Los DOS costos del control de precios

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 17/4/19 en: https://puntodevistaeconomico.com/2019/04/17/los-dos-costos-del-control-de-precios/?fbclid=IwAR0d61A_Dzwtj9LDkhruWcOT5Mx1uGUfm2iNBC2m_PkidGg3P6OPg2qGpok

 

Las altas tasas de inflación de los últimos meses ha llevado al gobierno de Cambiemos a implementar un nuevo control de precios, especialmente en alimentos. Por supuesto, el gobierno no habla de control de precios, sino de acuerdo de precios. Sin embargo, lo que importa es si el precio se ubica o no en su valor de equilibrio, no si el precio es controlado por ley o acuerdo.

Las críticas no se han hecho esperar. Se entiende, el gobierno parece esperar que la medida tenga un resultado distinto al que siglos de historia y cualquier manual introductorio de economía enseñan. Sin embargo, tanto el gobierno como los críticos parecen enfocarse en unos de los dos costos que produce un control de precios.

El primer efecto no deseado de un precio máximo es el desabastecimiento (faltante o shortage del producto en cuestión). El gobierno sostiene que tiene un acuerdo de caballeros con el sector productivo para garantizar la oferta de bienes con sus precios controlados. Los críticos no pueden dejar de ver esto con cierta inocencia. Lo que no ha funcionado en siglos bajo el poder del estado, con Cambiemos alcanza que sea un “acuerdo de caballeros”. Una lectura política es que el gobierno se esta “lavando las manos” en caso de que se produzcan faltantes. La lógica es simple. Si el precio se encuentra por debajo de su valor de equilibrio (es barato), entonces (1) aumenta la cantidad demandada y (2) baja la cantidad ofrecida. Por lo tanto, se produce un faltante del bien en cuestión.

Este, sin embargo, es uno de los efectos producido por precios máximos. El otro efecto no deseado es cuál es el precio efectivo que se paga por este bien cuando se impone un valor máximo. El resultado es que el precio efectivo es superior al precio no regulado (es decir, sin control de precios).

El precio efectivo es el costo total de adquirir el bien. Es el precio controlado más otros costos asociados. Por ejemplo, tener que ir de supermercado en supermercado hasta encontrar una góndola donde aún haya productos disponibles. Pagar costos extra en “otros” servicios asociados a la compra del bien con el precio controlado. Por ejemplo, un mayor fee por envío a domicilio, un mayor fee al pagar con tarjeta, mayores precios en otros bienes que no tiene sus precio controlados, peor calidad en el producto, etc.

La paradoja es que al final de cuentas un precio máximo termina produciendo un costo mayor vía otros costos asociados. Lo que parece barato es, en realidad, caro. El productor que debe fijar el precio de uno de sus bienes, lo debe compensar subiendo el precio de otros bienes cuyos precios son libres.

El desabastecimiento es el “costo horizontal” en un gráfico de demanda y oferta. Este es el problema que más se discute. El search cost es el “costo vertical” en un gráfico de demanda y oferta. Este problema no recibe tanta atención (que sea más difícil de medir y observar no lo hace menos real ni relevante). El precio máximo (pC) se ubica por debajo del precio libre (p*), pero en estas condiciones el costo total de adquirir el bien es el precio efectivo (pE), que se ubica por encima de p*.

El gobierno haría bien en recordad los “costos verticales” que causan los precios máximos y no dejar que la motivación política de “hacer algo” le gane a la racionalidad económica

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Ley de Abastecimiento: un proyecto subjetivo y soberbio.

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 17/9/13 en: http://opinion.infobae.com/gustavo-lazzari/2014/09/16/ley-de-abastecimiento-un-proyecto-subjetivo-y-soberbio/

 

El proyecto de ley de abastecimiento llamado “Nueva Regulación de las relaciones de producción y consumo” es una muestra más de la petulancia de los gobernantes. 

Según el proyecto el Poder Ejecutivo, a través de la Secretaría de Comercio, podrá:

Regir la  compraventa, permuta, locación de cosas muebles, obras, y servicios  – materias primas directas o indirectas y sus insumos – que se destinen a la producción, construcción, procesamiento, comercialización, sanidad, alimentación, vestimenta, higiene, vivienda, deporte, cultura, transporte y logística, esparcimiento así como otro bien o servicio que satisfaga necesidades  básicas orientadas al bienestar de la población. (art 1)

Podrá a su vez, establecer márgenes de utilidad, precios de referencia, niveles máximos y mínimos de precios. 

Dictar normas que rijan la comercialización, intermediación, distribución y/o producción. Disponer la continuidad en la producción, industrialización, comercialización, transporte, distribución o prestación de servicios como así en la fabricación de determinados productos, dentro de “niveles o cuotas mínimas”.  Acordar subsidios, Requerir toda documentación, Exigir presentación de libros, documentos, papeles, y todo elemento relativo a la administración, realizar pericias, Proceder al secuestro de información y documentación, Crear registros y libros especiales, establecer licencias comerciales  (Art2)

Además, el proyecto autoriza a los gobernadores a fijar precios máximos en sus jurisdicciones. Si fuera mayor al precio nacional deben pedir permiso a la secretaría de comercio. (art 3)

Todo con la intención de castigar acciones privadas tales como (Art 4): Elevar artificialmente los precios no acorde a costos y obtener ganancias abusivas, revaluar existencias, (salvo autorización), acaparar materias primas o productos. Formaren existencias superiores a las necesarias, Intermediar o permitir intermediar innecesariamente, destruir mercaderías o bienes, Negar o restringir injustificadamente la venta de bienes o la prestación de servicios. O que no la incrementaren habiendo sido intimados por la autoridad de aplicación a ello. , Desviar o discontinuar el abastecimiento normal y habitual de una zona a otra sin causa justificada, No tuvieren para su venta o discontinuasen la producción de bienes o servicios con precios máximos y mínimos, márgenes de utilidad fijados.

Esta ley stalinista parte de errores conceptuales básicos, impropios de una persona que al menos respete la más elemental operatoria comercial.  Con haber atendido un mostrador de un quiosco durante unos meses alcanza para comprender que el articulado es delirante, irreal y altamente peligroso. 

Los errores conceptuales básicos son los siguientes.

  1. El proyecto considera que la información del mercado se puede captar, agrupar, decodificar y comprender.
  2. Supone además que el Estado puede hacer esa tarea.
  3. Supone además que el Estado, una vez con toda esa información, puede lograr los cálculos económicos pertintentes para saber cuánto producir, cómo, cual es el costo, cuales los precios de venta.
  4. Supone que pudiendo hacer todo eso, el Estado es inmaculado, e incorruptible
  5. Supone en definitiva que con una planilla Excell y un fusil se puede reemplazar al mecanismo de precios del mercado.

La realidad es que la información de los proceso de mercado no se puede agrupar, ni concentrar toda junta. El mercado es ante todo un proceso de descubrimiento. Todos los agentes, empresas, trabajadores, profesionales, etc tienen “un poco de información”.

Es impensable e inviable que un secretario de comercio pueda obtener todos esos pedacitos de información.

Por ello es impensable la planificación. No hay planificación sin multas ni machetes policiales. Las experiencias fracasadas de controlar los precios por parte del nazismo, el comunismo y los gobiernos militares así lo indican.

Los precios son incontrolables en el sentido de que no dependen de una “junta de planificación” o “secretaría iluminada”.  No es fácticamente posible conocer todos los costos y todos los precios. El proyecto complementario a la Ley de Abastecimiento que crea el “Observatorio” es otro disparate.

Lo que es controlable es la inflación pero por una vía distinta la política monetaria sana y racional.

Pretender establecer lo que dice el articulado sobre controlar utilidades, precios, suministros y cantidades no supone solo que el Ejecutivo está jugando al empresario sino que está jugando a ser todos los empresarios a la vez.

El proyecto presupone que los funcionarios pueden hacer mejor las cosas que el empresario. Si así fuera los invito a ser empresarios con su propio dinero y no mediante empresas públicas con todos los privilegios estatales.

De hecho, si el funcionario puede fijar precios, cantidades, márgenes, líneas de producción equivale a manejar directamente la empresa.  Sin embargo no es imaginable ver al mismo funcionario respetando esos parámetros oficiales pagando los mismos sueldos, los mismos costos, los mismos impuestos que las empresas.

El articulado implica una elevada subjetividad por parte de la autoridad de aplicación. En ningún párrafo se aclara qué significa “elevado margen de utilidad”, ni “nivel de existencias elevado”, ni “grado de intermediación deseable”.  Ante tal ambigüedad el poder arbitrario se magnifica. Tal poder arbitrario deriva necesariamente en la corrupción. La ley de abastecimiento generará más corrupción.

El mejor mecanismo para eliminar la inflación es la competencia en un contexto de estabilidad macroeconómica, política monetaria sana y apertura económica.

Un funcionario controlando precios no es otra cosa que un petulante al borde de la corrupción intentando una quimera. Todo a costa del bienestar de los argentinos.

