“Nunca la humanidad ha registrado tanta prosperidad para tanta gente”

Entrevista a Carlos Rodriguez Braun, por Javier Labiano. Publicada el 11/12/19 en: http://www.twecos.com/2019/12/11/entrevista-carlos-rodriguez-braun-2/

 

¿Es complicado divulgar conocimientos económicos sin faltar al rigor académico? 

La clave está en entender al público, tener claro a quién se está hablando en cada momento. Lo que no se puede hacer es mezclar las cosas y hablar, por ejemplo, en un seminario de economía de la universidad como lo harías en la radio. Son públicos distintos y hay que utilizar lenguajes diferentes. De cualquier manera, la idea de que la divulgación no puede ser rigurosa me parece falsa.

¿La última crisis nos ha obligado a todos a saber un poco más de economía?

Un amigo argentino siempre dice que la inflación convierte a un país en una inmensa facultad de ciencias económicas. Y, efectivamente, la adversidad fuerza a uno a formarse mejor en economía que si viviera en un país apacible en el que nunca hubiera ningún sobresalto. Así que, efectivamente, creo que la crisis nos ha ayudado. Además, en general, yo diría que en los casi 43 años que llevo viviendo en España el nivel de conocimiento en economía de la población ha aumentado claramente.

¿Cuáles están siendo los efectos más positivos de la globalización?

Lo que ha pasado es bastante evidente, aunque algunos se resisten todavía a entenderlo. La caída del Muro de Berlín lanzó una ola de libertad en todo el mundo y eso es a lo que llamamos globalización. El principal enfrentamiento político, que venía durando décadas, desde finales de los años 40, desapareció porque entró en crisis el comunismo. Y esa mayor libertad dio lugar a una espectacular ola de prosperidad. Nunca la humanidad ha registrado tanta prosperidad para tanta gente. Las cifras son impresionantes: cientos de millones de personas dejaron atrás la pobreza extrema. Es cierto que la mayoría de ellos en África y Asia. Como a veces no los vemos parece que no existen, pero sí que existen y es un grandísimo resultado de la globalización.

La globalización también habrá tenido efectos negativos….

Las ideas antiliberales, que algunos ingenuos pensaron que iban a desaparecer en 1989, cuando cayó el Muro, han sobrevivido. Y, de hecho, en los últimos tiempos están experimentando un renacimiento. Es decir, que la globalización ha tenido también como efecto una resistencia a la propia globalización. Esto se ha producido desde diferentes ángulos. Hemos visto como en los últimos años, sobre todo después de la crisis, dos movimientos arrecian, tanto el nacionalismo populista proteccionista como el viejo socialismo anticapitalista. Ambas corrientes son muy contrarias a la globalización.

Hablemos del ámbito empresarial. ¿Se han acostumbrado las compañías españolas a cruzar fronteras?

Ha habido una evolución importante en este tema. Si hay una señal que ha caracterizado a la empresa española en el último medio siglo es la internacionalización. Este proceso ha sido facilitado por la globalización y ha ayudado mucho a la economía. Uno lo detecta en todos los niveles empresariales. En los grandes es muy evidente, pero también hay pequeñas y medianas empresas españolas que se ven en cualquier rincón del mundo.

Las exportaciones ayudaron a muchas empresas a remontar el vuelo después de la última crisis. ¿Sucederá lo mismo en la siguiente?

La verdad, no lo sabemos. Así como la globalización que sucedió a la caída del Muro de Berlín supuso una ola de libertad, la situación que tenemos actualmente puede suponer un paso atrás. El presidente de Estados Unidos está alabando el proteccionismo, y está el Brexit y el auge de los populismos. Es posible que la nueva crisis nos pille con un aliento más proteccionista que antes. Esta es una de mis grandes inquietudes, sino la mayor. La libertad y apertura permite sortear las crisis con menos daño, pero cuanto más te cierras más te pueden golpear los ciclos económicos adversos.

¿En qué cree que terminará la actual ralentización económica?

No sabemos lo que va a pasar, pero podemos intuir que viene una desaceleración económica. Los indicadores así lo sugieren. Hemos repetido errores del pasado, con una expansión monetaria muy irresponsable en todo el mundo; y, al mismo tiempo, nuestros gobernantes no han sido austeros, a pesar de lo que se nos ha dicho. Nos encontramos con una gran diferencia respecto a la crisis anterior, en la que el nivel de endeudamiento del sector público era relativamente bajo. En los últimos 10 años, mientras el sector privado se desendeudaba, la deuda pública ha explotado en muchos países, empezando por el nuestro. En 2007 era inferior al 40% del PIB, y ahora está en el 100%. La próxima crisis nos va a encontrar con una situación más débil, ya que el endeudamiento tendrá un margen de crecimiento menor.

En este contexto, ¿de qué dependerá el comportamiento de los mercados financieros en 2020?

Sobre todo, de lo que pase con la política monetaria. Es verdad que lo más importante es la actividad económica, pero la clave estará en la política monetaria porque hemos tenido los tipos de interés muy bajos durante demasiado tiempo. Las tensiones y la volatilidad que estamos viendo en los últimos tiempos se deben a eso, a la incertidumbre de lo que va a pasar y, al mismo tiempo, al convencimiento de que esta situación no puede durar.

¿Qué sabe del seguro de crédito y del papel que ha jugado en la última crisis?

El seguro es una gran institución, una de las más antiguas de la economía, cumple un papel muy importante y sospecho que éste va a ser aún mayor en el futuro. En particular, los seguros relacionados con el comercio exterior y con el crédito a la exportación porque, a pesar de las fuerzas proteccionistas, hemos vivido una época de gran apertura internacional que, espero, no se revierta.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Con el diario del lunes

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 13/8/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Con-el-diario-del-lunes-20180812-0034.html

 

No son pocos los administradores de carteras que aconsejan invertir en acciones estadounidenses obnubilados por algunos indicadores superficiales de esa economía y por la perspectiva del cobro de las correspondientes comisiones. Pero bajo esa superficie hay otros guarismos que apuntan en otras direcciones.

Básicamente la preocupación de analistas de fuste estriba en la colosal deuda pública norteamericana, el déficit fiscal creciente debido al simultáneo aumento del gasto estatal junto a la reducción de impuestos y la guerra comercial desatada también por el actual presidente (además de su xenofobia).

Con el diario del lunes

En este sentido, cabe subrayar como un acto de elemental justicia algunos nombres de destacadas personalidades estadounidenses que han publicado trabajos de gran valía dando voz de alarma respecto a los antedichos puntos. Estos son Peter Shift  The Real Crash, William Bonner The New Empire of Debt, Doug Casey Crisis Investing, Ron Paul End the Fed, David Stockman Trumped.  A Nation on the Brink of Ruin, James Richards The Big Drop y el artículo de Jim Rogers “What´s Coming is Going to be a Mess”.

Por mi parte, aprendiendo de esos maestros, he escrito en este mismo medio y en otros sobre los referidos indicadores que deben tomarse en cuenta ya que  nada es irreversible si somos capaces de aprender la lección. Con el diario del lunes todos somos avezados, el asunto es adelantarse al efecto de procurar soluciones a ciertos nubarrones que se divisan en el horizonte. No es posible vivir todo el tiempo y de forma ilimitada de prestado.

El periódico “The Guardian” de Londres destaca que el gobierno chino ha dejado trascender que “está preocupado por la seguridad de sus activos” y Allan Meltzer declara que “Los chinos están inquietos porque tenemos [en Estados Unidos] un nivel de deuda insostenible y no hay visos de corregir el problema”. Por otra parte, el diario señala que autores locales como Ho-jung Hung apunta que “China depende mucho de la salud de la economía norteamericana para sus exportaciones” lo cual también enfatiza David Wyss (de Standard & Poor´s de Nueva York) como un incentivo para no vender bonos.

Ahora que Trump ha declarado una inaudita guerra comercial a China y también a socios de Estados Unidos, la situación empeora. Varios de los profesionales citados más arriba admiten la posibilidad que en un futuro no muy lejano China pretenda el principal en gran escala y no limitarse a cobrar intereses del Tesoro, lo cual anticipan que el morador actual de la Casa Blanca dirá que “es una declaración de guerra” cuando se trata de cobrar acreencias y agregan que en ese caso, aunque hoy parezca inconcebible, Estados Unidos entrará en default.

Se trata entonces de contribuir a que el gran país del Norte en el que todos los espíritus libres han cifrado sus esperanzas, retome la senda que nunca debió abandonar y que fortalezca valores y principios de los Padres Fundadores. Turquía es hoy un accidente.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

¿Hay que eliminar las Lebac? Spoiler alert: ¡NO!

Por Iván Carrino. Publicado el 3/6/18 en: http://www.ivancarrino.com/hay-que-eliminar-las-lebac-spoiler-alert-no/

 

A los argentinos, amantes de las recetas mágicas, ahora nos seduce la opción “adiós Lebac”. Por qué esta propuesta es sencillamente imposible y dudosamente deseable.

Primero lo primero. Claro que sería deseable no tener Lebacs. Mejor aún, sería deseable no tener deuda pública, ni base monetaria excesiva, ni tener inflación, ni tener déficit fiscal, ni delincuencia, ni humedad o frío…

Ahora bien… ¿cómo se hace todo esto? ¿Y qué tienen que ver las Lebac y su virtual eliminación con el arreglo de los problemas estructurales de la economía Argentina?

La fobia a las Lebac viene  de hace un tiempo.

Según una línea de análisis, cuando el Banco Central coloca una Lebac para absorber pesos y se compromete a pagar una tasa de interés, lo que está haciendo es absorbiendo “transitoriamente” la liquidez, pero para inyectarla en el futuro, más el pago de la tasa. Si llegara un momento en que esa futura inyección no es demandada por el público, lo único que se habrá hecho habrá sido posponer inflación[i].

Ok… Interesante.

¿Ahora qué pasa si en ese momento futuro efectivamente hay más demanda de dinero? En dicho caso, la mayor cantidad de dinero responderá a la demanda de dinero y la emisión no generará tensiones en los precios[ii].

Bien.

Hasta acá estábamos en el debate. Pero el “Supermartes” del mes pasado revivió los miedos con las Lebac y ahora los economistas hacen fila para criticarlas y proponer sus mágicas soluciones.

El último capítulo de este libro es el de Eduardo Levy Yeyati, según Infobae, autor de las Lebac y otro que también propone eliminarlas.

Y si el autor de monstruo dice que hay que matarlo… cómo oponerse, ¿no?

En su entrevista, Levy Yeyati sostiene que:

Hace muchos años que vengo diciendo que en realidad las Lebac no deberían existir. Las creamos en un momento en donde el Tesoro no podía emitir deuda porque estaba en default. En el Banco Central teníamos que tener un instrumento de esterilización de política monetaria, no podíamos usar Letras del Tesoro y dijimos bueno, creemos nuestras propias Letras

(…)

Eran un instrumento de emergencia que creamos y emitimos desde el Banco Central porque no había ninguna otra entidad, no estaba el Tesoro en capacidad de emitir porque estaba en cesación de pagos. Pasado ese momento siempre tuve la sensación que lo que teníamos que hacer era reemplazar las Lebac con Letras del Tesoro, que es lo que hace la mayoría de los países que tienen políticas monetarias más avanzadas.

¿Tiene razón el colega? No.

O sea, claro que tiene razón en el racconto histórico del tema, pero que haya necesariamente que reemplazarlas por deuda del tesoro no es tan claro.

En primer lugar, porque Argentina no es el único  “extraño país” donde existe esta clase de instrumentos.

Si miramos el caso de Chile, encontraremos una situación muy similar. Por ejemplo, de la lectura del documento “N° 124 Balance del Banco Central de Chile, 1926 a 2015”[iii] se desprende que:

Entre 1982 y 1983 los Documentos emitidos por el Banco pasaron de representar 6,8% a 27,5% del total de los Pasivos. Este rápido aumento se debió a la crisis económica experimentada en Chile en esos años, lo que llevó al rescate del sistema bancario. (…).

A partir de 1985, la implementación de la política monetaria en Chile se efectuó a través de operaciones de mercado abierto. Esto considera la emisión de bonos y pagarés por parte del BCCh en el mercado local, para influir sobre la cantidad de dinero, y por ende, actuar sobre las tasas de interés. Su existencia ha contribuido al desarrollo del mercado de capitales, al proporcionar tasas de interés de referencia para la emisión de instrumentos de deuda de largo plazo de empresas de los sectores Público y Privado.

Como se observa, los títulos de deuda del Banco Central de Chile también surgieron en un escenario de crisis y luego se transformaron en el instrumento para regular la política monetaria. Sin embargo, ningún problema hubo ahí y, como dicen el propio organismo, “su existencia ha contribuido al desarrollo del mercado de capitales”, además que desde 1985, la inflación comenzó un lento pero sostenido proceso de caída en el país vecino.

O sea que Chile, que tiene sin dudas una política monetaria más avanzada que Argentina, no tuvo problemas con sus Lebac, y no necesitó canjearlas por un título del tesoro.

Esto sí que era una bola de nieve

Por si esto fuera poco, la cantidad de pasivos remunerados del Banco Central chileno no fue  menor, sino que llegó a superar el 30% del PBI por muchos años. En Argentina, a diferencia de esto, estamos en un 11% del PBI.

Gráfico 1. Documentos BCCh como porcentaje del PBI (1978-2015)

bcch

Fuente: Balance del Banco Central de Chile, 1926 a 2015.

Gráfico 2.Títulos de deuda del BCRA / PBI.

bcch1

Fuente: Elaboración propia en base a BCRA e INDEC.

¿Qué quiero decir con esto? Que sencillamente no entiendo tanto revuelo por las Lebac.

Son instrumentos de regulación monetaria, otros países lo tienen, y en otros países no representan un problema, incluso cuando la magnitud de su uso llegó a ser muy superior: ¿por qué acá va a ser diferente?

Hubo una corrida cambiaria, lo sabemos. Pero los inversores vendieron Lebac, vendieron bonos públicos y vendieron acciones. El problema fue la crisis de confianza que le explotó al gradualismo, en medio de un cambio de contexto internacional, no fue la “bola de nieve” de la deuda del BCRA.

Que lo pague el tesoro

Pasemos ahora al segundo punto del análisis de muchos profesionales que, como Yeyati,  sostienen que los títulos del BCRA deberían ser absorbidos por el tesoro.

El motivo detrás de este reclamo es que, como el BCRA tuvo que esterilizar muchos pesos sobrantes con Lebacs y que esos pesos sobraban porque se emitía para financiar el déficit, en realidad esa deuda “genuinamente” debería ser del tesoro.

Ok, hay un punto ahí, pero la realidad es que la deuda es del BCRA, no del Tesoro.

Además, una importante porción de esas Lebac responden a la compra de dólares para acumular reservas… no al déficit fiscal.

Ahora bien, la pregunta que debe hacerse aquí es por qué el Tesoro admitiría aumentar su stock de deuda en 10 puntos del PBI.

¿Qué gana con eso?

Gráfico 2. Stock de Deuda Pública como % del PBI.

bcch2

Fuente: Elaboracion propia en base a IMF-WEO.

Si el BCRA pasara su deuda al tesoro, entonces Argentina pasaría de una deuda del 52,6% del PBI a una del 63,6% del PBI…. Precisamente en el momento en que hay muchas dudas sobre si esta deuda es sostenible.

Plantear el canje de Lebacs por letras del tesoro es como decirle a un cliente tuyo:

Señor, usted tiene mucha deuda,  por qué no llama a un amigo y le dice que la asuma él, así usted puede mostrar mejores balances en el Banco.

Te podrás imaginar, querido lector, cuál sería la respuesta del cliente.

Ahora hay un punto fundamental que no se responde: ¿si la deuda estuviera en cabeza del Tesoro y no del BCRA… qué beneficios traería?

Una crítica que se hace es que la tasa que se paga es demasiado alta… ¿bajaría con el canje? De nuevo, definitivamente no.

El Banco Central debe absorber pesos y eso lo puede hacer con sus títulos de deuda o con los del tesoro (o cualquier instrumento de deuda para el caso). Ahora en cualquier caso el ente monetario deberá pagar una tasa de interés para atraer al inversor a que se abstenga de consumir (o comprar dólares)  y ahorre.

En cualquier escenario,  la tasa sería la misma porque acá lo que hay que contrarrestar son las expectativas de devaluación e inflación.

Da lo mismo si el título que se usa es emitido por el BCRA; por el Tesoro, o por Iván Carrino.

Los Espíritus Animales del Inversor Minorista

Hay un último argumento que expresa Yeyati que es de corte netamente keynesiano.

Para Yeyati:

Que sean instrumentos minoristas no es usual, y genera un riesgo de liquidez mayor porque con los bancos uno puede de alguna forma coordinar políticas pero el minorista es más atomizado, es más sensible a las noticias o a los cambios de tasas relativas como lo que pasó ahora en Estados Unidos

(…) poner papeles tan cortos en manos de inversores atomizados con tanta sensibilidad a los riesgos te puede generar eventualmente un riesgo de renovación. (…) El hecho de que suba tanto la tasa refleja en parte ese riesgo de renovación que mencioné recién.

El argumento es típicamente keynesiano porque supone que la inversión está liderada  por “espíritus animales” que nada tienen que ver con las expectativas y las leyes económicas. Además, nótese que habla de “coordinar políticas” con los bancos, algo que luce profundamente intervencionista.

Ahora bien, al margen de las etiquetas, lo importante son los hechos.  ¿Sería diferente la renovación si todas las Lebac estuvieran en manos de inversores institucionales? ¿Sería diferente la tasa? Una vez más, no.

Si las expectativas de inflación y devaluación son altas, entonces la tasa va a ser alta.

Incluso si no existiera el Banco Central, ¿a qué tasa vas a recibir un préstamo si el acreedor cree que su dinero va a valer 30% menos al final de período? Mínimamente, te va a exigir que compenses esa pérdida. No importa si es un banco o un “pobre inversor minorista sensible a los riesgos”.

Por último, ¿qué estamos pidiendo? ¿Que solo los bancos operen en títulos que pagan 40% y que la gente de a pie quede condenada al plazo fijo, que le paga fácil 10 o 12 puntos menos? ¿A dónde va a ir a poner sus pesos el “pobre inversor minorista” en dicho caso? Adivinaste, comprará dólares y sus perspectivas futuras serán más alcistas aún.

La propuesta en este punto,  carece totalmente de sentido.

Para ir cerrando,  obviamente que la economía Argentina está inundada de desequilibrios y hay que corregirlos. Más rápido,  más lento, como sea. Ahora la tirria con las Lebac no es realmente comprensible. Suena una más de esas soluciones mágicas que tanto nos gustan, pero que analizadas detenidamente, no resultan ni factibles ni muy deseables tampoco.


[i] Véase “No se puede para la inflación con Política Monetaria” de Carlos Rodríguez: http://www.ambito.com/727561-no-se-puede-parar-la-inflacion-con-politica-monetaria

[ii] Véase “La Pólvora Mojada de la Bomba de Lebac” de Iván Carrino: https://www.cronista.com/columnistas/La-polvora-mojada-de-la-bomba-de-Lebac-20171211-0109.html

[iii] Balance del Banco Central de Chile, 1926 a 2015. Disponible en: http://www.bcentral.cl/-/boletin-de-investigaci-3

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

El guion del proteccionismo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 1/6/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/el-guion-del-proteccionismo/

 

La crisis de la última década ha tenido puntos en común con la de los años 1930, como el auge del antiliberalismo y del populismo de izquierdas y derechas. Entonces, como ahora, arreciaron las mentiras que atribuían al mercado y al capitalismo todos los males, y que prometían el paraíso progresista y la justicia social —y la lucha contra las desigualdades— siempre que subieran el gasto, el déficit y la deuda pública, y los impuestos “sobre los ricos”.

Sin embargo, una diferencia crucial entre nuestro tiempo y la década de 1930 es que entonces el libre comercio fue exterminado. Y ahora no. Quiero decir: ahora no, por ahora. ¿Cambiará la situación si se desata una ola proteccionista y una guerra comercial internacional? No lo sabemos, naturalmente, pero sí sabemos dos cosas. Una es que la situación ni de lejos se parece a la vivida entonces. Y la otra es que se está siguiendo el guion del proteccionismo de manera tan escrupulosa como inquietante.

En los años 1930 Estados Unidos cerró su economía con la siniestra Smoot-Hawley Tariff Act, que aumentó los aranceles sobre más de 20.000 productos importados. Inglaterra, la madre del libre comercio, se reunió con sus antiguas colonias en Ottawa en 1932, y decretó que solo habría libertad de mercado dentro de la Commonwealth, pero no hacia afuera. En suma, lo que estamos viendo con Trump y las autoridades de México, Canadá y la Unión Europea es una broma en comparación con lo que se vivió y padeció en aquellos años.

Esto dicho, la preocupación está más que legitimada, porque los gobiernos están jugando con las mentiras del proteccionismo de toda la vida. Una muy típica la expuso ayer el secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, cuando dijo: “Nosotros no buscamos una guerra comercial”. No la buscan pero adoptan medidas que pueden desatarla, porque las represalias no se hicieron esperar: las anunciaron Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, y altas autoridades mexicanas y canadienses.

Otra característica del guion proteccionista es meter siempre a la política de por medio: así, se toma con naturalidad que la probabilidad de guerra comercial con esos países sea mayor que con la más poderosa China.

Por fin, una inveterada característica del argumentario proteccionista se está cumpliendo a rajatabla: nunca se aclara quién paga todo esto. Vuelan los argumentos nacionalistas llenos de solemnidad y demagogia, pero jamás se explica que son los trabajadores las principales víctimas del proteccionismo. En eso hay una larga tradición, y en todos los partidos de todos los países, como bien sabemos en Europa con nuestro proteccionismo agrícola, púdicamente ignorado hoy por quienes despellejan, con razón, a Donald Trump.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

En Argentina se consolida el populismo caviar

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 9/5/18 en: https://elnuevodiario.com.do/en-argentina-se-consolida-el-populismo-caviar/

 

En abril de 2016 escribí una columna titulada “¿Es Macri más populista que Evo?” y, aunque Usted no lo crea, más allá de los discursos intrascendentes y los amigos “conservadores”, en los hechos es realmente más populista, demostrando hasta qué punto un discurso puede confundir a mucha gente.

Evo tuvo -y mantiene- un discurso populista y un inicio estatista que se manifestó, por ejemplo, en la nacionalización de empresas de hidrocarburos, mineras, eléctricas y de servicios. Macri mantiene estatizadas casi las mismas empresas. Pero Evo se moderó y convive con el sector privado. Macri, en cambio, tuvo un discurso “pro mercado”, pero ha fortalecido y agrandado al Estado, sobre todo si sumamos obra pública. Bolivia creció en los últimos 12 años y en 2015 su PIB avanzó 5,5%, 4,3% en 2016 y 3,8% en 2017.

En Argentina la presión impositiva solamente -habría que agregarle la desbocada inflación y las altas tasas de interés- supera bien al 34% del PIB y en ascenso, debido al descontrolado gasto estatal, mientras que en Bolivia es del 28% con una inflación mucho menor. En 2016 y 2017, la deuda pública argentina nacional subió en US$ 80.269 millones, equivalente al 15% del PIB, con lo que se habría logrado un “crecimiento” -inflado, en rigor- de la economía de solo 0,6%. (-2,3% en 2016 y 2,9% en 2017)

Como era previsible -y lo he señalado en innumerables artículos- en estos días se ha desatado una crisis terminal, sino fuera que siempre hay interesados en sostener a los populismos, que ha sido tapa de muchos diarios. Por caso, el Financial Times publicó una nota: “¿Argentina es un caso excepcional?”. Como dice Warren Buffet, “Nunca se sabe quién nada desnudo hasta que baja la marea” y la marea financiera se ha retirado debido a la solidez del dólar impulsada por la suba de las tasas de interés en EE.UU., descubriendo la extrema debilidad de la economía argentina.

Señala el Financial Times que “En una semana, el banco central argentino destinó US$ 5000 millones -el 10% de sus reservas en moneda extranjera- y decretó tres alzas de tasas en un intento por detener el derrumbe del peso… es probable que la decisión de subir su tasa oficial… al insostenible nivel de 40% intensifique el pánico…”. Imagínese, ¡tasas de interés al 40%! No existe sistema productivo privado que pueda soportar eso.

Claramente la política fiscal argentina -los impuestos y las tasas- es confiscatoria y ante esta realidad los capitales, sobre todo extranjeros, están escapando raudamente al punto que la Bolsa de Buenos Aires cayó más de 10% en pocos días.

Por cierto, ante los hechos que desmienten un acercamiento a la economía de mercado, Macri con un discurso engañoso ha logrado instalar la idea de que la suya es una política “gradualista” y que por tanto hay que tener paciencia hasta ver los resultados. Si su política fuera realmente “gradualista” y se hicieran avances hacia una economía “pro mercado” los resultados positivos deberían verse.

Pero en lugar de reconocer que su populismo caviar ha fracasado definitivamente y que ya no tiene dinero para seguir financiándolo -ni nadie que quiera prestarle, a tasas razonables- aparece el salvataje del FMI, que se dedica precisamente a ello: a salvar insalvables, total que los burócratas de este organismo multi estatal no arriesgan su propio dinero, sino que son los ciudadanos de los países miembros los que aportan los fondos por vía impositiva.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

PRÓLOGO A “REFLEXIONES SOBRE LA ECONOMÍA ARGENTINA” DE NICOLÁS CACHANOSKY.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 24/9/17 en https://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/09/prologo-reflexiones-sobre-la-economia.html

 

