Nicolás Maduro, “con el mazo dando”

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 13/9/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2171553-nicolas-maduro-con-mazo-dando

 

América Latina desgraciadamente tiene en su hoy multicolor interior dos obvias y feroces dictaduras: las instaladas en Cuba y Venezuela .
Ambas generaron, como era de esperar, la emigración masiva de centenares de miles de ciudadanos que no estaban dispuestos a vivir sin libertad, es decir a deshumanizarse mansamente.
Por esto, ocurrió en su momento la inolvidable tragedia de los llamados “balseros”, y también por esto la deplorable huida actual de cientos de miles de desesperados venezolanos, que está perturbando la paz regional y pone a prueba la solidaridad en nuestra región.
La responsabilidad por generar olas masivas de desesperados emigrantes está ciertamente en cabeza de los gobernantes de turno y ella debiera -en mi entender- ser criminalizada internacionalmente. Sin demoras. La terrible tragedia humana que testimonian así parecería exigirlo.

Mientras tanto, Nicolás Maduro , un personaje desafiante, pero cada vez más tristemente grotesco, sigue empeñado en destruir a su país con las mismas políticas estatistas que ya lo enterraron inevitablemente en la pobreza, pese a la inmensa riqueza que debieran haber podido generar sus dilapidados recursos en materia de
hidrocarburos.
A cada rato, el mandatario venezolano pone en marcha un plan “nuevo” para tratar de corregir las que, en rigor, son sus propias e inocultables torpezas. Y debe usar la violencia y la mano dura para amedrentar e intimidar a sus conciudadanos. Y obligarlos a aceptar sus caprichos e irracionalidad. Las fuerzas armadas venezolanas, que a cambio
de ingresos suculentos sostienen a Nicolás Maduro, son en los hechos cómplices y partícipes necesarios de semejante desgracia.
Con las clásicas acusaciones perversas de “especulación y acaparamiento”, así como de desestabilización económica, Nicolás Maduro acaba de hacer encarcelar a un centenar de comerciantes, como alguna vez lo hiciera en la argentina Juan Domingo Perón, cuando -en sus primeras experiencias de gobierno- siguiera un derrotero “dirigista y
populista”, en línea con la actual visión económica de Nicolás Maduro. Que exige, queda visto, encarcelar a los demás y recurrir al uso del “mazo”, esto es a las amenazas y, peor, a los castigos.
Sus presuntos delitos fueron, esencialmente, los de no acatar sumisamente los absurdos niveles de precios impuestos por la administración de Nicolás Maduro, que los obligaban a vender pérdida.
Por esto, en Venezuela, como era de suponer, los productos básicos en materia de alimentación, higiene y limpieza desaparecieron rápidamente de los anaqueles de los comercios. Para muchos evidentemente es mejor la alternativa de simplemente salir disparados del mercado. Esto es, de no vender, en lugar de arriesgar ir preso,
presumiblemente. O actuar en la oscuridad del llamado “mercado negro” con todas sus implicancias y riesgos. Esta es una situación límite, pero conocida, que muy pronto genera desabastecimiento.

Entre la patología de las recientes medidas económicas de un Nicolás Maduro que comienza a lucir algo desesperado, estuvo un aumento del 3400% de los niveles salariales promedio. Es por cierto imposible, al menos para la gente común, poder vivir en un mínimo de paz y previsibilidad con semejante convulsión del lado de los ingresos.
Especialmente cuando el malherido sistema productivo venezolano trabaja con apenas el 30% de su capacidad.
De allí que la desesperación se haya apoderado ya de tantos venezolanos, alimentando una triste ola de resignados migrantes que pareciera no tener fin: aquella que sale – escapada- desde Venezuela y se abate sobre el resto de nuestra ya horrorizada, pero relativamamente impotente, región.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La idea del comunismo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 20/11/17 en: http://www.larazon.es/opinion/columnistas/la-idea-del-comunismo-JH16997853

 

Carlos Rodríguez Braun dice que si al socialismo se lo juzga por sus mejores objetivos y al capitalismo por sus peores resultados, el socialismo siempre saldrá ganando, pero que esta perspectiva es una trampa.

La joven empresaria Rebeca Minguela declaró en Papel, de El Mundo (España): “Una idea buena que no ha funcionado es el comunismo”.

Es curioso que personas talentosas caigan en esa trampa, que la extrema izquierda lleva pregonando desde que resultó evidente que el “socialismo real” no había dado los frutos prometidos de prosperidad, justicia, paz y libertad. La verdad es justo la contraria: el comunismo no es una idea buena que no ha funcionado, sino una idea mala que sí ha funcionado.

Su funcionamiento es evidente: el comunismo dejó de ser una teoría para convertirse en una realidad hace un siglo. Desde la Revolución de Octubre de 1917 hasta hoy ha tenido tanto éxito que un tercio de la humanidad llegó a vivir en países comunistas, de Rusia a China, de Cuba a Camboya, y de Albania a Corea del Norte. Claro que ha funcionado el comunismo.

