Kicillof es impredecible

Por Adrián Ravier: Publicado el 24/4/15 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2015/04/22/kicillof-es-impredecible/

 

Axel Kicillof, el principal asesor económico de la Presidente Cristina Fernández de Kirchner, quien hoy es además Ministro de Economía, acaba de señalar orgullosamente que los economistas no aciertan en sus predicciones respecto de las variables fundamentales de la economía argentina. Esto sorprende, por supuesto, a quienes creemos que la certidumbre sería el escenario más deseable.
Lo cierto es que hace algunos años los economistas en general predecimos dificultades económicas crecientes que hoy se manifiestan con claridad en desequilibrios fiscales, monetarios y cambiarios, los que a su vez tienen como consecuencia lógica la recesión –especialmente en la industria que acumula 20 meses de caída continua según el Estimador Mensual Industrial del INDEC-, la inflación –que sigue en niveles elevados, aun cuando haya disminuido un poco producto de la misma recesión- y un nivel de desempleo y pobreza en aumento –que él mismo se niega a medir, pero que alcanzaría a más de un cuarto de la población-. Un balance real de la gestión de Kicillof que acompañó el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner entre 2011 y 2015 mostraría las consecuencias lógicas de las políticas implementadas.
El único aspecto en el que los economistas han fallado es en lo que hace a la política cambiaria, pues muchos estimábamos que durante el verano evitaría el atraso cambiario y devaluaría, como de hecho ya había hecho a comienzos de 2014. Kicillof decidió no devaluar y con ello profundizar la recesión comentada, con su impacto negativo en la industria y en la generación de empleo.

 

La devaluación en sí misma abre otro debate, ya que los mismos que hoy la estimamos necesaria, en otros tiempos la rechazábamos. Y es que no creemos los economistas ortodoxos que la devaluación sea un medio adecuado para ganar competitividad, salvo que el dólar se encuentre revaluado a un nivel insostenible en el largo plazo. Si hoy comparamos el nivel de circulante en pesos argentinos con las reservas líquidas en dólares que mantiene el Banco Central de la República Argentina, el coeficiente nos conduce a un nivel bastante superior que el tipo de cambio oficial e incluso del tipo de cambio informal.
El punto es que el tipo de cambio, como cualquier precio, no debería ser fijado arbitrariamente por el gobierno, sino que debería ser la consecuencia de lo que ocurre en el mercado cambiario, es decir, en la dinámica de dólares que entran y salen del país. Cuando Argentina experimentó una fuerte fuga de capitales, la consecuencia lógica en un mercado libre habría sido la suba del tipo de cambio, pero el gobierno decidió sostener el dólar, lo que atrasó el tipo de cambio, y comprometió al sector industrial que hoy ya ni siquiera puede hacerse de las divisas necesarias para comprar insumos básicos.
Lo que pedimos los economistas ortodoxos es devolver algo de cordura a la economía, como también lo pedíamos en tiempos de Menem cuando la convertibilidad 1 a 1 generaba un atraso cambiario similar, con consecuencias idénticas sobre la actividad económica. Resulta paradójico que el mismo Kicillof cometa idénticos errores que el noventismo que siempre ataca, especialmente en lo que refiere a los desequilibrios fiscal y cambiario.
Así como Kicillof piensa en un sentido opuesto a los economistas ortodoxos, su política cambiaria también va a contramano del mundo. Mientras las monedas se fortalecían frente al dólar, el peso argentino se debilitaba. Ahora que el dólar se fortalece y las monedas de todo el mundo se debilitan contra él, Kicillof paradójicamente decide revaluar el peso, lo que a su vez profundiza la situación patrimonial del Banco Central, que en términos contables se acerca a la quiebra.
Kicillof es impredecible, pero no lo es el resultado de su política económica. Si me preguntan por lo que viene, la respuesta la debemos buscar en lo que hace el Ministro de Economía. Que su próxima política sea colocar deuda en dólares, es una manifestación de que la variable clave en su estrategia 2015 está en sumar reservas para traer calma a los mercados de cara a las elecciones. El resto de los problemas, mejor negarlos, sea que hablemos del cepo cambiario, de la sostenibilidad de los planes sociales, de la inflación, de la pobreza o de la mismísima recesión.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Tratando de aguantar hasta el final, rodeada de los peores.

