Un tipo de cambio real alto para la transición

Por Adrián Ravier: Publicado el 21/12/15 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2015/12/21/un-tipo-de-cambio-real-alto-para-la-transicion/

 

El nuevo equipo económico avanza en el cumplimiento de sus promesas de campaña. Primero, redujo retenciones de exportaciones a cero para todos los cereales —e incluso para la industria—, excepto la soja, que bajó de 35 a 30 por ciento. Segundo, eliminó el cepo cambiario, estabilizó su valor oficial en torno a 13,90 pesos. Algunos analistas esperaban que su valor fuera un poco más elevado, pero eso obligaría al Banco Central a desembolsar mayor cantidad de pesos por la excesiva —y quizás fraudulenta— venta del dólar futuro durante la gestión de Alejandro Vanoli.

Argentina inició, con estas y otras medidas, un proceso de cambio de modelo económico que todavía necesita definir en sus aspectos fundamentales. Uno de ellos trata acerca de la integración comercial global, a través del mantenimiento de las relaciones con el Mercosur y con China, pero también de la integración con Estados Unidos y Europa, aspecto que se comenzará a profundizar en la cumbre del Mercosur en Paraguay. No estoy en la mesa chica del PRO, pero creo que la ambición de pertenecer al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) o generar acuerdos bilaterales con Europa y el Primer Mundo es una de las intenciones del nuevo Gobierno.

Al respecto, uno de los temas que deben discutirse es de qué modo desmantelar todo el arsenal de medidas proteccionistas que el kirchnerismo formó durante estos últimos doce años para proteger a la débil industria local de la “amenaza extranjera”. Recordemos que uno de los requisitos para ingresar en estos bloques es no contar precisamente con este tipo de obstáculos a la inversión extranjera, ni tampoco a los productos extranjeros.

Tanto en campaña como también durante estas dos primeras semanas de gobierno, el tema giró en torno a liberar el tipo de cambio y que sea determinado por la oferta y la demanda, pero nada se ha dicho sobre eliminar aranceles o, al menos, unificarlos en un valor para todas las ramas industriales, para no generar arbitrariedades entre sectores. Esto es precisamente el camino que tomó Chile tras las recomendaciones de Milton Friedman, al unificar todos los aranceles en el 10% y luego ir descendiendo año a año un uno por ciento. Con ello, en diez años se llega a una economía libre de aranceles.

Argentina necesita abrir el debate acerca de esta transición que le permita ordenar también las relaciones con el mundo y el modo en que se librará de numerosas intromisiones del Estado en el ámbito comercial.

El desafío no es menor, ya que hoy toda la estructura productiva —apoyada sobre este arsenal de medidas proteccionistas— genera manufacturas que abastecen el mercado interno, al tiempo que crea millones de puestos de trabajo que no podrían ser reemplazados en el corto plazo por el esperado desarrollo de la agroindustria.

Más de un lector ahora mismo estará recordando la década de 1990, la que —se dice— avanzó en levantar intromisiones del Gobierno para importar productos extranjeros, lo que generó un aluvión de importaciones que barrieron con la débil industria local y obtuvieron un alto desempleo. En línea con aquella argumentación, la débil industria argentina heredada del poskirchnerismo no podría competir en condiciones de libre mercado con las baratas manufacturas importadas de China o Brasil, lo que en definitiva produciría un fuerte desempleo que pondría en riesgo, incluso, el avance de la transición.

Este tema fue estudiado en profundidad por Eduardo Conesa, doctor en Economía en la University of Pennsylvania, en su libro titulado Desempleo, precios relativos y crecimiento económico (Ediciones Depalma). En sus clases de Macroeconomía II en la Universidad de Buenos Aires, a las que tuve la oportunidad de asistir en 1999, Conesa planteaba que uno de los errores fatales de los años noventa fue fijar una convertibilidad 1 a 1 con un tipo de cambio real bajo, sobrevaluado, el que sólo podía terminar con el hiperdesempleo que todos conocimos. A partir de allí, y sobre la base de estudios empíricos en la misma Argentina, Chile, Corea, Japón o Alemania, concluía Conesa que el desarrollo económico debía iniciar con un tipo de cambio real alto, acompañado, por supuesto, con equilibrio fiscal y estabilidad monetaria.

Esta medida, de fijar un tipo de cambio real alto, puede resultar atractiva para el Gobierno como punto de partida del nuevo modelo y como transición para eliminar las otras intromisiones en el ámbito del comercio internacional, pero teniendo en claro que, una vez que el desarrollo económico avance y que esto repercuta en mejoras salariales reales, el Gobierno evitará volver a devaluar el tipo de cambio para conseguir una nueva mejora en la competitividad. Así permitirá que el tipo de cambio real alcance su valor de equilibrio.

Ejemplo de este tipo de transición lo observamos bajo el Gobierno de Arturo Frondizi, cuando Álvaro Alsogaray era ministro de Economía y de Trabajo. Alsogaray vio que el tipo de cambio que había llegado a 100 pesos moneda nacional en mayo, retrocedió hacia 83 en agosto, gracias a mayor confianza y a la entrada de capitales, lo que condujo al Banco Central a establecer una paridad fija antes de que siga apreciándose hacia su valor de equilibrio.

