Elecciones en Brasil: la democracia necesita recuperar confianza

Por Constanza Mazzina. Publicado el 9/10/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/10/09/elecciones-en-brasil-la-democracia-necesita-recuperar-confianza/

 

Con reglas electorales como las de nuestro país, hoy Jair Bolsonaro sería ya presidente electo de Brasil. El titular de algún diario diría: «Bolsonaro es el nuevo presidente» en lugar de «Bolsonaro a ballotage». Sin embargo, en el país vecino, si ningún candidato se alza con la mitad más uno de los votos, se procede a la segunda vuelta. En cierto sentido, el sistema obliga a los candidatos a buscar mayorías, y si no las encuentran, a construirlas, por lo tanto, a formar coaliciones.

La sorpresa radica en la gran distancia que hay en esta primera vuelta entre el primero y el segundo candidato. Léase, que el segundo contendiente es el candidato del partido de Lula da Silva. ¿Son estos resultados realmente sorprendentes? América Latina muestra, desde hace algunos años, un deterioro de la democracia. El desencanto con la democracia se ha hecho presente y ha llegado para quedarse. ¿Son los lideres populistas hijos de los ciudadanos desinteresados y desencantados de y con la política? ¿Asistimos a una espiral ascendente entre apatía y populismo? ¿Perder la confianza en los políticos es sinónimo de perder la confianza en la democracia?

El informe de Latinobarómetro para el 2017 señalaba (sin referirse específicamente al caso que hoy comentamos, pero haciendo un déjà vu sobre los resultados que ahora conocemos): «Hoy la derecha y la izquierda compiten en una cancha más pareja que al inicio de la transición, poniendo a prueba el sistema de partidos (…) Da la impresión de que la izquierda también perdió el halo de superioridad moral que le daba ventaja al inicio de la transición, entrando como un competidor más a la cancha, y a veces siendo reemplazada también por independientes. El resultado de estos mayores grados de libertad de elección que se han tomado los latinoamericanos con una fuerte crítica al poder político».

El mismo estudio mostraba que la percepción de la corrupción en Brasil para el 2017 se ubicaba en 7,4, donde 10 es mucha y 0 es ninguna. Para el mismo 2017, otra institución, Transparencia Internacional, señalaba que Brasil se encontraba en el puesto 94 del ranking —que encabeza Nueva Zelanda—, y comparte ese puesto con Zambia, Tailandia y Colombia, entre otros. El puesto 180, el final de la tabla, lo ocupa Somalia. Además, la media global de transparencia se ubica en 43,07 y Brasil medía en el índice de percepción de la corrupción (IPC) solo 37 puntos. Veámoslo así: un puntaje de 100 indica que la percepción es que no hay corrupción, un puntaje de 0 indica una percepción de la corrupción muy alta, Nueva Zelanda tiene 89 puntos, Somalia, 9.

Hace algunos años, Mainwaring y Pérez Liñán indicaban la importancia de lo que ellos llamaron la «preferencia normativa por la democracia», esto es, el valor intrínseco de la democracia más allá de los resultados. El compromiso de los valores democráticos se expresa, por ejemplo, en el reconocimiento de la derrota electoral en lugar del cuestionamiento de sus resultados. Hoy, los resultados electorales de Brasil muestran que los ciudadanos están dispuestos a votar prospectivamente, es decir, por lo que el candidato promete que va a hacer, y que retrospectivamente ven lo que hizo el PT (nótese la mala elección de Dilma Rousseff) y por eso no lo votan (permítanme la simplificación). Pero, además, el desencanto democrático lleva a creer en soluciones providenciales.

El resultado muestra una crisis de confianza en los líderes y los partidos tradicionales, y a su vez, reflota la posibilidad de que alguien solucione mágicamente todos los problemas. Las sociedades que logran construir confianza son aquellas en las que sus líderes dan cátedra de ejemplaridad.

 

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE.

Una Brujula Para el Oficialismo (y Otra para la Oposicion)

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 11/9/13 en: http://economiaparatodos.net/una-brujula-para-el-oficialismo-y-otra-para-la-oposicion/

El resultado de las elecciones PASO debieron ser como la crónica de una muerte anunciada para el FPV (Frente para la Victoria.) ¿Realmente se esperaban un triunfo luego de las históricas manifestaciones que han tenido no sólo en suelo Argentino, sino alrededor del mundo? Difícil encontrar una mejor ilustración al dicho “no hay peor ciego que el que no quiere ver.” El kirchnerismo, que tan cerca se dice del pueblo, fue incapaz de ver la derrota que le esperaba a la vuelta de la esquina

Es curioso, triste, y gracioso ver a los Kirchneristas desfilar por TN (señal a la que tanto demonizan), como si nada hubiese pasado en las últimas semanas, para decir exactamente lo opuesto que sostenían hace tan sólo pocos días. Así como mientras Bergoglio es tratado como una figura del mal pero no sobran oportunismos para sacarse fotos con el Papa Francisco, distintos candidatos del partido de la victoria intentan remontar su derrota diciendo que la inflación no es la del Indec, enviando gendarmes a hacer el trabajo que le corresponde a la policía, aceptando que no se fue claro en explicar cómo funciona el cepo cambiario (pero todos seguimos esperando la clara explicación), y ver representantes de alto perfil como Kunkel diciendo que en verdad él nunca fue Kirchneristas, sino que siempre fue peronista. No debe ser fácil ser Kirchenrista estos días. ¿Cuál es el relato del día? ¿Hay o no hay inflación? ¿Hay o no hay inseguridad? ¿Ganamos o perdimos las elecciones? ¿Estamos o no mejor que Australia, Canadá y Estados Unidos? Cuando el relato puede más que la realidad, las contradicciones que causarían vergüenza en cualquier funcionario público serio se vuelven inevitables. El Kirchnerismo actual me hace pensar en una tripulación sin brújula con un capitán incapaz de ver el iceberg frente a sus propios ojos.
Ante la falta de un camino claro en las filas Kirchneristas, la brújula apunta a Massa como el Norte a seguir. Que haya una borocotización en contra del FPV a favor de Massa envía tres señales importantes a tener en cuenta. En primer lugar, el nivel de ruptura silenciosa en el que se encuentra el Kirchnerismo. Así como el Kirchnerismo se armó de aliados de un día para el otro, de un día para el otro puede perderlos. En segundo lugar, que el Massismo puede ser un lobo disfrazado de liebre. Si Massa estuviese realmente en oposición al estilo y proyecto K no habría lugar para ningún K en sus filas (recordemos también que él fue Jefe de Gabinete de un gobierno que mostró su corte autoritario desde el principio y no un mero técnico de bajo perfil.) Un verdadero opositor estaría más preocupado, en cambio, por reclutar gente nueva en la política, gente honesta y no que tenga en su prontuario haber sido parte de uno de los gobiernos con mayor sospechas de corrupción en la historia del país y haya defendido las violaciones institucionales de las que el Kirchnerismo tanto gusta. Llega un punto en el que ser parte implica aceptar el proyecto K por más que no se sea protagonista. Por una cuestión de principios institucionales, figuras políticas K no deberían tener lugar en las filas de una oposición que se dice renovadora de la política Argentina. La historia se repite una vez más. Los que estaban con Menem ayer, hoy están con el Kirchnerismo. Y los que hoy están en el Kirchnerismo quieren estar con el líder de mañana. Lealtad y principios no parecen ser cualidades sólidas en este movimiento. Parece haber más lealtad al oportunismo que a los principios institucionales de una república.
La oposición, por su lado, no muestra a mi gusto signos claros de entender la seriedad de los problemas actuales. Creo que sería más apropiado hablar de “opositores” que de “oposición.” ¿Qué mejor oportunidad que la actual para mostrarse todos juntos adhiriendo a ciertos principios mínimos que no se van a discutir? ¿Acaso no contribuiría a las expectativas del país un compromiso serio que, sea quien sea que gobierne luego de CFK, va a tener el apoyo político para llevar adelante las inevitables reformas que son necesarias, en lugar de aprovechar y poner palos en la rueda? No hace falta estar de acuerdo en las política para coincidir en principios institucionales. O comprometerse a que el nuevo gobierno junto con el resto de la oposición van a aprobar, en conjunto, una reformar al BCRA para que deje de una buena vez por todas de destruir la moneda Argentina. O llevar adelante una reforma política que elimine los incentivos perversos de la política Argentina.
Los eventos de las últimas semanas me generan la siguiente imagen. El FPV me da la impresión de ser el Titanic con el iceberg a pocos metros de distancia. Una CFK al mando del barco que se dedica a twittear fantasías en lugar de a evitar el problema que hace tiempo que se avecina. Los kirchneristas saltando en fila al bote salvavidas de Massa y la oposición es la orquesta que sigue tocando  canciones agradables al oído pero ofreciendo poca coordinación sonora mientras el barco se hunde.
La brújula de los políticos está desalineada estos días. Está en ellos tener la grandeza de apuntar a la reconstrucción republicana, que es el mayor costo que está dejando como herencia este Kirchnerismo en un acto triste de retirada.
Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.