Es un completo honor para mí presentar este primer libro de Nicolás Cachanosky, que entra claramente en una las misiones fundamentales del Instituto Acton: la enseñanza de la economía para la toma de conciencia de cuáles son las condiciones bajo las cuales los pueblos pueden superar la pobreza.  
Nicolás Cachanosky es un modelo de cómo estar al frente de los más avanzados debates y aportes académicos y, al mismo tiempo, cómo difundir didácticamente la complejidad de la ciencia económica para los debates ciudadanos. Este libro tiene las dos características: es un libro técnico, con pluma amable pero que necesita atención por parte del lego, escrito especialmente para ayudar a la comprensión del drama y posibilidades de recuperación de la economía argentina. Cuantos más ciudadanos argentinos lean este libro, mayores serán nuestras posibilidades de recuperación. 
El papel de este prólogo no es volver a explicar lo que Nicolás explica, sino ubicarlo en un contexto filosófico más global que pueda sí mostrar la enorme importancia de esta obra. 
Lo primero que sorprenderá al lector, en un libro de economía, es la importancia que el autor le da a las instituciones. Pues bien, ello no debería sorprendernos. Cuando nos adentramos un poco más en la ciencia económica más sólida y profunda, en la “good economics” en la cual ha abrevado el autor, nos damos cuenta de que el desarrollo y la capitalización no son el resultado de un ministerio, de un plan, sino de instituciones sólidas que garanticen la propiedad y el libre comercio. La inversión es la utilización del ahorro para producir nuevos bienes de capital. Lo cual implica que debe haber ahorro en el mercado de capitales e inversionistas que puedan pensar en el largo plazo. O sea, ahorro e inversión, la clave del desarrollo, implican la posibilidad de tomar riesgos en el presente pensando en la rentabilidad a largo plazo. Ahora bien, si le damos a un estado la facultad para que de modo arbitrario e ilimitado suba la carga impositiva, produzca inflación, legisle todo tipo de regulaciones, controle las variables económicas y además se endeude, no habrá ahorro ni inversión, y el resultado será la pobreza y el subdesarrollo. Por lo tanto, un estado limitado, donde constitucionalmente estén prohibidas dichas prácticas, donde por consiguiente los grupos de presión no tengan incentivos para acercarse a los poderes ejecutivos y legislativos, donde haya un poder judicial realmente independiente, y donde haya un verdadero federalismo donde el presupuesto de las provincias no dependa de las prebendas del estado nacional, es, en conjunto, la condición institucional del desarrollo económico. De allí el magnífico capítulo del autor dedicado a la democracia y a los límites institucionales del estado. 
En el caso argentino, esto es particularmente revelador. La economía de mercado no es una política económica más que se pueda “planificar e instrumentar” desde las mismas instituciones mussolinianas dejadas por el peronismo y que no han sido reformadas por ningún gobierno. Porque ellas mismas implican, uno, imprevisibilidad a largo plazo (porque desde esos organismos gubernamentales se puede dar vuelta todo lo medianamente racional que se intente hacer), y, dos, un permanente estado de control, de permisos, de regulaciones, de corruptelas, de gasto público, de estado elefantiásico.  
Por eso la peculiar atención del autor al tema del capitalismo, al libre mercado y al famoso “neoliberalismo de los 90”. Los argentinos creen en general que los 90 fueron “el mercado”. Esto es grave. No es una sola cuestión de términos. El mercado implica precisamente eliminar ese estado ilimitado que en los 90 no fue eliminado, y que coherentemente termina elevando los impuestos, la deuda pública, el gasto público, para terminar por ello en la crisis del 2001. Cualquiera tiene derecho a estar en contra del comunismo, pero si identifica a George Washington con el comunismo, tendrá un leve problema de apreciación histórica. De igual modo cualquiera tiene derecho a estar intelectualmente contra el mercado, pero si cree que Menem era el mercado, tendrá el mismo problema. Cabe preguntarse, por lo demás: quienes están intelectualmente en contra del mercado, ¿qué “idea” tienen del mercado? Tal vez este libro les ayude a reflexionar sobre ello. Porque tal vez está pensando en lo que se llama “capitalismo real”, o sea lo que Ludwig von Mises llama “intervencionismo”, en la parte VI de su tratado de economía. Quizás sería bueno que concluyendo este libro el lector quisiera encarar esa apasionante lectura.  
Para el lector argentino, la explicación de “las cuatro etapas del populismo”, es fascinante porque no tiene más que aplicarlas a su propia experiencia, pero ahora con los elementos de la buena economía. No las voy a explicar yo pero sí facilitar su comprensión con una elemental analogía. Supongamos que soy un presidente que sube con grandes promesas de distribución del ingreso y la lucha contra el capitalismo salvaje. Supongamos que el banco central está ordenado y la economía más o menos funcionando. Entonces re-distribuyo todo lo que quiero y me convierto en el primer trabajador, en el qué grande sos, etc. Al principio todo parece ir bien (uno). Pero luego el banco del estado comienza a quedarse sin reservas. Tengo que subir impuestos, endeudarme, confiscar, emitir moneda, hay inflación, comienzan los problemas (dos) pero, claro, siempre está EEUU y su imperialismo para echarle la culpa. Finalmente se llega a la hiperinflación, al default, al casi quiebre de la cadena de producción y distribución, al caos (tres). Claro, entonces algo, alguien, deberá frenar la fiesta inolvidable, y será el culpable de toda la pobreza que esa fiesta ha producido (cuatro). ¿Les hacer acordar a algo? 
Por ello al argentino promedio le es tan difícil advertir los peligros del déficit fiscal, inflación, control de precios, etc. Fundamentalmente porque vive aún en la nostalgia de la primera etapa del populismo, donde pareciera que no hay escasez. Olvidar la escasez en economía es como olvidar la matemática en la Física, o el sonido en la música, o el agua en la vida. Pero sí, se la olvida. “El estado debería hacer….”. Si, ¿y de dónde? En primer lugar, de impuestos. Ah, que paguen los que más tienen. Sí, pero el impuesto progresivo a la renta frena las inversiones y por ende terminan pagando los que menos tienen.  
Cuando el tema impositivo no da para más, se entra en déficit fiscal, como cualquier familia que gasta más que sus ingresos. ¿Cómo financiar el déficit? Pues con emisión de moneda o con deuda pública. La emisión de moneda genera inflación: Nicolás “se mata” explicándolo, ante infinitas voces que aún creen que no es así (de vuelta, por la negación de la escasez, porque si el problema económico se solucionara emitiendo moneda, no habría problema económico). La inflación produce aumento de precios. El gobierno intenta entonces controlar los precios. Ello genera faltante de bienes y servicios. Como las tarifas congeladas de luz: no hay luz. No hay vuelta que darle. No hay, sencillamente.  
Pero queda, claro, la deuda pública. Hasta que ya no se puede pagar más y…. Oh, el default. Pero entonces, de vuelta, los malos son los acreedores. Es impresionante cómo los argentinos han llamado a quienes no aceptaron la quita de la deuda: los buitres. ¿Y por qué tenían que aceptarla? ¿Por caridad? Ah, eso es confundir las cosas. Uno puede “prestar” algún dinerillo a algún amigo en problemas, sabiendo que no lo puede devolver. Pero eso no es un préstamo, es una donación. Si es realmente un préstamo, hay un acreedor. Y la cuestión es: ¿por qué tuve que pedir un préstamo? En el caso del déficit fiscal, es claro: porque los gobernantes y sus votantes creyeron que el estado es como Jesús en las bodas de Caná. Incapaces luego de reconocer esa peculiar confusión teológico-económica, echan las culpas, furiosos, a un salvaje capitalismo financiero internacional, cuando todo se debe en realidad al real salvajismo de un estatismo nacional.  
Por último, el autor evalúa propuestas de reforma, de solución. Dejo al lector que las disfrute por sí mismo, con un margen de esperanza. Pero una esperanza fundada en que, si él ha comprendido las ideas del autor, será parte luego de una opinión pública transformadora de una realidad nacional de otro modo inamovible.  
Hay que agradecer a Nicolás Cachanosky, doctor, profesor, assistant professor en la Metropolitan State University of Denver, su compromiso, su jugada personal a favor de su país, su paciente aplicación de la más elevada macroeconomía a las circunstancias de este enloquecido lugar, tan soberbio, tan nacionalista, tan autoreferente, y tan irrelevante para el mundo. Nada obligaba al autor a este inmenso y difícil trabajo, excepto su delicada conciencia, su hombría de bien, su compromiso por la verdad, valores tan escasos en estos momentos. No sólo ha sido Nicolás uno de mis mejores alumnos, sino uno de los más generosos e intelectualmente honestos que he tenido y conocido. Hoy, su amistad me honra totalmente, al mismo tiempo que seguir adelante de forma permanente con la llama prendida de nuestros respectivos padres. Que Dios se lo tenga en cuenta. 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

EL GRADUALISMO PRODUCE SHOCK

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Hay tres palabras que estimo no son conducentes a lo que se desea trasmitir: ajuste, gradualismo y shock. Por ajuste se entiende una política que apunta a poner orden en las finanzas públicas pero que se traduce en penurias para la población. Esto suena ridículo,  el orden en la familia o en el gobierno reestablece las condiciones del progreso. Pero, más aun, la expresión está mal utilizada ya que el ajuste, es decir, la privación no se genera como consecuencia del orden sino del desorden. En otros términos, para evitar el ajuste debe ponerse orden (no gastar más de lo que ingresa, presiones tributarias razonables, no usar la deuda pública para “patear la pelota para más adelante” sin enfrentar los problemas, limitar las funciones gubernamentales a los principios republicanos, respetar la división de poderes etc.)

 

Por su parte,  el gradualismo resulta algo cómico ya que ser gradual necesariamente implica saber cual es la meta (¿gradual hacía donde?) y la mayor parte de los gobiernos no explicitan los objetivos de modo que más preciso es decir que van a la deriva cuyo último resultado habitualmente consiste en engrosar el aparato estatal.

 

En tercer lugar, el shock también se aplica mal puesto que se lo entiende como resultado del orden cuando los shocks aparecen cotidianamente debido a las sandeces que introducen las políticas estatistas. El orden es para eliminar los shocks puesto que, como queda dicho, ya bastantes shocks diarios sufre la población. Si el orden produjera shock sería mejor vivir en el desorden, pero a poco andar se comprobaría que esto último produce miseria y caos.

 

Por supuesto que toda medida en cualquier dirección que fuere siempre tiene consecuencias sobre terceros, el asunto es que en el balance el resultado sea positivo (cuando apareció el automóvil, la demanda por carricoches tirados por caballos declinó hasta desaparecer, cuando irrumpió la calefacción a gas se afectó la producción de leña, cuando aparecieron las computadoras la demanda por secretarias decreció y así sucesivamente lo cual liberó recursos humanos para atender otras necesidades y como los recursos son escasos en relación a los infinitos requerimientos, el proceso se traduce en progreso). Sin duda que las transiciones exigen capacitación pero la vida es una transición de un punto a otro, el progreso es cambio, todos los días cuando un colaborador en un emprendimiento sugiere nuevas medidas para mejorar está generando reasignaciones humanas y materiales. No se puede tener la torta y comérsela al mismo tiempo.

 

El político calibrará hasta donde puede llegar según la opinión pública pueda digerir lo propuesto, pero una vez evaluado este aspecto lo mejor es hacer lo considerado posible y mejor lo antes que las circunstancias permitan puesto que el goteo, “el gradualismo” produce desgaste y finalmente shock. Por ello es que la recomendación es proceder al comienzo de la gestión, cuando transcurre la luna de miel puesto que lo que no se hace de entrada no se podrá llevar a cabo debido al reagrupamiento de la oposición, tal como han demostrado las experiencias más resonantes de los gobiernos que alardearon  de gradualismo y terminaron en shocks tremebundos.

 

Uno de los obstáculos para entender las ventajas de poner orden y encaminarse a una sociedad abierta estriba en no captar las fenomenales e indispensables contribuciones teóricas que respaldan esa conclusión pero, en lugar de eso, se insiste que lo relevante son los hombres prácticos puesto que los teóricos son solo baladas románticas sin el realismo que se necesita para resolver problemas. La respuesta para evitar el uso de las antedichas expresiones en sentidos confusos, ambiguos y pastosos consiste en la educación al efecto de comprender las ventajas de orden y las desventajas del desorden y el proceso educativo es inseparable del andamiaje teórico.

 

En este sentido, reitero lo escrito en otra oportunidad. Como queda dicho, hay dos planos de acción que es perentorio clarificar y precisar. Esta diferenciación de naturalezas resulta decisiva al efecto de abrir cauce al progreso. Constituye un lugar de los más común -casi groseramente vulgar- sostener que lo importante es el hombre práctico y que la teoría es algo etéreo, mas o menos inútil, reservado para idealistas que sueñan con irrealidades.

 

Esta concepción es de una irresponsabilidad a toda prueba y revela una estrechez mental digna de mejor causa. Todo, absolutamente todo lo que hoy disponemos y usamos es fruto de una teoría previa, es decir, de un sueño, de un ideal, de un proyecto aún no ejecutado. Damos por sentado nuestros zapatos, el uso del avión, la televisión, la radio, internet, el automóvil, el tipo de comida que ingerimos, las medicinas a que recurrimos, los tipos de edificaciones, la iluminación, las herramientas, los fertilizantes, plaguicidas, la biogenética, la siembra directa, los sistemas políticos, los regímenes económicos etc. etc. Todo eso y mucho más, una vez aplicado parece una obviedad, pero era inexistente antes de concebirse como una idea en la mente de alguien.

 

John Stuart Mill escribió con razón que “toda idea nueva pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Seguramente, en épocas de las cavernas, quienes estaban acostumbrados al uso del garrote les pareció una idea descabellada el concebir el arco y la flecha y así sucesivamente con todos los grandes inventos e ideas progresistas de la humanidad. En tiempos en que se consideraba que la monarquía tenía origen divino, a la mayoría de las personas les resultó inaudito que algunos cuestionaran la idea y propusiera un régimen democrático.

 

Los llamados prácticos no son más que aquellos que se suben a la cresta de la ola ya formada por quienes previa y trabajosamente la concibieron. Los que se burlan de los teóricos no parecen percatarse que en todo lo que hacen son deudores de ellos, pero al no ser capaces de crear nada nuevo se regodean en sus practicidades. Todo progreso implica correr el eje del debate, es decir, de imaginar y diseñar lo nuevo al efecto de ascender un paso en la dirección del mejoramiento. Al práctico le corren el piso los teóricos sin que aquel sea para nada responsable de ese corrimiento.

 

El premio Nobel Friedrich Hayek ha escrito que “Aquellos que se preocupan exclusivamente con lo que aparece como práctico dada la existente opinión pública del momento, constantemente han visto que incluso esa situación se ha convertido en políticamente imposible como resultado de un cambio en la opinión pública que ellos no han hecho nada por guiar.” La práctica será posible en una u otra dirección según sean las características de los teóricos que mueven el debate. En esta instancia del proceso de evolución cultural, los políticos recurren a cierto tipo de discurso según estiman que la gente lo digerirá y aceptará. Pero la comprensión de tal o cual idea depende de lo que previamente se concibió en el mundo intelectual y su capacidad de influir en la opinión pública ordenada a través de sucesivos círculos concéntricos y efectos multiplicadores desde los cenáculos hasta los medios masivos de comunicación.

 

En todos los órdenes de la vida, los prácticos son los free-riders (los aprovechadores o, para emplear un argentinismo, los “garroneros”) de los teóricos. Esta afirmación en absoluto debe tomarse peyorativamente puesto que todos usufructuamos de la creación de los teóricos. La inmensa mayoría de las cosas que usamos las debemos al ingenio de otros, incluso prácticamente nada de lo que usufructuamos lo entendemos ni lo podemos explicar. Por esto es que el empresario no es el indicado para defender el sistema de libre empresa porque, como tal, no se ha adentrado en la filosofía liberal ya que su habilidad estriba en  realizar buenos arbitrajes (y, en general, si se lo deja, se alía con el poder para aplastar el sistema), el banquero no conoce el significado del dinero, el comerciante no puede fundamentar las bases del comercio, quienes compran y venden diariamente no saben acerca del rol de los precios,  el telefonista no puede construir un teléfono, el especialista en marketing suele ignorar los fundamentos de los procesos de mercado, el piloto de avión no es capaz de fabricar una aeronave, los que pagan impuestos (y mucho menos los que recaudan) no registran las implicancias de la política fiscal, el ama de casa no conoce el mecanismo interno del microondas ni de la heladera y así sucesivamente. Tampoco es necesario que esos operadores conozcan aquello, en eso consiste la división del trabajo y la consiguiente cooperación social. Es necesario sí que cada uno sepa que los derechos de propiedad deben respetarse para cuya comprensión deben aportar tiempo, recursos o ambas cosas si desean seguir en paz con su practicidad y para que el teórico pueda continuar en un clima de libertad con sus tareas creativas y así ensanchar el campo de actividad del práctico.

 

Desde luego que hay teorías efectivas y teorías equivocadas o sin un fundamento suficientemente sólido, pero en modo alguno se justifica mofarse de quienes realizan esfuerzos para concebir una teoría eficaz. Las teorías malas no dan resultado, las buenas logran el objetivo. En última instancia, como se ha dicho “nada hay más practico que una buena teoría”. Conciente o inconscientemente detrás de toda acción  hay una teoría, si esta es acertada la práctica producirá  buenos resultados, si es equivocada las consecuencias del acto estarán rumbeadas en una dirección inconveniente respecto de las metas propuestas.

 

Las telarañas mentales y la inercia de lo conocido son los obstáculos más serios para introducir cambios. Como hemos señalado, no solo no hay nada que objetar a la practicidad sino que todos somos prácticos en el sentido que aplicamos los medios que consideramos corresponden para el logro de nuestras metas, pero tiene una connotación completamente distinta “el práctico” que se considera superior por el mero hecho de aplicar lo que otros concibieron y, todavía, reniegan de ellos…los que, como queda dicho, hicieron posible la practicidad del práctico.

 

Afirmar que “una cosa es la teoría y otra es la práctica” es una de las perogrulladas mas burdas que puedan declamarse, pero de ese hecho innegable no se desprende que la práctica es de una mayor jerarquía que la teoría, porque  parecería que así se pretende invertir la secuencia temporal y desconocer la dependencia de aquello respecto de esto último, lo cual no desconoce que la teoría es para ser aplicada, es decir, para llevarse a la práctica.  Si se desea alentar el progreso debe enfatizarse la importancia del trabajo teórico y el idealismo, y no circunscribirse al ejercicio de practicar lo que ya es del dominio público. Por ello resulta tan estimulante el comentario de George Bernard Shaw cuando escribe que “Algunas personas piensan las cosas como son y se preguntan ¿por qué? Yo sueño cosas que no son y me pregunto ¿por qué no?”. Es hora de hacer un alto en el camino y reconsiderar las expresiones gradualismo, shock y ajuste y ponerlas en el contexto teórico adecuado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.