El proyecto de ley de abastecimiento generará

  • Menores inversiones y por tanto menor nivel de empleo
  • Creciente desabastecimiento
  • Elevados niveles de evasión y corrupción administrativa
  • Cierre de empresas y menor incentivo a la inversión externa en Argentina.
  • Lejos de favorecer a los consumidores esta ley los convertirá en mendigantes frente a góndolas vacías.

 

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.

La medicina venezolana en terapia intensiva: fuga de talentos y escasez permanente.

Por Belén Marty: Publicado el 29/8/14 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2014/08/29/la-medicina-venezolana-en-terapia-intensiva-fuga-de-talentos-y-escasez-permanente/

 

A Gustavo Villasmil tuve la dicha de conocerlo en un seminario que ambos cursamos en Alemania hace un año. Multifacético, es médico cirujano, militante por las causas de la libertad y secretario de Salud del Estado de Miranda en Venezuela, el distrito que conduce el opositor Henrique Capriles Radonsky.

Gustavo Villasmil, médico cirujano de Venezolano.

Recuerdo de entonces a un hombre muy observador de mirada profunda, y algo nostálgica, quizás de su pasado como estudiante de la Universidad Central de Venezuela (UCV), una de las universidades más prestigiosas. Su personalidad contenía una mezcla de picardía, humor caribeño y una pizca de curiosidad que la llenaba con preguntas sobre Argentina, mi país.

De manera razonable, presumo, consideré que era mi tiempo de conversar con él sobre la frágil situación del sistema de salud venezolano, dado que GV, como le gusta firmar todos sus correos, ha trabajando previamente en las trincheras de la salud pública: Fue el jefe del Servicio de Urgencias del Hospital Vargas de Caracas desde 1999 hasta octubre de 2004.

El mundo ha reportado sobre harto desabastecimiento que afecta a Venezuela, desde productos de higiene como el papel higiénico, hasta pasta dental o ingredientes tan básicos como el aceite, la harina, la leche o el pollo.

Con las medicinas sucede igual. Asegura que lo que está pasando en el país  “no pasa ni siquiera en África”.

“En Caracas, es más probable que un vendedor de calle a las puertas de un hospital expenda, por ejemplo, la Vancomicina (un tipo de antibióticos), que no se encuentra en establecimientos de farmacia ni en droguerías. Ahora mismo faltan medicamentos elementales (antihipertensivos, etc)”.

Según él, la clave para muchos pacientes es esperar a que algún pariente que viva en el extranjero les envíe una dotación del medicamento que necesitan a través de algún pasajero o tripulación de cabina. “Así estamos…”, lamenta.

“La escasez de medicinas es una de las expresiones más claras del ‘Estado fallido’ en que nos hemos convertido en materia sanitaria”, dice. Se encuentra a más de 4.600 kilómetros de distancia, pero puedo imaginármelo mirando hacia arriba y levantando los hombros en clara señal de indiferencia.

“El Estado debe darnos garantías mínimas de seguridad y orden. La provisión de un marco regulatorio en lo que concierne al medicamento es una función estatal indeclinable. Nos inundan de productos cubanos, chinos o pakistaníes que apenas exhiben una etiqueta, sin licencia ni registro sanitario”, precisa.

Villasmil se lamenta en plena desesperación: “No hay modo de importar suministros críticos —catéteres y stents para enfermedades coronarias, drogas para el tratamiento del cáncer, entre otras cosas—, porque no es posible pagar por ellos en el mercado internacional”.

Parte de lo que me pregunto sobre su quehacer médico, es si ha mermado la posibilidad de que los profesionales de la salud se mantengan actualizados en sus respectivas áreas, y puedan viajar al exterior con frecuencia. Villasmil confirma que actualmente es casi imposible viajar desde o hacia Venezuela, para asistir a congresos, cursos, o eventos académicos. “Todo eso solía ser parte de nuestra rutina”.

Le atribuye al control cambiario las causas de esa imposibilidad. “No somos dueños de nuestro dinero —que cada vez vale menos— ni podemos hacer lo que nos plazca con él, sea asistir a un congreso médico o algo tan simple como comprar un libro que nos interese por Amazon”.

“Segundo, estamos aislados. Las líneas aéreas internacionales han reducido su oferta de asientos desde Caracas en más de un 70%. La razón: no pueden repatriar sus ganancias. Si yo pago un billete en bolívares a una línea aérea europea, ésta no puede obtener el equivalente de ese importe en euros, como sería lo normal.

Esto ocurre porque el Estado venezolano no puede respaldar en divisas los bolívares que tiene en circulación, que en un 70% no es sino dinero inorgánico. De modo que ni Alitalia, Air Europa, Lufthansa, Air Canada, American Airlines, Avianca, etcétera…todos dejaron de volar a Caracas ¡Ni Aerolíneas Argentinas quiere venir!”, menciona con sorpresa.

En el fondo, está la política

La realidad venezolana parece letra de algún tango, solía decirme.

“La situación ha empeorado con el ascenso de Maduro al poder. La razón: Chávez desmanteló la economía en diciembre de 2012 en un esfuerzo para ganarle a Capriles. No menos de US$12 mil millones se ‘quemaron’ en la pira electoral de las elecciones de ese año y de 2013.

De manera que Maduro heredó una economía exhausta, fundidas las reservas internacionales, sin crédito externo y con un ‘default’ a la vista. El chavismo logró la hazaña de quebrar una economía que en 15 años ingresó US$1 millón de millones por concepto de factura petrolera. ¡Ni un genio lo habría hecho mejor!”

Una de las cosas que me pregunto es cuánto del personal médico abandonó, y se calcula que abandone, a Venezuela. Me asegura que no menos de 10.000 médicos, e igual número de enfermeras de alta especialización que se han marchado a muchos países.

“Siendo jóvenes, muy bien entrenados y dominando idiomas, las oportunidades que brinda el mercado global les llueven. Este año, el 60% de una clase de graduados en Medicina, sólo en la Universidad Central de Venezuela, se estará marchando del país”.

Precisamente, lo que más le preocupa es la descapitalización que en términos humanos está sufriendo su país, como ya le sucedió a Argentina y a Cuba.

“Perón destruyó a la universidad argentina, que en su día llegó a producir un premio Nobel en Medicina, el gran Bernardo Houssay. Los Castro destruyeron a la universidad cubana, en cuya principal facultad médica —la de la Universidad de La Habana— se formó Agustín Castellanos, uno de los más grandes cardiólogos de todos los tiempos. Si vas a un hospital del sur de la Florida, verás sus directorios profesionales llenos de nombres hispanos, cubanos para más señas, expresión del valioso capital humano que abandonó la isla para aquerenciarse en un medio que le supo recibir y apreciar”.

A propósito de la mención, decidí ahondar en su opinión sobre los polémicos médicos cubanos que trabajan Venezuela, y sobre su presunta excelencia académica, parte insoslayable del gran mito cubano, que para él, se derrumba con un soplo.

“He tenido muy malas experiencias con los médicos cubanos que ejercen aquí. Están muy mal entrenados, no manejan el estado del arte en la materia médica y tienen dificultades mayores en el empleo de ciertas tecnologías que nunca antes vieron.

Hace años solía enfurecerme con ellos, pero he llegado a entender que son rehenes del régimen que los trajo hasta aquí. Es un drama humano complejo…

En absoluto me tomo en serio las ofertas de intervenciones y tratamientos ‘milagrosos’ que suelen hacer los propagandistas cubanos. Nadie en la comunidad médica mundial les toma en serio, y con razón. Estafas como el famoso PPG —un supuesto hipocolesteromiante—, o la del tratamiento del vitiligo, son sólo dos de las numerosas engañifas médicas que los cubanos han vendido aquí”, relata sobre su experiencia.

A la luz de la tragedia de muchos enfermos que necesitan tratamientos inexistentes en el país, le pregunté si la situación dista mucho de la realidad de militares y altos burócratas, que gozan de la cobertura en las clínicas privadas.

En esta sintonía, dice Villasmil: “Si un ciudadano ‘de a pie’ quisiera disponer de una cobertura similar, simplemente no podría pagarla. Se cumple así lo que bien dijo el gran George Orwell: todos somos iguales, solo que unos somos más iguales que otros”.

Antes de despedirnos y prometernos respectivas visitas, suspira: “¿Qué otra cosa se puede esperar de un régimen forajido?”

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

El modelo económico K: A recursar economía I:

Por Aldo Abram. Publicado el 30/12/13 en:  http://www.libertadyprogresonline.org/2013/12/30/el-modelo-economico-k-a-recursar-economia-i/

Cuando los economistas empezamos la facultad, lo primero que vemos en Economía I es la teoría de la oferta y la demanda, que aprendemos a graficar. Todos estudiamos que en un mercado cualquiera, el precio de un bien o servicio se fija donde se igualan la oferta y la demanda. Esto determina un precio (P0) y una cantidad (Q0) en la que todo lo que se produce se compra.

En nuestra historia (y durante este gobierno también) se han fijado precios máximos y, en Economía I, lo que uno aprende es que a ese valor menor que el que fijaría el mercado, los productores querrán ofrecer menos (Q1) y los consumidores querrán adquirir más (Q2), ya que el precio es más barato. Por supuesto, eso genera una brecha que la gente conoce como desabastecimiento. Es decir, góndolas vacías o el famoso “sólo se puede llevar uno por persona”. Nada nuevo en la larga experiencia que tenemos los argentinos con las nefastas y persistentes políticas populistas.

