Lecciones de historia de la deuda externa argentina

Por Adrián Ravier: Publicado el 12/7/14 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2014/07/12/lecciones-de-historia-de-la-deuda-externa-argentina/

 

La historia de la deuda externa argentina nace en 1824 con el empréstito de la firma Baring Brothers. Podríamos ofrecer un prolongado detalle de su evolución, pero lo cierto es que en 1976, el monto total de la deuda externa sumaba apenas 4000 millones de dólares. Sobrevaluación cambiaria y “Tablita” mediante, Martínez de Hoz termina su gestión el 31 de marzo de 1981 dejando una deuda pública externa de 17.170 millones de dólares.

El primer “salto” de la deuda llega poco después de esto, cuando en junio de 1982 Domingo Cavallo asume la Presidencia del Banco Central, desencadenando una hiperinflación primero, para luego –dada la carencia de divisas-, nacionalizar la deuda privada. Como resultado, el gobierno del proceso entregó el país al gobierno de Alfonsín con una deuda pública externa de 45.000 millones de dólares en 1983.

Las dificultades fiscales no terminaron con el gobierno de Alfonsín, y su monetización lo condujo a un nuevo proceso hiperinflacionario. En 1989 la deuda ascendió a 66.300 millones de dólares, de los cuales sólo 3000 eran deuda interna.

El segundo “salto” de la deuda aparece en los años 1990. En 1999, cuando culmina el gobierno menemista, la deuda pública externa se había duplicado, alcanzando los 121.400 millones de dólares. Cavallo tuvo un paso significativo en la primera mitad de esta década gestionando la quita de capital del Plan Brady, pero también fue responsable de no utilizar el capital de las privatizaciones para cancelar capital -más de 30.000 millones de dólares- ni preocuparse jamás por el equilibrio fiscal. Tras su salida, la responsabilidad fiscal y el posterior “déficit cero” fueron sólo palabras.

El gobierno de De la Rúa sólo se preocupó por “apagar incendios” y se sucedieron canjes, como los famosos “blindaje” y “megacanje”. Para cuando se declaró la suspensión de pagos en 2001, la deuda era de 144.000 millones de dólares.

Tras una transición de dos años, en 2003 asumió Néstor Kirchner. El kirchnerismo ofreció a los acreedores dos reestructuraciones en 2005 y 2010, reemplazando la deuda con nuevos bonos, a partir de los cuales los acreedores volvieron a cobrar intereses. Esta reestructuración también implicó una quita de capital y fue asociada a las cláusulas RUFO, que básicamente definían que si el gobierno ofrecía a los bonistas que no aceptaron las mencionadas dos reestructuraciones una oferta superior, entonces estos bonistas tenían derecho a reclamar el mismo acuerdo. Estas cláusulas vencen en diciembre de 2014.

El monto de la deuda externa desde entonces fue difícil de estimar, y los números que surgieron fueron siempre parciales, ya que nunca se completó la reestructuración, ni se pudo salir completamente del default anterior.

Sólo la urgencia del gobierno por tomar deuda nuevamente aceleró las negociaciones para pagarle al Club de París y arreglar la expropiación de Repsol-YPF. En este contexto, el juez Griesa determinó que Argentina debía cancelar el capital adeudado con los acreedores pendientes, quienes en realidad ya habían vendido sus bonos a otros acreedores dispuestos a adelantar el capital y esperar por la determinación judicial.

Al momento de escribir estas líneas, el gobierno argentino está aprovechando los últimos 30 días de negociación, antes de cancelar ese capital adeudado. Preocupa al gobierno que las mejores condiciones determinadas por el juez Griesa, activen las cláusulas RUFO y entonces surjan juicios por entre 120.000 y 500.000 millones de dólares.

Esta preocupación, sin embargo, resulta injustificada, ya que la cancelación en efectivo del fallo judicial no es una “mejor oferta del gobierno”, sino la determinación del juez. Por el contrario, las negociaciones iniciadas para cancelar parte del capital en efectivo, y parte en bonos, sí podrían activar las cláusulas RUFO, y con ello implicar un nuevo salto de la deuda pública externa.

Dejando de lado las sucesivas e innecesarias descalificaciones del gobierno argentino hacia el juez Griesa y los holdouts,parece apropiado cancelar este capital en efectivo y definitivamente abandonar la situación de default mantenida desde diciembre de 2001.

