Comercialización Estratégica de la (UB). Ex profesor de Análisis Económico y Financiero en la Facultad de Derecho de la UBA y profesor de ESEADE.

 

Hollande, Chávez y el fin de la República

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 17/1/13 en http://www.lapatriaenlinea.com/?t=hollande-chavez-y-el-fin-de-la-republica&nota=132237

Según el Financial Times y el Frankfurter Allgemeine Zeitung, François Hollande mudó sus principios para defender intereses espurios (proteger a empresas que extraen materias primas baratas en la zona, como el uranio de la vecina Níger), con la intervención en Malí.

El presidente francés aseguró que no intenta quedarse y que la operación, que solo buscaba frenar al terrorismo de Al Qaeda y defender a los franceses en Bamako, será “limitada en el tiempo” y es “una excepción” y pronto la dejaría a la tropas de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental. La “pacificadora” ONU, cuando no, respaldó la intervención en un conflicto que ha dejado 150.000 refugiados en los países vecinos.

El Elíseo está molesto porque no tiene suficiente apoyo. Es que la Casa Blanca gastó $us 700 millones en el Ejército maliense y muchos oficiales se pasaron a los rebeldes. Además, el desgaste sufrido en Afganistán y el rotundo fracaso de la “primavera árabe”, dejaron claro que las armas solo sirven para destruir, empezando por dentro: los suicidios de militares estadounidenses se elevaron a 349 en 2012, superando a las 295 bajas en Afganistán. El malestar con la Unión Europea es mayor pero, como escribía Le Monde, “se sabe cómo empiezan estas operaciones militares, pero nunca cómo terminan… (y) la mayor parte… ha terminado muy mal”.

Hollande ha vulnerado el espíritu republicano. No sé qué sentido tiene la república si los gobernantes electos no respetan las ideas y principios por los cuales fueron electos, ni pareciera que existen mecanismos para obligarlos a cumplir.

Pero la violencia además de provocar guerras, también diezma a la población civil. Chávez, gobierna como en una guarnición militar, imponiendo sobre el mercado (las personas) todo tipo de ordenanzas coactivas. Según su Banco Central, el índice de escasez llegó en diciembre al 16,3 %, y podría trepar a los niveles del 2007 cuando fue de 20 %. Escasez de productos que ocurre básicamente por tres violaciones coactivas al mercado. Los precios máximos que hacen inviable la producción, la destrucción de la industria nacional que obliga a la importación, y la importación muy complicada por la falta de divisas provocada por el gobierno.

Entretanto, los amigos del poder, “boli millonarios” surgidos con dinero fácil, conforman una nueva clase social donde reina el despilfarro, la ostentación obscena y el disparate. Y la cúpula chavista delibera en La Habana: el vicepresidente, el titular de la Asamblea y la procuradora, entre otros, se sentaron con Raúl Castro. “Roma locuta, causa finita est”, escribió Elías Pino en su Twitter, parafraseando a San Agustín: “La Habana habló, el asunto se acabó”. Además de “gobernar” al país desde el exterior, sendos pronunciamientos de la Asamblea Nacional y el Tribunal Supremo abrieron el camino para que se pospusiera la toma de posesión de Chávez, dando cobertura “jurídica” a la extensión que de facto las autoridades del Ejecutivo propusieron para sus cargos.

En fin, cada vez queda más claro algo que es lógico por otro lado: que siempre se depende de quién financia, precisamente, para eso financia. Entonces, creer en la “división de poderes”, que el Poder Legislativo y el Judicial puedan ser independientes, si sus recursos son proveídos por el Ejecutivo, es muy idealista, casi infantil.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

El Rule of Law vs. El Estado de Bienestar

Por Armando P. Ribas. Publicado el 22/11/12 en http://independent.typepad.com/elindependent/2012/11/el-rule-of-law-vs-el-estado-de-bienestar.html#more

Las recientes elecciones de Estados Unidos como ya dijera respecto a las anteriores implican nuevamente una amenaza a la continuidad del sistema político que cambiara la historia del mundo, y al cual le debemos no haber sido nazis o comunistas en el siglo XX. Más allá de las inconsecuencias del mismo respecto a la esclavitud, del mismo se derivaron los principios básicos de la libertad y consiguientemente de la creación de riqueza por primera vez en la historia.

