Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva: otro salvavidas de plomo

Por Pablo Guido. Publicado el 5/1/20 en: https://www.rionegro.com.ar/ley-de-solidaridad-social-y-reactivacion-productiva-otro-salvavidas-de-plomo-1218417/

 

Independientemente de quién asumiera el gobierno nacional lo que requería la economía argentina era una rebaja significativa de la carga tributaria, menores costos laborales, menores niveles de inflación, una mayor apertura de la economía y un paquete de desregulación para todos los sectores productivos.

En las últimas semanas, el Gobierno dispuso varias medidas para intentar reactivar la economía.

No es necesario buscar datos desde mediados del siglo XX para registrar el proceso de decadencia que sufrimos.

Analicemos lo que sucedió en la última década en nuestro país. La economía argentina hace 35 trimestres que está estancada en el mismo nivel de actividad (IV trimestre 2010-III trimestre 2019). En dicho lapso la población creció aproximadamente un 10%, por lo que nuestro PIB per cápita cayó en esa magnitud en los últimos 9 años.

En las dos últimas gestiones presidenciales la inflación acumuló un incremento por encima del 1.000%, promediando un aumento anual del 35%. El empleo privado, en el mismo período, cayó en 65.000 puestos de trabajo y el empleo público aumentó en 650.000 personas). Inclusive los trabajadores autónomos se redujeron en 16.000.

La cantidad total de empleo registrado, público y privado, pasó de 10,9 millones a 12,1 millones (+10,8%). Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA los pobres en el país aumentaron, entre 2010 y 2019 del 28% al 40%.

¿Cuál es una de las explicaciones de este fracaso en términos de crecimiento, creación de empleo genuino y mejores condiciones de vida?

Recordemos que para que los ingresos de las personas se incrementen tiene que haber mayores niveles de producción per cápita, que a su vez son posibles mediante una mayor inversión por persona. En otras palabras, para generar un proceso de crecimiento es necesario que se inviertan más recursos por habitante.

¿Qué sucedió en la última década en nuestro país? Si lo medimos en dólares la inversión total ha disminuido un 21%: en el tercer trimestre del 2010 la “formación bruta de capital fijo”, según el INDEC, fue de U$S 70.000 millones (anualizada) y en el tercer trimestre de este año de U$S 55.000 millones. Dado que la población empleada, tanto en el sector público como privado, aumento casi 11%, podemos concluir que la inversión per cápita se desplomó en los últimos 10 años casi 30%.

Datos clave

1.5%
es el ahorro fiscal (en relación al PBI) que estima el gobierno con la aplicación de la ley de Emergencia.
2.000
son los millones de dólares que prevén recaudar con el aumento de las retenciones.

Conclusión: como cada uno de los trabajadores tenemos dos tercios de equipos y máquinas con los que contábamos hace 10 años entonces nuestros niveles de productividad son significativamente menores. Por lo tanto, los ingresos por trabajador son menores.

Ahora la pregunta clave: ¿por qué los niveles de inversión por trabajador se redujeron casi 30% en los últimos diez años?

Nadie que esté proyectando perder dinero invierte. Invierten los que tienen expectativas de generar una ganancia. Y en la Argentina esas expectativas son cada vez menores: la mayor presión tributaria, los altos costos laborales, las altas tasas de interés que hacen que el costo de financiamiento sea sideral, una economía cerrada que no permite adquirir bienes y servicios a precios internacionales, el entramado regulatorio que hace casi imposible el esfuerzo emprendedor, y niveles inflacionarios desorbitantes, son algunas de los principales factores que provocan la falta de inversiones.

Es en este contexto que el nuevo gobierno que asumió el 10 de diciembre pasado envió al Congreso el proyecto de Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva (que ya es Ley), que no hace más que profundizar el problema. Independientemente de quién asumiera el gobierno nacional para los próximos cuatro años lo que requería la economía argentina era una rebaja significativa de la carga tributaria (acompañada en simultáneo con una reducción del gasto público para no aumentar el déficit fiscal), menores costos laborales, menores niveles de inflación, una mayor apertura de la economía y un paquete de desregulación para todos los sectores productivos.

¿Cuáles son los principales puntos de la ley recientemente aprobada el pasado 20 de diciembre en el Congreso?:

1) La declaración de la emergencia en nueve áreas (económica, financiera, fiscal, administrativa, previsional, tarifaria, energética, sanitaria y social), permitiéndole al gobierno no tener que recurrir al Congreso para aprobar cambios en dichos sectores.