El peligro asociado a este acuerdo, sin embargo, es que la voracidad fiscal que ha caracterizado al gobierno, lo conduzca ahora a continuar evitando el ajuste tomando deuda externa, y que entonces se abra la única puerta de financiamiento que permanecía cerrada.

Dado el consenso que los partidos políticos han mostrado en los últimos meses por el desprecio a la deuda externa, me parece que es el momento adecuado para una discusión en el Congreso y el voto de una ley que coloque límites al endeudamiento, por ejemplo, fijando el requerimiento de mantener el porcentaje actual de deuda pública sobre PBI. No hacerlo en el momento apropiado puede convertir a Kicillof en el nuevo Cavallo de la deuda externa argentina, conduciéndonos a un nuevo “salto” antes de las elecciones de 2015, un problema que se trasladará a las generaciones futuras que ni siquiera participaron de la elección del actual gobierno.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Argentina, Canadá y Australia. Cris y creerse su propia mentira

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 12/7/13 en: http://gustavolazzari.blogspot.com.ar/

En términos de política económica mucho más grave que mentir es creerse su propia mentira.

La Presidenta Cristina Fernández por varias vías (Discurso en Santa Cruz, su cuenta de Twitter, su blog personal, y el sitio de la Casa Rosada) ha insistido en comparar la performance de la Argentina con Australia y Canadá.

Utiliza una selección caprichosa e inconsistente de indicadores para señalar que la situación Argentina es mucho mejor que la de esos países mencionados.

Antes de discutir conceptualmente los indicadores seleccionados por la Presidenta conviene señalar que Australia y Canadá muestran indicadores bochornosamente mejores en los aspectos que hacen  a la vida de la gente.

Tanto es así, que en los últimos diez años solo 400 canadienses y 240 australianos pidieron radicación en la Argentina en tanto que 19500 argentinos viven y trabajan en Canadá y otros 15000 hacen lo propio en Australia.

Conforme a datos del Banco Mundial en los últimos cuatro años 200.000 argentinos decidieron emigrar en tanto que Canadá y Australia recibieron 1.000.000 de inmigrantes cada uno.

La comparación de la presidenta es petulante y sumamente engañosa.  El hecho de tomar indicadores macroeconómicos para demostrar que estamos mejor que los dos países señalados ignora el objetivo principal de la un sistema económico que es que sus habitantes puedan perseguir el sueño de vivir mejor.

Mas que un resultado macro ocasional y engañosamente interpretado como hizo la Presidenta el nivel  de vida de la gente tiene otras mediciones más precisas tales como:

·         El Indice de Desarrollo Humano elaborado anualmente por la ONU muestra que Australia ocupa el 2do lugar, Canadá el 11 y Argentina el 45.

·         Dicho Indice refleja que Canadá y Australia brinda a sus niños 30% más de tiempo escolar.  La escolaridad promedio es de 12 años contra 9 de la Argentina.

·         En términos de Competividad Global (elaborado por el World Economic Forum) Canadá ocupa el puesto 11, Australia el 20 y nuestro país el 94.   ( http://www.weforum.org/

·         El Indice de Corrupción elaborado por Transparency International  Argentina ocupa el puesto 102, Australia el 7 y Canadá el 9.  (sobre 144 países) (http://www.transparency.org/cpi2012/results )

·         El Indice Haciendo Negocios que elabora el Banco Mundial muestra que nuestro país ofrece un entorno poco amigable para hacer negocios, producir riqueza y mejorar, consecuentemente, el standart de vida. Detrás de Etiopía, Nepal, Pakistán y las famosas Seychelles, Argentina ocupa el puesto 114, muy lejos del puesto 13 de Canadá y el 115 de Australia.  (http://espanol.doingbusiness.org/reports/global-reports/doing-business-2012 )

 

No obstante estos datos demoledores de la pretensión de la Presidenta de intentar demostrar que estamos mejor que Australia y Canadá, es importante destacar los argumentos que utilizados.
La situación fiscal

Según la presidenta “es un mito que la situación fiscal sea endeble” . Para demostarlo muestra que el déficit fiscal es menor en la Argentina al igual que la deuda pública en relación al PIB. Además muestra que la deuda pública argentina es menos riesgosa pues la mayor parte es deuda “intra sector público”.