Un caso emblemático de esto es el actual cepo cambiario. Durante 2011, el gobierno incrementó el gasto primario (32%) muy por encima de lo que permitían sus ingresos. Por lo tanto y ante la inminencia de las elecciones, exprimió al Banco Central (BCRA) que, para poder transferirle lo que le demandaba, empezó a cobrar un mayor impuesto inflacionario a los argentinos. Esto significaba depreciar fuerte la moneda local; lo cual impulsaba al alza la demanda de dólares y, por ende, su precio. Como el gobierno no quería mostrar una fuerte devaluación, con su costo en el alza de la canasta básica que consumen los sectores de menores ingresos, el BCRA contuvo su alza. Es decir, puso un precio máximo.

Como vimos antes, esto generó una menor oferta de divisas (Q1) y alentó aún más la demanda (Q2). Para que no terminara en desabastecimiento, el BCRA tuvo que proveer de sus reservas la moneda extranjera faltante (la diferencia entre Q1 y Q2) y perdió US$ 6.022 millones durante 2011. Pasadas las elecciones, en vez de contener el aumento del gasto y dejar de expoliar al BCRA, el gobierno decidió cambiar su Carta Orgánica para diluir las pocas restricciones que todavía quedaban para que pudiera seguirle financiando sus excesos de erogaciones. Por lo tanto, o el BCRA continuaba perdiendo reservas o forzaba una baja de la demanda (a D2), cosa que hizo instalando el cepo y sacando del mercado cambiario oficial a los particulares y parte de los requerimientos de las empresas. Por lo tanto, al principio, dejaron de perder reservas e, incluso, hasta compraron dólares.

grafico

El problema es que siguieron emitiendo a más no poder y depreciando el peso. En la medida que el tipo de cambio oficial no reconocía esa pérdida de valor, volvió a transformarse en un precio máximo, por debajo del que equilibraba el mercado oficial, y el BCRA tuvo que volver a abastecer el faltante de oferta. Conclusión, en la actualidad no tenemos escasez de dólares, sino un desabastecimiento que cubre con su stock el BCRA. El problema es que éste se acaba y sobrevienen las crisis. Por eso, es que han aumentado el ritmo de la devaluación o, lo que es lo mismo que incrementar el precio máximo, para reducir la brecha a cubrir; aunque resulta insuficiente y, con esa sola decisión, no basta.

Otro caso emblemático de este gobierno es lo que sucede con la energía. Se fijaron precios máximos al petróleo y el gas, lo cual incrementó fuerte la demanda y redujo la oferta. Al principio, para evitar el desabastecimiento se restringió la exportación y se les pusieron elevadas retenciones. Así se volcó al mercado interno, parcial o totalmente, lo que antes se vendía al exterior. El problema es que a esos precios, no era conveniente invertir (léase: buscar nuevas reservas) y es así como nos fuimos comiendo el stock de hidrocarburos disponible. Acá estamos y las soluciones van en el mismo sentido. Podemos identificar a otra tanda de funcionarios economistas que serían bochados en Economía I.

En el negocio de la generación y la electricidad pasó algo similar. Al principio, el precio máximo del congelamiento de las tarifas se hizo a costa de las ganancias o pérdidas de las empresas. Cuando esto fue imposible de sostener, el gobierno empezó a hacer transferencias para cubrir ese subsidio al consumidor. Así garantizó que no hubiera desabastecimiento haciendo que los contribuyentes pagaran la diferencia. Sin embargo, nadie invierte si se rompen los contratos y nunca más se vuelven a fijar condiciones estables de operación o si sus ingresos dependen mayormente de la firma y la arbitraria voluntad del funcionario de turno. Así es como hoy nos encontramos con que la electricidad no alcanza cuando hay un par de días de calor intenso o el sistema de distribución, ya amortizado y excedido en su capacidad, falla dejando a los argentinos en la oscuridad y, en muchos casos, sin agua en el “infierno”.

Todos saben que para normalizar el servicio son necesarios miles de millones de dólares que el gobierno no tiene y que, por ende, sólo pueden poner las empresas que no lo han hecho porque las reglas de juego que les fija el gobierno son absurdas. ¿Cuál fue la solución oficial? Citarlas y amenazarlas con estatizarlas si no normalizan el servicio. ¿Qué haría Ud. ante la amenaza de que le quiten su compañía? Se lo digo, si pensaba invertir un dólar o gastar algo más en mantenimiento, no lo hará y todos los argentinos estaremos peor.