Ya con respecto a las elecciones del 2008 me permití escribir “Estados Unidos al Borde de América Latina” en el que consideraba el riesgo que representaba el triunfo de Barack Obama a dicho sistema que fuera denominado el Rule of Law. Ese sistema que data de 1787 fue descrito por Ira Glasser en su “Visions of Liberty” en los siguientes términos: “Los primeros americanos indudablemente inventaron una nueva forma de gobierno. Pero hicieron algo más que eso, declararon un nuevo propósito al gobierno. Ese nuevo propósito fue la protección de los derechos individuales”.

Desde entonces los partidos políticos en Estados Unidos discutían temas concretos respecto a la política a seguir pero no los principios básicos del sistema que son el respeto a los derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y el derecho a la búsqueda de la propia felicidad. La conciencia de la naturaleza humana y por consiguiente la necesidad de limitar el poder político en la división de los poderes y en consecuencia el rol fundamental del poder judicial en defensa de los principios constitucionales; y por último pero no menos importante la determinación de que las mayorías no tienen el derecho a violar los derechos de las minorías.

Ya en el mismo siglo XIX, Sarmiento se había percatado del realismo de ese sistema y al respecto escribió en sus Comentarios a la Constitución Argentina: “A tal grado de perfección llega hoy esto, que los partidos no discuten cuestión alguna que a la constitución se refiera ni a la mayor o menor laxitud de la práctica. Todos los partidos están de acuerdo sobre lo que en el resto del mundo es motivo o pretexto ordinario para las revoluciones y el despotismo”. Fue en razón de esa observación que asimismo recomendara aplicar al texto y cláusulas de la Constitución argentina las doctrinas de los estadistas y jurisconsultos norteamericanos, y las decisiones de sus tribunales (sic). El cumplimiento de esas propuestas determinó que la Argentina a principios del siglo XX compitiera en igualdad de condiciones con Estados Unidos y tal como reconociera recientemente Mario Vargas Llosas se había adelantado a Europa.

Pero más recientemente Nikita Krushew dijera que los partidos en Estados Unidos se diferenciaban tanto como la Coca-Cola y la Pepsi-Cola. Yo diría que con el advenimiento de Obama es el partido republicano el que representa ambos refrescos en tanto que el partido demócrata representa la alternativa del denominado estado de bienestar, que como sabemos cada día causa más malestar en Europa. Y peor aun según informaciones recientes también parece que hubo fraude en las recientes elecciones y así pareciera que Estados Unidos padece de las inconsecuencias que han caracterizado la política en América Latina.

Y hablando de América Latina no puedo dejar de referirme a las recientes consideraciones de Oppenheimer al respecto de lo que considera el triunfo latino en las elecciones de Estados Unidos y su crítica a Romney por haberse alineado con la extrema derecha de su partido. Primeramente entiendo que una vez más se considera que defender el Rule of Law, o sea los derechos individuales que garantiza la Constitución americana, es ser de extrema derecha. Esta no es una definición sino una descalificación ética a causa de estar de parte de los ricos, como ya acusara Obama a Romney durante la campaña. Obama en su supuesta preocupación por los pobres insiste en violar el principio del derecho a la búsqueda de la propia felicidad y así ha logrado que Estados Unidos alcance un gasto público que se acerca al 40% del PBI y una deuda pública de un 100% del PBI.

El aumento del gasto público significa una mayor injerencia del gobierno en la vida individual y consiguientemente una violación de los principios del Rule of Law y consecuentemente una caída en la tasa de crecimiento económico, tal como ya ha ocurrido con el estado de bienestar en Europa. Tal como dijera Alexis de Tocqueille: “Tanto son más fuertes los vicios del sistema que la virtud de los que lo practican”.

Todo parece indicar que al triunfo de Obama ha contribuido decididamente el voto latino. Por ello Oppenheimer también escribió: “La reelección de Obama fue una gran victoria para los votantes latinos”. Y por supuesto critica lo que considera el desastroso desempeño entre los hispanos. Por eso asimismo considera que la elección del 2012 constituyó a los latinos en un bloque decisivo en ciertos estados y también aumentó su participación en el Congreso. Pues bien, debemos recordar que la inmigración en los Estados Unidos es resultado de la percepción de la posibilidad de hacer realidad el sueño americano, que de hecho es universal. Esa posibilidad depende del sistema del Rule of Law y en cuanto sea sustituido por el estado de bienestar como lo pretende el presidente Obama en nombre de la iniquidad de la equidad, habrá de desaparecer.

Por otra parte creo que el voto hispano está lejos de ser ideológico y en la actualidad representa no más que intereses del grupo. El tema principal sin lugar a dudas es la ley de inmigración y la problemática de los indocumentados. Esperemos que en función de esos intereses no colaboren en destruir el sistema por el cual emigran de sus propios países. Con la excepción de los primeros cubanos que llegaron en busca de libertad y convirtieron a Miami en la capital de América Latina la mayoría de los hispanos inmigrantes llega por razones económicas. Es decir por la pobreza que reina en sus propios países a causa de la ignorancia política del Rule of Law en nombre del populismo. Si Estados Unidos se convierte en un estado más de América Latina, Obama no tendrá más problemas inmigratorios.

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y profesor en ESEADE.

El autoritarismo y los límites de la democracia.

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 10/9/12 en http://economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3916

Es frecuente escuchar el argumento que las medida y proyectos del oficialismo son legitimas dado que cuentan con los votos. El famoso 54% y los votos en el Congreso parecerían ser no sólo necesarios, sino también suficientes para legitimizar cualquier curso de acción. 

Este punto de vista, sin embargo, confunde promulgación de una ley con el hecho de que efectivamente una ley se encuentre sujeta a derecho. Esta concepción, sin embargo, puede desembocar en democracias absolutistas, donde la diferencia con otros gobiernos autoritarios no democrácticos es de jure, pero no de facto ¿Cuáles son los límites de la democracia? Ciertamente no por votar una iniciativa la misma es justa o acorde a derecho. Por ejemplo, el voto no hace justo, ni éticamente aceptable, esclavizar a una parte de la población. Si es el voto lo que hace que una ley sea legitima, el famoso 54% kirchnerista podría votar que el restante 46% sean sus esclavos. Pero no es la cantidad de votos, sino principios éticos y morales los que nos hacen ver en esa iniciativa una profunda falta de principios. ¿Qué se puede y no se puede decidir por medio del voto?

Aquellas iniciativas que afecten derechos de terceros no podrían ser ignorados por un voto mayoritario. Justamente el punto de la división republicana de poderes es proteger a las minorías de las mayorías, las cuales no pueden votar cualquier iniciativa que deseen si lo que impera es un verdadero estado de derecho republicano. Las leyes de tránsito pueden ilustrar este punto. Conducir por la izquierda o la derecha, velocidades máximas, señalizaciones, etc., no afectan a derechos de terceros. Es indistinto si se conduce por la izquierda o por la derecha siempre y cuando todos conduzcan por el mismo lado. Lo que el voto democrático no puede hacer es exigir a los conductores a dónde deben dirigirse, dado que ello sí atenta contra sus libertades individuales.

De allí la posibilidad de que actos de gobierno sean ilegitimos a pesar de haber sido aprobados en el congreso. Y de allí también la importancia de un sistema judicial que no se limite a hacer ver las leyes promulgadas, sino asegurarse que las mismas sean acordes a los derechos individuales que la Constitución Nacional debe defender. De lo contrario, el sistema judicial pierde uno de sus roles centrales ¿Acaso los votos hacen legítimo, por ejemplo, que un gobierno le imponga al contribuyente en qué moneda debe ahorrar, o que le restrinja su libertad para entrar y salir del país? ¿Y si esto es ilegitimo, acaso no le corresponde al poder judicial limitar lo que el Congreso se cree con el derecho de votar? No hay duda de que un gobierno puede actuar de esta manera haciendo uso del monopolio de la fuerza, pero que lo pueda hacer no quiere decir que lo deba hacer, ni mucho menos sea el poder lo que legitimiza un curso de acción.

Lo que diferencia a una democracia republicana de una autoritaria es actuar dentro o fuera de los límites que legitimizan sus actos. Suele identificarse a estos límites de acción de un gobierno con la Fórmula de Bastiat, que dice lo siguiente: Un gobierno no puede realizar actos que llevados a cabo por un individuo serían considerados un delito. Si un individuo comete un delito al seguir cierto curso de acción, ¿cómo no lo es también cuando lo hace el estado?

Cruzar este límite es lo que lleva a un gobierno a presentar rasgos autoritarios. Si los principios republicanos implican que el individuo es el soberano, y los derechos del estado le son delegados por los individuos, entonces el estado no posee legitimidad de actuar por fuera de los derechos que le han sido delegados. ¿Si, por ejemplo, yo no tengo derecho a imponerle al lector en qué moneda actuar, entonces de dónde obtiene el estado ese derecho?  El argumento del 54% debe explicar de dónde obtiene el estado el derecho al “ir por todo” cuando esos derechos no le pueden haber sido transferidos por los individuos. O bien se argumenta que es el voto lo que da origen al derecho, y no el derecho lo que limita qué se puede y no votar, o entonces en definitiva se tiene la postura de que el fin justifica los medios. Claramente un derecho que no existe no puede serle delegado al estado, por lo que al actuar crónicamente fuera de derecho el gobierno se vuelve en los hechos un ente autoritario. Estos gobiernos no se ubican así mismos debajo del derecho, como cualquier individuo, sino que se arroga una posición superior. Para estos gobiernos, no todos son iguales ante la ley, ellos son diferentes al arrogarse el poder de hacer cumplir una ley no acorde a los derechos de la sociedad que son gobierno.

¿Pero acaso no es cierto que practicamente todos los gobierno hacen actos que si seguimos la Formula de Bastiat no deberían poder hacer? ¿No es legítimo, entonces, que el gobierno también cruce ese límite y “vaya por todo”? Es cierto que la Argentina no es el único país dónde los estados realizan actos que no le corresponden, pero no es menos cierto que parece preocuparse por sobresalir frente al resto. Sin embargo, las fallas de otros países no son excusa válida para cometer el mismo error en mayores magnitudes. El gobierno K es como un invitado a una fiesta que llega y debe irse manejando su propio vehículo, por lo que no debería tomar alcohol si desea comportarse responsablemente. Sin embargo, al llegar a la fiesta ve a otro invitado que también ha llegado en vehículo tomando una media copa de vino. Dado esto, el gobierno K se autoconvence que es legítimo emborracharse por completo dado que otros están tomando media copa de vino. La falla de la media copa de vino no justifica una borrachera desenfranada.

Los problemas institucionales y culturales no son meras curiosidades intelectuales. Corea del Norte y Corea del Sur comparten su historia y cultura, pero difieren radicalmente en sus instituciones. Es el correcto marco institucional el que define si Argentina se quiere parecer a Corea del Norte o a Corea del Sur. Una vez dado el correcto marco institucional que respete la libertad individual y los derechos de propiedad, es el mismo proceso de mercado el que hace florecer a la economía del país. Los problemas económicos de Argentina requieren más de una corrección institucional que de una económica.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

 

Cristina Fernández de Kirchner: Sueños de emperatriz

Por Enrique Edmundo Aguilar. Publicado el 1/8/12 en http://www.elimparcial.es/america/cristina-fernandez-de-kirchner-suenos-de-emperatriz-108828.html

Los hombres no son ángeles ni los ángeles gobiernan a los hombres. Esta sabia afirmación de James Madison, tendiente a justificar la existencia de un sistema de frenos y contrapesos, es ignorada abiertamente por varios poderosos de este mundo que no conocen de límites a sus decisiones ni consienten desde luego que se les impongan.

Cristina Fernández de Kirchner ha demostrado ser una de ellos. Una mujer embriagada de poder quien, olvidando quizá sus tiempos de legisladora y confiada en su legitimidad de origen, parece haberse entronizado como dueña y señora de nuestros destinos y garante exclusiva de gobernabilidad.