Dirá usted: funcionar significa marchar bien, y como el comunismo ha esclavizado y asesinado a millones de trabajadores, entonces no ha marchado bien, y por tanto no ha funcionado. Esta objeción es importante, porque su falsedad no resulta diáfana. Para comprenderla hay que entender por qué el socialismo real se tradujo en dictaduras y en crímenes abominables en medio mundo.

Todos los países comunistas fueron dictaduras, y en todos ellos se extendió la miseria. El grado en que se concretaron ambas dimensiones es muy variable, por supuesto, pero que el comunismo equivale a tiranía política y pobreza económica está fuera de toda duda. Siendo esto así, lo que no cabe es afirmar que se debió a la casualidad o al clima.

Es obvio que no fue el azar lo que mató de hambre a decenas de millones de trabajadores en Rusia y en China. Pero si no fue el azar, ¿qué fue? Sólo hay una respuesta: fue el comunismo, fue la puesta en práctica de una idea, la idea de que la propiedad privada y el mercado deben ser limitados o suprimidos. Eso es el socialismo, que, obviamente, no puede ser una buena idea, cuando se ha concretado en innegables catástrofes. No vale el truco de alegar que el comunismo está bien, pero hay comunistas malos. Típicamente: Stalin era malo, pero Lenin era bueno. Falso de toda falsedad: el hambre y los campos de concentración en Rusia empezaron con Lenin.

Por tanto, comentarios como los de doña Rebeca sólo reflejan el éxito de la izquierda en la propaganda, al haber conseguido que siempre juzguemos al socialismo por sus mejores objetivos, y al capitalismo por sus peores resultados. Así, el socialismo siempre gana. Pero se trata de una trampa, mil veces repetida, pero siempre una trampa.

El comunismo es una mala idea que ha funcionado, y lo ha hecho como suelen funcionar las malas ideas. Mal.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

DECÁLOGO DEL ANTI-LIBERAL MILITANTE.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 7/5/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/05/decalogo-del-anti-liberal-militante.html

 

  1. El liberal es una persona detestable que sólo defiende los intereses del capital. Por ende defiende al capitalismo despreocupándose totalmente de los pobres, los excluidos y los explotados por el sistema.
  1. Por ende al liberal no le interesa la ecología, la protección del medio ambiente, ni los derechos de los pueblos originarios ni los reclamos de las diversas minorías explotadas por el sistema.
  1. El liberal es un violento que defiende las dictaduras que imponen al capitalismo y violan los derechos humanos.
  1. Por lo tanto, un liberal que sea una buena persona es algo imposible. La única opción que queda es que sea un tonto, un pobre imbécil.
  1. El liberal es realmente aliado de los intereses corporativos que explotan a los pueblos. Por ende al liberal le conviene negar las reales conspiraciones del capitalismo internacional, que además son las que le pagan por su detestable existencia.
  1. Por ende toda honestidad intelectual es imposible en un liberal.
  1. Si el liberal dice que le interesa la ecología, el medio ambiente, la pobreza, miente.
  1. Al liberal no le interesa la real libertad de expresión. Sólo le preocupa que los medios concentrados alienen y confundan a los pueblos.
  1. Si un liberal gana las elecciones, es que ha engañado y alienado al pueblo. Si las pierde, es que el pueblo tuvo conciencia de clase y rechazó su detestable prédica materialista.

 

  1. No puede haber amistad con un liberal. Dados los nueve puntos anteriores, es imposible.

 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Fútbol y anomia en la Argentina

Por Alejandra Salinas: 

 

La agresión con gas pimienta a los jugadores de River que salían a jugar el segundo tiempo del encuentro contra Boca coincidió ayer con mi clase sobre Carlos Nino y su análisis de la anomia social en la Argentina. En su ya clásico libro Un país al margen de la ley, Nino retrata a la sociedad argentina como un conjunto social donde abunda la falta de respeto a las normas jurídicas, morales y sociales; es una situación generalizada de anomia o “ilegalidad boba” en el sentido de que la inobservancia de las normas provoca situaciones donde la sociedad toda resulta perjudicada.

Según Nino la anomia argentina se observa tanto en el plano institucional como en el plano social. Del incumplimiento de las normas por parte de los actores políticos y económicos a lo largo de la historia argentina dan testimonio el contrabando, la anarquía, los privilegios, dictaduras, golpes de Estado y corrupción endémica. Nino postula que esta anomia institucional influye sobre la anomia social, ya que ésta “tiene ejemplo e inspiración en el manejo del poder público” (p. 85). En otras palabras, estaríamos en presencia de un “efecto de derrame perverso”,opuesto al “efecto derrame beneficioso” que Adam Smith asocia con la creación y distribución de riqueza en un sistema de libertad natural.