Este argumento es falso por los siguientes motivos.

·         La situación fiscal endeble depende tanto del tamaño del déficit como de la capacidad de financiamiento y la historia fiscal formadora de expectativas.

·         Argentina no tiene acceso al financiamiento voluntario ni local ni externo.  De hecho la principal fuente de financiamiento del déficit fiscal es la emisión monetaria (record).  Por tanto un déficit del 3% en un país sin historia de default, sin confiscaciones, sin emisión monetaria desorbitada, con acceso al financiamiento es mucho más sostenible que un déficit menor en país con prontuario fiscal tenebroso.

·         En términos de borrachera. Una gota de vino en un alcohólico es mucho mas riesgoso que un cuerdo paseando por una vinería.

Las relaciones sobre la deuda son tan dudosas como los discursos del desendeudamiento.  Es cierto que en términos de PIB la deuda pública argentina se redujo.
 No obstante ¿podemos decir que estamos seguros que la cifra de deuda que informa el Ministerio de Economía es suficientemente creíble?  Como se computa la deuda que se está generando con los jubilados por haberes mal liquidados?, Cómo se computa la deuda con los Hold Outs?

Era esperable que tras el mayor default de la historia la deuda se reduzca en proporción a un PIB irremediablemente creciente debido al bajo punto de partida en 2002.

El argumento de “estamos fuertes porque la deuda es intrasector público” es extraño.  Supone que el riesgo de no pago es menor. Lo cual también es falso. Si eventualmente la Tesorería no pagara los bonos que tiene en cartera el Ansess, el default se trasladaría a los jubilados que actuando judicialmente transformarían la “deuda intra sector público” en una deuda “extra sector público” licuando el dibujo contable de la presidenta.

 

Tenemos más reservas que Australia y Canadá.

La presidenta convierte a 37 en un número mayor que 50 y que 69.  Lo hace a través de relacionar las reservas de los bancos centrales contra otros indicadores como PIB , importaciones y Deuda Externa.

Es cierto, pero eso no indica ni que Australia y Canadá estén en posición de reservas endebles ni que la Argentina esté en posición sólida.

Antes que nada la presidenta debió aclarar cuál es el número real de Reservas.  Pues si descontamos el stock de 95.000 millones de pesos en Lebac, las reservas de 37000 millones pasan a 20.000 millones.

No obstante el argumento también es falso.

·         El concepto de Reservas de los Bancos Centrales cobra relevancia cuando hay control de cambios pues es necesario saber si se podrán pagar las importaciones o si habrá suficientes dólares en caso de una corrida cambiaria.

·         También es relevante cuando los gobiernos no tienen fuentes de financiamiento puesto que la seguridad de pagar la deuda la da el uso de reservas.

·         Y también es necesario contar con un buen nivel de reservas cuando la moneda local no tiene relevancia ni siquiera para los propios habitantes.

 

·         Nada de ello sucede ni en Canadá ni en Australia.

·         Un importador canadiense o australiano puede pagar sus compras en el exterior comprando dólares libremente en los mercados y girándolos sin la firma de ningún secretario de comercio.

·         A su vez, las monedas locales son sólidas y generan incentivos al ahorro doméstico. No hay dolarización de carteras  pues en toda la historia, ni el gobierno de Canadá ni el gobierno australiano utilizó la emisión de dinero para esquilmar los ahorros de sus ciudadanos.

En los últimos cincuenta años en Australia sólo ocho veces la tasa de inflación superó el 10%. fue en la crisis petrolera  de 1973 y la segunda crisis del petróleo en 1979.  Desde 1990 la inflación no supera el 5%. En 2012, la tasa anual de inflación fue de 1,76%.

En Canadá sucedió algo similar. Solo en cinco años de los últimos 50 la tasa de inflación superó el 10%. desde 1991 que año tras año la inflación es menor al 5%. En 2012, fue de 1,52%.

(Fuente: Tasas de Inflacion http://datos.bancomundial.org/indicador/FP.CPI.TOTL.ZG/countries?display=default )

¿Qué  incentivo tiene un canadiense o un australiano para  huir del dinero local? Qué sentido tiene que el Banco central de dichos países tengan dólares?

La Presidenta Cristina comparó peras con manzanas.  La historia inflacionaria argentina explica a través de cinco décadas de confiscaciones monetarias que la decisión más racional de un argentino es dolarizar sus ahorros.  Por ello, se requiere al BCRA que tenga un nivel de reservas mucho más elevado que otros países que no han devaluado sus monedas.

Cabe recordar que un canadiense o un australiano que haya vivido los últimos 50 años habrá visto en sus manos siempre el mismo signo monetario.  Un argentino contabilizó pesos moneda nacional, pesos ley 18188, pesos argentinos, australes y ahora los moribundos pesos, con diferentes figuras para el mismo importe.

Argentina tiene mucho más para aprender de Australia y Canadá que para cancherear con datos de dudosa fiabilidad y caprichosa interpretación.

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.

Chávez y Cristina, “uniendo” a América Latina

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 1/8/12 en http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/chavez-y-cristina-uniendo-a-america-latina-alejandro-a-tagliavini-columnista-el-tiempo_12083114-4

 México asegura que el decreto de la Casa Rosada, que en junio terminó con el acuerdo automotor, es ilegal y que no habrá conversaciones con Argentina si no se levanta la suspensión del régimen de intercambio bilateral de autos, sumando así un nuevo capítulo a las tensas relaciones. La actitud argentina se debe al miedo por el creciente déficit en el comercio de automóviles con México, que llegó a 832 millones de dólares en el 2011.

El modelo represivo argentino no podía tener otra consecuencia que la destrucción y, como todo ente depresivo, no encuentra otra solución que encerrarse sobre sí mismo, asilándose del exterior a pesar de su demagógico discurso a favor de la “unión latinoamericana”. Argentina es el país que más normas aplica para reprimir el comercio exterior, según el informe ‘Global Trade Alert’, del Centro de Investigación de Política Económica, sumando 168 medidas sólo desde el 2009. Los países más afectados por estas medidas fueron China, Brasil (otro “hermano” latinoamericano) y EE. UU., restricciones que afectan al 37 por ciento de los productos, porcentaje muy alto comparado con Alemania (2 por ciento) o EE. UU. (11 por ciento).

Tanta depresión, tanta cerrazón, tanto ánimo destructivo tiene consecuencias lógicas. Los latinoamericanos que más dinero enviaron a los paraísos fiscales entre 1970 y el 2010, según la Tax Justice Network (TJN), fueron Brasil (520.000 millones de dólares), México (417.000 millones), Venezuela (406.000 millones) y Argentina (399.000 millones). En proporción al tamaño de sus economías, Venezuela y Argentina son las primeras en la lista. Los fondos latinoamericanos en paraísos fiscales (2,058 billones de dólares) doblan su deuda externa (1,01 billones).

Dicho sea de paso, el dinero global en paraísos equivale al PIB combinado de EE. UU. y Japón (entre 21 y 32 billones de dólares), contando solo riqueza financiera, excluyendo activos como propiedades inmobiliarias. Según TJN, si esas sumas reportaran un rendimiento anual del 3 por ciento (que es bastante bajo) y se les aplicara un impuesto a los ingresos del 30 por ciento, se generarían entre 190.000 y 280.000 millones de dólares en ingresos fiscales anuales, casi el doble de la ayuda para el desarrollo aportada por los países de la Ocde.

En fin, son muchas las cosas que “unen” a los gobiernos de Argentina y Venezuela (además de su desesperación por aferrarse al poder como consecuencia de su estado depresivo). Entre las últimas, está su deseo de quedarse con toda la actividad energética posible. Chávez desaconsejó a la petrolera Repsol que realice su denuncia contra la Argentina, tras la expropiación del 51 por ciento de sus acciones, defendió la “recuperación” de YPF y aseguró que quiere que la petrolera participe en la explotación de hidrocarburos en su país.

Pero el presidente venezolano no solo alienta delitos como “expropiaciones” que no fueron, sino robos sin previo aviso, con uso de personal armado y sin compensación de ningún tipo, sino que es el principal aliado en América Latina de Irán, otro paria aislado del mundo civilizado. Así, ambos gobiernos intensificaron en los últimos años sus relaciones económicas y políticas.

Recientemente, el primero de cuatro petroleros gigantes destinados a Venezuela fue terminado por la compañía Sadra, relacionada con los Guardianes de la Revolución, la organización militar del fanático régimen islámico iraní. Chávez, que apoya el programa nuclear de Irán, asegura que juntos “destruirán el imperialismo”.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

déficit fiscal… déficit fiscal… déficit fiscal…

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 17/5/12 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/05/17/nicolas-oresme-y-el-primer-tratado-monetario/

Sí, 3 veces déficit fiscal. El déficit fiscal explica tanto la (1) situación Argentina actual, (2) los problemas actuales en Europa (por ejemplo España y Grecia) y (3) el peso que Estados Unidos está empezando a sentir sobre sus hombros como (1) la crisis de fines del 80’, (2) del 2001, y (3) la situación actual Argentina.

No haya nada nuevo bajo el Sol, como explican Pablo Guido y Gustavo Lazzari para el caso Argentino, el problema es invariante, lo que se modifica es como los gobiernos intentan esquivar un problema que no tiene escapatoria.

 

La mayoría de los análisis sobre los problemas actuales, en Argentina o Europa, parecen implicar que los mayores problemas se encuentran no en la acumulación de resultados deficitarios, sino en las instituciones monetarias o métodos de financiamiento. Es como sostener que el problema del adicto al cigarrillo o alcohol son los síntomas, o la marca que consume, pero no la adicción. Errar en el diagnóstico del problema fácilmente desencadena en errar en la solución. Si no se ve el déficit fiscal como el problema de fondo, entonces se puede caer en la tentación de sugerir mayores niveles de gasto público para solucionar el problema. Otra ronda de alcohol para solucionar el problema de la resaca… Ciertamente tener déficit fiscal un año determinado no es en sí un problema, es la acumulación de la misma lo que se vuelve un problema de consecuencias inevitables, del mismo modo que no es una copa de vino el problema, sino la acumulación de las mismas.

Si el estado gasta más que lo recauda, entonces debe recurrir a financiación no impositiva (deuda, emisión monetaria, etc.) para cubrir la diferencia. Durante la década del 80 en Argentina, por ejemplo, el déficit fiscal se financió con emisión monetaria, siendo el resultado una alta tasa inflacionaria que culminó en hiperinflación. Cuando la situación se volvió insostenible, el gobierno de Raul Alfonsín delegó el mandato antes de tiempo a Carlos Menem. La inflación de la década pérdida fue en sí un síntoma del déficit fiscal. La inflación no cae del cielo, hay que buscarle el origen institucional. No es que la inflación no sea un problema, pero es necesario encontrarle la causa para identificar el problema de fondo.

Cuando Menem asume la presidencia, la emisión monetaria ya no era un medio efectivo para financiar al estado. Luego de algunos traspiés el nuevo esquema de convertibilidad puso fin a la inflación de la moneda Argentina. Pero el déficit fiscal no desapareció, lo que se modificó fue el método de financiación. El proceso de privatización implicó un ingreso de recursos por la venta de activos y la eliminación de empresas estatales deficitarias a cambio de grandes empresas contribuyentes al fisco. El proceso de privatizaciones no tuvo nada que ver con un súbito ataque de “neoliberalismo” en el Peronismo, sino que tuvo que ver con una necesidad imperante de recursos. No es sorpresa que el mismo partido (y en algunos casos los mismos políticos) que defendieron las privatizationes hayan defendido las nacionalizaciones del gobierno K si esto les permite solucionar “problemas de caja.” La venta de activos, sin embargo, posee un límite. Eventualmente no hay mas activos que vender.

Otra fuente importante de financiamiento del estado a lo largo de los 90 fue la toma de deuda con organismos internacionales. Dada la ley de convertibilidad, el banco central (BCRA) no estaba autorizado a emitir pesos sin la correspondiente entrada de dólares. Los dólares, sin embargo, llegaban a través de la deuda del estado con los organismos internacionales. El nuevo esquema monetario no eliminó el problema, sino que cambió su método de financiamiento. Es un error de diagnóstico ver en la Argentina de los 90 un gobierno liberal (basta con ver cuántos puntos del Consenso de Washington, la llamada “receta neoliberal,” el país no cumplía), por el contrario, fue una época bien Keynesiana. El problema no fue la convertibilidad, el problema fue nuevamente el déficit fiscal. Del mismo modo que la emisión monetaria no es sostenible de manera indeterminada, como sucedió en los 80, el incremento de deuda pública en dólares tampoco es sostenible de manera indeterminada. Eventualmente el peso de la deuda pública fue tal que el sistema colapsó. A modo de referencia, entre 1991 y el 2002 el gasto público aumentó un 90.8%, el PBI un 49.3% y la deuda pública un 91.6%. Es cierto que en los 90′ no hubo inflación en el sentido de aumentos en el nivel de precios, pero el exceso de la oferta monetaria, dado el régimen de tipo de cambio fijo, se tradujo en los déficits comerciales que atravesaron los 90 (con excepción del 95 dada la Crisis del Tequila). En el mercado internacional, las importaciones Argentinas no tiene poder de alterar los precios internacionales.