2) Impuesto del 30% a la compra de pasajes al exterior y de gastos con tarjetas en otros países.

3) Ratificación del cepo cambiario e impuesto para la compra de dólares para atesorar.

4) Suspensión de aumentos tarifarios durante seis meses.

5) Suspensión del mecanismo de actualización de jubilaciones y pensiones por 6 meses, reemplazándose por aumentos trimestrales por decreto.

6) Pago de un bono de suma fija en diciembre y enero para jubilados que cobran el haber mínimo y beneficiarios de la AUH.

7) Aumento de las cargas patronales.

8) Suspensión de la reducción del Impuesto a las Ganancias para empresas.

9) Aumento de las alícuotas en el Impuesto a los Bienes Personales, permitiendo la aplicación de tasas hasta un 100% mayor para bienes registrados en el exterior. Además se congela el valor del mínimo no imponible.

10) Faculta al gobierno a incrementar las retenciones a las exportaciones y a disponer que el sector privado realice un incremento salarial (ya se publicaron los decretos presidenciales aumentando retenciones y obligando a las empresas a incrementar salarios).

11) Disponer la compra por parte al Banco Central de letras en dólares emitidos por la tesorería nacional, por un valor de U$S 4.500 millones.

12) Se incrementa la tasa de estadística para las importaciones.

13) Se aumenta el impuesto sobre los automóviles.

El ministro Guzmán busca equilibrar los indicadores macroeconómicos.

Como podemos observar la ley recientemente aprobada en el Congreso tiene como objetivos aumentar los ingresos y reducir los gastos, para mejorar la posición del resultado fiscal primario. Por el lado de los ingresos vía un aumento de la carga tributaria, continuar con el control de cambios. Por el lado del gasto público:

1) se supone que la suspensión del mecanismo de actualización de las erogaciones previsionales se hizo con el objetivo de reducir dicho gasto (45% del presupuesto nacional), si bien no se conoce cómo será el nuevo criterio de ajuste ni sobre quiénes recaerá el mismo;

2) incremento del gasto vía el pago del bono a jubilados, AUH y empleados públicos;

3) no está claro si la suspensión de aumentos tarifarios de los servicios públicos significará un aumento de subsidios a las empresas o serán estas las que financiaran la medida. Además le impone al sector privado mayores costos a través de un aumento de las cargas patronales y un incremento (vía decreto) de los salarios. Los aspectos positivos de la nueva ley son la supuesta mejora en el resultado primario de las cuentas públicas y la moratoria tributaria para las pymes.

Vale agregar que adicionalmente nos vamos a encontrar con un incremento de la carga tributaria a nivel provincial, dado que se suspendió el cronograma de rebajas de impuestos provinciales que se había acordado en el Consenso Fiscal 2017. Por lo tanto, las legislaturas provinciales estarán habilitadas para realizar aumentos en las alícuotas de los impuestos sobre los Ingresos Brutos y Sellos. En Neuquén dicho incremento en las alícuotas ya fue aprobado por la Legislatura provincial el 20 de diciembre.

Como podemos ver, el paquete de medidas económicas que por ahora lanzó el gobierno nacional no mejora la competitividad de las empresas argentinas, castiga al ahorro y las exportaciones, genera menores incentivos a contratar empleados en blanco, y ajusta los haberes reales de los jubilados que cobran por encima del mínimo (en principio). Así, la salida de este contexto económico de estancamiento y falta de creación de empleo, que ya lleva diez años, sigue siendo un escenario de muy baja probabilidad.

 

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

 

La imagen pública de Trump se deteriora

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 20/12/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2204245-la-imagen-publica-trump-se-deteriora

 

La aprobación popular norteamericana a la gestión presidencial en curso de Donald Trump es más bien baja: tan sólo un 39% de los entrevistados lo aplaude, según una nueva encuesta de la cadena televisiva CNN. Pese a que, con la desregulación y la baja significativa de la presión impositiva, Trump ha generado un clima de bonanza que impulsa la actividad económica.
A su vez, sólo un 29% de los norteamericanos confía en lo que sostiene y argumenta el presidente Trump respecto de la investigación en marcha con la que se procura desentrañar la verdad sobre si el actual presidente de los EE.UU. violó o no la ley en sus conversaciones y contactos indirectos con los rusos durante la reciente campaña electoral. En este tema, menos de la tercera parte de sus conciudadanos dice creerle.
Asombrosamente pocos.
Más aún, la mitad de los norteamericanos se inclina a pensar que la antedicha investigación, que está a cargo del fiscal especial Robert S. Muller, en algún momento complicará seriamente al Presidente. Y un 44% de ellos califica a su conducta en esta cuestión de poco ética. Mientras otro 26% la tilda, en cambio, de poco inteligente.
Pero hay ciertamente más, desde que un 59% de los norteamericanos cree que todo lo sucedido durante la campaña electoral entre Donald Trump y Rusia debe ser investigado a fondo, para así poder llegar a conocer la verdad de lo acontecido en un tema particularmente espinoso.
Un sólido 43% de los norteamericanos entrevistados sostiene, además, que el fiscal actuante está haciendo un buen trabajo. Quizás precisamente por esto, el presidente Trump ha resistido, al menos hasta ahora, a la tentación y a las sugerencias de despedirlo.
Por su parte, los fiscales actuantes parecen estar hoy convencidos de que Donald Trump condujo y dirigió personalmente lo sucedido en el capítulo de sus contactos con los rusos, en lo que hoy luce como una arriesgada procura de construir una de sus enormes torres en Moscú, la capital de Rusia, a lo que se sumaría -según algunos- un aparente esfuerzo presidencial por tratar de obstruir la acción de la Justicia de su país en este tema.
La opinión pública norteamericana cree que la investigación en marcha debe proseguir y que en el pasado, directa o indirectamente, el presidente Trump de alguna manera pudo haber mentido sobre este delicado tema.
Una serie de nuevos remezones parece haber ahora inundado al entorno de Donald Trump, lo que transmite la sensación de un peligro no inminente, que está creciendo y que podría alimentar en sus opositores en su ansia por poner en marcha el proceso constitucional que puede conducir al presidente del país del norte hacia su eventual destitución.
En este tema, el pantano político que aparece en torno a Donald Trump no se ha secado.
Para nada. Por el contrario, cuando culmina el año crece la sensación de que parecería seguir expandiéndose, lentamente, lo que es lo contrario a proyectar tranquilidad.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

En campaña, son todos buenos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 11/10/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/10/11/en-campana-son-todos-buenos/

 

El actual presidente brasilero dejará el país algo mejorado gracias a unas pocas reformas, como en lo laboral: entre otras cosas, eliminó la obligatoriedad que tenían los trabajadores de pagar la contribución sindical, disminuyendo el poder abusivo de los sindicatos. Pero aún quedan regulaciones laborales -que impiden la plena ocupación, como el salario mínimo que prohíbe trabajar a quienes ganarían menos- y la desocupación subió de 6,2% en 2013 hasta 12,2% en 2018.

Además, puso un límite al aumento del gasto público que no debe superar a la inflación, logró que las tasas de interés que eran muy altas -hasta 17%- cayeran a 6,5% y ha controlado la inflación: 3,4% en 2017 y 3,7% en 2018. Pero, la recuperación sigue lenta. En 2017 el PIB subió 1,5%, y las exportaciones aumentaron 18%. Las previsiones son optimistas para 2018, con un crecimiento del PIB del 2,3% y una inflación de 3,5%.

Y ahora Jair Bolsonaro sería el próximo presidente si gana la segunda vuelta contra al candidato del PT de Lula, Fernando Haddad. Bolsonaro aprovechó la imagen de corrupto que tiene el PT. Corrupción que, por cierto, es grave no solo en Latino América. La periodista Viktoria Marinova apareció muerta en Bulgaria, días después de ventilar casos de corrupción con fondos de la Unión Europea y, en un solo año, también fueron asesinados los periodistas Daphne Caruana en Malta y Jan Kuciak en Eslovaquia, que investigaban corruptelas.

La política derechista Bolsonaro al punto que The Economist aseguró que será “desastroso” y Fernando Henrique Cardoso -ex presidente de Brasil, autor del boom que heredó Lula- dijo que no le agrada “Ninguno… pero Bolsonaro está excluido”. En lo económico, tiene un discurso alentador y la Bolsa reaccionó eufórica: “Mercado libre y menos impuestos es mi consigna” twitteo.