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 6/10/14 en: http://www.agrositio.com/vertext/vertext.asp?id=160527&se=1003

Mi impresión es que CFK debe intuir que vamos hacia un desastre económico y que tal vez no llegue a fines del 2015 sin una gran crisis económica y social…

Desde mi punto de vista la salida de Fábrega del BCRA no implica haber perdido a un gran economista especializado en moneda y bancos. Haber trabajado muchos años en un banco no quiere decir que el hombre sea un conocedor de los temas monetarios y financieros, aunque sí puede ser un hábil operador. Desconozco el caso de Fábrega.

Su breve plazo por el BCRA no se caracterizó por ser muy innovador. Se limitó a devaluar (en forma insuficiente), obligar a los bancos a vender parte de sus tenencias en moneda extranjera y a endeudarse en pesos para financiar al tesoro colocando Letras del BCRA, Notas y pases. En enero el stock de LEBACs, NOBACs y pases netos era de $ 109.500 millones. El promedio de los primeros 19 días hábiles de septiembre, último dato disponible al redactar estas líneas, el stock de esta deuda había trepado a $ 211.000 millones. En ambos casos sin considerar la deuda en dólares que contrajo el Central que ronda los U$S 6.300 millones. Lo que hizo Fábrega fue sustituir parte del financiamiento al tesoro con emisión monetaria, por endeudamiento en el mercado interno duplicando esa deuda de corto plazo. Una receta que ya la hemos visto en el pasado y terminó en la hiperinflación.

¿Por qué hizo eso Fábrega? Tal vez para “comprar” tiempo para el gobierno. Devaluaba y absorbía liquidez del mercado para frenar algo la inflación pagando una tasa de interés hasta que Kicillof moderaba el desastre fiscal.

Si esa fue la estrategia, Fábrega se equivocó fiero, porque ni CFK ni Kicillof iban a bajar el gasto público. Son gastomaníacos por necesidad política y por ignorancia económica. Por necesidad política para tratar de mantener lo que le queda de clientelismo político. Por ignorancia económica porque creen que subiendo el gasto se reactiva la economía. Todavía no entendieron que el gasto público es una simple transferencia de ingresos de unos sectores de la sociedad, los que pagan impuestos, hacia otros sectores, los que reciben esos impuestos. La demanda total no se modifica salvo que se financie con deuda externa o consumiendo stock de capital. Esto último fue lo que hicieron durante 11 años y así estamos en infraestructura y nuestros ahorros para la jubilación destruidos luego que nos confiscaran lo que teníamos en las AFJP.

Qué llevó a CFK a maltratar públicamente a Fábrega para que se vaya del cargo, solo ellos los saben. Lo cierto es que, claramente, CFK, de aquí hasta el final de su mandato, solo puede rodearse de los peores elementos de la sociedad. De los menos capaces. Las razones son múltiples. En primer lugar porque nadie capaz va a formar parte de un gobierno que no tiene credibilidad. En segundo lugar, porque como la venganza y la persecución son su forma de gobierno, el trabajo sucio solo pueden hacerlo los menos cultos. Los que tienen menos valores de respeto por el otro. En tercer lugar, porque CFK tiene esa clara inclinación a exigir que la aplauda y le rindan pleitesía. Solo se puede formar parte de su gobierno si se la mira como a una líder a la que hay que rendirle honores y alabanzas. ¿Quién con formación y dignidad puede llegar a querer hacer todas esas cosas que implican arrastrarse como ser humano? De manera que, dada la tormenta económica que ha generado el gobierno, solo los peores van a tener el manejo de la nave. Y dudo que vayamos a parar a buen puerto con semejantes elementos.

Pero, al mismo tiempo, lo que podemos esperar es un gobierno cada vez más autoritario. Es que cuando uno mete la pata en economía y no quiere dar marcha atrás, solo le cabe seguir avanzando en las regulaciones y controles hasta llegar a un punto que tiene que violar derechos individuales para sostener.
Ejemplo, el déficit fiscal genera expansión monetaria para financiarlo. Esa emisión produce inflación. Como el gobierno no quiere dar marcha atrás bajando el gasto, solo le queda tratar de disimular la inflación con controles de precios. Los controles de precios llevan a escasez de productos y aparecen los mercados negros. ¿Cómo combaten la escasez? Sancionando una ley de abastecimiento que otorga poderes absolutos al gobernante destruyendo la división de poderes. El burócrata decide señala a un supuesto culpable y él mismo lo juzga y lo sanciona cobrándole una multa, metiéndolo preso o confiscándole las mercaderías. No hay derecho a la defensa para el ciudadano que queda sometido a los caprichos del gobierno que se pone cada vez más autoritario. ¿Qué clase de colaboradores se necesitan para implementar el autoritarismo? A sectores sin formación, con alto grado de resentimiento y deseos de venganza.

Mi impresión es que CFK debe intuir que vamos hacia un desastre económico y que tal vez no llegue a fines del 2015 sin una gran crisis económica y social. Si ese es el escenario, opta por rodearse de La Cámpora porque, no solo desconfía del peronismo tradicional, sino que además necesita rodearse de gente que esté dispuesta a violar todas las normas de respeto y derechos individuales para defender a su líder. En otros términos, si CFK visualiza una crisis, tal vez no por razonamiento sino porque posiblemente disponga de información que nosotros no disponemos, entonces tratará de aguantar la crisis con un grupo de incondicionales que estén dispuestos a hacer cualquier cosa para intentar sostenerla hasta el final de su mandato.

La puesta en escena que hizo el martes de la semana pasada denunciando un posible atentado contra ella desde el norte, al tiempo que se pelea con Alemania y la galaxia entera, muestra que CFK parece estar preparando la escenografía para denunciar una imaginaria conspiración que no la deja gobernar. El mejor argumento que tiene a mano para el caso que la crisis económica se transforme en crisis social. Lo que le juega en contra es que de la oposición no hay nadie que esté desesperado por acortarle su mandato. Al contrario, prefieren esperar a que le explote a ella la bomba que armó. Y ella va a tratar de estirar la mecha lo más que pueda, con La Cámpora barriendo cuánto derecho individual existe. Si eso no alcanza, la denuncia de conspiración planetaria ya está planteada.

Mientras tanto, solo cabe esperar más regulaciones, autoritarismo, creciente deterioro económico, más descontento social y ver hasta dónde aguanta CFK sin recursos para calmar el malhumor social con otra fiesta de populismo.

Un párrafo final. El BCRA acaba de anunciar que los bancos tienen que pagar una tasa de interés mínima del 23% anual. Con una inflación del 41% anual y acelerándose, intuyo que muchos dirán, con esta tasa de interés real negativa, te regalo el 23% y me quedo con los verdes.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Cepo al tipo de cambio y a la economía

Por Aldo Abram. Publicado el 23/1/13 en http://opinion.infobae.com/aldo-abram/2013/01/23/cepo-al-tipo-de-cambio-y-a-la-economia/

Cuando el gobierno dice que impuso el “corralito verde” para evitar devaluar, está cometiendo un grave error o engañando a la gente. Además, esta medida se transformará en un cepo que frenará la actividad económica.

El gobierno ha estado cubriendo sus excesos de gasto con una creciente transferencia de recursos desde el Banco Central. La autoridad monetaria no tiene capacidad de generar riqueza; por lo que, en su mayor medida, financia al Estado cobrándonos el famoso impuesto inflacionario.

No importa si lo que le transfiere al gobierno son divisas o pesos, en definitiva, a las primeras las tiene que adquirir emitiendo moneda local. Por lo tanto, cuando analizamos el incremento de la oferta monetaria de los últimos años, encontramos que el total se ha justificado en transferencias al Estado. Hay que tener en cuenta que el incremento del stock de pesos ha venido creciendo a porcentajes mayores al 35% e, incluso, al 40%. ¿Alguien puede creer que los argentinos necesitamos aumentar nuestras tenencias de pesos a semejantes tasas? Entonces, tienen una pista de por qué se ha depreciado nuestra moneda.

El peso es como cualquier bien. Tiene una demanda: nosotros (porque es medio de pago, reserva de valor y unidad de medida) y un oferente monopólico: el Banco Central. Si alguien produce más de un bien de lo que la gente demanda, el precio de ese bien caerá. El problema es que si hablamos de la moneda local, nos estamos refiriendo al metro con el cual valuamos todos los bienes y servicios de la economía. Por lo tanto, si su valor baja, el metro se está achicando y, por ende, todo lo que midamos con él aumentará su medida. Entonces, la inflación no es una suba generalizada de precios sino el achicamiento de nuestra unidad de cuenta.  Tengamos en cuenta que el peso también es el “metro” con el que medimos el valor de las monedas extranjeras. Por lo tanto, al depreciarse, vemos que el tipo de cambio sube.

El Banco Central ha estado cobrándonos un elevadísimo impuesto inflacionario para financiar al gobierno. Y de la misma forma que con la intervención del Indec oculta el reflejo de la verdadera depreciación del peso en el IPC, con el cepo evita mostrarla en el tipo de cambio oficial. El problema es que más allá de la alteración de las cifras gubernamentales, el peso sigue perdiendo valor.

Por lo tanto, la inflación es cada vez mayor y presiona en los costos de los empresarios. Sin embargo, el tipo de cambio oficial no refleja esa depreciación y, por ende, tampoco lo que cobran quienes fabrican bienes que compiten con similares del exterior. Es así como los sectores menos eficientes empiezan a sentir que pierden competitividad, quedan afuera del mercado y no pueden producir. Ya estuvimos viendo algo de esto durante 2012, en algunas economías regionales e industrias; pero podemos adelantar cómo seguirá la película mirando lo que pasa en Venezuela.

El “chavismo” impuso un cepo cambiario en 2003. A pesar de que devaluaron su moneda varias veces, y mucho, la necesidad de financiarse con impuesto inflacionario creciente (hasta 2011 fueron líderes en la región, en materia de inflación) implicó que el tipo de cambio real oficial cayera fuertemente. Es decir, lo que el gobierno reconoció de la pérdida de valor del bolívar, en el precio del dólar oficial, fue un porcentaje menor al real.

Por lo tanto, para los productores, los costos subieron por el ascensor, pero sus precios quedaron atados a un dólar oficial que lo hacía por la escalera. Si bien Venezuela fue siempre un gran exportador de hidrocarburos, el porcentaje de exportaciones no petroleras rondaba el 20%; pero, a partir de la vigencia del cepo, su participación se derrumbó hasta alcanzar el 5%.

Volvamos a la Argentina. Muchos se entusiasman con que el buen clima permita una buena cosecha gruesa y que el nivel de actividad de Brasil siga ganando en velocidad para que pueda incrementar su demanda por nuestros productos industriales. Ambas cosas deberían mejorar nuestras deprimidas exportaciones. Eso es cierto. Sin embargo, el problema es que el cepo se encargará de que el efecto sea coyuntural. No sólo porque nuestros empresarios manufactureros verán que les cuesta cada vez más competir con sus costos por la demanda brasileña sino porque tampoco nuestro agro saldrá indemne.

Tomemos el producto en el que somos más competitivos, la soja. Cuando el productor venda su próxima cosecha estará recibiendo bastante menos del 50% del valor real de su producto, descontado solamente la retención (en 2011, ese porcentaje fue de más del 60%). El cepo le reconocerá menos del 70% del verdadero valor en pesos del dólar, sobre un precio internacional que tuvo una quita previa del 35%. Por lo tanto, cuando analice el beneficio final del negocio y se dé cuenta de que este resultado tenderá a desmejorar mientras permanezca el cepo cambiario (en 2014, con suerte recibirá algo más de 40%), los que siembran en áreas marginales dejarán de hacerlo. Aquellos que lo hacen en la zona núcleo invertirán menos, debido a las previsibles menores ganancias. Por lo tanto, aun en la zona más productiva, los rendimientos bajarán.

En síntesis, si el efecto del cepo cambiario sobre el sector más eficiente de la economía local será desastroso, cabe imaginarse cuál será el impacto sobre los que no tienen la suerte de tener semejantes ventajas comparativas. No es difícil prever que la situación se volverá crítica para muchos exportadores y productores; por lo que el “corralito verde” será insostenible en el mediano plazo. Esto llevará a “megadevaluaciones” del tipo de cambio oficial y a una gran inestabilidad. Es decir, si tenemos la suerte de que el campo y Brasil nos regalen un “veranito” económico, disfrutémoslo.

Durante 2013, al impacto negativo del cepo, habrá que sumarle el enorme estrés político previsible para una elección legislativa donde el gobierno “irá por todo” (ya que considera que, si no hay reforma constitucional, se queda sin nada); por lo que aumentará la fuga de capitales y se retraerá el consumo y la inversión. Así, no es difícil prever que el nivel de actividad vuelva a desacelerarse en la segunda parte del año y empiecen a aparecer en el horizonte los “nubarrones” de la recesión.

No hace falta ser Madrake, sino tomarse el trabajo de observar que, en el mundo y en la Argentina (más de 20 programas con cepo en 70 años) todos los regímenes de control cambiario terminaron mal. Lástima que los que están en el gobierno hayan decidido repetir, tantas veces, este fracasado esquema. ¿Aprenderemos de esta nueva frustración?

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .