Apología de la Grieta

Por Gabriela Pousa: Publicado el 2/9/17 en: http://www.perspectivaspoliticas.info/apologia-de-la-grieta/

 

Llámese “grieta”, llámense diferencias. Gusten o no estas existen desde el momento en que viendo el desborde en una movilización, se nos estruja el alma por ese regreso de la barbarie versus la civilización.

Que se llame grieta o división da igual. Es una de las escasas excepciones a la regla porque el vocabulario trasciende las definiciones maniqueas. Que hay dos Argentinas no es noticia, en este mismo espacio escribí sobre ello hace tiempo. Fui más allá y sostuve que quizás hay  una tercera solapada entremedio. Fue en el año 2012 en ocasión de un paro de subterráneos que dejó a miles de trabajadores varados.

Nunca fue este un país sencillo para el análisis, los argentinos son intrincados, saben lo que no quieren pero a la hora de luchar por ello, muchas veces miden el termómetro de lo políticamente correcto. Hay razones: doce años de miedo, miedo a proclamar que no se compartía el pensamiento del ex gobierno. Doce años que han dejado una generación diezmada hasta el tuétano.

El hartazgo, el deseo de cambio se plasmó finalmente en las urnas, afanosas de volver a la república. Pero hoy parece que nada alcanza, que nada es suficiente para explicar que el tiempo del miedo y del relato se ha acabado. Al periodismo en particular, le cuesta demasiado retomar el rol que jamás debió haber abandonado. La impuesta corrección política sigue desvirtuando el escenario.

Muchos piensan “blanco” pero dicen “negro” porque es lo socialmente aceptado. Una falacia porque la sociedad ya no acepta ciegamente nada. Habrá que esperar un lustro quizás hasta disipar la insensatez de no atreverse a decir lo que se piensa, lo que se cree. El cambio es un proceso, no se da de la noche a la mañana como no se acostó un señor feudal en la Edad Media y amaneció luego en la Moderna.

La desesperación de la derrota cala hondo en quienes se creían inmortalizados en el poder. La justicia acecha, ese es otro error. La justicia debería obrar, no amenazar. Una pena. Lo cierto es que el temor ya no es exclusivo de la gente. Los ex dirigentes empezaron a temblar, a experimentar lo que antaño sentía buena parte de la sociedad.

Acá vuelve a verse con claridad que la división, la grieta o la diferencia está. Nosotros temimos en paz, ellos temen en guerra. ¿Cómo pretender hacer desaparecer la brecha? No nos une el amor ni el espanto siquiera.

Atrapada en su laberinto, Cristina Fernández de Kirchner rocía con nafta la resina y la leña. Pretende volver al obsoleto slogan de “yo o el caos” pero ya está claro que el caos es el “yo” de ella. No hay distinción.

En este contexto, Santiago Maldonado es apenas una excusa, un utilitario y eso duele más que todo el juego burdo y los antagonismo que pueden leerse en redes o verse por la tele.

Si alguien necesita y quiere a Maldonado vivo es el Presidente de los argentinos, no hay duda de ello. No hay beneficio de otro modo. A este gobierno le importa el ser humano. Del otro lado, lo buscan prefiriéndolo muerto para justificar el desborde y esta moda arcaica pero peligrosa del “anarquismo posmoderno”; una sandez sin base ideológica, una bohemia trágica, una ignorancia sin máscara. Las caras tapadas no tapan nada. Paradojas de un pueblo que aprendió a ver del derecho y del revés.

Hace rato que quieren tirarle un muerto al oficialismo, proyectan el escenario de Kosteki y Santillán en un país que ya no es el mismo. El delicado equilibrio a mantener es mísero: y entonces se vuelve a la trampa de discutir si hay que hacer un shock o apelar al gradualismo.

Siempre llega un tiempo en qué hay que elegir entre la contemplación y la acción: eso se llama hacerse hombre”, decía Albert Camus. Le cabe también a las naciones. Ya no se puede contemplar este circo de violencia inaudita esperando se sosiegue por cansancio o desgaste de sus adláteres. Mañana puede ser tarde. Tampoco puede entrarse en su juego. Es complejo el desafío para Cambiemos. Apoyarlo es decisivo.

El pasado no puede ser mero recuerdo que vuelve ahora a ser recordado, el pasado debe ser más que nunca hoy: la lección. Y quienes estamos de este lado de la grieta hemos de demostrar que aprendimos. Ha habido cientos de argentinos cuyos paraderos desconocemos y no hubo reclamos por ellos. Si Maldonado no hubiera desaparecido en la previa de una elección, permítaseme dudar si las voces pidiendo por él sonarían igual o el silencio hubiese vencido. 

La unión de todos es otro slogan inútil aunque suene lindo. Jamás agua y aceite se han unido. Imposible pretender que gente de bien y de principios vea a un vándalo que rompe la ciudad y agrede a la autoridad como un igual.

Hay que dejar de lado el romanticismo y decir las cosas como son aunque no suenen bonito. Hay una grieta, y es justamente esa grieta la que nos garantiza hoy que todavía es posible vivir mejor. La Argentina no es una, no tiene por qué serlo al menos en lo inmediato donde ni el lenguaje es similar, ni las intenciones son las mismas. En definitiva, lo que importa es que cada una respete los limites de la otra. A esos límites hay que custodiar día a día.

Quienes quieren la violencia pueden pues empezar a vivir su Argentina entre rejas. Los otros ya lo hemos hecho demasiado tiempo, atrincherados por miedo. Luego elegimos y ganamos. De este lado de la grieta debemos hacer valer los derechos que votamos.

La grieta no nos menoscaba como país cuando hay diferencias que engrandecen la raíz. Separemos las aguas en lugar de mezclarlas. Así lo hizo Moisés y el pueblo judío avanzó hacia su paraíso. Valgan las parábolas, valgan las metáforas.

 

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Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

Nuevo y contundente revés electoral para el kirchnerismo

Por Enrique Aguilar: Publicado el 28/10/13 en: http://www.elimparcial.es/america/nuevo-y-contundente-reves-electoral-para-el-kirchnerismo-129980.html

Se trató de un resultado devastador. En verdad, no se me ocurre otro término para definir la aplastante derrota (la peor en diez años) infligida al kirchnerismo por una envalentonada oposición que, en las elecciones legislativas de este domingo, mejoró aún más su excelente performance de las primarias de agosto.

El gobierno quedó muy rezagado en los principales distritos electorales del país empezando por la provincia de Buenos Aires, que concentra el 38 % del electorado nacional, donde la lista de diputados encabezada por Sergio Massa se impuso al oficialista Martín Insaurralde por 11 puntos de diferencia (43% contra 32 %) superando los pronósticos más auspiciosos. Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Santa Cruz (cuna del kirchnerismo) y otras varias provincias también dieron testimonio de un revés que los dos años de gobierno que le restan a la presidenta ya no podrán revertir. Y desde luego es de destacar el caso de la Ciudad de Buenos Aires, donde el kirchnerismo sin quedó sin senador resultando tercero, con un 21% de los votos, en la elección de diputados nacionales, muy por debajo de PRO, que obtuvo el 34 %, y la lista UNEN, que se alzó con un 32%.

Comenzó a cerrarse, así, un ciclo signado por los modos autoritarios, la mentira oficial, la intolerancia hacia el adversario, el personalismo extremo, una vocación insistente por el fracaso (en materia económica y energética, por ejemplo, o en la lucha contra la desigualdad, el deterioro de la educación o el narcotráfico), la corrupción generalizada y una concepción plebiscitaria de la democracia que entiende que el Poder Legislativo y el Poder Judicial sólo existen para refrendar las decisiones y el protagonismo excluyente del Ejecutivo.