Lo que no es poco ya que los impuestos perjudican a todos, pero, sobre todo, a los más pobres ya que los ricos los pagan aumentando precios o bajando salarios. Planea, además, la privatización de empresas, la reducción de la burocracia y una fuerte desregulación de la economía.

En el exterior, algunas empresas están muy interesadas en quién sea el ganador, por caso, las 22 compañías españolas que cada año ganan unos US$ 27.000 M en Brasil, el doble de las exportaciones anuales argentinas hacia el país de la Samba. Pero para España, en su conjunto, es poco más que anecdótico.

La política brasilera no debería tener mucha influencia en los demás países, salvo en casos como Argentina que tiene una economía muy regulada, encorsetada, y así, no pudiendo moverse, no pudiendo ser creativa, cualquier variación en los flujos fijos como las exportaciones hacia Brasil, puede resultar negativa.

Dicen los rumores que el derechista ex militar potenciaría el desarrollo nuclear brasilero, y es uno de los líderes más críticos con Maduro, “el único candidato que dice abiertamente que seguirá una línea dura para acabar con el hambre en Venezuela es Jair”, proclamó su hijo Eduardo, el diputado federal más votado del país.

Por cierto, en campaña todos los candidatos son buenos y Bolsonaro intenta mostrarse como un hombre de centro. En tanto que Haddad hasta prometió bajar los impuestos, “para que quien sustente el Estado no sean los pobres”, y favorecer la creación de nuevos bancos para bajar más las tasas de interés.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

DE PARTE DE UN ESPECIALISTA EN DERROTAS: ANIMO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 17/6/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/06/de-parte-de-un-especialista-en-derrotas.html

 

Si no fuera porque Dios existe, hubiera sido cierto que nací en el lugar equivocado. Comencé a estudiar liberalismo clásico y Escuela Austríaca de Economía en 1973, cuando el país se encaminaba hacia el peronismo castrista más ortodoxo. Desde entonces tengo la sensación permanente de vivir en el abismo y en la certeza total de la contradicción entre mis valores y la cultura que me rodea. Luché siempre por la economía de mercado, por el Estado de Derecho en serio, por la eliminación de las aduanas, por la eliminación de todos los códigos excepto el penal, por la completa desregulación de todas las actividades humanas, por la completa libertad de enseñanza, por la libertad de planes y programas de estudio, por la seguridad social privada, por la salud privada, por las jubilaciones privadas, por la eliminación del matrimonio civil, por la privatización y des-monopolización en serio de todas las empresas, por el arancel cero, por la eliminación de todos los Welfare Sate y los Estados Providencia;  he reivindicado siempre las instituciones originarias delos EEUU, he defendido su Declaración de Independencia y sus Constitución originaria…

Entre los liberales soy un moderado porque defiendo a Hayek, casi todos los católicos me cuestionan por ser un liberal y para casi todos los liberales soy “demasiado” católico.

Mi ideal regulativo es un Estado de Derecho, con un ethos judeo-cristiano, la economía de mercado y las libertades individuales.

No lo vi nunca. No existió casi nunca, excepto tal vez en la primera etapa de los EEUU o en las primeras etapas de las democracias cristianas de la post-guerra.

En economía sigo a Mises, en filosofía a Santo Tomás y Husserl, en religión, a la Veritatis splendor.

En mi interior, estoy bien. Pero hacia el exterior, soy un perdedor. Sueño con un mundo que tal vez no exista nunca, sencillamente nunca. Tuve que aprender muy rápido el destino de mi gran Mises: ser un historiador de la declinación.

A pesar de eso, he escrito, escribo y seguiré escribiendo todo, absolutamente todo lo que pueda para defender todo ello. He dado y seguiré dando todas las charlas para defender todo ello, tengo mi blog, me mato en Facebook, me desprestigio en ambientes académicos muy solemnes. Y se vienen batallas muy duras en las cuales me jugaré el todo por el todo.

¿Por qué? Porque hay que hacerlo. Listo. Ad maiorem Dei gloriam. Y punto.

No sé si quedó claro: hay que hacerlo porque hay que hacerlo. Listo. Ad maiorem Dei gloriam. Y punto. No more explanations. Nada que ver con el resultado final, ni con el optimismo, ni con ninguna predicción, ni con el éxito ni con nada, excepto con el deber.

