EL MAGISTERIO, EL TEMA MORAL Y EL CAOS ACTUAL DE POSICIONES DENTRO DE LA IGLESIA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 3/4/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/04/el-magisterio-el-tema-moral-y-el-caos.html

En la entrada del Domingo anterior (https://gzanotti.blogspot.com/2022/03/que-el-papa-fracisco-nos-sirva-de.html), alguien nos podría decir que mi insistencia en el aspecto opinable de los temas sociales deja abierta la misma opinabilidad para los temas morales no sociales. ¿No hubo allí también un abuso del poder del Magisterio? ¿No hubo también allí una inflación de documentos pontificios? Esta semana el Cardenal Marx declaró que el Catecismo no está escrito sobre piedra, en el contexto de los debates de moral sexual que hace décadas dividen cada vez más a la Iglesia Católica.

Pero no. No es lo mismo.

Desde la década de los 50 y los 60 la Iglesia se ha visto presionada por fuertes corrientes doctrinales que, ya desde afuera o desde dentro, consideran necesario ampliar el ámbito de lo permitido en la moral sexual.

Creo que ello obedece a tres causas, entre ellas:

–          Un legítimo cambio en las tendencias pastorales,

–          Una crisis en la teoría de la ley natural,

–          La obvia influencia del post-modernismo y el lobby LGBT dentro de la Iglesia.

Lo primero es lo más atendible. La superación de la dialéctica entre una mentalidad condenatoria por un lado, y una mentalidad relativista por el otro, en la pastoral sexual, siempre ha sido muy difícil. Los más conservadores tienden a condenar más y los más liberales tienden a perdonar más. La pura verdad es que dicha tensión se supera siempre con el ejemplo de Jesucristo, quien perdona al pecador pero condena con claridad al mal moral en sí mismo. Llevar eso a la práctica es difícil pero la doctrina es clara: no se condena la conciencia subjetiva, de la cual sólo Dios es juez, pero se condena la inmoralidad de la acción en sí misma, porque sin ese señalamiento, el perdón deja de tener sentido.

Lo segundo consiste en que una versión racionalista de la ley natural, muy influenciada por un tomismo aristotélico que quiso sacar a Santo Tomás de su contexto teológico, (https://gzanotti.blogspot.com/2018/09/mi-vision-del-tomismo-hoy.html ) tuvo como efecto rebote una falta de claridad en el seno mismo de la Iglesia sobre dicha cuestión y una mayor debilidad ante los ataques del post-modernismo. Santo Tomás es teólogo y su defensa de la ley natural está dentro de un contexto teológico. Intentar ocultarlo para parecer más secular implica el tiro por la culata. Todos los temas de moral sexual se resumen en esta famosa frase de Jesucristo: en el principio no era así. Remite así Jesucristo la moral sexual a la justicia de la situación originaria, donde estábamos protegidos por los dones preternaturales. Y de ese modo la naturaleza humana llega a su plenitud y la ley natural se cumple. (https://institutoacton.org/2018/07/04/sexualidad-hacia-una-ley-natural-mas-catolica-y-una-mayor-vivencia-de-la-libertad-religiosa-gabriel-zanotti/)  Luego del pecado original, la gracia deiforme es reemplazada por la gracia cristiforme de la redención. Pero sin la gracia de la Redención, el cumplimiento de la ley natural es muy difícil. Decirlo no es incompatible con el recordatorio de la ley natural en una sociedad secular. Pero sin eso, sin esa vuelta a principio, nada se entiende. Porque en ese principio la sexualidad estaba elevada al matrimonio monogámico e indisoluble entre un hombre y una mujer. La redención implicó salvarnos precisamente del pecado original que nos aleja de ello. Por ende todo lo que salga de ese matrimonio es contrario a la ley natural, sí, porque es contrario a ese principio. Si los teólogos morales católicos no entienden eso, no entienden nada. Y por eso se alejan de la tradición cristiana de defensa de la pareja originaria.

Y eso produce lo tercero: ante esa falta de firmeza teológica de la ley natural, el post-modernismo avanza lo más campante incluso dentro de los teólogos católicos. Reaccionan contra el tomismo aristotélico de su juventud, estudian una hermenéutica relativista basada en una interpretación relativista del último Heidegger, estudian Marx, Hegel, Derrida, etc., y pierden la fe sin darse cuenta. Sólo la síntesis entre Santo Tomás y la fenomenología de Husserl podría haberlos sacado de la confusión, pero eso estaba muy lejos del horizonte de su formación.

Por ende, los temas sexuales no son temas circunstanciales, como los sociales. Estos últimos “aplican” normas generales a casos concretos. Las normas de la moral sexual, en cambio, son mandamientos negativos no circunstanciales. No fornicarás, no adulterarás: no en tanto nunca. Que se nos perdone porque nuestra conciencia subjetiva fue débil o estuvo mal formada, obvio, pero ello no convierte al acto moralmente malo en bueno desde el punto de vista de la objetividad de lo bueno o malo en sí mismo considerado.

Todo esto lo tuvieron que recordar Juan Pablo II y Ratzinger en la Veritatis splendor, (https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_06081993_veritatis-splendor.html) que se consideró en su momento el colmo del conservadurismo. Y sin embargo su contenido era elemental. Cualquiera que hubiera estudiado lo mínimo de Santo Tomás la entendía. Objeto, fin y circunstancias del acto moral, acto moral objetivo versus conciencia subjetiva, diferencia entre pecado moral y venial, etc. Elemental Watson, catequesis elemental, pero en 1993 todo ello tuvo que ser recordado a los obispos en primer lugar.

No sé qué tienen en la cabeza el Cardenal Marx y miles que piensan como él; lo que sí sé es qué NO tienen in mente: al Santo Tomás teólogo, a la combinación entre tomismo y fenomenología, al contexto escriturístico de las admoniciones de Jesús contra la dureza de nuestro corazón.

Por ende, la defensa de nuestra libertad de opinión en temas esencialmente prudenciales no implica pasar al caos en materia de moral elemental. Los mandamientos morales negativos (donde también entra no matar, no robar, no mentir) no admiten circunstancia, son siempre así. Cambiará la prudencia pastoral, cambiará el modo de explicarlos, cambiarán las tendencias históricas y las sensibilidades de cada momento, y es deber del pastor estar atento a todo ello, pero el bien es bien y el mal es mal, y ese Pedro que se ha devaluado a sí mismo hablando de política concreta, es el mismo que debería confirmar en la fe a sus hermanos, como lo hacía la Madre Angélica, como lo hace el Padre Santiago Martín, y tantos otros héroes actuales de la Fe que bien lejos están de las estupideces del Vaticano.

Dios es un duro maestro. El sabe por qué permite que todo esto pase. Tal vez, pasa para que pase. Mientras tanto, oídos atentos a los verdaderos santos, que les aseguro que están lejos de los lobos con piel de cordero.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

Stephen Hicks: El populismo triunfa donde falla la educación:

Por Belén Marty: Publicado el 5/12/14 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2014/12/05/stephen-hicks-el-populismo-triunfa-donde-falla-la-educacion/

 

El filósofo canadoestadounidense Stephen Hicks visitó el centro de Buenos Aires el jueves 5 de noviembre para participar del lanzamiento de su libro recientemente traducido al castellano, Explicando el posmodernismo.

En el transcurso de una hora y media, el profesor de la Universidad de Rockford presentó un panorama general de las diversas cuestiones planteadas en el libro, y estableció las diferencias entre la filosofía continental y la angloamericana.

Para Hicks, estas escuelas de pensamiento están en constante conflicto. Por un lado, se encuentran los ídolos del sistema educativo de América Latina: Rousseau, Marx, Hegel, Heidegger, Foucault, Sartre, Kant, Nietzsche y Derrida. Por el otro, tenemos a Bacon, Locke, Newton, Smith, Hume y Stuart Mill.

Hicks insiste en la importancia de la educación para luchar contra regímenes populistas disfuncionales.

Al final de su discurso, no era difícil entender por qué, por ejemplo, los estadounidenses tienen como modelos a seguir a individuos como Steve Jobs, mientras que en Argentina son más como el Che Guevara.

Hicks ofreció sus perspectivas al PanAm Post, y habló sobre las relaciones entre filosofía y temas como la corrupción, la política y la educación.

Stephen Hicks explaining the main differences between the Anglo-American and the Continental  philosophy. (PanAm Post)

¿Quién es más responsable por el fracaso o el éxito de un país: los empresarios, los políticos o los intelectuales?

Los políticos son en gran parte culpables, así también como los hombres de negocios que son amigos y coquetean inapropiadamente con los políticos. Pero la culpa más importante, sin duda, va para los intelectuales. Los intelectuales son los que capacitan a los maestros cuando estos van a la universidad. Los maestros luego se hacen cargo de los jóvenes y entonces forman la cultura de la gente para pensar de una manera determinada.

Ciertamente, los intelectuales que trabajan como profesores universitarios son los que forman a los futuros abogados, periodistas, y personas de todas las profesiones. Por lo tanto, la responsabilidad intelectual es principalmente de los profesores.

Usted mencionó la corrupción durante su discurso, sobre todo en América Latina. ¿Cómo puede la filosofía luchar contra la corrupción?

La corrupción es principalmente una cuestión de ética, y las personas aprenden diferentes tipos de sistemas éticos. Algunas personas llegan a creer, moralmente hablando, que este ya es un mundo corrupto, del que no son responsables. Que se salve quien pueda, y creen que si no practican la corrupción, entonces otras personas lo harán y ellos van a ser las víctimas. Por lo tanto, llegan a creer que la corrupción está bien.

Sin embargo, creo que la mayoría de las personas que están envueltas en actos de corrupción saben que es posible hacer las cosas en la política, o en los negocios, o en cualquier otro aspecto de la vida, sin que haya corrupción.

Ellos saben que su sistema corrupto está mal, pero aún así decidieron participar en este como un atajo y eso es una irresponsabilidad.

Los defensores del libre mercado y los derechos individuales generalmente se basan en argumentos utilitarios. ¿Es este el camino correcto para convencer a la gente sobre las ideas de libertad?

Yo creo que es absolutamente importante que la libertad conduce a buenos resultados. Una de las razones por las cuales una sociedad libre es buena es que mejora la vida de la gente. Las personas están más satisfechas, porque escogen sus propias carreras, eligen su propia familia, su propia arte; la gente se vuelve más próspera. Por lo tanto, las consecuencias son muy importantes.

Pero lo importante aquí es que la libertad es una cuestión de principios. Los seres humanos necesitan tomar sus propias decisiones en la vida. Eso es lo que significa ser humano. Así que, incluso si las decisiones que las personas toman son equivocadas, y conducen en algunos casos a malas consecuencias, hay que respetar su libertad como una cuestión de principios.

Algunos dicen que el posmodernismo está pasando de moda, y que no tiene el mismo atractivo que ha tenido en décadas anteriores. ¿Estamos saliendo de la fase de la posmodernidad?

Realmente me encantaría pensar que sí. Yo crecí en una era con un clima intelectual posmodernista y este ha sido el dominante para la última generación.

Probablemente lo más acertado sería decir que se ha abierto el debate contra el posmodernismo. Las cosas se mueven más lentamente en el mundo posmoderno.

Los pensadores posmodernos comenzaron a dominar en los años 70 y 80, y al llegar a finales de la década de los años 90, se comenzaron a ver algunas personas articuladas e inteligentes argumentando en contra del posmodernismo en la literatura, en el derecho, en la historia, y así sucesivamente. Me uní también a ese debate a finales de los 90.

En este momento, es apropiado decir que en el mundo académico todavía hay una gran cantidad de posmodernismo, pero también hay una gran cantidad de personas que se resisten y están tratando desarrollar alternativas. Nadie puede decir aún cuál de ellas va a prevalecer.

Lo que me hace un poco optimista, sin embargo, es que en el mundo intelectual a las personas les gustan los nuevos argumentos y nuevos enfoques. El posmodernismo ha estado rondando por alrededor de una generación, así que estoy empezando a sentir que se volvió un poco añejo.

Pero a menos que los argumentos de los posmodernistas se contesten a un nivel muy fundamental, estos podrían alejarse por un tiempo y luego volver a aparecer en la próxima generación en una forma ligeramente diferente.

Dado el éxito de los regímenes populistas en América Latina, ¿diría usted que la gente se deja llevar por la pasión?

Creo que la gente puede y debe ser movida por pasiones. Somos seres humanos, racionales [y] apasionados. Pero lo importante, como un proyecto filosófico personal para todos nosotros, es reflexionar sobre lo que es importante y lo que significan nuestras vidas y luego comprometerse apasionadamente a la consecución de nuestros objetivos. Y también, disfrutar con pasión todas las cosas que hacemos.

El problema, por supuesto, ocurre cuando se trata de hacer una cosa sin la otra.

El éxito del populismo solo funciona cuando se tiene un sistema educativo disfuncional. Si usted tiene un sistema en el que las personas no están educadas y no se les enseña a pensar por sí mismas entonces recurren a otras formas de liderazgo, a las que siguen ciegamente.

Esos líderes son, en muchos casos, muy hábiles en saber qué botones presionar para despertar pasiones en la gente y lograr que hagan lo que ellos quieran.

El problema del populismo disfuncional es un problema de educación. Obviamente, lo que queremos en una sociedad democrática, libre y abierta es que la población esté mejor informada y sea apasionada por la política, pero claro, en una dirección liberal.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.