De modo a mi juicio apresurado, algunos de los triunfadores ya han anunciado sus aspiraciones presidenciales para el 2015, animados por los guarismos obtenidos. Es el caso de Mauricio Macri, Jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. No sería de extrañar que la misma especulación empezara a instalarse en los entornos del citado Sergio Massa, Hermes Binner (Santa Fe) o Julio Cobos (Mendoza), potenciales candidatos sin duda. Mientras tanto, la presidenta sigue guardando reposo sin que los ciudadanos contemos con un parte médico confiable que asegure su regreso. ¿Qué nos deparará, pues, las transición que iniciamos? Por ahora, un panorama plagado de incógnitas y una sola certeza: la de una derrota que ha sellado la suerte de un proyecto hegemónico que pretendió acariciar la eternidad.

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.

Primarias abiertas: duro revés para el kirchnerismo

Por Enrique Aguilar: Publicado el 14/8/13 en: http://www.elimparcial.es/america/primarias-abiertas-duro-reves-para-el-kirchnerismo-127036.html

El gobierno de Cristina Kirchner sufrió el domingo pasado una durísima derrota. Si bien el oficialista Frente para la Victoria (FPV) continúa siendo la única agrupación política con representación en los veinticuatro distritos del país, lo cierto es que las fuerzas opositoras (llámense peronismo disidente, radicales, socialistas, etc.) se alzaron en total con más del 70 % de los votos, contra un 26 % obtenido por el FPV. Si se recuerda que en las elecciones presidenciales de 2011 el partido gobernante había obtenido un 54 % de los sufragios, la pérdida de credibilidad salta a la vista.

Se podrá aducir, a este respecto, que no se puede comparar unas primarias abiertas con una elección presidencial. Sin embargo, Cristina se “subió” a esta campaña mostrándose a diario junto con sus principales candidatos (fundamentalmente acompañó a quien encabezaba la lista de diputados de FPV en la provincia de Buenos Aires), de modo que no resulta tan fácil “despegarla” de una derrota que, por el dinero y el operativo partidario comprometidos en la campaña, debería ser considerada como un rotundo fracaso.

Nunca lo aceptará en público aunque la procesión, como suele decirse, vaya por dentro. Sabe que se trató de un voto de repudio a su gestión y su estilo de gobierno. Perdió en el distrito más importante del país, la provincia de Buenos Aires, donde suelen jugarse a suerte y verdad las elecciones nacionales. También perdió (inesperadamente en algunos casos) en Córdoba, Chubut, Santa Cruz (ex feudo kirchnerista donde el FPV quedó tercero), Neuquén, Mendoza, Santa Fe, Catamarca, San Juan, La Rioja, Corrientes, Jujuy, San Luis y desde luego la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que hace rato le viene dando la espalda.

¿Qué nos espera de aquí a las legislativas de octubre? ¿Permanecerá Cristina impertérrita frente a semejante revés? ¿Introducirá cambios en sus políticas o en la conformación de su gabinete? ¿Reconocerá alguno de sus errores? ¿Negociará la futura impunidad de algunos funcionarios a quienes gran parte de la población querría ver hoy mismo encarcelados? Difícil saberlo. En cualquier caso, durante estos dos meses que serán lo más parecido a una eternidad, seremos víctimas particularmente de un rasgo inherente a las democracias “delegativas” tal como las retrató para siempre el recordado Guillermo O’ Donnell: regímenes cuyos líderes pueden pasar abruptamente de una alta popularidad a una no menos generalizada impopularidad abriendo paso, consiguientemente, a una cascada de “deserciones” de quienes se decían incondicionales.

La sociedad argentina acaba de poner un límite al gobierno en estas elecciones primarias. Como señala Alejandro Katz, en una democracia madura y consolidada esta función (la de poner límites) corresponde en rigor a la Constitución y a la leyes. Lamentablemente, no fue lo que ocurrió. Bienvenidos sean, de todas formas, estos ansiados límites.

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.