Las tres opciones económicas que se le abren al Gobierno a partir del 23 de octubre

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/10/17 en: https://www.infobae.com/opinion/2017/10/10/las-tres-opciones-que-se-le-abren-al-gobierno-a-partir-del-23-de-octubre/

 

Si el resultado electoral del 22 de octubre es el que se perfila actualmente, Mauricio Macri va a tener un importante capital político que, aunque no le permita tener el control de ambas cámaras legislativas, le otorgará un mayor margen de maniobra que el que tuvo hasta ahora.

Insisto, de confirmarse el resultado electoral que se vislumbra, el Presidente tendrá una segunda gran oportunidad de torcer el rumbo de decadencia económica que lleva siete décadas en Argentina, considerando que una gran primera oportunidad, a mi juicio desperdiciada, fue el 10 de diciembre de 2015 cuando asumió la presidencia. En ese momento, si se hubiese detallado claramente la herencia recibida del kirchnerismo, el margen de acción le hubiese permitido adoptar medidas económicas más contundentes que las que se adoptaron hasta ahora.

Sin duda que hoy el ambiente económico institucional es el día y la noche respecto a los nefastos años del kirchnerismo. No sólo ya no tenemos a la AFIP haciendo de KGB que persigue a los que piensan diferente, las interminables cadenas donde CF vendía un mundo irreal y no existen las medidas delirantes de Moreno y de Kicillof, entre otras cosas. Sin duda ahora somos vistos con respeto en el mundo. Ya no somos los impresentables que fuimos durante la era k.

No obstante, creo que sería un error comparar la actual situación con la era k como punto de referencia para saber si mejoramos o no, porque estaríamos poniendo la vara muy baja. El kirchnerismo nos dejó en el quinto subsuelo y no se necesita gran cosa para superar esa situación para mostrarse algo mejor. En todo caso en el gobierno de Fernando De la Rúa tampoco había controles de precios, ni de cambios, ni cepo cambiario y se llegó a una crisis final por no encarar las reformas de fondo y pensar que sólo con el cambio de expectativas que generaría la presencia de Domingo Cavallo y reestructurando la deuda pública el transcurso del tiempo iba a solucionar los problemas, algo que, como todos sabemos, no sucedió.

Si, como decía antes, el 22 de octubre, luego de contar los votos, Macri logra incrementar sustancialmente su capital político, el interrogante que queda por delante es cuál de los siguientes tres escenarios económicos se dará:

1. Que se duerman en los laureles y piensen que lo que les sirvió para ganar las elecciones también sirve para manejar la economía de aquí hasta el 2019, es decir, seguir endeudándose para financiar el déficit fiscal apostando a que, por algún efecto mágico, la economía va a crecer y del exterior nos van a financiar indefinidamente. En ese caso la economía estará en manos de Dios porque por el motivo menos pensado puede cortarse el financiamiento externo.

2. Ver si el Gobierno está dispuesto a adoptar las medidas mínimas necesarias para domar la pesada herencia k que todavía no fue desarticulada. Salvo los casos del cepo y las cosas más guarangas como los controles de precios, el gasto público sigue siendo un enorme peso para el sector privado, al igual que la carga tributaria, el retraso de las tarifas de los servicios públicos que fueron ajustadas pero todavía tienen que subir más y desarmar ese nefasto negocios de los “programas sociales” por el cual generaciones de jóvenes crecen viendo cómo sus padres viven sin trabajar. La famosa destrucción de la cultura de trabajo.

3. Adoptar un plan económico que no sólo permita dominar la herencia k sino, además, dar otro paso adelante y adoptar aquellas medidas que nos pueden llevar, en un par de décadas, a ser un país desarrollado. No nos olvidemos que Brasil acaba de corrernos el arco y nos exigirá más esfuerzo en las reformas dado que si aquí no se hace una reforma laboral importante, ni las migas de las inversiones que van a Brasil van a caer por estas tierras.

La primera opción luce poco viable. En lo que va de 2017 las reservas del BCRA aumentaron en USD 11.418 millones y todo ese aumento se explica por las compras de divisas que dicha entidad le hace al Tesoro que se endeuda para financiar el déficit fiscal.

La expansión de circulante es del 34,5% anual luego de colocar Letras del Banco Central y pases netos para absorber la liquidez que genera la compra de divisas al tesoro. En tanto que el stock de Lebac y pases netos se multiplicó por 3,4 veces entre diciembre de 2015 y septiembre de este año o, si se prefiere, subió el 240% con el gasto cuasifiscal que ello implica, en la era k ese stock se multiplicó por 30; dicho de otro modo, el endeudamiento del BCRA creció el 2.900 por ciento.

Mi punto es que este ritmo de endeudamiento externo y del BCRA para financiar el déficit fiscal es insostenible en el largo plazo.

Por eso, la pregunta es: ¿qué es lo mínimo que tendría que hacer el Gobierno de Mauricio Macri para salir de esta trampa económica que le dejó el kirchnerismo? ¿Es viable el gradualismo que venimos viendo?

Mi punto de vista es que si apuestan a hacer sólo lo que es necesario para dominar la herencia k, será un paso adelante. Ahora,

¿En qué consiste lo mínimo para dominar la herencia k?

1. Disciplina fiscal: No se limita a bajar el déficit fiscal solamente. Lo que se requiere es una profunda reforma del sector público con reducción del gasto y una reforma impositiva. Es imprescindible que la población tome conciencia de las funciones que quiere que preste el gobierno y esté dispuesta a solventarlas con sus impuestos. Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos. La dimensión del desequilibrio fiscal no se soluciona con retoques en el gasto público, sino que la dimensión del desequilibrio implica tener que replantearse cuál debe ser el rol del estado en Argentina. Eso de que el crecimiento de la economía va a licuar el peso del Estado sobre el PBI lo veo poco probable. Es más probable que el Estado aplaste al sector privado.

 Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos

2. Reforma impositiva: El principio básico de la política tributaria debe ser que muchos paguen poco y los impuestos sean sencillos de liquidar. En vez de concentrar una enorme carga tributaria sobre un reducido sector de la población, se debe buscar aplicar alícuotas bajas y que todos paguen.
Suele argumentarse que hasta que no se reduzca la evasión impositiva no se pueden bajar los impuestos. Esto es un error. Para reducir la evasión impositiva primero hay que bajar los impuestos de manera tal que el premio por evadir sea tan bajo que el contribuyente tenga menores estímulos para evadir. El camino de reducir la tasa de evasión pasa por reducir las alícuotas de los impuestos. Hay experiencias en el mundo que demuestran que la curva de Laffer funciona. Tal vez podría pensarse en reemplazar el actual impuesto a las ganancias por un flat tax.

3. Disciplina monetaria: Para alcanzar este objetivo puede establecerse una total libertad en el uso de las monedas, anulando el curso forzoso de la moneda nacional. Los agentes económicos podrán realizar las transacciones comerciales y todo tipo de operación económica en la moneda que las partes acuerden. El peso debe ser una moneda más que podrá utilizar la gente, pero al no existir el curso forzoso el BCRA estará obligado a preservar el valor de la moneda para que la gente la elija como reserva de valor o medio de intercambio. Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales serán finalmente alcanzables.

 Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales será finalmente alcanzables

4. Reforma laboral: Es fundamental para que las 650.000 Pymes y microemprendimientos contraten personal. Con 1 persona por año que contraten estas 650.000 empresas, en 5 años tenemos resuelto el problema de la desocupación. Se podrán absorber los 250.000 jóvenes que se incorporan anualmente al mercado laboral, podrán pasarse empleados del estado al sector privado y no habrá justificativos para que los piqueteros sigan exigiendo ser mantenidos por los contribuyentes.

5. Incorporarse al mundo: Si la Argentina se incorpora al mundo, estará anclando sus instituciones a las de los países desarrollados y el proceso de captación de inversiones será más acelerado. Vean cómo el gobierno de Cataluña empieza a arrugar al ver que queda fuera del mundo si se separa de España.

El desastre populista de los últimos 70 años potenciado por el kirchnerismo es tan grande que el mínimo para superar la herencia k es un mínimo muy alto. Seguir comparándose con los 12 años kirchneristas es poner la vara demasiado baja y correr el riesgo de adoptar medidas que no alcancen para salir del pozo en que nos dejaron.

En síntesis, me parece que el 23 de octubre, si se confirma la consolidación de Cambiemos, debería aparecer un plan económico global con el mínimo de medidas señaladas. Caso contrario habrá que rezar para que el financiamiento externo permita financiar este sobredimensionamiento estatal y carga tributaria que ahogan cualquier posibilidad de entrar en una senda de crecimiento de largo plazo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El adiós a la heterodoxia inflacionista

Por Iván Carrino. Publicado el 26/9/16 en: http://www.ivancarrino.com/el-adios-a-la-heterodoxia-inflacionista/

 

Por años nos dijeron que la inflación era culpa de los empresarios. Hoy, con los mismos empresarios, la inflación está bajando. Es la política monetaria y el fin de la heterodoxia.

Los bancos centrales no son los mejores amigos de la gente común. Desde su aparición y proliferación a lo largo del globo, han sido los principales responsables de la destrucción de las monedas que emiten.

Es que los bancos centrales, por décadas, han sido los mejores amigos de los gobiernos. Y cuando un mejor amigo se queda sin plata, ahí está uno para prestarle. El problema, claro, es que cuando el único autorizado legalmente para emitir dinero, le “presta” al gobierno ese nuevo dinero, eso hace que su poder adquisitivo caiga. La inflación es lo que sigue, y luego la crisis y el empobrecimiento generalizado.

Esto sucedió en los Estados Unidos, nada menos que el país de referencia para muchos en materia de disciplina monetaria. Desde la creación de la Reserva Federal, el poder adquisitivo del dólar estadounidense se desplomó más de 90%. Por otro lado, el oro, que en 1915 estaba fijo en US$ 20 la onza, hoy cotiza cerca de los U$S 1.300.

Si miramos el “track record” de nuestra autoridad monetaria, la historia es mucho más lamentable. Cinco signos monetarios destruidos, dos hiperinflaciones, y numerosos controles del tipo de cambio que terminaron con estallidos y megadevaluaciones.

Como puede verse, lo que la historia tiene para ofrecernos es una relación directa entre la operación de los bancos centrales y la aparición de la inflación. Se desprende de esto la famosa frase de Milton Friedman, acerca de que la inflación es, en todo momento y en todo lugar, un fenómeno monetario. Y se desprende también que, si bien son los bancos emisores los responsables de la inflación, también son los únicos capaces de bajarla (a menos que decidamos cerrarlos).

Sin embargo, a pesar de esta numerosa evidencia empírica sustentada por siglos de teoría económica, en nuestro país muchos se resisten a entender.

Por los últimos doce años el país ha vivido un furioso proceso inflacionario, en donde el ritmo de aumento de precios pasó del 3,7% anual en 2003, al 38,5% en 2014. A fin de este año, probablemente también veamos una inflación cercana al 40%.

Por años, la explicación oficial pasó por dos vertientes muy claras. La primera, que “un poco de inflación es buena” y que si queremos crecer, tenemos que bancarnos hacerlo con precios que suben. Es la clásica explicación keynesiana de la demanda agregada. Si crece la demanda, crecerá la producción pero subirán los precios.

A la luz de los datos, esta teoría quedó obsoleta. De 2011 a 2015, los precios treparon 183%. Sin embargo, el PBI creció solo 0,3% anual, reduciéndose en términos per cápita.

La segunda explicación es que la inflación había que bajarla de manera “heterodoxa”, con políticas de ingresos y subsidios a la oferta. Es decir, con controles de precios, aumentos de salarios para incentivar el consumo, y créditos subsidiados para que las PYME produzcan más. Todas políticas contrarias al objetivo deseado, porque los controles de precios destruyen la producción, mientras que el crédito barato, al exigir subsidios que generan déficit, estimula la inflación.

La heterodoxia estaba tan orgullosa de su teoría que cuando el Banco Central de la República Argentina decidió emprender una política monetaria dura subiendo la tasa de interés y reduciendo la cantidad de dinero en circulación, se rió de él (véase aquí y aquí). Al mirar cómo los precios subían producto de la salida del cepo y el ajuste de tarifas (todo producto de la inflación reprimida por los controles); los heterodoxos afirmaron que la ortodoxia monetaria no había sido exitosa en detener la caída del poder de compra del peso.

Lamentablemente para ellos, está quedando claro que esto es falso. Si bien 2016 va a ser un año de un fuerte aumento en el IPC producto del acomodamiento de precios relativos; las proyecciones para 2017 muestran un contundente freno a la caída del poder adquisitivo. El gobierno prevé que los precios treparán 17% el año que viene, pero incluso errando por tres puntos el pronóstico (un dato más cercano a las proyecciones privadas), estaremos frente a la inflación más baja en 7 años.

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Recientemente en el BCRA disertaron los presidentes de los bancos centrales de Chile e Israel, dos países donde la inflación cayó desde niveles estratosféricos y hace al menos diez años que gozan de inflación baja. La receta no fue el control de precios, sino la más ortodoxa estrategia de las metas de inflación y el tipo de cambio flexible.

La inflación en Argentina está bajando. Y eso es gracias a la política monetaria. Si se consolida este camino, y no ingresamos en una nueva fiesta de endeudamiento para financiar el déficit, habrá dos motivos para festejar. El primero, es que las condiciones para el crecimiento económico crecerán considerablemente. La segunda, que será cada vez más difícil que regrese al poder la heterodoxia inflacionaria, que tanto daño le ha hecho al desarrollo económico y social de nuestro país.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Lineamientos de una propuesta económica para enfrentar la herencia k

Publicado el 11/9/16 en http://economiaparatodos.net/lineamientos-de-una-propuesta-economica-para-enfrentar-la-herencia-k/

 

El presente documento fue redactado por cuatro economistas: Agustín Monteverde, Héctor Mario Rodríguez, Nicolás Cachanosky y Roberto Cachanosky

El objetivo del documento fue establecer los lineamientos  a seguir para dominar la herencia k y lograr la reactivación de la economía lo antes posible. La propuesta no busca el máximo de medidas posibles, sino el mínimo indispensable para evitar que la herencia que dejó el kirchnerismo le genere un alto costo político al nuevo gobierno y derive en una crisis social.