Como es costumbre política, cuando el déficit fiscal se vuelve insostenible no se decide eliminar el mismo, sino que se encontró más conveniente instaurar dos corralitos, declarar el default de la deuda y proceder a una devaluación que llevó el tipo de cambio de 1ARS = 1USD a 3ARS = 1USD.

Los primeros años post 2001 mostraron superávit gemelos (en el tesoro y en el comercio exterior). Pero dos problemas quedaron irresueltos. Más allá del atraso cambiario a fines de los 90’, la devaluación de Duhalde no buscó equilibrar el mercado externo, de hecho la devaluación hizo del Peso Argentino una moneda artificialmente barata en el mercado externo. Esto no hace más que trasladar rentabilidades artificiales al sector exportador, que no dudará en protestar cuando esta rentabilidad artificial comience a reducirse hacia su valor real de mercado. Si el precio de los bienes era 100ARS en Argentina o 100USD en el exterior, y el tipo de cambio pasa de 1ARS = 1USD a 3ARS = 1USD, ya sea el nivel de precios o el tipo de cambio deben ajustarse. El incremento de exportaciones que un tipo de cambio nominal barato produce un aumento en la demanda de ARS, por lo que el tipo de cambio nominal se corrige hasta volver al 1ARS = 1USD. Si en cambio el BCRA desea mantener el tipo de cambio 3ARS = 1USD, entonces debe emitir los pesos necesarios para mantener el tipo de cambio estable, lo que resulta en un aumento en el nivel de precios en Argentina hasta que los mismos se ubican en 300ARS o 100USD en el exterior. En términos económicos, una situación similar a la del “1 a 1″ pero con distinto nivel nominal en ARS. No hace falta leer manuales modernos de economía monetaria para entender uno de los drivers principales de la inflación Argentina post 2001, es suficiente con ir a los escritos de David Hume en el siglo XVIII que describen este proceso de manera sencilla y accesible.

El segundo problema que persistió fue el crecimiento del gasto público, que eventualmente erosionó el superávit fiscal. Los problemas no de una, sino de dos décadas pasadas, no alcanzaron para aprender de los errores del pasado reciente. Así como en los 90 se recurrió a vender activos (privatizaciones) para financiar el gasto público, en los últimos años se recurrió a la expropiación de cajas y flujos de fondos por el mismo motivo junto a la emisión monetaria para mantener el tipo de cambio competitivo, eufemismo de un tipo de cambio artificialmente barato. El conflicto con semántica bélica de la “Resolución 125,” la nacionalización de las AFJP, el reciente caso de Repsol y el uso de las reservas en el BCRA para fines que corresponden al Tesoro y no al banco central ni a los ahorros jubilatorios son síntomas de que en los últimos 30 años la Argentina persiste en cometer el mismo error sin atender a los motivos de fondo. Cambiar el método de financiamiento del déficit fiscal no elimina el problema, simplemente le pone otro maquillaje. Parafraseando a un ministro Español, el déficit fiscal no es de derecho ni de izquierda, tampoco es de libre mercado ni de socialistas, es de gobiernos ineficientes.

Hemos mencionado más de una vez la opinión de economistas como Krugman respecto al caso Argentino. Es cierto que hay aspectos que aprender del caso Argentino. Recientemente hemos comentado una de las lecciones. Sin embargo, una de las mayores consecuencias del Keynesianismo fue restar importancia al equilibrio fiscal. Esto es justamente lo que no debe pasar por alto a los hacedores de políticas públicas en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Para no incurrir en altos costos de largo plazo es necesario concentrarse en los problemas de fondo. Indistintamente de la eficiencia de los distintos métodos de financiación, las consecuencias de abultados déficits fiscales son inevitables.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.