Cachanosky reveló 7 medidas económicas clave para “sacar adelante” a la Argentina

Publicado el 15/7//21 en: https://www.cronista.com/economia-politica/cachanosky-y-su-receta-magica-para-la-economia-argentina-7-medidas-clave-para-sacar-adelante-al-pais/

El economista reveló las siete medidas económicas que la Argentina debería aplicar. Desde reforma laboral, monetaria e impositiva hasta el fin de los subsidios y planes sociales.

El economista Roberto Cachanosky dialogó con LN+ sobre lo que él considera “el problema de la Argentina” y planteó siete puntos clave que, según su análisis, son las “medidas básicas que hay que tomar para sacar al país adelante”.

Según Cachanosky, la Argentina tiene un problema político, pero “previamente hay un problema de valores que ya imperan en la sociedad”, dónde -conforme a su visión- nadie tiene la intención de construir riqueza: “Yo creo que en la Argentina la democracia se convirtió en una competencia populista a ver quién le saca más a uno para darle a otro”.

En este marco, con una inflación mensual que ronda el 3,5% en el medio de una emergencia sanitaria que se ha cobrado la vida de casi 100.000 argentinos, Cachanosky plantea sus 7 reformas para “sacar adelante” el país:

REFORMA MONETARIA

“Argentina no tiene moneda, hay que hacer una reforma monetaria”, indicó el economista sin explayarse mucho más sobre la cuestión. Esta medida, en busca de calmar el proceso inflacionario, implicaría una nueva moneda y un freno a la emisión.

DESREGULACIÓN DE LA ECONOMÍA

Según Cachanosky, hay que “hacer una fuerte desregulación de la economía porque los burócratas traban todo el proceso económico para justificar su existencia y encarecen los costos de transacción”, indicó el economista.

Una desregularización de la economía en la Argentina obligaría a reducir las normas de la actividad, dando mayor espacio al libre mercado para determinar el equilibrio entre la oferta y la demanda.

REFORMA LABORAL

El tercer punto indicado con Cachanosky se refiere a “una reforma laboral que haga que las empresas quieran contratan gente”. Según él, es necesario “terminar con la industria del juicio absurdo” porque estas cosas “a una empresa grande le molesta, pero a una PYME la liquida“.

“¿Qué queremos? ¿Crear puestos de trabajo o que los dirigentes sindicales mantengan un grupito ahí adentro?”, finalizó

REFORMAR EL ESTADO

En este punto, Cachanosky propone una reforma doble al Estado: tanto en el tamaño como en la calidad del gasto público. “Son dos tipos de reformas que tenés que hacer ahí porque tenés un gasto público alto e ineficiente“, indicó.

REFORMA IMPOSITIVA

“Argentina es el segundo país más caro en el mundo en materia impositiva”, indica Cachanosky, refiriéndose a un informe del Banco Mundial que indica que la Argentina es el país con mayor carga impositiva en todo el mundo si no se considera a las jurisdicciones de un millón de habitantes, como las Islas Comoras, las cuales se encuentran por encima de nuestro país.

La Argentina tiene la mayor carga impositiva del mundo sobre la economía formal

Ante la pregunta del conductor sobre si “quienes están en blanco, pagan y cumplimentan todas y cada una de las reglamentaciones y resoluciones y tienen una presión fiscal como ningún a en el mundo”, ¿qué pasa?, el economista fue terminante: “¡Quiebran, quiebran!”.

Eso, indica luego, explica muchos factores de la ilegalidad: “Mucha gente quiere ingresar al sistema formal pero el sistema lo rechaza, impositivamente lo rechaza, porque es tan complejo que cuando el tipo hace las cuentas lo rechaza el sistema impositivo“.

¿Cuál es la reforma que hay que hacer? El economista indica que él comenzaría por el comercio exterior: “¿Cómo pensamos que podemos poner en funcionamiento la economía? ¿Vos pensás que con el consumo interno? Yo creo que no”, respondió.

“Cuando vas a necesitar inversión para tener volumen de producción, ¿vas para el mercado interno o para exportar? Yo creo que para exportar, la salida de Argentina, a mi juicio, es emigrar a exportar muchísimo“, indicó luego.

A lo que concluyó que, aunque el sector agropecuario “puede ser un gran motor inicial”, después existen una variedad de otros sectores que pueden impulsar la economía: “La industria del conocimiento en Argentina puede ser fenomenal”, agregó.

“INCORPORAR LA ARGENTINA AL MUNDO”

El economista no dio mayores detalles sobre como realizaría esta incorporación del país en un contexto internacional, aunque cree que la forma de hacerlo es incentivando las exportaciones.

“TRANSFORMAR LOS PLANES SOCIALES EN TRABAJO GENUINO”

“No podemos seguir con la cultura de la dádiva dónde repartís planes sociales”, explotó el analista de mercados, y propuso una solución: “A mi juicio lo que hay que hacer es tomar un crédito blando del Banco Mundial para dar cursos de capacitación en oficios”.

Así, recordó las escuelas de artes y oficios de su juventud y abogó por una vuelta de estas herramientas a través de un subsidio que acompañe la formación: “Yo lo que propongo es que, si vos recibís un subsidio, vas a cobrar a cambio de que vos vayas y hagas un curso“.

Según el plan de Cachanosky, el crédito blando serviría para pagar a los profesores y los materiales necesarios, mientras que los cursos se realizarían en colegios estatales o incluso parroquias.

“Una vez que el tipo terminó y se matricula le decís: ‘Bueno el contribuyente te va a seguir pagando el subsistido y yo te voy a ir reduciendo cierto porcentaje por mes’, entonces tenés que salir a buscar laburo como todos hacemos todos los días”, expuso.

Acá quieren construir la Argentina con planes sociales y con empleo público, osea con cultura de la dádiva, todos de arriba tomando mate y ninguno laburando”, finalizó con fuerza.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Las 7 medidas necesarias para cambiar el rumbo de decadencia y volver a la cultura del trabajo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 17/3/2021 en: http://economiaparatodos.net/las-7-medidas-necesarias-para-cambiar-el-rumbo-de-decadencia-y-volver-a-la-cultura-del-trabajo/

Tal vez como nunca, mucha gente -entre ellos, los empresarios- vive una situación de completa incertidumbre sobre su futuro personal y económico, pero hay salida hacia un horizonte mejor

Tal vez como nunca, las personas y los empresarios viven una situación de completa incertidumbre sobre su futuro personal y económico. En las elecciones de 2021 no se juega quién va tener mayoría en diputados para aprobar leyes, sino que se pone en juego la existencia misma de las libertades individuales, con el riesgo que el sistema republicano de gobierno quede en el olvido y sea sustituido por un sistema autocrático. La grieta es, justamente, los que se oponen a reemplazar un sistema republicano liberal por uno autocrático en que el Ejecutivo pasa a tener el poder absoluto de los tres poderes, en particular la justicia, y destruir la democracia desde dentro. Reestablecer un poder monárquico. No sería la primera vez en la historia del mundo que un determinado grupo use la democracia para ganar elecciones y luego, en el poder, la destruya y establezca una dictadura. El ejemplo más cercano que se puede ver es el de Chávez en Venezuela.