La anomia social así entendida es observable en la actividad económica, fiscal, vial, gubernamental y hasta académica, según lo describe Nino en el capítulo 3 de su libro. Analiza allí los casos de los accidentes de tránsito, la corrupción pública, la evasión fiscal, y la excesiva reglamentación gubernamental, entre otros, como signos de una cultura argentina que vive al margen de la ley. Algunos datos recientes parecen avalar sus afirmaciones: según una encuesta de Poliarquía e IDEA realizada entre 1.000 argentinos, un 40% está dispuesto a ir en contra de la ley si cree que tiene razón, un 80% piensa que el país “vive la mayor parte del tiempo fuera de la ley” y un 90% opina que los argentinos son “más bien desobedientes o transgresores” (http://goo.gl/YmjAVj).

Otros analistas han coincidido con el diagnóstico de Nino acerca de las causas y manifestaciones de la anomia social argentina. Por citar sólo algunas fuentes:

Carlota Jackish: “Pero el tema no se agota en el incumplimiento de normas viales, también se violan los códigos edilicios, se adulteran alimentos y medicamentos, se falsifican títulos profesionales, no se cumplen los horarios (la puntualidad en un sentido amplio es una norma que no sólo caracteriza a la vida civilizada, sino que mejora la eficiencia de la sociedad en general), se ensucian los espacios públicos y se pagan sobornos para no cumplir con determinadas normas” (“La anomia, una patología social argentina”, La Nación, 28 de septiembre de 1997).

Ricardo Sidicaro: “Suponer que la policía delinque no es anomia, es mucho más. [Es una] descomposición social. En situaciones de anomia los sujetos pierden su relación con las normas. Acá el problema pasa también por las instituciones que tienen que hacer cumplir esas normas. No es una persona que transgrede y hay un juez que aplica la norma. El que transgrede es el juez”. (“Anomia es poco decir, vivimos en descomposición”, Página12, 2002).

Eduardo Fidanza: “La anomia que me interesa destacar, no obstante, es la que se produce por una falla estructural de la clase dirigente. Se manifiesta como un fracaso en el ejercicio de la autoridad y afecta las percepciones y los comportamientos. Se trata de una patología que se contagia del poder y se transmite a los grupos sociales. Su víctima es la gente común. Los victimarios, aquellos que ocupan posiciones de poder. La anomia boba perjudica a todos, la anomia a la que me refiero somete a la sociedad en beneficio de sus elites” (“Decálogo de la anomia argentina”, La Nación, 2009).

A la luz de la historia reciente del fútbol argentino y de los hechos de ayer es obvio que habría que incluir en el listado de actividades anómicas al fútbol, tanto en su organización como sus prácticas. La falta de voluntad de la dirigencia política y deportiva para solucionar el tema de la violencia en el fútbol ilustra el tipo de anomia institucional que Nino condena, aquella que se gesta en las guaridas del poder; crece bajo la protección o indiferencia de quien sabe cuántas instancias gubernamentales y sus socios; se manifiesta en el descontrol y en última instancia la ridiculez que escandalizan y estigmatizan al fútbol argentino y a la sociedad en su conjunto.

¿Cómo empezar a revertir la anomia en el fútbol? Uno de los caminos sería imitar políticas exitosas extranjeras. Luego de una serie de incidentes y muertes en partidos de fútbol de su país, Margaret Thatcher reconoció el carácter social y político del problema, asumió la responsabilidad de combatirlo y lo hizo con éxito. Sus medidas incluyeron prohibir el ingreso a los estadios a los líderes violentos, combatir a las barras bravas infiltrando sus reuniones, judicializar a más de 5.000 fanáticos, otorgar créditos a los clubes para financiar la seguridad, e impulsar la transmisión masiva de los partidos (Fuente:  Román Gómez, http://goo.gl/lUplGi). Los expertos dirán si esto es viable o posible en nuestro país, si ya se intentó o, en su defecto, podrían confirmar la siguiente frase de Mark Twain: “El hecho es que la raza humana no sólo es lenta para pedir prestadas ideas valiosas – a veces persiste en no pedir prestado en absoluto”.

¿Cómo empezar a revertir la tendencia a la anomia argentina en general? La pregunta quizás suene demasiado ambiciosa e ingenua, y la idea de lograr tal cometido parece imposible. Sin embargo, elijo creer en la tarea de proponernos hacer algo al respecto. Como dijo Norberto Bobbio, “Respeto y aprecio, en cambio, al que actúa bien sin pedir garantías de que el mundo mejore y sin esperar, no digo premios, sino ni siquiera confirmaciones. Solo el buen pesimista está en condiciones de actuar con la mente despejada, con la voluntad decidida, con sentimiento de humildad y plena entrega a su deber” (N.Bobbio, Politica e cultura, en U. Eco, A paso de cangrejo. Debate, México, 2007, pp. 85-86, http://goo.gl/CLynzg).

Invito entonces a deliberar acerca de las formas y propuestas que asignaremos a este pesimismo trabajador.

 

Alejandra M. Salinas es Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y Doctora en Sociología. Fue Directora del Departamento de Economía y Ciencias Sociales de ESEADE y de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas. Es Secretaria de Investigación y Profesora de las Asignaturas: Teoría Social, Sociología I y Taller de Tesis de ESEADE.