Este documento fue presentado el pasado 8 de septiembre en el auditorio de UCEMA organizado el evento por la Fundación Cívico Republicana, AMAGI, RELIAL y la Fundación Naumann. Presentación que en las próximas semanas será profundizada en 3 reuniones específicas.

Además, nos proponemos profundizar el análisis de algunas medidas y mantenerlo actualizado.

Deseamos aclarar que ninguno de los cuatro economistas que redactó este documento está buscando un cargo público. Solo pretendemos poner sobre la mesa el debate de temas que hoy no se tratan y son fundamentales para el crecimiento económico como la reforma tributaria, la reforma del estado, la incorporación de la economía al mundo, la reforma laboral, etc.

En definitiva, es solo un aporte a la comunidad de cuatro economistas preocupados por la marcha de la economía dada la herencia recibida.

EL DOCUMENTO

Si bien la economía argentina viene de un proceso de larga decadencia, tal vez el período kirchnerista (2003/2015) se haya caracterizado por llevar el populismo autoritario hasta niveles que pusieron en riesgo la existencia del sistema republicano de gobierno.

Consideramos que los países crecen cuando tienen instituciones sólidas que atraen inversiones competitivas, generan nuevos puestos de trabajo, y mejoran el ingreso real de la población. Es lo que habitualmente se denomina “Imperio de la Ley”, bajo la cual ningún sector económico posee privilegios institucionales. Como en las actividades deportivas, el rol del gobierno no debe ser administrar beneficios entre sectores sociales y económicos, sino ser un árbitro imparcial que facilite el desarrollo de sus ciudadanos.

Debido a que esas instituciones son las leyes, códigos, normas, costumbres que regulan las relaciones entre los particulares y el estado, y entre los particulares entre sí, no puede separarse la relación entre crecimiento económico y calidad institucional. El marco institucional define el nivel de riqueza en el largo plazo de un país (la política económica produce oscilaciones en torno al nivel de riqueza.) El problema institucional argentino es más serio que sus problemas de política económica.

A su vez, las leyes, códigos, normas y costumbres que conforman las instituciones de un país son fruto de los valores que imperan en la sociedad. Si los valores que arraigan son los de vivir a costa del fruto del trabajo ajeno, se destruye el estímulo por invertir y producir, con lo cual la economía genera menos bienes y servicios cuyo resultado es mayor pobreza. Y esto irá más allá de las propias leyes, que están, pero no se cumplen (no hay Imperio de la Ley) o, aún peor, se instrumentan regulaciones que atentan contra la esencia de la libertad y el respeto individual. Impera, por decreto o por constitución, la ley de la selva.

Teniendo en cuenta la pesada herencia económica que dejó el kirchnerismo y las restricciones políticas que debe afrontar el nuevo gobierno, el presente documento tiene como objetivo plantear la necesidad de debatir de manera seria y profunda problemas económicos e institucionales que parecen seguir ausentes en la agenda política del nuevo gobierno que tanto ha prometido el Cambio en Argentina. Si Cambiemos quiere demostrar que no es “kirchnerismo de buenos modales” y que “sí, se puede”, entonces no debe evadir afrontar reformas como las aquí planteadas.

No pretendemos que las medidas necesarias puedan implementarse de un día para el otro, ni solucionar décadas de populismo en unos pocos meses. Pero sí es necesario fijar el rumbo. El gradualismo elegido por el gobierno de poco sirve si no está claro hacia dónde nos lleva dicho gradualismo.

El proyecto de chavización que el kirchnerismo propuso a la Argentina requirió un alto grado de populismo fiscal, es decir gasto público para financiar planes “sociales”, subsidios para las tarifas de los servicios públicos y más empleo público a nivel nacional, provincial y municipal. Obviamente que ese mayor nivel de gasto público exigió una creciente presión impositiva y más impuesto inflacionario y el endeudamiento público que se pudiera conseguir (o los activos públicos y privados que se pudieran dilapidar) para financiar el creciente déficit fiscal.

Los problemas más urgentes a enfrentar, herencia del kirchnerismo son los siguientes:

1)   Gasto público récord y altamente ineficiente ya que no proporciona los bienes básicos que debe brindar un gobierno republicano,

2)   Una presión impositiva récord que asfixia la actividad privada y llegando a niveles confiscatorios que ahuyenta las inversiones,

3)   A pesar de la asfixiante presión impositiva, se heredó un déficit fiscal del 7% del PBI, financiado con emisión monetaria

4)   Alta tasa de inflación fruto del financiamiento monetario del déficit fiscal

5)   Fuerte distorsión de los precios relativos, entre otras cosas, por las tarifas de los servicios públicos subsidiados y un nivel de salarios elevado en términos de tipo de cambio oficial

6)   Stock de capital en infraestructura virtualmente agotado o colapsando, como es el caso de las rutas y del sistema energético.

La herencia recibida obliga a asumir un doble desafío: por un, lado evitar que se produzca una crisis social al recalibrar los precios relativos de modo tal de que empiecen a dar las necesarias señales de escasez y poner orden fiscal. Por otro lado, iniciar un camino de largo plazo de crecimiento económico con profundas reformas estructurales que nos aparte definitivamente del populismo.

Las medidas para enfrentar la herencia k deben ser parte de un plan económico de largo plazo y multifacético.

En este sentido consideramos que es necesario entender que un sistema económico institucional con incentivos equivocados nunca va a transformarse en un sistema eficiente, por más que se intente administrarlo “eficientemente”. No es cuestión de administrar mejor un sistema ineficiente que crea las condiciones para que florezca la corrupción. La clave está en cambiar el sistema no en administrarlo mejor u “honestamente”.

El sistema o los ejes de la política económica

La política económica sólo puede brindarle a la población un nivel de vida material más elevado en la medida que genere una fuerte corriente de inversiones, en especial en actividades competitivas y, por lo tanto, sustentables.

Actividades competitivas significan que pueden competir con importaciones e, incluso, incrementar las exportaciones y que no requieren de subsidios o beneficios como políticas de sustitución de importaciones. Para lograr esa corriente inversora en actividades competitivas, la política económica debería tener tres grandes ejes

1)   Disciplina fiscal

2)   Disciplina monetaria

3)   Calidad institucional

Disciplina fiscal

La disciplina fiscal no se limita bajar el déficit fiscal solamente. No tiene sentido buscar un equilibrio fiscal con un gasto público del nivel del actual. Esto significaría consolidar un sector productivo raquítico y burócratas cada vez más ricos y corruptos.

Lo que se requiere es una profunda reforma del sector público con reducción del gasto y una reforma impositiva. Es imprescindible que la población tome conciencia de las funciones que quiere que preste el gobierno y esté dispuesta a solventarlas con sus impuestos. Se trata de un proceso sociológico profundo en una comunidad habituada a la gratuidad y a respaldarse en el Estado como si se tratara de un Rey Rico.

Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos. La dimensión del desequilibrio fiscal no se soluciona con retoques en el gasto público, sino que la dimensión del desequilibrio implica tener que replantearse cuál debe ser el rol del estado en Argentina.