De manera que se hace difícil pensar en un 2023 sin un 2021 en que se le ponga un límite a los proyectos autocráticos del kirchnerismo. Pero, al mismo tiempo, la oposición tiene un serio problema que tiene que ver una historia de horrible manejo económico. Puesto de otra manera, Juntos por el Cambio nunca terminó de hacer una autocrítica seria de los errores que cometió en el campo de la economía, mientras sus acérrimos defensores se limitan a decir que no tenían mayoría en ambas cámaras para hacer las reformas estructurales necesarias. La realidad es que nunca parece haber pasado por la cabeza de Cambiemos implementar esas reformas y ni siquiera hubo un mínimo de espíritu en el cambio de discurso.

Por momentos lució más como Continuemos que como Cambiemos.

Gráfico 1

A modo de ejemplo se puede ver el gráfico 1 donde se muestra la evolución de los planes sociales entre 2008 y 2019. Prácticamente se duplicaron punta a punta y a pesar de ellos tenemos cada vez más pobres. Además durante el gobierno de Juntos por el Cambio pasaron de 10,6 millones de beneficiarios a 12,8 millones de beneficiarios, un aumento del 20,8% en solo la cantidad de planes sociales.

La economía argentina tiene un monumental problema por delante. Nivel de gasto público y su pésima calidad, un sistema tributario delirante, no tiene moneda, carece de ahorro interno para financiar el consumo y la inversión, tiene regulaciones que paralizan la capacidad de innovación de los agentes económicos y vive de espaldas al mundo. Vivir con lo nuestro refugiada en el proteccionismo.

Para salir de esta larga decadencia hay tres pasos gigantescos a dar: 1) frenar al kirchnerismo en octubre para mantener un sistema republicano y preservar las libertades individuales más elementales, 2) empezar a construir una mayoría en el Congreso que, en caso de Cambiemos llegar al gobierno en 2023, apoye las reformas necesarias. No sea cosa que de tanta mezcla ideológica, si en 2023 es nuevamente gobierno, termine teniendo en el Congreso a la oposición en sus propias filas porque se oponen a ciertas reformas mínimas que hay que llevar adelante para salir de esta decadencia y 3) acordar las medidas económicas mínimas indispensables a aplicar para torcer el rumbo de colisión del barco y enfilarlo hacia puerto seguro. El primer paso económico para iniciar la recuperación.

¿Cuáles serían esos ejes mínimos de política económica que habría que aplicar para poner en marcha la economía? No se pide aquí el máximo posible que uno quisiera, sino el mínimo del cual no se puede bajar porque se caería en otro fracaso económico.

Antes de enumerar las medidas conviene aclara que no hay equipo económico que pueda solucionar el problema económico, si detrás no hay una dirigencia política convencida del camino a seguir y dispuesta a apoyar contra viento y marea el mínimo de medidas a aplicar para iniciar la recuperación o, si se prefiere, cambiar el rumbo de colisión del barco. En otras palabras, no vale el contrargumento que no se tiene el poder político para aplicarlo o que en Argentina es imposible por el peronismo porque si esos fueran los casos, entonces estaríamos frente a propiciadores del desánimo y sin ganas de dar pelea. Buscando excusas para no hacer lo que hay que hacer. O buscando excusas para seguir con esta decadencia.

Las medidas mínimas a aplicar serían 7:

  • Reforma monetaria. Argentina carece de moneda. Destruyó el peso moneda nacional, el peso ley 18.188, el peso argentino, el austral y este que está agonizando. Sin moneda no se puede hacer cálculo económico. ¿Cómo hace un empresario para estimar la rentabilidad de una inversión si no puede calcular costos hacia el futuro porque el peso se deprecia día a día? ¿Cómo se otorga crédito de largo plazo sin estabilidad en los precios? Sin moneda no hay metro para medir. En este sentido, quitarle el curso forzoso al peso y establecer el curso legal de otras monedas daría lugar a que la gente pudiera optar por hacer sus contratos en la moneda que le merezca más confianza y tengan cierta estabilidad en el tiempo.
  • Reforma laboral. En este punto lo mínimo que se pide es que toda nueva persona que pueda ser contratada por una empresa no esté amenazada por la industria del juicio que genera pánico, en particular en las PYMES, a la hora de contratar personal. Muchas empresas, aun habiendo pagado la indemnización correspondiente, luego tiene que enfrentarse a costosos juicios laborales traídos de los pelos en los cuales, generalmente, pierde los empresarios, lo cual hace que las empresas no quieran ampliar sus plantas de personal.

Considerando la delicada situación de desocupación, pobreza e indigencia que hoy rige en Argentina, flexibilizar este mercado para alentar a que las empresas contraten personal, pasa a ser un punto clave. Incluso si se va a hacer una reforma del estado que transfiera empleados del sector público hacia el sector privado.

  • Una amplia desregulación de la economía que libere la capacidad de innovación de la gente y quite costos altísimos que le quitan competitividad a las empresas.
  • Transformar los planes sociales en algo transitorio, obligando a todo beneficiario de plan social a hacer un curso de algún oficio (electricista, plomero, carpintero u otros oficios que le den una rápida salida laboral). El beneficiario de un plan social hará ese curso o perderá el beneficio del plan. Una vez finalizado el curso, se le irá reduciendo el plan social un 20 por ciento mensual para darle 5 meses para que consiga clientes que contraten sus oficios. Esto junto con el monotributo social es perfectamente posible y empezaría a reestablecer la cultura del trabajo en vez de la cultura de la dádiva.
  • Reforma del estado. El problema del gasto público en argentina es doble: alto e ineficiente. Lo primero que hay que hacer es bajarlo para ir lo más rápido posible al equilibrio fiscal, luego se irá trabajando con tiempo en la mejora de la calidad del gasto que llevará más tiempo. La eliminación del déficit fiscal lo más rápido posible es porque Argentina carece de instrumentos para financiar el déficit y depender del crédito externo es tan riesgoso como que Cambiemos quedó colgado del pincel en abril de 2018 cuando se acabó el financiamiento externo para cubrir el déficit fiscal. Cuando bajaron la persiana todo voló por los aires. Por eso es imperioso ir rápidamente a la eliminación o reducción a niveles manejables de un déficit fiscal mínimo.
  • Reforma impositiva. Simplificar el sistema tributario y bajar la carga impositiva es clave para atraer inversiones. Argentina no solo no tiene seguridad jurídica afianzada sobre los derechos de propiedad, sino que, además, las personas y las empresas son explotadas impositivamente de tal manera que ya tiene éxodo de empresas y personas hacia otros países en busca de otra residencia fiscal. No es posible crear puestos de trabajo sin inversiones, y no es posible atraer inversiones con esta carga tributaria.
  • Integración de la economía argentina al mundo. Nadie va a hacer grandes inversiones, y por lo tanto crear muchos puestos de trabajo, para abastecer un mercado interno de 44 millones de habitantes donde casi el 50% de la población es pobre, otra parte indigente y los que no son pobres o indigentes están con el agua al cuello. Para abastecer ese mercado interno no hacen falta inversiones. En cambio, si se orienta la economía argentina hacia la exportación, las empresas tendrán que tener mayores volúmenes de producción para exportar y eso atraerá inversiones y creación de puestos de trabajo.

En este sentido, no se puede desaprovechar el acuerdo MERCOSUR-UE que da acceso a un mercado de casi 450 millones de habitantes con un ingreso per capita de US$ 34.000 anuales, con la ventaja que el acuerdo es que la UE baja más rápido los aranceles y le da tiempo al MERCOSUR para bajar sus aranceles y hacer competitivas sus empresas.

Una vez que se logre incrementar notablemente las exportaciones gracias a las inversiones y las reformas estructurales, bajará la desocupación, irá mejorando el ingreso real de la población y se podrá terminar con la pobreza aumentando el consumo. Creer que Argentina sale estimulando el consumo interno antes de exportar es un grosero error conceptual o puro populismo.

En síntesis, siendo esta una nota periodística, no es el lugar para explayarse ampliamente sobre cada medida, pero sí tener en cuenta que esas 7 medidas económicas son las mínimas indispensables para girar el rumbo del barco y ponerlo proa al norte para empezar a navegar a toda velocidad hacia la prosperidad.

Nadie dice que esto vaya a ser sencillo, pero lo que no se puede es insistir con más empleo público, más planes sociales, más impuestos y más violaciones a los derechos de propiedad.

Seguramente quedarán más medidas a adoptar para que Argentina vuelva a ser un país que ofrezca oportunidades a sus hijos, como en el pasado les ofreció oportunidades a nuestros abuelos que vinieron a la Argentina porque era el país que ofrecía un futuro.

En síntesis, Argentina tiene que terminar con la cultura de la dádiva y volver a la cultura del trabajo. El camino para empezar a transitar esa reconversión hacia la cultura del trabajo serían estas 7 medidas mínimas a aplicar.

Que la dirigencia política argentina y la población se meta bien en la cabeza que no se va a salir con gente viviendo de planes sociales, sino trabajando. Crear las condiciones para volver a la cultura del trabajo es el primer paso para terminar con la larga decadencia argentina.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva: otro salvavidas de plomo

Por Pablo Guido. Publicado el 5/1/20 en: https://www.rionegro.com.ar/ley-de-solidaridad-social-y-reactivacion-productiva-otro-salvavidas-de-plomo-1218417/

 

Independientemente de quién asumiera el gobierno nacional lo que requería la economía argentina era una rebaja significativa de la carga tributaria, menores costos laborales, menores niveles de inflación, una mayor apertura de la economía y un paquete de desregulación para todos los sectores productivos.

En las últimas semanas, el Gobierno dispuso varias medidas para intentar reactivar la economía.

No es necesario buscar datos desde mediados del siglo XX para registrar el proceso de decadencia que sufrimos.

Analicemos lo que sucedió en la última década en nuestro país. La economía argentina hace 35 trimestres que está estancada en el mismo nivel de actividad (IV trimestre 2010-III trimestre 2019). En dicho lapso la población creció aproximadamente un 10%, por lo que nuestro PIB per cápita cayó en esa magnitud en los últimos 9 años.

En las dos últimas gestiones presidenciales la inflación acumuló un incremento por encima del 1.000%, promediando un aumento anual del 35%. El empleo privado, en el mismo período, cayó en 65.000 puestos de trabajo y el empleo público aumentó en 650.000 personas). Inclusive los trabajadores autónomos se redujeron en 16.000.

La cantidad total de empleo registrado, público y privado, pasó de 10,9 millones a 12,1 millones (+10,8%). Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA los pobres en el país aumentaron, entre 2010 y 2019 del 28% al 40%.

¿Cuál es una de las explicaciones de este fracaso en términos de crecimiento, creación de empleo genuino y mejores condiciones de vida?

Recordemos que para que los ingresos de las personas se incrementen tiene que haber mayores niveles de producción per cápita, que a su vez son posibles mediante una mayor inversión por persona. En otras palabras, para generar un proceso de crecimiento es necesario que se inviertan más recursos por habitante.

¿Qué sucedió en la última década en nuestro país? Si lo medimos en dólares la inversión total ha disminuido un 21%: en el tercer trimestre del 2010 la “formación bruta de capital fijo”, según el INDEC, fue de U$S 70.000 millones (anualizada) y en el tercer trimestre de este año de U$S 55.000 millones. Dado que la población empleada, tanto en el sector público como privado, aumento casi 11%, podemos concluir que la inversión per cápita se desplomó en los últimos 10 años casi 30%.

Datos clave

1.5%
es el ahorro fiscal (en relación al PBI) que estima el gobierno con la aplicación de la ley de Emergencia.
2.000
son los millones de dólares que prevén recaudar con el aumento de las retenciones.

Conclusión: como cada uno de los trabajadores tenemos dos tercios de equipos y máquinas con los que contábamos hace 10 años entonces nuestros niveles de productividad son significativamente menores. Por lo tanto, los ingresos por trabajador son menores.

Ahora la pregunta clave: ¿por qué los niveles de inversión por trabajador se redujeron casi 30% en los últimos diez años?

Nadie que esté proyectando perder dinero invierte. Invierten los que tienen expectativas de generar una ganancia. Y en la Argentina esas expectativas son cada vez menores: la mayor presión tributaria, los altos costos laborales, las altas tasas de interés que hacen que el costo de financiamiento sea sideral, una economía cerrada que no permite adquirir bienes y servicios a precios internacionales, el entramado regulatorio que hace casi imposible el esfuerzo emprendedor, y niveles inflacionarios desorbitantes, son algunas de los principales factores que provocan la falta de inversiones.

Es en este contexto que el nuevo gobierno que asumió el 10 de diciembre pasado envió al Congreso el proyecto de Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva (que ya es Ley), que no hace más que profundizar el problema. Independientemente de quién asumiera el gobierno nacional para los próximos cuatro años lo que requería la economía argentina era una rebaja significativa de la carga tributaria (acompañada en simultáneo con una reducción del gasto público para no aumentar el déficit fiscal), menores costos laborales, menores niveles de inflación, una mayor apertura de la economía y un paquete de desregulación para todos los sectores productivos.

¿Cuáles son los principales puntos de la ley recientemente aprobada el pasado 20 de diciembre en el Congreso?:

1) La declaración de la emergencia en nueve áreas (económica, financiera, fiscal, administrativa, previsional, tarifaria, energética, sanitaria y social), permitiéndole al gobierno no tener que recurrir al Congreso para aprobar cambios en dichos sectores.

2) Impuesto del 30% a la compra de pasajes al exterior y de gastos con tarjetas en otros países.

3) Ratificación del cepo cambiario e impuesto para la compra de dólares para atesorar.

4) Suspensión de aumentos tarifarios durante seis meses.

5) Suspensión del mecanismo de actualización de jubilaciones y pensiones por 6 meses, reemplazándose por aumentos trimestrales por decreto.

6) Pago de un bono de suma fija en diciembre y enero para jubilados que cobran el haber mínimo y beneficiarios de la AUH.

7) Aumento de las cargas patronales.

8) Suspensión de la reducción del Impuesto a las Ganancias para empresas.

9) Aumento de las alícuotas en el Impuesto a los Bienes Personales, permitiendo la aplicación de tasas hasta un 100% mayor para bienes registrados en el exterior. Además se congela el valor del mínimo no imponible.

10) Faculta al gobierno a incrementar las retenciones a las exportaciones y a disponer que el sector privado realice un incremento salarial (ya se publicaron los decretos presidenciales aumentando retenciones y obligando a las empresas a incrementar salarios).

11) Disponer la compra por parte al Banco Central de letras en dólares emitidos por la tesorería nacional, por un valor de U$S 4.500 millones.

12) Se incrementa la tasa de estadística para las importaciones.

13) Se aumenta el impuesto sobre los automóviles.

El ministro Guzmán busca equilibrar los indicadores macroeconómicos.

Como podemos observar la ley recientemente aprobada en el Congreso tiene como objetivos aumentar los ingresos y reducir los gastos, para mejorar la posición del resultado fiscal primario. Por el lado de los ingresos vía un aumento de la carga tributaria, continuar con el control de cambios. Por el lado del gasto público:

1) se supone que la suspensión del mecanismo de actualización de las erogaciones previsionales se hizo con el objetivo de reducir dicho gasto (45% del presupuesto nacional), si bien no se conoce cómo será el nuevo criterio de ajuste ni sobre quiénes recaerá el mismo;

2) incremento del gasto vía el pago del bono a jubilados, AUH y empleados públicos;

3) no está claro si la suspensión de aumentos tarifarios de los servicios públicos significará un aumento de subsidios a las empresas o serán estas las que financiaran la medida. Además le impone al sector privado mayores costos a través de un aumento de las cargas patronales y un incremento (vía decreto) de los salarios. Los aspectos positivos de la nueva ley son la supuesta mejora en el resultado primario de las cuentas públicas y la moratoria tributaria para las pymes.

Vale agregar que adicionalmente nos vamos a encontrar con un incremento de la carga tributaria a nivel provincial, dado que se suspendió el cronograma de rebajas de impuestos provinciales que se había acordado en el Consenso Fiscal 2017. Por lo tanto, las legislaturas provinciales estarán habilitadas para realizar aumentos en las alícuotas de los impuestos sobre los Ingresos Brutos y Sellos. En Neuquén dicho incremento en las alícuotas ya fue aprobado por la Legislatura provincial el 20 de diciembre.

Como podemos ver, el paquete de medidas económicas que por ahora lanzó el gobierno nacional no mejora la competitividad de las empresas argentinas, castiga al ahorro y las exportaciones, genera menores incentivos a contratar empleados en blanco, y ajusta los haberes reales de los jubilados que cobran por encima del mínimo (en principio). Así, la salida de este contexto económico de estancamiento y falta de creación de empleo, que ya lleva diez años, sigue siendo un escenario de muy baja probabilidad.

 

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

 

La imagen pública de Trump se deteriora

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 20/12/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2204245-la-imagen-publica-trump-se-deteriora

 

La aprobación popular norteamericana a la gestión presidencial en curso de Donald Trump es más bien baja: tan sólo un 39% de los entrevistados lo aplaude, según una nueva encuesta de la cadena televisiva CNN. Pese a que, con la desregulación y la baja significativa de la presión impositiva, Trump ha generado un clima de bonanza que impulsa la actividad económica.
A su vez, sólo un 29% de los norteamericanos confía en lo que sostiene y argumenta el presidente Trump respecto de la investigación en marcha con la que se procura desentrañar la verdad sobre si el actual presidente de los EE.UU. violó o no la ley en sus conversaciones y contactos indirectos con los rusos durante la reciente campaña electoral. En este tema, menos de la tercera parte de sus conciudadanos dice creerle.
Asombrosamente pocos.
Más aún, la mitad de los norteamericanos se inclina a pensar que la antedicha investigación, que está a cargo del fiscal especial Robert S. Muller, en algún momento complicará seriamente al Presidente. Y un 44% de ellos califica a su conducta en esta cuestión de poco ética. Mientras otro 26% la tilda, en cambio, de poco inteligente.
Pero hay ciertamente más, desde que un 59% de los norteamericanos cree que todo lo sucedido durante la campaña electoral entre Donald Trump y Rusia debe ser investigado a fondo, para así poder llegar a conocer la verdad de lo acontecido en un tema particularmente espinoso.
Un sólido 43% de los norteamericanos entrevistados sostiene, además, que el fiscal actuante está haciendo un buen trabajo. Quizás precisamente por esto, el presidente Trump ha resistido, al menos hasta ahora, a la tentación y a las sugerencias de despedirlo.
Por su parte, los fiscales actuantes parecen estar hoy convencidos de que Donald Trump condujo y dirigió personalmente lo sucedido en el capítulo de sus contactos con los rusos, en lo que hoy luce como una arriesgada procura de construir una de sus enormes torres en Moscú, la capital de Rusia, a lo que se sumaría -según algunos- un aparente esfuerzo presidencial por tratar de obstruir la acción de la Justicia de su país en este tema.
La opinión pública norteamericana cree que la investigación en marcha debe proseguir y que en el pasado, directa o indirectamente, el presidente Trump de alguna manera pudo haber mentido sobre este delicado tema.
Una serie de nuevos remezones parece haber ahora inundado al entorno de Donald Trump, lo que transmite la sensación de un peligro no inminente, que está creciendo y que podría alimentar en sus opositores en su ansia por poner en marcha el proceso constitucional que puede conducir al presidente del país del norte hacia su eventual destitución.
En este tema, el pantano político que aparece en torno a Donald Trump no se ha secado.
Para nada. Por el contrario, cuando culmina el año crece la sensación de que parecería seguir expandiéndose, lentamente, lo que es lo contrario a proyectar tranquilidad.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

En campaña, son todos buenos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 11/10/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/10/11/en-campana-son-todos-buenos/

 

El actual presidente brasilero dejará el país algo mejorado gracias a unas pocas reformas, como en lo laboral: entre otras cosas, eliminó la obligatoriedad que tenían los trabajadores de pagar la contribución sindical, disminuyendo el poder abusivo de los sindicatos. Pero aún quedan regulaciones laborales -que impiden la plena ocupación, como el salario mínimo que prohíbe trabajar a quienes ganarían menos- y la desocupación subió de 6,2% en 2013 hasta 12,2% en 2018.

Además, puso un límite al aumento del gasto público que no debe superar a la inflación, logró que las tasas de interés que eran muy altas -hasta 17%- cayeran a 6,5% y ha controlado la inflación: 3,4% en 2017 y 3,7% en 2018. Pero, la recuperación sigue lenta. En 2017 el PIB subió 1,5%, y las exportaciones aumentaron 18%. Las previsiones son optimistas para 2018, con un crecimiento del PIB del 2,3% y una inflación de 3,5%.

Y ahora Jair Bolsonaro sería el próximo presidente si gana la segunda vuelta contra al candidato del PT de Lula, Fernando Haddad. Bolsonaro aprovechó la imagen de corrupto que tiene el PT. Corrupción que, por cierto, es grave no solo en Latino América. La periodista Viktoria Marinova apareció muerta en Bulgaria, días después de ventilar casos de corrupción con fondos de la Unión Europea y, en un solo año, también fueron asesinados los periodistas Daphne Caruana en Malta y Jan Kuciak en Eslovaquia, que investigaban corruptelas.

La política derechista Bolsonaro al punto que The Economist aseguró que será “desastroso” y Fernando Henrique Cardoso -ex presidente de Brasil, autor del boom que heredó Lula- dijo que no le agrada “Ninguno… pero Bolsonaro está excluido”. En lo económico, tiene un discurso alentador y la Bolsa reaccionó eufórica: “Mercado libre y menos impuestos es mi consigna” twitteo.

Lo que no es poco ya que los impuestos perjudican a todos, pero, sobre todo, a los más pobres ya que los ricos los pagan aumentando precios o bajando salarios. Planea, además, la privatización de empresas, la reducción de la burocracia y una fuerte desregulación de la economía.

En el exterior, algunas empresas están muy interesadas en quién sea el ganador, por caso, las 22 compañías españolas que cada año ganan unos US$ 27.000 M en Brasil, el doble de las exportaciones anuales argentinas hacia el país de la Samba. Pero para España, en su conjunto, es poco más que anecdótico.

La política brasilera no debería tener mucha influencia en los demás países, salvo en casos como Argentina que tiene una economía muy regulada, encorsetada, y así, no pudiendo moverse, no pudiendo ser creativa, cualquier variación en los flujos fijos como las exportaciones hacia Brasil, puede resultar negativa.

Dicen los rumores que el derechista ex militar potenciaría el desarrollo nuclear brasilero, y es uno de los líderes más críticos con Maduro, “el único candidato que dice abiertamente que seguirá una línea dura para acabar con el hambre en Venezuela es Jair”, proclamó su hijo Eduardo, el diputado federal más votado del país.

Por cierto, en campaña todos los candidatos son buenos y Bolsonaro intenta mostrarse como un hombre de centro. En tanto que Haddad hasta prometió bajar los impuestos, “para que quien sustente el Estado no sean los pobres”, y favorecer la creación de nuevos bancos para bajar más las tasas de interés.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

DE PARTE DE UN ESPECIALISTA EN DERROTAS: ANIMO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 17/6/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/06/de-parte-de-un-especialista-en-derrotas.html

 

Si no fuera porque Dios existe, hubiera sido cierto que nací en el lugar equivocado. Comencé a estudiar liberalismo clásico y Escuela Austríaca de Economía en 1973, cuando el país se encaminaba hacia el peronismo castrista más ortodoxo. Desde entonces tengo la sensación permanente de vivir en el abismo y en la certeza total de la contradicción entre mis valores y la cultura que me rodea. Luché siempre por la economía de mercado, por el Estado de Derecho en serio, por la eliminación de las aduanas, por la eliminación de todos los códigos excepto el penal, por la completa desregulación de todas las actividades humanas, por la completa libertad de enseñanza, por la libertad de planes y programas de estudio, por la seguridad social privada, por la salud privada, por las jubilaciones privadas, por la eliminación del matrimonio civil, por la privatización y des-monopolización en serio de todas las empresas, por el arancel cero, por la eliminación de todos los Welfare Sate y los Estados Providencia;  he reivindicado siempre las instituciones originarias delos EEUU, he defendido su Declaración de Independencia y sus Constitución originaria…

Entre los liberales soy un moderado porque defiendo a Hayek, casi todos los católicos me cuestionan por ser un liberal y para casi todos los liberales soy “demasiado” católico.

Mi ideal regulativo es un Estado de Derecho, con un ethos judeo-cristiano, la economía de mercado y las libertades individuales.

No lo vi nunca. No existió casi nunca, excepto tal vez en la primera etapa de los EEUU o en las primeras etapas de las democracias cristianas de la post-guerra.

En economía sigo a Mises, en filosofía a Santo Tomás y Husserl, en religión, a la Veritatis splendor.

En mi interior, estoy bien. Pero hacia el exterior, soy un perdedor. Sueño con un mundo que tal vez no exista nunca, sencillamente nunca. Tuve que aprender muy rápido el destino de mi gran Mises: ser un historiador de la declinación.

A pesar de eso, he escrito, escribo y seguiré escribiendo todo, absolutamente todo lo que pueda para defender todo ello. He dado y seguiré dando todas las charlas para defender todo ello, tengo mi blog, me mato en Facebook, me desprestigio en ambientes académicos muy solemnes. Y se vienen batallas muy duras en las cuales me jugaré el todo por el todo.

¿Por qué? Porque hay que hacerlo. Listo. Ad maiorem Dei gloriam. Y punto.

No sé si quedó claro: hay que hacerlo porque hay que hacerlo. Listo. Ad maiorem Dei gloriam. Y punto. No more explanations. Nada que ver con el resultado final, ni con el optimismo, ni con ninguna predicción, ni con el éxito ni con nada, excepto con el deber.

Algunos se han sentido el Miércoles pasado como si hubieran perdido la batalla de su vida. No, gente, acostúmbrense a una agenda más amplia y a perder todos los días, porque la única derrota en serio es dejar de ser uno mismo.

 

De un permanente derrotado a todos los muy desanimados:   ánimo gente, la historia humana es casi la historia de Caín. (https://eseade.wordpress.com/2017/10/27/la-historia-humana-es-casi-la-historia-de-cain/). Después del pecado original, no esperen mucho.  Cristo triunfó sobre el pecado y sobre la muerte, pero muriendo en la cruz, y su reino no es de este mundo.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Latinoamérica necesita empresarios, no lobistas

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 17/3/17 en: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article139230518.HTML

 

Eran los tiempos del presidente Menem en Argentina y la apertura, la desregulación y las privatizaciones parecían ameritar seminarios y “rondas de negocios” en el exterior, y colaboré con su organización hasta que, entre otras cosas, comprendí que eran inútiles.

Es que cuando la información vuela alrededor del globo, no tiene sentido que funcionarios viajen para “explicar” nada. Basta con crear las condiciones, y las inversiones solas volarán: bajar impuestos para que las personas tengan recursos para emprender con rentabilidad, y desregular liberando la creatividad y la capacidad de desarrollarlas… salvo que prefieran el lobby…

Según Jesús Huerta de Soto, “la función empresarial no exige medio alguno… es esencialmente creativa”. Es esa capacidad de crear en pos del mejoramiento social para lo que es necesario depender de los clientes –y no de los políticos– que deben inducir el camino de la eficiencia creadora.

Esta capacidad creativa supone el hallazgo de “conocimiento que se desconocía que podía existir”, dice Esteban Thomsen, como cuando un nuevo móvil supera al anterior mejorando la calidad de vida. Así “…prescindir de las típicas características de imaginación, atrevimiento y sorpresa equivale a eliminar enteramente la naturaleza humana”, remata Israel Kirzner, desmintiendo a los políticos que regulan poniéndole límites al atrevimiento.

Cuando el Estado interfiere al mercado con regulaciones que coartan la libertad creativa, destruye el rol empresario y da lugar a los lobistas, inmorales y faltos de ética desde que no responden a la naturaleza del mercado siendo que la moral es la adecuación al orden natural.

Durante aquellos seminarios daba vergüenza ajena el ver a los “empresarios” –lobistas– más importantes sentados durante horas, literalmente, en los lobbies esperando a los funcionarios que establecerían las regulaciones –monopolios, condiciones favorables, etc.– que los enriquecieran en detrimento del mercado.

Días atrás, como todos los años, fui invitado a la inauguración de Arco Madrid. Por una cuestión de ética y principios, quise evitar la coincidente “visita oficial” del presidente argentino. Pero fue inevitable encontrarlos en la inauguración, y allí estaban los más importantes “empresarios” –lobistas– argentinos…

Luego, encontré a ejecutivos españoles que participaron en la visita oficial que, entre otras cosas, me dijeron que hacer negocios con lobistas es tonto, sobre todo en países donde, por la inestabilidad, el funcionario interlocutor de hoy no es el de mañana. Y en general no invertirán en Argentina, al menos hasta las elecciones legislativas de octubre y hasta que aclare la economía, que no parece favorable a pesar de los pronósticos de los gurús.

Argentina –cuyo gobierno podría definirse ideológicamente como “peronista caviar”– crecerá en 2017 según estos gurús, cosa que dudo mientras que, irónicamente, la economía de la populista Bolivia tiene una mejor reputación internacional y se espera que crezca 4.6% en 2017. Ahora, es preocupante el que estos gurús suelen errar porque sus predicciones no tienen asidero racional, y son los mismos que suelen equivocarse y, sin embargo, siguen siendo escuchados. Así es como el país va a los tumbos.

En fin, Latinoamérica necesita elevar sus principios, su ética y su moral, y una dirigencia social, empresaria, académica, de medios, etc., más seria e ilustrada, mucho más.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Así redujo el capitalismo la pobreza en el mundo

Por Iván Carrino. Publicado el 7/7/16 en: http://www.ivancarrino.com/asi-redujo-el-capitalismo-la-pobreza-en-el-mundo/

 

A la hora de hablar de pobreza, muchos piensan que la solución radica en incrementar las ayudas y los subsidios estatales. Sin embargo, la verdadera base de la prosperidad es la libertad económica y el crecimiento.

Aunque nos cueste creerlo, vivimos en un mundo que está cada vez mejor. Sí, es cierto que Argentina está en recesión, que las tarifas subieron, que sigue habiendo violencia en el mundo y que los mercados internacionales se vieron sacudidos por el Brexit. Sin embargo, hay un dato que, a medida a que pasan los años, muestra una evolución positiva.

Se trata de la pobreza a nivel mundial. Según los últimos datos divulgados por el economista Max Roserla pobreza en el mundo se encuentra en los niveles más bajos de la historia. Además, la tendencia es declinante. En 1981, el 44% de la población mundial vivía con menos de USD 1,9 dólares por día. En 2015, ese número se desplomó y alcanzó el nivel mínimo de 10%.

Mirando los datos históricos, se ve que el camino de caída viene de largo. Según las estimaciones compiladas por Roser, en 1820 el 94,4% de la población vivía en situación de pobreza, mientras que el 83,9% del total lo hacía en la “pobreza extrema”. En 1992, estos números habían descendido con fuerza al 51% y al 24% respectivamente.

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Semejante desplome en los niveles de pobreza en el mundo es un motivo para alegrarnos. Lamentablemente, en Argentina la tendencia fue a contramano. En los últimos 30 años, de los cuales 25 estuvimos gobernados por presidentes peronistas, el promedio de pobreza fue nada menos que 29,2%. Además, desde el año 2011 que la pobreza sube permanentemente en nuestro país.

A la luz de estos datos, es inevitable preguntarse qué pasó. Cómo es posible que, mientras la pobreza cae en el mundo, en Argentina no solo no se reduce, sino que la cantidad de personas en situación de vulnerabilidad es cada vez mayor.

La respuesta la tenemos que encontrar en el sistema institucional. A principios del siglo XIX, algo comenzó a cambiar en Gran Bretaña y luego fue expandiéndose al mundo entero. El gran cambio fue que el mundo pasó de estar dominado por las ideas mercantilistas  y comenzó a moverse hacia el sistema de la libertad económica.

En su libro de Historia de la Teoría Económica y de su Método, los historiadores Robert Ekelund y Robert Hebert destacan que, en el siglo XIX, muchas de las regulaciones de la era mercantilista se habían abandonado, al tiempo quedos fuertes restricciones a la actividad estatal comenzaban a operar. Por un lado, el establecimiento del patrón oro, que “vedaba al gobierno el acceso a la máquina de imprimir billetes y, por tanto, limitaba el volumen del gasto gubernamental para la guerra o programas sociales”.

Por el otro, el límite a la capacidad del gobierno de cobrar impuestos. En su rol de canciller del Reino Unido, William Gladstone “promovió una serie de políticas destinadas a lograr que el gobierno fuera abandonando, de un modo equilibrado, la intervención en el sector privado. Entre estas políticas estaba la derogación de las Leyes de Granos (realizada en 1846), lareducción de los impuestos sobre la renta y la prohibición de los impuestos sobre las ventas y el consumo”.

Las medidas tomadas fueron concretas: desregulación, menos impuestos y menos gasto público. Pero lo más relevante fue la idea que estuvo detrás: que es el individuo en libertad, y no el gobierno, es el que está en mejor posición para producir bienes y servicios y, intercambiándolos en el mercado, crear riqueza para el conjunto.

Es que pensémoslo de manera individual. ¿Quién producirá más riqueza: una persona a la que el gobierno solo le deja disfrutar del 50% de sus ganancias, o una que puede quedarse con el 100%? ¿Dónde se invertirá más: en un  país con regulaciones de todo tipo, o en uno donde haya libertad para innovar? La producción y el comercio generan crecimiento económico y enriquecen a todos los involucrados. Por este motivo, cuanto mayor sea la libertad económica, más prospero será un país y menor pobreza deberá sufrir.

El gobierno de Macri lleva solo seis meses en el poder y algunas de las medidas que tomó, como sincerar tarifas y dólar, han dejado al descubierto la pobreza que estaba oculta por el gobierno anterior.

A futuro, no sabemos a ciencia cierta qué hará. Sin embargo, una cosa es clara: en la medida que decida acercarse al liberalismo y lleve adelante políticas de libre mercado, mayor y más sostenible será el crecimiento económico y, por tanto, menos será la cantidad de personas que deberá sufrir el drama de la pobreza.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Lo barato sale caro

Por Iván Carrino. Publicado el 28/1/16 en: https://igdigital.com/2016/01/lo-barato-sale-caro/

 

La resolución que incrementa el precio de referencia para las tarifas eléctricas es una medida más en un marco de desregulación de los precios de la economía argentina. Los resultados serán positivos no solo para las empresas, sino también para los consumidores.

La semana pasada, alrededor de 13 mil personas de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano se quedaron sin luz. La noticia no llegó a la tapa de los diarios porque los cortes en el suministro eléctrico se han vuelto una constante en la Argentina de los últimos años.

Los motivos detrás de esta pésima performance a la hora de suministrar electricidad a los hogares y las empresas deben encontrarse en la Ley de Emergencia Económica sancionada en enero del año 2002.

Dicha ley pesificó las tarifas de los subsidios públicos y prohibió a las compañías proveedoras su indexación o actualización por cualquier índice de precios. Lo que se buscó en su momento fue, por un lado, reducir el impacto de la devaluación en el costo de vida de los argentinos y, por el otro, estimular la competitividad de la economía, proveyéndole energía barata a la industria.

Coincidiendo con el diagnóstico de que la energía barata era un pilar para el desarrollo, y a pesar de gritar a los cuatro vientos que Argentina atravesaba la etapa de crecimiento más vigorosa de su historia, el kirchnerismo prorrogó, año tras año, la Ley de Emergencia Económica, logrando así mantener las tarifas congeladas.

En paralelo con este congelamiento, el gobierno de los Kirchner generó una demoledora inflación de casi 900%, haciendo que los precios congelados, paradójicamente, se derritieran en términos reales. La rentabilidad de las empresas se desplomó, y con ella, la inversión y la capacidad de producción. Finalmente, los usuarios, a quienes se quería beneficiar en primer lugar, terminaron pagando los platos rotos, sufriendo cortes de energía de manera sistemática.

Como suele decirse, “lo barato sale caro” y las pérdidas que los cortes le ocasionan a empresas y comercios ya más que compensaron los supuestos beneficios de los bajos precios de la electricidad.

En este marco, es un bienvenido cambio la modificación de los cuadros tarifarios anunciados por el Ministerio de Energía y Minería, que elevaría los costos eléctricos entre 200% y 300% al menos hasta el 30 de abril de este año. Si bien estas subas no compensan del todo las pérdidas de las empresas proveedoras, es un movimiento en la buena dirección.

Ahora en respuesta a la decisión oficial, varios se apresurarán a exclamar que se trata de un “tarifazo” o, como ya se ha escuchado, de “una transferencia de riqueza hacia el poder económico” en detrimento del resto de la población.

En realidad, no se trata de nada de eso. Los controles a las tarifas eléctricas, así como cualquier otro control de precios que se imponga en un mercado dado, constituyen un liso y llano robo al que produce (hágase este mediante un decreto, un “acuerdo”, o medidas como las retenciones o cupos a las exportaciones o el control de cambios).

Imagínese que un día llega el gobierno y le dice que, a partir del día siguiente, su salario (un precio más de la economía) no será de $ 10.000 sino que se reducirá a $ 7.000 debido a la nueva política de “acuerdo de precios”. En dicho caso, a todos les quedaría claro que el gobierno está quitándole arbitrariamente un dinero que corresponde al asalariado. ¿Por qué esto debería ser diferente con los controles a los precios de la carne, del trigo o de la leche chocolatada en la góndola del supermercado?

Por otra parte, si la receta para beneficiar a la población fuera la fijación de precios, entonces Venezuela sería un paraíso económico, y no el país donde los medicamentos escasean un 80%, el PBI se contrae un 10% y los precios se duplican año a año a pesar de los controles y la guerra que el gobierno libra contra los empresarios.

El cambio en las tarifas eléctricas es una decisión que debe enmarcarse en un necesario y urgente proceso de normalización de los precios de la economía argentina. Mantener el statu quo, como quedó demostrado, no solo no habría ayudado a la competitividad o a bajar la inflación, sino que habría agravado la escasez de energía, de dólares y de todos los demás bienes y servicios que estuvieron sometidos al arbitrario control del gobierno anterior.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

En torno a la “desocupación tecnológica”

Por Gabriel Boragina. Publicado el 28/3/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/03/en-torno-la-desocupacion-tecnologica.html

 

Se ha dicho que, en materia laboral, el problema es que el empleo será un bien cada vez más escaso en una sociedad con un progreso tecnológico que suplanta la mano de obra intensiva, sobre todo en la industria, aunque también en la agricultura como se ha visto con los “pooles” de siembra en Argentina. Pero la experiencia y la observación más simple desmienten por completo todo lo anterior, ya que es precisamente en las sociedades donde existe mayor progreso tecnológico donde el empleo aumenta y no al revés. Es el progreso tecnológico el que hace que hoy existan más industrias (ejemplo típico el de la gran industria informática, inexistente hace pocos decenios atrás). También es falso que aumente el desempleo en la agricultura, ya que este sector está cada vez más ligado al de la industria, lo que hace hoy en día una categoría obsoleta la antigua división entre “industria y agricultura”. Este último sector depende cada vez más del primero. Y al aumentar el empleo -por las razones señaladas antes- en el sector industrial también, por lógica consecuencia, aumenta el empleo en el sector agropecuario.
Pero se insiste que, frente a un empleo escaso, ¿como conseguir que toda lo población posea un standard de vida aceptable? En el punto anterior demostramos ser falso que el empleo fuera más “escaso por causa del progreso tecnológico”. Ahora diremos que el empleo no crea riqueza sino que es al revés: la riqueza crea empleo. Si de repente compro un campo que -sin saberlo yo antes- tenía un enorme yacimiento de oro, me volveré rico de la noche a la mañana sin haber trabajado ni un segundo. Que el trabajo “crearía riqueza” es la antigua y ya descartada “teoría laboral del valor” que propulsaran los tristemente célebres K. Marx y F. Engels. Sólo los ignorantes siguen propagando dicha “teoría” tantas veces refutada, especialmente por la Escuela Austriaca de Economía. Ninguna persona que posea mínimos conocimientos de economía cree ya en dicha falacia. El nivel de vida aceptable no viene dado por empleo, sino por la tecnología. Si un empleado de cocina hace una hamburguesa por día cuando una máquina hace 10 hamburguesas por día, la gente estará mejor alimentada en el caso de la máquina que en el del cocinero manual. En el segundo caso (el de la máquina) el estándar de vida de la gente es más aceptable con 10 hamburguesas diarias hechas por un aparato, que con una hecha por un hombre. Lo que prueba que es la tecnología y no el empleo lo que eleva el nivel de vida de la población.
También se dice que el área de servicios ha crecido en todos los países desarrollados, en detrimento de la industria y el campo. Pero es un error. El área de servicios si ha crecido, pero NO en “detrimento” de la industria y el campo, sino ACOMPAÑANDO a ambos en su crecimiento, tal como quedó explicado más arriba. Y este crecimiento fue puramente debido al progreso tecnológico más que a ninguna otra razón.
Pero –se afirma- aún en dichos países existe desempleo y subsidio a los desempleados. Existe sí, porque el subsidio a los desempleados es el que origina el desempleo, y no al revés. Si recibo un subsidio al desempleo ¿por qué me voy a molestar en buscar un empleo si puedo cobrar lo mismo o -al menos- algo sin hacer absolutamente nada? El subsidio al desempleo alienta el desempleo y no al revés. A mayor subsidio al desempleo, mayor desempleo. Es una regla que se cumple casi matemáticamente.
No se cree, en ocasiones, que una desregulación total de la economía asegure el pleno empleo. Pero la historia ha demostrado lo contrario, y lo sigue demostrando. Históricamente, las economías más desreguladas tienen mayores tasas de empleo. Donde la economía esta mas regulada el desempleo crece. Es cuestión de estudiar un poco mínimamente las estadísticas. La conclusión de estos estudios es muy clara: si la desregulación fuese total el desempleo caería a niveles cercanos a cero o a cero directamente. Se trata simplemente de aplicar la lógica a las comprobaciones estadísticas.
¿Qué sucedería –se pregunta- con los desempleados en el lapso de tiempo que lleve pasar de una economía dirigista a una economía en que el gobierno no estorbe “con regulaciones, leyes, y desde luego impuestos”? Los desempleados se irían reacomodando en nuevos puestos de trabajo, porque al irse abandonando el dirigismo el mercado empezaría a crear nuevas fuentes de empleo, además de las fuentes de trabajo que se irían liberando de la tutela dirigista, y los cambios se operarían en el sentido apuntado. Lo relevante es que en la actual economía dirigista mundial el desempleo crece y no baja. Acá es donde debemos centrar el foco de atención, y no en cuestiones anecdóticas. Sólo el mercado libre puede crear empleos. Ningún gobierno puede reemplazar al mercado ni en esto ni en nada. El gobierno sólo puede obstruirlo, anularlo o intentar aniquilarlo. Pero ni siquiera esto último puede lograr el gobierno (dirigista o no).
En el caso –se cuestiona- de que al lograr una desregulación total de la economía persista el desempleo: ¿Que se hace con los desempleados?. No es esto lo que ha sucedido nunca en ninguna parte donde se hayan realizado desregulaciones económicas. La experiencia histórica, la teoría y la estadística han demostrado (y siguen demostrando) que: a toda desregulación el empleo ha crecido. Y en sentido inverso: a mayor regulación el empleo ha disminuido. Tenemos que regirnos por los datos históricos y experimentales en este aspecto, y no a meras hipótesis o pareceres personales que, por muy respetables que sean (y lo son), no dejan de ser eso: meros pareceres personales. En suma, se plantea una hipótesis (“desregulación + desempleo”) que jamás se ha dado en ninguna parte. No existen razones ni lógicas ni de otro tipo como para que tengamos que suponer que ese escenario apareciera. En el plano de la realidad, estamos lejos de una desregulación total de la economía. No porque no sea deseable (lo es y mucho), sino por dos motivos fundamentales: ignorancia o mala fe en quienes deberían implementarla.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.