Recordemos que la propuesta presenta ventajas y desventajas. Entre las primeras, se puede señalar que un tipo de cambio real alto deprime el nivel de salarios, lo que permite que la industria de manufacturas cuente con mano de obra más barata para enfrentar la competencia extranjera. Entre las segundas, se puede indicar el mismo factor, ya que un bajo nivel de salarios perjudica a los consumidores, que verán reducida su capacidad de ahorro y de consumo. Otra desventaja, no menor, es que el tipo de cambio real alto encarece la importación de insumos, lo que en definitiva afectará también transitoriamente a parte de la industria local y a parte de los propios exportadores.

Debemos reconocer, sin embargo, que, en los términos planteados por Conesa, un tipo de cambio real alto y permanente, como cualquier control de cambios que se quiera fijar, impide un desarrollo sano de la economía y de la población, ya que, a medida que el crecimiento económico va generando mejoras salariales, el Gobierno o la autoridad monetaria reducirán esa mejora con políticas sucesivas de devaluación. Esto no es otra cosa que el fracaso continuo al que se nos ha expuesto en nuestra historia macroeconómica argentina.

Argentina puede fijar inicialmente el tipo de cambio real alto para compensar transitoriamente el desmantelamiento de las políticas proteccionistas, pero una vez que la economía empiece a crecer y los salarios se vayan recuperando de la devaluación, es importante que la estructura productiva se vaya configurando sin contar con nuevas devaluaciones al tipo de cambio. A medida que la economía argentina se desarrolle y el tipo de cambio real se vaya apreciando, las empresas deben emprender un proceso de mejoras en la competitividad incorporando las nuevas tecnologías, a la vez que el Gobierno debe avanzar en una fuerte reducción tributaria que permita bajar costos y quitar obstáculos al desarrollo empresarial.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

El mercado: mejor que el estado para cuidar al dólar

Por Iván Carrino. Publicado el 5/11/15 en: http://www.ivancarrino.com/el-mercado-mejor-que-el-estado-para-cuidar-al-dolar/

 

Noviembre marca el cumpleaños número 4 del cepo cambiario en Argentina. Si bien muchos consideran que la medida es necesaria para evitar una devaluación, lo cierto es que, a pesar del cepo, el peso es la moneda más devaluada de la región después del bolívar venezolano.

En momentos en que la denominada “campaña sucia” está en plena escalada, uno de los temas que más se debaten es el rol del cepo y el precio del dólar frente a la eventual liberación del mercado cambiario.

Poco tiempo atrás, el jefe de gabinete de la Provincia de Buenos Aires, Alberto Pérez, dijo que si se eliminaba el cepo, el dólar iba a costar $ 50. La Ministra de Economía de la Provincia, Silvina Batakis, también criticó la idea de tener un tipo de cambio librado a la oferta y la demanda del mercado. En una entrevista, sugirió que “todos los países administran sus reservas y el tipo de cambio”.

En la misma línea, el propio Daniel Scioli prometió que, si es presidente, “el tipo de cambio lo va a fijar el Banco Central en la flotación administrada” y que “nosotros no vamos a dejarlo librado al mercado”.

Queda claro que en el oficialismo existe temor a la liberación del precio del dólar. Es que, en su razonamiento, se asume que un dólar libre generaría una fuerte devaluación.

En un panfleto que circula por las redes sociales, se afirma muy claramente que “cuando al dólar se lo deja libre, lo regula el mercado y si lo regula el mercado lo regulan los ricos, y entonces suben los precios”.

A pesar de la queja oficialista y la campaña a favor del intervencionismo cambiario, lo cierto es que ninguna de estas afirmaciones tiene asidero.

De hecho, a pesar de haber pasado de un sistema de flotación administrada a uno de control de cambios, la moneda argentina es la que más se devaluó frente al dólar desde que Cristina Fernández de Kirchner asumió la presidencia en el año 2007.

Si se compara la evolución del tipo de cambio oficial desde diciembre de ese año hasta octubre de este, se observa que en nuestro país el dólar trepó un 200,7%, triplicando su valor inicial. Si bien en el mismo período, el valor de la moneda norteamericana también subió en otros países, lo cierto es que el aumento fue largamente menor. Solamente en Brasil el incremento para el mismo período superó el 100%.

Sin embargo, en Colombia el dólar escaló un 45,9%, en Chile un 37,2%, en Canadá un 30,4%, en la Eurozona un 29,8% y en Perú un magro 8,9%.

grafico

La curiosidad de estos datos radica en que ninguno de los países analizados tiene una política de administración del tipo de cambio como afirma Batakis.

Tanto el Banco Central de Colombia, como el de Chile, Brasil, Perú, Canadá o la Eurozona, llevan a cabo una política de “metas de inflación”, mediante la cual lo que se administra es la cantidad de dinero en circulación, con el objetivo de mantener una inflación estable en el largo plazo. En todos estos casos, el tipo de cambio está liberado y el responsable de ponerle precio al dólar es el mercado.

Paradójicamente para el pensamiento del gobierno, sus monedas se devalúan mucho menos que la nuestra.