Para reducir el gasto público consideramos que se puede disminuir la cantidad de personal en el Sector Público Nacional (y un paralelo en las jurisdicciones provinciales y municipales) mediante planes de retiro anticipado, el cierre de secretarías y reparticiones públicas en general pagando las indemnizaciones correspondientes.

Esta medida no implica incrementar la desocupación propiamente dicha.  Esas personas no están ocupadas actualmente, sino que cobran un disimulado seguro al desempleo mediante un cargo público al cual, muchas veces, no asisten personalmente. Se ha escondido la verdadera tasa de desempleo simulando puestos de trabajo en el sector público. Se confunde genuina generación de empleo (que genera valor económico) con un efecto estadístico al clasificar este disimulado subsidio al desempleo como “empleo”. Proponemos comenzar a sincerar esa situación, hablando con la verdad como insistentemente proclama el Presidente Macri, con la ventaja que, a menor burocracia menos entorpecimiento para que produzca eficientemente el sector privado. Cada empleado público que no contribuye a generar valor económico es un ladrillo más en la ya pesada mochila impositiva que carga el contribuyente.

Proponemos asimismo un proceso de re empadronamiento de todos aquellos que reciben planes sociales. El objetivo final es que se otorguen en casos especiales exclusivamente. No pueden ni deben constituir una forma de vida porque destruye la cultura del trabajo y es injusto e inmoral que unos vivan a costa de otros de manera permanente cuando es posible trabajar. A modo de ejemplo, el gobierno puede administrar una bolsa de trabajo ante la cual los beneficiarios de planes sociales no pueden rechazar una oferta de trabajo dentro de su especialidad y de un rango geográfico aceptable sin perder el plan social. El éxito de los planes sociales, como el de los medicamentos, se mide por qué tan rápido el mismo se vuelve innecesario y desaparece, no por qué tan rápido es necesario incrementar la dosis. La expansión de los planes sociales en Argentina sugiere que los mismos están mal diseñados y/o aplicados. Lo que proponemos no es dejar a sus beneficiarios a su suerte, sino revisar los planes sociales para que efectivamente cumplan con su cometido.

Otro punto sobre el que hay que trabajar es la recomposición de las tarifas de los servicios públicos congeladas durante casi 14 años, como paliativo para un desmadre económico que destruyó los ingresos reales de los menos favorecidos. El principio que debe regir es el de pagar por lo que se consume. Como cualquier otro bien o servicio; sin subsidio alguno. Pero no se le puede pedir a las familias y empresas que paguen la tarifa plena cuando, al mismo tiempo, ese precio final tiene incorporado una feroz carga tributaria. El consumidor debe hacer el esfuerzo de pagar por lo que consume, pero el estado debe hacer el esfuerzo de reducir la carga tributaria sobre el consumo de energía eléctrica, gas y demás servicios públicos, lo que tiene como contrapartida una reducción del gasto público para no quedar desbalanceado. Subir las tarifas de servicios públicos debe implicar bajar impuestos y, en consecuencia, reducir gasto público.

El proceso de reestructuración del estado llevará tiempo, pero es fundamental comenzar a recorrer el camino lo antes posible, transmitiendo con claridad, a la sociedad toda, los objetivos (parciales y totales) y los caminos para alcanzarlos. Este proceso debe ser a favor de la gente y debe hacerse explícita esa finalidad de modo tal de debilitar la resistencia de los intereses creados.

Política tributaria

El principio básico de la política tributaria debe ser que muchos paguen poco y los impuestos sean sencillos de liquidar. En vez de concentrar una enorme carga tributaria sobre un reducido sector de la población, se debe buscar aplicar alícuotas bajas y que todos paguen.

Suele argumentarse que hasta que no se reduzca la evasión impositiva no se pueden bajar los impuestos. Esto es un error. Para reducir la evasión impositiva primero hay que bajar los impuestos de manera tal que el premio por evadir sea tan bajo que el contribuyente tenga menores estímulos para evadir. El camino de reducir la tasa de evasión pasa por reducir las alícuotas de los impuestos. El camino inverso implica matar impositivamente al sector productivo e incentivar la evasión. No existe fuga de capitales a paraísos fiscales sin infiernos fiscales.

Como parte de la política impositiva sugerimos eliminar el impuesto a las ganancias y establecer un low flat tax que equipare a la recaudación de todos los impuestos nacionales (IVA, Ganancias, Bienes Personales). Además, eliminar lo antes posible el impuesto al cheque o tomarlo a cuenta del low flat tax.

Disciplina monetaria

Volver a un Banco Central independiente del Poder Ejecutivo es parte de la política de disciplina monetaria. Volver a la Carta Orgánica anterior es imprescindible. Desde su fundación en 1935 a la fecha, la inflación promedio anual en Argentina fue del 54%. Este pobre desempeño sugiere que el problema monetario en Argentina no se debe meramente a seleccionar una buena administración del BCRA, sino que el problema de fondo es institucional o de diseño. Una reforma seria y profunda que garantice la independencia del BCRA es necesaria para garantizar la estabilidad monetaria en el mediano y largo plazo en Argentina.

Debe establecerse una total libertad en el uso de las monedas, anulando el curso forzoso de la moneda nacional. Los agentes económicos podrán realizar las transacciones comerciales y todo tipo de operación económica en la moneda que las partes acuerden. El peso debe ser una moneda más que podrá utilizar la gente, pero al no existir el curso forzoso el BCRA estará obligado a preservar el valor de la moneda para que la gente la elija como reserva de valor o medio de intercambio. Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales será finalmente alcanzable.

La política cambiaria será de flotación limpia. Si el Banco Central preserva el valor de la moneda, el tipo de cambio tenderá a ser estable. De todas formas, con un frente fiscal sólido y consolidado, unido a un Banco Central patrimonialmente rico y profesionalizado, una política cambiaria activa transitoria, para neutralizar corrientes externas perturbadoras para un país chico y abierto, tendrá plena cabida.

El Banco Central tendrá que capitalizarse. El Tesoro le entregará letras transferibles en dólares a cambio de los U$S 48.000 millones de letras intransferibles del tesoro que actualmente tiene el Banco en su Activo. Asimismo, el BCRA dejará de incrementar la cartera de LEBACs, ya que desplaza al sector privado del mercado crediticio.

Calidad institucional

Recuperar la calidad institucional es lo que más tiempo llevará, dado que implica modificar los valores que hoy imperan en la sociedad.

De todas maneras, el conjunto de la política económica debe apuntar, en los hechos y en el discurso, a cambiar la cultura de la dádiva, los subsidios y el proteccionismo por la cultura del trabajo, la competencia y el desarrollo de la capacidad de innovación de la gente. El gobierno no debe ser un mero seguidor de encuestas, sino que debe ser un genuino líder social. En las últimas ediciones del índice de Libertad Económica del Fraser Institute, Argentina se ubica entre los 10 países con menos libertad económica del mundo. Argentina no necesita retoques de política económica. Argentina necesita un cambio fundamental en su concepción de cuáles deben ser los principios económicos imperantes.

Se debe revertir la perniciosa consigna que los planes sociales (que han destruido la cultura del trabajo) son un derecho de la gente. En todo caso, serán una ayuda extraordinaria en una circunstancia particular. Lo que debe cambiarse es la concepción de que el vivir del fruto de trabajo ajeno es un derecho adquirido.

