¡Viva Tabarnia!

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 28/4/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/viva-tabarnia/

 

El libro ¡Viva Tabarnia!, de Albert Boadella, que se lee de una sentada, es una pequeña joya que ayuda a entender el peligro que representa el nacionalismo para la libertad de todos.

El propio Boadella vivió en sus primeros años en Cataluña “el placer y el privilegio de recrearse en este sentimiento irracional de pertenencia al terruño”, y por eso denuncia al nacionalismo como fundamentalmente xenófobo.

En su estrategia totalitaria, los nacionalistas no pueden dejar de mentir. En eso se parecen a los colectivistas de toda laya, y también en la degradación que suele aquejarlos —hemos asistido estupefactos al despropósito de la alcaldesa de Barcelona, que llamó “facha” al almirante Cervera.

Pero el autor es también crítico con los demás partidos que se desentendieron de Cataluña: “cuando necesito los votos cierro los ojos, no miro lo que pasa y el que venga detrás ya se apañará, y así se han ido pasando el muerto de unos a otros, porque el muerto realmente existía ya desde los inicios: el problema comenzó a existir desde que Pujol empezó a gobernar…ese desentendimiento ha sido mortífero”.

Ningún partido es inocente, porque todos sabían lo que sucedía en los colegios y en la televisión pública, pero callaron, incluido Aznar, que se plegó a las exigencias del siniestro Pujol cuando necesitó sus votos en 1996.

Boadella se centra en los nacionalistas y en el desastre que han perpetrado con sus tres grandes armas: la lengua, la educación y los medios. Es revelador que el sesgo nacionalista en la educación empezó en Cataluña durante la dictadura franquista, es decir, lo mismo que sucedió con el auge del antiliberalismo en la educación en toda España.

El libro despelleja a los próceres del nacionalismo y denuncia la cobardía cómplice del “mundo de la cultura”. Pero no es pesimista. La gente ha salido a la calle el 8 de octubre, arropando a la mitad silenciada de Cataluña.

Y ha surgido Tabarnia, que no es un partido sino un ejemplo del uso antitotalitario del humor. Allí los nacionalistas pierden, porque no son divertidos y propenden a la cursilería. “Son enormemente cursis en su discurso, un discurso entre buenista y progre sentimental, para camuflar un fondo impresentable”.

Cabe terminar como Albert Boadella: “¡Viva Tabarnia!, que es lo mismo que decir: ¡Viva España!”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Viviendas Colau

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 20/11/16 en: http://www.libremercado.com/2016-11-20/carlos-rodriguez-braun-viviendas-colau-80650/

 

La incoherente demagogia de Ada Colau y sus secuaces populistas a la hora de perseguir a los ciudadanos que alquilan sus viviendas ha sido subrayada hace unos meses con acierto por Juan Ramón Rallo en La Razón. Pero con posterioridad la alcaldesa de Barcelona ha añadido una perla más a su catálogo, al sostener que, como los propietarios de pisos eligen alquilárselos a los turistas, se reduce la oferta de viviendas en alquiler para los ciudadanos residentes o que aspiran a residir en la capital catalana, y por tanto aumentan los alquileres, lo que doña Ada quiere resolver controlando los precios a la fuerza. Cree que sus incursiones contra los propietarios se justifican porque las viviendas turísticas “vulneran los derechos básicos”, porque hay personas que no pueden acceder a una vivienda.

Yendo de adelante hacia atrás, empecemos por este último punto, acaso el más patente y más absurdo: si yo soy propietario de una vivienda y elijo alquilársela a un turista, es incuestionable que no estoy violando ningún derecho de nadie, porque no hay ninguna relación entre ese acto y la posibilidad de que otra persona pueda alquilar una vivienda en Barcelona, o no. Habrá que recordarle a la alcaldesa que sus súbditos también tienen derecho a disponer de sus viviendas como juzguen conveniente… ¿o no?

El siguiente dislate de doña Ada es pretender resolver la escasez de viviendas en alquiler controlando su precio. No se trata sólo de que haya miles de años de análisis teórico y de experiencia práctica que prueban que el control de los precios de las cosas tiende a hacer desaparecer esas cosas. Desde Diocleciano hasta Nicolás Maduro, pasando por toda la historia del comunismo, la señora Colau podría entretenerse repasando episodios de escasez creada precisamente por la intervención de las autoridades en los precios.

Pero, incluso más, no es necesario que la alcaldesa repase la historia mundial: basta con que recuerde lo que sucedía en Cataluña y en el resto de España gracias al control de los alquileres. Porque lo mismo que quiere hacer ella, y por las mismas razones, lo hizo hace décadas la dictadura franquista. El resultado fue la reducción de la oferta de viviendas en alquiler, aparte de otras consecuencias nocivas, como la desatención en el mantenimiento de las viviendas cuyos alquileres, al estar controlados, caían por debajo del coste de dicho mantenimiento para los propietarios. Fue un desastre el control de los alquileres, y fue un desastre allí mismo, en su Barcelona, señora Colau.

Y, por fin, está la idea de que la reducción de la oferta encarece los alquileres. ¿Por qué cree la señora alcaldesa que es un hecho permanente y que exige su intervención, con las consecuencias negativas para el pueblo que acabo de reseñar? Es curioso que no piense que ello puede tener otro efecto, lógico y natural, que es, precisamente, atraer a más oferentes al mercado, aumentando así el parque de viviendas en alquiler para todos, siempre que las intrusiones de las Administraciones Públicas no lo impidan, dificulten o encarezcan artificialmente.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Simetrías antiliberales

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 20/10/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/simetrias-antiliberales/

 

En una de sus viñetas en el diario El País dibujó El Roto a un hombre ante varias papeletas electorales, que pregunta: “¿Qué es lo que votamos, si gobiernan los mercados?”. En el diario ABC, no precisamente alineado con las opiniones publicadas en el periódico del Grupo Prisa, escribió Juan Manuel de Prada que la democracia es “esa pantomima que el Dinero controla a su gusto”, es decir, la misma idea de El Roto.

Estas simetrías antiliberales, por supuesto, son conocidas, desde el acercamiento, gracias a su común rechazo al capitalismo, entre fascistas y comunistas hace casi un siglo hasta la coincidencia entre Podemos y el partido de Le Pen, votando siempre en contra del libre comercio en el Parlamento Europeo, y pasando por los falangistas en nuestro país, que migraron al PSOE tras el final de la dictadura franquista, sin olvidar las tradicionales coincidencias de muchos religiosos y ateos a la hora de recelar ante la economía de mercado.

No pretendo, por tanto, haber descubierto nada. Lo que me interesa es plantear si la prédica antiliberal que hace tan extraños compañeros de cama tiene fundamento.

La vinculación entre el mundo empresarial y la política es antigua, y ha sido denunciada por los economistas liberales desde Adam Smith: esas relaciones incestuosas son lo contrario del capitalismo y el mercado libre. Pero el socialismo, desde el propio Marx, le dio un giro radical, porque pasó de dicha denuncia liberal contra los grupos de presión a sostener que las empresas son las dueñas absolutas de los Estados, que serían, como dijo Marx, “meros títeres de la burguesía”. Esta es la idea que en el siglo XX cultivaron, entre otros, los nazis, los fascistas, los socialistas y los comunistas, y que subyace a la mencionada simetría entre El Roto y de Prada.

Problema: no es verdad. Es imposible que el Estado esté por completo en manos de los empresarios, salvo que los empresarios sean masivamente idiotas o suicidas, lo que no parece ser cierto. La realidad es que los Estados han crecido a expensas de las empresas, a las que han lastrado con toda suerte de obstáculos y a las que han cobrado impuestos que no han dejado de crecer. Mientras en Podemos deliran con que el PP y Ciudadanos son “partidos del Ibex 35”, ambas formaciones coinciden en…subirles los impuestos a las empresas del Ibex 35. Realmente, si el Estado es el títere de la burguesía, es un títere muy curioso, porque obliga a pagar al titiritero.

Y los ejemplos podrían multiplicarse. Las grandes multinacionales no ocultaron su hostilidad al “Brexit”, y sin embargo, “los mercados” no impusieron su criterio a los votantes.

Ahora bien, si no es verdad que las empresas ostenten el poder político real ¿por qué tanta gente tan diferente como El Roto y Juan Manuel de Prada proclaman que nos mandan los mercados y no los gobiernos?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.