Confieso que sus últimas declaraciones me han sembrado miedo y no puedo menos que recordar a Maquiavelo aconsejando al príncipe ser “más temido que amado” para asegurar su permanencia (al mismo tiempo le aconsejaba proceder con “moderación, prudencia y humanidad”, pero estas cualidades no se ajustan a nuestro caso). También me generaron lástima, al ver a la presidenta ufanarse de sus logros e impartiendo lecciones a un mundo que la menosprecia y que asocia sus modos autoritarios a los de Chávez o cualquier otro caudillo que encarne esa combinación perversa de dinero, concentración de poder y confusión entre Estado y gobierno respaldada (cuando menos en la Argentina) en la pasividad o la débil reacción de una ciudadanía que sólo se plantará cuando le duela verdaderamente el bolsillo. (Hasta donde se advierte, nuestras orientaciones cívicas no son suficientes para movilizarnos por razones ajenas al curso de la economía, como podría ser la convicción de que sólo despersonalizando el poder se evita que éste se vuelva opresivo.)

Por ahora, un 25 % de inflación anual, el cerrojo puesto a la compra de divisas, la voracidad fiscal, las señales visibles de recesión, el aislamiento internacional en que nos hallamos y, ni que decir tiene, el alarmante avance del delito y del narcotráfico, no han torcido la opinión mayoritaria en una dirección contraria o distinta a la que Cristina transita. En su lugar, sin embargo, yo no me confiaría. La historia enseña que cuando los gobiernos se consideran omnipotentes se ven más y más acosados por las consecuencias de sus propias decisiones. Y aunque la presidenta sea impermeable a todo consejo que la obligue a rectificarse, sería bueno que alguien le soplara al oído que está desnuda antes de que esa verdad prorrumpa, como en la fábula de Andersen, de la inocencia de un niño.

 

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.

 

La ambición pone freno a la ambición:

Por Enrique Edmundo Aguilar. Publicado el 20/6/12 en http://www.elimparcial.es/mundo/la-ambicion-pone-freno-a-la-ambicion-106408.html

  Ha sido frecuente en estas columnas la referencia a la división de poderes entendida como una forma equilibrada de reparto del poder que, cuando menos desde Montesquieu, es vista como remedio a la propensión que han tenido siempre los poderosos a abusar de sus atribuciones. Se sabe que fue su residencia en Inglaterra lo que llevó a Montesquieu a descubrir que, a falta de móviles más altos, la libertad podía originarse en una disposición institucional adecuada. Asimismo, es conocida la influencia que el citado autor ejerció sobre los convencionales de Filadelfia, en 1787, a hora de organizar la unión federal.

Esta influencia resulta ostensible, por ejemplo, en los escritos de James Madison quien se explayó sobre la cuestión de la separación de poderes en varios artículos de los Federalist Papers, fundamentalmente del 47 al 51. En este último, sin embargo, Madison corrige levemente una fórmula de Montesquieu imprimiéndole, si cabe decirlo así, un carácter más “humano”. El francés había dicho: “Para que no se pueda abusar del poder es preciso que, por la disposición de las cosas, el poder frene al poder.” Madison, por su parte, centrará menos su atención en el alcance de las funciones de cada departamento de gobierno (ejecutivo, legislativo y judicial) que en la ocasión que cada uno ofrece para canalizar las ambiciones humanas o, más precisamente, el afán de poder. Leámoslo: “Pero la gran seguridad contra una gradual concentración de los diversos poderes en un mismo departamento consiste en dotar a los que administran cada departamento de los medios constitucionales y los móviles personales necesarios para resistir las invasiones de los otros. Las medidas de defensa, en este caso como en todos, deben ser proporcionadas al riesgo que se corre con el ataque. La ambición debe ponerse en juego para contrarrestar a la ambición. El interés humano debe entrelazarse con los derechos constitucionales del puesto.”

Cuando se advierte cómo en algunos países sus gobiernos se desentienden abiertamente del principio de la división de poderes, resulta útil remitirse a esta reflexión de Madison relativa a la ambición y la necesidad de encauzarla. Y me pregunto si una de las causas del ejercicio autocrático de la autoridad por parte de la rama ejecutiva que se ha vuelto cotidiano en estos países (la Argentina es uno de ellos), no residirá precisamente en la falta de verdadera ambición en las otras ramas. ¿Hay legisladores realmente ambiciosos de poder? ¿Hay una oposición movida por el mismo interés? ¿Hay jueces que se afanen en hacer valer su independencia? Francamente lo dudo. De lo contrario, cuesta entender que se consienta tanta arbitrariedad y que no se impongan los límites que la propia Constitución prevé.

 Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.