Como vemos, se pueden seguir sumando funcionarios que pasaron por Economía I y cabe preguntarse cómo hicieron aprobar la materia. Quizás algunos, luego de ver en materias posteriores, complicadas ecuaciones, se olvidaron de la simplicidad de la oferta y la demanda. Pero lo peor es que para anticipar lo que sucedió, ni siquiera era necesario haber estudiado economía, sólo tener sentido común que, como vemos, por lo menos en mi profesión, no es el más común de los sentidos.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

El dilema cambiario del gobierno: precio o cantidad

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 8/12/13 en: http://economiaparatodos.net/el-dilema-cambiario-del-gobierno-precio-o-cantidad/

 

Los economistas solemos decir que sobran pesos y faltan dólares, lo cual es cierto, pero incompleto para explicar el problema 

Basta con seguir diariamente la evolución de las reservas del BCRA para ver que la sangría se acelera. El cambio de gabinete solo trajo unos pocos días de menor crispación, pero lejos estuvo de generar la confianza que necesita el país para recuperar la economía. Ni el anuncio, que por ahora no pasó de ser un simple anuncio, del acuerdo con Repsol detuvo la caída de las reseras ni las expectativas de los agentes económicos.

Habiendo aceptado que la caída del tipo de cambio real está destruyendo la economía y desangrando al BCRA a pesar del CEPO y demás restricciones cambiarias, el gobierno aceleró la tasa de devaluación, el problema es que todavía está muy lejos del precio de equilibrio. Es más, con esta tasa de inflación, el precio de equilibrio, aunque se alcanzara alguna vez, se movería todo el tiempo hacia arriba.

En rigor los economistas solemos decir que sobran pesos y faltan dólares, lo cual es cierto, pero incompleto para explicar el problema. ¿Faltan realmente dólares o es un problema de precio? Desde mi punto de vista el problema es que a este tipo de cambio faltan dólares, si el tipo de cambio flotara libremente no faltarían dólares porque el mercado siempre ajusta por precio o por cantidad. Si el mercado fuera libre ajustaría por precio y no por cantidad con lo cual no faltarían dólares, aunque sí sobrarían pesos si continuara el déficit fiscal.

La realidad es que al tipo de cambio de $ 6,25 la oferta no está dispuesta a vender y la demanda aumenta. Es la historia de los controles de precios. Cuando el Estado pone un precio máximo artificialmente alto para algún producto, aumenta la demanda y se contrae la oferta y lo tradicional es que aparezca el mercado negro que se encarga de abastecer la demanda insatisfecha pero a un precio mayor al artificialmente bajo fijado por el gobierno.

Otra de las características de los precios máximos que se estudia en introducción a la economía es que los precios máximos generan desabastecimiento a precio artificialmente bajo y los gobiernos suelen racionar la oferta del bien o los bienes en cuestión. En definitiva, lo que está pasando con el mercado de cambios con el precio máximo que le pusieron al tipo de cambio, es de manual de economía. Se contrae la oferta, aumenta la demanda, el gobierno raciona la entrega de dólares (cepo) y aparece el mercado negro.

En este lío que han armado con el tipo de cambio, desde mi punto de vista el gobierno ha tomado la peor decisión: acelerar la tasa de devaluación en dosis diarias. ¿Por qué? Porque los que tienen que importar anticipan las importaciones para no tener que pagar más caro el dólar en el futuro. Y los que tienen que vender dólares, los exportadores, postergan la venta a la espera de un tipo de cambio más alto, con lo cual la brecha entre cantidad ofrecida y demandada se agranda y el Central tiene que salir a abastecer el mercado perdiendo más reservas.

Con estas devaluaciones diarias crean la expectativa  de que el dólar seguirá subiendo, enviándole al mercado la señal de postergar venta de divisas al tipo de cambio oficial y adelantar la compra de divisas al valor oficial.

Si a esto le agregamos que el déficit fiscal genera una alta tasa de expansión monetaria que aumenta la tasa de inflación, el tipo de cambio esperado no tendrá techo, porque la gente descontará la suba inflación futura y se la aplicará al tipo de cambio nominal.

¿Qué pasaría si hoy, bajo estas condiciones macroeconómicas e institucionales, el gobierno dejara flotar libremente el tipo de cambio y eliminara el cepo? Seguramente habría un overshooting del tipo de cambio como ocurrió en el 2002. Sin duda tiene su costo político, económico y social.

Si, por el contario, no elimina el cepo y sigue con estas devaluaciones diarias, seguirá la sangría y, al ritmo que viene perdiendo reservas, tal vez aguantaría menos de un año hasta informar que ya no quedan reservas en el Central. En ese caso habría que ir a buscar el tipo de cambio a otra galaxia.