Algunos se han sentido el Miércoles pasado como si hubieran perdido la batalla de su vida. No, gente, acostúmbrense a una agenda más amplia y a perder todos los días, porque la única derrota en serio es dejar de ser uno mismo.

 

De un permanente derrotado a todos los muy desanimados:   ánimo gente, la historia humana es casi la historia de Caín. (https://eseade.wordpress.com/2017/10/27/la-historia-humana-es-casi-la-historia-de-cain/). Después del pecado original, no esperen mucho.  Cristo triunfó sobre el pecado y sobre la muerte, pero muriendo en la cruz, y su reino no es de este mundo.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Latinoamérica necesita empresarios, no lobistas

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 17/3/17 en: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article139230518.HTML

 

Eran los tiempos del presidente Menem en Argentina y la apertura, la desregulación y las privatizaciones parecían ameritar seminarios y “rondas de negocios” en el exterior, y colaboré con su organización hasta que, entre otras cosas, comprendí que eran inútiles.

Es que cuando la información vuela alrededor del globo, no tiene sentido que funcionarios viajen para “explicar” nada. Basta con crear las condiciones, y las inversiones solas volarán: bajar impuestos para que las personas tengan recursos para emprender con rentabilidad, y desregular liberando la creatividad y la capacidad de desarrollarlas… salvo que prefieran el lobby…

Según Jesús Huerta de Soto, “la función empresarial no exige medio alguno… es esencialmente creativa”. Es esa capacidad de crear en pos del mejoramiento social para lo que es necesario depender de los clientes –y no de los políticos– que deben inducir el camino de la eficiencia creadora.

Esta capacidad creativa supone el hallazgo de “conocimiento que se desconocía que podía existir”, dice Esteban Thomsen, como cuando un nuevo móvil supera al anterior mejorando la calidad de vida. Así “…prescindir de las típicas características de imaginación, atrevimiento y sorpresa equivale a eliminar enteramente la naturaleza humana”, remata Israel Kirzner, desmintiendo a los políticos que regulan poniéndole límites al atrevimiento.

Cuando el Estado interfiere al mercado con regulaciones que coartan la libertad creativa, destruye el rol empresario y da lugar a los lobistas, inmorales y faltos de ética desde que no responden a la naturaleza del mercado siendo que la moral es la adecuación al orden natural.

Durante aquellos seminarios daba vergüenza ajena el ver a los “empresarios” –lobistas– más importantes sentados durante horas, literalmente, en los lobbies esperando a los funcionarios que establecerían las regulaciones –monopolios, condiciones favorables, etc.– que los enriquecieran en detrimento del mercado.

Días atrás, como todos los años, fui invitado a la inauguración de Arco Madrid. Por una cuestión de ética y principios, quise evitar la coincidente “visita oficial” del presidente argentino. Pero fue inevitable encontrarlos en la inauguración, y allí estaban los más importantes “empresarios” –lobistas– argentinos…

Luego, encontré a ejecutivos españoles que participaron en la visita oficial que, entre otras cosas, me dijeron que hacer negocios con lobistas es tonto, sobre todo en países donde, por la inestabilidad, el funcionario interlocutor de hoy no es el de mañana. Y en general no invertirán en Argentina, al menos hasta las elecciones legislativas de octubre y hasta que aclare la economía, que no parece favorable a pesar de los pronósticos de los gurús.

Argentina –cuyo gobierno podría definirse ideológicamente como “peronista caviar”– crecerá en 2017 según estos gurús, cosa que dudo mientras que, irónicamente, la economía de la populista Bolivia tiene una mejor reputación internacional y se espera que crezca 4.6% en 2017. Ahora, es preocupante el que estos gurús suelen errar porque sus predicciones no tienen asidero racional, y son los mismos que suelen equivocarse y, sin embargo, siguen siendo escuchados. Así es como el país va a los tumbos.

En fin, Latinoamérica necesita elevar sus principios, su ética y su moral, y una dirigencia social, empresaria, académica, de medios, etc., más seria e ilustrada, mucho más.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Así redujo el capitalismo la pobreza en el mundo

Por Iván Carrino. Publicado el 7/7/16 en: http://www.ivancarrino.com/asi-redujo-el-capitalismo-la-pobreza-en-el-mundo/

 

A la hora de hablar de pobreza, muchos piensan que la solución radica en incrementar las ayudas y los subsidios estatales. Sin embargo, la verdadera base de la prosperidad es la libertad económica y el crecimiento.

Aunque nos cueste creerlo, vivimos en un mundo que está cada vez mejor. Sí, es cierto que Argentina está en recesión, que las tarifas subieron, que sigue habiendo violencia en el mundo y que los mercados internacionales se vieron sacudidos por el Brexit. Sin embargo, hay un dato que, a medida a que pasan los años, muestra una evolución positiva.

Se trata de la pobreza a nivel mundial. Según los últimos datos divulgados por el economista Max Roserla pobreza en el mundo se encuentra en los niveles más bajos de la historia. Además, la tendencia es declinante. En 1981, el 44% de la población mundial vivía con menos de USD 1,9 dólares por día. En 2015, ese número se desplomó y alcanzó el nivel mínimo de 10%.

Mirando los datos históricos, se ve que el camino de caída viene de largo. Según las estimaciones compiladas por Roser, en 1820 el 94,4% de la población vivía en situación de pobreza, mientras que el 83,9% del total lo hacía en la “pobreza extrema”. En 1992, estos números habían descendido con fuerza al 51% y al 24% respectivamente.

ivan.1

Semejante desplome en los niveles de pobreza en el mundo es un motivo para alegrarnos. Lamentablemente, en Argentina la tendencia fue a contramano. En los últimos 30 años, de los cuales 25 estuvimos gobernados por presidentes peronistas, el promedio de pobreza fue nada menos que 29,2%. Además, desde el año 2011 que la pobreza sube permanentemente en nuestro país.

A la luz de estos datos, es inevitable preguntarse qué pasó. Cómo es posible que, mientras la pobreza cae en el mundo, en Argentina no solo no se reduce, sino que la cantidad de personas en situación de vulnerabilidad es cada vez mayor.

La respuesta la tenemos que encontrar en el sistema institucional. A principios del siglo XIX, algo comenzó a cambiar en Gran Bretaña y luego fue expandiéndose al mundo entero. El gran cambio fue que el mundo pasó de estar dominado por las ideas mercantilistas  y comenzó a moverse hacia el sistema de la libertad económica.

En su libro de Historia de la Teoría Económica y de su Método, los historiadores Robert Ekelund y Robert Hebert destacan que, en el siglo XIX, muchas de las regulaciones de la era mercantilista se habían abandonado, al tiempo quedos fuertes restricciones a la actividad estatal comenzaban a operar. Por un lado, el establecimiento del patrón oro, que “vedaba al gobierno el acceso a la máquina de imprimir billetes y, por tanto, limitaba el volumen del gasto gubernamental para la guerra o programas sociales”.

Por el otro, el límite a la capacidad del gobierno de cobrar impuestos. En su rol de canciller del Reino Unido, William Gladstone “promovió una serie de políticas destinadas a lograr que el gobierno fuera abandonando, de un modo equilibrado, la intervención en el sector privado. Entre estas políticas estaba la derogación de las Leyes de Granos (realizada en 1846), lareducción de los impuestos sobre la renta y la prohibición de los impuestos sobre las ventas y el consumo”.

Las medidas tomadas fueron concretas: desregulación, menos impuestos y menos gasto público. Pero lo más relevante fue la idea que estuvo detrás: que es el individuo en libertad, y no el gobierno, es el que está en mejor posición para producir bienes y servicios y, intercambiándolos en el mercado, crear riqueza para el conjunto.

Es que pensémoslo de manera individual. ¿Quién producirá más riqueza: una persona a la que el gobierno solo le deja disfrutar del 50% de sus ganancias, o una que puede quedarse con el 100%? ¿Dónde se invertirá más: en un  país con regulaciones de todo tipo, o en uno donde haya libertad para innovar? La producción y el comercio generan crecimiento económico y enriquecen a todos los involucrados. Por este motivo, cuanto mayor sea la libertad económica, más prospero será un país y menor pobreza deberá sufrir.

El gobierno de Macri lleva solo seis meses en el poder y algunas de las medidas que tomó, como sincerar tarifas y dólar, han dejado al descubierto la pobreza que estaba oculta por el gobierno anterior.

A futuro, no sabemos a ciencia cierta qué hará. Sin embargo, una cosa es clara: en la medida que decida acercarse al liberalismo y lleve adelante políticas de libre mercado, mayor y más sostenible será el crecimiento económico y, por tanto, menos será la cantidad de personas que deberá sufrir el drama de la pobreza.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Lo barato sale caro

Por Iván Carrino. Publicado el 28/1/16 en: https://igdigital.com/2016/01/lo-barato-sale-caro/

 

La resolución que incrementa el precio de referencia para las tarifas eléctricas es una medida más en un marco de desregulación de los precios de la economía argentina. Los resultados serán positivos no solo para las empresas, sino también para los consumidores.

La semana pasada, alrededor de 13 mil personas de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano se quedaron sin luz. La noticia no llegó a la tapa de los diarios porque los cortes en el suministro eléctrico se han vuelto una constante en la Argentina de los últimos años.

Los motivos detrás de esta pésima performance a la hora de suministrar electricidad a los hogares y las empresas deben encontrarse en la Ley de Emergencia Económica sancionada en enero del año 2002.

Dicha ley pesificó las tarifas de los subsidios públicos y prohibió a las compañías proveedoras su indexación o actualización por cualquier índice de precios. Lo que se buscó en su momento fue, por un lado, reducir el impacto de la devaluación en el costo de vida de los argentinos y, por el otro, estimular la competitividad de la economía, proveyéndole energía barata a la industria.

Coincidiendo con el diagnóstico de que la energía barata era un pilar para el desarrollo, y a pesar de gritar a los cuatro vientos que Argentina atravesaba la etapa de crecimiento más vigorosa de su historia, el kirchnerismo prorrogó, año tras año, la Ley de Emergencia Económica, logrando así mantener las tarifas congeladas.

En paralelo con este congelamiento, el gobierno de los Kirchner generó una demoledora inflación de casi 900%, haciendo que los precios congelados, paradójicamente, se derritieran en términos reales. La rentabilidad de las empresas se desplomó, y con ella, la inversión y la capacidad de producción. Finalmente, los usuarios, a quienes se quería beneficiar en primer lugar, terminaron pagando los platos rotos, sufriendo cortes de energía de manera sistemática.

Como suele decirse, “lo barato sale caro” y las pérdidas que los cortes le ocasionan a empresas y comercios ya más que compensaron los supuestos beneficios de los bajos precios de la electricidad.

En este marco, es un bienvenido cambio la modificación de los cuadros tarifarios anunciados por el Ministerio de Energía y Minería, que elevaría los costos eléctricos entre 200% y 300% al menos hasta el 30 de abril de este año. Si bien estas subas no compensan del todo las pérdidas de las empresas proveedoras, es un movimiento en la buena dirección.

Ahora en respuesta a la decisión oficial, varios se apresurarán a exclamar que se trata de un “tarifazo” o, como ya se ha escuchado, de “una transferencia de riqueza hacia el poder económico” en detrimento del resto de la población.

En realidad, no se trata de nada de eso. Los controles a las tarifas eléctricas, así como cualquier otro control de precios que se imponga en un mercado dado, constituyen un liso y llano robo al que produce (hágase este mediante un decreto, un “acuerdo”, o medidas como las retenciones o cupos a las exportaciones o el control de cambios).

Imagínese que un día llega el gobierno y le dice que, a partir del día siguiente, su salario (un precio más de la economía) no será de $ 10.000 sino que se reducirá a $ 7.000 debido a la nueva política de “acuerdo de precios”. En dicho caso, a todos les quedaría claro que el gobierno está quitándole arbitrariamente un dinero que corresponde al asalariado. ¿Por qué esto debería ser diferente con los controles a los precios de la carne, del trigo o de la leche chocolatada en la góndola del supermercado?

Por otra parte, si la receta para beneficiar a la población fuera la fijación de precios, entonces Venezuela sería un paraíso económico, y no el país donde los medicamentos escasean un 80%, el PBI se contrae un 10% y los precios se duplican año a año a pesar de los controles y la guerra que el gobierno libra contra los empresarios.

El cambio en las tarifas eléctricas es una decisión que debe enmarcarse en un necesario y urgente proceso de normalización de los precios de la economía argentina. Mantener el statu quo, como quedó demostrado, no solo no habría ayudado a la competitividad o a bajar la inflación, sino que habría agravado la escasez de energía, de dólares y de todos los demás bienes y servicios que estuvieron sometidos al arbitrario control del gobierno anterior.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.