En otro orden de cosas, se afirma también que un dólar libre generaría más inflación. No obstante, esta idea también es falsa. En Argentina, a pesar de la política de deliberado control del precio de billete verde, los precios aumentaron desde diciembre de 2007 a septiembre de este año un 468,1%. Por el contrario, en Europa treparon un 11,2%, en Perú 28,9%, en Chile 29,2%, en Colombia 33,3% y en Brasil 60,0% en el mismo período.

A la luz de esta realidad, dos cosas quedan claras. En primer lugar, que el argumento del candidato oficialista tiene pies de barro y solo busca infundir temor en la sociedad. En segundo, que si el gobierno no se empecina en destruir el valor de la moneda local con una política de emisión monetaria descontrolada, el mercado es el mejor mecanismo para controlar el dólar y evitar fuertes devaluaciones.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El miedo a hablar de bajar el gasto público

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 20/9/15 en: http://economiaparatodos.net/el-miedo-a-hablar-de-bajar-el-gasto-publico/

 

Podrán patalear, gritar y llorar diciendo que no quieren bajar el gasto público, pero finalmente la realidad se impone

Si bien es políticamente incorrecto decirlo y además piantavotos, la realidad es que el gasto público ha llegado a niveles récord y, por lo tanto, la presión impositiva está asfixiando a la población. Como consecuencia de este desparramo, tenemos déficit fiscal, emisión monetaria para financiar el déficit fiscal e inflación. Lo políticamente incorrecto y piantavotos es decir que inevitablemente hay que bajar el gasto público. Me dicen hablar de bajar el gasto público no se puede porque la gente no quiere saber nada de eso. Es probable que la gente siga con esa costumbre de no querer oír hablar de la realidad y prefiera a los políticos que les mientes. O, para decirlo de otra forma, le dicen a los políticos: mentime que me gusta.

Pero como la realidad manda por encima de lo “políticamente correcto” uno puede esperar dos opciones hacia el futuro: a) que el próximo gobierno le explique a la población en forma clara y concreta porqué hay que bajar el gasto público, en qué rubros y proceda en consecuencia o b) bajarlo por imperio de las circunstancias por otro camino más brutal, desprolijo, ineficiente y con alto sufrimiento para la población.

Lo anterior puede asimilarse al 2001 cuando Ricardo López Murphy quiso bajar el gasto público en el equivalente a U$S 3.000 millones de ese momento y se produjo un escándalo político que terminó con la renuncia de López Murphy.

Los “políticamente correctos” no lo bajaron, pero luego de un tiempo decidieron que había que tener déficit fiscal cero y eso se tradujo en una política según la cual los empleados públicos, jubilados y proveedores del estado iban a cobrar de acuerdo a lo que se recaudara en el mes.

Esta estrategia, sin reformas de fondo, no logró cambiar las expectativas y todo terminó en una fenomenal fuga de depósitos del sistema financiero, luego llegó el corralito y, finalmente,  la parte más catastrófica que fue la política que aplicó Duhalde con la devaluación y la pesificación asimétrica. Porque en realidad Duhalde aplicó un brutal ajuste sobre la economía vía una devaluación y una llamarada inflacionaria. La estrategia fue aumentar el tipo de cambio, hacer que los precios internos subieran menos que el tipo de cambio para que éste subiera en términos reales y, finalmente, incrementar los salarios menos que los precios internos y mucho menos que el tipo de cambio para licuar el gasto en salarios y jubilaciones. Lo que se conoce como licuar el gasto público con una llamarada inflacionaria o bien licuar el gasto público.

¿Cuál es la diferencia entre aplicar una baja del gasto público en forma ordenada o hacerlo a lo Duhalde? La diferencia es que en el primer caso hay una reforma estructural del gasto público que le permite ganar competitividad a la economía argentina y menos sufrimiento para la población en general. Hacerlo a lo Duhalde es dejar las ineficiencias del estado tal cual están pero con un costo menor en términos reales.

Para explicarlo desde otro ángulo. Imaginemos una empresa que tiene 9 gerentes pero podría funcionar perfectamente con 5. Si la plata no alcanza, la opción racional es despedir a 4 y quedarse con 5 bien pagos. La opción Duhalde es: me quedo con los 9 pero todos mal pagos. En el primer caso hay reforma estructural, en el segundo no.

Imagine el lector la cantidad de empleados públicos que sobran, particularmente luego que este gobierno ha nombrado miles “empleados” públicos que en realidad son subsidios para los militantes de La Campora que pagamos todos con nuestro trabajo.

Suelen decirme que si alguien plantea una cosa así no consigue votos porque los empleados del estado que no son de La Campora no votarían al candidato que dijera eso por miedo a perder su trabajo. Si el candidato dice que va a despedir a los empleados de La Campora, el empleado estatal que no es de La Campora no votaría a ese candidato por miedo a perder su puesto de trabajo, sostienen.

En primer lugar, los de La Campora van a votar solo al candidato que ordene CF, de manera que el candidato opositor seguro tiene perdido el voto de los de La Campora. Diga que los va a despedir o no diga nada. Pero creer que los empleados públicos tradicionales van a asustarse con una propuesta de ese tipo es no conocer lo que ocurre dentro del sector público.

En efecto, las patotas de La Campora han avasallado a los viejos empleados estatales. Les quitaron sus cargos jerárquicos o los tiraron a un costado humillándolos, ganan más que ellos y, además, los maltratan. El empleado público tradicional detesta a los de La Campora. Sí hay algo que desea profundamente es que los echen.

Me dicen que una baja del gasto público generaría un alto grado de conflictividad social e ingobernabilidad. En rigor la ingobernabilidad se va a producir si no se hace algo concreto y eficiente en forma inmediata. Con el tipo de cambio real retrasado artificialmente por el gobierno. Con la inversión ausente por la inseguridad jurídica, el cepo cambiario y demás regulaciones y con la fiesta de consumo artificial llegando a su final, no hay motor que mueva la economía. Es decir, ni la inversión, ni las exportaciones, ni el consumo están moviendo el nivel de actividad Esto significa que los problemas de ocupación son cada vez más agudos, la inflación hace destrozos en los presupuestos familiares y las economías regionales están colapsadas.

La crisis social y la ingobernabilidad van a llegar si rápidamente no aceptamos que, de ahora en más, serán las inversiones y las exportaciones las que moverán la economía. La fiesta de consumo artificial ya pasó. Esa no es opción real. El que le venda que Ud. va a seguir consumiendo lo mismo le está mintiendo.

Ahora, para que haya inversiones tiene que haber seguridad jurídica, previsibilidad en las reglas de juego, disciplina monetaria para que no haya inflación lo cual nos lleva a la disciplina fiscal que implica bajar el gasto público. ¿O alguien cree que puede bajarse la inflación sin emisión monetaria y que la emisión monetaria no está ligada al déficit fiscal? Si este es el problema, ¿alguien cree que puede bajar el déficit fiscal subiendo más los impuestos?

Guste o no, el gasto público pasa a ser una de las claves en el futuro plan económico del próximo gobierno. Y podrán gritar, patalear o llorar diciendo que es políticamente incorrecto bajar el gasto público, pero la realidad es que el que no lo baje va a tener problemas de gobernabilidad porque se le escapará la inflación con un fenomenal estrago en los ingresos reales, generando más pobreza e indigencia, al tiempo que aumentará la desocupación y, finalmente el gasto público bajará por licuación inflacionaria.

En mi opinión es preferible ir analizando el presupuesto para ver quiénes son los que hoy están viviendo a costa del trabajo ajeno sin producir nada eficiente para el resto de la sociedad o bien aceptar que vamos de cabeza a otra crisis inflacionaria y cambiaria como en el 2002, sin resolver ningún problema de fondo pero comprando serios problemas de gobernabilidad.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

La devaluación del peso argentino en 2011-2015

Por Adrián Ravier: Publicado el 26/8/15 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2015/08/26/la-devaluacion-del-peso-argentino-en-2011-2015/

 

Devaluar es, según la Real Academia Española, ‘rebajar el valor de la moneda’. Nadie contribuyó tanto a rebajar el valor del peso argentino como este último Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, en el que tuvo una destacada participación el actual ministro de Economía, Axel Kicillof. El economista Luis Secco guarda plena razón cuando explica: “La devaluación ya está hecha”, “Solo resta sincerarla”, algo que aparentemente le corresponderá hacer al próximo Gobierno, con el costo político y social que eso trae aparejado.

Para mostrar esta rebaja en el valor del peso entre 2011 y 2015, cabe una mirada a la evolución de las distintas partidas del balance del Banco Central de la República Argentina (BCRA), institución que cuenta con el monopolio de emisión de estos billetes depreciados. El cuadro presentado a continuación es un extracto del resumen estadístico que elabora trimestralmente Nicolás Cachanosky para nuestro blog Punto de Vista Económico.

Sin título

Nótese, por ejemplo, la evolución del pasivo, que pasó de 0,4 a 1,2 billones de pesos entre 2011 y junio de 2015. El pasivo se triplicó desde que Kicillof incide en la política monetaria del BCRA, lo que se logró con dos políticas concretas:

–          Emitiendo billetes que más que duplicaron la base monetaria (pasó de 223 a 483 mil millones de pesos).

–          Colocando títulos del BCRA en pesos (pasó de 84 a 355 mil millones de pesos).

Una mirada al activo nos puede explicar el destino de estos fondos. Mientras el activo pasó de 0,4 a 1,2 billones de pesos entre 2011 y junio de 2015, las reservas apenas pasaron de 200 a 308 mil millones de pesos. De nuevo, hay dos destinos concretos para la emisión monetaria del BCRA:

–          La compra de títulos públicos (pasó de 127 a 534 mil millones de pesos).

–          Adelantos del BCRA al tesoro del Gobierno nacional (pasó de 67 a 272 mil millones de pesos).

Para ser claros, el Gobierno quebró al BCRA. En 2011 las reservas representaban el 46 % del activo del BCRA; en 2015 esa misma relación cayó a menos del 25 %. La sumatoria de títulos públicos y adelantos del BCRA al Tesoro del Gobierno Nacional representaban en 2011 el 44 % del activo del BCRA, en 2015 estas mismas partidas representan el 63 % del activo.

La situación se agrava, lógicamente, si en lugar de tomar las reservas brutas, se tomaran las reservas netas, es decir, si se descontara aquella porción de esas reservas que no son propiedad del BCRA.

Resulta claro que un desafío difícil de lograr para el próximo Gobierno es el saneamiento del BCRA. Los asesores de ambos candidatos, Mauricio Macri y Daniel Scioli, apuestan a crear un marco de confianza que conduzca a una gran atracción de capitales en el país, pero esta confianza difícilmente ocurra mientras el BCRA presente este estado de situación. Por eso, volvemos al comienzo. “La devaluación del peso está hecha, solo resta sincerarla.”

Y entonces sí, los costos de esta devaluación serán más bajos si se ofrece un plan integral de reformas al Estado, que significan -necesariamente- un cambio de modelo.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

El verdadero debate no es “Shock o Gradualismo”

Por Iván Carrino. Publicado el 5/6/15 en: http://www.ivancarrino.com/el-verdadero-debate-no-es-shock-o-gradualismo/

 

A medida que se acercan las elecciones para elegir un nuevo presidente, la discusión crece acerca de si el nuevo Gobierno debe implementar medidas de shock o medidas de corte gradual. Sin embargo, ese debate es estéril si no se sabe hacia dónde se quiere ir.

El 10 de diciembre de este año, una nueva administración asumirá el poder luego de 12 años de gobiernos liderados por el apellido Kirchner. El gobierno saliente deja una gran cantidad de problemas económicos que afectan la vida cotidiana de la gente. Inflación, cepo al dólar, crisis energética, conflictividad laboral y recesión son algunos de ellos.

En este marco, comenzó un debate entre los economistas acerca de cómo deberían solucionarse la mayoría de estos problemas, quedando expuestas dos posiciones aparentemente contrapuestas. Por un lado, la que se inclina por realizar cambios en forma de shock, de una vez y “sin anestesia”. Por otro, la que es partidaria de encarar cambios pero solo de forma gradual. De a poco, para que “no duela”.

Ahora bien, por más deseable e interesanteque pueda ser este contrapunto acerca de cómo emprender reformas, lo cierto es que no es del todo relevante, especialmente cuando la discusión política gira en torno al cambio o la continuidad.

Es que, en realidad, el verdadero debate no es “shock o gradualismo”, sino“Chile o Venezuela”, uno todavía más profundo, que aún no ha sido resuelto y que trata sobre el modelo de país que realmente queremos.

Finalmente, toda discusión sobre las formas se vuelve estéril si no está claro cuál es el objetivo.

debate

Chile y Venezuela son los dos extremos de la organización económica del continente. En la Venezuela chavista predomina el llamado Socialismo del Siglo XXI, donde el estado es omnipresente y nada ocurre sin el permiso oficial. Para tener una idea de su tamaño, el gasto público en 2014 ascendió al 42,6% del PBI. Es decir, por cada dólar de producción, 43 centavos son gasto del gobierno. El elevado gasto venezolano es responsable de un déficit de proporciones astronómicas, cercano al 15% del PBI. A su vez, como ese déficit es financiado con emisión monetaria, la inflación llegará al 94,9% en 2015 según las conservadoras estimaciones del FMI.

La alta inflación producto del déficit y la emisión no es la única característica de la economía Venezolana. Debido a los ubicuos controles de precios, la escasez es la norma y las colas para comprar pan y harina se han convertido en una nueva institución del socialismo chavista. Por si esto fuera poco, también escasea la libertad económica. En el ranking elaborado por la Fundación Heritage, el país solo supera a Cuba y a Corea del Norte. Emprender en Venezuela es un verdadero deporte extremo y el capitalismo es una mala palabra.

Chile es el extremo opuesto. Más allá de los desarrollos presentes, el país vecino mantiene hace años una economía abierta, con disciplina fiscal y un gobierno limitado, que sabe que el progreso es fruto del capitalismo y el espíritu emprendedor. Así, el gasto público el año pasado ascendió a solo el 25,5% del PBI y el déficit se mantuvo en el 1,4%. Este déficit, sumado a que el Banco Central de Chile tiene prohibido financiar los desequilibrios del tesoro, contribuye a que la inflación sea baja. Según el FMI, el año que viene,los precios subirán solo 2,8%. Envidiable.

Es que, como comentábamos al principio, Chile tiene una economía abierta que cree en el sector privado. Por ello,es el país latinoamericano mejor ubicado en el Índice de Libertad Económica y su propia presidenta se jacta de decir que “es el país con más tratados de libre comercio del mundo”.

Los resultados de ambos modelos están a la vista. El de Chávez y Maduro paralizó la actividad económica y, mediante la inevitable devaluación, está pulverizando los salarios de los venezolanos. El modelo chileno, por el contrario, llevó al país a liderar el Índice de Desarrollo Humano de la región y redujo sustancialmente los niveles de pobreza.

En conclusión, antes de comenzar un debate sobre cómo encarar cambios, lo mejor sería debatir y resolver hacia dónde se quiere cambiar. En esta última década, la economía argentina se acercó mucho más al modelo del país petrolero que al de nuestros vecinos del otro lado de la cordillera.

Para el próximo período, exijamos que se comience a caminar en la otra dirección ya que, de lo contrario, el riesgo de reproducir los resultados del chavismo es extremadamente alto.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.

Kicillof: convergiendo a la tablita cambiaria de Martínez de Hoz

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 4/5/15 en: http://economiaparatodos.net/kicillof-convergiendo-a-la-tablita-cambiaria-de-martinez-de-hoz/

 

En el fondo el kichnerismo implementó algo similar a lo que hizo Martínez de Hoz en diciembre de 1978

Es curioso como los k, que son acérrimos enemigos de Martínez de Hoz, en los hechos terminan imitando su política cambiaria. Si bien con ciertos detalles de diferencia, en el fondo hoy el kichnerismo implementó algo similar a lo que hizo Martínez de Hoz en diciembre de 1978 cuando implementó la famosa tablita cambiaria.

Cuando el Proceso toma el poder, la inflación estaba en el 567% anual tomando el IPC de marzo 1976 versus marzo de 1975. Si bien Martínez de Hoz logra reducir esa inflación, estuvo muy lejos de lograr tasas de inflación cercanas a algo similar a lo que podemos llamar estabilidad. La inflación seguía siendo un serio problema en diciembre de 1978. Además de tener déficit fiscal que se monetizaba, hasta ese momento había intentado desactivar las expectativas inflacionarias con una tasa de devaluación cada vez menor. El 20 de diciembre de 1978 se implementa la famosa tablita cambiaria que consistía en hacer lo mismo que se había hecho hasta ese momento pero anunciándolo. Es decir, se anunció cuál iba a ser el tipo de cambio nominal diariamente hacia adelante, con una tasa de devaluación mensual que iba disminuyendo en el tiempo.

Se recurrió a este mecanismo porque el gobierno militar no quería enfrentar reformas de fondo para no generar conflictos sociales mayores. Recordemos que todavía en 1978 continuaba el tema del terrorismo y los militares no querían enfrentar reformas del estado y bajas del gasto que, consideraban, iban a crear conflictos sociales sobre los cuales podía montarse el terrorismo. Es decir, pusieron una restricción política para que hicieran magia para bajar la inflación. Nada diferente a los gobiernos civiles en este tema. Historia repetida: es políticamente incorrecto bajar el gasto público así que inventen algo que disimule la inflación por un tiempo.

La cuestión es que Martínez de Hoz implementó la famosa tablita cambiaria con el objeto de bajar la inflación por disminución de las expectativas inflacionarias, anunciando una tasa de devaluación cada vez menor. Suponían que disminuyendo la tasa de devaluación se desinflarían las expectativas inflacionarias y con ella la indexación de los precios.

Gráfico 1

HACER CLICK SOBRE LA IMAGEN PARA AGRANDAR

Como puede verse en el gráfico 1, con la crisis del rodrigazo y el descontrol económico y político de 1975 principios de 1976, se produce un overshooting en el tipo de cambio y llega hasta los $ 43 actuales en marzo de 1976. Primero baja por mejores expectativas y luego claramente el tipo de cambio nominal comienza a subir por debajo de la tasa de inflación. En gran medida se sostenía con endeudamiento externo y otro tanto con deuda interna. El tipo de cambio real cae, entre marzo de 1976 y enero de 1980 casi el 80%. Claro que tomo desde el punto más alto que es el de marzo de 1976 cuando impactaba el overshooting de un desgobierno total como era el de Isabel Perón.

Sin corregir el problema del déficit fiscal, era obvio que la monetización del déficit iba a generar una tasa de inflación que, si no era acompañada por un incremento del tipo de cambio nominal, la caída del tipo de cambio real iba a ser inevitable. Y así fue y por eso luego terminó en un desborde cambiario en 1981 cuando asumió Viola.

Ahora, lo curioso es que el gobierno kirchnerista también ha utilizado el mismo mecanismo que Martínez de Hoz para intentar frenar la inflación. Creyeron que reduciendo la tasa de devaluación podían seguir teniendo déficit fiscal financiado con emisión monetaria sin impacto inflacionario.

Es más, recuerdo que Martínez de Hoz recurrió al Índice de Precios al Consumidor descarnado, es decir sin incluir el rubro carne, porque decía que distorsionaba el IPC. El kirchnerismo directamente destruyó el IPC para esconder la inflación. Fueron más duros que Martínez de Hoz en materia de desdibujar el tema inflacionario.

Cabe aclara que en 1981, Sigaut además de informar un IPC sin carne, también incluyó indumentaria en un momento porque argumentaba que en ese rubro también había distorsiones. Como puede verse el kirchnerismo no está haciendo nada tan diferente al Proceso en materia económica. En todo caso la diferencia es que acentuó las medidas erradas de aquellos años recurriendo a guarangadas como destruir las estadísticas económicas. En el Proceso osaron quitar la carne y la indumentaria. Esta gente directamente destrozó el INDEC.

Veamos ahora el tipo de cambio real. En marzo de este año el tipo de cambio real estuvo en $ 8,79. En mayo del 2002, el tipo de cambio promedio nominal llegó a $ 5, valor que a precios actuales se transforma en un tipo de cambio real de $ 25,20 a pesos de marzo 2015, es decir que desde el overshooting de la devaluación de Duhalde hasta ahora el tipo de cambio real cayó el 65% contra la caída del tipo de cambio real del 80% en los 4 años de Martínez de Hoz. Dos casos de grandes caídas del tipo de cambio real para “frenar” la inflación.

Pero en los 2 años y monedas que duró la tablita cambiara, la caída del tipo de cambio real fue del 26% y durante el kirchnerismo, es decir, desde mayo de 2003 hasta marzo de 2015 la caída es del 48%.

En el gráfico 2 puede verse la evolución del tipo de cambio real durante el kirchnerismo.

Gráfico 2

HACER CLICK SOBRE LA  IMAGEN PARA AGRANDAR

La pregunta que puede surgirle al lector a esta altura de la nota es la siguiente: ¿por qué comparar contra el período de Martínez de Hoz si, en la historia económica argentina contemporánea, muchas veces se utilizó, con nefastos resultados, esto de anclar el tipo de cambio como forma de frenar la inflación?

La respuesta se puede ver en el gráfico 3, el tipo de cambio de enero de 1981, última mes de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz, es igual al de marzo de 2015. En el gráfico puede verse que hay tres puntos que son los más bajos de la serie histórica mensual que llevo del tipo de cambio real abarcando un período de 44 años. Vea el lector dónde estaba, a valores actuales, el tipo de cambio de enero de 1981 y el actual y quedará sorprendido. El kirchnerismo, que tanto despotrica contra Martínez de Hoz, tiene hoy el mismo tipo de cambio que cuando explotó la tablita cambiaria.

Gráfico 3

HACER CLICK SOBRE LA IMAGEN PARA AGRANDAR

Como decía un amigo y economista que falleció: la vida es dura, y por más que el kirchnerismo tenga su relato, en materia cambiaria llegaron al mismo punto que Martínez de Hoz y no es, justamente, por confianza en el peso. Simplemente retrasaron el tipo de cambio real para desactivar las expectativas inflacionarias. Al igual que Martínez de Hoz usaron el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria a costa de hacer artificialmente cara la economía argentina.

Tal vez hasta tengan el mismo final que Martínez de Hoz. El estallido cambiario se le produjo a Sigaut, así que, posiblemente Kicillof, si sigue rifando las reservas del Central para frenar el blue, también logre transferirle el estallido cambiario al próximo gobierno, siempre y cuando el próximo gobierno no se maneje con inteligencia y cometa los mismos errores que se cometieron a partir de marzo de 1981.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Economía: la oposición no tiene que tener miedo a la herencia:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 22/2/15 en: http://economiaparatodos.net/economia-la-oposicion-no-tiene-que-tener-miedo-a-la-herencia/

 

A diferencia del 2002, cuando llegó Duhalde a la presidencia, el próximo gobierno no podrá aplicar la misma receta para salir de la fenomenal recesión en que nos ha sumergido el modelo Nac&Pop. El camino será más largo, pero si se adoptan las medidas adecuadas, también será más sólido y hasta puede acelerarse la recuperación del destrozo que dejará el kirchnerismo.

Recordemos que en el segundo semestre de 2002 Duhalde se ve beneficiado con la suba del precio de la soja. El 2002 comenzó con una soja de U$S 160 por tonelada y terminó con U$S 208 la tonelada. Para tener otra referencia, en 2001 el precio promedio de la soja fue de U$S 168,75 por tonelada, en 2002 el promedio fue de U$S 188,87 la tonelada y el 2003 tuvo un precio promedio de U$S 233,21 la tonelada.

Para tener una idea de la suerte que tuvieron los k, podemos tomar este dato: el precio promedio simple de la soja durante el gobierno de De la Rúa fue de $ 175,66 la tonelada. En la era k, el precio promedio fue de U$S 378,78 la tonelada

Es decir, de una fenomenal fuga de capitales en el 2001, con la devaluación el gobierno se encontró con un flujo de ingreso de divisas producto de la suba del precio de la soja. Los productores, que estaban fuera de combate, de golpe se encontraron con un dólar 3 o 4 pesos a 1, en vez del 1 a 1 de la convertibilidad y con las deudas pesificadas. Es decir, tenían flujo de divisas a precios en dólares más alto, con una cotización del dólar más alta y deudas en pesos. Eso generó un boom agrícola que empujó la actividad económica en forma fenomenal al tiempo que le acercaba recursos al gobierno vía las retenciones.

No veo que el próximo gobierno vaya a encontrarse con un escenario igual. Sí puede ocurrir que mediante una devaluación bajen los precios de los insumos en dólares, particularmente el transporte de carga, y mejore el ingreso del productor por la suba del tipo de cambio, pero no creo que los precios de las commodities tengan un comportamiento de suba permanente como ocurrió con el gobierno k.

Por otro lado, Néstor Kirchner recibió un tipo de cambio que a precios de enero 2015 era de $ 16,34 en tanto que el promedio de enero pasado fue de $ 8,62. Es decir, no habrá un colchón cambiario como para utilizarlo como ancla contra la inflación.

Pero la clave de todo estará en que no habrá un stock de capital para reactivar la economía como lo hizo Duhalde y que luego continuó el matrimonio k descuidando la inversión.

Al más puro estilo keynesiano, Duhalde, además de tener la suerte de la suba de la soja, utilizó la capacidad instalada durante los 90. Simplemente la devaluación generó una caída de los salarios medidos en dólares. La caída de los salarios en dólares frenó las importaciones, particularmente de los bienes de consumo sustituyéndose importaciones. Los productores locales pasaron a tener casi el 100% del mercado solo por efecto de la devaluación. En el recesivo 2001 las importaciones había ascendido a U$S 20.320 millones. En 2002 con la devaluación de enero de ese año cayeron a U$S 8.989 millones. Menos de la mitad del 2001. Por eso digo que los productores locales se quedaron con una market share mayor solo por efecto de la devaluación.

¿Qué hizo Duhalde en última instancia? Para responder vuelvo a la isla de la fantasía y voy a utilizar el gráfico de los peces y los cocos.

GRÁFICO 1

Imaginemos que nuestro náufrago está en la isla y si trabaja 8 horas diarias consigue 30 cocos por día, o bien si dedica todo el tiempo a la pesca obtiene 10 peces. Si uno se mueve a lo largo de la curva, se tienen las diferentes combinaciones de peces y cocos que puede obtener dependiendo de cuánto tiempo le dedique a pescar o a bajar cocos.

Pero nuestro náufrago está produciendo en el nivel del punto A. Él podría producir más sobre algún punto a lo largo de la curva, pero porque algún burócrata lo molesta, no puede llegar. Produce menos de lo que su stock de capital le permitiría.

Bien, cuando Duhalde llegó al gobierno la economía operaba en el punto A del gráfico. Lo qué hizo Duhalde fue, mediante la devaluación, pasar de punto A algún punto a lo largo de la curva de transformación del gráfico 1. La industria automotriz podía producir 100 autos por día pero producía 8.

GRÁFICO 2

Lo que no lograron ni Duhalde y mucho menos los kirchner fue conseguir que la economía se moviera como lo muestra el gráfico 2. ¿Qué nos dice ese gráfico? Que atrayendo inversiones se incrementa el stock de capital y por lo tanto la productividad y los ingresos reales. En el ejemplo del gráfico nos dice que gracias a las inversiones el náufrago, con más stock de capital, en 8 horas no consigue 30 cocos sino que consigue 40 cocos y en vez de obtener 10 peces, obtiene 15 peces. Eso es el progreso y la mejora del ingreso real.

Volviendo al gráfico 1, lo que consiguieron Duhalde primero y luego los kirchner fue que los empresarios le pasaran el plumero a las máquinas que no utilizaban, compraran insumos y dieran algunas horas extras para moverse desde el punto A hacia algún punto de la curva. Reactivaron pero no crecieron.

¿Puede el próximo gobierno lograr lo que hizo Duhalde en el gráfico 1? No, porque los K se encargaron de destruir el stock de capital. Se consumieron la rutas (los puentes de la ruta 2 se caen), el sistema energético colapsó, los trenes están destruidos, etc.

GRÁFICO 3

Lo que hizo el nefasto matrimonio fue mover la economía como lo muestra el gráfico 3. Destruyeron el stock de capital instalado y, por lo tanto, trabajando 8 horas, con este stock de capital que quedó, ya no se producen 40 cocos diarios, sino que se producen 25. Y no se obtienen 15 peces, sino que se obtienen 6 peces por día. Todos somos más pobres porque estimularon el consumo consumiendo stock de capital. La curva de transformación se desplazó hacia la derecha y hacia abajo.

La prioridad del próximo gobierno consistirá en lograr que la curva se mueva como lo muestra el gráfico 2. Generar inversiones que aumenten la productividad y así crear más puestos de trabajo. Pero para lograr el movimiento del gráfico 2 se requieren dos tipos de medidas: 1) un mínimo de reordenamiento de los precios relativos, desregulando la economía, disminuyendo la carga tributaria y privatizando nuevamente y 2) generar credibilidad. Ser confiables de entrada para que los capitales fluyan hacia Argentina.

Ya no hay margen para estimular artificialmente el consumo y tampoco hay viento de cola que evite pagar los costos del destrozo k. La salida que veo para la economía argentina es con más inversiones, mejorar la productividad y con eso exportar más. El aumento del consumo vendrá como consecuencia del crecimiento de las dos variables anteriores.

La destrucción económica que van a dejar los k no es menor, pero hay una salida si se logra un acuerdo de gobernabilidad para seguir el camino marcado en el gráfico 2. Si hay acuerdo político para seguir ese camino y adoptar las medidas necesarias para recorrerlo, la recuperación puede ser mucho más rápida de lo imaginado. Solo pensando en lo barato que están los activos hoy en Argentina tendríamos un flujo de ingreso de capitales para comprar. Luego inversiones para reconstruir la infraestructura del país y, finalmente, un sector agroalimentario que rápidamente puede movilizar la economía.

Que la oposición no tenga miedo a la herencia k. Con juicios ejemplares a los que se robaron el país para mostrar que la seriedad llegó a la Argentina y políticas económicas consistentes, la salida es posible.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.