El gobierno, puede intentar buscar un puente para seguir aguantando con esta estrategia mediante el crédito externo, abandonando el relato del desendeudamiento. Tomar deuda para sostener el tipo de cambio, lo mismo que se hizo infinidad de veces en el pasado, y terminar sin reservas pero con la deuda contraída. Si fuera asesor de CFK no se lo recomendaría, salvo que piense dejar el gobierno antes y obsequiarle a su seguidor un de lío económico mayor al actual.

Una tercera opción sería bajar el gasto, para dejar de emitir, reducir notablemente la inflación y liberar el tipo de cambio. Claro que hecho esto en un contexto institucional de falta de confianza tampoco resuelve el problema. Nadie entraría divisas para ser esquilmado impositivamente y sometido a todo tipo de controles y regulaciones por parte del Estado.

Me parece que, dada su larga trayectoria de estatizaciones, regulaciones, confiscaciones y ausencia de seguridad jurídica, el cristinismo no tiene forma de evitar una crisis cambiaria, porque en el fondo el problema no es solamente económico sino de falta de confianza de los agentes económicos en un gobierno que ha demostrado en infinidad de  oportunidades redoblar la apuesta por el lado de los controles y las regulaciones. Si como toda solución al problema cambiaria tenemos a un gobierno que tiene que estar mendigando que los exportadores le traigan por anticipado U$S 2.000 millones, quiere decir que el problema no es transitorio, sino estructural, en lo económico y en la confianza que genera. Especialmente el segundo punto.

¿Entonces? Me parece que el gobierno difícilmente pueda resolver el problema cambiario y pérdida de reservas (podrá intentar pedir préstamos en el exterior pero para seguir perdiendo reservas) porque el modelo populista está agotado y el cristinismo carece de la confianza de los agentes económicos.

Intentar solucionar el problema cambiario ignorando la deteriorada calidad institucional es una utopía. Los dislates de Moreno, Kicillof, Marcó del Pont y la misma presidente tienen su costo que hoy aparece con toda la fuerza.

A esta altura del partido, en Olivos deberían pensar seriamente si están dispuestos a pagar el costo de tantos destrozos económicos o prefieren pasarle la cuenta a otro lo antes posible.

 

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

¿Habrá “otoño” antes del “invierno”?

Por Aldo Abram. Publicado el 14/4/13 en http://www.lanacion.com.ar/1572314-habra-otono-antes-del-invierno

 El “veranito” económico nunca llegó y, ahora, nos queda esperar un tibio “otoño”, antes del “invierno”. ¿Qué pasó? Las expectativas estaban puestas en que las exportaciones industriales serían arrastradas por un mayor dinamismo de Brasil. Si bien no está a la altura de algunas estimaciones infundadas, por ejemplo, el sector automotriz local logró mejorar su performance gracias a sus ventas con ese destino. Sin embargo, el conjunto de las exportaciones no repunta y el Gobierno empieza a rezar para que la cosecha de soja sea buena y se venda bien. De ello depende una “transfusión de riqueza” para impulsar una debilitada demanda interna.

Aunque crezca más Brasil no nos comprará a cualquier precio. Por lo tanto, nuestros productores tendrán que competir por esa demanda externa “remando” en contra del elevado proteccionismo y del cepo cambiario. El primero los obliga a producir bienes más caros y con peor calidad, al verse imposibilitados de elegir entre todos los proveedores de insumos del mundo y obligados a comprar lo que consigan en el mercado local.

En tanto, el Banco Central deprecia el peso para cobrar un creciente impuesto inflacionario y transferírselo al Gobierno para financiar sus excesos de gasto; pero, con el cepo, no reconoce plenamente la devaluación de la moneda local en el tipo de cambio oficial. Actualmente, el Gobierno les paga a quiénes producen bienes exportables alrededor de 65% del valor real de sus dólares y esta diferencia se ampliará a medida que pase el tiempo. El problema es que la inflación sí se refleja en los costos de los productores que pierden competitividad.

Por ello, las economías regionales y aquellas industrias que son relativamente menos eficientes han empezado a tener dificultades para poder producir a precios atractivos para los compradores extranjeros; lo que tenderá a agravarse. Incluso, afectará a sectores como el agropecuario, que, cuando vea el pobre beneficio que le dejó la actual cosecha y que en el futuro será peor, bajará su inversión en la próxima siembra y, por ende, obtendrá un menor rendimiento. Muchos de los que utilizan áreas marginales directamente dejarán de producir. Por lo tanto, es previsible que las exportaciones del año entrante tengan una pobre evolución, con tendencia a empeorar en el tiempo.

