La cultura del saqueo como fuente de nuestra decadencia económica

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/9/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/09/26/la-cultura-del-saqueo-como-fuente-de-nuestra-decadencia-economica-2/

 

Con este esquema el país no puede crecer a largo plazo, en base a inversiones, porque nadie invierte para ser saqueado.

La corrupción y el clientelismo generaron un sistema de destrucción de la riqueza en la Argentina.
La corrupción y el clientelismo generaron un sistema de destrucción de la riqueza en la Argentina.

Si se confirman los pronósticos que dan ganador al oficialismo, tanto en la provincia de Buenos Aires como en los distritos electorales con mayor peso electoral, el presidente Mauricio Macri no tendrá la mayoría en ambas cámaras pero habrá acumulado un capital político nada despreciable, que le otorgará un margen de maniobra más amplio, para llevar adelante reformas estructurales que nos permitan entrar en una senda de crecimiento de largo plazo.

Que hoy varios indicadores económicos estén dando bien no quiere decir que sean sostenibles en el tiempo. A modo de ejemplo, y salvando las distancias, Cristina Fernández logró mostrar durante un tiempo un fuerte aumento del consumo, pero basado en artificios económicos que hacían que ese aumento no fuera sustentable en el tiempo. Es la famosa herencia recibida.

Esperemos, entonces, que con ese mayor capital político, Macri comience a cambiar el discurso y, sobre todo, el rumbo económico. Lo que sirve para ganar las elecciones no necesariamente sirve para crecer en el largo plazo.

Mi visión es que la economía argentina tiene por delante dos grandes problemas. Uno, el de solucionar la cuestión estrictamente económica. Déficit fiscal, inflación, distorsión de precios relativos, tipo de cambio real, etcétera. El otro es la política económica de largo plazo. Cambiar por completo la política económica apuntando a crear las condiciones necesarias para atraer inversiones, incrementar la productividad de la economía, generar más demanda de trabajo y así comenzar un ciclo de crecimiento de largo plazo.

Pero claro, esas condiciones necesarias para atraer inversiones requieren de algo que vengo repitiendo hasta el hartazgo: calidad institucional. Me refiero a las reglas de juego, códigos, leyes, normas, costumbres que regulan las relaciones entre los particulares y de estos con el Estado.

Lo que hoy tenemos es un sistema de saqueo generalizado. El Estado es el gran saqueador que luego decide a quien le da parte del botín. Es el que a su antojo reparte el botín del saqueo. Pero ojo, esto no es nuevo en Argentina. Nuestra larga decadencia tiene como germen esta “cultura”por la cual todos pretenden vivir a costa del trabajo ajeno y usan el  monopolio de la fuerza del Estado para que saquee a otros y luego les transfiera a ellos parte del botín. El kirchnerismo ha llevado hasta niveles insospechados esta cultura del saqueo y, a mi entender, el gran desafío de Macri consiste en empezar a desandar ese nefasto camino que se ha traducido en un gigantesco gasto público con la correspondiente presión impositiva, que ya nadie puede negar que está destruyendo la economía argentina.

¿Qué quiero decir con cultura del saqueo? No me refiero solamente a la legión de gente que recibe los llamados planes sociales y se sienten con derecho a ser mantenidos por el resto de la sociedad o a la legión de ñoquis que permanecen en el estado, sino también a que buena parte de la dirigencia empresarial local (de capitales argentinos y extranjeros) pretenden parte del botín pidiendo proteccionismo, créditos subsidiados y otros privilegios que les evite competir. Quieren un mercado cautivo para vender productos de mala calidad y a precios que no podrían cobrar en condiciones de una economía abierta para obtener utilidades extraordinarias.

Además hay sectores profesionales que actúan como corporacionesdirigentes políticos, sindicales, etcétera, que pretenden también vivir de ese saqueo generalizado.

La política económica que impera en nuestro país se basa en esta regla por la cual diferentes sectores recurren al Estado para que este, utilizando el monopolio de la fuerza, le quite a otro para darles a ellos.

Es todos contra todos. Una sociedad que vive en permanente conflicto social porque el que es saqueado por el Estado pide algo a cambio y, entonces, el Estado saquea a un tercero para conformarlo y ese tercero protesta y el Estado saquea a un cuarto sector para conformar al tercero y así sucesivamente. Obviamente que los que menos poder de lobby tienen son los perdedores de este modelo de saqueo generalizado.

Con este esquema el país no puede crecer en base a inversiones porque nadie invierte para ser saqueado. En todo caso hace un simulacro de inversión para luego saquear a otro. Pero inversiones en serio, aquellas que tratan de conseguir el favor del consumidor son mínimas con estas reglas. Es más, casi tienden a cero.

En consecuencia, no tenemos un sistema de cooperación voluntaria y pacífica por el cual un sector solo puede progresar si hace progresar a sus semejantes produciendo algún bien que la gente necesite y vendiéndolo en el mercado a precio y calidad competitivos. Por el contrario, tenemos un sistema de destrucción de riqueza. De destrozo del sistema productivo. Y eso se traduce en menos bienes para ser saqueados y repartidos. Cuanto más saquee el Estado, menos se produce, menor es el botín a repartir y mayor la conflictividad social.

Las recurrentes crisis económicas argentinas son el fruto de esta cultura del saqueo. Cuando se acaba el botín viene la crisis y empezamos de nuevo, pero no cambiamos la cultura de fondo.

El mayor problema que tenemos que enfrentar es cambiar esta cultura del saqueo por la cultura del trabajo, de la competencia, de la innovación. No es cierto que el país no esté en condiciones de cambiar esta cultura decadente. Que sea imposible llevar a cabo un cambio de estas nefastas reglas de juego sin evitar una crisis social. Eso es lo que venden los políticos que prefieren seguir teniendo el poder de saquear porque saqueando pueden retener poder político. Saqueo a unos pocos y reparto entre muchos y así gano votos, es decir, kirchnerismo en estado químicamente puro.

Podremos discutir hasta el hartazgo si gradualismo fiscal o baja del gasto público. Si hacemos una reforma impositiva que atraiga inversiones o continuamos con la cantinela de que primero hay que recaudar más para luego bajar los impuestos y delirios de ese tipo.

Ahora, lo que seriamente tenemos que plantearnos es si vamos a seguir usando al Estado para robarnos unos a otros (el robo legalizado, como lo llamaba Bastiat) o le ponemos un límite en que el monopolio de la fuerza que le delegamos es para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas y no para que lo use para saquear en nombre de la solidaridad social. Verso también inventado por los políticos para decir que tienen el monopolio de la benevolencia y así seguir saqueando a los sectores productivos para repartir el fruto del saqueo y ganar votos.

En síntesis, terminar con esta competencia populista en que se ha transformado la democracia en Argentina y volver a una democracia republicana.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Los problemas económicos a los que se enfrenta Argentina

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 8/8/16 en: http://es.panampost.com/carlos-salguero/2016/08/08/deficit-fiscal-salarios-exorbitantes-inflacion-subsidios-entre-otros-hacen-parte-de-los-principales-problemas-economicos-de-argentina/

 

Déficit fiscal, inflación, subsidios, interés exorbitantes, entre otros, hacen parte de los principales problemas económicos de Argentina.

Los fenómenos complejos, aquellos que se engendran por la concurrencia de diversos nexos causales, ponen en evidencia que la mente humana es capaz de inventar las más disparatadas especulaciones en su afán de esclarecer enigmas o desentrañar situaciones.

Tal parece ser el caso del tema más candente de nuestro país, Argentina, y que ocupa la atención de analistas y diversos medios de difusión masiva: escritos, radiales o televisivos. Me refiero, para quienes aún se encuentren desprevenidos, a la actual situación económica a la que nos vemos enfrentados.

A riesgo de ser incluido en las especulaciones del primer párrafo, propongo una idea teórica y sistemática cuyo objeto material es el hombre y su enseñanza, de orden puramente lógico y formal. Conforme a esta última aclaración, los problemas que enfrenta nuestro país, como pasa con todo tipo de problemas, solo podrán resolverse cuando se adopten medidas tendientes a deshacer las causas que dieron origen al fenómeno, y no, por ejemplo, como ocurre con la inflación, si se persiste con controles y restricciones destinados a mitigar los efectos o consecuencias del suceso.

Sin ánimo de ser exhaustivo, sino informal y desregulado, enunciaré las principales preocupaciones del quehacer económico que aquejan a los argentinos:

El déficit fiscal. La intervención por acción del gobierno produce un estado de cosas que es peor que el que habría prevalecido sin intervención. La carga tributaria del Estado argentino, en todos sus niveles de gobierno, evidencia un crecimiento sostenido desde hace más de una década, lo cual condujo a la hipertrofia del gasto público que vuelve inviable cualquier emprendimiento privado. La creación de nuevos impuestos, subas de alícuotas, y la falta de adecuación de ciertos parámetros de cálculo al contexto inflacionario, son algunos de los elementos que explican que la presión tributaria argentina se encuentra hoy en niveles máximos históricos. Ya nadie cree en la gravosa carga impositiva —la cual resulta insuficiente, a pesar de ubicarse por encima del 50 % y de representar una de las presiones tributarias más altas del mundo—, ni en las promesas de endeudamiento para seguir financiado los excesos; todas las deudas, tarde o temprano, quedarán impagas, pues solo se busca mejorar las condiciones de los deudores presentes con cargo a futuros.

Argentina enfrenta una serie de problemas económicos que deben ser abordados desde sus causas. (facebook.com)

Salarios más altos que la productividad (en franca contradicción con los hechos y la teoría): un símbolo del populismo que no hay manera de pagar, y su inmediata consecuencia, el desempleo. Empleo público estéril y desproporcionado con el propósito de suplir la destrucción de puestos de trabajo. Por su parte, las denominadas conquistas sociales —de carácter compulsivo— solo sirven para generar confusión masiva, pues cualesquiera que sean las ventajas que otorguen al obrero, este es quien paga y financia dichos “beneficios”. Otro golpe a los vapuleados jornales del trabajador.

El ámbito empresarial. Las empresas de países con cierto orden macroeconómico, cuando tienen éxito, obtienen rendimientos acordes a las tasas de corte, que tienen que ver con un premio por sobre tipos de interés del mercado; hoy el tipo de interés de algunas economías desarrolladas, como la de Japón, tiene valores negativos. En Argentina, en cambio, cualquier evaluación de proyectos debe cotejarse contra tipos de interés exorbitantes, lo que eleva al imposible los altísimos costes financieros.

La inflación, o la emisión monetaria por causas exógenas, consiste en la expansión de medios fiduciarios por encima de la demanda del mercado. Después del incremento de existencias de dinero el mercado queda trastocado, pero es equivocada la expresión del alza o baja del nivel general de precios, ya que el proceso provoca distorsión de precios relativos, es siempre desigual y escalonado, asimétrico y deforme.

Para finalizar, sin dejar de mencionar los subsidios y otras inequidades, quedaría incompleta la intervención del Estado sin referirse a la corrupción, pues en todo intervencionismo habrá, necesariamente, corrupción, cualesquiera sea su clase.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

De colonos de España a esclavos del fisco

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 18/10/15 en: http://economiaparatodos.net/de-colonos-de-espana-a-esclavos-del-fisco/

 

Después de ser colonos de España, lo hemos sido de nuestros gobiernos patrios

Si bien la obra más conocida de Juan Bautista Alberdi es “Bases y puntos de partida para la organización política de la República de Argentina”, otro de sus libros de gran relevancia sobre el espíritu de la Constitución Nacional de 1853 es el “Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853”. En rigor, con la destrucción que hubo en nuestro país de la historia y de la educación, lo chicos actualmente no saben quién fue Alberdi, qué libros escribió y mucho menos van a conocer El Sistema Económico y Rentístico.

Se enaltecieron asesinos como el Che o usureros como Néstor, pero se ignoraron celebridades como Juan Bautista Alberdi. Hecha esta molesta aclaración, vuelvo al punto que me interesa resaltar.

En el Sistema Económico y Rentístico, dice Juan Bautista Alberdi: “Hasta aquí el peor enemigo de la riqueza del país ha sido la riqueza del Fisco. Debemos al antiguo régimen colonial el legado de este error fundamental de su economía española. Somos países de complexión fiscal, pueblos organizados para producir rentas reales. Simples tributarios o colonos, por espacio de tres siglos, somos hasta hoy la obra de ese antecedente, que tiene más poder que nuestras constituciones escritas. Después de ser máquinas del fisco español, hemos pasado a serlo del fisco nacional: he ahí toda la diferencia. Después de ser colonos de España, lo hemos sido de nuestros gobiernos patrios: siempre estados fiscales, siempre máquinas serviles de rentas, que jamás llegan, porque la miseria y el atraso nada pueden redituar”. Y agrega unos párrafos más adelante: “El modernos régimen está en nuestros corazones, pero el colonial en nuestros hábitos, más poderosos de ordinario que el deseo abstracto de lo mejor”.

Han pasado 160 años desde que Juan Bautista Alberdi escribiera el Sistema Económico y Rentístico y seguimos siendo un país de complexión fiscal. Somos máquinas serviles de rentas. Después de ser máquinas del fisco español, hemos pasado a serlo del fisco k. En nombre de la santa recaudación impositiva se violan los derechos más elementales de los ciudadanos. Y, como decía la semana pasada, el que no acepta ser tratado como un esclavo al cual se le confisca casi todo lo que produce y uno se revela contra esa violación de los derechos humanos, resulta que el que viola los derechos humanos se pone en acusador y el esclavo que se rebela contra la opresión del estado k es acusado de evasor impositivo y de no tener sentido de la solidaridad porque, según el discurso de moda, nos esclavizan en nombre de la solidaridad social.

Lo cierto es que con esta locura “distribucionista” en la que los políticos han decidido que solo ellos tienen sentido de la solidaridad y el resto de los ciudadanos somos unos cretinos a los que nos tienen que sacar la plata por la fuerza vía impuestos, al sistema tributario se le pide 3 cosas. A saber:

1)   Que genere recursos para el fisco

2)   Que asigne los recursos productivos

3)   Que redistribuya el ingreso.

Dejemos el punto 1) de lado porque no requiere de demasiadas explicaciones. Hay que pagar impuestos para mantener al barril sin fondos que es el estado.

Respecto al punto 2), el sistema tributario asigna recursos cuando, por ejemplo, aplica impuestos altos algún insumo y menos a otros. Cuando el estado, en nombre de la solidaridad social, pone muchos impuestos a la nómina salarial, lo que logra es hacer artificialmente caro el trabajo en blanco, por lo tanto la gente prefiere trabajar en negro o bien el empresario opta por reemplazar mano de obra por máquinas,  las que por cierto, no le hacen huelgas.

Otro ejemplo que podría darse sobre el punto 2) es el caso de los aranceles de importación. Cuando el estado pone derechos de importación altos para los bienes de consumo y bajos para los bienes de capital, lo que hace es intentar sustituir importaciones de bienes de consumo y no de bienes de capital. Con el sistema tributario intenta forzar la producción de bienes de consumo y no tanto la de bienes de capital.

Respecto al punto 3) el ejemplo más categórico es el del impuesto a las ganancias. Un impuesto que castiga al que más gana como si ser más eficiente y abastecer mejor las necesidades de los consumidores tuviera que ser castigado.

En mi opinión, el sistema tributario solo tiene que abastecer al estado de los recursos para financiar los gastos derivados de defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas. El sistema tributario no tiene ni que reasignar recursos ni redistribuir ingresos. Si quieren redistribuir los ingresos que lo hagan vía el presupuesto y digan con nombre y apellido a quién se le va a dar dinero de los contribuyentes, por qué razón, en qué monto y por cuánto tiempo. Para eso está el presupuesto.

Si bien no existe el impuesto que sea absolutamente neutro, debe buscarse el impuesto que genere la menor distorsión de precios relativos y que casi no influya en la asignación de recursos y en la distribución de la riqueza.

Pero, al mismo tiempo, la carga impositiva va a depender del nivel de gasto público. Cuando los políticos, en su carrera populista, aumentan el gasto en nombre de la solidaridad social, más temprano que tarde terminan inventando impuestos para financiar sus aventuras populistas. Es en ese punto en que empiezan a subir los impuestos vigentes y a crear nuevas gabelas, haciendo de los contribuyentes máquinas serviles del fisco, como decía Juan Bautista Alberdi.

La diferencia entre las máquinas serviles del fisco que denunciaba Alberdi en nuestra relación con España era porque en esa época la corona tenía que financiar sus guerras. Recordemos que, por ejemplo, la revolución por la independencia americana se produce por la mayor carga impositiva que quiso imponer el rey de Inglaterra a los colonos para financiar los gastos de guerra con Francia. Curiosamente, luego Francia va a ayudar a las fuerzas continentales a combatir contra el ejército inglés.

Actualmente, en particular en Argentina, los impuestos no suben para financiar acciones de guerra o conquistas territoriales, sino que suben para financiar el populismo. Lo que se conoce como el estado de bienestar. Es, de alguna manera, otra forma de conquistar el poder. Antes los reyes acumulaban poder conquistando territorios mediantes guerras que exigían cobrar más impuestos y ahora conquistan el poder con populismo que ellos llaman solidaridad social. Y para eso también hace falta cobrar impuestos.

Soy de la idea que Argentina necesita de una profunda reforma tributaria, con impuestos sencillos de liquidar, alícuotas bajas y una base imponible ancha (cantidad de gente que pague impuestos). Es decir, creo que muchos deben pagar impuestos, pero muy poco. De esta forma se quita uno de los estímulos para evadir.

Como contrapartida el gasto debe ser eficiente y, por supuesto, mi propuesta  de simplificar y bajar la carga tributaria es inviable si paralelamente la gente no deja de votar políticos que lo único que saben hacer es aumentar el gasto público en nombre de la solidaridad social, que no es otra cosa que el interés de ellos de retener el poder.

En definitiva, y siguiendo las palabras de Alberdi, dejamos de ser colonos de España y pasamos a ser esclavos de nuestros políticos, ya que trabajamos para sostener, vía impuestos, sus conquistas políticas.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Volver al futuro: ¿Camino a una estanflación?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 22/7/13 en http://economiaparatodos.net/volver-al-futuro-camino-a-una-estanflacion-3/

El modelo K ya acumula varios años de alta inflación. Es claro que la voluntad política para terminar con este problema no se encuentra en la agenda K

El gobierno se siente más cómodo culpando al mundo de los problemas internos del país que revisando sus propias decisiones. Los incentivos son claros. El costo de la inflación la pagan todos los Argentinos, mientras que los beneficios de corto plazo los recibe el gobierno dado que el Banco Central se dedica a financiar al Tesoro antes que proteger el valor de su moneda. Es por este motivo que es común escuchar que la inflación es un impuesto no legislado, lo que el Tesoro no colecta en billetes, lo colecta por erosión de poder adquisitivo. No está de más recordar que la política tributaria es potestad del Congreso, no del Ejecutivos. Es el ciudadano a través de sus representantes quien decide cuántos impuestos pagar, no es decisión del administrador de turno del estado.

Sin embargo, la política inflacionaria que a corto plazo trae beneficios al gobierno puede, en el largo plazo que siempre se termina haciendo presente, resultar en una débil situación económica e incluso en estanflación. Es decir, en estancamiento económico más inflación. No es cierto que se necesita inflación para crecer, no es cierto que se necesita un tipo de cambio competitivo para crecer y tampoco es cierto que mientras haya inflación no va a haber estancamiento económico porque se incentiva el consumo. Si bien no es difícil encontrar casos históricos en el mundo, basta con volver la mirada a la década del 80.

Si bien la inflación se debe a un exceso de oferta monetaria cuando el banco central expande la cantidad de dinero por encima de la demanda de dinero, un proceso inflacionario sostenido en el tiempo comienza a afectar otras variables además del nivel de precios. Dos de ellas son la demanda de dinero y la producción de bienes y servicios. Dado que la inflación derrite el poder adquisitivo del dinero, una inflación que llega para quedarse destruye los incentivos a ahorrar en una moneda que no deja de devaluarse. De poco sirve ahorrar en barras de hielo. Esto quiere decir que el mercado reduce el monto de billetes atesorados (bajo el colchón, en el banco, etc.) y los cambia por bienes y servicios. Al haber más billetes en circulación para la misma cantidad de bienes, por lo que el nivel de precios va a subir.

Pero el problema de la inflación no es en sí una cuestión de niveles de precios. Si todos los precios se moviesen en la misma proporción la inflación no sería un problema. Si el ingreso aumenta un 10% y todos los precios aumenta un 10%, entonces las personas no pueden comprar ni más ni menos bienes que antes; en términos reales la situación es la misma. El verdadero costo económico se da a través de la distorsión de precios relativos. Algunos precios suben primero, y otros lo hacen después dado que no todas las personas reciben el dinero fresco al mismo tiempo. Al Tesoro no le da la mismo ser el primero en recibir los nuevos pesos que acaba de imprimir el Banco Central que ser el último. Si es el primero, puede gastar el nuevo dinero antes que hayan subido los precios. Pero si es el último, los precios ya han subido para cuando el dinero llega al Tesoro. Una alta inflación que altera los precios relativos de manera inesperada hace que el nivel de producción decrezca y se produzcan cuellos de botella. El faltante de harina redunda en altos precios del pan. Ni el control de precios de Moreno ni la sugerencia de hacer el propio plan de Colombo solucionan el problema. El faltante de dólares (sumado a la inestabilidad institucional) implica que no se pueden importar insumos, y por lo tanto la producción cae en sectores como el energético. Si el gobierno no subsidiase las tarifas, las mismas serían mayores impactando en el índice de inflación. El subsidio tampoco soluciona el problema de fondo.

El siguiente cuadro muestra cuatro escenarios. El Escenario 1 es la situación inicial de referencia. El Escenario 2 corresponde a la inflación que se da únicamente por aumento en la oferta de dinero. El Escenario 3 corresponde a la inflación que se da únicamente por una caída en la demanda de dinero cuando la gente pierde interés en el peso. El Escenario 4 corresponde a la inflación que se da únicamente por caída en la producción. El quinto escenario, Estanflación, es la combinación de estos 3 escenarios. La primer columna muestra la oferta de dinero. La segunda columna la demanda de dinero, que es la cantidad de pesos que el mercado atesora y por lo tanto quita de circulación. La tercer columna es el dinero en circulación. La cuarta columna es la cantidad de bienes y servicios producidos y la quinta columna es el nivel de precios. El cuadro tiene números que no tiene otra intención que ilustrar los efectos, no son números que intenten reflejar verdaderas magnitudes actuales.

 

Nótese que cambios en el nivel de precios depende de cambios en el circulante, que pueden o no depender de cambios en la oferta de dinero. En los escenarios 2 y 3 la inflación es la misma para los dos casos por que el cambio en el circulante es el mismo. La única diferencia es que en el escenario 2 hay un aumento en la demanda de dinero mientras que en el escenario 3 hay una disminución en la demanda de dinero. El nivel de precios pasa de 6 a 7, lo que equivale a una inflación del 16.7%, que es la proporción de expansión del circulante. Esto sugiere que la inflación puede subir más que la expansión monetaria si la demanda de dinero comienza a caer.

El caso más preocupante, sin embargo, es el último de estanflación, que combina los escenarios 2, 3 y 4 en uno sólo. En este caso, una expansión monetaria del 10% (de 1000 a 1100) produce un aumento de circulante del 33% (de 600 a 800) y una inflación del (48%). Este no es un escenario a descartar por parte de un gobierno que ignora el problema de la inflación al punto tal de producir indicadores oficiales en los que nadie cree.

La caída en la demanda de pesos es palpable. El peso esta dejando de ser una moneda para pasar a ser lo que sería una quasi-moneda. Quasi-moneda es aquel bien que aún se utiliza para intercambios pero en los que no se ahorra; como por ejemplo aceptar pesos para hacer transacciones pero ahorrar en dólares. ¿A qué se debe el cepo y los intentos de pesificación forzada si no hay un caída en la demanda de pesos? Lo mismo sucede con la actividad económica cuando uno observa indicadores económicos en términos reales. Impuestos que dependen de la actividad económica, por ejemplo como el IVA, no crecen en términos reales cuando se ajusta la recaudación por la inflación verdadera. Aquel defensor del modelo que no está convencido, puede apostar su futuro y sus ahorros (previa pesificación si los tiene en pesos), abrir una inmobiliaria o una escribanía y vivir en carne propia las bondades del modelo.

El modelo K siempre fue inconsistente; al modelo no se le acabaron la pilas, simplemente puso de manifiesto las inconsistencias que siempre tuvo tapadas por la fiesta del consumo. Un modelo inconsistente inevitablemente termina en estancamiento económico. El gobierno ha intentado extender la vida de un modelo ineficiente vía expansión monetaria. El gobierno ha sumado inflación a un modelo que lleva al estancamiento. La estanflación es el postre del menú K.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y profesor universitario.