Mención especial merece que, en lo inmediato, también debe el Ejecutivo impulsar una política de transparencia denunciando todos los casos de corrupción y los abusos de poder. Es imposible pensar en el crecimiento de largo plazo si quienes cometieron delitos contra la hacienda pública y abusaron del poder no son sancionados con la mayor severidad. Por lo cual, el paso siguiente será la celeridad, eficacia y ecuanimidad del Poder Judicial, quien no debe hacerse el distraído antes casos de abuso de poder, corrupción, y avance sobre las instituciones republicanas. El rol institucional del Poder Judicial es proteger las instituciones republicanas, tarea en la que este poder tiene mucho por corregir y sentar ejemplo. Caso contrario se estaría enviando el mensaje que se puede ser corrupto y abusar del poder sin sufrir las consecuencias, aún a pesar de cambio sustancial de signo político que la sociedad votó. Por poco margen, es cierto, pero más de la mitad de los votantes pidió un cambio en este sentido. No se cambian los valores dejando pasar por alto la corrupción y el abuso de poder y, por lo tanto, no se mejora la calidad institucional que es la que atraerá inversiones. Avanzar sobre la república es un problema institucional, no un problema de la política.

Insistimos, sancionar con severidad los casos de corrupción y abuso de poder deben ser considerados parte de la política económica, dado que ayudan a reconstruir la calidad institucional que es la llave para atraer inversiones.

Un giro constructivo del castigo a la corrupción es la pérdida de la propiedad de los bienes y dinero obtenido en ocasión de un acto corrupto. Del mismo modo que un simple ladrón debe devolver lo robado, si lo tiene en su poder y su propietario original lo reclama, los fondos provenientes de la corrupción deben volver a un Fideicomiso para fomentar actividades de alto impacto social. Ese ejemplo valdrá más que mil palabras.

El corto y el largo plazo

Considerando que la economía se mueve por tres factores, a saber: 1) el consumo interno, 2) la inversión y 3) las exportaciones netas, el camino menos doloroso para que la población supere la herencia recibida del kirchnerismo pasa por bajar la tasa de inflación, ir a una libre flotación y permitir que el tipo de cambio alcance el nivel de mercado.

Con un tipo de cambio real más alto las exportaciones actuarán como el primer motor que pondrá en funcionamiento la economía y la sacará del actual proceso recesivo. Un proceso acelerado de inversión externa neta (de cartera y/o inversión externa directa); es decir, un brusco aumento del ingreso de capitales por las mejores expectativas que el mediano plazo argentino promete frente a una región y un mundo emergente complicados, puede actuar como depresor de tipo de cambio real. Ello encarecerá nuestra producción, en relación con la resto del mundo. Para ello, una política inteligente del Banco Central evitando lo que se conoce como enfermedad holandesa, será crucial.

Solucionar el problema energético de Argentina es esencial para evitar un efecto de cuello de botella en la recuperación económica del país. Si no hay oferta suficiente de energía para aumentar la producción, la recuperación no será posible o la misma será muy lenta. El problema energético requiere, sin embargo, de fuertes inversiones de largo plazo;lo que hace más urgente, aún, las reformas económicas e institucionales que se discuten en este texto.

En lo que hace a la obra pública, en vez que el estado tome deuda externa para realizar las obras, resulta más conveniente que se llame a licitación para la ampliación, construcción y mantenimiento de rutas e infraestructura en general con aportes de capital privado. En este caso, habrá que desistir de la habitual práctica de garantizar (con respaldo del estado) los pasivos financieros de los contratistas. Los avales caídos a cargo del estado tienen una larga y triste historia en el país.

Un flujo de inversiones importante en este rubro permitirá reconstruir la infraestructura del país en el mediano plazo y, en el corto, movilizar rápidamente la actividad económica.

Reforzando lo dicho anteriormente respecto del riesgo de sobrevaluación de la moneda local, será clave que, si ingresan capitales para invertir tanto en obra pública como en otros sectores, la economía esté totalmente abierta al comercio internacional y a los flujos financieros en ambos sentidos.

Vemos también que una suba del tipo de cambio puede cambiar el flujo del turismo, logrando aumentar el turismo receptivo.

La inversión será el segundo motor en movilizar la economía, pero para ello se requiere un plan económico global consistente, con una política tributaria amigable hacia la inversión y un cambio profundo en la legislación y en la política laborales. Si se pretende reducir la tasa de desocupación como primer paso hacia la eliminación de la pobreza, es indispensable facilitar las contrataciones de personas con cualquier tipo de capacitación en el mercado laboral.

Con décadas de preminencia de la negociación salarial en las cúpulas (de empleados y de patrones), basamento de la partidocracia totalitaria, estas modificaciones sustanciales serán delicadas, largas y, si no se explican bien sus beneficios, resistidas en casi toda la población.

Sólo luego de iniciar el ciclo virtuoso del crecimiento es posible pensar en que el consumo sea vigoroso, mientras tanto lo que puede lograrse es evitar que el consumo siga cayendo fruto la presión impositiva, la falta de inversiones y la inflación como consecuencia del desequilibrio fiscal.

En síntesis, la visión de largo plazo de la política económica debe ser la de crecer con fuertes inversiones incorporando y abriendo la economía argentina al mundo, mediante todos los acuerdos de libre comercio que seamos capaces de firmar. Hay que ver el mundo como lo que es: una oportunidad; no una amenaza. La propuesta marketinera de hacer de Argentina el “supermercado” del Mundo (como superadora de ser “el granero del mundo”) tiene raíces profundas en este razonamiento. Argentina debe renunciar a la concepción tan arraigada de sustitución de importaciones y proteccionismo para incorporarse a un mundo globalizado y recibir los beneficios de la división internacional del trabajo.

La visión económica de largo plazo tiene que estar basada en que las empresas obtengan sus utilidades satisfaciendo las necesidades de los consumidores, dentro de reglas de juego que maximicen la competencia en todos los mercados, en vez del actual esquema que se basa en buscar el favor del funcionario de turno para no competir, aprisionando a los consumidores en un mercado cautivo.

El gobierno debe marcar el rumbo en el cual los subsidios no deben ser duraderos y que se debe volver a la cultura del trabajo. Un año 2017 con menos feriados inventados (puente, fechas corridas, conmemoraciones absurdas) será una señal poderosa.

En lo inmediato, es fundamental comenzar a poner orden fiscal bajando el gasto público mediante la reconfiguración estructural de las funciones del estado y su relación con los particulares y re-escribiendo el sistema tributario, empezando a incorporar el low flat tax en lugar de la intransitable y asfixiante maraña actual. Esta es la única manera de lograr disciplina fiscal para tener disciplina monetaria e ir bajando la tasa de inflación.

El anuncio de un plan económico global y el inicio de su aplicación atraerán las inversiones que junto con las exportaciones permitirán en una senda de crecimiento sostenido para ir bajando la desocupación y la pobreza, no con paliativos o soluciones que no emancipan a los menos favorecidos sino con trabajo formal, digno y bien remunerado. Objetivo que, en última instancia deber ser el fin de toda política económica: que todas las familias vivan mejor materialmente.

Firman: Agustín Monteverde, Héctor Mario Rodríguez, Nicolás Cachanosky, Roberto Cachanosky

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Una propuesta económica ignorada por el gobierno

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 22/5/16 en http://economiaparatodos.net/una-propuesta-economica-ignorada-por-el-gobierno/

 

La historia de 7 economistas que presentamos los lineamientos para enfrentar la herencia k  y fuimos ignorados

Cansado de escuchar estupideces sobre que critico pero no propongo nada o que al gobierno hay que formularle las propuestas en privado, paso a contar una historia no conocida, pero que creo que llegó el momento de darla a conocer y que quienes hablan sin fundamento se llamen a silencio.

Antes que ganara la segunda vuelta electoral Mauricio Macri, convoqué a un grupo de cuatro economistas, entre ellos a mi fallecido hermano Juan Carlos, para redactar los lineamientos de un plan económico para enfrentar la herencia que dejaba kirchnerismo. Ninguno de los economistas pertenecía a alguna fracción partidaria. Ninguno militaba o milita en algún partido político.

Con los primeros que hablé fueron con mi hermano Juan Carlos y con Agustín Monteverde, con quién hacía rato veníamos intercambiando ideas sobre si valía la pena el esfuerzo de emprender esa tarea, y les propuse conformar un grupo y comenzar a trabajar en las medidas necesarias para dominar la herencia k. También fue de la partida otro economista más con quién habíamos hecho un trabajo similar allá por 1988.

A propuesta de uno de los integrantes del grupo inicial luego se sumó otro economista más y dos miembros de la Fundación Libertad y Progreso que conduce Manuel Solanet.

Nos reuníamos todos los jueves a partir de las 18.30 hs. en la casa de mi hermano Juan Carlos o en la casa de otro de los integrantes del grupo para intercambiar ideas sobre cómo enfrentar la crisis que dejaba el kirchnerismo. El documento incluye dos grandes secciones: 1) una descripción de la herencia recibida y 2) qué hacer en materia de gasto público, política impositiva, comercio exterior, etc.

Luego de varios meses de reuniones, correcciones en la redacción del texto y pulir algunas ideas adicionales, comenzó el debate sobre cuál era el mejor camino para dar a conocer el documento. En ese lapso uno de los miembros de la Fundación Libertad y Progreso propuso que no saliera solo con la firma de los 7 economistas que habíamos trabajado sino que saliera con el nombre de la Fundación. Si bien yo me había ocupado de armar el grupo original, no tuve ningún inconveniente para que el documento saliera con el nombre de la Fundación, finalmente era un trabajo para tratar de colaborar con el nuevo gobierno (a esa altura ya había ganado Macri la segunda vuelta) y no era cuestiones de figuraciones sino de formular aportes. Y tampoco era el objetivo buscar puestos en el gobierno, sino contribuir con ideas.

Ya avanzado y casi terminado el documento, vino otro debate. ¿Debíamos dar a conocer en los medios y redes sociales el trabajo o primero se lo acercábamos a los miembros del nuevo gobierno?

Finalmente primó la idea de no difundirlo y enviárselo vía la Fundación a por lo menos media docena de funcionarios que actualmente son ministros u ocupan otros cargos en el área económica del gobierno. Tarea que se encargó de realizar la Fundación Libertad y Progreso.

Algunos agradecieron el envío pero no hubo ningún tipo de feedback para reunirnos e intercambiar ideas. Aclaro que ninguno de nosotros estaba buscando un puesto en el gobierno, era solo el intento de 7 economistas con más de 30 años de profesión que habiendo visto y vivido varios fracasos económicos, intentaba aportar su granito de arena.

Pasado un tiempo prudencial y viendo que las nuevas autoridades no estaban interesadas en intercambiar ideas sobre las medidas a tomar, sugerí dar a conocer el documento en forma pública que había sido la idea original cuando convoqué a Agustín Monteverde y a mi hermano.

En esa parte hubo diferentes posiciones por miedo a perjudicar al nuevo gobierno y se llegó al acuerdo de publicar solo el diagnóstico. Es decir, la descripción de la herencia recibida pero no las propuestas de las medidas a tomar. Personalmente yo era de la idea de publicar todo pero acepté limitarnos a publicar el diagnóstico.

En definitiva, el documento era una descripción de la espantosa herencia económica que dejaba el kirchnerismo y en su segunda parte una propuesta económica que busca volver, dentro de lo posible y a lo largo del tiempo, a los principios alberdianos, padre de nuestra Constitución Nacional, que fueron los que permitieron que Argentina pasara de ser un desierto a una de las potencias económicas a principios del siglo XX.

Lo concreto es que 7 economistas, al final se sumó un economista más con su firma, hicimos los deberes. Se los enviamos por mail a diferentes miembros del actual gabinete de Macri pero optaron por no intercambiar ideas.

Es perfectamente entendible que no les interesara ni nuestro diagnóstico ni nuestras propuestas de volver a los principios de nuestra constitución de 1853/60 y tengan en mente otra propuesta. Pero lo cierto es que se hizo el esfuerzo por diagnosticar y proponer ideas, lo cual a mí, que fui el que tuvo a su cargo armar y coordinar las reuniones del grupo, me queda la conciencia totalmente tranquila que el esfuerzo estuvo hecho y, por lo tanto, me siento libre de apoyar o criticar las ideas del gobierno habiendo previamente intentado ser escuchado por las actuales autoridades.

Debe quedar en claro que esta no es una nota reclamando que el gobierno nos convoque a dialogar, posiblemente se sientan más cómodos dialogando con el massismo, el radicalismo y el progresismo. Finalmente su ministro de Hacienda Prat Gay proviene de las filas del progresismo y es perfectamente atendible que quieran buscar la solución por ese costado ideológico. Por mi parte sigo creyendo que son más dignos y eficientes los principios de la libertad, la cultura del trabajo, la competencia empresarial, la integración al mundo que el paternalismo estatal que impulsa el progresismo.

En lo personal seguiré bregando por difundir las ideas de un gobierno limitado, que no exprima a los contribuyentes con impuestos para financiar un gasto público monumental, de baja calidad y con todos los condimentos para que la corrupción siga enquistada en el estado. Quiero un estado que le permita a la gente liberar su capacidad de innovación, disciplina fiscal para tener disciplina monetaria y bajar la inflación. Y, finalmente, quiero un país en el cual vuelva la cultura del trabajo. Valor que fue destruido a lo largo de décadas y demolido por el kirchnerismo.

Pasados más de 5 meses desde que asumió el nuevo gobierno 7 economistas hicimos un primer esfuerzo por colaborar acercando ideas que prefirieron no debatir y descartaron de entrada.

Ahora el camino que queda para todos aquellos que queremos que al gobierno le vaya bien, es solo marcar puntos de vista diferentes cuando se adoptan medidas que consideramos no adecuadas y apoyar aquellas que sí están bien enfocadas, pero siempre centrados en sostener los principios de la libertad que impulsó Juan Bautista Alberdi, tanto en su libro Bases como en el Sistema Económico y Rentístico.

No es aceptando nuestra historia desvirtuada que ha vendido el progresismo que vamos a salir de la decadencia, sino recuperando los valores de grandeza que están en nuestra constitución de 1853/60 y adoptando la audacia de estadistas como un Sarmiento, Pellegrini, Mitre y tantos otros que tomaron las ideas de la generación del 37 para transformar la Argentina en una potencia económica.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

El cepo es hijo del populismo

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 20/8/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1820661-el-cepo-es-hijo-del-populismo

 

El presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, afirmó que si se eliminaran todas las regulaciones cambiarias habría una gran devaluación. En rigor, su afirmación no tiene como contrapartida una explicación que la justifique dado que solo señala que habría más demanda de dólares que oferta y, por lo tanto, subiría el tipo de cambio. Solo formula la afirmación. No la demuestra.

Si dejamos de lado las poco serias teorías conspirativas para explicar la suba del tipo de cambio, Vanoli no hizo otra cosa que reconocer dos cosas: a) que la gente huye de la moneda que emite la institución que él mismo preside, con lo cual está reconociendo su fracaso como presidente del BCRA de proveerle al mercado una moneda sólida y b) también reconoce que existe retraso cambiario. ¿Cuál sería la razón para que la demanda de dólares sea mayor a la oferta si el actual nivel del tipo de cambio fuera de equilibrio? En otras palabras, al formular semejante afirmación está reconociendo que hay retraso cambiario y que solo puede sostenerse con regulaciones, y que la institución que él preside ha fracasado en proveer al mercado de una moneda sana.

Pero veamos quiénes ofrecen dólares y quiénes demandan dólares en el mercado. Los que ofrecen dólares son los exportadores que venden sus divisas al mercado interno para hacerse de los pesos para realizar los pagos correspondientes. Por otro lado, demandan dólares los que necesitan importar. Si, como sostiene el Gobierno, este es un tipo de cambio de equilibrio, no habría motivos para esperar que aumenten las importaciones y caigan las exportaciones como viene ocurriendo hace rato en con las exportaciones en nuestro país, incluso desde antes de las devaluaciones en Brasil y China. En otros términos, si el tipo de cambio oficial es de equilibrio, no tendría por qué afectar el flujo de comercio exterior. Y, en todo caso, ante las devaluaciones del real y el yuan, el mercado ajustaría el tipo de cambio en la misma magnitud si es que las devaluaciones en ambos países afectasen los flujos de comercio exterior. Salvo que pretendan derogar la ley de la oferta y la demanda, el menor ingreso de divisas por exportaciones y la mayor demanda por importaciones harían subir el tipo de cambio hasta el nivel de equilibrio. Y solo habría una gran devaluación, como dice Vanoli, si el tipo de cambio oficial está muy retrasado artificialmente por las regulaciones impuestas por la desconfianza que genera el Gobierno con sus medidas y por la mala calidad de peso que emite el BCRA.

El Gobierno está reconociendo que hay retraso cambiario y que sólo puede sostenerse con regulaciones, y que la institución que Vanoli preside ha fracasado en proveer al mercado de una moneda sana.

Pero también ingresan dólares por inversión directa en los países que respetan los derechos de propiedad y se fugan capitales en los países que no respetan los derechos de propiedad y generan desconfianza con sus políticas económicas. Esto es lo que ha ocurrido bajo el gobierno kirchnerista. Hubo fuga de capitales por desconfianza y refugio en el dólar por la baja calidad de la moneda que emite el BCRA. Si se elimina el cepo en un contexto en el que se presente un plan económico consistente que libere la capacidad de innovación de la gente, equilibrio fiscal, disciplina monetaria, respeto por los derechos de propiedad, un ministro de economía que inspire confianza por su trayectoria y por su discurso coherente y creíble y un presidente del BCRA que también inspire confianza en la moneda que emite dicha institución, entonces, de haber un retraso en el tipo de cambio real, la suba se amortiguaría notablemente con el ingreso de capitales que produciría un gobierno creíble.

En rigor, algo que no va a reconocer Vanoli, es que es este gobierno el que no puede levantar el cepo porque el cepo fue puesto para contrarrestar la desconfianza que generan las arbitrariedades del kirchnerismo. El cepo no es otra cosa que el tratar de generar confianza a los palazos. Creen que la Gendarmería, la policía y la AFIP controlando el mercado de cambios sustituyen la falta de confianza que generan las políticas económicas consistentes y con reglas de juego previsibles.

El problema de Vanoli es que imagina que todo estalla si se levanta el cepo bajo el contexto del descalabro económico que produjo el kirchnerismo y la ausencia de respeto a la propiedad privada del populismo imperante. En definitiva, Vanoli tiene razón que todo estalla si se elimina el cepo bajo estas condiciones económicas e institucionales del kirchnerismo, pero no hay razón para pensar que todo estalle con un gobierno serio.

En síntesis, el cepo es hijo del populismo k. La eliminación del cepo sin estallido será hija de un gobierno serio que sepulte el populismo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El kirchnerismo borró de la memoria cómo es vivir en libertad:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 22/3/15 en: http://economiaparatodos.net/el-kirchnerismo-borro-de-la-memoria-como-es-vivir-en-libertad/

 

El debate sobre si es posible eliminar el cepo refleja que el kirchnerismo borró de la memoria de la gente cómo es vivir y trabajar en libertad

Tantos años de intervencionismo han generado tal grado de distorsión en la forma de pensar de la gente que hasta la propuesta económica más sencilla produce pánico en la gente.

A raíz de las declaraciones de Mauricio Macri de levantar el cepo cambiario hubo una catarata de tuits sobre el tema. Mi visión es que no solo se puede levantar el cepo sino que es necesario eliminarlo para poder crecer. Pero dicho esto de eliminar el cepo, inmediatamente surgían los que decían si había que devaluar. Mi visión es que no hay que devaluar porque ello implica llevar el tipo de cambio de un determinado nivel a otro que se supone de equilibrio. La realidad es que nadie tiene ese número mágico de equilibrio, por lo tanto la solución es dejar flotar libremente el tipo de cambio, lo que se llama una flotación limpia. Si esa flotación limpia se hace bajo un contexto de disciplina fiscal, es decir sin déficit, que lleva a la disciplina monetaria y, además, es implementando por un ministro de economía que genere confianza y sepa comunicarle a la gente el rumbo económico que se ha adoptado, no veo razón por la cual tenga que producirse una corrida cambiaria y financiera que haga estallar el país.

Distinto es si se elimina el cepo al estilo Duhalde 2002 con su devaluacion sin un plan económico detrás. Lo único que hizo Duhalde fue devaluar, crear un fenomenal caos económico e institucional y licuar el gasto público con la llamarada inflacionaria y cambiaria que produjo. Me parece que en la memoria de la gente quedó grabada esa traumática experiencia y por eso, hasta colegas economistas, ven la salida del cepo como algo muy difícil de implementar.

Sí creo que, aún con la confianza que pueda generarse, llevar a cabo las reformas estructurales llevará tiempo y, por lo tanto, el tipo de cambio tenderá a subir, tal vez hasta niveles cercanos al blue actual para luego bajar en la medida que se avance en la reformas estructurales y vayan ingresando capitales en el sector real de la economía. Queda claro que no es con una devaluación que se logra competitividad, sino con reformas estructurales. Los países que tienen economías sólidas y calidad institucional tienen monedas fuertes. Monedas que son respetadas en el mundo. Monedas de las que la gente no sale huyendo sino que las utiliza como refugio de valor. Monedas que permiten ahorrar y, por lo tanto, ofrecer crédito para la inversión y el consumo. Monedas que permitan hacer cálculo económico a la hora de evaluar una inversión. Como se ve, tener una moneda sólida no es contrario al crecimiento, por el contario, es condición necesaria para el crecimiento.

Las monedas que se devalúan permanentemente son las que pertenecen a países con desórdenes económicos en lo fiscal y monetario. El ahorro brilla por su ausencia y, en consecuencia, el crédito no existe. Los eternos devaluadores son los que no se animan a poner orden fiscal por el lado del gasto y optan por licuarlo transitoriamente con una llamarada inflacionaria y cambiaria al estilo Duhalde.

Otra de las preguntas que me formulaban por Twitter era: si el BCRA no interviene en el mercado de cambios, ¿quién le venderá dólares a los importadores? Tanto nos acostumbramos a que nos dirijan la vida que no nos damos cuenta que en un mercado libre una persona le puede vender dólares a otra. El importador le puede comprar dólares al exportador, y el exportador querrá vender dólares para hacer sus pagos en pesos en el mercado interno.

Algún colega economista ha afirmado que solo se podrá salir del cepo cambiario si hay confianza en diciembre. No comparto en absoluto esa propuesta. Salir del cepo habrá que salir sí o sí. Mientras exista el cepo no habrá forma de generar ingreso de divisas. Nadie entra a la cárcel, cierra la puerta con llave y luego la tira bien lejos. Nadie comete esa locura. En todo caso el cepo no es otra cosa que un parche a la desconfianza que ha generado siempre este gobierno, pero el parche no resuelve el problema. Simplemente lo tapa, en el mejor de los casos o lo termina agravando como es el caso del cepo. Quiso evitar la sangría de pérdida de reservas que tenía el Central por la desconfianza que generaba el gobierno que terminó creando tal restricción de reservas, al punto de aplicarse a la compra de insumos agravando la recesión.

Para el próximo gobierno, eliminar el cepo va a ser tan importante como en su momento era eliminar el corralito, obviamente era importante eliminar el corralito en forma bien hecha, no como lo hicieron. Pero para comparar solo digo que el cepo es tan letal a la economía como el corralito.

Lo relevante es que en el futuro la gente empiece a darse cuenta que se puede vivir en libertad y hacer transacciones sin las regulaciones del estado. Que, por el contrario, las regulaciones traban la economía, la hacen ineficiente, le quitan competitividad y malgastan la energía de la gente que tiene que estar volcada a producir eficientemente.

Me parece que el kirchnerismo se encargó de borrar de la memoria de la gente cómo era comprar y vender divisas libremente o intercambiar bienes y servicios sin que intervenga el secretario de comercio. En definitiva, el kirchnerismo se encargó de borrar de la mente de la gente cómo es vivir y producir en libertad.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El ejemplo báltico: no hace falta devaluar:

Por: Enrique Blasco Garma: Publicado el 20/6/12 en: http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=642010

Es cada vez más numerosa la insistencia de los especialistas en la necesidad de devaluar el peso. Sin embargo, ello no es inexorable. Es ilustrativo el ejemplo de los países bálticos. Al inicio de la crisis de 2008/2009, la mayoría de los especialistas recomendaba la devaluación de las monedas bálticas «para restaurar la competitividad y ajustar las cuentas». Entre ellos, expertos de la talla de Paul Krugman y Nouriel Roubini proponían la receta de la Argentina de 2002. A pesar de los estragos de la crisis europea, los tres países bálticos exhiben significativos ajustes externos, fiscales y recuperaciones del PBI. Y no devaluaron, evitando consecuencias inflacionarias y políticas nefastas.

¿Qué hicieron? Teniendo los mayores déficit externos del planeta (como proporción del PBI), contrajeron el gasto interno hasta la capacidad productiva, al tiempo que introdujeron flexibilizaciones y otras medidas para elevar la productividad. Al conseguirlo sin devaluar afirmaron el prestigio de su moneda y sus autoridades. Además, en medio de tremenda crisis y contra los pronósticos de economistas prestigiosos, Estonia entró en el euro en 2011; Letonia y Lituania mantienen la convertibilidad fija con esa moneda y se incorporarían al euro en 2014. Sin alterar su paridad, los tres países volvieron al equilibrio y crecimiento. La receta de devaluar no es inescapable.

Competitividad. Cuando hay déficits externos, los expertos suelen dictaminar falta de competitividad y necesidad de devaluar. Sin embargo, la competitividad global de un país es una relación entre gasto interno y capacidad productiva (otra forma es decir que los costos exceden a los ingresos o el tipo de cambio real está atrasado). El déficit externo siempre conlleva un gasto interno que desborda a la capacidad productiva. La sintonía de las cuentas pasa por adecuar el gasto a la capacidad productiva (que puede incrementarse mejorando la productividad, con inversiones y suprimiendo gastos improductivos). Cuando los gastos se reducen sin devaluar, la inflación no se desmadra y las autoridades nacionales ganan prestigio.

Los cuadros exponen estadísticas de Eurostat evidenciando los cambios.

 
 
 

En 2007, los tres países presentaban déficit externos -cuentas corrientes negativas- entre un 14,4% y un 22,4% del PBI, los mayores del mundo. Con esos guarismos, el FMI y especialistas de la valía de Krugman y Roubini no acercaban mejor alternativa que devaluar. A pesar de ello, esas naciones resolvieron no devaluar. Superaron la emergencia reduciendo sus gastos justo cuando sus ingresos nacionales se derrumbaban. La magnitud del ajuste fue inmensa. Estonia pasó de un déficit externo del 15,9% del PBI a un superávit del 3,2%. Letonia, de un déficit del 22,4% a uno del 1,2%; y Lituania, de un déficit del 14,4% a uno del 1,6%, en cuatro años.

El cuadro No. 2 expone las caídas sin precedentes, en 2009, y las recuperaciones posteriores de los PBI nacionales. En 2012, Estonia tendría un PBI un 2,5% superior al de 2008; Letonia y Lituania todavía están por debajo.

El ejemplo de estas naciones confirma: se puede recuperar el equilibrio externo, en poco tiempo sin devaluar. Los tres países superaron los mayores déficit externos del planeta manteniendo la paridad monetaria fija. En 2012, serán las economías más dinámicas de la UE.

El camino elegido por las tres naciones bálticas evitó que los sistemas financieros, propios y de los otros países de la UE, sufrieran el contagio de una devaluación, con las consiguientes fugas de capitales y quiebre de confianza. Al hacerlo, Estonia ganó su incorporación al euro y las otras dos naciones probablemente ingresen en 2014. Grecia y los demás países en dificultades tienen un ejemplo concreto de ajuste sin devaluación. Los líderes políticos bálticos elevaron su prestigio entre propios e inversores de todo el mundo. Los argentinos podríamos advertir que hay otra opción a la devaluación, que siempre empobrece y deteriora a los gobiernos. La pertenencia a un grupo selecto como el euro genera incentivos que ayudan en ese empeño. La declinación argentina está marcada por devaluaciones exageradas. El peso actual equivaldría a 10.000.000.000.000 de pesos de 1967.

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Es Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.