El congelamiento de precios planteará dificultades similares. El costo salarial de los insumos importados y de los locales seguirá subiendo, de la mano del impuesto inflacionario y del alza del dólar oficial. Si no pueden subir sus precios, los empresarios tendrán menor incentivo para producir, a menos que alguien piense que lo seguirán haciendo aunque no ganen plata e, incluso, a pérdida. Consecuentemente, es previsible que haya desabastecimiento y, seguramente, en los negocios minoristas más pequeños se conseguirán los productos faltantes a lo que efectivamente valen. Nada nuevo bajo el sol argentino; pero es bueno tener claro que, a más duración del congelamiento, menor producción.

El cepo, también, tuvo un duro impacto negativo sobre el sector inmobiliario y la construcción. Es posible que el primero se acomode un poco y, con menores precios, haya alguna leve mejora de la operatoria. En el caso del segundo, dependerá de la necesidad de algunos de proteger sus ahorros en blanco, que no puedan transformar en dólares. El sector público nacional aumentará algo su inversión, exprimiendo al Banco Central. Sin embargo, la mayoría de los municipios y gobernaciones, que las recortaron para superar el ahogamiento financiero al que llegaron por el exceso de gasto electoral de 2011, no han logrado recomponerse. Por lo tanto, tendrán pocas posibilidades de hacer obras si el Estado nacional no les transfiere plata.

Las empresas privadas invertirán sólo lo que les demanden sus necesidades operativas, a menos que estén en un nicho extremadamente rentable. Los que dependan del capital externo es lógico que sean reacios a vender divisas a un 65% de su valor real, cuando no saben si les permitirán recuperar sus ganancias. La seguridad jurídica en la Argentina está continuamente jaqueada por la arbitrariedad de políticas populistas y, como van las cosas, por una justicia que verá diluirse su independencia y será poco confiable a la hora de defender los derechos ante avasallamientos del poder de turno.

Con suerte, tendremos algún mayor dinamismo en el segundo trimestre; pero se empezará a diluir durante el tercero. Un creciente estrés político electoral y la profundización del modelo harán su aporte para incentivar un menor consumo e inversión y mayor fuga de capitales. Luego, es poco probable que la situación deje de desmejorar; aun cuando se intente algún desdoblamiento cambiario. Sí puede traer algún alivio inicial, pero no resuelve los problemas de fondo del cepo. Lamentablemente, este modelo marcha hacia una recesión y, muy probablemente, hacia una crisis cambiaria, como todos los que tuvieron algún tipo de control de cambios en la repetitiva historia económica argentina.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

 

El Gobierno manda, los productores definen:

Por Aldo Abram: Publicado el 23/4/12 en: http://www.latecla.info/2/nota_52377.htm

El director de la Fundación Libertad y Progreso, Aldo Abram, explicó a La Tecla el por qué del desabastecimiento de algunos productos de la canasta básica. El economista alegó que “si el precio que se le está fijando al productor no le conviene, no lo va a vender”.

 ¿Cómo se entiende el faltante de productos de primera necesidad?

-El faltante de productos como el aceite, la yerba y el azúcar, por ejemplo, son todos precios que Moreno tiene controlados. La explicación es sencilla: si el precio que el Gobierno le está fijando, al productor no le conviene, no te lo va a vender. En definitiva, van a terminar vendiendo en otros mercados, exportando. Acá, lo que está en cuestión es quién se hace cargo del aumento de los costos de comercialización, y está en claro que los supermercados no van a vender a pérdida.

 Algunos dicen que es temporario…

-Hace tiempo que están faltando productos, o que te dicen ´podés llevar uno o dos por persona o grupo familiar´. Lo que pasa es que esto se va agravando, porque hoy estamos peor que ayer, y así sucesivamente, porque es una situación que se está degenerando. Cada vez va a haber mayor presión por controlar los precios, y eso va a aumentar el desabastecimiento.

 ¿Y cómo se explica?

-Tenemos un banco central que viene financiando cada vez más al Gobierno a través de la emisión de pesos, ya sea para comprar dólares o simplemente para dárselos al Gobierno; lo que explica por qué hace que termine depreciándose, porque la gente no necesita toda esta enorme cantidad de pesos. Una cosa que hay que tener clara es que la inflación no es alta solamente en los productos de la canasta básica. Más allá de que había un alza en los últimos meses que se puede justificar a raíz de las subas que vienen del exterior, porque los precios están subiendo en el mundo, la realidad es que lo relevante es ver cuánto sube la canasta total de estos consumos.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .