¿Coronavirus? ¿Y el hambre, causado por el Estado?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 3/2/20 en: https://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/1354813-469/coronavirus-y-el-hambre-causado-por-el-estado?fbclid=IwAR35a15qnxMpUHcmNlp1P3KR-Zl89Pz3Q4NQAaJ4q-a3Z_05ttl1lqtVfLc

 

Después de semanas con este nuevo virus, los muertos no llegan a mil. Es una gran pena y ojalá encuentren una solución rápidamente. Pero el hambre es la mayor pandemia global. Mueren unas 24,000 personas ¡cada día! por causas relacionadas con la falta de alimentos.
Por suerte, ha disminuido desde las 41,000 personas al día que morían hace
veinte años. Algo no cierra. La naturaleza es sabia y sobreabundante y, de hecho, permite que se produzca un 60% más de lo que la humanidad necesita para alimentarse. Insólitamente, en la producción de alimentos que no se comerán, a nivel global se utilizan 1,400 millones de hectáreas, y así se pierden anualmente 1,300 millones de toneladas métricas.
Ahora, ¿por qué no llegan a los desnutridos? Son varias las causas, pero las
definitorias son los obstáculos que ponen los Estados. Después de todo, son el monopolio de la violencia -su poder de policía- y la violencia siempre destruye.
Para empezar, los impuestos que cobran empobrecen ya que son derivados hacia abajo subiendo precios o bajando salarios. Otra de las malas políticas de los gobiernos es la interferencia en el sistema de precios -con subsidios, precios mínimos y máximos- que provoca que los alimentos se desvíen a otros usos, como los biocombustibles, cuando paliar el hambre es más urgente. A menudo se necesitan sencillos recursos para que la gente pobre pueda cultivar los alimentos necesarios y ser autosuficientes, pero hoy el alimento medio recorre en España, por caso, entre 2,500 y 4,000 km. ¿Por qué no se cultiva más cerca? Entre otras cosas, debido a regulaciones estatales sobre el uso de la tierra. Además, las legislaciones sobre “propiedad intelectual” deberían ser derogadas -para todos
los sectores y temas- porque son la mayor fuente moderna de monopolios. La propiedad debe quedar establecida exclusivamente por el mercado -el pueblo- y nunca por los Estados. Algunas leyes impiden que el agricultor siembre, intercambie o venda sus propias semillas porque, por caso, existen normativas dentro de los acuerdos de “libre comercio” (!?) sobre derechos de propiedad intelectual y comercio que establecen que la semilla para ser vendida, intercambiada o comercializada debe ser uniforme y estable y las semillas de los agricultores no han sido nunca uniformes ni estables. Y las patentes obligan, al agricultor que quiere cultivar esas variedades, a pagar royalties como ocurre en países africanos que han sido obligados a firmar estas leyes de propiedad intelectual dentro del marco de los tratados de “cooperación”.

Finalmente, un tercio de la producción mundial de alimentos se desperdicia y gran parte termina en la basura. Ahora, los políticos nos han hecho creer que la recolección y tratamiento de la basura es un “servicio público” que ellos, el Estado, debe proveer. Y llegan al colmo de cobrarnos cuando deberían pagarnos porque hasta la peor basura tiene valor. Si el servicio de recolección estuviera en manos del mercado, en manos privadas eficientes, se nos pagaría por nuestra basura y, muy probablemente, se distribuiría la comida desechada a precios mucho más bajos entre los más necesitados.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

El hombre pobre y miserable

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 9/12/13 en:

http://www.panamaamerica.com.pa/notas/1685204-el-hombre-pobre-y-miserable-#.UsBAz-LmVm0.

Siempre que se difunden fotos con niños desnutridos y muriendo de hambre o víctimas de otras atrocidades, algunos se preguntan cómo es que Dios lo permite. Pues el que lo permite es el “dios” que a personas subliminalmente les sirve para justificar cualquier abuso. No es creíble que Dios haya creado al hombre pobre y miserable, porque no sería lo suficientemente bueno o lo suficientemente omnipotente.

Uno de los primeros modos que tiene el ser humano, el gobierno, de crear pobreza es con el cobro coactivo de impuestos que, si bien son teóricamente pagados por todos, lo cierto es que terminan cayendo con más fuerza sobre los más humildes, ya que cuanto más alto es el nivel económico de una persona, mayor capacidad tiene para derramarlo hacia abajo.

La crisis griega, agravada a partir del aumento de impuestos, entre otras cosas, ha provocado, por ejemplo, que los suicidios crecieran 17% entre 2007 y 2009, 25% en 2010 y 40% en los primeros seis meses de 2011. Además, se duplicaron las tasas de homicidios y de robos, y la prostitución.

Otro caso interesante es Brasil, uno de los países más desiguales del mundo, precisamente por contener un “capitalismo salvaje” en el que, por ejemplo, con la excusa de crear riqueza para derramarla, el Estado disminuye el mercado -el poder adquisitivo de las personas, en este caso- con trabas aduaneras que les frenan la competencia a los empresarios amigos.

Según un reciente estudio de Wagner Kamakura, de la Rice University, y José Affonso Mazzon, de la Universidad de São Paulo, los pobres llegan al 15.5% de la población (29.6 millones de personas) y los ricos al 2.8%. Los primeros tendrían una renta de 854 reales ($427) y los segundos de 18,000 reales ($9,000), mientras que las clases medias son el 55.9%.

Entre los pobres de Brasil los más perjudicados son los jóvenes sin estudio ni preparación profesional, entre quienes el desempleo llega al 18%.

Brasil tendrá en la próxima década 33 millones de jóvenes de entre 14 y 24 años, que son el futuro del país, pero son hoy los menos preparados profesionalmente. De los más de 30 millones de jóvenes brasileños, son pobres más del 30%, y entre el 10% más pobre, el 77% ni estudia ni trabaja, mientras que -los favorecidos de siempre por el estatismo- entre el 10% más rico solo no trabajan el 6.9%.

De paso, vale recordar que hoy el mundo posee el mayor número de jóvenes de la historia: la mitad de los 7,000 millones de habitantes.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.